Que tal! He vuelto con nuevo capitulo :D, en verdad pensaba subirlo antes, pero tuve un problema con mi computadora, se quedo pegada y pues al reiniciarla se me borraron algunos archivos, entre ellos (que eran los mas recientes) pues estaban los avances de esta y mi otra historia, lo que me llevo a volver a escribirlos y pues me atraso, aun no he terminado el capitulo de mi otra historia, pero no se preocupen, para aquellos que la lean les informo que hoy en la noche o en la madrugada jajaja lo subo.

Bueno pasando al capitulo, al fin sabran la respuesta de Emma, ¿Caera ante los encantos de Regina? ya iba siendo hora XD, y claro tambien sobre Henry, en este sabran si descubre o no la identidad de El ladron de novia.

Ansh (mejor asi no crees XD ajajaja): puedo imaginar tus risas jajajaja con todo lo que me has contado no dudo de ello, si las dos de capas y a caballo rescatando a toda joven forzada a casarse, no es mala imagen, nada de ordenar, aun me debes mi one-shot, asi que yo te ordeno que escribas uno ya! XD, igual a mi de genio y de hermano, es tan unido a Regina, se preocupa tanto por ella. Ya conseguistes una maquina de oxigeno yo aun no jajajaja y si ya te habia dicho que se me dificultaba escribir tu nombre, pero sabiendo la historia, pues no es tan dificil, al menos un poco menos y no me alcanzo el helado me llene con los diez sandwich, dos papas y un refresco jajaja y lo siento pero no tengo una Regina Mills ni una Emma Swan para regalar y si las tuviera, bueno no creo llegar a regalarlas, me las quedaria. Por cierto, perdon por la espera, te habia dicho que lo subiria mañana en la noche, pero me quede dormida XD. Espero te guste !

Love Girl: Me mori de la risa con eso de la R en la nalga del cochero, me pase riendo como 10 minutos, no podia evitar imaginarmelo jajaja y si Henry es un genio como pocos, lastima que no muchos le ponga atencion y crean en el, pero ya veras en este capitulo si lo descubre o no y tambien al fin sabras si la rubia cae.

Flor Romero: siempre te dire que lo siento por la espera jajaja, pero aqui esta el capitulo, espero te encante.

Kykyo-chan: tu fe en Henry me encanta, claro que es un puto genio, y en este capitulo ya veras! y claro ademas de genio es un buen hermano con Regina, tu publicidad me encanto jajajaja y pues la hora mmmm seria 11:50 jajajaja en fin de semana XD.

galaxydragon: Lo siento por mi falta de comunicacion, pero que puedo decir, por desgracia tengo una vida mas o menos social afuera jajajaja y pues perdon jajajaja, espero no le encuentres mucha diferencias en esta historia con la original, trato de que no sean tantas, y pues aqui esta la actualizacion, y si que eres exigente, jajajaja si Emma se paso de idiota hace unos cuantos capitulos por terca, creo que serian las dos cosas (amor y calentura) jajajaja.

CCMLectoraEscritora: que puedo decir, hay que recurrir al chantaje en algunas ocasionese XD. Y pues respecto a tu duda, el polvo es mmm como decirlo mmm, adherible o algo asi seria la palabra, a no ser que llegue a limpiarse muy bien, este no se quitara, aun asi quedaria un poco de ese polvo, y pues el efecto de la luz fosforecente no se nota si no se ilumina, a simple vista parece polvo un poco diferente pero polvo, ya veras pronto a lo que me refiero, el mismo Henry lo explicara XD. pero espero haya servido por momento mi gran explicacion jajaja.

Ahora si, disfruten del capitulo y espero leer sus comentarios, gracias por sus comentarios y a todos aquellos que leen. :D. Ha y pues ya se sabe que la historia ni los personajes me pertenecen, sino a sus respectivos dueños.


Capitulo 14

Del London Times:

¡El Ladrón de Novias ataca de nuevo! El último secuestro cometido hace dos noches por el infame bandido ha contestado a la pregunta que bullía en la mente de todos: ¿cuándo atacará otra vez? Ha sido raptada la señorita Kathryn Sellers de Kent prometida del Señor James Fowler. El cochero de la señorita Sellers informó al magistrado de que justo antes de caer víctima de una inexplicable dolencia, apareció una figura encapuchada que le hizo conjeturar que el Ladrón de Novias tiene un cómplice. La investigación se ha intensificado, y el magistrado ha jurado llevar al secuestrador, así como a los demás implicados, ante la justicia.

En relación con este mismo asunto, la Brigada contra el Ladrón de Novias informa de que, como permite que todo hombre que tenga una hija en edad casadera se una a sus filas, el número de sus integrantes ha aumentado a doscientos y crece día a día. El miembro más reciente es el padre de la última víctima, el señor Midas Sellers. La recompensa asciende actualmente a nueve mil libras.

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Emma se quedó mirando fijamente las palabras que le encogían el estómago: "conjeturar que el Ladrón de Novias tiene un cómplice". Arrojó el periódico sobre la mesa y se pellizcó la nariz. Un cómplice. Maldita sea. ¿Habría llegado a distinguir el cochero, a pesar de la oscuridad reinante, que la figura encapuchada era una mujer? ¿Le habría proporcionado al magistrado una descripción de Regina?

Se levantó y comenzó a pasearse por el estudio. Maldición, si había identificado a Regina...

Se le encogió aún más el estómago y apretó los puños. Luego la embargó un temor más intenso que el que había sentido nunca por sí misma. Tenía que proteger a Regina, pero para eso necesitaba saber qué le habían dicho al juez. Al parecer, convenía mantener otra conversación con David Nolan. Y, en función del resultado, decidiría si necesitaba o no suministrar a David alguna otra información adicional "de utilidad".

Mientras tanto, ella – o la Ladrona de Novias - debía advertir a Regina de que tuviera cuidado con lo que le decía al magistrado si éste la convocaba. Cerró los ojos y recordó su semblante sincero y preocupado cuando la socorrió en el bosque. Se encontraba a merced de ella, que podía haberla entregado fácilmente. La recompensa que ofrecían por su cabeza la habría convertido en una mujer rica. Como mínimo, podría haber satisfecho su curiosidad quitándole la máscara. Pero en lugar de eso había arriesgado su reputación, su libertad y su vida para ayudarle a ella y a la señorita Sellers. Estaba furiosa con ella. Asustada por ella.

Ceñuda, apartó aquel turbador pensamiento; necesitaba centrarse en el hecho de que Regina había metido las narices en un asunto que no era de su incumbencia. Sin embargo, no cesaba de acudir una idea a su mente: "Qué mujer tan increíble".

Lanzó un suspiro de cansancio y se mesó el pelo, evitando el punto todavía sensible encima del oído. Sí, Regina era increíble. Pero si el magistrado descubría que había socorrido al Ladrón de Novias, sería acusada de complicidad. "No permitiré tal cosa mientras me quede un hálito de vida en el cuerpo".

Fue hasta su escritorio, extrajo un pliego de vitela del cajón superior y se preparó para escribir la carta más importante de su vida.

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Regina se encontraba de pie en la salita, contemplando su nombre pulcramente escrito en el grueso pliego de vitela color marfil. De algún modo adivinaba que la carta provenía de la Ladrona de Novias; por la letra desconocida y audaz, por el modo en que había aparecido delante de la puerta de la casa, como si la hubiera depositado allí la mano de un fantasma. Con el corazón palpitándole, rompió el sello de lacre.

Mi querida señorita Mills:

Le escribo para advertirla. El cochero ha informado al magistrado de que el Ladrón de Novias podría tener un cómplice. No sé si ese hombre ha conseguido ofrecer una descripción de usted, pero debe estar preparada para la posibilidad de que la llame el magistrado, ya sea en relación con lo sucedido anoche o para interrogarla nuevamente acerca de nuestro primer encuentro.

Por su seguridad, le recuerdo su promesa de no intentar ayudarme más. Le recuerdo asimismo que destruya todo lo que pueda relacionarla con la noche pasada. Ni que decirse tiene que debe quemar esta nota tan pronto termine de leerla. Le alegrará saber que nuestra amiga se encuentra sana y salva de camino a una nueva vida en libertad. Le ruego que tenga mucho cuidado.

La carta no estaba firmada, pero por supuesto no cabía duda sobre su remitente. Regina cerró los ojos y apretó la carta contra su corazón.

La señorita Sellers estaba a salvo. Libre. Embarcada en una vida nueva y llena de aventuras. Experimentó alegría, teñida con una pizca de envidia, al desear que la joven tuviera una vida larga y feliz.

Era evidente que también estaba libre la Ladrona de Novias, gracias a Dios, pero ¿durante cuánto tiempo? Le recorrió un escalofrío al evocarla tendida e indefensa en el suelo. Podrían haberla matado. O capturado. Elevó una silenciosa plegaria de agradecimiento por que el rescate hubiera salido bien, pero ¿qué pasaría si no salía bien el siguiente? Según el Times, la Brigada contra ella crecía día a día, lo mismo que el precio que habían puesto a su cabeza. ¿Cuánto más podría durar su suerte? Le dio un vuelvo el estómago al pensar en aquella mujer tan vital colgando de la horca.

Aquella mujer tan vital. Se le escapó un suspiro involuntario al recordar la sensación de sus sólidos hombros y sus brazos firmes. La inundó una sensación de calor y estrechó la carta con más fuerza contra el corazón. Por segunda vez, ella le había proporcionado una gran aventura, un recuerdo que atesoraría siempre. El rubor tiñó sus mejillas al recordar el momento en que le tocó el rostro con su mano enguantada. Había sido tierna y cortés. Tremendamente heroica. Amable y gentil. Precisamente igual que...

Lanzó un suspiro. Igual que lady Swan. Pero, al igual que ella, lady Swan no estaba a su alcance, si bien por motivos distintos. La Ladrona de Novias no quería que ella le ayudara en sus misiones y lady Swan simplemente no la deseaba. Al menos del mismo modo que la deseaba ella. Acudieron a su memoria los besos apasionados que habían compartido, dejando un rastro ardiente a su paso. La sensación del cuerpo de ella pegado al suyo, de sus manos acariciándole los senos. "De acuerdo, está claro que sí me desea, pero a diferencia de mí, ella no está dispuesto a asumir el riesgo que ello entraña". ¡Ojalá lady Swan fuera tan osada como la Ladrona de Novias!

Naturalmente, lady Swan le había ofrecido su amistad, lo cual era más de lo que ninguna mujer le había ofrecido nunca. Y aunque podía aceptar y valorar su amistad, había una parte de su corazón que continuaba deseando más de ella. Sus besos. Su abrazo.

Pero ahora necesita dejar de pensar en lady Swan y en la Ladrona de Novias y prender fuego a aquella carta incriminatoria. La vitela crujió contra la tela de su vestido y la abrumó un sentimiento de tristeza. Odiaba destruir el único recuerdo material de aquella mujer, pero debía hacerlo por seguridad. Tal como había prometido, jamás volvería a verla, un voto que le pesaba en el corazón pero que no pensaba romper. Tenía que velar por la seguridad de ella, y también por la suya propia.

Abrió los ojos y se volvió hacia la chimenea. Y entonces se quedó petrificada. Lady Swan estaba de pie en el umbral, mirándola con una expresión intensa.

La invadió un calor súbito, como si ella misma se hubiera prendido fuego. Escondió a la espalda la carta de la Ladrona de Novias y retrocedió ligeramente hacia el escritorio.

- Lady Swan ¿qué está haciendo aquí?

Ella cerró la puerta y acto seguido se acercó a Regina muy despacio, como un gato acechando a su presa, con la mirada clavada en ella.

- Quería hablar con usted. Su mayordomo me ha dicho que se encontraba aquí y me ofrecí a anunciarme yo misma.

Regina chocó contra el escritorio, y se apresuró a volverse y guardar la carta en el cajón superior, que luego cerró de un golpe. El ruido reverberó en la quietud de la habitación, y después reinó el silencio.

Emma avanzó hasta que estuvo delante de ella. Cerró los puños para contener el intenso ataque de celos que la dominaba. Había permanecido al menos dos minutos enteros en el umbral, observándola, antes de que ella se percatase de su presencia. Vio cómo apretaba contra su corazón la carta de la Ladrona de Novias, cómo cerraba los ojos y emitía suspiros soñadores, cómo se ruborizaba. Parecía inocente y seductora. Y profundamente excitada... por otra mujer.

Maldición, al diablo con todo. Había venido a verla para cerciorarse de que se encontraba bien después de la aventura vivida, y con la esperanza de averiguar si había recibido la visita del magistrado Wang. Pero su mente quedó vacía de todo pensamiento cuando la vio sostener aquella condenada carta, de todo pensamiento salvo el que no cesaba de decir: "Mía. Mía. Mía".

Y ya era hora de hacer algo al respecto.

Se inclinó y apoyó las manos sobre el escritorio a ambos lados de Regina, aprisionándola. Ella abrió los ojos con desmesura y se echó ligeramente atrás, pero no intentó escapar. Bien. Ahora la tenía justo donde quería tenerla: atrapada.

- ¿Qué ha escondido con tanta prisa en el cajón, señorita Mills? – le preguntó con voz sedosa.

- Oh, sólo una carta

- Parecía una carta importante. - Ella tragó saliva.

- Era de una... amistad

- ¿De veras? ¿Qué clase de amistad? - Regina alzó la barbilla y enarcó una ceja.

- ¿Por qué quiere saberlo?

"Porque no quiero que pienses en ninguna otra mujer, aunque esa otra mujer sea yo". Levantó la mano y la pasó con lentitud por sus mejillas teñidas de carmesí.

- Se ha sonrojado. Me preguntaba si sería debido a esa carta.

- Si estoy sonrojada, es simplemente porque aquí hace mucho calor. Y porque usted está... muy cerca.

Emma bajó la vista y calculó los centímetros que los separaban. Luego su mirada fue ascendiendo lentamente, para hacer una pausa en la generosa curva de sus pechos, que ni siquiera el remilgado escote lograba disimular. Exhalo un profundo suspiro y sintió su aroma a miel, que la abrumó. Volvió a fijar la mirada en los ojos de Regina y le preguntó:

- ¿Y si me acercara todavía más? - Ella se humedeció los labios.

- Imagino que tendría aún más calor.

Sin apartar los ojos de ella, avanzó deliberadamente, suprimiendo los pocos centímetros que quedaban. Entonces la envolvió plenamente su aroma, y tuvo que hacer uso hasta el último gramo de autodominio, cada vez más menguante, para no tomarla entre sus brazos y besarla apasionadamente. Bajó el rostro y le rozó el mentón con los labios.

- ¿Más calor? – le susurró al oído

Le pasó la punta de la lengua por el delicado lóbulo de la oreja y a continuación lo atrapó con suavidad entre los dientes, disfrutando de su exclamación de placer.

- Mucho más calor – dijo Regina con voz ahogada.

Emma retrocedió lo justo para mirarla, y a duras penas logró reprimir el gruñido que le subió a la garganta. El deseo dilataba los ojos de Regina y su boca seductora suplicaba ser besada.

La deseó con una intensidad que jamás había experimentado por ninguna mujer. Todo su cuerpo vibraba con una necesidad que exigía ser satisfecha, una necesidad que sólo ella podía satisfacer. Pasaron por su mente todas las razones por las que no debía hacerle el amor, pero las aplastó como si fueran molestos insectos. La protegería; se valdría de la discreción que gobernaba todas las facetas de su vida. Y Regina sería suya.

Le levantó la barbilla con los dedos y clavó su mirada en la suya.

- Quiero que sienta algo más que calor. Quiero que se abrase, que se funda, que se queme por dentro. Por mí. Conmigo – Contempló cómo ella absorbía sus palabras al tiempo que se sonrojaba más y se le aceleraba el pulso en la base del cuello. - ¿Todavía está dispuesta?

- Nunca he dejado de estarlo

Aquel la respuesta le produjo un fuego abrasador. Dio un paso atrás, le pasó las manos por los brazos y entrelazó los dedos de ambas.

- Por desgracia, éste no es el momento ni el lugar.

No deseaba interrupciones cuando llevase a Regina Mills a vivir la mayor aventura de su vida y le borrase de la mente todo pensamiento acerca de otra mujer, cuando aplacara la sed que tenía de ella.

Se llevó una mano a los labios y le besó la palma con aroma a miel.

- Reúnase conmigo esta noche. A las doce. Junto al lago.

Ambas intercambiaron una larga mirada, y el corazón de Emma aguardó la respuesta latiendo con fuerza.

- De acuerdo – susurró Regina. - Ignoró la sensación de alivio que la inundó al ver que ella consentía. Regina preguntó:

- ¿Cómo propone usted que hagamos... – bajó todavía más la voz - lo que ya sabe?

- No estoy seguro de saber a qué se refiere con "lo que ya sabe" - Ella exhaló lo que parecía un suspiro para tomar fuerzas y dijo precipitadamente:

- ¿Qué método vamos a emplear para realizar el acto sexual? - Emma se la quedó mirando, estupefacta. Jamás una mujer le había preguntado semejante cosa.

- He investigado algunos procedimientos...

- ¿Ha investigado? – Gracias a Dios tenía la mandíbula firmemente sujeta, de lo contrario se le habría caído al suelo con un sonoro porrazo - ¿Y cómo lo ha hecho?

- He hablado del tema con mis hermanas

Emma se sintió recorrida por una sensación que sólo podía calificarse como de horror.

- ¿Sus hermanas? – Dios santo, al diablo con todas sus esperanzas de guardar la discreción. Ella las había estropeado antes de empezar. Regina continuó.

- Ellas saben mucho del tema, aunque me temo admitir mi ignorancia sobre posturas ya que no mencionaron nada respecto a eso. – Levantó la vista hacia ella con gesto esperanzado -Supongo que usted lo sabrá ¿verdad?

Por todos los diablos, aquella conversación no podía empeorar más. Al ver que se limitaba a seguir mirándola fijamente, ella aclaró en tono confidencial:

-Me refiero a que, no estoy segura de que posición prefiere usted, o como es que se acomoda mejor.

Dios. Por lo visto sí podía empeorar. Emma le soltó las manos y se pasó las suyas por la cara.

-Regina ¿por qué ha hablado de algo de carácter tan íntimo con sus hermanas?

- Era lo más lógico, miladi, dado que no podía preguntárselo a mi madre. Necesitaba información... información que usted no quiso proporcionarme...

- Porque en aquel momento usted no la necesitaba. Seguro que sus hermanas sufrieron una conmoción cuando usted las interrogó.

- Se sorprendieron un poco, pero les aseguré que quería saberlo a efectos puramente científicos.

- ¿Científicos?

- Sí. Cuando les explique que deseaba llevar a cabo un estudio comparativo de los ciclos reproductivos de diversas especies, entre otras las ranas, las serpientes y los ratones, en relación con el ciclo humano, se mostraron bastante dispuestas a hablar del tema. Créame, no hay necesidad de preocuparse de que sospechen la verdadera razón por la que yo quería esa información.

- Pero sin duda considerarían sus preguntas... Peculiares.

- No hay mucho que yo pueda hacer, sobre todo en lo concerniente a cuestiones científicas, que mis hermanas consideren peculiar. Están acostumbradas a mi carácter inquisitivo. No tenemos nada que temer de ellas. – Sonrió apenas - De modo que ya puede borrar esa expresión de alarma que tiene en la cara.

Emma reajustó al instante sus músculos faciales, molesta por haber delatado sus sentimientos con tanta claridad. ¿Estaría ella en lo cierto en su evaluación del modo en que habían reaccionado sus hermanas a sus indagaciones? ¿De verdad se habrían tragado que sólo buscaba información por motivos científicos? Si aquella afirmación la hubiera hecho otra mujer cualquiera, se habría reído de ella. Pero Regina... En fin, tenía que reconocer que una afirmación así parecía razonable, proviniendo de ella. Sus hombros se relajaron. ¿Ranas, serpientes y ratones? Sí, aquello parecía propio de Regina

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Pero entonces se le ocurrió una idea que le hizo entornar los ojos. Diablos ¿habría pensado en tomar como amante a otra mujer? ¿Por ejemplo, la Ladrona de Novias?

- Si ya habíamos decidido no ser amantes, ¿por qué quería esa información de todos modos?

Las mejillas de Regina se tiñeron de rubor culpable, y Emma apretó los puños a los costados. No obstante, en vez de desviar los ojos, ella alzó levemente la barbilla y se enfrentó a su mirada.

- En realidad, miladi, fue usted la que decidió que no debíamos ser amantes. Abrigaba la esperanza de que cambiase de opinión, y deseaba estar preparada, por si se daba el caso.

Así pues, había buscado la información por ella, no por otra mujer. Esperaba que ella cambiase de opinión, y por Dios que había cambiado. Sintió una mezcla de alivio y calor. Alargó la mano y de nuevo enlazó los dedos de ambas.

- En ese caso, – dijo con suavidad - me alegro de que sepa qué esperar.

- Bueno, en realidad no lo sé. ¿Qué técnica sugiere que utilicemos? – Emma se acercó más aún, hasta que los cuerpos se tocaron apenas.

-Una que nunca olvidara.

De pronto visualizó una imagen de las dos, desnudas, unidas en un sensual abrazo, Regina envolviéndola con sus piernas y ella acariciando aquel calor aterciopelado. La sangre se le agolpó en la entrepierna y a punto estuvo de gemir. Cielos, si no se apartaba de ella inmediatamente, corría el peligro de besarla de nuevo... y ya no podría parar.

- Tiene mi palabra de que la protegeré, Regina –Y le apretó los dedos, reacia a soltarla - Hasta las doce, pues.

Ella asintió con ojos como platos, y Emma, tras obligar a sus pies a moverse, se encaminó hacia la puerta.

Sólo tenía que esperar hasta la medianoche. Doce horas más. Y entonces sería suya. La voz de su conciencia intentó hacerse oír, pero ella acalló sin contemplaciones. La deseaba. Y Regina la deseaba a ella. Se tendrían la una a la otra.

Cerró la puerta suavemente al salir y se dirigió con paso presuroso al vestíbulo, donde se encontró con Henry.

- Buenas tardes, lady Swan–la saludó el muchacho con una amplia sonrisa. Ella le devolvió la sonrisa

- Hola Henry, ¿Te diriges a tu cámara?

- Sí. Estoy terminando un invento nuevo: una máquina cortadora para el personal de la cocina, para ayudar a preparar la comida. – En sus ojos destelló una chispa de esperanza - ¿Le gustaría verla?

- Me interesaría mucho, pero me temo que ahora tengo otro compromiso. ¿Te importaría que me pasara por aquí mañana? - El semblante del muchacho se iluminó.

- Por supuesto que no, miladi.

- Perfecto. ¿Digamos alrededor de las dos?

- La estaré esperando en la cámara – Henry bajó la cara en un gesto tímido - A lo mejor le gustaría ver también...

Dejó la frase sin terminar, pues su mirada había quedado atrapada en las botas de montar de Emma. Frunció el entrecejo y se ajustó las gafas. Tras parpadear varias veces, irguió la cabeza de golpe y se quedó mirando a Emma con perplejidad.

- ¿Sucede algo malo?

- Eh..., no

Negó con la cabeza tan vigorosamente que las gafas le resbalaron hasta la punta de la nariz. Miró otra vez los pies de Emma como si nunca hubiera visto unas botas de montar.

La mirada de Emma siguió la del chico, pero no vio nada inusual, excepto, quizá, que sus botas estaban cubiertas de polvo. Esbozó una amplia sonrisa y señaló.

- Por lo visto, mi ayuda de cámara ha sacado brillo a mis botas a oscuras. (*)

Acto seguido abrió la puerta y salió a la tibia luz del sol, seguida por Henry. Relámpago estaba atado a un árbol cercano, y Emma lo montó rápidamente. Mientras se enfundaba los guantes de montar, Henry se acercó muy despacio al caballo, mirando alternativamente la silla, las riendas y los estribos. Su rostro, pálido y contraído, exhibía un marcado ceño. Preocupada, Emma insistió:

- ¿Seguro que te encuentras bien, Henry? Pareces haber visto un fantasma. - El chico levantó poco a poco la mirada. Tragó saliva de manera audible y a continuación asintió bruscamente con la cabeza.

- Me encuentro bien, miladi. Sólo estoy un poco... desconcertado.

- Oh, ¿puedo ayudarte?

- No lo creo

- ¿Y estas seguro de no sentirte enfermo?

- Totalmente, miladi - Emma le sonrió

- Bien. Si cambias de opinión y necesitas mi ayuda, házmelo saber. Por supuesto, eres un chico de una inteligencia extraordinaria; no me cabe duda de que resolverás ese enigma. Hasta mañana. – Hizo girar a Relámpago y se alejó al trote.

Henry se le quedó mirando con la cabeza hecha un torbellino de preguntas turbadoras. Pero había una que se destacaba sobre las demás: ¿por qué las botas, la silla, los estribos y las riendas de la condesa conservaban restos inconfundibles del polvo fosforescente fabricado por él mismo y que había esparcido sobre las pertenencias de la Ladrona de Novias?

Buscó una explicación razonable, plausible, cualquier explicación; pero su lógica le decía a gritos que sólo cabía sacar una conclusión de aquellas pruebas irrefutables.

Lady Swan era la Ladrona de Novias.

Pero incluso aunque aquella idea iba penetrando en su cerebro, una parte de él intentaba rechazarla. ¿Cómo podía ser? ¡Lady Swan era una condesa! No una osada rescatadora de damiselas en apuros. Poseía riquezas y un título. ¿Qué motivos podía tener para dedicarse a una empresa tan peligrosa?

Echó a andar hacia la cámara, pero se detuvo en seco cuando le vino a la cabeza una idea que lo sacudió como un puñetazo: ¿lo sabría Regina? ¿Era consciente de que la mujer de la que se había hecho amiga era la secuestradora más famosa de Inglaterra? Se sujetó el estómago revuelto.

No. Imposible. Regina se lo habría confiado a él. Además, no sabía cómo ponerse en contacto con e la Ladrona de Novias cuando recibió la carta de la señorita Sellers sin contar que tampoco le había confiado que se trataba de una mujer. Tenía que hablar con ella; tal vez pudiera ofrecerle una explicación de por qué lady Swan llevaba encima el polvillo de la Ladrona de Novias.

Dio media vuelta y entró en la casa a toda prisa. Halló a Regina en la salita, contemplando el fuego. Ella le indicó que cerrase la puerta. Una vez que lo hubo hecho, le agarró la mano y tiró de él hacia el diván.

- He recibido una carta del Ladrón de Novias – le confió en un susurro cuando ya los dos estaban sentados - El rescate de la señorita Sellers ha sido un éxito. – Su mirada vagó hasta la chimenea - Te la dejaría leer, pero acabo de quemarla.

- Prudente decisión. Me alegro de que todo haya salido bien. – Se secó las palmas húmedas en los pantalones y se aclaró la garganta - Hum, Regina ¿alguna vez te has preguntado quién es el Ladrón de Novias? - Regina apretó los labios.

- Más de una vez he especulado sobre eso, pero en realidad no tiene importancia. Lo que importa es su labor, su misión – Estrechó la mano de Henry - Comprendo que tu curiosidad se sienta frustrada por ese misterio, pero debes olvidarlo. Si alguien descubriera su identidad, su vida correría un grave peligro. - Henry experimentó cierto malestar en el estómago. Carraspeó de nuevo y dijo:

- Hace un momento he visto a lady Swan saliendo de aquí. - Regina se ruborizó al instante, y comenzó a juguetear con el encaje de su vestido.

- ¿Ah, sí?

- Sí – la miró con más atención y le preguntó - ¿te gusta? - El rubor se intensificó.

- Naturalmente. Es toda una dama.

Henry sacudió la cabeza, frustrado por su incapacidad para formular las preguntas adecuadas.

- No; me refiero a si sientes... algo por ella – No habría creído posible que el rostro de su hermana se encendiera aún más, pero así fue -Lamento preguntarte algo tan personal – se apresuró a decir - Es sólo que, bueno, yo... yo sólo deseo tu felicidad – terminó como mejor pudo. Ella lo miró con ternura y le tocó la mejilla.

- Soy muy feliz, Henry. Mi trabajo en la cámara me llena y supone un reto para mí, y disfruto ayudándote. Tú me haces feliz.

- Y lady Swan... ¿también te hace feliz? - Los ojos de Regina adquirieron una expresión soñadora que él estaba acostumbrado a ver en sus otras hermanas.

- Sí – contestó ella con suavidad - Mi amistad con lady Swan me agrada bastante.

Henry apretó los labios. No hacía falta ser un genio para deducir que la amistad de Regina con la condesa le agradaba muchísimo. Y a juzgar por lo que él había presenciado, al parecer lady Swan también sentía algo por ella. Maldición, ¿cómo podía arriesgarse a hablar con Regina de la prueba de los polvos fosforescentes? ¿Y si estuviera equivocado? Peor aún ¿y si estuviera en lo cierto?

Quizás lady Swan tenía pensado contárselo ella misma, quizá tenía la intención de abandonar sus actividades como Ladrona de Novias o quizá no había nada que contar ni abandonar. Si le hablara a Regina de sus sospechas, era posible que estropease toda posibilidad de que ella y lady Swan tuvieran de ser felices, de tener una vida en común.

Pero ¿y si lady Swan era en efecto la Ladrona de Novias?

-Regina ¿qué harías si te enteraras de que una pretendiente tuya no ha sido del todo... sincera contigo? – inquirió en un tono que esperaba sonase natural. Ella frunció el entrecejo, pero al punto se iluminó su mirada al creer comprender.

- ¿Por qué? ¿Hay alguna joven que te interese?

Henry estuvo a punto de tragarse la lengua. Sintió un calor que le humedeció la cara y el cuello. Antes de que pudiera recuperar la voz para responder, Regina tomó las manos de él en las suyas.

- ¿Quieres hablarme de eso? - Él negó con la cabeza sin decir nada.

- Muy bien. Pero recuerda que la sinceridad es crucial, Henry. Ya sé que tú jamás hablarías a una joven con palabras falsas y rezo para que ella sepa devolverte la cortesía. Las mentiras destruyen la confianza y sin confianza no hay nada. Yo jamás tomaría en cuenta la posibilidad de tener un futuro con alguien que me engañase.

Una sensación de incomodidad recorrió a Henry de arriba abajo. No, no podía hablarle a Regina de los polvos fosforescentes, por lo menos sin antes verificar sus sospechas. Y sólo existía un modo de verificarlas.

Tendría que encararse con la condesa.

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.

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(*): Nunca llegue a entender a esta frase jajajaja, si aquel que le haya llegado a entender me lo podria explicar, porque yo no le encuentro sentido y sip asi esta en la historia original.

Pero diganme que les parecio el capitulo, ¡Al fin cayo! y vaya que manera, alguien aqui se imagino que caeria por tener celos a si misma jajajajajaja, pero bueno Regina encantada, aunque me rei con las posturas jajajajaja.

Henry descubrio o tiene fuertes sospechas, lo cual no es de sorprendernos verdad?, y pues si Regina llega a enterarse de que Emma es la ladrona de novias, se sentira traicionada, ya dijo no, la sinceridad es crucial.

Les aviso, el proximo capitulo es el que tanto han estado esperando (si, asi es, es lo que se estan imaginando) asi que, que tan pronto lo suba, bueno eso depende de ustedes, con al menos 8 review lo subo mañana en la noche, (y sip es chantaje jajajaja). Bueno bye!