Kenshin, un chico en dificultades
Acto trece
Dulces recuerdos.
La espalda de Kaoru era tan suave como los pétalos de las rosas, o tal vez como la seda. El cansancio la había vencido apoyada sobre él y Kenshin ni ganas tenía de salirse para importunarla. Con cuidado alcanzó una frazada grande y la cubrió con ella, le besó la frente y le hizo innumerables promesas, acariciándola con la punta de los dedos… y nada más.
Había aprendido en esos días a disfrutar de la muchacha, a ser paciente nuevamente, a ser feliz si ella le permitía escuchar el sonido de su voz. Ahora Kenshin estaba seguro más que nunca de querer su vida al lado de ella y de hacer todo lo posible para que volviera a sonreír. No podía devolverle ese bebé que había perdido y que no dejaba de torturarla por las promesas rotas de caricias y sonrisas que ella jamás recibiría del retoño, con la pancita plana que no se hinchaba, y con los pechos que luego de aumentar una talla, preparándose para amamantar, habían vuelto a su porte normal. Incluso él se sentía triste con su pérdida a pesar de haberse enterado cuando el bebé no existía. Un bebé significaba una familia que cuidar, un niño que saldría a recibirlo con los brazos abiertos, feliz de verlo, inocente de todos sus pecados y fechorías. Hubiera sido un ser tan puro, un nuevo maravilloso comienzo para todos.
Pero no.
No había un nuevo comienzo para ellos. Él debía cambiar, ahora más que nunca, y lo sabía. Y ella, salir de donde sea que estuviera y volver a ser la chica que se subía sonriente a un tren a rescatar a un amigo que no se lo merecía.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sentado en el tejado, Tenshi recibió la visita del Guía.
-Es una vista maravillosa la que hay desde acá.- dijo el fantasma a su superior. -¿Pasa algo que ha venido a verme?-
-Pues sí. Es sobre… la misión que tendrás dentro de un tiempo.-
Tenshi sabía de qué trataba la nueva misión, pero no entendía por qué venían a buscarlo ya si eso era dentro de algunos años.
-Tienes dos meses terrestres para terminar aquí y regresar. Tú especialmente has tenido muchos privilegios que otros seres no tienen, pero por lo mismo, debes ser cauteloso y regresar en la fecha que te he indicado hoy. Yo mismo vendré a buscarte.-
Tenshi se quedó pensando un rato en esas cosas que le sucederían y en la inminente despedida que se le venía. Tuvo una sensación parecida a la de cuando murió su cuerpo: Esa idea de que no vería nunca más a sus seres queridos. Si hubiera sabido como sería la cosa, se hubiera muerto más contento y resignado, pero ahora… ahora… no volvería a ver a Kenshin, ni a Kaoru, ni a la bella Misao, ni a su hermano gemelo Aoshi que le enseñaba sin proponérselo, cómo sería él si aún conservara su cuerpo, pero ahora con cuarenta años.
El fantasma suspiró y pensó que de todas formas estaba muy agradecido con todos. Al sonreír, miró hacia el patio que ostentaba un nuevo jardín y tres árboles nuevos que parecían ramas, y vio a Kenshin subir un par de maletas en su auto.
Luego subió Kaoru y después de cerrar la casa, se fueron.
Tenshi se coló en el asiento de atrás y tras una buena conversación con Kenshin y algunas intervenciones de Kaoru, pensó que definitivamente no podía dejarlos.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo
-Creo que podemos comer aquí.- dijo Kenshin tras estacionar delante de un restaurante. Kaoru no puso reparos y el fantasma los siguió.
La pareja pidió algo de comer ligero y estando en eso notaron un poco de barullo. El restaurante estaba ligado a un local de estilo juvenil en cuyo interior habían modernas máquinas de juegos. Entre ellas una de Dance Dance Revolution, en la que un par de quinceañeros intentaban sacar los pasos.
-¿Por qué no se animan y juegan?.- dijo Tenshi.- Lo que bien se aprende no se olvida.
Kenshin se entusiasmó de inmediato, pero Kaoru no.
-Vamos, Kaoru. Eras la mejor. Ustedes ganaron una competencia.-
-Yo tenía doce años.-
-¿Y qué?.-
-Ha pasado mucho tiempo.-
Kenshin tampoco tenía ganas de jugar, además, seguramente habría olvidado como hacerlo, pero debía ayudar a Kaoru que posiblemente, medio año atrás hubiera accedido.
Se quitó la chaqueta y se unió a los muchachos que de inmediato empezaron a burlarse de él.
-No puedes con esta máquina, viejo.-
-No soy tan viejo. Tengo veintinueve años.- dijo tan tranquilo, dominando sus nervios y al antiguo gordo del que todos se mofaban.- Aunque debo reconocer que hace como trece que no me subo a una de éstas.
-Será viejo, pero se ve bien papito.- dijo una chiquilla mirando con harta intención al pelirrojo. Kenshin la ignoró y cuando llegó su turno, pasó su tarjeta de créditos por la máquina y seleccionó canción. Sería bueno comenzar con dificultad fácil, a pesar del orgullo herido, para recordar un poco de qué iba el juego.
-Puedo ser tu pareja.- dijo una chica a la que al parecer nadie le dijo que hacía frío, a juzgar por la cantidad de piel que mostraba.- Pasa tu tarjeta por mi lado y con gusto…-
-Lo siento, pero ese lugar es mío.- dijo Kaoru subiendo junto a Kenshin a la máquina. Luego de pasar la tarjeta, seleccionaron una canción.
Kaoru no miró a Kenshin en ningún momento y él intuyó que tal vez los celos la motivaron a subir. La miró fugazmente, notando su rostro concentrado en la pantalla y ya no quiso pensar que la máquina era mucho más moderna e incluso había unas cosas para pasar las manos frente a ellos. No quiso pensar en nada más que en Kaoru, a su lado, dispuesta a demostrarle a unos mocosos que ellos habían sido los campeones de ese juego alguna vez.
La música empezó y Kenshin partió perdiendo el ritmo. Kaoru iba bien, porque nunca dejó de practicar. Él se puso nervioso al escuchar las risotadas de los chicos y no le pudo apuntar a ningún paso dentro de la canción. Perdió ante Kaoru, que tuvo la opción de seguir bailando. Se iba a bajar cuando ella le tomó la mano.
-Intentémoslo de nuevo, Kenshin. Tú puedes.-
Con una ligera angustia por lo que decían tras su espalda, Kenshin volvió a pasar su tarjeta y se concedió esa segunda oportunidad. Tras ponerse en posición, la cuenta regresiva pasó delante de sus ojos y en el dos, Kaoru le tomó una mano.
-Vamos. No te preocupes ni pienses en nada más.- dijo la chica al mover un pie según las instrucciones de pantalla.
Si ver a Kenshin, un pelirrojo estiloso entrar al local, para las chicas había sido lo máximo, verlo volar prácticamente sobre la superficie de juego era sublime… el hombre se las traía, era realmente bueno, igual que la mujer que iba con él. Estaba flaca, quizá un poco demacrada, pero aunque Kenshin de pronto cometía errores, ella no se permitía ninguno. Ella mantuvo el ritmo y Kenshin mejoró, causando tal alboroto sin proponérselo, que los muchachos que jugaban en otras máquinas y quienes entraron al local se acercaron a verlos.
Tras agarrar bien el ritmo, Kaoru soltó a Kenshin y empezaron a pasar las canciones, pasando al nivel medio sin gran dificultad. El mozo que les traía una sopa los descubrió en el sector juvenil saltando y se lo comentó a su jefe.
-Guárdales la sopa, y procura que esté caliente. Este tipo de personas atraen gente al local.
El jefe no se equivocó. Varios jóvenes llegaron a verlos.
Ya sea con las manos o con los pies, rápido o mega rápido, ningún punto se les iba. Asustado, un muchacho supo que su récord sería borrado por esos dos que nadie conocía. Tuvo la intención de desconectar las máquinas de la corriente, pero el jefe, previendo eso, puso a un par de sus empleados a supervisar que nadie molestara a los bailarines.
Iniciaron el modo de "Difícil" quitándose el resto de la ropa que les pudiera incomodar. Kenshin quedó en una camisa blanca y los jeans desgastados, y los zapatos café. Kaoru traía un atuendo similar con botitas, pero ella se tomó el cabello y siguieron dándole. Hasta los operarios fueron a verlos.
La sincronía que alcanzaron era perfecta, sus espectadores estaban maravillados con eso y el jefe los admiraba. Pero ellos estaban extenuados y deseando tomar algo. Una canción se interponía en eso.
Se miraron cuando empezó la cuenta regresiva del último tema.
-Kenshin, te amo.- dijo la muchacha mirándolo con una sonrisa increíble, llena de pureza.- Siempre te he amado.-
De pronto al pelirrojo le pareció ver en aquel gesto a la jovencita de doce años que conoció en una tienda de manga, que le preguntó si a él también le gustaba Kenshin Himura, un personaje de su serie favorita, si acaso por eso era su pelo rojo.
Emocionado hasta las lágrimas por reencontrarse con esa muchachita, Kenshin dio lo mejor de sí en el último juego y tras eso la máquina hizo un recuento. Hicieron todos los temas y desbloquearon todas las canciones y fases especiales. El puntaje final, sin ser el máximo estaba cerca, y aunque no ganaron ni un trofeo o dinero por eso, la ovación de las personas y el aplauso ensordecedor fue un reconocimiento a lo bien que lo habían hecho.
Kaoru le echó los brazos al cuello a su pelirrojo y lo abrazó, feliz. Siempre había soñado jugar con él una última vez, después que él se fue. Kenshin la sujetó por la cintura y a pesar del cansancio la levantó y dio un par de vueltas con ellas, siendo de pronto, Kaoru la más envidiada del lugar.
Tras unos minutos todo volvió a la normalidad dentro del local. Kaoru había grabados sus nombres en la puntuación, que por cierto, se mantuvo invicta hasta el año en que dieron de baja la máquina, muchísimo tiempo después.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sentados a la mesa, tomaron ávidamente su sopa y comieron algo más contundente después. El jefe llegó cortésmente a sentarse con ellos para conversar y así fue cómo se enteró de lo del concurso que habían ganado.
-Yo soy fan de este juego, pero al poco tiempo de traerlo, un antigua lesión en mi rodilla me impidió seguir jugándolo. Por eso puse un local anexo donde los chicos pudieran entretenerse en él además de jugar otras cosas. Por cierto, ¿qué concurso ganaron ustedes?.-
-Era uno en que los concursantes se disfrazaban.- dijo Kenshin.- Yo iba del gran Saiyaman y ella de mi acompañante Bidel.-
El jefe sonrió ampliamente.
-Ustedes dos son increíbles. Acompáñenme.-
El jefe realmente era un fan de las máquinas. Tenía unos recortes de revistas en que salían ellos dos con su trofeo en alto, con los mentados disfraces.
-Me alegro mucho de conocerlos, y no puedo creer que sean pareja y que lo sigan haciendo tan bien. Pareciera que nunca dejaron de bailar juntos.
Rato después, al salir del local y ver que había caído la noche, Kenshin, Kaoru y Tenshi se dirigieron a un lugar donde pudieran enmarcarles la hoja de revista que les regaló el jefe, a cambio de que se vinieran a dar una vuelta por allí de vez en cuando a jugar en sus máquinas. De todas maneras el papel no lo sintió, porque tenía una copia.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Abrazando su nuevo cuadro, Kaoru miraba la carretera delante de ella. Tranquilo y seguro, Kenshin mantenía una mano sobre el volante y la otra en los cambios, a una velocidad de 90 km/h.
-¿Don Kenjiro te enseñó a manejar, verdad?.-
El pelirrojo la miró sonriendo.
-No. Fue mi padre, cuando tenía diez años. También me enseñó a cocinar… me enseñó muchas cosas para sobrevivir solo.
-Nunca antes habías hablado de él. Y si lo hiciste, no me acuerdo.-
-No era fácil. Mi padre era el mejor hombre del mundo, pero sufrió mucho. Recuerdo pocas sonrisas genuinas de él. Sus sonrisas eran como copos de nieve en verano.
Kaoru imaginó un copo de nieve sobre su mano en verano. El calor pronto la haría desaparecer.
Era una comparación rara, pero en cierto modo tenía su sentido.
-Primero el abandono de su esposa, luego sus hijos. Continuamente era citado a la escuela porque yo era un chiquillo pelionero. Era el mejor de la clase, pero los otros niños me molestaban por… bueno, tú sabes de eso. Siempre me decía que fuera tranquilo, que no me metiera en problemas. Después Misao empezó con problemas de conducta, a veces se iba de la casa y mi padre se pasaba las noches rondando lugares en los que él pensaba podía estar.
Kaoru recordó lo que le contó Aoshi de Misao.
-Mi padre se dio cuenta de que el mundo no era un lugar fácil para sus hijos, así que nos enseñó de todo lo que pudo antes de morir. Aún así los problemas no dejaron de llegar. El servicio social me quería separar de Misao, porque ella era menor de edad y no podía mantenerme. Ella luchó mucho para mantener mi custodia y afortunadamente Tenshi llegó a nuestra casa.-
Kaoru se dio cuenta de que su infancia antes de conocerla no había sido fácil.
-Siempre he pensado que me gustaría ser un padre como el mío.- dijo Kenshin retomando el tema.- Era un hombre especial, cariñoso, e iba hasta las últimas por sus hijos. He conocido a muy poca gente así, por eso sé que mi padre era algo especial y así quiero recordarlo.-
El automóvil tomó un desvío e ingresó a la ciudad de Kyoto.
-Los míos fueron los mejores papás hasta la muerte de mi hermana y entonces nuestra familia se derrumbó.- dijo Kaoru cuando se pararon por una luz roja.- Ellos… han sido nuevamente los mejores padres que cualquiera pudiera desear, pero para mis hermanas menores. Cuando les he pedido más cariño o atención, me dicen que ellos confían ciegamente en mí y en que estaré bien, pero… sin ánimo de sacar cosas en cara, ya ves que no me ha ido como tal vez ellos esperaron. Yo sé que cuando crías a un hijo, esperas que sepa defenderse, como tu padre que te enseñó cosas. Pero también dices que tu padre fue hasta las últimas con ustedes, que no abandonó a Misao por cosas por las que otro padre le dejaría de hablar. Me hubiera gustado que ellos, después del duelo, se hayan acordado de mí. No me quejo de mis hermanas menores, son un amor y las quiero tanto como si fueran hijas mías, pero a veces pensaba que ellos me veían tan grande, que pensaron que ya no necesitaba nada más de ellos.
-¿Les tienes rabia?.-
-Al principio mucha. Me escapaba de casa para deambular a ver si ellos salían a buscarme como Misao me contó una vez hacía su padre con ella. Pero nada. Al final comprendí que por alguna extraña razón, al tener a mis hermanas, era como si hubieran comenzado de nuevo. Desde cero. Sin mi.-
-Eras muy joven, quizá unos quince?-
-Si. A los diecisiete me fui de casa. Mi padre me daba dinero, pero yo no quería eso. Decoré mi departamento pensando en el día que vinieran a tomar te conmigo y conseguí varios trabajos, cuidando niños, o entrenándolos para jugar béisbol, para pagar este lugar. Luego gané una beca universitaria y seguí con la vida que llevaba cuando me conociste. Jugaba, leía cómic, compraba figuras, hacía favores a los vecinos… alguien me dijo que yo no crecía, que seguía igual. Tal vez tenía razón.-
-Eras un adulto responsable que disfrutaba sus aficiones. No veo nada de malo en ello.- dijo Kenshin doblando una esquina.- Nunca te consideré infantil. Para mi siempre fuiste la más valiente.-
Kaoru pensó que no podía decirle a Kenshin que ella cultivó al propio esa faceta infantil con la secreta esperanza de que sus padres la vieran como una niña a pesar de que crecía, a ver si así se animaban a darle más amor.
-Pero no pasó.- murmuró la muchacha.- De todas maneras, aunque no lo creas, no les guardo rencor. Ellos eligieron ese modo de vivir la vida, y no estoy segura de hacerlo mejor que ellos de pasar la misma experiencia.-
-En cierto modo, quedaste huérfana joven. ¿Quién te guió?-
Kaoru no tuvo que pensar demasiado.
-El señor Aoshi fue como un segundo padre para mí. Misao una gran amiga. Estaría perdida sin ellos. El señor Kenjiro me aconsejaba mucho. Él también fue mi gran amigo y siempre preguntaba si me llegaban tus cartas y me contaba lo que lograba averiguar sobre ti. Yo tuve la fortuna de acompañarlo hasta el final. Sus últimas palabras fueron para ti.
Kenshin recordó al señor Kenjiro. Era enorme, como Aoshi, más ancho, canoso y con un tremendo vozarrón. Desde que se hicieron amigos, Kenjiro lo apoyaba y aconsejaba. Era un gran hombre. Y él no había ido a su funeral.
No podía. Se recuperaba de una paliza que Aburatsubo le dio en compañía de Makoto. Pero había ido al cementerio en los días que buscaba Kaoru, a visitar su tumba.
-Tuvimos suerte de conocer a buenas personas.- dijo el pelirrojo.
Kaoru sintió sobre su mano la de Kenshin. Estaba calentita.
-Seremos buenos padres, ya lo verás, Kaoru. Si nuestros hijos tienen quejas, esperemos que sean las mínimas.
Una luz roja los detuvo un momento, y Kenshin aprovechó de tocar el cabello de la chica.
-Nunca he comprendido por qué el tiempo contigo se hace tan corto. Estamos por llegar a tu departamento.-
Al ponerse en marcha, Kaoru se reacomodó en su asiento, de manera que quedó más cerca de Kenshin. Debía reconocerse que aún tenía sus dudas con respecto a él, y que aún muchas veces tenía ganas de arrancar. Pero no podía evitar seguirlo.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
La historia que Kaoru contó a sus padres era bien fantástica, sobre un reencuentro mágico en el pueblo natal de Kenshin, con promesas de amor eterno y esas cosas y Kenshin enrojeció varias veces de la vergüenza durante la jornada al recordar cómo era la historia real. Por eso invitó a Kaoru a un parque para discutirlo.
-¿Por qué no les contaste la verdad?-
-No pasará nada, Kenshin, jamás sabrán… -
-Yo hice algo terrible y si queremos empezar de nuevo, no podemos hacerlo con mentiras, Kaoru.-
La joven tomó aire un poco molesta.
-Las cosas son diferentes para las mujeres. Debes entender eso.
-No puedo comprenderlo, Kaoru. Tú les dijiste… -
-La verdad, ¿No? Nos encontramos en tu pueblo y decidimos arreglar las cosas.-
Kenshin guardó silencio, molesto.
-Es una parte.- dijo al cabo de un rato.
-Muy bien. Entonces vamos para allá y les decimos que me disfracé de hombre, que me metí en tu cuarto, que después nos acostamos y tiempo después permití que me manipularas y usaras a tu antojo. Después les decimos que perdí un bebé tuyo y entonces jamás me dejarán olvidarlo. Me tildarán de suelta, me dirán que todo eso me lo busqué y que los he deshonrado y que no es posible que el bueno de Kenshin, porque tú has de entender que en este país un hombre SIEMPRE es mejor que una mujer, que no es posible que el bueno de Kenshin se quiera casar conmigo, porque no valgo nada. Me dirán indiscreta… tal vez incluso me digan que lo que hiciste estaba bien, porque las mujeres debemos aguantar lo que ustedes desean. Tal vez me digan que incluso el hombre que me empujó en el tren tenía razón en castigar a una mujer escandalosa como yo. Te dirán que los pasajeros hicieron bien en no ayudarme… te dirán que no entienden que tú quieras casarte conmigo, porque así es la cosa para mí.
Kenshin estaba atónito.
-Kaoru, yo no sabía… -
-Mis padres escucharon un rumor sobre mi cuando tenía diecisiete años. Y dejaron de hablarme por un mes porque según ellos me había acostado con un profesor. Ya no era virgen y en su opinión debería ser una solterona. Sufrieron mucho imaginando el modo de ocultarle ese hecho a un potencial prometido.-
-Pero y el rumor? Se aclaró?-
-A medias. Supieron que era mentira, pero costó trabajo que me hablaran de nuevo. Les podemos contar lo que quieras, pero aunque me hayas violado te perdonarán y a mí… mi relación con ellos es muy frágil y aún espero contar con sus bendiciones para el día en que nos casemos.-
-Lo siento.- dijo Kenshin al cabo de un rato.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Misao ya lo sabía.
Era bastante evidente que su empleado estrella sentía algo por ella. Sus miradas, el modo en que intentaba estar cerca de ella todo el tiempo cuando estaban juntos, e incluso la manera en que rozaba su cuerpo como al descuido al estar en espacios reducidos. La mujer se sentía halagada, sin dudad, por esas y otras atenciones, pero no se le ocurría de qué modo hacerle saber a Sanosuke que ella estaba muy enamorada aún de su esposo aunque fuera un tonto que no siempre le contaba sus secretos.
Pero fue Sanosuke el que le dio la oportunidad de hacerlo, aunque el modo fue más bien… poco agradable.
La atajó una noche en que se quedaron solos, tras la finalización de un banquete, cuando Misao tomaba su cartera porque Aoshi la esperaba afuera.
-Misao, estoy enamorado de ti y no me importa que seas una mujer casada.- dijo a su espalda. Misao se quedó de una pieza.
-Espero que esto sea una broma.- dijo ella, aunque sabía que no lo era.
-Puedo darte todo lo que quieras.- dijo el joven. Misao lo miró. Sanosuke y ella tenían la misma edad, pero mientras ella cuidaba de una familia y tenía una vida estable, él era más bien libertino, fiestero e incluso bueno para las peleas. Cocinaba como los dioses, pero era un desastre del que otro tipo de mujer se podía hacer cargo.
-Agradezco tus sentimientos, Sanosuke. Y nada más. Como bien has dicho, soy una mujer casada, totalmente enamorada de su esposo y no me interesa probar otra cosa. Yo te aprecio, pero debes mirar en otra dirección.-
-Sé que eres una mujer buena y pura, y que por lo mismo no has tenido otra experiencia más que la de tu marido… -
¿Pura ella? Misao casi rió. Sabía bastante, muy a su pesar, de lo que fuera que Sanosuke le estuviera hablando. El problema es que en un descuido de la mujer, él la tomó y le dio un beso de esos que hacen que una se derrita.
Debía que reconocer que Sano besaba tan bien como cocinaba, pero Misao no estaba para eso y lo empujó con toda su fuerza. ¡Si Aoshi llegaba a entrar en ese momento, lo hacía picadillo!
-¡No puedes ser más estúpido!- vociferó, dándose la vuelta para ir hacia su marido.- No te molestes en aparecerte el lunes y el finiquito Aoshi te lo entregará.
Misao salió muy digna y muy propia de sí, llegando hasta Aoshi como si nada hubiera pasado. Transcurrido un rato, le dijo que había despedido a Sanosuke y que por favor se ocupara del finiquito, pagos y esas cosas.
Sonrió a solas, cuando estaba quitándose el maquillaje. Vaya que besaba bien el condenado.
Pero era solo eso. Ella no sentía absolutamente nada por su ex empleado.
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Sanosuke encontró a Kenshin y Kaoru días después, tomando algo en la fuente de soda donde él trabajaba cuando jovencito. Había cambiado el nombre y el dueño, pero no el ambiente.
Los tres se tomaron unas leches batidas con plátano y otras frutas mientras se comentaban su vida. Desde luego la versión de Kenshin y Kaoru reencontrándose en un pueblito le hizo mucha gracia al moreno, que venía con el corazón roto por el desprecio que le hizo la hermana del pelirrojo. Pero nada de eso dijo.
-Me alegro mucho que hayas podido superar tus problemas, Kenshin, y que quieras casarte con Kaoru. No era muy bonita cuando chica, pero debo reconocer que está muy linda ahora. Además, todos la queremos mucho, seguramente te hará muy feliz.-
-Creo lo mismo. Oye Sano… yo no me porté bien contigo aunque tú fuiste siempre un gran amigo. Yo te debo una disculpa. ¿Podrás perdonarme?.-
Sanosuke le dio una sonora palmada en la espalda.
-Pero claro que sí, los amigos no somos rencorosos.
Iban saliendo del lugar cuando el trío se topó con un conocido de Kenshin.
-Hola.- dijo Aburatsubo.- Veo que has regresado a Kyoto. Y que tienes una novia muy linda. Tal vez deberías repensar lo de vivir aquí.-
Tras darle una palmada, se alejó riendo.
-No puedo creer que aún ese sujeto te moleste.- dijo Sano enojado.
Kenshin alcanzó a percibir algo raro en el ambiente y empujó a Kaoru hacia Sano. Alcanzó a moverse lo suficiente para que el auto no le pasara por encima, pero cayó al suelo y rodó algunos metros.
Kaoru rápido llegó hasta su lado. Sanosuke siguió el auto con la mirada, que tras subirse a la vereda, rápidamente alcanzó la calle y dobló en una esquina, perdiéndose de su vista.
-Trató de matarte ese hijo de la gran… -
-Tenemos que llevarlo al hospital, Sano. Kenshin no despierta.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Misao no podía creer que hubieran atropellado a su hermano y Aoshi corrió al hospital a verlo. Se toparon con Sano que loes contó como había sido todo.
-Oh, Aoshi… mi hermano dijo que él se dejaría marcar la cara y todo lo demás por ella, pero no pensamos que tan pronto tendría que cumplir eso.-
Aoshi atrajo a Misao sobre él en tanto les dieran el diagnóstico del joven. Sanosuke observó a la pareja, abrazados y apoyándose el uno al otro y se preguntó en qué momento se le ocurrió que Misao podría querer tener algo con él.
Kaoru se quedó junto al pelirrojo hasta que lo dieron de alta con indicaciones de reposo. Tenía muchas contusiones por caer, pero ella y Kenshin sabían que el auto iba para Kaoru, y Kenshin sabía el por qué.
Ya en casa de Misao, Kenshin despertó asustado en medio de la noche. Le dolía un poco la cabeza y la espalda. Tal vez debería tomarse un Ibuprofeno y pensaba en eso cuando descubrió a Kaoru durmiendo enrollada a los pies de su cama.
La observó por un rato y se hubiera acercado a ella si no fuera porque le dolía todo el cuerpo. La llamó hasta que despertó y ella se acomodó a su lado como le indicó, pero lejitos para no pasarlo a llevar. Eso, después de administrarle calmantes.
-Esta tarde estuviste en peligro. Tal vez sea hora de que te cuente algo.- dijo Kenshin. Kaoru le prestó atención.
-Siempre has querido saber por qué no te volví a ver y mis respuestas nunca te han satisfecho. Pues bien: Pesa una amenaza sobre ti… sobre nosotros.-
-¿Cómo?-
Kenshin se acercó a Kaoru con cuidado, quedando hombro con hombro.
-El par de matones que tan bien conoces, me amenazaron con respecto a ti. Me aseguraron que te matarían si yo me acercaba a ti, por eso yo no quería verte. No era nada contra ti, ni algo relacionado con mis depresiones. Si te veía de nuevo, te ponía en peligro. Pensé que se habían olvidado de eso, pero veo que no. Kaoru, esto no puede seguir así.
El corazón de Kaoru se aceleró.
-Kenshin, ¿tú sabes quién está detrás de ese par?.-
-Claro que lo sé.- dijo Kenshin tranquilo. - Por desafiarla ella me ha hecho la vida miserable. Esa mujer… Misao no podía enterarse, porque también había una amenaza sobre ella, y todo eso quedaba sobre mis hombros. Seguramente nos han visto paseando por la ciudad y yo no puedo permitir que alguien quiera hacerte daño. Mañana mismo solucionaré esto.
-¿Qué quieres decir?- dijo la joven asustada.
-Ella me ha hecho la vida imposible. Pues bien… esta es la guerra. Desde mañana ella sabrá quien soy yo.-
…oooOooo…oooOooo…oooOooo…
Fin acto trece
Dulces recuerdos
Febrero 23, 2011
Notas de autora
Hola!
Les agradezco mucho a las personas que me han escrito, de verdad. Han sido sumamente amables.
Hoy me tocó revisar "Misao, una chica en apuros" para verificar un dato, y me topé con la lista de chicas que me dejaban review. Era impresionante. Hoy la cosa va entre cuatro o cinco y no es que me esté quejando o pidiendo review. Es sólo que pensaba que fuera de que la página ya no es la misma, me farrié varias fans por dejar pasar tanto tiempo entre actualizaciones.
En fin, son cosas que pasan. El tiempo todo lo cambia.
Este episodio más que un relleno, es el enlace a la venganza y posterior final. Asi que nos queda ver en qué termina. Les voy advirtiendo que el final será feliz, pero… eso no quita que no vayan a necesitar toallitas descartables.
Estoy mirando al lindo de Chayanne en Viña del Mar. Quizá debería ir al concierto que dará este mes, aunque fui al de noviembre. Mmm… decisiones, decisiones. No me odien por que me gusta Chayanne, él me hace feliz, aún cuando no soy una fan acérrima. Pero me gusta y lo sigo.
Les dejo un besote, abrazos y amor. Sean felices, que es más simple de lo que muchos creen.
Blankaoru.
