En un oscuro callejón de una gran ciudad, dos personas hablaban por lo bajo, muy cerca la una de la otra, prácticamente susurrando. Tenían capas negras que cubrían túnicas del mismo color, las cabezas protegidas por grandes capuchas. A la distancia apenas eran distinguibles, pero si uno se acercaba lo suficiente, podía vislumbrar que eran dos hombres.

"Nos ha llegado información de que dos mortífagos han desertado." Decía una voz.

"Dos no es nada entre tres mil." Contestaba la otra, notoriamente con poca paciencia.

"Es un comienzo."

"¿Realmente crees eso? ¿Que porque dos deserten tenemos la victoria cantada? ¡Piénsalo dos veces! Ahora dime algo relevante."

"La segunda facción logró capturar a un mortífago. Él nos dio esa información."

"¿Nombre?"

"Demetrius Parkinson. 18 años, joven e inexperto. Estaba haciendo un trabajo de reconocimiento con otros tres; logramos matar a dos, uno huyó, era el más fuerte."

"Es extraño que mandaran un grupo tan pequeño a hacer un trabajo de reconocimiento; normalmente se mueven en grupos más grandes. ¿Qué buscaban?"

"No lo vas a creer, pero tenían estos tres bocetos con ellos." El hombre que habló le entregó al otro los bocetos. El interpelado pasó cada imagen con asombro por diferentes motivos, se detuvo especialmente en la última.

"¿Hermione?" Sus ojos demostraban confusión, pero había esperanza en su voz.

"Hermione, un Malfoy, y un bebé." Dijo el otro con cierta satisfacción.

"No puedo creer que esté viva. Estas noticias son excelentes, Uldred."

Uldred sonrió y asintió con la cabeza. "Si hay alguien capaz de escapar con vida del cuartel general de él–quien-no–debe-ser-nombrado, es nuestra Hermione."

Pero el rostro del otro hombre pronto cambió, sus ojos turbios denotaban preocupación e incertidumbre. "Si ha logrado escapar, ¿cómo es que no ha intentado regresar con nosotros? Ella sabe cómo encontrarnos."

"Tengo una teoría sobre eso, pero no lo vas a creer. En realidad es una teoría de los mortífagos… y está convalidada por uno de nuestros contactos en Francia."

"Habla rápido." Lo urgió su superior.

"Se cree que Malfoy y Hermione huyeron juntos."

El otro hombre arqueó una ceja. Su silencio lo decía todo.

"Sé que suena difícil de creer, básicamente imposible. Pero tenemos un contacto en Francia que juró ante mí haberlos visto juntos hace un par de días en un aeropuerto. Y no sólo eso, dijo que llevaban a un bebé con ellos, como de la edad del que viste en el boceto. Parkinson confesó que el bebé era un sujeto de experimentos. No sabe qué podría haber motivado a Malfoy a llevárselo, pero sospechan de él porque desertó el mismo día que desapareció el niño."

"Eso sigue sin explicar cómo es que Hermione no se ha puesto en contacto con nosotros aún."

"Si está con Malfoy, ¿Cuáles son las posibilidades de que él le permita usar magia?"

"Cero. Pero ella es mucho más inteligente que él, encontraría la forma."

"Quizás está esperando el momento preciso para hacerlo, Neville."

"Quizás." Contestó Neville.

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Vivían—que curiosa era esa palabra para ambos jóvenes adultos—cerca de un barrio chino. Así que el mercado que más cerca tenían era de ese origen. Por ello, los dos jóvenes— con Teddy en brazos de Draco—, se dirigieron hacia allí.

Draco, por su parte, tenía una mezcla de nervios y de emoción por ir a un mercado. Jamás en su vida había salido de compras, suponía que los elfos domésticos se encargaban de eso. Él sólo compraba ropa—aunque en general se la compraba su madre. Pero ahora no tenía a nadie que cuidara y se ocupara de él; sólo tenía a Hermione y a Teddy. Y él debía ocuparse de ellos.

Pensar en su madre siempre hacía que se angustiara, pero él se rehusaba a demostrarlo. Recordar su injusta muerte, verla caer al piso sin nadie que atenuara su caída… sin nadie que pudiera darle un entierro digno. Inconscientemente, Draco cerró sus manos en fuertes puños, por la ira que le provocaba considerar aquello. Una sangre pura de alta sociedad como su madre… una descendiente de los grandes Black, una Malfoy por matrimonio… morir de esa forma. No había derecho. Su madre debería haber muerto de avanzada edad, rodeada de sus seres queridos, no a manos de un monstruo psicópata como era el Señor Oscuro.

Teddy dormía en sus brazos, así que no sintió su abrupto cambio de emociones y consecuente tensión, por lo cual no se puso a llorar. Hermione, por su parte, lo miró con curiosidad, pues sus ojos se habían tornado duros, y tenía una extraña mueca en la boca, como si estuviera a punto de morderse el labio.

"¿Estás bien?" Le preguntó Hermione con preocupación en su voz.

Draco cambió de cara inmediatamente y la miró asombrado, pues no esperaba que Granger pudiera preocuparse por él, y sobre todo porque lo había tomado desprevenido. Curiosamente, en ese momento, Draco sintió el impulso de decirle la verdad, que estaba pensando en su madre. Pero no pudo sincerarse, y todo lo que dijo fue: "Si, por supuesto."

Ella no le creyó, pero no se sentía en posición de poder indagar. Después de todo, no era realmente su esposa, ni su amiga. Eran dos conocidos que se ayudaban mutuamente; o al menos lo intentaban.

"Si tu lo dices." Dijo ella con un tinte de incertidumbre. Cuando llegaron a las puertas del mercado chino, Draco observó sorprendido cómo las puertas de vidrio se corrían solas cuando uno se acercaba lo suficiente. Estuvo a punto de preguntarle a Hermione si no era magia, pero ella se le adelantó.

"No, no es magia." Le susurró. "Sólo ciencia aquí."

El local estaba bien calefaccionado, así que ambos se abrieron los abrigos al entrar. Mientras Draco se quedaba parado con Teddy observando todo a su alrededor, Hermione caminó unos pocos pasos hacia donde estaban los carritos de compras y tomó uno. Draco dedujo para qué era y no hizo preguntas, pues ya había visto a otros llevando de esos con productos dentro.

El lugar era pequeño, y todo estaba abarrotado en estantes y cestos. Pero más allá de eso, parecía ser un local bastante limpio y útil a los fines que ellos necesitaban.

Hermione llevó el carrito hacia un pasillo y le hizo un gesto a Draco para que la siguiera. Este consideró que él debería ser el que llevase el carrito de compras, pero antes de protestar, se percató de que probablemente era un buen sostén para Hermione, y si ella lo llevaba, no tendría que agarrarse de él para caminar largas distancias.

Él decidió que le gustaba la idea de poder elegir qué comprar, nunca antes lo había hecho, así que era una buena experiencia nueva. Observaba con curiosidad todos los productos apilados en los estantes de los pasillos. Cada tanto tomaba alguno y se ponía a leer qué era. Muchos estaban en chino, así que tenía que darlos vuelta hasta encontrar una etiqueta en un idioma que él comprendiera.

Mientras él hacia eso, Hermione iba llenando el carrito con distintos paquetes de los cuales sólo miraba el precio. Estuvo a punto de decirle a Draco que sería útil que colaborara con ella en vez de ponerse a examinar cada caja de colores brillantes que encontraba, pero decidió al final que no tenía tanta confianza con él. Y él era impredecible.

"Mira esto, Isabelle. ¡Caramelos de uva!"

"¿Eso te sorprende?" Le preguntó Hermione, parando para ver cuál era la gran cosa. "De seguro has probado ese sabor antes."

"Si, pero no pensé que los muggles tuvieran mi sabor preferido." Argumentó él, sin darse cuenta de que había dicho muggles en voz alta.

"¡Alec!"—Lo alertó ella.—"No digas la palabra M" Dijo en un susurro.

Draco cerró la boca de repente y miró a su alrededor para ver si había alguien cerca. Parecía que no. Habían tenido suerte. Depositó la bolsa de caramelos en el carrito, y notó que éste ya tenía un montón de cosas, así que detuvo el carro—ignorando las protestas de Hermione—y tomó uno de los paquetes: una caja color verde oscuro, rectangular, que decía "espaguetis".

"No sabía que venían en cajas." Comentó él, y acto seguido, la sacudió un poco para oír qué había dentro. "¿Son duros? Nunca probé espaguetis duros."

Hermione rodó los ojos. Era increíble el poco conocimiento del mundo que tenía ese muchacho; pero al menos parecía curioso y despreocupado en vez de alterado como le había parecido a ella que estaba antes. "Son duros hasta que los hierves."

"¿Comeremos esto esta noche?" Preguntó él, asimilando la información.

"Si quieres." Hermione se encogió de hombros y lo urgió para que prosiguieran. Pero Draco, en vez de hacerle caso, tomó una botella de plástico-había aprendido lo que era el plástico ya—y leyó: "leche".

Draco examinó la cantidad de productos que tenía el carro, y preguntó: "¿Realmente necesitamos todo esto?"

"¿Comida saludable? Sí. Te diré lo que no necesitamos: Caramelos de uva. Ni de ningún tipo."

Draco arqueó una ceja, no le gustaba esa actitud, pero al mismo tiempo, vio un atisbo de la antigua Hermione Granger cuando esta dijo aquello. Eso era positivo, ¿no? Por más que le contestara de esa forma.

"Los caramelos se quedan, Isabelle." Le advirtió él, y fue hacia el frente del carrito para tomarlo con una mano y guiar el camino.

Hermione resopló y se dejó guiar. En la sección de verdulería ella se encargó de elegir las frutas y verduras más frescas que encontraba. A Draco no le interesaba esa sección, y en vez, se fue a la parte de vinos con Teddy. Hermione esperaba que al ver los precios entrara en razón y no quisiera comprar ninguno. ¿Para qué gastar en vino si podían beber agua?

Por desgracia, Malfoy se apareció con dos botellas de vino, las cuales Hermione se imaginó que no podían ser muy baratas. Se aproximaba una discusión, y ella ya empezaba a sentirse mal ante la expectativa.

Draco, al ver la cara de Hermione mientras él se acercaba, se aseguró de ser el primero en hablar.

"En mi familia está bien visto beber vino todas las noches." Dijo de forma arrogante.

Hermione no tardó en responder. "Ahora eres un Lacroix, Alec. Esta es tu nueva familia; y tendrás que encontrar un buen trabajo si quieres traer las antiguas tradiciones de tu anterior familia."

Draco se quedó mirándola con cierto enfado, pero, para sorpresa de ambos, terminó decidiendo que ella tenía razón. Sus padres habían muerto, y con ellos sus tradiciones. Y él, aunque estaría encantado de poder seguirlas, debía tener en cuenta que era más importante sobrevivir.

Hermione notó que Draco estaba pensativo, quieto allí con las dos botellas de vino en la mano. ¿Quizás había sido muy dura con él? Aunque no consideraba haberlo tratado mal, ni lo había tratado de forma muy diferente a como él la trataba a ella. Quizás no debería haber mencionado que ellos eran su nueva familia, si a ella le costaba verse de esa forma—como la nueva familia de Draco Malfoy—a él le debía costar mucho más.

"Oye… Alec, lo siento si te…" Él la interrumpió negando levemente con la cabeza.

"No, tienes razón. No necesitamos viejas tradiciones; en todo caso se pueden crear nuevas."

Acto seguido, Draco dio media vuelta y se dirigió hacia la bodega para dejar las botellas de vino en donde habían estado. Hermione observó atónita cómo se iba, pues Draco Malfoy acababa de darle la razón a ella. ¡Se habían puesto de acuerdo! Y todo por el bien común. Era un sentimiento extraño pero agradable.

Minutos más tarde, Draco estaba a su lado haciendo preguntas. El carrito ya estaba lleno, y Hermione sólo había pensado en lo que necesitaban, no en cómo llevarían todo eso de vuelta al apartamento.

"No entiendo; ¿cómo es que tienen pociones y ungüentos mágicos?"

"No tienen nada mágico; ya te lo he explicado, es ciencia, no magia." Dijo Hermione, claramente cansada aunque apenas había empezado el día.

"Pero mira esto: ¡un ungüento para rejuvenecer la piel! Y no sólo eso, además es hidratante y suavizante. Tres en uno; nunca había oído de algo así." Draco le mostraba una cajita blanca que leía 'Crema anti-arrugas' en letras verdes.

"Déjala donde estaba, Alec. Y no te creas que todo lo que dicen es verdad, difícilmente encuentres una crema entre 10 que realmente ayude con las arrugas."

Draco colocó devuelta la cajita con la crema anti arrugas en el lugar de donde la había sacado, y luego continuó siguiendo a Hermione. Teddy ya había despertado y se había apoderado de una colorida barra de desodorante para mujer, la cual llevaba en sus manos mientras miraba para todos lados, distraído por la cantidad de colores y formas.

Cuando llegaron a las cajas para pagar, no tuvieron que esperar mucho en la fila pues era temprano y había poca gente. Los cajeros se estaban gritando algo en algún idioma asiático que los demás no podían distinguir.

"¿Eso es normal?" Preguntó Draco por lo bajo.

"No tengo idea." Contestó sinceramente Hermione.

Pero parecía que sí era normal, pues la fila avanzó normalmente. Tanto Teddy como Draco se interesaron en el sonido que hacían los productos al pasar por una maquinita con una luz roja, y también por los números que aparecían en una pantalla en frente del empleado que pasaba los productos.

El interés de Draco se convirtió en preocupación cuando se percató de que esos números representaban lo que tenían que pagar. Observó con asombro como Hermione no parecía percatarse de la suma y pagaba como si no fuera nada. Ella sólo lo miró cuando guardó el cambio y le preguntó si llevaría las bolsas.

"Puedo llevarlas todas si tú llevas a Thierry."

En lo que parecía un intercambio de lo más normal para cualquier pareja, Draco le entregó el niño a Hermione sin pensárselo dos veces. Teddy no se quejó, pues confiaba en ambos como si realmente fueran sus padres. Draco tomó las bolsas, una mitad con cada mano, e hizo su mejor esfuerzo para pretender que no pesaban nada.

Los tres salieron del mercado, Hermione caminando con dificultad, a un paso abrumadoramente lento para el gusto de Draco, pero nada se le podía hacer si él tenía que cargar con veinte bolsas y no podía ayudarla a ella al mismo tiempo.

En el camino hacia el apartamento, Draco no podía sacarse algo de la cabeza. Y decidió hablar de ello con su compañera.

"Apenas nos queda dinero para pagar la renta del próximo mes."

Hermione asintió con la cabeza, sin darle demasiada importancia al tono preocupado de Draco. Ninguno de los dos se detuvo.

"¿Eso es todo? ¿Cómo es que no te preocupa? Te vi en el mercado, ¡no te sorprendió ni un poco tener que pagar tanto por la comida de una semana!"

Hermione giró la cabeza para verlo con curiosidad. Arqueó una ceja y dijo: "Por supuesto que me sorprendió el precio, pero no vi la necesidad de demostrarlo. No tenemos por qué hacerle saber a todo el mundo que apenas tenemos dinero para vivir."

Era extraño, parecía que habían cambiado roles, pues esa contestación era algo que sólo Draco diría. ¿Desde cuándo Hermione era la que fingía estar calmada y segura de todo y él el que se dejaba sorprender? Draco rompió el contacto visual con ella y no dijo más nada. Ella volvió la mirada al frente y, en la medida de lo que podía, se encogió de hombros. Más extraño era que a él empezara a gustarle esa actitud.

"Además, tú conseguirás un trabajo y tendremos algo más de lo que vivir. En todo caso tenemos joyas para vender. De seguro encontrarás algo antes de que se nos acaben."

Hermione hablaba con tanta certeza y seguridad, como si tuviera la solución a todos los problemas. Era una actitud extrañamente optimista la que tenía ella, y aunque Draco no era precisamente un pesimista, sí se preguntaba si podría conseguir un trabajo que no estuviera muy por debajo de lo aceptable.

"¿Desde cuándo estás tan optimista, Isabelle?" Preguntó él.

Hermione se encogió de hombros, sin mirarlo aún. "No soy optimista, sólo estoy siendo realista. Aunque no tengas estudios ni aptitudes muggle, debe haber algún trabajo que puedas hacer."

"¿Estudios muggle?"

"Por supuesto, Alec; ¿acaso creías que los muggle no tenían escuelas ni universidades? Lo normal es necesitar un título primario o secundario para conseguir un trabajo medianamente decente."

Draco se mordió la lengua antes de hablar. Sus ojos cambiaron a unos llenos de enfado, y su voz denotaba furia también. "Si me lo hubieras dicho cuando estábamos en Calais, le habría pedido esos títulos a mi contacto."

"¿Y de qué te serviría un título falso? Si no tienes las aptitudes que confiere el título, es mejor no tenerlo." Contestó ella encogiéndose de hombros; logrando sin querer que Draco se alterara más.

"¡¿Y ahora cómo se supone que conseguiré un buen trabajo?" Exclamó él.

"Hay exámenes para adultos extranjeros que necesitan convalidar títulos o que no terminaron su educación. Podrías estudiar un poco, te presentas a un examen y consigues un título secundario. Ahora si quieres uno terciario, no te queda otra que ir a la universidad."

Draco no se veía muy convencido, ella lo hacía sonar muy sencillo, pero debía haber algo más. De todos modos, él no tenía intención de volver a la escuela, no si tenía que trabajar para mantener una familia. Mucho menos ir a la universidad, aunque en realidad le gustaría hacerlo, la realidad era que no podía. Sería absolutamente impráctico considerando que tendrían que vivir viajando.

Cuando llegaron al apartamento, Draco dejó las bolsas en la cocina, decidió que le correspondía a Hermione el trabajo de guardar las cosas. Ella estaba sentada en el sofá con Teddy, aparentemente cansada después de haber caminado cuatro calles para llegar hasta allí. Draco la observaba desde la entrada a la cocina, sin que ella lo viera. A veces, cuando Draco no estaba cerca suyo, ella tenía una mirada particular, llena de tristeza. Así estaba ahora, y Draco se preguntaba a qué recuerdo tenebroso se debería. Alguna vez le gustaría preguntarle, ¿pero no sería contradictorio demostrar interés por ella? Ella misma le había dicho que no tenía por qué importarle lo que le pasaba. Y era verdad, no debía importarle. Pero, entonces… ¿por qué le importaba?

Teddy jugaba al lado de Hermione con sus juguetes en el sofá, mientras ella cuidaba que no se cayera. Luego de unos minutos notó que Draco estaba parado en la puerta de la cocina observándolos. Ella lo miró en silencio, esperando que dijera algo. Él sólo le sostuvo la mirada, serio.

Cuando se notaba que ninguno de los dos diría nada, Draco se dirigió hacia el sofá y se sentó al lado de los juguetes de Teddy. Éste lo miró con curiosidad y le ofreció su pulpo de peluche.

"Gracias." Le dijo Draco aceptando el muñeco; sin demostrar mayor interés, sus ojos serios volvieron a Hermione.

"Gacias." Repitió Teddy, o al menos lo intentó.

Hermione sonrió levemente ante el intercambio. Era lindo verlos interactuar así, como si fueran una familia. Y era bueno, porque en realidad ellos dos sí eran familia, y Draco parecía querer tomar cierta responsabilidad por eso, aunque le dejaba la mayor parte del trabajo a ella.

"Yo me quedaré aquí con Thierry; tú puedes ir a guardar lo que compramos."—Al ver que Hermione vacilaba, probablemente considerando negarse, él inmediatamente agregó: "Yo cargué las bolsas hasta aquí, a ti te toca guardarlas."

"Bien." Al decir eso, ella se levantó del sofá y, sin mirar atrás, fue hacia la cocina. Mientras sacaba los productos de las bolsas e iba colocando primero los que necesitaban refrigeración en la nevera, intentaba no considerarse una esclava de Draco Malfoy, alguien que tenía que obedecer a todas sus órdenes.

Al menos no se lo había pedido de mala forma, consideró Hermione. De algún modo se había mostrado amable, aunque no se lo pidiera por favor. Al menos se ofreció a quedarse con Teddy, al menos lo cuidaba y protegía como a ella. Al menos intentaba… ¿Intentaba ser una buena persona? En ese momento, Hermione se dio cuenta de lo que estaba pensando. ¿Podía un mortífago asesino como Draco Malfoy querer redimirse? ¿Podía querer ser una buena persona? La muchacha miró de reojo hacia la sala de estar, Malfoy estaba llevándole el apunte a Teddy, no precisamente jugando con él, pero al menos le hablaba y recibía sus juguetes.

¿Cuánto podía una persona cambiar? Se preguntaba ella. Ambos habían cambiado en distintos sentidos y de distintas formas. Ella había pasado de ser alguien alegre y entusiasta a tener ataques de pánico y vivir deprimida, anhelando la muerte como su salvación. Él pasó de ser un mortífago a desertar e intentar llevar una vida digna entre los muggles. Ambos tenían el mismo motivo en común: la guerra; esta los había obligado a cambiar. Ella no quería ser así; él intentaba ser de otra manera. Quizás ella también podría intentarlo.

Quizás ella podría convertirse en lo que Draco quería que pretendiera ser, una esposa moderna. Quizás sí podría criar a Teddy, quizás podría conseguir un título secundario e incluso trabajar… hacer algo con su vida en vez de ver la muerte con buenos ojos. Sería lo mejor, si tan sólo pudiera lograrlo.

Hermione volvió a mirar hacia la sala de estar, esta vez más directamente, sin importarle que la vieran. Draco ya había encendido el televisor y tanto él como Teddy observaban mientras el mayor cambiaba los canales compulsivamente. Esa era su nueva familia, tal y como le había dicho a Draco antes.

Era extraño pensar que a los ojos extraños ella tenía un esposo y un bebé; pero, aunque fueran su nueva familia, Hermione debía recordar que no eran una familia de verdad. Draco y ella no estaban casados, y nunca lo estarían. Teddy no tenía más que un lejano vínculo sanguíneo con Draco, con ella nada más que afecto. ¿Pero eso impedía que pudieran ser una familia de verdad? Aunque fuera por Teddy. Teddy necesitaba una familia más que los dos adultos.

Sí, Hermione se esforzaría por aparentar ser una madre de verdad para Teddy, porque él la necesitaba. Así que, cuando terminó de guardar las cosas en la nevera y la alacena, regresó a la sala de estar y volvió a sentarse donde estaba antes, al lado de Teddy. Draco la miraba de reojo, curioso por su expresión tan cálida. En ese momento dejó el televisor en un canal de dibujos animados sin darse cuenta, pues su rostro se había girado para ver a Hermione a la cara. Teddy se quedó animado mirando la televisión.

"¿Qué sucede?" Preguntó Draco.

Hermione esbozó una media sonrisa y se encogió de hombros. "Nada, ya he terminado de guardar todo. ¿Te molesta que me quede aquí con vosotros?"

Él se quedó mirándola sin comprender por un momento. Habían conseguido un apartamento, por lo cual era extraño—teniendo más de un espacio en el que estar—que Hermione quisiera quedarse en la sala de estar cuando podía estar sola en el dormitorio, baño o cocina. Quizás quería estar con Teddy. Pero en su pregunta lo había incluido a él. ¿No le molestaba estar con él? En todos estos días que habían pasado juntos ella no parecía muy agradecida por su presencia, aunque alguna vez le había agradecido por salvarla, eso había sido todo.

"Si no tienes nada mejor que hacer." Dijo él encogiéndose de hombros con indiferencia, y volvió su mirada a la pantalla. Claro que, como Teddy ya estaba enganchado en ese canal, cuando intentó cambiar de canal Draco, el niño hizo un berrinche y el mayor tuvo que volver a poner el canal que Teddy quería. Era un show sobre lo que parecían cuatro monstruos de distintos colores y formas humanoides que actuaban como idiotas.

"No puedo creer que le guste eso." Comentó un resignado Draco.

"Es un bebé, no esperes que le guste un canal de noticias. Además, es bueno para él, ese tipo de programas le hará aprender nuevas palabras. Quizás pronto pueda armar frases." Dijo ella.

Teddy estaba hipnotizado observando la pantalla. A Draco no le quedaba otra que mantener una conversación con Hermione. A ella no parecía molestarle.

"¿Esos bichos son de verdad? Parecen juguetes que se mueven y hablan."

"Son como marionetas, las mueven y les ponen voz." Contestó Hermione, que parecía conforme con el hecho de tener una conversación normal con Draco.

"¿Tú veías ese programa?" Draco parecía interesarse por ella, eso era algo nuevo. Aunque quizás lo hacía porque estaba aburrido.

"No, cuando era pequeña no existía. Y a decir verdad, no recuerdo si había muchos programas de ese tipo cuando era una niña. Me dedicaba más a leer y a jugar por mi cuenta de todos modos. No veía mucha televisión."

Hermione se angustió un poco al recordar su niñez, pero aunque se notaba la angustia en sus ojos, ella no derramó ni una lágrima. Draco ni siquiera se había figurado que podía evocarle malos recuerdos a Hermione. A él tampoco le hacía bien recordar su niñez, momentos felices. Debía concentrarse en el presente, encontrar la forma de sostener a su nueva familia, como había dicho Hermione; e intentar que ellos estuvieran bien. Para él, una familia era como un reloj, si un engranaje no funcionaba bien, había que quitarlo. Y él no sería ese engranaje.

Sin embargo, aunque quería disculparse con ella, decirle que todo estaba bien y que no había sido su intención angustiarla, él no pudo decirle nada. Sentía, por alguna razón, que no sería lo más apropiado. Porque no estaban realmente juntos, no eran amigos siquiera. Sólo eran dos personas que se necesitaban la una a la otra.

Amigos… quizás algún día podrían llegar a ser amigos. Pero Draco no sabía cómo hacer amigos, estaba acostumbrado a que los demás se interesaran en él por su estatus social y fortuna. Pero ahora no tenía nada, ni estatus ni fortuna. Sólo tenía a Hermione y a Teddy. Era una extraña situación que él mismo se había encargado de crear, puesto que era lo que necesitaba: no podía vivir en la sociedad muggle sin saber nada sobre ellos, allí era donde entraba Hermione. Y puesto que los estarían buscando, debían encontrar la forma de llamar menos la atención, por eso actuaban en el exterior como una familia. O al menos lo intentaban.

No estaría mal tener una amiga, supuso Draco, y no se refería a una amiga especial, como las que solía tener en su mansión, sino a una amiga de verdad. Quizás Granger podría llegar a ser su amiga. Su mirada perdida volvió a posarse sobre ella, Hermione miraba a Teddy mientras le acariciaba la cabeza, en un gesto muy maternal.

Quizás la forma de empezar a ser amigos sería demostrando preocupación por ella.

"Oye… Isabelle."

"¿Si?" Preguntó ella con una voz normal, como si no se hubiera angustiado en ningún momento.

"No quise angustiarte con mis preguntas." Dijo él sinceramente, curiosamente mirándola a la cara, su rostro serio.

Ella se sorprendió por sus palabras. Por alguna razón, el corazón le latió un poco más rápido, y tan fuerte que lo podía sentir. ¿Draco Malfoy se estaba disculpando con ella? ¿Cómo era posible? ¿Estaría bien? Estuvo a punto de preguntarle si se encontraba bien, pero supuso que sería rudo hacerlo, así que se limitó a contestar:

"No ha sido nada, Alec. A veces angustiarse es bueno… si es por buenas memorias." Y entonces, ella volvió a mostrarle una media sonrisa.

Draco se preguntó si algún día podría verle una sonrisa completa, una sonrisa de verdad. Y mejor aún, que fuera para él.

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N/A: Ha pasado mucho tiempo, ¿no? Pero aquí está, me costó un poco escribir este capítulo, no tenía mucha inspiración y de seguro se nota. Pero me ha gustado como me quedó el final.

En otras noticias, el título "Máscaras de Supervivencia" ha ganado en la encuesta, así que ya para el próximo capítulo cambiaré el nombre de la historia, estáis advertidas/os. Muchas gracias por leer, y especialmente a las/los que se molestan en dejar reviews, son un encanto. :)