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14. En y hacia el vacío
La adrenalina fluía por mis venas como un poderoso veneno propagándose rápidamente por todo mi sistema. Mi corazón bombeaba sangre enajenado, debiendo ésta llegar veloz al resto de mis órganos vitales y miembros para no sufrir un colapso o un desfallecimiento que, la verdad, veía bien cercano. Nunca había sido muy buena para las emociones fuertes, y lo cierto es que ésta era una maniobra bien arriesgada, al menos para mí, que me considero una completa gallina si de aventuras se trata. Tendré un carácter fuerte y una mente decidida, pero me nombran la palabra "vértigo" o "adrenalina" y siento mi estómago contraerse en involuntarios y molestos espasmos que logran provocarme nauseas. Aun así, y contra todo lo que se podía esperar de alguien como yo, acepté esta proposición y ahora me encuentro aquí, casi literalmente meada en mis pantalones.
Pero no todo era malo, y también suelo ver el vaso lleno.
La vista panorámica que tenía de la gran ciudad de Miami era sorprendente y sobrecogedora. La ciudad completa se rendía ahora ante la imponente bajada de su astro rey, que le dejaba brevemente su legado a la Luna, quien ya llegaba para ocupar su lugar. El cielo celeste y limpio se tiñó de un rojo anaranjado, tornándose de pronto rosado y amarillento en un tornasol de colores cuyo único fin era el de otorgarle una apariencia aún más idílica a aquella hipnotizadora puesta de sol. Las playas de South Beach fueron bañadas de luz alazán, arropándose con los últimos vestigios de calor que ya se iban junto con su emisor.
Mantuve mi vista fija en el ocaso que se extendía frente a mis alucinados ojos intentando no pensar en el cosquilleo que recorría mi estómago incesantemente, tratando sólo de disfrutar. Mi vista se perdió junto con el Sol, que parecía ser devorado por las pasivas aguas del horizonte anaranjado. Dijo adiós mientras sus últimos rayos aún resplandecientes me hacían una venia, invitándome a que los esperara nuevamente al día siguiente. Sonreí, pues no todos los días tenía la oportunidad de observar aquel espectáculo y desde aquella privilegiada posición, siendo yo un pájaro más…
Aunque ese último punto no me gustara tanto.
Todavía seguía contemplando los últimos vestigios del gran Atón cuando una fuerte corriente de aire me jaló hacia abajo con fuerza, desestabilizándome. Pegué un estruendoso chillido por el pánico que me recorrió de cabo a rabo en menos de una milésima de segundo, recordándome nuevamente que estaba en constante vulnerabilidad y que había sido una idiota por dejarme arrastrar hasta allí.
- ¡Mione!¿¡Estás bien!? - me gritó Ginny, preocupada, que se encontraba relativamente cerca de mí.
- ¡¡Estaría mejor con ambos pies en la tierra y sin peligro de morir apachurrada en el suelo!! - ladré molesta con ella por insistirme en ir hasta allí, aun sabiendo que fui yo la tonta que le siguió el juego.
- ¡Lo tomaré como un sí!
- ¡¡Gin, quiero bajar!!¡Sabes que me dan miedo las alturas, y estoy que me meo encima!
- ¡Vive la vida, mujer!¡Aprovecha el momento y no lloriquees más!¡¡Esto es genial!! - gritó de vuelta, alegre.
- Genial si quieres tener una muerte súbita…- comenté para mí misma en voz baja, dispuesta a dar una vuelta más para no enojar a mi amiga, quien había propuesto el panorama.
Como decisión unánime (por supuesto, sin incluirme a mí), Ginny y los chicos decidieron que pasar una agradable tarde haciendo parapente era la mejor opción para entretenernos y disfrutar del fresco día que hacía. Me rehusé de todas las formas posibles: adquirí una pose de niña malcriada y taimada, pataleé y le lloriqueé a mi amiga por los pasillos, me encerré en el baño dispuesta a no salir jamás hasta que alguien cambiara el plan, pero nada. Estaba tan desesperada, que como último recurso llegué a utilizar viles tácticas de seducción, haciéndole ojitos y pucheros a Ron para que él intentara convencer a su hermana de que sobrevolar la ciudad en un endeble manojo de fierros y plástico no era seguro. Sin embargo, ni eso me trajo resultados y ahora estoy aquí, volando sobre South Beach en un armatoste metálico que me provoca desconfianza, y ya no puedo echarme para atrás. Me trajeron hasta acá en medio de frases de apoyo y amenazas (efectuadas por mi estimada amiga pelirroja), que no obstante en conjunto lograron brindarme un poco de tranquilidad. Pero esa calma es en el pre-suicidio premeditado (bien premeditado), porque en este preciso instante me encuentro justamente en la situación que quería evitar: a 1000 metros de altura, con el estómago echo un manojo de nervios y mi corazón queriendo romper mis costillas para salir despedido de mi caja torácica por los constantes vientos que me mecen de un lado a otro. ¡Nunca volé ni en escoba y miren dónde vine a parar!
Sobrevolaba las copas de unos enormes y frondosos árboles intentando pensar sólo en lo bello del paisaje y en el fresco aire que golpeaba mi rostro, cuando una corriente de aire especialmente fuerte me succionó hacia abajo y luego me arrojó hacia el lado, consiguiendo que mi parapente raspara con una rama y se rompiera el ala derecha. Comencé a girar como un trompo, precipitándome cada vez más rápido hacia… no tengo idea dónde, pues todo me daba vueltas. Lo único que sentía era que iba bajando… y bajando… y bajando… Ok, si las escobas me daban pánico, ahora definitivamente me cagaba encima. Aportó al desastre el que yo fuera una principiante e inexperta manejando esta clase de pájaros voladores, pero ni eso me detuve a pensar e intenté por todos los medios y con mis pocos conocimientos lograr estabilizarme. Un potente grito de horror rasgó mi garganta cuando vi que me acercaba cada vez más rápido a las copas de aquellos tupidos árboles nuevamente, pues me escandalizaba el sólo hecho de pensar que podría ir a dar allí, ensartándome cual malvavisco en la rama de algún árbol. Milagrosamente esquivé el peligro, pero no me calmé ni un segundo al percatarme de que ahora me dirigía a la velocidad de la luz a la cima de un árido cerro.
De pronto, oh, amado cerebro, recordé que soy maga y de haber podido saltar de la felicidad, lo hacía. Pero, oh, odiada conciencia, entré en la disyuntiva de si utilizar mi magia o no, sabiendo que me era prohibido hacerlo en frente de muggles, pues aún podía intentar normalizar la dirección del parapente… ¡A quién carajo engaño!¡No tengo una cagona idea de cómo se hace esto! Pero… yo siempre fui muy apegada a las reglas, y a pesar de estarme dirigiendo como un bólido al suelo, aún dudaba…
«¡¡Qué mierda!!¡No quiero morir!» fue mi último pensamiento antes de sacar la varita que discretamente tenía escondida en mi chaqueta, apuntándola al ala destrozada.
- ¡Reparo! - pronuncié, observando aliviada la mágica reparación del parapente.
Luego de remontar el vuelo nuevamente, me dirigí sin vacilaciones al risco desde el cuál habíamos despegado. Ya no duraba un segundo más sin sentir el firme y seguro suelo debajo mío.
Aterricé vertiginosamente y muy tambaleante en la árida colina, sintiendo una felicidad y tranquilidad desmedidas al poner ambos pies por fin en tierra. Por fin sentía que la sangre volvía a circular con normalidad por mis venas y arterias, y que mi corazón regularizaba el ritmo de sus latidos a uno medianamente normal. Mi estómago se removía más furioso que nunca y mi úlcera estaba ya al borde del colapso, adivinaba mis pupilas dilatadas y mi cara pálida como un papel… casi como la de Malfoy. «¡Maldición!¿¡Por qué pienso en él hasta en el último segundo que me queda de vida?!» Para mi mala suerte, llevaba tanta velocidad que me tropecé con mis propias piernas y fui a dar de bruces al suelo, quedando mi cara estampada en la dura piedrecilla. ¡Qué todo el mundo tiene algo contra mí hoy!
Me levanté malhumorada y sacudí dignamente mi ropa, con la barbilla en alto, como siempre, masticando y tragando la vergüenza de que ahora todos los encargados de la "súper actividad" estuvieran muertos de la risa de mi acobardamiento, y ahora de mi estilosa caída en la gravilla.
- ¡Por fin me bajé de este pedazo de chatarra! - rugí, y ellos dejaron de reírse, ofendidos.
Tomé aire exhausta y caminé con paso pesado y cansino hasta unas rocas que había cerca, quitando todo el aparataje que cargaba en mi aún agitado cuerpo. Un hombre se acercó a ayudarme con las correas y arneses que definitivamente no entendía, librándome de ellos con ademanes rudos y una extraña expresión en el rostro que oscilaba entre una media sonrisa y el comienzo de un insulto.
Estaba en eso cuando vi a Ginny aterrizar en el mismo lugar en el que lo había hecho yo momentos antes, sin embargo ella se mantuvo en pie, sin tambalearse. Trotó hacia mí con la cara pálida y otro hombre acudió en su ayuda para quitarle las correas y amarres que cubrían su cuerpo.
- ¿Estás bien?¿No te pasó nada?
- Tranquila, estoy bien… aunque no la estaría contando si no fuera porque utilicé eso que tú sabes.
- ¡Qué bueno que atinaste, entonces!¿Pero cómo lo hiciste?¿Dónde tenías tu vari--
- Guardé en mi chaqueta el palito de madera, Gin.- la corté antes de que metiera la pata. Los señores que nos ayudaban escuchaban extrañados la conversación en clave que manteníamos con mi amiga.
- ¡Pero qué pilla que eres! Muy inteligente, a mí no se me habría ocurrido.
- Deja de adularme, que no te resulta… ¿¡Por qué no dejaste que subiera con un instructor!?¡Sabes que si algo me aterra, son las alturas! - no me contuve. El susto que me hizo pasar el estar allí arriba, sola, no me lo saca nadie de la cabeza.
- ¡Qué gracia tenía si ibas con instructor! Esa no era la idea de hacer esto, Mione… ¡tienes que superar de una vez el trauma que tienes!
- ¡Vaya manera de superarlo!¡Casi ensartándome en un árbol!
- ¡Merlín! - suspiró- Deja el sarcasmo a un lado y entiende que lo único que quiero es que te recrees un poco… ¡Vinimos a disfrutar de unas merecidas vacaciones, no a llorar por un miedo infundado!
- ¡¡No es infundado!! - chillé- ¡Tú misma lo acabas de ver!
- No quiero pelear, Hermione… sabes que a pesar de todo lo que me digas seguiré opinando que esto sí fue una buena idea, y que tu miedo es más una necedad interior tuya que algo concreto, con motivos y razonable.
- Como quieras.- mascullé molesta y me alejé de allí, por fin libre de ese pesado parapente.
Escuché que me llamaba a lo lejos, pero aún así no detuve mi paso ofuscado. Si algo me caracterizaba era lo terca y necia que llegaba a ser, y lo admito… ¡pero éste no era el caso! Odio cuando la gente no me cree o mira en menos mis explicaciones, y que en este caso lo haya hecho Ginny me molestó aún más. Sé que es mi amiga y que intenta ayudarme, pero también debe entender que hay veces en que uno está bien con sus fobias, y es mejor que se queden tal y como están… Ni yo me creí eso último, pero soy demasiado orgullosa como para darle la razón.
Me interné en el bosquecillo que colindaba con nuestro sitio de despegue y aterrizaje, deseando estar sola un rato. Harry y Ron todavía se encontraban volando y hacía rato que Ginny y yo los habíamos perdido de vista estando allí arriba, por lo que pensé que aún les quedaba otro buen rato de diversión. Para ellos, claro, porque yo me encontraba frustradísima y enojada. Bastante. Pateé una piedra y escuché un sonido de borboteo, por lo que levanté la vista y noté que había llegado a un claro de bosque, con un cristalino arrollo que iba a caer en una pequeña cascada a una lagunilla donde supongo el agua me alcanzaría las rodillas. Obvié todo aquello y continué avanzando, y varios metros después estaba emergiendo desde el bosque hacia un acantilado del que tenía una vista sencillamente espectacular. El viento meció mis cabellos castaños, empujándome suavemente para que me acercara al borde. Obedecí a la naturaleza. Y parece ser que la naturaleza me odia. ¿Por qué, si yo no boto basura al suelo?¿Si no dejo fogatas prendidas?¿Si no contamino mayormente la atmósfera?¡Por qué, si soy tan buena ecologista! Pero no, no es suficiente para la Madre Naturaleza. No es suficiente, pues ni bien alcancé el borde del precipicio, la porción de tierra en la que me encontraba cedió y cayó, arrastrándome consigo, precipitándome hacia el abismo súbitamente. Los asquerosos cosquilleos de la caída libre me rebasaron el cuerpo y un ahogado grito arrancó de mis labios, justo cuando, gracias a aquellos azares del Destino (al menos Él no me tiene en su lista negra), una de las manos con las que arañaba el aire buscando desesperadamente una salvación se agarró de una raíz encarnada en la pared del risco. Salvada.
Por ahora…
Pero el fugaz y exiguo alivio abandonó por completo mi mente y cuerpo en cuanto analicé un poco más fríamente mi situación: Me encontraba colgando a no quiero detenerme en pensar cuánta altura, aislada de cualquier tipo de civilización humana por mi estúpida necedad y comportamiento de niña taimada, que me llevó a alejarme tanto y, lo que es peor, desarmada, puesto que mi varita había ido a caer allá abajo, a los roqueríos donde rompían las olas. Donde rompían fieramente. Donde se romperían mis huesos si llegaba a resbalar…
«¡¡Ayuda!!»
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Holaaaaaaaaaa!!!!!
Jijiiii tanto tiempoo :)
Hace mil años que no me pasaba, pero fue por varios y diversos motivos que hoy precisamente no ando con ganas de explicar... estoy cansadísima y los ojos se me cierran solos del sueño que tengo, pero hace bastante que no subía nada acá a Fanfiction así que estoy haciendo el último de los esfuerzos que me quedan antes de desplomarme sobre este teclado 8-)
Perdón de antemano si hubo alguna que me preguntó algo o qué se yo, porque estoy tan agotada que ni voluntad me queda para leer nuevamente sus posts y hacerle una respuesta personal a cada una... espero sepan entenderme, no es de mala onda, pero no me puedo ni el cuerpo :S Si alguien preguntó algo, le rogaría lo hiciera de nuevo, si no es mucha la molestia :) Cuando me sienta con mejores aptitudes responderé sus dudas ;)
Y un par de anuncios de utilidad pública...
Actualicé mi profile, y puse al final un "Aviso Importante" que quizá para ustedes no lo sea tanto, pero para mí sí y espero me ayuden con eso... porque es un tema en el que ustedes podrían serme de mucha ayuda :) Así que ojalá le echen un vistacillo!! ;)
Y lo otro, que no es información de trasendencia pero es para que sepan, es que subí el rate del fic a "M", porque estuve leyendo las reglas de Fanfiction el otro día (que estaba de ociosa, se nota :P) y esta vez les presté más atención que la primera vez que las leí, cuando publiqué el fic... y me di cuenta de que por el contenido y mi forma de escribir, debería estar en M. Qué significa esto? Que el contenido de mi fic debería ser apto sólo para mayores de 16 años (o sea, yo paso raspando xD) y que contiene vocabulario y escenas que podrían herir suceptibilidades, digamos :P Y bueno, yo no soy nadie para prohibirle a las menores de 16 que no lo lean, porque ni aunque yo tuviera menos de 16 dejaría de leer un fic porque Fanfiction me lo diga... pero digamos que es un aviso de antemano para que sepan el tipo de contenido que tendrá este fic, y ya estáá :P Si alguna tiene un fic en esta página, podrían analizar mejor el contenido y el rating que le están poniendo.. quizá podrían ahorrarse problemas a futuro con Fanfiction, aunque lo cierto es que los administradores son un poco ausentes con la página, por lo menos en la "zona" de español :S
Iimm.. eso! Muuuuchas gracias por seguirse pasando por aquí después de todo, aun a pesar de que he andado media flojilla, dejando esto un poco de lado... y motivos no me faltan para haberlo hecho, créanme :S
Listo, me doy por vencida y si no me voy YA, me derrumbo acá mismooo... así que muchas gracias a todas por leer y postear, perdonen por la demora y ojalá no las defraude lo poco del capítulo... intenté alargarlo todo lo que pude y esto fue lo que salió. El que viene es más larguito y algo más picantito (6) así que creo que eso las recompensará.
Muuuuchos besos a todaaas!
Nos estamos leyendo!
