DRAGÓN NEGRO, DRAGÓN BLANCO

CATORCE

El amor es muy frágil y fácil de romper. Haruka entendió que ya nada quedaba en Michiru más que las frágiles heridas que al primer roce de su amor las revivía. Tomó su decisión una mañana en que el viento soplaba furioso y salvaje. No tendría su final feliz pero podría por lo menos tratar de que las cosas terminaran sin más pena ni gloria.

Michiru despertó a un nuevo día y vio con asombro que media legión de sirvientes iban y venían a toda prisa. Darien acaba de anunciar que rompía su compromiso con Serena. La joven se asombró pues sabía que su primo adoraba a esa niña tonta.

"¿Por qué?" fue lo primero que dijo al entrar a su despacho

"Buenos días prima" sonrió él "¿Por qué?" titubeó un poco "Porque no quiere casarse conmigo… se comprometerá con Haruka, el Dragón de Fuego"

"La reina madre no lo permitirá"

"Prima" se rió el muchacho con burla "Desde que ya no hay esperanzas para los Dragones Blancos sólo nos queda aliarnos con los nuevos señores. La oscuridad gobierna el maldito reino ¡Ve las ciudades! ¡Ve al mundo entero! Pereció porque decidiste seguir tu corazón"

"No me lo reprocharás tú también" bramó Michiru molesta

"Era tu destino… tú debiste darnos luz… Y creo que Serena ha tomado una excelente decisión, pues de esta forma se alía con los Dragones Negros y su nación dejará de sufrir los embates de la guerra…"

"No es mi culpa esa niña sea tan voluble y un día te ame y al otro no"

"Es tu culpa la guerra…De eso no hay duda" se levantó para marcharse "Te amaba y hubiera hecho cualquier cosa por ti, tú eras nuestra luz, la esperanza que añoramos por generaciones… pero a ti sólo te importa una persona: Tú" Michiru bajó la mirada

"Lo lamento tanto"

"No lo lamentes… Haz algo por remediarlo"

Serena estaba muy contenta, los Dragones Negros se habían retirado de las ciudades de su reino y los que quedaban sólo eran la guardia que gentilmente la protectora de Haruka le ofreció como muestra de paz.

"Será muy bello… Con la dote que tienes podemos construir un mejor palacio…y… y lo mejor es que podremos por fin estar juntas"

"Sí" sonrió la rubia

En teoría debía ser la persona más feliz del mundo, por fin tenía con ella al amor de su vida pero descubrió con pesar que la vida no se trataba de llegar a la meta sino del cómo llegabas a ella. Ya no le interesaba nada, ya no importaba con quién estaría el resto de su vida. Su existencia misma dejó de tener sentido. Miraba atrás y contemplaba todo lo que destruyó y pisó por ese momento. Suspiró. No debía ver más su pasado sino la gloria del presente y el destino al lado de su amada Serena. Y entonces la pregunta era por qué le dolía tanto el alma, por qué su corazón seguía despedazándose

"Fijemos la fecha de la boda" pidió la niña rubia de coletas

Por largas horas Michiru estuvo contemplando la nada. Pensaba en todo lo que había sucedido. El mundo estaba por cambiar, la oscuridad gobernaría eternamente y eso sólo era su culpa. Amó, vivió intensamente y confió.

"Haruka" repetía si n voz "Haruka" cerró los ojos dejando que todo el odio – amor que se guardaba en su interior sacudiera su ser

El amor era traicionero, el amor era dolor, el amor era cada una de las lágrimas que derramó. Nada en lo que creyó existía. Por un lado los Dragones Blancos quienes eran tan sanguinarios y crueles como los Dragones Negros, hasta los gentiles y nobles guerreros ya tenían en su interior un toque de perversidad. El mundo siempre fue así pero ella lo vio con ese toque de inocencia y esperanza que todo niño tiene. Eso hasta que Haruka apareció

"Es tiempo del final" masculló abriendo sus ojos

Michiru fue al bosque prohibido, abrió las puertas del inframundo y penetró a lo más profundo de Yomi. Convocó a las tinieblas y los demonios que en esas tierras habitaban. Preguntó por la Diosa Izanami pero nadie pudo darle razón de ella. Sus ojos que debían inspirar bondad ahora brillaban con el fuego de la pasión que la consumía.

"¡Izanami!" gritaba llamando a esa fuerza que los condenó a esa guerra "¡Izanami!" de una buena vez terminaría con esa lucha

"Debes irte" repetían las almas de los perdidos "Vete o no podrás salir jamás" suplicaban observando a las criaturas de la oscuridad acechándola.

"No me iré sin mi venganza" gritó haciendo que el eco atemorizara a las almas que allí dormían. Hasta las criaturas de la oscuridad temían a la diosa Amaterasu.

"¿Qué desea una princesa en la oscuridad?" preguntó una lúgubre voz "¿De verdad peleas por ellos? Insignificantes seres humanos" sonrió. Era una de las tantas monstruosidades que se escondían en la tierra de los muertos

"¡Quién eres!"

"Uno de los tantos engendros de Izanami" sonrió provocando más oscuridad a su alrededor "¿Qué deseas princesa? "

"Quiero… yo quiero…" había olvidado por completo a qué había ido allí, se sentía tan perdida y confundida. Quiso mirar alrededor en busca de respuestas pero la garra de la monstruosidad no se lo permitió, la tomó del mentón y guió su mirada melancólica y llena de dolor hasta sus ojos vacíos. Sus miradas se encontraron y Michiru palideció al observar que sus ojos eran iguales a los de ese engendro.

"¿Quién eres princesa?"

"Ya no soy más Michiru… ya no soy más yo… soy una Diosa"

"Siempre lo fuiste pero dime, qué es lo que quieres"

"A Haruka" tartamudeó "¡A Haruka!" gritó haciendo que la tierra de Yomi ardiera. La furia de la Diosa había sido desatada. La marea de fuego lentamente cubrió a Michiru, aquel esplendor de pasiones la rodeaba, la abrazaba, la amaba.

Ya no era más Michiru, ya no era más un ser humano, se había convertido en oscuridad. Salió de la Tierra de Yomi. Selló la entrada y continuó su camino hasta las profundidades del bosque. Ahora tenía un objetivo, era tiempo de dar un equilibrio al mundo…

"Es tiempo que yo gobierne"

Caminó por el bosque con seguridad, lo conocía demasiado bien pues mucho antes que naciera él había sido suyo. El castillo estaba cerca y ella ya tenía consigo una legión de criaturas del inframundo que la seguirían ciegamente en su lucha por conquistar a esa humanidad.

"¡General Supremo!" gritó a la entrada

"Vete niña, aquí no hay nada para ti" apareció el caballero Negro para asombro de Michiru

"No me digas qué debo o no hacer" bramó

Los ojos de Michiru estaban inyectados por la ira y el odio. Su cuerpo entero irradiaba una energía negativa tan poderosa y tenebrosa que el mismo Caballero Negro retrocedió. A sus pasos la tierra temblaba, la oscuridad continuaba como si fuera una extensión de su ser

"Vete niña"

"Tomaré como mío este castillo… ¿Qué harás Caballero Negro? ¿Pelearás contra una diosa?"

"No" sonrió y se hincó "Jamás retaría a la diosa Amaterasu… la diosa de la oscuridad"

Michiru titubeó cuando le dijo estas palabras, buscó un lugar donde se relajara su imagen pues no entendía por qué la llamaba la diosa de la oscuridad. Salió chistando y se dirigió al Palacio del Cielo. Era tiempo de cobrar viejas deudas

"No debes mancharte las manos con la sangre de esas bestias" la siguió el Caballero Negro "Deja que sea yo quien tome la ciudad por ti" la tomó de las muñecas e hizo que volteara a verlo "Déjame ser el primero en adorarte, permíteme conquistar la ciudad Imperial para ti"

"Sí" tartamudeó, la amabilidad del hombre la tenía tan desconcertada que bajó la guardia

"¿No está cansada princesa?" susurraba a su oído

"Un poco" comenzaba a sentirse aletargada

"¿Desea descansar? Mientras nosotros tomaremos la ciudad Imperial para usted… Nuestra Diosa"

Y al momento todos los seres de la oscuridad cayeron postrados a sus pies. La adoraban, imploraban por su mirada, por un desprecio, por existir para ella. Michiru se recostó en la cama, se sentía perdida, como en una ficción difícil de desvanecer.

"Duerme princesa… cuando abras tus hermosos ojos la ciudad Imperial será ya tuya…Y el mundo sabrá que tú has regresado sólo para conquistar lo que te fue arrebatado…" ¿Hablaba del mundo? ¿De su palacio? ¿O de Haruka? Haruka… y con ella como último pensamiento se quedó profundamente dormida

Entre guerras y odios se llevó a cabo la boda de Serena y Haruka. La rubia estaba muy nerviosa, no podía ni vestirse. Se abotonó la camisa y dejó al final el nudo de la corbata. Hoy era su día, hoy por fin tendría un poco de esa felicidad que ella echó a perder

"Felicidades mi guerrero… la gloria para ti y tu nueva esposa" le dijo la pelirroja

"Gracias Generala" sonrió al espejo "¿No te preocupa que Michiru no aparezca nunca?" la contempló por el espejo

"No niña" se rió la Generala "Ella volverá a mí… tenlo por seguro" le ayudó con la corbata

"Me extraña tanto verte aquí… ¿Acaso esperas aparezca en la boda?"

"No, vine a sellar el trato de paz, además que no es necesario resguarde los Castillos, es imposible que alguien los tome, allí está el Caballero Negro" sonrió "Y mi leal Setsuna…"

Pero la Generala ni siquiera imaginaba que su fiel Setsuna estaba atada de pies y manos, encerrada en una habitación mientras el Caballero Negro tomaba posesión como amo y señor absoluto del nuevo orden.

"La ciudad Imperial ha caído" sonrió su lacayo "Mi señor, tú eres nuestra luz de oscuridad…"

Y todos creían que él era el que emanaba esas energías negativas que les daban tanto poder en la guerra. Él era el que traía la oscuridad a la guerra para que los Dragones Negros pudieran ennoblecerse con otra batalla más.

"Buenos días Setsuna" saludó el hombre a la mujer y le quitó la mordaza

"Te descubrirán tarde o temprano… la Generala regresará y tú… tú serás un traidor…"

"Ella me tiene sin cuidado… Yo poseo lo que ella jamás obtendrá… A la diosa Amaterasu. Michiru confía en mí" y sus carcajadas hicieron que hasta los demonios se erizaran de miedo "Quien gobierne a Amaterasu gobernará el mundo"

La cena de compromiso se estaba llevando a cabo. Haruka miraba tristemente el mundo que la rodeaba. Estaba en el balcón tratando de convencerse a sí misma que era la mejor decisión. Los sirvientes se deslizaban por entre las mesas llevando los alimentos cuando las puertas del gran salón se abrieron de par en par. De entre la espesa niebla salió la imagen de Michiru

"Haruka" bramó la jovencita

"Qué sucede" corrió la reina madre mientras todos se postraban ante la diosa

"Esta boda se cancela… yo soy la legítima prometida de Haruka"

"De qué hablas" se rió la rubia "Tú dijiste que querías casarte con Seiya"

"Pero jamás rompí mi compromiso contigo…"

"Creí no querías casarte conmigo"

"Y no lo quiero… pero no dejaré que te cases con ella… No voy a permitir que tengas un final feliz cuando tú me robaste el mío ¡No lo permitiré!" y el viento sacudió el salón haciendo que puertas y ventanas quedaran selladas

"No vas a arruinarlo" gritó Haruka molesta "Se acabó… Aún eres una diosa" la animó a ver a su alrededor "Sólo que ahora eres la diosa de la oscuridad… así que no te robé nada… Mi promesa termina"

"Prometiste jamás dejarme… prometiste cuidarme" le reclamó ella

"Cuando creí eras un mortal… Tú lo supiste todo este tiempo, tú sabías que no perdiste tu divinidad, esos monjes te lo advirtieron, estaba escrito que la guerra sería dentro de ti"

"¡No vas a abandonarme como Izanagi lo hizo con Izanami! ¡No seré la esposa abandonada de Haruka!" y volteó con la reina madre "Haruka me deshonró y reclamo para mí su vida"

"En ese caso" se adelantó Serena "También yo reclamo mi honra pues Haruka me hizo suya… mucho antes que a ti" por primera vez Serena se armaba de valor y Michiru viendo que estaba por perder usó su mejor carta

"¿Qué vale más la honra de una princesa o la de una diosa?"

"Ven acá" la tomó Haruka del brazo para llevarla a una habitación privada "Esto debe terminar… No me casaré con Serena pero tampoco contigo ¡Ya basta niña!" gritó con rabia mientras sus ojos sulfuraban una descomunal ira. Michiru se sintió aterrada.

"Yo" tartamudeó

Haruka no sabía si lamentar o dar gracias por el desastre de su compromiso. Se mentía y engañaba, Serena nunca fue el amor de su vida. En realidad no existía tal cosa, por lo menos no para Haruka, el amor era un ser efímero, tan fácil de engañar, tenía pues la ingenuidad de un niño y el alma libre de un ave. La alta rubia contempló los ojos de Michiru, quería descubrir que ellos guardaban algo de esa ternura que le quitó. Lentamente la soltó mientras se reía por lo que ella se convirtió y la conviritió

"Sólo nos destruimos… no deberíamos estar juntas…" dijo la rubia

"Supongo" se mordió el labio "Arruinaste mi vida. Cómo podría perdonarte…" y luego Michiru pensó en lo que Nana le había dicho, ella eligió, ella decidió entregarse a Haruka "Quiero un culpable…que no sea yo" murmuró pero si lo veía fríamente todo este tiempo había intentado que esa joven no se fuera de su lado y cuando estaba con ella la despreciaba.

"Rogué tantas noches por tu amor hasta que descubrí que estar contigo es matarte lentamente… cumpliré mi promesa y te protegeré de todo mal… aún si eso significa que sea yo quien deba salir de tu vida…" sentenció Haruka

"¿Y entonces cómo me cuidarás?" se rió alegremente "Eso es muy tonto"

"Más que sea por amor que nos hacemos pedazos… ¿Me amas Michiru?"

"No" sonrió con dulzura "Ya no más"

"Entonces no importará si estamos o no juntas ¿No lo crees? Soy sólo un capricho"

"¿Me amas Haruka?"

"¿Importa?"

"Me importa a mí"

"No" silencio. Eterno y aterrante silencio. Michiru se quedó allí con una mano en su pecho y mil palabras que no pudo decir, esperaba que la repuesta fuera diferente y parecía mentira que pasó tanto tiempo imaginando ese momento, soñando que serían felices y se amarían de nuevo. ¿Y alguna vez Haruka la amó? A estas altura Michiru seguía creyendo la respuesta era sí.

"Buenas noches mi dulce princesa" dijo a esa niña que destrozó y le dio un pequeño beso en la mejilla "Esta será la última vez que nos veamos"

Fue tan ciega que no vio el amor que tenía, soñó un mundo perfecto con Serena por tanto tiempo que no había cabida para nada más. Se aferró a un falso amor dejando pasar el verdadero. No pudo escuchar a ese corazón palpitar de amor. La amaba y la perdió entregándola a la oscuridad. La pregunta era ¿Qué haría ahora? No iba a cometer el mismo error dos veces, prefería morir antes que seguirla destruyendo.

"No permitiré que te vayas" masculló Michiru con un hilo de voz cuando la rubia ya iba a medio pasillo "No lo voy a permitir" confirmó, esta vez con un tono de voz más alto "¡Te mataré si te atreves a dejarme!" gritó

"Inténtalo" y con la mano le dijo adiós

Haruka fue hasta la salida del palacio. Allí ya la esperaba el Caballero Negro. En cuanto escuchó la amenaza de Michiru se colocó en posición de combate

"¿Te irás?" interrogó el Caballero Negro

"Y qué más puedo hacer" masculló con pesar. Lo miró con atención "¿Piensas impedirlo?" pero él negó con la cabeza y se hizo z un lado para permitirle el paso "Un día nos volveremos a encontrar y entonces cobraremos viejas cuentas amigo mío"

"Como quieras" sonrió alegremente

La Generala aún no podía creer que Haruka y Setsuna hubieran huido jutas. De la primera lo esperaba, su corazón tenía una nobleza difícil de interpretar pero de Setsuna jamás lo vio venir. Emitió un suspiro sordo y contempló el nuevo amanecer. Un nuevo y glorioso día había llegado, uno donde la oscuridad reinaría eternamente


¿En verdad pueden tener un final feliz? Si es asi que alguien me diga como!!! Y un agradecimiento especial a MaritzadeTenoh que me dio muy buenas sugerencias ;)