14. Un nuevo miembro

Cruzar el umbral de su departamento fue lo más difícil para Harry. Luego de tener entre sus brazos a su mejor amiga de una manera incandescente, donde cada gemido producido por sus empujes logró enloquecerlo y cada beso poderoso arrancó trozos de su alma, aquello martillaba su cabeza una y otra vez. Ninguno de los dos reaccionó como hubiese querido. Había sido un incómodo instante en que las miradas se evadían y la culpa les arañaba la espalda, se acomodaron sus ropas sintiendo la piel mucho más sensible sin mencionar el temblor insistente en sus manos. Hermione tenía sus mejillas arreboladas gracias a un sinfín de emociones y el ojiverde, la respiración tan inconstante que el corazón parecía reventarle en el pecho.
- Debo irme… debo… vigilar las semillas en el caldero- dijo la muchacha con una voz queda y nerviosa, saliendo de su despacho a toda prisa hacia el laboratorio. Harry no pudo decirle nada y mucho menos detenerla.

Momentos después, con su esposa enfrente y su pequeña hija jugando sobre la alfombra de la sala, imaginó que se podía leer de su rostro lo que había pasado. No podía sacarse a la castaña de su mente y temió lo peor… temió amarla tanto al extremo de comenzar a cuestionar sus decisiones, su vida actual y lo ciego que había sido por tanto tiempo. No quería estar sometido en ese limbo. Ginny se acercó para saludarlo con un volátil beso en los labios. El ojiverde apretó su mandíbula y como un desesperado intento la tomó por la muñeca y la acercó para abrazarla bien. Fue como buscar esperanzadamente entre ellos, un amor olvidado o tal vez inexistente. Fue extraño, una sensación de melancolía, irritación, autodesprecio y arrepentimiento lo poblaron sin tregua… no obstante, mientras pedía perdón a su mujer en silencio, su corazón alterado aún latía al ritmo del de Hermione. Ya era imposible remediar eso.
- ¿Qué sucedió?- preguntó la pelirroja buscando su mirada. Harry la rehuía.
- Nada… todo resultó bien- dijo en voz baja. Ginny reparó en su ropa maltratada y los breves arañazos en su rostro. Adivinó que la ayuda se había convertido en otra aventura de la cual ella no pudo formar parte. Nuevamente, la molestia de la adolescencia le ató el cuello. El moreno, intentando respirar dentro de esas cuatro paredes, caminó hacia donde estaba Lilly y la tomó entre sus brazos para estrecharla con cariño.
- ¿Qué pasará ahora?- insólitamente, Harry sintió aquella pregunta muy incierta, como si tuviese algún mensaje subliminal entre líneas y no que supiera descifrar. Carraspeó inquieto.
- Bueno… ahora que tenemos las semillas, debemos ir por los Bicornios y obtener la sangre para el antídoto- Ginny lo escuchó pero su rostro no proyectaba ninguna otra expresión más que de ironía. Aquello descolocó al joven.
- ¿Irás por Bicornios, papá? ¿Puedo ir también?- la inocente intervención de Lilly fue como un viento fresco entre los dos adultos. Harry rió y la soltó despacio.
- No, cariño… es muy peligroso para ti- por alguna razón, sentía que la mirada de su esposa estaba sobre él como un manto acusador. El muchacho caminó en dirección al cuarto y sintió que Ginny seguía sus pasos muy de cerca. Cuando entró a la habitación, se dejó caer en la cama de dos plazas con peso muerto recibiendo el cansancio como una avalancha. La pelirroja se sentó a su lado.
- Lilly cumplirá pronto la misma edad que tú tenías cuando enfrentaste solo peligros mayores.
- No estuve solo- respondió Harry al instante, pronosticando los deseos de Ginny de discutir.
- Lo olvidaba… estabas con Hermione- eso le oprimió el tórax y se removió en el colchón para mirarla a los ojos.
- Y también con tu hermano- dijo sin alzar el tono, pero sonó tan seco que se imaginó hablando con una completa desconocida.
Era una situación desagradable. Lentamente la frialdad se hacía sentir entre ambos. Parecían no conocerse en lo absoluto, no entenderse ni una palabra… estaban sobre una torre de babel que no conseguían derribar y eso molestó a Harry. Recordó los momentos pasados con esa chica sentada a su lado pero no podía sentirse satisfecho. No experimentó ni la mitad de lo que hubiese deseado con ella… ¿Por qué los recuerdos con Hermione eran tan primordiales en su mente? Sonrió casi imperceptiblemente al sospechar la respuesta. No quería discutir. No deseaba ser el doble de hijo de puta de lo que ya se sentía y volvió a incorporarse. Ginny lo miraba seria, midiendo cada uno de sus movimientos perpetuados. Suspiró agobiada, tenía la certera sensación de que lo estaba perdiendo.
- ¿Por qué estamos alejándonos?- preguntó ella. El aludido tensó sus labios.
- No lo sé- fue lo más sincero que pudo decir. Sin embargo, su esposa arqueó una ceja- No es algo que quiera… pero está sucediendo- insistió Harry- tengo muchas cosas en qué pensar… extraño a mi ahijado, extraño a los que ya no están con nosotros como tu hermano Fred, Tonks, Lupin… Sirius… Dumbledore…- su voz salió por su garganta trabajosamente. Respiró hondo para no perder la calma- extraño no temerle a la luna llena y que mi hija no deba ser apartada de mí…
- ¿Me extrañas también?- interrumpió la pelirroja. El ojiverde no respondió de inmediato- ¿Piensas que no he sido tan leal como los otros? ¿De eso se trata? ¿No me consideras cuando hay peligros?
- No es tan simple…
- Es muy simple- rebatió Ginny poniéndose de pie para estar a la altura de esa mirada esmeralda.
- ¿Qué quieres que te diga? ¿Que confío más en los demás que en ti?- era justamente lo que la joven quería escuchar. Por otro lado, Harry no pudo evitar darse cuenta que era una verdad disfrazada en pregunta.
- Tu confianza siempre la has depositado en una persona- sentenció sarcásticamente notando que a su marido se le subían los colores al rostro. Sabía de quién hablaba.
- ¡No quiero pelear contigo!- dijo el moreno perdiendo la paciencia- ¡Si ya tienes tantas conclusiones entonces deja de insinuar y dímelo a la cara!- el silencio que cayó sobre ellos fue tan absoluto que creyeron haberse quedado sordos. Harry volteó hacia la puerta de la habitación y vio a Lilly, quien miraba la discusión de sus padres con sus ojos anegados por las lágrimas. Fue en su consuelo impulsado por su instinto paternal, mientras que Ginny luchaba contra todos sus deseos de romper en llanto. El ojiverde se inclinó para abrazar a su hija, murmurándole al oído lo mucho que la amaba. Era lo más honesto entre tanta ambigüedad.
- Espero que mis conclusiones no sean ciertas- continuó ella con un tono mucho más frío- porque lo si lo son… no sé qué es lo que sucederá con nosotros- Harry, sin poder soportar un minuto más el martirio, se incorporó despacio y caminó hacia la salida oyendo a su hija llamarlo con angustia. Le apremiaba estar solo, necesitaba respirar un poco de paz y la soledad de la mansión Black era lo que siempre ayudaba…

La tarde ya estaba envejeciendo dando paso a un penumbroso anochecer cuando Hermione llegó a casa con su mente agotada. Al entrar, una fotografía de sus hijos en la pared le dio la bienvenida. El retorcijón que anudó sus entrañas casi la dobla por la mitad y respiró hondo para controlarlo. Los rostros de los pequeños, a quienes amaba y protegía ferozmente, la devolvieron a una realidad que en las pasadas horas había olvidado. Caminó hacia la cocina para prepararse algo de comer, aún sintiéndose inapetente, y apoyado en el lavaplatos estaba Ron. La joven no supo qué hacer, temió abrir sus labios y que todo lo que sucedía en ella se escurriera inevitablemente hacia el exterior. No obstante, no tuvo que hacer nada. El pelirrojo, al oírla llegar, la miró con seriedad y no dudó en encerrarla entre sus brazos. Hermione, sorprendida, correspondió ese abrazo torpemente, reparando que su marido despedía un leve aroma a alcohol.
- Perdóname- susurró el pelirrojo- perdóname, por no acompañarte…
- Está bien- dijo la castaña igualando su susurro- ¿Estás borracho?
- No… pero bebí un par de tragos- al separarse, Hermione notó el ceño compungido de su esposo y la culpa otra vez le clavó miles de puñales en el cuerpo. Se alejó un poco de él pero Ron no estaba dispuesto a dejarla ir.
- Iré a casa de tus padres para traer a Hugo- dijo, comprendiendo que estaba siendo más una tonta excusa para no mirarlo a los ojos. Ron buscó sus labios y la besó con firmeza, como si quisiese absorber su alma y mantenerla con él para siempre. Ella respondió sintiendo cómo los momentos con Harry inundaban su mente. Tal como su mejor amigo, pedía perdón sin palabras bajo esa guerra sin cuartel entre su razón y su corazón. Esos años de matrimonio habían perdido relevancia aún sin quererlo. Estaba molesta consigo misma y con Harry, por hacerla descubrir en ella algo de lo cual no tenía idea.
El pelirrojo acariciaba su espalda mientras exploraba esa boca que besó por tantos años. Había algo de desesperación en el muchacho, no dejaba de pensar en lo que Malfoy le había dicho en Las Tres Escobas y el terror fue insoportable. No quería creer que su castaña ya no lo amaba, que quizás nunca lo amó como él a ella, que siempre su corazón estuvo dividido entre dos hombres. Era una idea que no tenía espacio en su mente, no quería admitirlo… trataba de que Hermione siguiera la cadencia de su beso suplicante pero sentía que su esposa estaba oponiendo resistencia quizás sin darse cuenta. La castaña, recibía aquella caricia más por cumplimiento a ese anillo de oro en su dedo que por verdadero sentimiento, y se detestó tanto por ello que unas lágrimas recorrieron sus ojos ambarinos de forma inesperada.
- Te amo tanto…- le dijo Ron cerca del oído. No supo si era una broma irónica o qué, pero tuvo la impresión de que estaba siendo extorsionada e incluso torturada por su cariñoso esposo, como si pudiese percibir de ella las claras vibraciones de Harry…

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La pasividad de la mansión Black siempre le ayudaba en sus malos momentos. Harry había entrado en aquella histórica casona mágica siendo cubierto totalmente por una oleada de recuerdos de adolescencia y sonrió amargamente. Recorrió la amplia sala buscando la manera de extraviarse en ella, de hallar una salida y no saber de nada más. Se sentó en la orilla de uno de los cubiertos sofás con tal desgana que se creyó un muerto en vida, aunque a decir verdad… prácticamente lo era. Cubrió su rostro con las manos maldiciéndose por la clase de marido que estaba siendo… sin embargo, no podía dejar de pensar en su mejor amiga, parecía tener mucho más sentido recordarla y respirar por ella que por Ginny, resultaba mucho más perfecto e imperfecto a la vez. Necesitaba tanto tenerla a la merced de sus caricias que no le importó lo mucho qué quedaba por hacer todavía.
De pronto, tuvo la extraña sensación de ser observado. Como cuando estaba en el interior de la oficina de Dumbledore y debía estar ante la inquisitiva mirada de todos los retratos. Se inquietó. Se puso de pie de un brinco para pasear la mirada por todo su entorno sin ver nada a simple vista, pero en uno de los recodos pudo reconocer sin problemas dos orbes de color plata que lo vigilaban a pocos metros. No se asustó ni reflejó sorpresa. Con el mismo gesto indiferente de un principio, se quedó mirando a su ahijado como un padre que encuentra a su pequeño escondido luego de romper un florero. Ted salió del rincón en donde estuvo gran parte de la tarde. Comprendió que inconscientemente lo estuvo esperando y la coincidencia había ayudado… allí estaban, frente a frente después de esa lejana noche en la tumba de Andrómeda.
Harry reparó algo diferente en el peliazulino, algo incierto, impreciso en la línea de su ceño, como tristeza e incertidumbre. No pudo hallar el rechazo que antes había vislumbrado. Silencio, silencio imperioso reinaba en el ambiente. Ambos se conocían tan bien que era difícil engañarse. Teddy, embargado por la testarudez de la juventud, no bajó su barbilla alzada mostrando superioridad, después de todo era mucho más alto y más fuerte que el moreno. Extrajo de su largo abrigo negro su varita viendo cómo su padrino lo imitaba haciendo lo mismo. Era un duelo entre magos sin espectadores entrometidos. Hubo completo aplomo hasta que uno de ellos agredió primero.
- ¡Expelliar…!- gritó Teddy, pero Harry actuó más rápido gracias a su experiencia de Auror.
- ¡Protego!- cortó el hechizo y el eco de sus voces rebotó entre esas cuatro paredes. Sus miradas volvieron a encontrarse. Caminaron despacio en una ronda amenazadora y analítica, Ted comprendió que su padrino era un experto y Harry que su ahijado tenía bastante talento. Parecía un espectáculo de dos espadachines sin nada qué perder- ¡Petrificus Totalus!- atacó el ojiverde sin aviso. El rayo luminoso viajó en dirección al joven pero éste lo esquivó como un verdadero jugador de Quidditch, dando de lleno en uno de los antiguos adornos de la familia Black. Harry lo había perdido de vista gracias a su agilidad y como respuesta, un "Impedimenta" cruzó toda la sala para casi darle en pleno rostro. La risa de su atacante no se hizo esperar.
- Debes agudizar esos viejos reflejos, padrino- comentó burlonamente Teddy. El moreno se había ubicado tras uno de los enormes muebles de roble, recibiendo esa crítica como un juego de palabras.
- Sólo debo agudizarlos… pero tú debes aprenderlos- respondió sonriendo, imaginándose la cara de molestia de su orgulloso ahijado ante tal tiro por la culata.
- ¡Bombarda!- arremetió el peliazulino con violencia, y el mueble en el que se refugiaba Harry explotó bruscamente. Los trozos de madera volaron por doquier. Su padrino cayó al suelo algo aturdido por el estruendo y el humo espeso, mientras que Teddy caminó con largas zancadas hacia él. Harry tosía secamente con su rostro ennegrecido, no lograba ubicarse entre los cuatro puntos cardinales hasta que pudo enfocar mejor su vista y ver al joven Lupin parado a su lado. Éste levantó un pie posándolo en el centro de su pecho sin dudarlo. Comenzó a presionar, volcando el peso de su cuerpo sobre el de Harry y el paso del aire comenzaba a cerrarse- ¿Crees que es gracioso? ¿Crees que mis intenciones y motivos son graciosos?- el aludido trató de responder pero necesitó de unos segundos para coger aliento.
- Creo que estás muy confundido, Teddy… no logras matarme… porque en realidad no lo quieres- esa afirmación hizo que el muchacho frunciera el ceño obligadamente, buscando el mejor semblante despiadado que no lograba conseguir.
- Mi nombre es Wolzard- contestó, aplastando aún más el torso de Harry.
- Te escondes tras ese nombre como una vez lo hizo otro mago… no eres más que un cobarde… yo no te enseñé eso- dijo el moreno, sabiendo que había tocado un tema delicado. Teddy apretó sus dientes sin poder controlar que sus uñas se convirtieran en garras y su cabello cambiara momentáneamente a un rojo encendido.
- ¡Tú no me enseñaste nada!- Harry aprovechó ese momento de indisciplina para cogerlo del pie y empujarlo lejos. Se incorporó con astucia advirtiendo que había soltado su varita. Sin embargo, no quería despegar la vista de su ahijado ni por un segundo.
- ¿Es que no te das cuenta? La furia, el miedo… la culpa de no estar con tu abuela cuando…
- ¡Culpa deberías sentir tú!
- No… estás delegando la responsabilidad de tu rabia y tu rebeldía, ya no sabes qué es lo que quieres- Teddy se sintió descubierto y desorbitó un poco sus ojos de cólera.
- ¡Por ti mis padres murieron!- gritó de repente, perdiendo sus elegantes estribos.
- ¡Entonces mátame… deja de jugar al oscuro licántropo y dispárame de una vez un Avada Kedavra… aquí y ahora!- Harry extendió sus brazos hacia ambos lados, ya estaba aburrido de amenazas, de vivir con ansias y malditas angustias. Esperaba la reacción del muchacho confundido, pero no veía más que vacilación de su parte. El peliazulino posó la punta de su varita bajo el mentón de su padrino con la mano temblorosa.
- Es muy fácil para ti hacerte el mártir ¿no?- dijo Teddy, masticando cada palabra- ¿Acaso no sientes en lo absoluto lo que pasó con ellos?
- No sabes lo que dices…
- ¡Sé muy bien lo que digo!- replicó- ¡No eres más que una basura que ni siquiera ha visitado sus tumbas!... ¿¡Qué pasaría si se tratara de Ron, de Ginny… de Hermione…!?- en ese momento, un bofetón de parte de Harry le dio vuelta el rostro. Había sido un arrebato tal que hasta el mismo moreno se sorprendió. No supo si había sido por la irreverencia de su ahijado, si había sido un paso incontenible de frustración… o la sola idea de perder a alguien más. No obstante, su corazón brincó más fuerte cuando oyó el nombre de la castaña. No podía siquiera concebir que algo así pasara.
Lo más extraño para ambos fue que el joven Lupin no respondiera a ese golpe. Parecían padre e hijo discutiendo. Esa bofetada quedó ardiendo en su mejilla, el verde en la mirada de Harry tenía un brillo diferente y Teddy comprendió que compartían el mismo amor apasionado por sus seres queridos y se vio identificado en ese hombre de la cicatriz. No halló el odio concreto que lo impulsó a convertirse en lo que era, sólo miedo y nostalgia abrigaban su corazón. Pensó en Victoire, en lo mucho que la extrañaba y su anhelo incontrolable de llevar una vida normal con ella. Suspiró y bajó la varita lentamente. Harry relajó sus hombros un poco, sin perder detalle de cada gesto de ese muchacho impredecible. Lo miraba con atención y se veía como un niño, un niño liado que no sabía qué creer. Quiso abrazarlo pero no se atrevió a tentar su suerte ni arruinar el momento de introspección.
- No he visitado la tumba de tus padres…- comenzó Harry en voz baja- porque por mucho tiempo me sentí responsable de sus muertes… sentí la culpa como un veneno corrosivo que viajaba por mis venas. No he podido cruzar la entrada al cementerio. Lo intenté reiteradas veces, incluso Hermione me impulsaba a continuar pero no lo lograba. Tú eras un bebé en mis brazos y al mirarte veía a Tonks… a Remus… y la sensación de impotencia, de culpa por condenarte a crecer sin padres al igual que yo, me soplaba al oído todos los días mi falta de valentía. No fue una época fácil. Tuve que aprender a estar cerca de ti. Andrómeda me ayudó mucho en eso, diciéndome a cada momento que tuviste suerte de que ellos me escogieran a mí como tu padrino. Yo no me convencía de ello- Teddy tensó sus labios sin poder hablar. El moreno sonrió ligeramente y una idea invadió su mente- ¿Vamos?
- ¿Adónde? – Harry, por toda respuesta, lo invitó a salir de la mansión con un gesto, hacia la noche fría y temprana de Londres…

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El silencio de la noche era presagioso al igual que el inexistente viento nocturno. Padrino y ahijado se Aparecieron cerca del cementerio mágico en donde descansaban la grandiosa Nymphadora Tonks y el leal Remus Lupin. A ambos, un estremecimiento severo los recorrió de arriba abajo olvidando asperezas casi de inmediato. Harry observó la clásica entrada contando los años que habían pasado desde la última vez que había intentado ingresar. Quiso moverse pero su cuerpo no reaccionaba, estaba petrificado, clavado al piso gracias al peso de su vergüenza. Teddy lo conocía tan bien que adivinó la lucha interna que se libraba en el interior del ojiverde.
Caminaron por la alameda decorada de tumbas y ornamentos florares. Todo ese perfume dulzón que despedían las rosas, jazmines y azucenas, embriagaron a Harry pisando cada vez más dubitativo. A poco de andar, vislumbraron los dos nichos frente a ellos. Se detuvieron casi al mismo tiempo y leyeron los nombres grabados en el mármol blanco letra por letra. Ninguno habló por varios minutos. Todo el rencor y reproche que prevalecía entre ellos se había consumido como una llama mal encendida y el peliazulino lo miró de reojo. Era la primera vez que compartía ese momento con alguien cercano.
- Amé mucho a tus padres- dijo de pronto Harry, rompiendo el silencio- Fueron parte de mi familia, fueron mi compañía en tiempos difíciles… hubiese muerto por ellos… por ti- su voz se rasgó sin esperarlo y respiró hondo para no llorar. Tal como lo hizo Hermione una vez en Valle Godric, el joven hizo aparecer un arreglo floral desde su varita y decoró las tumbas de Tonks y Lupin- Perdónenme por no haber venido antes…- les confesó a los dos yacidos magos- pero aquí estoy… nunca pude agradecerles todo lo que hicieron por mí, por quererme y cuidarme. Los llevo conmigo adonde vaya y descuiden… su hijo se ha convertido en un buen hombre, siéntanse orgullosos.
Aquello golpeó el pecho de Teddy. No recordaba la última vez que se había ruborizado y resultó ser una sensación inquietante. Ahogó sus deseos por abrazar a su padrino gracias a su obstinación, pero le agradeció aquellas palabras en silencio. No obstante, un barullo cercano los alertó agitando sus latidos. Desde la esquina del pasaje, Harry y Ted oyeron pasos definidos y extrajeron sus varitas sin dudarlo. La aparición de un rostro pálido y serio provocó que el estómago del peliazulino brincara y frunciera el ceño con desconcierto. Darkeye prevalecía en la oscuridad, acompañado de todos sus adeptos. Los magos licántropos vestían de negros abrigos al igual que Teddy, parecía una procesión de mortífagos y Harry sintió un hielo correr por su espalda. Recuerdos amargos llovieron sobre él.
- Wolzard- dijo el licántropo con un dejo de sarcasmo- esperábamos encontrarte aquí.
- ¿Qué sucede?- preguntó el aludido- ¿Qué hacen aquí?
- Eso podríamos preguntarlo nosotros… ¿Qué haces tú aquí con Potter?- Teddy no supo qué responder. Extrañamente percibía cierta hostilidad de quienes eran sus fieles seguidores. Al no obtener respuesta, Darkeye continuó- Vinimos a terminar con lo que comenzaste… acabar con Harry Potter. Sin él en el camino, volverás a ser el líder de antes- sin respeto alguno, acentuó el tono irónico y la torción en su boca.
- ¡Les dije que eso era asunto mío!- replicó el peliazulino provocando las risas de sus interlocutores.
- ¡Ya nos cansamos de tus indecisiones!- la voz rasposa de Darkeye ocupó toda la noche. El mal presentimiento de Teddy lo ahorcó con mayor firmeza- ¡Será mejor que te dejes de estupideces! ¡Ahora las cosas han cambiado así que hazte a un lado!... ¡Avada Kedavra!- el hechizo imperdonable salió desde su varita dirigido llanamente hacia Harry. La luz verde encandiló al moreno pero, antes de poder reaccionar, su ahijado lo empujó hacia un lado con violencia y el maleficio se estrelló contra una de las lápidas. El tiempo se detuvo. Aquello enfureció al atacante confirmando así que Wolzard había cambiado de parecer. Le había salvado la vida a su padrino asombrando a todos. Harry, tirado en el suelo con su ahijado sobre él, no podía creer lo que había pasado. Se incorporaron despacio y Teddy lo miró significativamente- Por lo que veo… estás con ellos- comentó ácidamente Darkeye- pero no importa… tenemos un verdadero líder ahora- y para la perplejidad de los dos jóvenes, Greyback se abría paso con una gélida sonrisa en sus labios…