Hey!!
MariaD24: Clarke es un poco impulsiva y no suele pensar mucho, pero irá aprendiendo. Jajaja definitivamente estarán como conejitas JAJAJA ¿Clarke...Costia? Mmm Es Clarke xD pero seguramente Costia tiene pensamientos parecidos XD
Heda-syssi: . que bueno que te gusten los capitulos. 3 Adaptarse y ser afeptada será un proceso duro para la rubia. Y Costia...bueno ella estará presente por mucho tiempo, pero al final quizás hasta les agrade xD Gracias por comentar.
Reyswan: Hello! Que bueno leerte de nuevo!! Yep ha pasado mucho tiempo (4 años D:) jeje Costia va a estar presente durante toda la historia así que es mejor acostumbrarse a ella xD Definitivamente estará ahí ese dilema para Lexa: entre querer ayudar a Clarke y tener que pensar como Heda. Sobre las parejas, pronto se verán otras, la historia va narrada por las chicas (en su gran mayoría) así que habrá que esperar a que alguna de ellas se entere sobre alguna relación xD. Gracias por decirme lo de los errores ortográficos, normalmente releo los capítulos, pero uno que otro se me olvida leerlo antes de subirlo, me pasaré a arreglarlos cuando tenga oportunidad. Besos!
Panda.97: Lexa es todo un amor, creo que todos quieren protegerla . jajaja Clarkie es impulsiva y no piensa mucho, pero bueno su personaje irá cambiando a medida que pasa por distintas situaciones. Mmm...Nia aparecerá más adelante...pero no diré mas XD Sobre el chupeton: Clarke prácticamente quería que Lexa le hiciese daño, no buscaba un chupeton por el disfrute de ello sino como una forma de sentir dolor porque se sentía cumpable por los latigazos Lexa.
Xxxxx...
"Te amo porque si
Y no a causa de "
(A. Jodorowsky)
Capítulo 14
P.O.V Clarke Griffin
Tener un lugar en la coalición parecía ser solo el inicio de un largo camino. Mi pueblo se mostraba desconfiado, además no querían adaptarse a la manera de los terrestres. Muchos querían imponer sus costumbres, pero tras una amenaza de Heda todos comenzaron a bajar un poco las intensidades.
Lexa nos dio un límite de tres meses para generar armas que igualaran las de los hombres de la montaña. Raven era la única capaz de llevar a cabo tal tarea así que estaba volviéndose loca. Veinte personas de nuestro grupo de 99 se ofrecieron a ayudarle, pero únicamente aceptó a diez de ellos.
El resto estaba obligado a aprender a pelear como los terrestres. La coalición habia casi ordenado que aprendiésemos sus tradiciones y nos adaptásemos a sus formas de lucha. Ese era el motivo por el cual el primer día de la semana, temprano en la mañana, estábamos todos en el área de combate.
Mis ojos estaban pesados y mi cuerpo anhelaba algunas horas más de descanso, pero me obligué a permanecer con la mirada clavada en Costia. La castaña se habían presentado como la estratagema del ejercito de Heda y había explicado que Anya la dejó a cargo de enseñarnos. El desagrado se me desbordaba por cada poro.
Costia era flexible, rápida, ágil y grácil. Tenía una figura menuda, pero letal. En un momento estaba mostrando una técnica lenta y al siguiente estaba moviéndose como una desquiciada. Era tan buena que daba vergüenza intentar imitar sus posturas.
Aun así, yo era una persona testaruda y orgullosa. Costia terminó la demostración y nos ordenó practicar las posiciones, ella iría de uno a uno corrigiéndolas a medida que las realizasemos. Yo tan terca como solo una Griffin podría serlo, me dije a mi misma que aquella chica no corregiría ninguna de mis posturas.
Estaba concentrada en lo que hacía cuando capté una melena castaña. Mis ojos se movieron como radares por el campo hasta que encontré a la dueña de aquel color hermoso. Lexa acababa de llegar. Estaba con las manos a la parte de atrás de su espalda y caminaba mirando todo en silencio. Hoy lucía mas imponente que nunca, aunque no tenía el rostro pintado.
-Enfócate, Griffin.- ordenó Costia, le miré al escuchar su voz tan cerca. La chica estaba delante mío mirando también en dirección a Lexa. Le lancé una mirada asesina y asentí siguiendo con las posturas.
Costia estuvo observándome un rato. Al ver que no cometía ningún error decidió moverse. Estaba punto de dejar salir una enorme sonrisa cuando volví a desviar la mirada solo para encontrarme con Lexa corrigiendo la posición de Raven. La morena tenía una sonrisa complice en sus labios y aunque Lexa disimulaba muy bien tan bien parecía divertirse.
Todo esto era tan nuevo que me asustaba. Hace tres meses estabamos devatiendo con Pike e intentando salir de su gobierno totalitario. El hombre había perdido la cabeza, intentaba que todos hiciésemos como él decía e incluso llegó a proponer que nos aliásemos con los de la montaña. Mi madre trajo a colación a Heda, el nuevo grupo que había resurgido y que estaba adueñándose de gran parte de la selva.
Lo único que sabíamos de Heda era lo que Anya nos había comentado. Luego de que la mujer resultase ser una espía que quería liberar a Lexa la gente del arca comenzó a poner entre dicho sus palabras. Muchos decían que quizás Heda era Anya levantando un grupo de salvajes con súper poderes.
Muy pocos intentamos convencerles de que unirnos al grupo de Heda era lo mas seguro. Varios grupos ya se le habían unido y los chismes decían que la coalición ganaba poder con el paso del tiempo. El gobierno de Heda parecía emplear la democracia y eso era tentador.
Fue una gran sorpresa encontrarme con Lexa. Jamás pensé que volveríamos a vernos. En realidad intenté en mas de una ocasión olvidarla, pero jamás lo logré. Estaba tan desesperada por seguir adelante que llegué a acostarme con una que otra chica del arca intentando llenar el vacío que sentía. Huía de besarles y ninguna de ellas intentó hacerlo.
Cerraba los ojos y terminaba imaginando a Lexa. Me enojaba y quería detener todo y salir corriendo hasta quedar exhausta. Pero no lo hacía, seguía adelante y me sentía mas vacía y furiosa. Luego de unos meses me rendí, acostarme con otra no funcionaba: solo aumentaba mis ganas de tener a la castaña de profundos ojos verdes.
-Si te distraes en la selva te puede costar la vida.- comentó una voz conocida sacándome de mis pensamientos.
Me giré encontrándome con Lexa. Estaba con las manos en su espalda y mirándome con el rostro ladeado. Me dedicaba esa mirada llena de palabras que no llegaban sus labios. Algo me había hecho esta mujer, casi se sentía como un embrujo. Si no estaba enamorada estaba adicta. No habían más alternativas.
-No estamos en la selva.- susurré percatándome de que estabamos en el extremo más vacío del campo. La mayoría estaba en el centro, Costia pasaba mas tiempo ahí.
-Si te acostumbras a distraerte lo harás en todos lados.- debatió Heda dando un paso cerca.
-Intentaré no hacerlo, Heda.- cedí.
Lexa sonrió. Una semisonrisa que le daba a su rostro un aire sensual y misterioso: salvaje. Nuestros ojos conectaron y yo me volví una marioneta a la espera de que Lexa me indicase que hacer.
-Posición.- murmuró Lexa. Obedecí de inmediato, levante mis puños intentando adoptar la posición de pelea que Costia había ordenado.
-Costia es buena en esto.- comenté levantando una ceja. Heda llevó la mano a su costado.
-Costia tiene su forma de pelear. Todos tenemos distintas estrategias.- comentó Lexa y levantó una espada en mi dirección.
Confundida observé el mango del arma que la comandante me estaba ofreciendo. ¿Qué queria hacer? Heda esperó que yo reaccionase sin perder la paciencia. Luego de algunos segundos tomé el arma, la empuñadura estaba forjada en plata y la espada en si era más liviana de lo esperado.
Levanté una de mis cejas con curiosidad mientras observaba a Lexa tomar su katana y adoptar su posición de pelea. Instintivamente miré hacia atras, todos habían detenido sus acciones para obsérvanos. ¿Ella quería pelear conmigo?
-No creo que yo esté lista.- comenté dispuesta a colocar la espada en el suelo, pero Heda atacó y yo levanté la espada para protegerme del golpe.
-Allá afuera no te preguntarán si estás lista.- comentó Lexa entre ataques. Yo solo bloqueaba los golpes de su katana, retrocediendo ante la fuerza empleada.
El sudor comenzó a ser acto de presencia luego de un rato en el cual me dediqué a la defensa, moviéndome hacia atras y hacia los lados para alejarme de Heda. La comandante estaba fresca, como si no se estuviese esforzando en lo mas mínimo: estaba claro que no lo hacia. Eso me enojó y decidí dejar la defensiva para atacar.
Sorpresa cruzó el rostro de Heda, pero solo por dos segundos antes de que bloquease mi ataque. Estaba comenzando a molestarme así que mis movimientos se volvieron agresivos en extremo. Lexa comenzó a retroceder. Con un golpe firme logré que Heda perdiese el agarre en su arma. La comandante rodó con facilidad alejándose de mi.
-¿Paramos?- cuestioné al verla desarmada.
Lexa sonrió. Sonrió como un depredador lo haría luego de conseguir que su presa esté donde él le quiere. En pocos segundos Heda tenía dos dagas en sus manos y estaba atacándome con tanta fiereza que mi cuerpo no se decidía entre querer follarle o salir corriendo.
Mi espada salió volando algunos metros a la derecha y Lexa arrojó las dagas al suelo. Nos miramos durante unos segundos y Heda lanzó el primer golpe. No logré evitarlo, me pegó fuerte en la mandíbula y caí al suelo.
Heda no me atacó en el suelo como pensé que haría. Cuando volví a levantarme ella volvió a atacar, pero yo estaba esperándole asi que me cubrí. Lexa era rápida y lista, pero era más delgada que yo. En un arrebato decidí utilizar su peso en su contra.
Cuando ella me derivó al suelo decidí que de pie ella era mas fuerte así que barrí la arrena con mi cuerpo derrivando a la castaña. Cayó con fuerza y yo me puse sobre ella de inmediato. Lexa era frágil en esta posición y ella lo sabía: por eso la evitaba.
Inmovilicé sus manos y sus piernas con mi cuerpo y sonreí esperando que se rindiese, pero ella no lo hacia. Yo estoy arriba y ella abajo ¿he ganado cierto? Pero la mirada de la comandante no decía eso. Tan rápido como logré estar arriba, Lexa liberó sus piernas y haciendo uso de su flexibilidad invirtió nuestras posiciones.
-Joder.- murmuré ¿Cómo hizo eso?
Mi cuerpo estaba totalmente tendido sobre la arena. Lexa estaba sobre mi cintura y una daga estaba en mi cuello. Mi cuerpo traicionero decidió tomar aquella posición como una invitación sexual y sin haberlo planeado mi pelvis se movió involuntariamente contra la de Lexa. Sus ojos se oscurecieron y su cuerpo reaccionó liberando un extraño aroma.
-Tu oponente no está derrotado hasta que está muerto.- me enseñó, habló entre dientes y supe que estaba intentando controlarse porque la sentí temblar sobre mi cuerpo y mover su pelvis como respuesta a mi movimiento.
-Entendido, Heda.- susurré, me sentía mareada y débil. No estaba cansada debido al esfuerzo, seguramente el sentimiento se debía a que estaba demasiado cerca de Lexa en el momento que liberó, lo que sea que halla liberado: asi se habia sentido Pike cuando le olió el día que la castaña escapó.
Heda se puso de pie de un salto y se comenzó a alejar a prisa. Me senté llevando una mano a mi cabeza. Cuando observé mi alrededor me encontré con Octavia arrodillándose a mi lado.
-¿Estas bien? ¿Qué mierda fue esa? Varios cayeron de rodillas cuando Lexa te ha inmovilizado.- comentó Blake frunciendo el ceño.
-¿Recuerdas los estudios que le haciamos a Lexa?- le interrogué.
-¿Qué con ellos?- preguntó Octavia.
-Los hombres de la montaña alteraron algo en Lexa, no pudimos descubrir exactamente que, pero cuando ella esta asustada o sorprendida tiénde a liberar esta nube de feromonas, bueno, antes eran feromonas ahora no estoy segura. Lo importante es que tienen el poder de aturdirte o probocarte lujuria. Depende de cuan cerca estes.- expliqué.
Octavia asintió y me ayudó a levantar. Me fijé de inmediato en que el resto del grupo se había dispersado y solo quedaban Bellamy y dos chicos en una esquina mirando hacía nosotras.
-¿Y Costia?- pregunté, había estado tan aturdida que no me habia percatado de que la clase hubiese terminado.
-Ha ido tras la comandante tan pronto esta se ha ido.- me respondió O encogiéndose de hombros.
-Voy tras ellas.- murmuré y sin esperar respuesta me dirigí a la salida de la arena de entrenamiento.
Lexa no estaba en su habitación como esperaba. Bajé al salón del trono, pero el guardia que estaba vigilando la puerta me dijo que el lugar estaba vacío. Preocupada pregunté por Anya y el guardia me envió a la zona de armamento.
-¡Clarkie!- me saludó Raven en el momento que atravesé la puerta. La morena estaba inclinada sobre una mesa con distintas herramientas metálicas.
Mis ojos rastrearon el lugar ignorando olímpicamente a Reyes. Anya estaba algunos pasos tras la morena cruzada de brazos y al verme dirigirme hacia ella su expresión estoica pasó a ser una de fastidio. Rodé los ojos, esa mujer debía intentar disimular su desagrado; en el arca no se llevaba tan mal conmigo.
-¿Podemos hablar?- interrogué llegando junto a la rubia terrestre.
-Si por mi fuera la respuesta sería no, pero no tengo más alternativa que escuchar.- respondió sin mirarme.
-Lexa tuvo una de esas reacciones.- susurré, la mujer se giró de inmediato hacia mi.
-¿Dónde está?- me cuestionó.
-No lo sé, fui a su habitación y a la sala del trono. Costia fue tras ella, pero no sé hacía donde cogieron.- expliqué preocupada.
-A la selva seguramente. Iré a buscarles con un grupo, evita los problemas.- me advirtió Anya caminando a la salida. Fui tras ella decidida a acompañarle, no podría quedarme tranquila sabiendo que Lexa estaba afuera de las murallas de Polis.
-Te acompaño.- avisé.
-No.- replicó Anya.
-Por favor, sé que me odias, pero me preocupa Lexa.- susurré.
-Heda.- corrigió ella.
-Yo la quiero, Anya.- afirmé mientras caminabamos a las caballerizas. La terrestre se detuvo a medio paso y se giró para estar frente a mi. Sus ojos mostraban sorpresa aun cuando su expresión no habia cambiado. Seguía totalmente seria.
-¿La quieres de verdad?- me cuestionó.
-No sé cómo pasó, pero la quiero.- murmuré nerviosa, no solía decir aquellas cosas tan abiertamente: solo a mis padres, pero eso era algo diferente.
-Entonces mueve el culo, Griffin.- ordenó Anya retomando la caminata. Sonreí, porque la rubia terrestre no era de hablar sobre sentimientos y yo no quería hablar tampoco.
-Si, general.- susurré con cierto sarcasmo y ella volvió a mirarme.
-Lastimas a Leashy y te mato.- me advirtió yendo hacia Indra.
La morena, mano derecha de Lexa, estaba con un grupo de cinco guerreros. Anya le contó todo al parecer porque Indra me miró con recelo y luego ordenó preparar los caballos para ir a buscar a Heda.
No había salido de Polis desde mi arrebato que ocasionó los latigazos de Lexa. La selva lucía incluso mas aterradora estando sobre un cabaño. Anya me permitió usar una de las pistolas que nos habían confiscado e internamente le agradecí. En total éramos diez personas, solo dos iban caminando porque debían adelantarse y revisar que el camino estuviese despejado.
A cada minuto estabamos un poco mas internos en la inmensidad de los árboles. Ruidos de animales se podían escuchar debido a nuestra poca comunicación. Me mantuve tensa en todo momento, mis pensamientos viajaron años atrás, recordé que mi padre había muerto entre estos bosques. Nunca encontramos su cuerpo: seguro había sido devorado.
-Ese camino lleva a la montaña. Heda no lo tomaría.- aseguró Indra, mi mirada recorrió el sendero rocoso que parecía extenderse hasta ser tragado por frondosos árboles.
-Tienes razón.- habló Anya algunos metros por detrás. El atardecer comenzaba a azomar.
-Se hará de noche pronto, debemos regresar.- anunció Lincoln.
Indra y Anya intercambiaron miradas. Ella seguramente no querían regresar sin las castañas. Sentí la presión en mi pecho al imaginar Lexa de nuevo lastimada. Quizás las atacaba un pauna y Lexa volvía a ser herida...y yo no estaría ahí para cargarle y protegerle. Estaría Costia y ese pensamiento me tranquilizó y alarmó.
Me tranquilizó porque si algo podía asegurar es que Costia haría cualquier cosa por mantener a Heda a salvo. Me preocupó porque en el estado de Lexa, podría hacer cualquier locura. La comandante no era ella misma cuando se activaba lo que sea que provocase aquella nube de feromonas.
-Es cierto, estamos lejos y la noche asecha. Heda estará a salvo.- aseguró Indra, parecía querer convencerse a si misma.
Todos comenzaron a regresar sobre sus pasos, yo les seguí sin mas. Si desobedecia y la comandante aparecía estaría en problemas. No quería ser la causante de más situaciones complicadas: Heda estaría bien...ella era fuerte. Me repetí esas palabras como una mantra durante todo el camino. Lo repetí cien veces mas mientras caminaba a mi habitación y lo seguí repitiendo cuando entré a la ducha.
-¡Mierda, Reyes, me estaba vistiendo!- grité terminando de ponerme el sueter cuando Rav entró a mi habitación.
-¡Calla, Griffin! ¡Que Heda acaba de aparecer!- me dijo la Rav con los ojos muy abiertos.
-¿Y esa cara? ¿Esta herida?- pregunté dirigiéndome como loca a la puerta.
-Nada grave, la que está muy mal es Costia. La deben estar atendiendo ahora mismo. ¡Joder que parecía que la hubiese arañado una fiera! - Me contó Reyes nerviosa, la imagen de Costia debió ser espantosa para tener a la siempre tranquila Rav en ese estado.
-¿Y Lexa está con ella?- interrogué mientras cerraba la puerta.
-Eso creo, la curandera se las llevó a la enfermería.- explicó Reyes mientras me seguía ya que yo había comenzado a encaminarme rumbo al ascensor.
-¿Qué paso? Octavia me dijo que Lexa liberó feromonas mientras peleaba contigo. ¿Por qué peleaban?- me cuestionaba Rav en el camino.
-Era un combate falso. Pero se ha salido de control.- respondí.
-Entonces es posible que lo que descubrimos en los últimos estudios sea cierto, Clarke. Alteraron el ADN de Heda.- habló la morena frunciendo en ceño pensativa y yo negué totalmente renuente a aceptar aquello.
Luego de que Lexa fuese liberada por Anya lo único que teníamos para estudiar era la sangre que le habíamos extraído con antelación. Pike se olvidó del asunto una semana después del incidente, pero Reyes no. La morena siguió haciendo pruebas durante los cuatro años. Su último analisis, hace seis meses, le llevó a pensar que el ADN en la sangre de la castaña había sido manipulado. Pero era imposible, era imposible.
-¡Ella no se está convirtiendo en animal!- sentencié y Reyes levantó sus manos en señal de derrota.
-Clarke, es posible. Liberó feromonas sin estar asustada o molesta, porque según Oc la liberó al ganarte. Quiere decir que ni siquiera lo hizo con consciencia solo reaccionó como reaccionaria un animal agresivo en una pelea.- siguió diciendo Raven mientras el ascensor se ponia en movimiento.
-No sé si eran feromonas lo que liberó.- admití en voz baja.
-¿Cómo?- preguntó la morena confundida.
-La primera vez que lo hizo, hace cuatro años, supimos que eran feromonas porque tenían este caracter sexual imposible de ignorar. Pero esta vez no era así, no completamente.- admití.
Me preocupaba pensar que quizás Reyes tenía razón. Quizás Lexa estaba siendo afectada por el tratamiento de los hombres de la montaña. Quizás ellos habían estado buscando la forma de transformar humanos en bestias. Pero ¿Por qué?
-Necesitamos hacer más estudios, debemos hablar con Heda.- afirmó Reyes, asentí.
-Primero veamos cómo está.- susurré mientras seguíamos dirigiéndonos a la enfermería. Era pequeña, solo una carpa donde unas tres mujeres de avanzada edad preparaban distintos soluciones de extraño origen.
Desde afuera se podía observar la luz alumbrando todo el lugar. Entramos de inmediato, siendo recibidas por una horrible imagen. Costia estaba sobre una cama toda lastimada, sangre en su ropa, en sus brazos, en su cuello y parte de su rostro. Lo que sea que le halla atacado había intentado que no saliese con vida y casi lo había logrado. Mis ojos fueron de ella a la cama de al lado. Lexa estaba sentada mientras una curandera le verificaba la pierna derecha. Nuestros ojos conectaron y ella bajó la mirada de inmediato.
-¿Qué ha pasado, Comandante?- cuestioné, nacesitaba que me viese de nuevo a los ojos.
-Nos hemos acercado demasiado al área de la montaña y...algo nos atacó.- respondió Lexa levantando nuevamente el rostro.
Volví a mirar a Costia porque lo que les atacó definitivamente se había ensañado contra la mujer. Lexa parecía estar en mejores condiciones, se habia sacado el pantalón y lo único que tenia era un rasguño, un poco profundo en la pantorilla derecha.
-¿Puedo ayudar en algo?- interrogué no sabiendo que mas decir.
-Tu madre era curandera. Lin está sola hoy. ¿Puedes ir revisando a Costia?- cuestionó Lexa. Sus ojos parecían suplicarme y me encontré asintiendo antes de procesarlo.
Rápidamente me saqué el chaleco de cuero y me acerqué a la castaña inconsciente. Entre tanta sangre no lograba reconocerla y aunque me desagradaba, en esos momentos sentí agradecimiento. Algo me decía que ella habia acabado así por proteger a Lexa. La creía capaz de eso, incluso de exponer su vida por la comandante.
-Ayúdame Raven. Tendremos que cortar la ropa.- le dije a la morena sacando una cuchilla para inciar el trabajo.
Pasamos un rato bastante tensó entre cortar la ropa y limpiar la sangre. Las heridas no eran tan profundas, la mayoría eran arañazos, aunque claramente habían hecho un reguero de sangre.
-No es de ella, es sangre negra.- reparé entonces y miré hacia Lexa. Ella me estaba mirando así que nuestras miradas conectaron. Leí el miedo en sus ojos.
-No es mía.- aseguró.
-Lo sé.- susurré recorriéndole con la vista, ella estaba perfectamente bien.
-¿Qué demonios les atacó?- cuestioné, pero Lexa no respondió.
-Heda.- insistí mientras Lin, la curandera, tomaba mi lugar para limpiar bien las heridas de Costia que si eran profundas.
-No es el momento, Clarke. Hablaremos luego.- fue la única respuesta que logré sacar de la ojiverde y me sentí nerviosa y preocupaba. Sea lo que fuese que les había atacado tenia el mismo color de sangre que Lexa y era lo suficientemente letal como para dejar inconsciente del dolor a una guerrera como Costia.
-¿Ella estará bien?- preguntó Heda.
-Eso parece, es fuerte.- comentó Lin con voz rasposa y acariciando la mejilla de Costia. Tenia un horrible arruñazo iniciando en su mejilla derecha y extendiendose hacia abajo hasta su mandíbula
-Ayúdame, Clarke. Necesito ir a mi habitación.- pidió la comandante, intercambié una mirada con Rav indicándole que no era el momento de ninguna broma y ella pareció contenerse.
Me acerqué lo más rápido que pude a la castaña y le ayudé a levantar. Lexa era delgada así que tampoco era muy pesada. Sentirla cerca fue como soltar una carga: ella estaba bien. Estaba conmigo.
Nos despedimos de Raven, quien se quedó ayudando a la curandera y salimos de la carpa. Sentir a Lexa a mi lado, aun en el silencio, destruyo el nudo de preocupación que había estado en mi estómago toda la tarde. El camino a la habitación fue interrumpido por Anya, quien al vernos se acercó corriendo.
-¿Cuándo haz llegado? ¿Qué ha pasado?- preguntó la mujer, para sorpresa mía no intentó quitarme a la comandante de los brazos.
-Hace un rato, Indra nos abrió. Algo nos atacó. Mañana hablaremos de ello, tendremos que reunirnos. Creo que los hombres de la montaña planean algo y alguien les está ayudando.- explicó Heda y aunque ella no lo insinuó pensé en Pike y supe que ella también lo estaría pensando.
-¿Y Costia?- cuestionó Anya.
-Está en la enfermería. Se ha llevado la peor parte, intentó protegerme.- explicó la comandante y bajó la mirada. Literalmente pude ver a la Lexa frágil materializándose delante de mi.
Tenía los ojos tristes y el semblante decaído. Anya la veía con tal amor que sentí una pizca de incomodidad. Una cosa podía asegurar: si Lexa tuviese que elegir entre la rubia terrestre y yo, la elegiría a ella.
-No es tu culpa.- fue lo primero que dijo Anya y extendió acariciando la mejilla de la ojiverde.
-Mañana hablamos.- fueron las palabras de la castaña.
-Está bien, cuídala.- me ordenó Anya mirándome estoica y entonces nos dejó pasar.
La noche estaba fría, a tal grado que deseé apresurar el paso para llegada a la torre. Por lo contrario, la comandante a mi lado no parecía afectada por ello. Caminaba con lentitud, arrastrando los pies y con la mirada perdida en algún lugar en el cielo.
Miré a la ojiverde de reojo, estudiando el perfil de la mujer a mi lado. La escuché suspirar un poco y supuse que estaría realmente preocupada por Costia. A pesar de que Costia me resultaba desagradable, debía reconocer que si Lexa ahora estaba aquí apenas herida era gracias a ella.
-Deja de mirarme así.- dijo Heda sin siquiera girar a verme y yo di un pequeño salto al percatarme de que ella sabía que le miraba.
-¿Mirarte cómo?- me atreví a cuestionar.
Y me ignoró. Nuevamente debía asumir que la cara que estaba haciendo no era agradable. O quizás simplemente no era apropiada para el lugar donde estabamos. De todos modos seguí mirandola porque por mas que intentaba quitar de ella mis ojos no me era posible.
-Lo estás haciendo otra vez.- me acusó Lex y me miró levantando una de sus cejas. Se veía cansada, sus preciosos ojos verdes estaban tan entristecidos que sentí mi corazón siendo estrujado.
-Lo siento.- susurré bajando los ojos y decidiendo que lo mejor era no mirarle hasta que estuviesemos en la habitación.
El resto del camino transcurrió en completo silencio. El ascensor por fin estuvo delante de nosotros y al entrar sentí que el peso que había estado sobre mis hombros comenzaba a disiparse. Heda me sujetó la mano derecha y le miré de inmediato. Ella no me devolvía la mirada, pero apretó mi mano y yo le apreté de vuelta.
-No me sueltes.- susurró.
-Nunca, Lexa, nunca.- le aseguré. Su voz era tan diferente a la de Heda, casi sentía que la comandante y Lexa eran dos seres distintos. Y ahora mismo la mujer a mi lado era Lexa, alguien con sentimientos a flor de piel y miedos.
-Fue horrible, Clarke.- murmuró, solo podía observar su perfil porque ella tenía la vista clavada en las puertas del ascensor que seguía subiendo.
-Ya pasó.- susurré apretando su mano justo cuando la puerta se abrió.
La comandante me soltó y comenzó a caminar en dirección a su habitación. Me sorprendió la ausencia de guerreros vigilando su puerta: no me quejaría de todos modos. La puerta estaba medio abierta y con solo un empujón pudimos entrar.
-¿Quieres contarme?- cuestioné mientras cerraba tras nosotras la puerta.
En lugar de responder la castaña simplemente comenzó a deshacerse de su ropa. La única vez que le había visto hacer aquello fue el día en el cual fue azotada. El recuerdo me hizo sentir culpa nuevamente: bajé la mirada de inmediato.
-¿Me preparas el baño?- preguntó Heda. Le miré lo más rápido que pude, casi podía asegurar que mi cuello había emitido un ruido ante la rapidez con la cual levanté la vista.
-¿El baño?- pregunté levantando una ceja.
-Si, Clarke. ¿Puedes llenar el baño? Las sales están en la mesa.- respondió comenzando a sacarse las botas. Oh dios, está hablando en serio.
-Sí, de inmediato.- susurré dirigiéndome al baño a paso apresurado.
Había una ducha en un extremo, era pequeña y al parecer la comandante no solía usarla. En el medio había una bañera y en el extremo derecho una especie de mesa con diferentes productos sobre ella. Antes de ponerme a trabajar encendí todas las velas que encontré disponible logrando iluminar perfectamente el lugar.
Llenar la bañera me tomó un rato, luego me acerqué a la mesa mirando los diferentes envases con duda. No tenían etiqueta así que distinguir qué era que era todo un reto. ¿Por qué no acomodarlos según su tipo?
-Los de la izquierda.- escuché decir a Lexa. Me giré ante la subita interrupción y me encontré a la ojiverde entrando al baño iluminado.
Hermosa. Lexa era perfecta en toda la extensión de la palabra. Mis ojos, como si tuviesen vida propia, recorrieron lentamente sus piernas largas. Subí pasando sobre su cintura, deleitándome con su piel medio bronceada y mojé mis labios ante la imagen de sus pechos.
Quizás me detuve más de un rato en sus senos porque cuando llegué a su rostro ella tenía una ceja levantada. Se veía cansada así que quise golpearme por no poder controlarme ante su belleza. Me giré agarrando el primer pote que tuve a la mano y me acerqué a la bañera para arrojar la mezcla ahí.
-Gracias.- susurró Lexa acercándose.
Mis ojos se quedaron retenidos en su cuerpo mientras ella se acomodaba dentro de la bañera. Claramente observé como su cuerpo se relajaba al acomodarse allí dentro. El agua mojando su cuerpo debería ser una imagen prohibida.
-¿Puedo bañarte?- me atreví a preguntar. Ella abrió sus ojos, se veía tan frágil que solo deseaba cuidarle.
-Chof, Clarke.- susurró.
-¿Si?- cuestioné con duda.
-Por favor.- tradujo cerrando los ojos y relajándose.
Me acerqué con duda luego de agarrar un jabón de la mesa. Me arrodillé junto a ella y mis ojos se deleitaron ante su cuerpo.
Comencé por su brazo izquierdo, limpiándole en silencio y disfrutando de poder cuidar de ella. Pronto subí a su cuello y Lexa suspiró levantando un poco la cabeza y abriendo sus ojos cuando comencé a limpiar sus hombros.
-Era una bestia, Clarke. Pero era humano.- susurró ella mirándome a los ojos.
-¿Crees que Pike esté ayudándoles?- cuestioné, Heda asintió sin dudarlo ni un solo instante.
-Creo que esa cosa es el motivo por el cual los hombres de la montaña hacían tantos experimentos.- comentó ella y yo asentí pasando por su estómago.
-Entonces al final lo han logrado.- susurré pensativa.
-Clarke...- me llamó ella y levanté la mirada de su abdomen.
-Hay algo mal en mi. Esta mañana...reaccioné como...- comenzó a decir Lexa, parecía asustada de sus propias conclusiones.
-Como una salvaje...- susurré, pero ella negó.
-Como una bestia.- corrigió y en sus ojos había miedo, miedo de ella misma.
Mis manos mojadas subieron a sus mejillas. Tomé su rostro con mis manos obligándole a mirarme directamente a los ojos. Ella no era una bestia: sus ojos mostraban sentimientos muy reales, inocencia, humanidad. Le acaricié las mejillas y luego me incliné a atrapar sus labios.
Lexa me besó como nunca lo había hecho. Con temor. Como si tuviese miedo de romperme, de hacerme daño. Intensifiqué el contacto y mordí su labio inferior haciéndola gemir.
-No eres una bestia, Lexa. Eres fuerte, hermosa, sensible...- susurré sobre sus labios y bajé mi boca a su cuello besando, lamiendo y mordiendo.
-Tengo miedo. No quiero lastimar a nadie.- susurró, volví a atrapar su boca y ella gimió nuevamente.
Fue precisamente en ese momento en el cual decidí que había espacio suficiente en la bañera para ambas. Sin sacarme la ropa me metí con Lexa, colocándome a horcajadas sobre ella. Agua escapó hacia el suelo pero no podía importarme menos. Le miré y ella levantó el mentón para conectar nuestros ojos.
-Estoy aquí, contigo. No vas a hacer daño, Heda. Tu estás para protegernos.- susurré inclinándome para atrapar su boca. Las manos de Lexa fueron a mi espalda y las mías a sus pechos.
-Clarke...- suspiró Heda. Nos besamos hasta que la comandante estaba respirando demasiado rápido, mis labios entonces bajaron a su cuello: los jadeos de Lexa eran la música que deleiba mis oídos.
Me separé unos segundos de la castaña para comprobar si podía avanzar. Ella asintió cuando nuestros ojos conectaron y yo bajé a sus senos. Atrapé un pezón con mi boca, chasqueando sobre el mi lengua y luego mordiéndolo con delicadeza antes de pasar al otro y repetir el mismo movimiento.
-Chof, Clarke.- susurró Lexa, sentí su pelvis moverse en busca de contacto y mi mano derecha se movió entre sus piernas mientras mi boca seguía en sus senos.
-Estoy contigo, Lexa.- susurré moviendo mi mano en su zona más íntima.
Ella estaba tan húmeda, ante el primer contacto de mis dedos sobre su clitoris se tensó por completo y gimió. Era la imagen más hermosa que hubiese observado. El agua estaba tibia, pero yo me sentía caliente.
Mis dedos se movieron por su sexo y luego acaricié su clitoris de nuevo ganándome otro gemido. Lexa respiraba aceleradamente, sus manos estaban sobre mis hombros. Yo mordí suavemente su pezón y seguí acariciando sobre su clitoris creando fricción y sacando temblores de Lexa.
La castaña era un cuerpo necesitado de cariño en esos momentos. Era tan diferente a la mujer astuta y agresiva de esta mañana. Lo que sea que les atacó le había dejado temerosa y confusa. Quería a mi Lexa de vuelta, quería quitar los miedos de su rostro.
-Ah, Clarke. Te necesito.- susurró, levanté la mirada de su rostro y me encontré con sus pupilas dilatadas y ese verde hermoso casi completamente desaparecido.
-Estoy aquí, contigo. Estoy aquí.- susurré cerrando mi boca sobre uno de sus pechos en un intento de atrapar mas de ella. Sentí una de las manos de Heda en mi cabeza obligándome a permanecer con las caricias sobre sus senos: yo no quería ir a ninguna parte.
-Mmm...- susurró la castaña rompiendo el contacto visual, echó la cabeza hacia atrás y yo sentí mi entrepierna aún mas húmeda. ¿Por qué no me había sacado la ropa al entrar? Podría meterme mano a mi misma mientras acariciaba a Lexa.
-Estoy contigo.- susurré subiendo a su boca aún cuando Lexa parecía querer que siguiese con sus pechos. Recibió el beso gustosa, su lengua buscando la mía en un beso húmedo. Ella me mordió y yo lamí su labio inferior mientras mis dedos en su entrepierna acariciaban su entrada.
-Ah, Chof, Clarke. Tócame.- pidió levantándose un poco de la bañera y deteniendo el beso. Asentí bajando a su cuello y entré en ella con un solo dedo. Ella gimió y yo gemí al sentir la calidez de su interior.
-Oh Lexa.- susurré antes de volver a besarla y retirar mi dedo para volver a entrar lentamente.
-ai hod in yu.- gimió Lexa y como no sabía lo que decía me dediqué a mover mi dedo mientras mi pulgar encontraba su clitoris. Mantuve un ritmo lento y profundo, buscando los puntos que conseguían sacarle temblores a la castaña.
Lexa estaba temblando y moviendo sus caderas en busca de mayor contacto. Su boca buscó la mía y sus manos se detuvieron en mi nuca. Su respiración era un compas de notas cortas y su cuerpo una cuerda dejando salir las mas hermosas melodías. Para mi dicha, yo era el músico que estaba creando aquellos sonidos.
-Más rápido, Clarke.- gimió ella dejando caer la cabeza hacía atrás. Sus labios se abrieron y su cuerpo se arqueó. Un gemido débil atravesando su garganta y yo añadí otro dedo a la par que disfrutaba de sus paredes internas tensándose alrededor de ellos: diciéndome que estaba tan cerca de llegar a su liberación.
-Córrete para mi, Lex. Quiero verte.- susurré en su oído lamiendo su lóbulo luego. Mis dedos moviéndose ahora rápidos entre sus piernas y mi pulgar frotando su clítoris.
Lexa tembló en silencio al llegar a su orgasmo. Su cuerpo era entonces una cuerda tensada totalmente. Era la imagen mas hermosa que yo hubiese contemplado. Dejé mis dedos en su interior totalmente quietos, porque moverme cuando ella estaba tan inmóvil parecía ir en contra del ambiente que nos rodeaba.
-ai hod in yu.- susurró Lexa aun entre temblores.
-¿Qué significa?- cuestioné en voz baja, pero no hubo respuesta.
Lexa estuvo quieta por un rato y cuando se movió yo retiré mis dedos de su entrepierna y salí de la bañera. Nuestros ojos conectaron y aunque había todavía un poco de miedo en sus ojos ella me sonrió.
-¿Mi turno?- me preguntó con una sonrisa débil, pero me limité a negar.
-Necesitas dormir. Tendremos tiempo para mi luego.- susurré girándome para tomar su toalla.
Cuando le volví a mirar la castaña me miraba diferente. No sabía ponerle nombre a lo que veía en esos hermosos ojos verdes: eran demasiados sentimientos a la vez.
Lexa salió de la bañera y yo la envolví con la toalla. La sequé rápido y ella me fue quitando la ropa mojada. Aun cuando me desnudaba, no habían segundas intenciones en sus acciones. Con otra toalla me secó y luego nos vestimos.
-Duerme conmigo.- me pidió la comandante cuando me iba hacia la puerta.
Me giré a mirarla. Lexa estaba metiéndose bajo sus sábanas. Se veía mas frágil que nunca: yo no tenía corazón para negarle nada. Trabé la puerta y me dirigí hacia la comandante.
-Yo soy la cuchara grande.- advertí.
-No soy la cuchara pequeña.- replicó y yo levanté una ceja mientras me acomodaba a su lado boca arriba.
Para mi sorpresa la castaña se acercó y se acomodó sobre mi pecho. La abracé con una mano y ella subió una mano sobre mi cuerpo agarrando una de mis tetas. Podía imaginar sus sonrisa.
-¿Es necesario?- interrogué.
-Me gusta tocarlas.- admitió.
-¿De verdad?- cuestioné divertida.
-Son grandes y me relaja apretarlas.- susurró Lexa. Sonreí, me habían dicho muchas cosas sobre mis senos, pero la actitud de la comandante hacia ellos era diferente. Casi como un niño que coloca sus manos sobre ellos en busca de seguridad.
-Duerme, Lexa.- susurré.
-¿Segura que no quieres que te devuelva el favor?- me preguntó medio dormida.
-No, necesitas descansar.- susurré.
-Gracias, Clarke kom Skaikru.- murmuró la castaña, su voz era suave, tan hermosa y diferente. Era como si Heda solo existiese fuera de los confines de estas paredes.
-Descansa...- susurré besando su cabello y el sueño vino sobre mi cuerpo.
Continuará...
¿Les gustó? ¿Que opinan del giro que está tomando la historia?
Adelanto
-No soy la cuchara pequeña...- susurró Clarke, su voz era baja, su cuerpo estaba demasiado cansado como para escapar del agarre.
-No, no lo eres.- susurró Lexa escondiendo su rostro en el cabello rubio y deleitándose al sentir el calido cuerpo de la rubia.
Clarke sonrió, le había escuchado y sabía que la castaña simplemente le daba la razón como a los locos. Solo hasta entonces la rubia se percató de que podía sentir los pechos de la otra en su escapalda, las manos frías sobre su contira y la respiración en su nuca. Le gustaba. Le gustaba ser la cuchara pequeña: pero jamás lo diría en voz alta.
(El siguiente capítulo lo subiré probablemente en unos días)
XOXO
