Buenas tardes!
Muchas gracias a todos por dedicar un ratito de vuestro tiempo a leer esta historia. Y mil gracias más a Nurymisu, Alysa Cullen, Pegn, DraBswan, Lilly Black Masen, xikita, Anaidam, anamart 05, ksts y yasmin cullen, por dejar sus comentarios y hacer que me salga una sonrisa ^_^
ADVERTENCIA: por favor, mantened la mente abierta y pensad que realmente no son hermanos...
Se trata de un Fan fiction de crepúsculo; la invención de los personajes son de la señora Stephanie Meyer. Todo lo demás que rodea a esta historia es única y exclusivamente mía.
CAPÍTULO 14:
Mike Newton había dejado las clases por voluntad propia. Terminaría el año que viene en otro instituto, total, sólo quería el título; se pondría a trabajar en la tienda con su madre y pasaba de complicarse la vida.
Estos días habían sido duros. Todo el mundo se comportaba con él como si fuera un desecho, como si fuera un marginado de la sociedad. Y todo por un mal entendido de nada… quizá no debió forzar la situación con Bella. Bien; pero tampoco era para tanto. Al fin y al cabo era su novia, sólo estaba intentando avanzar en la relación… Sin embargo todo se había ido a la mierda. Su hermana Jessica le rehuía, sus padres le habían castigado, nada de paga ni caprichos. Si quería algo tendría que ganar dinero.
Menos mal que por lo menos Bella no le había echado más mierda encima poniendo una denuncia por intento de violación o algo así.
Cuando entró en el recinto observó como el hall estaba repleto de alumnos de último curso "¡Joder!, las notas… he ido a escoger el peor día". Renegando por tener que soportar las miradas por encima del hombro de todos sus excompañeros avanzó camino a la secretaría. Claro que algo le pedía a gritos que la buscara; quizá estuviera allí en ese momento…
Estiró el cuello hacia el tablón donde estaban colgadas las notas y al primero que vio fue a Edward. Frunció el ceño al observar su triste expresión en la cara; ¿habría suspendido? Estaba mirando hacia la derecha… Bella… ¿habría suspendido ella? Dios, estaba preciosa. Aunque sus ojos estaban tan vacíos…
Como si fuera un imán al que es imposible resistirse, se acercó a ella. No pretendía asustarla, sólo quería hablar con ella; acercarse de nuevo. Al fin y al cabo fue un malentendido…
— Hola Bella – aventuró con la voz más suave que pudo utilizar. Ella se giró como si no pudiera creer que él estuviera allí.
— Cómo te atreves a acercarte a ella hijo de la gran puta – Edward salió de la nada, con una cara de querer arrancarle la yugular de un bocado si eso hubiera sido posible. Sin embargo la actitud ofensiva de su ex-mejor amigo no le intimidó en absoluto. Al revés, le provocaron ganas de machacarle y cobrarse lo de aquél día.
— Estamos en un país libre colega y yo hago lo que me sale de la punta de la p… — se paró por que de repente tenía a Edward pegado a su frente. Los diez centímetros que le sacaba en altura hacían que éste tuviera una visión perfecta de su dentadura.
— No quieres terminar esa frase tío… — le contestó Edward entre dientes.
— Edward para – Bella apareció a su derecha y empezó a tironear de su brazo. – Te mira todo el mundo Ed… para… por favor – se le iba apagando la voz poco a poco. No quería llorar y mucho menos delante de esa sabandija de Mike. Pero, joder, habían sido demasiadas emociones para un día.
Algo debió hacer "click" en la cabeza de su hermano por que se separó sin más, cogiendo a Bella de la cintura y hablando al resto de la pandilla en susurros.
No se había dado cuenta de que Jacob y Jasper habían aparecido de la nada listos para partir cabezas si fuera necesario.
— ¡QUÉ! – consiguió decir cuando sus huevos bajaron de nuevo a su sitio. – ¡Sólo quería saludar!
— Eres un gusano… — siseó Jacob mientras marcaba todavía más sus bíceps cruzándolos a la altura del pecho. – Te juro que si vuelvo a verte a menos de un kilómetro de distancia de ella llamo a la poli.
— ¡Sólo iba a saludar! ¡Que asco de gente por dios! – y se dio la vuelta, dirigiendo sus pasos al lugar donde tenía que haber ido en un principio. La puñetera secretaría.
—
Mientras Edward se llevaba a Bella del instituto casi en volandas, mil formas de una muerte lenta y dolorosa para Mike ocupaban su mente. Aunque su prioridad era alejarse, cuanto más mejor.
Al salir por la puerta, se dio cuenta de que las chicas les estaban siguiendo. No quiso ser grosero, pero no lo pudo evitar.
— ¿Nos dejáis solos por favor? – eso hizo que pararan en seco. – Gracias.
— Ed, espera – contestó Alice – llámanos si necesita… si necesitáis algo ¿Vale?
— Por supuesto – su cara de verdadera preocupación le hizo arrepentirse de las formas y procuró ser más agradable. – Te pego un toque al móvil en un rato. Sólo quiero alejarla de aquí y hablar con ella…
— Tened cuidado. – Susurró Ángela.
La mano seguía en la cintura de Bella, apretándola contra su costado. Permanecía cabizbaja, y muy triste… La dirigió durante diez minutos por las calles que rodeaban el instituto hasta llegar a una parada de autobús. Sería un trayecto un tanto largo, pero quería que ella se relajara, y sabía el sitio exacto donde tenían que estar.
Aproximadamente 40 minutos después llegaban a su destino: la zona del puerto de Santa Mónica.
(N/A: podeis ver una imagen en mi perfil ;) )
Durante muchos años se estuvieron escapando después del colegio para montar en las atracciones. Siempre les había gustado subir a la noria y ver Los Ángeles desde arriba del todo. Estaba seguro de que esto la distraería lo suficiente. Si hubiera podido habría borrado con lejía cualquier recuerdo de ese cabrón; lástima que la lejía no funcionara en el cerebro… así también podría borrar cierta metedura de pata.
Cuando llegaron a la parada Bella fue consciente de dónde se encontraba; había estado tan inmersa en sus pensamientos que simplemente se había dejado llevar ¿ya había pasado casi una hora? ¿En qué momento Edward y ella se habían quedado a solas? Su mente había colapsado; no se encontraba bien. No tenía ganas de llorar, pero un inmenso agujero se abrió en su pecho… él lo había vuelto a hacer. Se había interpuesto entre ella y ese hijoputa; protegiéndola de nuevo. Ni siquiera le había dado opción para que fuera ella misma la que mandara a Newton a la mierda. Cuando él se fuera durante cinco o siete años a estudiar medicina, ¿quién estaría con ella? ¿Realmente era tan débil que siempre iba a necesitar la ayuda de su hermano, o de algún otro tío? Ese pensamiento la hizo fruncir el ceño.
Observó a Edward; permanecía delante de ella, con las manos hundidas en los bolsillos y su rostro ensombrecido. Examinándola. Sin apartar su verde mirada de ella. Era como si le estuviera leyendo la mente o algo así. Tomó una gran bocanada de aire y se dirigió hacia el muelle.
Caminaban despacio, uno al lado del otro. De momento no hacía falta nada más; ambos sabían donde iban y pusieron rumbo hacia allí. Observaron cómo los turistas hacían cola para sentarse en el banco de "Forrest Gump", un poco más adelante un tipo daba de comer a las gaviotas. Entrarían de lleno en el verano en pocos días y eso se notaba en la playa. Realmente estaba abarrotada de gente.
Ambos pararon delante del mini parque de atracciones, famoso por ser parte del encanto de esa playa. Edward fue el que pagó las entradas y Bella sonrió; otro detalle a tener en cuenta. Ella nunca había pagado nada cuando salía con su hermano, siempre gastaba su parte de paga en ella. Curioso que hubiese tardado tanto tiempo en darse cuenta de esto.
Avanzaron hasta la noria; dadas las horas del día y que todos los niños deberían estar en el colegio, por lo menos hasta que empezaran las vacaciones una semana más tarde, sólo había un par de parejas esperando a más gente para montar. Milagrosamente el que manejaba la noria se acordaba de ellos; les guiñó un ojo tras sus gafas con montura de pasta y les dejó el paso libre a la cabina.
Cuando la noria empezó a girar Bella se sintió pequeña de nuevo. Hacía una semana que se había besado apasionadamente con su hermano, una semana que se había masturbado por primera vez y hacía apenas una hora que se había encontrado con el tipo que la había jodido la vida. Y él… permanecía de perfil; la mandíbula apretada y los ojos un poco más oscurecidos de lo normal.
No había hablado, ni siquiera el más mínimo ruido. Cuando se había interpuesto entre ella y Mike pensó que le arrancaría la cabeza de un puñetazo. Verle de nuevo como su ángel de la guarda, como su héroe personal… joder hacía que verdaderamente sintiera que estaba enamorada de él y no que fuera simple deseo o atracción física lo que le hacía mirarle así.
Ahogó una maldición pero se transformó en gemido.
— ¿Estás bien? – preguntó Edward en cuanto escuchó el leve sollozo.
— Si, si… es sólo – "manda huevos que esté pensando en que estoy enamorada de mi hermano, en lugar de pensar en Mike…" — ¿cómo sabías donde traerme? – "si, mejor desviar el tema de conversación"
— Siempre te ha relajado montar en la noria. – Encogió los hombros – supuse que te vendría bien.
— Ya…
— ¿Seguro que estás bien? ¿Prefieres que nos vayamos? – insistió.
— Es el lugar perfecto Ed; si no te importa me gustaría quedarme un rato. Y… gracias. – Empezó a jugar con sus manos "tranquilízate, tranquilízate… y sobre todo no le mires a los ojos directamente". – Por lo de… bueno, ya sabes…
— No me tienes que dar las gracias. – volvió a fruncir el ceño.
— Siempre estás ahí… — expresó en voz baja.
— …
La noria empezó a moverse con lentitud. Con la misma lentitud con la que Edward extendió el brazo y colocó su mano entre las de Bella; deshaciendo su nudo de dedos y provocando el suyo propio. No sabía qué narices le llevo a hacer tal cosa, pero lo hizo. Necesitaba sentirse a su lado, sentirla cerca, sentir que ella estaba en perfecto estado.
Inconscientemente empezó a dibujar círculos con su pulgar en el dorso de su mano; miraba esa zona sin mirar realmente. Quería decirle tantas cosas, quería que todo volviera a ser como antes. Sencillo… natural. Pero no sabía por donde empezar.
— ¿Por qué haces esto Ed? – fue Bella la que rompió el denso silencio mientras miraba fijamente las formas que él marcaba en su mano. No la retiró; se sentía bien.
— No lo sé… Supongo que me sale solo – dijo encogiéndose de hombros.
— Llevas sin dirigirme más de tres palabras seguidas toda la semana.
— Ya…
— No quiero que vuelvas a hacer lo de hoy. – Notó como Edward se tensaba y por fin le miró fijamente.
— ¿Qué es lo que no quieres que haga?
— Defenderme – observó su verde mirada – hacerte el héroe.
— ¿Y esa tontería a qué se debe, si se puede saber? – su rostro se había crispado. Pasaba del enfado al desconcierto en segundos. La mandíbula tensa. La mirada concentrada en el rostro de Bella.
— Te vas a ir Ed. En unos meses te irás a Nueva York y necesito no seguir dependiendo de ti. – Dolor… eso fue lo que reflejó el rostro de su hermano. Intentó obviar la punzada que le atravesó el corazón. – Desde que ha empezado todo este lío has querido separarte de mí... que así sea entonces.
— …
— Deja de protegerme, no necesito enamorarme más de ti – se le quebró la voz y notó un vacío al sentir cómo Edward retiraba la mano de golpe.
Quizá no había sido buena idea estar a solas con ella. Después de todo lo que había pasado… Empezó a restregar sus manos de forma nerviosa por sus muslos. ¿Era claustrofobia lo que sentía en ese momento? Ciertamente la cabina de la noria se le estaba haciendo pequeña; ¿acaso ese chisme no podía ir más rápido?
— Dime algo Ed… — el nudo en la garganta apenas la dejó hablar.
— ¿Y qué quieres que te diga Bella? Esto es mi culpa… me siento… me siento como el puto culo por haberte arrastrado a esto.
— No tienes la culpa de nada – dijo con tono cansado.
— Sí la tengo. Soy un egoísta. – El tono de voz no admitía réplica – Me he dejado llevar por mis impulsos y te he confundido.
— ¡Oh vamos, por favor! – en menos de un nanosegundo pasó de la pena al cabreo monumental. – ¿Pero por quién me has tomado? ¿Crees que no soy capaz de pensar o sentir por mi misma? ¡Pues lo soy! Entérate. ¡La única diferencia con respecto a lo que tú sientes por mí es que yo no lo niego!
— ¡No lo niego! ¡Es que no puede ser! – giró bruscamente para quedar frente a ella al mismo tiempo que la noria se paraba arriba del todo.
— ¡Pues claro que no puede ser! – le dio igual que la cabina se balanceara con fuerza, estaba muy cabreada y pensaba decir lo que había estado guardando durante días – ¡Pero es! ¡Que te entre en la cabeza chaval! Ha pasado, no lo puedes borrar. Sentiste cosas, YO sentí cosas. YO Edward, por mí misma. ¡Tú no me confundes, te confundes tú solito! ¡Afróntalo en lugar de huir!
— … — "dios, está preciosa cuando se enfada" cerró los ojos con fuerza y tragó el nudo que se le había formado en la garganta.
— ¡No me importa Mike, no me importa el grupo, ni siquiera me importa lo que digan mamá y papá! ¡Lo único que me importa es que te voy a perder y no quiero; joder! – las dichosas lágrimas hicieron acto de presencia sin pedir permiso si quiera. De un bote volvió a colocarse mirando hacia el frente; realmente la vista era preciosa.
— Bella… — dijo en voz baja, mientras pasaba un brazo por encima de sus hombros – Bella no llores. Sabes que no lo soporto. – Pero ella no paraba, debía tener la cabeza apunto de explotar. Demasiadas emociones para un solo día. – Bella escucha. – Observó como ella giraba su cabeza y volvía a anclarse en sus ojos; el corazón le dio un vuelco. "Realmente preciosa…" Y fue entonces cuando se sinceró. Con él mismo y con ella – No sé enfrentarme a esto. No sé cómo actuar… Jamás he sentido por nadie lo que siento estando a tu lado. Siempre he actuado como tu hermano, he estado tranquilo con respecto a eso y he sabido cómo comportarme. Pero de la noche a la mañana mi mente no te ha visto igual. De repente te deseaba, quería tocarte o quería besarte… y eso es pecado o algo así. No es sano… y me estoy volviendo loco por que lo único que me apetece todo el rato es hacer el amor contigo. Y eres mi her-ma-na… no se debe sentir eso por un hermana. Por eso si me voy, quizá me aclare la cabeza. Quizá deje de sentir esto… Pero si me quedo estoy convencido de que Mr. Hyde ganará al blandengue del Dr. Jekyll.
Cuando terminó de abrirse en canal para sacar todas sus emociones fue consciente de la cercanía de Bella. Sin darse cuenta había estado acariciando sus mechones de pelo mientras hablaban, y ella había dejado de llorar. Estaba respirando su cálido aliento, resultaba realmente embriagador…
¿En qué momento habían empezado a acercarse? ¿Cuándo el resto del mundo había dejado de existir? ¿Por qué no podía mirar otra cosa que no fuera su boca? Esta vez fue Edward quien acortó distancias… al fin y al cabo lo había reconocido… ¿no se había quitado un peso de encima? Depositó suavemente sus labios en los de ella y notó cómo ella dejaba escapar todo el aire de sus pulmones por la nariz. Se separó un poco para ver su expresión; ella permanecía con los ojos cerrados y sus pestañas brillaban por las lágrimas atrapadas.
Volvió a darle otro pico en los labios. Muy suave y muy dulce mientras introducía su mano en su mata de pelo rizada. Escuchó en leve gemido que computó a través de todas sus terminaciones nerviosas hacia sus genitales provocando una erección instantánea.
Se separó lo suficiente para atrapar su labio inferior y tironear un poco. Provocándola. Y lo consiguió. Bella llevó sus brazos instintivamente detrás de su nuca y hundió sus dedos en su cuero cabelludo. Cerrando los puños y apretando… produciendo un suave tirón que hizo que Edward abriera su boca.
Vía libre. Introdujo su lengua hasta dar con la de él. Le tentó, de forma lenta pero fuerte. Profundizando ese beso, siendo correspondido. Sin pensarlo, se sentó a horcajadas sobre sus piernas y automáticamente él se enganchó a sus caderas. Dios, tenían que parar… pero se sentía tan bien… le estaba notando duro debajo de ella y no sabía con certeza si su propia humedad se notaría a través del tejido del pantalón de lino que llevaba. Instintivamente se movió contra él, rozando sus centros, provocando que ambos jadearan y se miraran a los ojos. Pensó que Edward pondría el freno, pero no lo hizo. Apretó sus glúteos volviendo a facilitar la fricción y se abalanzó de nuevo sobre su boca. Penetrándola con su lengua. Moviéndola sobre él. Dios, iba a explotar de placer.
Algo se movía, aparte de ellos; notaban la brisa a su alrededor. La noria. Estaban en la noria ¿Cuándo había empezado a moverse? De mutuo acuerdo ambos se separaron; se miraron fijamente a los ojos. Totalmente excitados, con los labios enrojecidos y un poco hinchados, intentaron recuperar el aliento. Bella se lamió los labios para terminar mordiéndose el labio inferior.
— No hagas eso – consiguió decir Edward con voz ronca mientras llevaba su dedo pulgar a ese labio que había mordido. – No lo vuelvas a hacer.
— Y tú no me mires así… — "a esto sabemos jugar los dos".
Ambos esperaban que la culpabilidad les arrollara de nuevo. Pero en ese mismo momento de lo único que tenían ganas es de seguir donde lo habían dejado sin importarles absolutamente nada ni nadie. Estaba claro que se atraían. Que se jodiera el resto del mundo… Pero en el fondo… como si los dos pensaran exactamente lo mismo dejaron escapar el aire en un tremendo suspiro.
— Esto ha sido una especie de despedida ¿verdad? – aventuró ella mientras pasaba una mano por el flequillo del chico.
— No podemos hacer esto otra vez Bella – sonrió tristemente. – Y lo sabes.
— Lo sé… — dejó que su mano avanzara hasta su mejilla y permitió que sus dedos delinearan su boca. Eran perfectos… — Lo sé. – Sin mucho ánimo se incorporó y se bajó de las piernas de Edward.
— Va a ser realmente complicado.
— Si… pero somos muy cabezotas… ¿no? – sonrió mientras le miraba. Dios le partía el alma ser su hermana. ¿No podía presentar una renuncia formal ante algún órgano del gobierno o de la iglesia o algo?
— Sí – enseñó su dentadura perfecta – demasiado cabezotas… Pero Bella…
— ¿Si?
— No te quiero dejar… quiero decir. No me voy por que quiera alejarme de ti… NECESITO alejarme… ¿lo entiendes?
Y ahí estaba él. Mirándola con esos ojos verdes que te cortaban la respiración, con ese amor incondicional… aunque no hubiera pasado todo esto, estaba totalmente convencida de que hubiera intentado encontrar a alguien a su imagen y semejanza. Era sencillamente perfecto.
— Lo entiendo – encogió los hombros y le sonrió – vaya papelón ¿eh?
— Y que lo digas… — empezó a reírse. Y al rato le siguió Bella. ¿Producto de la histeria? ¿De la vergüenza? El caso es que reían cuando habían estado llorando hacía dos minutos.
— Se acabó el viaje muchachos – el viejo de las taquillas se acercó hasta la cabina y les abrió la pequeña puertecita. — ¿o queréis otra vuelta?
— No gracias – le sonrió Edward. – Ya nos vamos. – Estiró la mano y observó como Bella se la cogía para salir.
— ¡Hasta otra chicos!
Sin soltarse de las manos pasearon entre el resto de atracciones. Pasaron de montar en los caballitos o en la montaña rusa y se fueron directamente a una de las casetas de tiro al blanco. Acertar a tirar una pila de latas con una bola de béisbol; no se lo pensó y soltó el dólar que costaban los tres intentos. Si con las tres bolas tiraba las tres pilas de latas se llevaba el premio especial. Uno de los peluches gigantes de Nici; recordó la cantidad de muñequitos que tenía Bella de esa marca… Sería su regalo para que se acordara de él.
Sólo fue necesario ese primer dólar; a la primera consiguió derribar su objetivo y al dueño de la caseta no quedó otra que ofrecerles el peluche.
— Enhorabuena – soltó con desdén –el león o la oveja. – ofreció mientras masticaba lo que parecía haber sido un palillo.
— ¿Bella? – se giró para ver la cara de felicidad de su hermana.
— No sé… creo que el león… — dijo mientras observaba detenidamente los dos muñecos.
— A mi me gusta más la oveja. – sugirió Edward.
— Pero el pelo del león me recuerda a ti – le sacó la lengua en una mueca de lo más graciosa – Si, definitivamente quiero el león, gracias.
— Graciosilla – masculló Edward mientras observaba no muy convencido el peluche. – además yo no soy pelirrojo. La oveja es más bonita.
(N/A podeis ver las imagenes de los peluches en mi perfil; es una especie de homenaje a la escena del león y la oveja, la cual me encantó en el libro y en la película)
— Por que tú lo digas…
— Quiero probar a tirar otra vez – dijo Edward dirigiéndose a mister simpatía.
— No hay más tiros para ti muchacho – el tipo se cruzó de brazos sobre la tripa cervecera.
— ¿Y eso donde lo pone? – encaró.
— Ed… déjalo…
— Son las reglas chico, mejor que vengas otro día.
— Por supuesto que vendré – se giró mientras le lanzaba una mirada asesina. — Será gilipollas.
— Un poco sí – sonrió Bella mientras hundía la nariz en su peluche nuevo. – Muchas gracias…
— De nada ¿quieres bajar a la playa? – tras ver cómo Bella asentía, pasó la mano por su cintura y la dirigió hacia la salida del parque de atracciones. Diez minutos después buscaban un sitio un poco alejado de todo el mogollón.
Se sentaron a la vez mirando hacia el mar. Era un día soleado y el oleaje no era excesivo, pero aún así había gente con la tabla de surf.
Definitivamente a ambos les había venido bien esto. Parecía que de momento habían asumido y reconocido las cosas. Si no se ponían freno mutuamente los dos se dejarían llevar y no estaba bien; tenían que dejar de buscarse y la mejor forma era poner tierra de por medio. Por fin Bella entendió la huída de Edward. Quizá en la distancia todo se aclarara… ahora mismo todo les llevaba a querer restregarse el uno contra el otro.
Los dos suspiraron a la vez. Se miraron y sonrieron.
— No puedo dejar de cuidar de ti, Bella – contestó Edward volviendo al tema de conversación que ésta empezara en la noria. – Te quiero demasiado. Y si ese desgraciado te pone de nuevo un dedo encima me cogeré el primer vuelo directo para partirle la cara personalmente.
— Teniendo eso en cuenta quizá abuse y todo – bromeó ella.
— Enana…
Buaaaa, me acuerdo de lo que me costó escribir este capi... medio triste medio angustioso :_)
¿A vosotros os gustó? ¿no? ¿me lo contáis en un review?
Si puedo actualizo de nuevo mañana. Un besazo para todas!
^_^
