Pero... vamos a enseñarle algo a América, Prusia le agarra del cuello a Rusia, de una manera un poco especial en que lo medio ahoga un poco que ya te digo yo que con lo sensible que es su cuello y con que haga que le llegue un poco menos de sangre al cerebro ya de por si poco irrigado del soviético, hacen que la cosa sea... como mínimo intensa. Son cosas que se aprenden con toda una vida de más o menos ir tras alguien.

Halaaaa! Prusia se sabe unos secretooooos. Es que... de todos modos no creo que sepa muy bien cómo explicarlo, ni tampoco que quiera hacerlo.

Rusia como siempre no tiene IDEA de lo que pasa, solo tiene idea de que le disgusta mucho menos de lo que esperaba. Abraza a Prusia con bastante fuerza de la cintura pero... chicos, esto es Moscú, aquí esto no se puede hacer en público. Una mujer mayor que apenas si se aguanta un pedo, se acerca muy resuelta y les da un buen golpe con el bolso antes de llamarlos pervertidos.

Golpe del todo inesperado que saca a Rusia del idilio y se lleva a Prusia con él que se separa mirando a la mujer como si tuviera otra cabeza.

—Dafaq!

—Iros a un hotel, pervertidos! Voy a buscar un policía para que os arreste por escándalo público!

—Net!

—W-Was? Pero... Nein! Nein! —Prusia se ríe nerviosamente—. Solo quería demostrarle que yo era más awesome, nada pervertido! —explica en un ruso bastante mejor que el de Rusia ahora mismo.

—Da, da... E-Eso!

—¡No se le ocurre un motivo más ridículo! —les señala con un dedo la mujer y todo el vagón la aplaude.

—¡Pero qué les pasa! ¡Es un mundo libre!

—¿No es que es esta nuestra parada? —Prusia toma a Rusia de la mano y tira de él para hacerle bajar, aunque ni siquiera sea realmente esa su parada.

Rusia mira a todos, indignado dejando que Prusia tire de él mientras ellos aplauden la valentía de la mujer.

—Shit! ¡Es increíble lo que esté estúpido lugar hace! —gritonea Rusia enfadado

—Eso díselo a Putin.

—¿Sabes? ¡Me da lo mismo! —le abraza otra vez de la cintura y le vuelve a besar en los labios, inclinándole hacia atrás como le gusta que haga Rusia.

Prusia levanta las cejas, otro que no se lo esperaba, por idiota.

El beso es más guarro esta vez solo por odio al sistema. Ugh, pues pronto va a tener cinco metros clavándosele en algún lado y la gente del andén les mira mal, pero ahora no hay ancianita que vaya a regañarlos.