Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Sólo la trama es mía.

Gracias a todas por pasar leer y sobre todo por comentar, sus opiniones y cada palabras son la gasolina para esto :)

Gracias Eri no sólo porser una Beta con tanta paciencia, si no por el día a día :)

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*12 de marzo de 2009: No vamos a volver*

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¡Otra vez el monstruo come pies se metió en sus sueños!

La pequeña hizo sobresalir todo el labio inferior en un colosal puchero mientras apretaba los labios conteniendo las ganas de llorar y se sentaba en su cama.

Buscó con la mirada a su fiel castor de peluche. Tomó a "Bigotes" entre sus bracitos y reuniendo fuerzas giró su cuerpecito quedando su pancita sobre la cama para de esa forma bajar de la cama, tal como mami se lo había enseñado.

Una vez que sus pies tocaron el frío suelo de madera y corrió hacía la puerta por miedo de que en la oscuridad el monstruo come pies le jálese desde abajo de su cama.

Con lentitud giró la manilla de la puerta y miró a todos lados antes de salir al pasillo, de ahí se echó a correr rápido hasta llegar a la puerta del cuarto de sus padres. Asomó su pequeña cabecita lentamente, pero el ruido de una tabla de madera al crujir la asustó haciéndola entrar a la gran habitación casi de un salto.

Cuando llegó a los pies de la gran cama blanca, mordió su labio con fuerza. Fue hacía la izquierda y observó a su mami durmiendo con la cabeza bajo la almohada, sólo se veían sus suaves mechones color chocolate sobresalir y contrastar contra la clara piel de ella y su camisón perla.

Entonces retrocedió y fue a la derecha donde su papi, acostado sobre uno de sus costados, roncaba con los labios entre abiertos. Los músculos de su torso desnudo eran un claro ejemplo de fuerza y superpoderes, pensó la niña.

Llegó a su altura y con un dedo presionó uno de los prominentes músculos del brazo de su papá.

—Papi—susurró bajito—Papi—volvió a intentar picando el brazo de su padre—Papá, disperta…—pidió subiendo un poco más la voz.

La pequeña siguió intentando, pero nada. Papá estaba en su séptimo sueño. La niña hizo una mueca de frustración y enfado. Con determinación apretó los labios y procedió a ser más "eficiente"

—Papi, Papi, Papi, Papi, Papi, Papi, Papi, Papi, Papi, Papi... —No gritó pero habló lo suficientemente alto para hacer que su mamá se removiera. La niña se enfureció más al sólo conseguir que su padre balbuceara unas tonterías antes de volver a roncar.

La pequeña aumentó la intensidad de su minúsculo dedo sobre el brazo de él, antes de ya casi volver a gritar—¡Paaapaaaá dispertate!

De un saltó Jacob quedó sentado sobre su cama, miró a ambos lados hasta encontrar al costado de su cama a su pequeña que con fuerza apretaba sobre su pecho a su castor de peluche, parecía un angelito, pensó que la confundiría con un querubín si no la conociese.

Pero esa pequeña personita de minúsculo cuerpo, con su largo cabello lacio de un color chocolate más oscuro y mucho más rebelde que el de su madre, era cualquier cosa menos un angelito.

—¿El gigante roba galletas? —Se aventuró él a preguntar con voz pastosa y con ojos entrecerrados a causa de la somnolencia.

La niña negó con fervor y con la boquita estirada murmuró—El come pies...—luego dio varios largos pestañeos que sumado al verde esmeralda de sus ojos la hacían parecer la inocencia hecha una niña.

Jake se palmeó la frente autocastigándose por equivocarse de monstruo y la pequeña rió, él se retiró las mantas y se sentó a la orilla de la cama. Se frotó el rostro con las manos tratando de despertarse y luego miró a su niña.

No pudo evitar soltar un suspiro al mirarla. Ella podía hacer y deshacer con él. Nunca una mujer lo tuvo en sus manos como lo tiene esa pequeña criatura.

Sintió como Bella se removía a su lado a causa del ruido y mientras él se ponía de pie y se calzaba sus pantuflas, ella alargó una mano y prendió la luz de su mesita.

—Cuida de tu madre—pidió Jake a su niña mientras él seguía con el teatro del "mata monstruos".

Caminó arrastrando los pies y sintiendo el frío de andar a esas horas de la madrugada solo con su pantalón de pijama azul. Tomó un bate de beisbol estratégicamente acomodado a un lado de la puerta y salió con pereza de la habitación rumbo a la cocina por un vaso de agua para hacer tiempo.

Bella le sonrió a su niña mientras palmeaba la cama a su lado en una clara invitación que Elizabeth no dudó en tomar, de un brinco se acomodó al lado de su mami y la abrazó.

Jacob volvió a entrar a su habitación a los minutos después.

—Listo. Dudo que después del susto que le di ese o cualquier monstruo se atreva a molestar a Lizzie—dijo mientras le guiñaba un ojo a Bella.

—Hum, nunca dudé de tu eficacia SuperJake, eres mi héroe—se burló ella.

Jake la miró ceñudo mientras reacomoda el bate en su lugar. Miró a su niña que estaba totalmente instalada en su cama, al lado de Bella y con los ojitos cerrados

—¿Ya se quedó dormida? —inquirió él con la frente totalmente arrugada

Bella le guiñó un ojo antes de hablar—Sí, ya sabes... está profundamente dormida— dijo las últimas dos palabras alargándolas dramáticamente y Jake notó como Lizzie entreabría un ojo y lo volvía a cerrar con fuerza.

Él negó divertido con la cabeza mientras volvía a entrar en la cama—Va a ser una grandiosa actriz—le murmuró a Bella. Ella simplemente se encogió de hombros mientras se acomodaba y volvía a apagar la luz.

El resto de la noche no hubo más monstruos, ni pesadilla alguna. La pequeña Elizabeth durmió a sus anchas, protegida entre los cuerpos de sus padres.

La mañana siguiente transcurrió como lo venían haciendo la mayorías de las mañanas desde hace más de dos años. Obviamente la primera en despertar fue Elizabeth, quien se encargó de despertar a sus padres de la misma manera de siempre: dando brincos sobre la cama.

Jake se giró y la miró amenazadoramente, la niña se detuvo a sabiendas de lo que pasaría ahora, dio un paso hacía atrás sobre el colchón intentando alejarse para lograr escapar, pero Jake fue más rápido y para cuando ella reaccionó ya se encontraba con su espada sobre el colchón y con su papá encima de ella torturándola en una despiadada guerra de cosquillas.

Bella se desperezó estirándose por completo, enfocó la vista en el espectáculo a su lado y como si nada retiró las mantas y se puso de pie.

—¡Mami, mami! ¡Ayuya!¡Sálvame, socorro, auchilioooo!—pedía la niña entre risas.

—A no, Lizzie. Esto es entre tú y yo… y si tu madre ha de ayudar a alguien, pues será a mí—Refunfuñó Jake mientras sujetaba un pie de la niña y comenzaba a hacerle cosquillas en la planta de este.

—¡Jake! ¡Se va a ahogar! —le reprendió Bella, pero ninguno le hizo mayor caso, estaban demasiado metidos en ganar su pequeña batalla matutina.

Bella los observó y sonrió de oreja a oreja ante la imagen frente a ella. Su niña se retorcía entre risas ahogadas y Jake sonreía de igual manera. Ambos juntos iluminaban la vida de Bella, por ellos y por la paz que tenía en esta burbuja matutina daría la vida.

Esa mañana desayunaron los tres juntos. Jake bebía su café mientras terminaba de revisar unos informes del hospital y a su lado Bella se encargaba de darle el cereal en la boca a Elizabeth.

—¿Crees que llegarás temprano hoy a casa? —le preguntó ella.

—Sí, la cosa esta tranquila, a menos de que surja alguna urgencia estaré aquí a más tardar a las 8pm, ¿Por qué?

—Por nada en especial—dijo ella encogiéndose de hombros—tenía ganas de pasear por la cuidad y sacar a Beth, aprovechando que el clima no está tan frío—dijo ella mientras la niña se apuntaba a sí misma contenta dando brincos en su silla, al escuchar el diminutivo con que sólo su madre tenía derecho a llamarla.

—Entonces en eso quedamos—dijo contento mientras se levantaba de la mesa y besaba en la frente a sus dos chicas a modo de despedida.

La mañana continuó con normalidad. Bella se dedicó a ordenar algunas cosas y a preparar el almuerzo, siempre con Beth tras ella.

Pasado el medio día colocó a la niña en su sillita y le dio la comida. Le costó un millón de "avioncitos" y "una por la mamá, otra por el papá…" lograr que Beth comiese sus verduras.

—¿Ves? Ya se acabó ¿Las espinacas no son tan malas después de todo verdad?.

—¡No me yustan!—refunfuñó cruzando sus bracitos sobre su pecho y esbozando un adorable puchero.

Bella simplemente rió y con la mano revolvió su larga cabellera.

—Te adoro—le dijo con amor.

—Yo tamben—contestó la pequeña con voz cantarina

—¿Cuánto? —preguntó Bella divertida, fingiendo no creerle a la niña

—Mucho, mucho… de aquí a la luna ida y guelta—dijo ella gesticulando con los brazos de manera sobreactuada.

Bella se le quedó mirando fijamente. Tantos miedos, tanta incertidumbre… tanta culpa, todo, absolutamente todo desapareció en el preciso instante en que su hija le miró con esos ojitos suyos.

Los ojos de Beth no sólo eran del mismo verde que los de él, sino que también lograban transmitir la misma intensidad, el mismo embrujo sobre Bella.

Elizabeth tenía unos enormes ojos, con unas tupidas y oscuras pestañas, pero la forma de sus ojos no era como los de Edward. Eran más grandes y más redondos, resaltando en aquel dulce rostro, pero sin dudas eran el rasgo más claro de la presencia de la sangre de Edward corriendo por las venas de Elizabeth.

Bella suspiró como lo solía hacer cada vez que al mirar a su razón de ser, recordaba a Edward, en un principio se sentía culpable por el goce que le generaba encontrar rasgos de él en ella, pero luego, con el pasar de los meses y años, la culpa fue reemplazada por resignación. Bella no tenía duda, Elizabeth era la mezcla perfecta de Edward y ella. Y nunca, por nada del mundo, cambiaria nada en su hija.

Luego del postre y de ser obligada a releerle por centésima vez "La cenicienta" Bella logró que Beth tomase su siesta. Le sacó sus zapatitos negros y la cubrió con una manta, la observó con atención antes de dejar entreabierta la puerta y seguir ordenando el desorden que Elizabeth dejó a su paso con sus juguetes.

Elizabeth tenía la manía de dejar sus cosas tiradas en los lugares más ingeniosos de la casa, podías encontrar sus muñecos: dentro del microondas, entre las plantas, dentro de la lavabadora, entre los sillones y una vez Jake encontró la muñeca de Lizzie dentro de su maletín medico, y la vergüenza fue cuando en vez de sacar su estetoscopio apareció con la muñeca en la mano.

Bella entró al pequeño despacho que Jake tenía en una habitación que él mismo se había encargado de organizar y ordenar, todo con la idea de estudiar y hoy en día, trabajar en casa cuando pudiese. Tal vez el dicho de que no es bueno llevar el trabajo a casa era aplicable en muchos casos, pero para la familia, con el horario de Jake, el estar aunque fuesen horas eternas encerrado en su despacho a tan sólo unos pasos de Lizzie y Bella, era sin dudas algo que había ayudado a cumplir su promesa de no volver a dejar de lado a su mujer a causa de la pasión que sentía por su profesión.

Bella comenzó a recoger el tiradero que Jake había dejado sobre su escritorio.

Sí, Beth era la que dejaba sus muñecos por los suelos, pero Jake era quien tenía la hecatombe de papeles, documentos y libros sobre su mesa. Un documento en particular captó su atención, una carta, una oferta de trabajo, pero no era una más como las que Jake estaba acostumbrado a recibir y rechazar de diversos hospitales o centros de estudio de diversas partes del globo. Bella releyó la dirección del remitente y repasó el nombre del hospital para creerse que no estaba confundida.

—¡Buh! —Ella dio un brinco cuando sintió las manos de Jacob en su cintura—Esta bien, soy feito pero ya deberías estar acostumbrada y no asustarte tanto—Bromeó.

Pero Bella no estaba para bromas, ella simplemente levantó la hoja de papel y se la enseño a Jake.

—Ah, eso—murmuró él mientras borraba su sonrisa y se alejaba un poco de ella.

—Sí, esto—dijo ella con cara de poker—¿Cuándo pensabas decirme que habías recibido una oferta de ese hospital?

—No tiene importancia… No vamos a volver, Bella. Estamos bien aquí tú lo has dicho ¿O acaso has cambiado de opinión?

—Esto no se trata de volver o no. Deberías haberme comentado, es una oferta muy buena, ni más ni menos que jefe del área de cirugía, Jake. Eso viene siendo un puesto más abajo que el director general del hospital… y no cualquier hospital, sino que uno de los mejores del país... ¿Ya hablaste con Carlisle?

—No, aún no le he llamado para agradecerle la oferta y rechazarla. —dijo dejando en claro el último punto— ¿Qué te molesta Bella? ¿Qué no te lo comentara o que decidiera solo? —preguntó molesto.

Bella caminó hacía él y tomó su rostro entre sus manos—No me agrada la idea de sentir que te estoy alejando de todo, que esta decisión es más por mí que por ti. Ya te alejé de tu familia y ahora te alejó de tus metas profesionales, sabes que esta oferta es una gran oportunidad, pero no dudaste en rechazarla por…—no le fue necesario nombrar—Jake, no puedo dejar de sentirme incómoda al pensar de que si yo… siento que te quito cosas, que te alejo de tus metas…

—No me has alejado de nada, cariño. Recuerda que fui yo quien se vino a estudiar acá—murmuró con dulzura.

Ella asintió—Sí, pero tus estudios se acabaron hace más de un año. Yo sé que decidiste quedarte aquí más por Beth y por mí, que por gusto propio… Odias el frío de Londres y detestas el acento inglés…

—Sí, tienes razón—comentó con una mueca— Tal vez no se me ha dado acostumbrarme tan bien como a ti, pero Lizzie es feliz aquí, tiene una vida tranquila, al igual que nosotros; Y sí, es una buena oferta, quizás la mejor que he recibido, pero no estoy dispuesto a ponerte en riesgo a ti o a mi hija por ambiciones personales, Bella. Ya no más… Primero está mi familia.

Se quedaron mirando unos instantes, Jake intentó trasmitirle seguridad y ella la recibió. Jake no mentía ni se sacrificaba. Él simplemente quería lo mejor para su familia.

—Gracias—dijo ella soltando el aire contenido en sus pulmones, Bella no quería volver; se puso en puntillas y besó los labios de su marido con dulzura unos instantes.

—¿Vamos por un helado? —inquirió él dando el tema por zanjado.

—Habrá que preguntarle a Lady Elizabeth—bromeó ella. Y Jake esbozó una verdadera mueca de horror.

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—¿Otra vez al Acuario? —Preguntó Jake a Bella, mientras la pequeña corría a unos pasos de ellos rumbo a la entrada principal del Acuario municipal.

Beth llevaba un elegante abrigo gris que le llegaba a media pierna, justo donde terminaba su vestido. Sus medias blancas contrastaban con sus zapatitos negros y la niña se sujetaba su boina mientras rebotaba en su lugar impaciente por la lentitud de sus padres.

Jake y Bella avanzaban tranquilamente cogidos de la mano, él con su vestimenta informal, solo sus elegantes pantalones y su camisa azul sin corbata y con las mangas dobladas hasta los codos y encima una gruesa chaqueta para el frío, pero aún así su fina estampa de médico era deducible.

Bella no desteñía a su lado, al contrario, sus largas piernas bajo los oscuros jeans se veían aún más estilizadas gracias a las botas en punta de alto tacón que calzaba, su abrigo a medio muslo color blanco invierno y su melena chocolate, que llegaba más debajo de sus hombros, le daban un toque elegante y sofisticado claramente envidiable. Y el guapo hombre que la tomaba de la mano lograba que más de una mujer al pasar le dedicara una mirada de envidia maliciosa.

Pero ella ya era inmune, porque sabía que más importante que cualquier apariencia era lo que las personas llevaban por dentro, la forma en que vivían su vida, y ella se sentía orgullosa de traer esas miradas sobre sí, porque sabía que ella tenía cosas que otros envidiarían, si bien no considerarse la mujer más feliz o afortunada del planeta era algo ridículo para ella, si sentía que tenía algo que otros no: Paz.

La paz que le brindaban las sonrisas de Jake y los ojos de su Beth.

—Ya sabes… es su lugar preferido, adora este lugar—Comentó distraída más preocupada de que Beth no se cayese entre tanto brinco que de explicarle a Jacob algo que él ya sabía.

—Con este ritmo ya deberían nombrarnos miembros ilustres del "London Aquarium". Lizzie se lo pasa más aquí que en casa... tal vez saldría más a cuenta instalar una carpa aquí afuera y mudarnos. —Creo que hablaré con administración, tal vez obtengamos una membresía al ser clientes frecuentes—bromeó ella. Y él le respondió con una sonrisa. Bella entendía porque su hija amaba tanto este lugar, Beth alucinaba pues se sentía como bajo del mar, igualito que la película de la Sirenita. El acuario municipal estaba ubicado a una poco distancia del London eye. El colosal recinto de tres plantas tenía algo así como trescientos cincuenta tanques con diversas especies marinas. Una vez dentro avanzas por unos pasillos iluminados tenuemente, si girabas la cabeza a izquierda o derecha encontrabas acuarios de diversas proporciones. Beth solía quedarse atónita y con la boca abierta observando los distintos colores de los peces, sonreía de oreja a oreja cada vez que algún espécimen se acercaba lo suficientemente al vidrio como para que ello lo pudiese observar con detalle. Cuando llegaban a la zona de los estanques de tiburones Bella se acercaba a su hija y le tomaba la mano. Jake las observaba unos pasos más atrás y se preguntaba ¿Quién trataba de tranquilizar a quién? Mientras las veía reír y mirarse un tanto asustadas cuando algún tiburón se acercaba o nadaba cerca de ellas. Jake se quedó mirando fijo a Bella, a su esposa. Lo años no habían pasado en vano para ella, estaba mil veces más radiante y más mujer. La maternidad le había regalado una mirada más calida y una actitud más madura. Ya no quedaban muchos rasgos de la niña de hace tres años atrás. Él también había cambiado y lo sabía, su forma de ver la vida, de enfrentarse al día a día, de sentir y su temperamento habían madurado. Miró de nuevo a su mujer, estaba tan hermosa pero… Todavía existían momentos en los que ella se iba, su cuerpo podía seguir allí, pero sin dudas su mente volaba lejos, a un lugar al que Jake nunca logra acceder. Él en un principio sintió celos y rabia, podría asegurar que ella pensaba en ese, pero con el pasar del tiempo ya no se sintió tan seguro al respecto. Los ojos ausentes de ella no daban paso a certeza alguna, no reflejaban emociones, Jake no sabía si ella estaba perdida en recuerdos felices o momentos dolorosos. Él no inquirió, no especuló, ni siquiera hizo mención alguna, respetó a desgano aquella privacidad, él confiaba en ella creía en su sinceridad y por lo mismo le brindaba su espacio. Luego del familiar recorrido de una hora los tres salieron del lugar, afuera ya estaba de noche y Lizzie ya dormía rendida en brazos de su padre con la cabeza en su gran hombro. Caminaron por las transitadas calles de Londres en un silencio cómodo. Una vez en casa Bella le arrebató a Beth y fue a acostarla, Jake las espió por la puerta entre abierta de la habitación de su hija. Vio con Bella le ponía el pijama y como la niña se dejaba hacer con los ojos cerrados, luego vio como Bella la arropaba y le besaba la frente y entonces ocurrió el milagro… Bella sonrió, no era una sonrisa normal, ni divertida, ni de risa devastadora, ni ninguna normal o antes vista por él. Era esa única sonrisa desde el corazón que sólo Elizabeth era capaz de obtener. Jake se alejó de la puerta y se dirigió a su despacho, sentado en la silla de su escritorio recordó la sonrisa de Bella, él quería una sonrisa así para él, pero por más esfuerzo y ganas nunca había logrado conseguirlo, pero no le importaba realmente, nunca sentiría envidia de su hija. La amaba, las amaba a las dos y no pondría sus vidas y su tranquilidad en juego jamás. Jacob descolgó el teléfono y marcó el sinfín de números para contactarse con Carlisle. Sería una corta conversación con alguien de ese pasado al cual él no estaba dispuesto a volver, sería un simple gracias pero no…. Pensó que este sería el no definitivo, la negación a volver, porque ellos no volverían…o eso creyó él.

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*13 de Marzo de 2009: Decisiones*

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Dejarás de odiarme— afirmó él— como yo dejaré de odiarte a ti… sólo hay que darle tiempo al tiempo… en unos años sólo seré un mal recuerdo—soltó una breve carcajada, seca y frustrada…

Dime que lo deseas… dime que deseas que te haga mía, que eso es lo que quieres…

Eres una pésima mentirosa—Dijo divertido. Su rostro cambió y se puso más serio de un momento a otro—Tú y yo estamos demasiado lejos del odio. —Dijo dulcemente acariciando mi mejilla con una de sus manos—¿Cómo siquiera piensas en seguir engañándote con eso? Anoche, todo entre nosotros quedó claro ¿no?

Que…—dijo él tomando aire—quiero que dejes a Jake y te vengas conmigo. Yo te quiero y sé que tú me quieres a mí… y quiero que estemos juntos—dijo veloz.

Lo que dices no es verdad, Bella. Tú me quieres…. tú sientes lo mismo que yo, lo sé, lo siento… No puedes sacarme de tu vida. —Habló desesperado…

Bella se sentó de un golpe en su cama cubriendo su boca con ambas manos para no gritar. Una pesadilla, sólo fue una pesadilla… una más a la lista de incontables pesadillas en las que ella revivía los momentos y las palabras de él.

Secó el sudor frió de su frente y su nuca, y volvió a recostarse. A su lado Jake dormía agotado, pero ella no consiguió conciliar el sueño con facilidad en horas.

A la mañana siguiente, aprovechando que era fin de semana, lo primero que hizo fue ir a casa de su amiga, vecina y confidente.

—Eso es absurdo, Charlotte. No puedo seguir así— musitó Bella desesperada mientras se dejaba caer sobre el sofá del living de su amiga.

Charlotte se acomodó a su lado y le acarició la espalda en señal de apoyo, mientras Bella se tapaba ambos ojos con una mano y luego la subía para acariciar su frente intentando mitigar el fuerte dolor de cabeza.

—¿Bella, sigues atormentándote con lo mismo? —preguntó en un lento murmullo.

Bella levantó la vista y la miró—¡Siento que mi cabeza va a explotar! Los recuerdos se filtran hasta en mis sueños. ¡Y lo más ridículo de todo es que no tiene sentido! No sé por qué sigo pensando en eso. Han pasado años… y no logro dejar de darle vueltas a la misma historia.

—Es lógico que pienses en eso. Es parte de tu vida, aquella historia fue lo que te trajo al día de hoy, te regaló a Lizzie… ¿Por qué te disgusta tanto recordarlo?—preguntó sacando su beta psicológica.

Bella la miró con suspicacia, consciente de que hablaba en parte con su amiga y... su doctora.

—Porque recuerdo cosas que en su momento olvidé—explicó—recuerdo esa noche… en la que estuvimos juntos. Charlotte, no me importaba nada—lo dijo como si fuese un crimen— Podía caerse en mundo, podía entrar Jake en ese instante y a mí no me importaba. Lo único en lo que lograba pensar era en la claridad que tenía que yo quería estar con él. Sabía que era una locura, el peor error de todos, sabía que permitir que pasase sólo traería dolor… pero…

—Tú lo amabas, Bella. Es normal que quisieras estar con él, el sentimiento era más fuerte que la razón—le recordó.

—Tal vez… no sé—murmuró poco convencida—El tiempo te hace ver las cosas de manera distinta, ya no lo veo como el villano de la historia, tampoco es que lo justifique, es sólo…

—¿Sólo qué?

—Yo sé que él no es un ejemplo de persona, dista mucho de ser alguien digno de seguir o admirar. Pero aún así, sabiendo el demonio que es, conociendo su historia… no dejo de pensar en… ¿recuerdas cuando te conté que se apareció el día de mi boda? —Charlotte asintió en silencio—Ese día él parecía hablar de verdad… no sé ¿Y si no mentía? Es decir, si no mentía del todo… yo sé que obviamente él no sentía lo mismo que yo, pero tal vez…—se mordió el labio al no saber como explicarse—¡No sé Charlotte! la verdad es que no sé que me pasa, no tengo idea de porqué no soy capaz de dejarlo atrás. En un comienzo pensaba que era por Beth, ella es el recordatorio más constante, pero luego…—Bella miró a su amiga.

Tenía la cabeza hecha un lío, sus pensamientos rodaban en diversas direcciones y ella no le encontraba el sentido a nada.

—Sé que ya es momento de seguir adelante, pero no puedo, ¡Sigo pensando en él! Y me siento culpable ¡Tengo esta maldita culpa en el pecho que no me deja vivir! —confesó con ojos acuosos.

Charlotte la acercó y la abrazó mientras Bella lloraba. —¿Culpa de qué exactamente? —ella sabía que era necesario presionarla, sabía que esta era la única forma de que Bella pudiese ordenar su vida y sus sentimientos.

Charlotte se había encargado en todos estos años de terapia de enseñarle a Bella que el expresar sus sentimientos, sus miedos y sus dudas en voz alta no era algo malo. Por el contrario, nadie era lo suficientemente autosuficiente como para cargar con el peso del mundo. Y no era una debilidad mostrarte vulnerable. Así fue como Bella aprendió el valor de un buen llanto.

—Me siento culpable de… no contarle a Edward sobre su hija—dijo con una lágrima en sus ojos—cuando la miro pienso que algún día ella me lo echará en cara. Sé que él tenía todo el derecho a saber, pero yo estaba tan herida, tan humillada y tan ciega de miedo y dolor que sólo lo intenté una vez…

—¿Cuándo lo encontraste con esa mujer?

—Sí. Fui muy egoísta. Pensé en mí, en lo mal que me sentí al verlo con otra…pero eso no lo hace un mal padre—dijo lo último en tono de pregunta.

—Bella, es normal tener miedo y que este temor nos lleve a cometer errores cuando intentamos protegernos de lo que nos hace daño.

—Pero no tiene caso. ¡Ya es momento de seguir adelante! Pero a veces todos mis argumentos se convierten en excusas baratas... no sabes cuanto desearía que las cosas fuesen más simples…

—Tú sabes lo que tienes que hacer para desenredar las cosas…

—No—la interrumpió con pánico sabiendo a lo que se refería—No puedo y lo sabes… lo que tengo que hacer es seguir adelante, llegó el momento de dejar todo atrás… Tengo que enfocarme en lo que es importante, Elizabeth, ella es todo lo que me importa. De todas formas se que lograré manejarlo —sentenció segura.

—¿Y Jake? —inquirió con suspicacia. Bella se envaró y la miró con recelo.

—¿Jake, qué?

—Dices que lo importante es Lizzie. ¿Pero dónde queda Jake?

—¿Dónde más? —preguntó molesta al no saber donde quería llegar su amiga—Jacob es mi esposo, somos una familia. Ese es su lugar—explicó con obviedad.

Charlotte suspiró, Bella le haba dado el argumento justo para tocar un tema que tenía entre ceja y ceja hace días.

—No me refería a eso, Bella. Sé que Jacob es el "Padre" de Lizzie, tu esposo y el jefe de familia y por supuesto tú amigo… ¿Pero es tu amante?

Bella se sintió ofendida y avergonzada, si bien entre ellas no había secretos, este tipo de encerronas siempre la hacían sentir demasiado vulnerable, sabía que debía contestar pero no quería, porque la verdad sólo sería usada en su contra.

—Si te refieres a que si tengo sexo con Jacob… pues sí—afirmó escuetamente y con la cara ardiendo.

Charlotte negó con la cabeza. Y miró a su amiga con cierta pena pensando bien lo que iba a decir.

—¿Eso significa la palabra amante para ti? —Bella asintió tenuemente—Pues no, Bella. Yo no me refería sólo al sexo, que si bien es importante no es lo que define un amante, un amor…—dijo acercándose más a ella— ¿Hace cuanto que no sientes, fuego, pasión? ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste desesperada, que la sangre te ardía, necesitada de alguien, de un beso, de un abrazo o una caricia? ¿Bella, cuándo fue el último encuentro en que tuviste un orgasmo? —Bella se puso roja y Charlotte decidió ser un poco menos directa—Cariño… ¿Hace cuanto que no te sientes realmente completa? ¿Desde cuando hace que tu corazón dejó de latir?

Bella no se atrevió a responder, clavó la vista en sus manos sobre su regazo mientras la seguidilla de imágenes le daba la respuesta… Edward, simple y únicamente todo se explicaba con Edward.

—Eso no viene al caso—intentó escapar por la tangente.

—¿Por qué? —preguntó Charlotte, ella detestaba tener que morderse la lengua y darle sus buenos coscorrones a Bella para que entendiese. Pero ante todo, su profesión le había enseñado que camino tomar para lograr que las personas sacasen sus conclusiones por si mismas.

—Charlotte—dijo con voz cansada, muchas veces había explicado lo mismo—Después de todo… lo menos importante en mi vida es eso de la pasión y esas cosas amorosas… Ya soy una mujer más madura y puedo ver que… bueno, hay cosas más importantes que el fuego y el deseo. Una vez me cegué por eso… y aún lo estoy pagando—dijo más molesta consigo mismo que con su amiga.

—Bella es normal que sientas… no eres un iceberg—murmuró en tono de maternal reproche mientras acariciaba sus cabellos.

Siguieron conversando casi una hora más, dándole vueltas a lo mismo, pero sin llegar a ningún lado. Bella era demasiado terca y estaba demasiado cerrada como para aceptar lo que Charlotte intentaba hacerle ver.

Pese a que Charlotte adoraba a Jake, no dejaba de ver la realidad de aquella relación. Si bien había un gran y fuerte compañerismo y unas enormes ganas de seguir adelante y lograr ser felices, no había amor, bueno sí, era obvio que se adoraban y que eran una pareja estable, pero Charlotte veía más allá, veía la ausencia de pasión y fuego en sus miradas. Y eso para ella era una clara señal de que las cosas no estaban como debían desde hace tiempo.

Bella no se daba cuenta, porque ella simplemente había dejado de sentir cuando se percató de que su corazón se había roto, le asombraba que pese a todo, lo único que la hacía sentir era Beth. Ella lo atribuía a que su pequeña había llegado luego del caos, eso la hacía una personita limpia y pura de tanta maldad y rencor.

Por otro lado, para Bella todo aquello de lujuria y esas cosas, estaban casi prohibidas, se había auto-condenado y convencido a si misma de que no podía aspirar a nada, simplemente debía ser agradecida de lo que recibía, y en ese punto Jake siempre fue y ha sido más que generoso.

Luego de un rato, cuando Bella se sintió por fin algo más tranquila se despidió de su amiga y volvió a su departamento.

Entró de manera silenciosa, aún perdida en su confusión. Cuando llegó a la sala le extrañó el silencio que reinaba el ambiente

—¿Beth? —preguntó sin obtener respuesta.

Avanzó directo a la habitación de su hija pero nada… vacía

—¿Jake? —gritó más alto y más alarmada mientras se dirigía al dormitorio principal.

Abrió la puerta de un golpe y la imagen que tuvo frente a ella le asombró.

Primero sintió alivio al ver a su pequeña y a Jake juntos sobre la cama, sólo Dios sabía las mil y un circunstancias trágicas que pasaron por su mente en cosa de segundos. Pero luego cuando el alivio dio paso a la observación no logró entender que sucedía.

Jake estaba sentado sobre la cama, con la vista perdida en algún punto del paisaje que exponía el ventanal de la habitación. En una de sus manos reposaba el teléfono inalámbrico sobre su muslo izquierdo y sobre el derecho estaba recostada la cabecita de Elizabeth mientras él le acariciaba su larga cabellera de manera ausente.

—¿Qué pasó? — preguntó alarmada, conciente de que la respuesta no sería buena.

Lizzie abrió los ojitos y miró a su mami con tristeza, lentamente se levantó y gateando por la cama se acercó hasta Bella.

—Men —murmuró bajito mientras estiraba su manito para que su madre la tomase.

Bella se dejó guiar y al llegar hasta Jacob se acomodó a su lado. Beth, como si entendiese la situación se quedó a una pequeña distancia de sus padres.

—¿Qué sucede? —preguntó mientras tomaba el rostro de Jake entre sus manos y le obligaba a mirarla.

Jacob la miró en silencio por minutos que le parecieron horas antes reencontrar su voz y poder hablar.

—Billy…—susurró mientras Bella abría los ojos imaginándose lo peor—Sufrió un infarto…—terminó con voz ahogada.

Bella de un impulso se lanzó sobre él y lo abrazó.

—¿Él…—no se atrevió a terminar la pregunta.

—Sobrevivió… pero esta grave—respondió al entender.

Bella se alejó de él lo suficiente como para mirarle a los ojos directamente. Tomó una gran bocanada de aire para darse valor.

—¿Cuando viajamos? —preguntó con la seguridad que le daba el saber que estaba haciendo lo correcto. Más allá de sus miedos y sus errores, más allá de cualquier culpa ella tenía en claro que había cosas más importantes. Y esta sin duda era una de esas.

Jacob la miró confuso y a su lado Lizzie permanecía en completo silencio.

—Bella… yo… tú… no—balbuceó mientras negaba con la cabeza.

—No, Jake. Nosotras vamos a ir a donde tú vayas… así que ¿Cuándo viajamos a Estados Unidos? —habló con una voz de mando imposible de refutar.

Elizabeth al escuchar el nombre del país natal de sus padres, comenzó a dar pequeños brinquitos sobre la cama, su inocencia y desentendimiento del asunto solo la hacía consciente de que por fin vería a sus tíos, a sus tías y a sus abuelos en persona. Para ella era un simple y entretenido paseo. Pero para sus padres era el retorno en primera clase a todos sus miedos.


Haber que les parecio xD Son las mejores, adelantos en el blog lueguito..

Besotes