El destello de sus ojos dorados.

¿Qué es lo que has decidido hacer, Kagome?

Se preguntó. Y es que aún no tenía claras sus ideas, lo que sí sabía, era que estaba enamorada, estaba ansiosa por verlo, pero no quería pensar que ella no hacía nada por ganarse algo más que una experiencia pasajera con él.

Y si yo tratara de ser su...

Pensó en ganarse su amistad, era lo que le parecía más viable... Pero no era lo que quería. Al contrario, sus deseos de estar cerca de él eran diferentes, ¿no sólo hablaba de cuidarlo y atenderlo, cierto? Como su enfermera ella había tenido oportunidades de acercarse, pero cada día él mejoraba su estado de salud, así que ella sería menos requerida, y su relación con ella, ¿daría algún otro giro? Otro que le permitiera estar más junto a él, a su rostro… a sus manos… a sus… "¡Nada, a sus nada!"

No tiene que ver con su carácter, sino más bien, creo que yo no podría ser su amiga. Aunque serlo me acercaría a él, no creo que la pase bien con esto que siento y anhelo cuando estoy cerca désta.

Sango estaría muy de acuerdo con ella, su amiga quizás le diría que se estaba conformando con muy poco al querer ser su amiga, pero no era así, a pesar de que reconocía que su decisión no era la mejor, sí lo era por ahora. Ella trataría de ganarse un lugar en su corazón... Y si lo pensaba, convertirse en su amiga ya era en realidad una hazaña... El solo imaginar que podría tener encuentros más casuales con él, le bastaba para ilusionarse.


En la casa Taisho…

–Joven Sesshomaru, le informo que su madre, es decir la señora Irazue aterrizará en unas horas…. –avisó el ancianito Yaken al peliplata.

– ¿Hoy? –éste le miró apenas, con una inexpresiva mirada. Se le había informado de la llegada de su madre, pero de hecho venía muy "retrasada", ¿no tendría que estar desde hace días en Tokio…?

–Sí. Más tarde joven, si me permite yo mismo iré con el chofer para traerla aquí… aunque… –empezó a reflexionar.

–Mi madre no aceptará quedarse en esta casa. –completó, ya algo deseoso de que se marchara.

–Lo sé, de todas formas creo que iré… Lo más probable es que ella quiera verlo a usted, y sus avances… Por cierto, joven Sesshomaru recuerde su rutina de…

–Yaken. Ya vete.

– ¡Ay, pero señor no se vaya a enojar, por favor!

Hump. ¿Cómo quería que no se enojara ese estúpido? Le miró con fastidió.

– ¡Ya me voy!, pero por favor recuerde sus ejercicios… ¡Es por su bien, señor!

En Yaken ninguna de esas palabras sonaba bien. Y obviamente ese era el problema. Ya había descubierto que, de hecho, odiaba cómo era dicho por él o alguno de sus sirvientes. Ahora la única que podía darle verdadero sentido a esas palabras, era ella… Pero…

Ya estaba pensando demasiado en su enfermera, para este punto se le hacía insoportable no solo la presencia de ciertos personajes, sino su ausencia, no se sentía nada bien en todo el día, y eso definitivamente era un mal síntoma, ¿Qué le había hecho ella... para que quisiera escuchar su voz… y para que deseara tanto verla…? ¿En verdad, estaba sintiendo lo que creía…?

–Fuera. –ordenó mortíferamente a Yaken.

Una vez cerrada la puerta el anciano soltó un enorme suspiro. –Ay, cada vez que entro debo salir de prisa… –pensaba con ojos entrecerrados cansinamente. Si sigo así, una de estas mañanas me infartaré…

–Eso es lo que te ganas. Mira que te encanta que Sesshomaru te odie.

–No digas tonterías Inuyasha. Lo que pasa es que no le gusta que le recuerde sus ejercicios. No sé por qué.

–Ya te lo había dicho. Será mejor que seas precavido anciano, cada vez será peor.

–… Aunque ya Kagome debe estar por llegar… –meditó mientras caminaba. Si no se equivocaba, que era lo más seguro, la influencia de su amiga pelinegra le hacía muy bien a su hermano… Más bien del que él estaba dispuesto a aceptar.

.

.

. Horas después…

–Está bien, sí, sí, ahí estaré…

Sesshomaru volvía del jardín cuando encontró en la sala a Inuyasha, estaba hablando por teléfono.

–Sí, no hay problema ya lo dije. No te pongas molesta, quieres… –el mayor alzó una ceja, ¿con quién hablaba Inuyasha?

– ¡Voy para allá!

–Inuyasha. –llamó por fin ante tal "escandalosa conversación"

El ambarino menor se volteó. –Sesshomaru, ¿qué haces ahí?, bueno, mejor no me respondas. –como respuesta el peliplata endureció levemente su mirada y la dirigió al celular en la oreja. Inuyasha entendió.

–Descuida, Sesshomaru. Tengo que salir.

– ¿A la hora de la cena?... ella está por llegar…

– ¿Ella?, ¿te refieres a tu madre?, tranquilo, no es como que mi presencia sea necesaria para ella. –empezó a caminar. –Hasta más tarde.

–Inuyasha –llamó sin conseguir que se detuviera, sin hacer caso el menor salió por la puerta principal. ¿Qué se tramaba?

Salir de prisa al aeropuerto. No era otra cosa que ir por ella, se dijo Inuyasha, mejor dicho por ellas, ¿se refería a Kagome, Sango y la pequeña Rin?, claro, ¿a quién más podría ir a ver?

Ya en el Haneda Airport suspiró, recostado en su auto. Cómo se tardaban. Tanto que le gustaba a él esperar, nótese el sarcasmo, pero para su amiga pelinegra eso parecía ser una de sus mejores costumbres… –Pero qué bueno que ya está aquí…

Sus pensamientos junto con aquella pequeña sonrisa se vieron sustituidos cuando a lo lejos, en una de las puertas logró vislumbrar parte de una ondeante cabellera negra, pero su posible dueña no era Kagome, pues Inuyasha pensó en alguien más. Mas bien, ahora que veía el rostro de aquella mujer sabía que no se había equivocado… Y junto a ella iba la llamativa mujer de cabellos plateados, madre de su hermanastro.

– ¿Qué no es el joven Inuyasha, hermana?

–Si Rin, es él. Vamos a llamarlo. ¡Inuyasha!

– ¿Kagome? –el ambarino apartó su vista y se giró a encontrarse con sus amigas, algo sonrientes. Tal parecía que sí les había sentado bien el viaje. ¿Por qué aquellas sonrisas de tontas en sus caras? –Bienvenidas. Espero que me hayan traído algún obsequio, de lo contrario no volveré a buscarlas.

–Sí, sí, está bien. –afirmó la pelinegra mientras introducía en el auto las valijas.

–Gracias por venir, Inuyasha. Tambien te extrañamos. –agradeció la castaña.

–Joven Inuyasha, Rin le recordó en el viaje, y también le traje algo de comer que le gustará.

El peliplata cómicamente apartó su cara a un lado… –¡¿Qué tantos agradecimientos me están dando?!... No era para tanto quieren. Mejor súbanse de una vez… a menos que… quieran comer algo.

– ¿En serio?, muchas gracias, supongo que no podemos rechazar tu ofrecimiento. ¿Pero, qué no tienes prisa? , porque si es así...

–Bueno..., se suponía que debía estar en casa para cenar, pero no importa, avisé que no llegaría.

–Pues qué esperamos, vayamos a comer. –exclamó Sango muy animada.

Cenaron algo sencillo, y aunque seguramente a su hermano no le agradaría el que no llegó nunca a casa, era mejor así. Probablemente Yaken tenía razón e Irazue querría ver a Sesshomaru lo más pronto posible, y él no tenía qué, ni quería estar presente; o más acertado aún: No sentía que debiera cruzar camino con la madre de su hermanastro, a pesar de que sabía que Sesshomaru no pensaba como ella respecto al accidente, igual y lo mejor era ahorrarse esa incomodidad.

–Bien, Inuyasha, aún es temprano, después de que nos recibiste y nos invitaste a comer no es necesario que nos lleves a la casa. Puedes irte…

– ¿De qué hablas? No pienso abandonarlas aquí…

–Pero si no nos estás abandonando, estamos muy cerca de…

–Ni hablar, ya las traje hasta aquí así que haré el trabajo completo.

Kagome le miró –Pero, ya has hecho suficiente, será mejor que vayas con el joven Sesshomaru… –la chica bajó su mirada ante su imprudencia… Sus amigos le miraron por lo dicho… –Es decir, lo digo porque no fuiste a cenar en tu casa, solo es por eso.

Ante su declaración ambos amigos cruzaron sus miradas, tal vez su amiga tenía razón, pero lo cierto era que no podían equivocarse en sus suposiciones respecto a sus sentimientos. –Hump. No creo que Sesshomaru se vaya a enojar por eso, es más, te apuesto a que será todo lo contrario…

– ¿A qué te refieres con eso…? –le preguntó confundida la azabache, al tiempo en que le veía rodear el auto. Ella tambien entró en el asiento delantero… –Inuyasha.

–No importa, tonta. Ya te dije, le haré un favor a Sesshomaru, en pocas palabras creo que le arreglaré este día…

– ¿Pero… cómo lo haras…? –desconcertada como estaba, presintió que algo nada bueno se aproximaba tras las palabras de su amigo…

–Iremos a verlo, tú misma lo comprobarás con tus propios ojos.

Kagome no quiso prestarle atención a la emoción en su pecho, pero sus ojos adquirieron aquel extraño brillo mientras encaró a su amigo… ¿Tan pronto en Casa Taisho?... –Espera, ¿pero qué dices?, es muy tarde para ir a tu casa, ni siquiera he llegado en mi propia casa, necesito un baño, ¿crees que puedo ir así como estoy?

¿Mm? –la chica de cabellos cafés se preguntó qué tramaba su amigo ambarino.

–Hump. –Inuyasha volteó a verla. –Tú aún no entiendes Kagome… Me refiero a ti… –volteó su vista al frente. –Además, así te ves bien.

Evidentemente ella no se daba cuenta. Pero Sango supo de inmediato que Inuyasha también algo sabía de los sentimientos de su amiga… o de lo contrario… ¿Por qué estaría haciendo eso?

¿Qué era lo que pasaba con Inuyasha? ¿Por qué se empeñaba en llevarla con su hermano tan pronto? Y... ¿no es eso lo que quiero…? , vale, sí era lo que quería, de hecho, hasta ahora había podido controlar lo que le pedía su corazón, toda ella quería entrar a la casa Taisho, entrar a su habitación y verlo. Pero no, y si le hiciera caso a todo lo que se le antojara hacer, otra sería la historia. Había decidido descansar y mañana iniciar una nueva etapa, pensaba que era mejor así, y ahora... estaba tan cerca de verlo de nuevo, aunque de forma inesperada.

Después de tanto tiempo viéndolo, los nervios no estaban latentes en ella, solo aquella enorme sensación de, cuando se extraña tanto a una persona.

Cuando esté frente a él, no sabré lo que haré…

.

.

.

Un abrigo largo y blanco de cuello ancho y bonotes negros en su parte delantera, pantalones ceñidos negros y botas de tacón. Su cabello suelto estaba algo despeinado, y a pesar de que ese estilo le sentaba bien, seguía sin percatarse de ello.

En la casa Taisho, Sesshomaru pudo notar y distinguir la llegada de un auto, mas no fue acertado de su parte creerquién llegaría en el. Pero en seguida los golpes en su habitación le confirmaron sus sospechas. Había llegado su madre.

–Joven Sesshomaru, le informo que ya esta aquí su–

–Ya lo sé. –interrumpió. –Dile que estoy dormido.

– ¿Qué?, pero...

–Dile eso, será suficiente. –dijo mientras acomodaba a un lado el libro que leía.

– ¿Pero no quería que le avisara cuando llegara el...–

–Hazlo. Que venga mañana, con gusto la veré. –antes de que el anciano pudiera protestar se acomodó más en su cama, claro mensaje de que ya no saldría, en realidad prefería dormir. No era por su madre, pero no tenia ánimos para verla. No después de saber que ella le había estado metiendo cosas a Inuyasha en la cabeza después de su accidente.

–Pero si es… el tonto de Inuyasha el que llegó. –se quejaba para él mismo Yaken mientras bajaba las escaleras. ¿Por qué ese joven nunca lo escuchaba?

La puerta principal se abrió dejando pasar a Inuyasha, junto a las recién llegadas –Yaken. ¿Dónde está Sesshomaru?, ¿ya vino su madre?

–Pues no ha llegado la señora Irazue, y déjame decirte que el joven ya se durmió. –le recalcó con su chillona voz –Tal parece que no quiere ver a nadie… ni siquiera a su madre.

La pequeña Rin, nueva en la casa, admiró rápidamente, y al escuchar que su hermana no podría ver al joven subió su vista a ella que le tomaba de la mano –Qué lastima…

–Eso no me sorprende, pero no creo que ya esté yo no lo juzgaría eh… con semejante madre… –dijo lo último más bajo, pero fue escuchado.

– ¡Inuyasha!, ¡¿qué quieres decir con eso?! El joven Sesshomaru no es como tú, y la señora Irazue es una madre muy admirable… –regañaba el enano mientras se alejaba a la cocina. Inuyasha ya era un caso perdido.

–Ese señor es muy chistoso. Creo que me caería bien… –rio infantilmente la pequeña, solo ella podía decir una cosa como esa. Pero quién sabe, a lo mejor tenía razón. Una gotita cayó por la cabeza de la pelinegra que miró a Inuyasha empezar a subir las escaleras.

–Oye Inuyasha, compórtate.

–Mejor ven… ¿Qué esperas, no vas a subir? –volvió a bajar las escaleras…

–Pero, si es que el joven está…

No fue escuchada. ¿Por qué nadie la escuchaba? Suspiró con algo de enojo por eso. No estaba segura si entrar así a la habitación de su paciente. Si estaba dormido no era correcto hacerlo, pero Inuyasha había insistido hasta el punto de llevarla hasta la puerta de la habitación. Sin más que hacer giró la perilla para abrir la puerta, encontró la luz encendida, lo que le facilitó la vista, sólo para descubrir que al parecer el ambarino al que buscaba...

Está dormido…

Al menos así se ve… Todo en su habitación parecía estar exactamente igual, y ahora que estaba ahí sentía como si no habían pasado jamás esos días que estuvo alejada.

Al acercarse a la cama se sintió insegura, sumado a la opresión que se instaló de pronto en su estómago, había tanta calidez en su pecho ahora, que esa sensación calurosa casi le saca una sonrisa de felicidad. Además, en esta ocasión, a diferencia de las demás, no habría forma de que él supiera de su presencia, pero así estuviera dormido, pensó, era él quien estaba acostado soñando a metros de distancia de ella. ¿Por qué una oportunidad tan maravillosa no podía ser aprovechada?

Se sintió tan mal de no poder estar con él a plenitud… ¿Pero qué cosas decía?... Ella estaba ahí. Más bien, sonrió mientras terminaba de acercarse a su lado para admirarlo tan cerca. Era la segunda vez que lo veía de esa forma, pero esta vez el sentimiento en su corazón y mente hicieron de ese momento más dichoso.

Mordió levemente su labio inferior.

Joven Sesshomaru… no sabe cuánto lo extrañé… –incluso en su mente esa frase sonó llena de ternura, cariño, felicidad… amor.

Llevó su mano izquierda cerca del rostro de él, apenas se atrevió a rozar su mejilla, dirigió su vista a su brazo, qué bueno, ahora sin yeso se veía mucho mejor. Colocó su mano sobre la suya ahora más libre. Si no se equivocaba él había estado haciendo sus ejercicios con pesas, tal y como correspondía, bueno, ahora que ella estaba ahí eso no sería problema. Claro que se encargaría de él. Con toda su dedicación estaba más que decidida a ayudarlo con eso, aprovecharía el tiempo que tenía, lo disfrutaría y… de alguna forma transmitiría aquella entrega a los ojos de su paciente.

Sonrió ante sus pensamientos. No cabía duda que se hicieron cortos y largos los días que no había estado ahí. Entonces se preguntó… ¿Me habrá extrañado de alguna forma…? , -si ella supiera, ¿Me verá con buenos ojos…? digo, supongo que no he cometido faltas en todo este tiempo…

En medio de sus pensamientos no se dio de cuenta que había acomodado su mano debajo de la del peliplata. Y fue entonces cuando algo de rojo acudió a su cara. Pestañeó varias veces.

Era tan tibio debajo de la mano de Sesshomaru, cubría casi por completo la suya, un contacto especial que hacía que todo su cuerpo y mente se tensaran y se relajaran a la vez. Pero ya era suficiente. Lo menos que quería era ser descubierta, así que levantó desde su brazo con intenciones de retirar lentamente la mano. Mas cual fue su asombro al ver como la mano sobre ésta se cerraba apresando la suya.

Joven. No me haga esto. –pensó mientras rogaba que él desasiera la opresión.

Si bien estaba dormido, ¿por qué podía ejercer presión en su mano? Era así, su mano estaba siendo sujetada insistentemente pero además con cierta ternura. Más rojo cubrió sus mejillas. ¿Y ahora qué?

Intentó sacar fuerzas de donde no sabe para intentar alar su mano, y aunque podía sacarla así los dedos largos y finos de aquella cálida mano se deslizaron sobre los suyos como pidiéndole que no la dejara. Pero pensar eso era absurdo e imposible ¿no?... Respiró profundo sin deseos de soltarse realmente, pero sacó sus dedos y finalmente atinó a poner su mano sobre la suya, para después retirarla. Miró su mano y casi la lleva a su pecho, como si hubiera sido testigo de algo extraordinario y hermoso.

Creo… que ya debería salir.

Esperaba que la sonrisa de tonta que seguramente llevaba no fuera de sospecha para sus curiosos amigos. Al salir la esperaban en la sala. Pero además había alguien más…

Una voz nada familiar se dejó escuchar, era la voz de una mujer…

–Señora…

Quedó justo en la cima de las escaleras cuando la voz chillona de Yaken hacía una bienvenida a: Una mujer que nunca había visto, pero esa mujer de cabello blanco, era realmente hermosa…y se parecía a…

–Pero es que el joven Sesshomaru ya se durmió…

– ¿Ya se durmió? –eso pareció desconcertarla, pues en su rostro, que parecía de porcelana, no mostraba precisamente haber molestia... –Sería muy grosero de su parte si me hiciera esto a mí…

Kagome procuró no tomarle importancia a sus palabras, y fue algo fácil cuando los brillantes ojos de la mujer voltearon y se fijaron justo en ella que bajaba lentamente las escaleras. Kagome no pudo evitar que su rostro mostrara duda por la identidad de la mujer. O al menos Irazue pudo saberlo, pero de igual forma la ambarina también correspondía con eso.

–Y… ¿Quién eres tú? –le preguntó directa la ambarina. La azabache vaciló antes de contestar.

–Am, soy Kagome, Kagome Higurashi.

–… Higurashi, ya veo, eres…

–Kagome también estaba de viaje. –intervino Inuyasha buscando desviar la atención –Y dime, ¿pudiste comprobar que Sesshomaru está dormido, Kagome?

–Eh, pues sí… Completamente dormido. –aseguró mirándole.

–Con que así son las cosas… Qué hijo tan desagradecido tengo… –expresó su queja mientras inclinaba levemente con fingido pesar su rostro hacia su hombro izquierdo.

–Señora Irazue… –habló una segunda mujer que Kagome desconocía. Lo extraño fue que la atención general pareció recaer en la mujer de cabellos negros –no exagere, no creo que su hijo lo haya hecho con esas intenciones…

– ¿Por qué pensaría eso?, ya lo conoces bien… –le miró aun con ojos "tristes"

–Aun así señora Irazue… Creo que debe comprenderlo, debe estar agotado… ¿No es así, Inuyasha?

La respuesta del ambarino demoró unos segundos, para Kagome él parecía embelesado, la azabache dirigió su atención a aquella mujer, era una joven de una edad no muy superior a la suya, era de piel blanca y su cabello era más largo que el suyo, incluso era más liso. Muy bonita, pero… ¿habría algo entre ella y su amigo…? O más bien… ¿Quién era ella?

–Tienes razón… Kikyo.

–Bueno, siendo así creo que lo mejor es irnos de esta casa.

–Estoy de acuerdo con usted…

–Pe–pe–pero… –las peticiones del anciano Yaken no fueron logradas. Pues la mujer de cabello blanco era tan…

Se parecía… Se parecía mucho al joven Sesshomaru… Pero no debe extrañarme, porque ella es… su madre…

Kagome se echó plácidamente en su cama. Se había dado un baño… el poco tiempo que llevaba de vuelta había sido sencillamente bueno. Incluso lo que pareció ser incomodo con la señora Irazue… Después de todo era solo la madre de su paciente. Sonrió ante eso, el nombre de "Irazue" lo había malinterpretado tiempo atrás. Qué tonta había sido al pensar en cosas que no eran. Pero no lo había podido evitar, su mente hubo volado aquella vez que la escuchó nombrar.


–Esa mujer que es la enfermera de mi hijo…

– ¿Mm... Higurashi? ¿Sucedió algo con ella? –la pelinegra desvió su atención de la taza de té que estaba sirviendo hasta la hermosa ambarina al otro lado de la estancia.

–No… Sin embargo… –Irazue se acercó a su ventana, la luna llena en el cielo era fácilmente vista desde ahí, tal y como le gustaba.. –Es de apariencia sencilla, pero he podido ver algo en sus ojos…

– ¿A qué se refiere…?

La de ojos dorados fijó su vista hacia ella. Evidentemente Kikyo no le había prestado atención a la jovencita, esa era una de las diferencias entre ella y su prima Abi, pues esta última hubiese orientado toda su observación a la chica que ungía de enfermera de Sesshomaru, solo por el hecho de que era quien pasaba el tiempo con él; porque sí, Irazue conocía el singular interés de su asistente por su hijo, no lo desaprobaba pero tampoco le entusiasmaba, a decir verdad le gustaba más como empleada. Pero ahora otra mujer era objeto de su curiosidad, Higurashi, aún recordaba, en ese momento los ojos achocolatados mostraron tanta ingenuidad y su dueña no fue consciente. Había descubierto una mezcla de cualidades en esa jovencita, que para ser la enfermera de su hijo, resultaba una hazaña extraña y hasta conveniente. Casi podría pensar que esa mujer representaba un riesgo para su hijo, un evento como planeado, claro, eso lo pensaría con más razón si su hijo no fuera tan terco, como sabía que era.

–Nada… –pero quién sabe. A lo mejor y terminara llevándose una sorpresa.


–Ay, ¡es un nuevo día! –expresó con gran emoción mientras se estiraba deshasiéndose fácilmente del sueño.

–Hermana, te levantaste con mucho ánimo.

La pelinegra la miró. Era cierto, Rin tenía razón, pero cómo no estarlo, había extrañado tanto su trabajo. Bueno si lo decía así no sonaba normal, pero sí le emocionaba de sobre manera la idea de ir a casa Taisho.

Sobre su linda blusa llevaba una chaqueta de lana, usaba botas y el cabello por fin suelto. ¿Cómo la recibiría el joven Sesshomaru?... ¿Amanecería de buen humor?

–Buenos días, Kagome.

–Muy buenos días señor Mioga. Me preguntaba…

–Sí, pasa adelante. La vieja Shoga está esperando por ti.

No parecía que había estado ahí la noche anterior. Admiró las escaleras por las que debía subir al pasar frente a ellas.

–Pareces muy contenta… ¡Ay, esa es la magia de la juventud!, así es como te debes mantener. –la señora Shoga tal vez tenía razón ¿no?

¿Magia de la juventud…? Me pregunto si eso es lo que me pasa… Supongo que durante esta etapa es normal ser sorprendida por cosas nuevas… Y… por sentimientos nuevos.

Tocó la puerta, por alguna razón no sintió respuesta de su paciente. Cuando se disponía a tocar por segunda vez el ancianito al que por cierto no había extrañado, la interrumpió.

–No es necesario que tú le des el desayuno al señor, permíteme a mí.

No le había dado tiempo de responderle. Aunque lo que más quería era dárselo ella, supuso que con los días de ausencia Yaken se había acostumbrado a aquella tarea. Algo contrariada y desanimada se alejó y dejó que el gruñón ese hiciera sutrabajo.

Había dado algunos pasos cuando escuchó la puerta cerrarse. No importaba, igual lo vería… tal y como la noche anterior lo había hecho… el recuerdo le hizo mostrar una pequeña sonrisa.

–Niña Kagome, pensé que estarías llevándole la medicina al señor Sesshomaru, ¿tan pronto de vuelta?

La pelinegra miró a la señora Shoga –Lo que pasa es que el señor Yaken se adelantó y ahorita él está…

Pero se sorprendió, callando sus palabras cuando el muy anciano entraba a la cocina. ¿Tan pronto de vuelta?

–Shoga, el señor apenas y se levantó, no quiere que lo molesten así que debes subirle el desayuno en unos momentos ¿entendiste?…

– ¿Pero y por qué es que no se lo dejó de una vez…? –le preguntó la azabache, era extraño que hubiera vuelto con todo y bandeja.

–No tengo por qué responderte eso, pero… –Yaken meditó unos momentos con ojos entre cerrados –Esos son los deseos del señor y yo me limito a cumplirlo…

Sin más, el ancianito salió de la cocina como huyendo.

– ¿Y eso por qué fue?, me parece un poco raro.

–Bueno, a juzgar por la cara de Yaken y su rapidez, yo diría que el señor Sesshomaru está de muy mal humor… –la chica miró al señor Mioga algo intrigada por lo que dijo –Creo que lo echó de la habitación, otra vez.

Al parecer el joven Sesshomaru no ha estado muy bien últimamente. Será por eso que Inuyasha me lo dijo…

Ambos señores parecían algo divertidos por la mala suerte del señor Yaken. ¿Tan mal lo había tratado?

–Es que ha sido muy gracioso. Aun así Yaken ha soportado todos los rechazos del joven, yo he insistido en ayudarlo pero es muy terco. –dijo finalizando Mioga.

–Bueno… –meditó la pelinegra buscando para hacerse una idea de aquel trato al que se referían y si realmente podía justificarse. Pues claro, a simple vista se notaba el afecto que el anciano le tenía al peliplata, es más, podía incluso deberse a un eterno agradecimiento que quisiera hacerle. El caso es que Yaken era en verdad persistente cuando se trataba del joven, y tomando en cuenta que no tenía familia, seguramente para él el joven ambarino era como un muy estimado hijo.

– ¿Qué esperas niña?, pues sube ahora a llevarle el desayuno al joven Sesshomaru… –fue llamada repentinamente por la anciana Shoga.

– ¿Yo? Ah sí, claro, ya voy, iré enseguida. –dijo casi tan atropelladamente que no dudaba haber llamado mucho la atención de los ancianos presentes… Tomó en medio de sus palabras la bandeja y se dirigió al segundo piso. Kagome presentaba un verdadero encanto a los sirvientes, y tal vez, a alguien más también.

Subió las escaleras y una vez lista para entrar tocó la puerta con su particular ritmo sin mucha fuerza. Pero no recibió respuesta alguna. Lo cual era raro sabiendo que él ya estaba despierto. Tuvo dudas de entrar, pero finalmente lo hizo asomando primero su rostro, pero no observó a nadie.

¿Pero, dónde…? –avanzó un poco hacia adentro mientras paseaba su vista por la habitación. Se acercó a la cama –Joven Sesshomaru…

Llamó tan débilmente que sin duda atribuyó el silencio que recibió de respuesta, como que él no estaba en la habitación. No supo por qué pero la agradable tensión que sentía no desapareció por eso. Un sonido llamó la atención de ella a la mesita, era el celular del peliplata que recibía una llamada. Se acercó no muy segura y fue cuando percibió otro sonido hacia la parte del baño. Entendió…

Entonces está allá… –dejó la bandeja para tomar el celular en la mano.

–¿Qué esperas, Yaken?

No tuvo mucho tiempo de acercarse o retirarse pues no estuvo segura de qué era lo que quería decir el joven con aquello, claramente estaba confundiéndola con el ancianito, pero... Se giró hacia la puerta del baño al momento en que ésta se abría, se sorprendió entre muchas otras cosas, sin prestarle mucha atención a la reacción de quien la observó, con además de cierta incredulidad interna, una intensidad retenida en sus ambarinos ojos.

Por unos instantes el destello de sorpresa fue perceptible en él, pero ella sólo pudo percatarse de su presencia y, ante la imagen de su rostro, sentir aquella sensación de inmovilidad mientras sus miradas se cruzaban.


Continuará…


Ohh.. Quién diría que sería hasta después de mi graduación del liceo que regresaría. (u.u)

Lo admito, no eran mis planes xD

De veras! Pero han pasado muchas cosas buenas estas semanas, también cosas malas, como que no tengo actualmente una PC donde me sea cómodo escribir :(

En fin, estoy contenta por seguir avanzando con esta historia. Ya espero con ansias que el Sesshome estalle e.e

Dejenme saber sus opiniones,

Les aprecio *-*

–Dulcechiiel