CAPÍTULO 14: SALIR DEL ARMARIO
Después de sus días en Las Vegas, viajaron hacia el este del país y comenzaron con su regreso a casa. Primero pasarían unos días en casa de los Evans para después hacer lo mismo en casa de los Anderson. Ese sería el momento que aprovecharían para anunciar su relación. Llevaban algo más de un mes juntos y no podían ser más felices.
Al llegar a la casa de los padres de Sam, éste se abrazó con fuerza a ellos. Blaine se quedó al margen, sintiéndose un intruso que no debería estar ahí. Sin embargo, la madre de su novio se percató y lo saludó con un gran abrazo.
Todos entraron y allí se encontraron con Steve y Stacy, los hermanos del rubio. Sam los abrazó e intentó levantarlos del suelo a la vez, pero tenían ya once años y no lo consiguió, provocando la risa de los menores. El moreno miraba a la familia con una sonrisa en los labios, no pudo evitar pensar que su novio sería un gran padre en un futuro. El padre de sus hijos. Su sonrisa se amplió aun más. ¿Podía alguien ser tan feliz como lo era él en ese momento?
Se sentaron a cenar y al ojimiel le costaba muchísimo disimular frente a la familia de su pareja. No quería que notaran nada antes de que el joven les contara a sus padres su relación. Habían hablado mucho, sobre todo en el viaje hasta allí, de cómo lo haría. Lo mejor que tenía Evans era que sabía a ciencia cierta que contaba con el apoyo y amor de su novio.
Cuando los dos menores se fueron a dormir, los dos adolescentes y los dos adultos se sentaron en el salón para seguir charlando normalmente. Ese era el momento que Sam esperaba para hablar con sus padres. No quería tener esta conversación con sus hermanos cerca por si había algún problema.
– Papá, mamá. Tengo que deciros algo. Soy gay.
Hasta el moreno se volvió para mirarlo extrañado. ¿Gay? Durante un mes habían estado evitando ponerle etiquetas al ojiverde puesto que no sabían si era bisexual o gay o qué exactamente. Tampoco lo consideraban relevante. Sabían que le gustaban las chicas (estuvo muy enamorado de Quinn, Brittany y, sobre todo, Mercedes) y Blaine. No necesitaban saber más. Pero si tendría que ponerle una, el ojimiel ponía la mano en el fuego que gay no era la adecuada.
– Mamá, Papá... ¿No vais a decir nada? – Los ojos de color verde del joven comenzaron a aguarse. No podría soportar un rechazo por parte de sus progenitores. No sólo por lo doloroso que sería separarse de ellos, sino también por lo afectada que se vería su relación con sus hermanos.
– Lo siento cariño. No esperábamos la noticia. No lo habíamos notado. – La señora Evans se sentó junto a su hijo y le sostuvo ambas manos. – Te queremos, no nos importa tu forma de amar, tus gustos o tus decisiones. Eres nuestro hijo y nuestro amor por ti no cambia. ¿Verdad? – La mujer miró a su esposo que sonrió cálidamente.
– Por supuesto. No es como si hubieras dicho que eres un asesino o un ladrón. Ser gay no es algo malo, lo sea un desconocido o lo sea mi hijo. ¿Puedo asumir que estáis juntos? – El mayor señaló a los dos jóvenes.
El rubio se giró hacia su novio que sonreía mirándolo como sólo él sabía hacerlo. Soltó una de las manos de su madre y la dirigió hacia una de su pareja para apretarla con cariño.
– Sí, era la noticia que había dejado para la segunda parte de la conversación, mi relación con Blaine. ¿Os parece bien?
– Nada mejor que enamorarte de tu mejor amigo. – Suspiró la mujer mientras miraba a su esposo.
La aceptación de sus padres animó a Sam, pero le hizo ver un nuevo problema. Sus hermanos. Necesitaban saberlo pero no era algo tan fácil como decir, soy gay y Blaine es mi novio. Comentó con sus progenitores sus temores y éstos se ofrecieron a ayudar aunque no creían saber como actuar. Como nunca lo habían sospechado, no habían pensado en maneras de explicarlo.
– Creo que será mejor que se lo digamos nosotros dos solos. Algo como más íntimo. Si está toda la familia parecerá más serio o importante. ¿Cuándo les hablaste de Quinn, Mercedes o Brittany estabais todos juntos? – El moreno argumentó.
– No. Fue algo los tres solos, jugando. – Aclaró el ojiverde.
– En ese caso, ahora debería ser igual. – Anunció el más bajo.
– No sé como explicárselo. No es lo mismo. Tienen que entenderlo, no sirve un "chicos, Blaine es mi novio". – Evans se sintió nervioso.
– Para eso estoy aquí. Tengo experiencia. Se lo dije a Coop. – La sonrisa del ojimiel era inmensa.
– ¿En serio? Bro, Cooper es mayor y tiene más sabidur... Ok, vale. Tienes experiencia. – Los dos rieron bajo la atenta mirada de los padres del más alto que se dieron cuenta de lo fácil que era la relación de su hijo con el menor. Una relación entre dos amigos que hacía que, cuando estaban juntos, el resto del mundo desapareciera.
Los dos adolescentes entraban en la habitación de los mellizos. Llevaban sus guitarras y se sentaron en la cama del niño. Sam sentó a Steve en sus piernas y Blaine lo imitó con Stacy. Pusieron los instrumentos frente a ellos, dejando a los menores entre ellos y las guitarras y se pusieron a tocar. Después de varias canciones que los cuatro cantaron, en el caso de los pequeños, de manera desafinada y descompasada. Decidieron que era el momento de hablar. El moreno decidió empezar.
– Tenemos algo que contaros.
– ¿Es malo? – Preguntó la niña.
– No. Es algo que debéis saber pero que es bueno. – El rubio sonrió.
– ¿Sabéis lo que es estar enamorado? – Quiso saber el ojimiel.
– Querer mucho a alguien y hacerse novios para luego casarse y tener hijos. – La pequeña comentó.
– Más o menos. – Comentó Anderson. – ¿Sabéis que cuando dos personas están enamoradas, se hacen novios?
– Sí, y se besan en la boca. – Stacy añadió.
– Y se besan en la boca. – Repitió el ojiverde mirando los jugosos labios de su pareja con una sonrisa pícara.
– ¡Concéntrate Evans! – Le gritó el moreno a su amante.
– Ok, ok... Chicos, lo que queríamos deciros es que no siempre el amor es entre un chico y una chica. A veces, dos chicos se pueden enamorar. – El mayor de los Evans comenzó pero fue interrumpido por su novio.
– Y dos chicas también se pueden enamorar.
– Y dos chicas. Lo importante es que... Blaine y yo somos novios. – Sam dijo deprisa, temiendo que sus hermanos lo cuestionaran. Sin embargo, la inocencia de ambos permitía que vieran algo normal lo que realmente es normal.
– Eso es genial. – Steve dijo. – Pero tengo una duda. – Los dos adolescentes se miraron, temían que fuera algo sobre que fueran dos chicos. – Erais amigos y ahora novios. ¿Cómo notasteis la diferencia?
El ojimiel sonrió y miró a su pareja.
– Cuando te enamoras parece que todo lo demás deja de importar, sientes como si unas mariposas estuvieran volando en tu estómago, sonríes con sólo verlo, no puedes pasar tiempo lejos de él, quieres tocarlo y besarlo, si está triste parece como si fueras a morir pero tu tristeza se va cuando lo ves sonreír...
El discurso de Anderson se vio interrumpido por un beso del rubio. No fue demasiado intenso porque eran conscientes de que los menores estaban con ellos, pero el ojiverde no creía ser capaz de escuchar nada más sobre lo que Blaine sentía por él. Su corazón ya palpitaba alterado con lo dicho.
El resto de la visita fue más tranquila. Todos aceptaban la relación de los adolescentes y eso hizo inmensamente feliz a Sam. Aunque también estaba un poco nervioso. Después de pasar unos días con sus padres, irían a visitar a los Anderson y eso sí que era algo diferente. No estaba seguro de estar preparado para esa visita. ¿Los padres de Blaine estarían de acuerdo con su relación?
