hola hola ke tal stan? jeje espero ke biien

Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capitulo 14

Ella se apartó bruscamente cuando la soltó.

—¿Esperar qué?

—No creo que tarden mucho —y, sumiéndose en las sombras, se puso a observar la calle.

Tardaron menos de cinco minutos. Según el cómputo de Jasper, menos de quince desde la llamada de Alice. La furgoneta se acercó a la acera. Salieron dos hombres.

—¿Los reconoces?

Claro que los reconocía. Los había visto aquella misma mañana. Uno de ellos había entrado en su apartamento. El otro le había disparado. Estremeciéndose, cerró los ojos. De pronto comprendía que tenían pinchado el teléfono de Bella y que habían localizado la llamada con extrema prontitud y eficacia. Y que, si Jasper no hubiera actuado deprisa, tal vez se hubieran apoderado de ella con la misma prontitud y la misma eficacia.

El más bajo de los dos entró en el bar mientras el otro permanecía junto a la cabina, observando la calle, con una mano debajo de la chaqueta del traje.

—Le dará un par de pavos al barman para saber si estuviste aquí, si estabas sola, cuánto tiempo hace que te fuiste... No se quedarán mucho tiempo. Descubrirán que todavía estás conmigo y se pondrán a buscar el coche. Esta noche no podremos usarlo por aquí.

Ella no dijo nada. El segundo hombre volvió a salir y se reunió con el primero. Parecieron debatir algo, discutieron brevemente y finalmente subieron a la furgoneta. Esta vez, enfilaron la calle como un cohete.

Alice se quedó en silencio un momento, mirando fijamente hacia delante.

—Tenías razón —dijo al fin—. Lo siento.

Jasper se enfureció al notar que estaba a punto de echarse a llorar.

—Ahórrate las lágrimas —replicó, y encendió el motor—. La próxima vez que quieras suicidarte, asegúrate de que yo no esté cerca.

—Tenía que intentarlo. No podía hacer otra cosa. Creía que estabas exagerando, que intentabas asustarme. Pero estaba equivocada. ¿Cuántas veces quieres que te lo diga?

—Aún no lo sé. Si empiezas a gimotear, voy a cabrearme de verdad.

—Yo no gimoteo —pero tenía ganas de echarse a llorar. Las lágrimas le quemaban la garganta. Le costó casi tanto tragárselas como le habría costado dejarlas correr.

Procuró calmarse mientras salían de la ciudad y tomaban una carretera desierta de Virginia. Las luces de la ciudad dejaron poco a poco paso a una oscuridad tranquilizadora.

—Nadie nos sigue —dijo ella.

—Eso es porque yo soy bueno, no porque tú no seas estúpida.

—Déjame en paz.

—Si me hubiera quedado allí, esperándote, otros cinco minutos, ahora mismo estaría tan muerto como Ralph. Así que considérate afortunada porque no te deje en la cuneta y me largue a México.

—¿Por qué no lo haces?

—Porque eres una inversión —Jasper advirtió el brillo húmedo de sus ojos y apretó los dientes—. No me mires así. Me pone enfermo.

Maldiciendo, se apartó al arcén. Se sacó la llave del bolsillo, le quitó las esposas a Alice y salió del coche con intención de pasear.

¿Por qué demonios se complicaba la vida con aquella mujer?, se preguntaba. ¿Por qué no se libraba de ella? ¿Por qué no se iba en ese mismo instante? México no estaba tan mal. Podía buscarse un lugar agradable en la playa, empaparse de sol y esperar que pasara todo aquel lío. Nada se lo impedía.

Entonces ella salió del coche y dijo suavemente:

—Bella tiene problemas.

—Me importa un bledo tu amigo Bella, que por cierto tiene nombre de niña —Jasper se giró hacia ella—. Me importo yo, y tal vez incluso me importes tú, aunque Dios sabe por qué, porque no me has causado más que problemas desde que te conozco.

—Me acostaré contigo.

Aquello cortó en seco la diatriba de Jasper.

—¿Qué?

Ella cuadró los hombros.

—Me acostaré contigo. Haré lo que quieras, si me ayudas.

El la miró fijamente. Miró cómo se derramaba la luz de la luna sobre su pelo y cómo refulgían sus ojos. Y la deseó locamente. Pero no así.

—Oh, genial —dijo ásperamente—. Estupendo. Ni siquiera tendré que atarte a las vías del tren —se acercó a ella, la agarró de los brazos y la zarandeó—. ¿Por quién me tomas?

—No lo sé.

—Yo no me aprovecho de las mujeres —dijo él entre dientes—.Y, cuando me llevo a una la cama, es de mutuo acuerdo. Así que gracias por el ofrecimiento, pero tu supremo sacrificio no me interesa —Jaaper la soltó y echó a andar hacia el coche. Pero la rabia le hizo volverse—. ¿Crees que tu amigo se sentiría agradecido si supiera que estás dispuesta a acostarte conmigo para ayudarlo?

Ella respiró hondo para tranquilizarse.

—No. Eso no me detendría, pero no —se acercó a él, deteniéndose únicamente cuando estuvo al alcance de sus brazos—. Mi amiga se llama Bella Swan. Es gemóloga.

Jasper conocía el nombre por el documento falsificado que le había dado Ralph. Pero fue el género del adjetivo lo que lo dejó pasmado.

—¿Es una chica? Bueno con ese nombre no es raro.

—Sí, es una chica. Fuimos juntas a la universidad. Compartíamos habitación. Una de las razones por las que me establecí en Washington fue para estar cerca de Bella y de Rosalie. Rosalie era nuestra otra compañera de habitación. Son las mejores amigas que tengo. Las mejores que he tenido nunca. Tengo miedo por ellas, y necesito tu ayuda.

—¿Bella es la que te mandó la piedra?

—Sí, y no lo habría hecho sin una buena razón. Creo que es posible que le haya mandado el otro diamante a Rosalie. Sería muy propio de ella. Suele trabajar como asesora para el Smithsonian —cansada de pronto, Alice se frotó los ojos soñolientos—. No la veo desde el miércoles por la noche. Se suponía que esta noche íbamos a vernos en el bar. Le metí una nota por debajo de la puerta para recordárselo. Yo suelo trabajar por las noches y ella trabaja de día, así que, aunque vivimos la una frente a la otra, nos pasamos muchas notas por debajo de la puerta. Y últimamente, desde que recibió el encargo de autentificar las tres Estrellas de Mitra para el Smithsonian, hace muchas horas extra. No me extrañó no verla durante un par de días.

—Y el viernes recibiste el paquete.

—Sí. La llamé al trabajo enseguida, pero saltó el contestador. Habían cerrado hasta el martes. Había olvidado que Bella me dijo que este puente cerraban, pero que ella seguramente se quedaría trabajando. Me pasé por allí, pero todo parecía cerrado. Llamé a Rosalie y me salió el contestador. Empecé a cabrearme con las dos. Supuse que Bella tendría sus motivos y que me los explicaría llegado el momento. Así que me fui a trabajar. Me fui a trabajar, sin más.

—No tiene sentido que te mortifiques por eso. No tenías elección.

—Tengo una llave de su casa. Podía haberla usado. Tenemos una especie de acuerdo privado. Por eso nos pasamos notas. No usé la llave por costumbre —dejó escapar un suspiro trémulo—. Pero tampoco contestó al teléfono cuando la llamé desde la cabina, y eran las dos de la mañana. Bella es muy formal, no anda por ahí a las dos de la mañana. Y, sin embargo, no contesta al teléfono. Tengo miedo... Lo que le hicieron a ese hombre... Tengo miedo por ella.

Jasper le puso las manos sobre los hombros suavemente.

—Sólo podemos hacer una cosa —le dio un beso en la frente—. Iremos a echar un vistazo.

Ella dejó escapar un suspiro tembloroso.

—Gracias.

—Pero esta vez tienes que confiar en mí.

—Esta vez lo haré.

Jasper abrió la puerta y esperó a que ella entrara.

—¿Y ese otro amigo del que hablabas, ese tipo...?

Ella se echó el pelo hacia atrás y alzó la mirada.

—No tengo ningún amigo.

Jasper se inclinó hacia delante y atrapó su boca en un largo y ardiente beso.

—Pues vas a tenerlo.


jeje ke liindz noo? jejeje hasta que por fiin Alice le confio todo jeje

espero sus reviews

byee