Disclaimer: Los personajes no me pertencen, son creación de Rumiko Takahashi. FF creado sin fines de lucro.
* Publicación: 27-04-17
129 DÍAS JUNTO A TI
Capítulo 11: De huídas y reencuentros
Día 61: 25 de mayo de 2012
En definitiva, Byakuya no la estaba pasando bien esa mañana.
Tan pronto como el primer sorbo de café mojó su deliciosa rosquilla neoyorquina, las cámaras de vigilancia le mostraron a una guarda en fuga. Con la rosquilla en la boca y agarrando su chaqueta en el camino, apresuró el paso para alcanzar a la fugitiva. Se escabulló entre una multitud de personas que caminaban hacia todas las direcciones y la siguió hasta el subterráneo.
—Esto no me huele bien —dijo para sí mismo.
Al verla comprar un boleto, se aseguró de pedir uno igual y pronto se dirigieron hacia las escaleras que conducían hacia las vías. A regañadientes esperó al siguiente movimiento apoyado contra una pared lejana.
Ese día pintaba ser de lo más tranquilo, al igual que el anterior. Pero, ¡NO! Kagome tenía que salir a explorar la ciudad y, por lo visto, no había comunicado de sus intenciones a Sesshomaru.
Un pitido anunció la llegada del tren y caminó cerca de su guarda, siempre asegurándose de que esta no lo viera. Pero, de la nada, escuchó a una mujer gritando improperios en japonés. Con horror notó que la escandalosa que estaba forcejeando con un adolescente, era Kagome.
—¡POLICÍAAAAA! —escuchó gritar.
El muchacho aprovechó la conmoción para huir antes de que se cerraran las puertas, con la mochila amarilla que Kagome siempre traía a cuestas (cuando no estaba bajo la supervisión de Sesshomaru). Sin pensarlo demasiado, Byakuya siguió al ladrón en una persecución que duró algunos minutos, hasta que unos guardias de la estación se dieron cuenta del problema y lo agarraron. Orgulloso de su labor, con la mochila llamativa, se dispuso a volver al tren y notó que este cerraba sus puertas con Kagome adentro antes de empezar a funcionar.
Tragó saliva y sacó su celular.
—¡¿Dónde demonios están?!
Todo empezó cuando Kagome despertó con un poco de resaca. Había tenido una noche terrible y, en medio de sus cavilaciones, había decidido escapar—y lo decía de forma literal— preferentemente antes de que alguien pudiera notar su presencia. Tras asegurarse de tener el móvil y los documentos en la mochila, salió de su habitación con un sigilo que el FBI envidiaría.
Miró hacia ambos lados del pasillo.
«"Bien, no hay rastros de escarcha por aquí…"», pensó divertida y corrió hacia la salida.
Ni bien sus pies tocaron la calzada, exhaló profundamente. Debían volver a Tokio esa noche y ella simplemente aún no estaba dispuesta a pasar más de 24 horas nuevamente aislada del "mundo real" al lado de ese ser laberínticamente diseñado para volverla loca. Así que, buscando relajarse al menos hasta que llegara la hora de partir, decidió visitar Long Island.
—¡Bien! ¡A la estación de trenes! —se dijo elevando su puño al cielo.
Ahora que el dolor de cabeza había menguado, Kagome se sentía con una extraña energía recorriendo su cuerpo. Con Sesshomaru recluido en un rincón prohibido de su memoria, se dedicó a buscar qué ver en Long Island en el teléfono móvil.
¡Bendito sea Google-sama!
Así, durante todo el tiempo que duró su viaje en bus hasta la estación de trenes, Kagome encontró diferentes actividades, lugares qué recorrer y —por supuesto— comida que probar. Decidida a disfrutar de su nueva aventura, dejó abierta la ventanilla recibiendo todo el smog como el aire más puro. Ya en la estación, empezó a jugar con su labio inferior mientras miraba casi espantada el gigantesco mapa que mostraba las rutas que atravesaban toda la ciudad con distintos colores para diferenciarlos.
¿Se suponía que tenía que tomar el violeta?
Compró con prisa su boleto y aguardó en la terminal correspondiente a que llegara el tren de la ruta violeta.
En su última visita no se había arriesgado a salir de la ciudad. Ensombrecida por el dolor de un viejo e inconcluso amor, se había dedicado a disfrutar del movimiento neoyorquino y participar de él sin remordimiento alguno. Ahora deseaba algo nuevo, algo no tocado por el hielo. No obstante, sus planes se vieron atracados cuando sintió que alguien tiraba de su preciada mochila.
Lo que pasó después, ya lo narramos al inicio: Las puertas se cerraron y a Kagome no le quedó de otra más que continuar con el viaje. El susto se disipó tan pronto como llegó a su destino. Estaba preocupada, sí, porque no sabía cómo haría para regresarse. Pero se sentía llena de vida. Ya ni siquiera sabía cuantos meses pasaron desde su último paseo hacia lo desconocido, como ella misma lo nombró. En su mente se acumulaban las preguntas y la curiosidad hacía que sus pies dieran pequeños saltitos mientras avanzaba hacia la salida de la estación. Al principio, pensó que había tomado el tren equivocado y que el robo era una señal para que no siguiera con su plan perverso. Sin embargo, estaba en Long Island aunque no sabía exactamente dónde.
Después de pisar el último peldaño que la llevó al exterior, dedicó la primera hora del paseo a recorrer…
…Y a perderse, por supuesto.
La ciudad pronto acabó y frente a ella ahora se extendía una carretera casi desierta a esa hora de la mañana. No tenía teléfono celular. Ni documentos. Mucho menos dinero. Y, por primera vez, ella tenía alguien que la estaría esperando —muy enojado—.
¿Qué era lo que solía hacer cuando no tenía cómo transportarse?
—¡Dedo! —exclamó, mientras preparaba su pulgar y lo sacaba hacia la carretera con esperanza.
No supo cuánto tiempo pasó pero, después de lo que le pareció una eternidad un auto se detuvo frente a ella con dos amables orientales y un bebé dentro.
¡Estaba salvada!
—¿To the left? —preguntaba la mujer, señalando hacia la derecha.
—¡No, no! To the left —replicaba Kagome, señalando hacia la izquierda.
Suspiró con pesar. No todo podía ser tan fácil, se dijo.
—I want to go back to New York… New York —dijo lo último con lentitud, esperando que por fin la entendieran—. ¿Are you going to New York? —preguntó, por tercera vez.
—New York —exclamó el esposo.
—New York —repitió la mujer, asintiendo con la cabeza.
Sintiendo un alivio tremendo al pensar que la estaban entendiendo, subió al auto y se dedicó a mirar las señales de tránsito hasta quedarse dormida en el asiento trasero.
—Oye, oye, niña —repetía la señora, moviendo a Kagome que parecía un tronco entre todos los bultos que llevaban y la pequeña niña que ahora estaba enredando el cabello de Kagome en un sonajero lleno de baba.
—¿Eh? —preguntó ella, despertando.
—Llegamos, tienes que bajarte —respondió la señora, en chino—. New York, New York.
Kagome se levantó de un movimiento y le agarró las manos a la señora, dandole un buen apretón.
—Thank you, thank you soooooooo much! —exclamó ella, realmente muy agradecida.
Tan pronto como bajó del vehículo, los chinos también lo hicieron y con la pequeña bebe en brazos, entraron risueños al restaurante de comida oriental llamado "New York, New York".
Ahora todo lo que Kagome quería era estrellar su cabeza contra la pared.
.
Todo era un caos.
No sólo Sesshomaru estaba a punto de matar a Byakuya, sino que hasta Sango moría por estrangular a alguien.
—Tu única tarea era seguirla y asegurarte que no le pasara nada —dijo Sesshomaru, intentando mantener el control.
—Pero con esa mujer es imposible, jefe —replicó Byakuya, mirándose las uñas.
Y Sesshomaru le daba la razón.
Obviamente, mantener quieta y vigilada a Kagome era una tarea que se dificultaba por la imposibilidad de predecir cualquier movimiento. Pero estaba desesperado, era su culpa por haber dejado las cosas sin aclarar la noche anterior. Ahora ella se encontraba quién sabe donde, con un peligro inminente seguramente siguiéndola en ese mismo instante.
—Estará bien —dijo Byakuya, intentando calmarlo—. Parecía saber bien a donde iba.
Sesshomaru y un adorno de madera maciza que chocó contra la cabeza de Byakuya no pensaban lo mismo.
Las cosas en Tokio no estaban menos movidas. Dando vueltas y vueltas, Sango recorría la oficina de Sesshomaru haciendo humear a su teléfono móvil. ¡Es que su jefe se había vuelto loco!
¿Cómo era posible?
—Tranquilízate, Sango. Todo saldrá bien—dijo Miroku, acariciando los hombros de Sango.
¡Era justo lo que necesitaba! Sus músculos tensos agradecieron la atención. Pero, pronto, sintió que los masajes cada vez se iban acercando más y más a su trasero.
—¡Ni se te ocurra, Hoshi! —amenazó, girando sobre sus talones.
Gran error. Miroku aprovechó el tic nervioso para encerrarla entre él y el escritorio.
—Pero Sanguito, anoche no me decías lo mismo —susurró demasiado cerca de su oído.
La piel de Sango se erizó, y aunque tenía ganas de golpearlo, dejó que los besos que Miroku depositaba en su cuello le hicieran pasar el mal rato. Los labios de Miroku, se juntaron con los suyos y pronto sus lenguas se entrelazaron violentamente. Sesshomaru la mataría si hacían algo encima de su escritorio, pero en ese momento no le caería mal un buen-
Un buen nada. Porque ni bien él le subió la falda, el teléfono de la oficina empezó a sonar y, sin que Miroku se alejara, contestó la llamada lo más repuesta que pudo.
—Gerencia.
—¿Sango? ¡Qué bueno que pude encontrarte! —escuchó a través del tubo.
—¡Kagome! ¡Dios santo! —exclamó Sango.
Estaba incrédula. Empujó a Miroku y se acomodó para hablar mejor.
—¿Qué está pasando? ¡Sesshomaru perdió la cabeza por completo de la preocupación!
—¡Me robaron!
—Sí, lo sé —dijo Sango—. Logramos recuperar tus cosas pero no podíamos encontrarte.
—No tengo mucho tiempo, Sango. Conseguí que me prestaran un teléfono y sólo recordaba el número de la oficina.
—Kagome, ¿dónde estás? —preguntó Sango.
Entre tanto, Miroku se encargó de comunicarse con Sesshomaru.
—En alguna parte de Montauk, cerca de un faro.
La llamada se cortó. Miroku le hizo un ademán esperando respuestas, pero Sango se encogió de hombros.
.
«"Montauk Lighthouse"»
—¿Cómo carajo llegó ahí? —preguntó Sesshomaru.
Ni el mismo Byakuya se podía explicar cómo había llegado hasta ahí. ¡Estaban a cuatro horas de la ciudad! Mientras observaba a su jefe bajar del helicóptero, las cosas perdían aún más sentido. En todos sus años trabajando para él, nunca lo había visto tomarse tantas molestias con absolutamente nadie. No había forma de sacarlo de su oficina, a menos que fuera por cuestiones de trabajo y ahora estaban ahí, a kilómetros de donde debían estar, tan sólo para buscar a una mujer que ni siquiera manejaba bien su ubicación en el espacio y tiempo. La mano de Sesshomaru impidió que Byakuya bajara, dandole a entender que lo esperara.
Kagome estaba sentada en el pasto a unos metros del faro, sus piernas dobladas contra su pecho y su mirada fija en el agua. Aquel remoto lugar, le había otorgado un poco de la paz que tanto ansiaba antes de iniciar su travesía. No obstante, la espera se había vuelto eterna y en aquellos minutos robados de eternidad, tuvo la oportunidad de desglosar todo lo que había ocurrido desde la desaparición de Inuyasha y Kikyo.
Capaz Sesshomaru no estaba intentando jugar con ella, más bien trataba de darse una oportunidad con alguien más y creía que ella era la indicada. Kagome para ese momento, sabía que Sesshomaru tenía muchas cualidades admirables, las que antes desconocía. Era leal, era honesto con lo que pensaba al respecto de algo y, sobre todo lo demás, lo expresaba sin tapujos. Su falta de tacto, sin embargo, lo hacía quedar como un prepotente, intolerante y egoísta. Pero al final del día, Sesshomaru sólo no tenía otra manera de comunicarse. Aún no comprendía porqué le costaba tanto abrirse hacia los demás, dejarles ver la persona que se escondía bajo la montaña de nieve que era su reputación. Pero, estaba agradecida de haberlo podido conocer de esa manera.
Y, tal vez… un poco enamorada de lo que se transparentaba bajo el hielo.
Suspiró.
—¿Pensando en cómo seguir fastidiándome, Higurashi?
Kagome se giró de lleno, y lo vio parado bajo la sombra del faro.
—¿Cómo llegaste tan rápido? —preguntó ella, sorprendida.
Él simplemente se giró y comenzó a caminar hacia el pueblo. Kagome lo siguió y, en el camino hasta el helicóptero, ninguno de los dos habló. Sesshomaru la ayudó a subir y, sin más tiempo que perder, se dirigieron al helipuerto que estaba encima del City Spire. Al llegar, todo estaba listo para que partieran: las maletas e, incluso, sus documentos perdidos.
—¿Estás molesto conmigo? —preguntó Kagome.
Sentados ya en el avión, esperando el despegue, habían pasado prácticamente horas sin hablar. Los hombros de Sesshomaru estaban tensos, tanto que parecía estar esperando un ataque.
Y es que, siendo sinceros, Sesshomaru no estaría tranquilo hasta que levantaran vuelo. Había visto pasar sus peores temores frente a sus ojos y quería a Kagome sana, salva, en Japón.
A su lado.
—No, Kagome —respondió él—, no estoy molesto.
Se giró para mirarla.
—Estoy preocupado —confesó después de una pausa.
En ese momento anunciaron el despegue.
—Aún no entiendo cómo llegaste hasta Montauk.
—Es qu-
—No, no comprendes —la interrumpió, esta vez molesto—. ¡Pensé que te habían secuestrado, Kagome!
—¿Secuestrado? —preguntó ella aferrándose al asiento.
El despegue le estaba produciendo malestar.
—Pero Sesshomaru, ¿quién querría secuestrarme a mí? —preguntó con sinceridad—. No exageres, me robaron el bolso (el que aún no me dijiste cómo recuperaste) y me perdí, ¿Sí? No fue para tanto.
—¿No fue para tanto? —preguntó él.
La miró la miró desconcertado. ¿Acaso era incapaz de comprenderlo?
—Kagome, alerté a la embajada de Japón sobre un secuestro y todo porque no fuiste capaz de avisarme que salías a perderte por el mundo. ¡Demonios, mujer!
—¿Alertaste a la embajada? —preguntó ella.
—Hn.
—Lo siento —se disculpó Kagome, arrepentida—. Lamento haberte preocupado.
Sesshomaru asintió y se relajó.
—¿Llegaste a encontrar los papeles que te pidió tu padre?
Negó con la cabeza.
—¿Quieres que te cuente qué fue lo que pasó?
Fue así que el resto del largo viaje que les aguardaba, Kagome le narró su aventura de ese día. Estaba avergonzada de haber causado tanto lío, pero nunca nadie se había preguntado qué pasaba en sus viajes o si alguna vez regresaría de ellos —ni siquiera su madre—.
Día 62: 26 de mayo de 2012 (Tokio)
Cuando llegaron a la casa, la noche ya estaba avanzada, así que Rin terminó quedándose a dormir con sus abuelos. Ambos estaban muy agotados, tanto física como mentalmente. Un buen baño parecía ser exactamente lo que Kagome necesitaba, así que decidió hacerlo antes de dormir. Mas, cuando colocó la cabeza sobre la almohada, el sueño la abandonó por completo. ¡Estaba CANSADÍSIMA! Pero en vez de apagarse por unas horas, su cerebro decidió bailar la conga.
Bufó.
Si ella no podía dormir, se encargaría de que Sesshomaru tampoco. Lo encontró en el estudio, sentado frente a su escritorio con la cabeza echada hacia atrás. Él la sintió entrar y la miró, cuestionándola, y Kagome comenzó a jugar nerviosamente con su cabello.
—Deberías estar dormida —dijo él.
—Tú también —replicó ella.
—Hn.
—Sesshomaru…
Él la instó a continuar con un ademán de la mano.
—¿Qué pasará después?
«"¿Después?"», esa pregunta no lo había dejado dormir durante la noche anterior. No necesitaba preguntarle a qué se refería, pues lo sabía a la perfección.
¿Qué pasaría con ellos después del regreso de Inuyasha y Kikyo?
Rin era la razón por la cual Kagome estaba viviendo con él y ahora que sus padres volvían… Ni siquiera se atrevía a pensarlo. Él ya había tomado una decisión, la quería con él... pero ¿y ella?
—¿Qué piensas que pasará, Kagome? —preguntó él, en cambio.
Kagome avanzó hasta quedar en medio del estudio.
—No lo sé, Sesshomaru —dijo ella—. Muchas cosas cambiaron, pero hay otras que no van a poder cambiar como que yo tengo que volver a la cafetería.
—No tienes que irte de aquí, aunque dejes de trabajar con nosotros.
¡Ahhhh! Sesshomaru quería rogarle, ponerse de rodillas y pedirle que no se fuera, pero se rehusaba siquiera a intentarlo.
—No podría ni pagar la cuenta de la luz de este lugar, Sesshomaru —puso los brazos en jarra.
Él no aguantó la risa. Ni siquiera sabía porqué se estaba riendo y ella lo miró como si se hubiese vuelto loco.
—Kagome, no tienes que pagar nada.
—¡Ves! —exclamó, señalándolo—. A eso me refiero, yo quiero pagar cuentas, quiero ahorrar para un viaje o-o-o, incluso juntar dinero para un auto nuevo.
—¡Estás loca, mujer! —dijo él.
Se levantó de la silla y caminó hasta la ventana, bajo la atenta mirada azul profundo.
—Todo lo que está aquí dentro, lo he conseguido con esfuerzo. Durante años estas paredes no han hecho más que retumbar mi propia soledad, hasta que tú y Rin llegaron.
Hizo una pausa cuando la sintió aproximarse y colocar una mano en su brazo.
—Las cosas no serán fáciles conmigo, Kagome. Pero ya ni siquiera puedo dormir si no estás en el mismo cuarto.
Esa era la explicación para las ojeras que ahora arruinaban su pálido rostro. Las noches en vela y de poco dormir acabaron hasta que ella llegó, Sesshomaru lo había notado la noche en que Rin se enfermó.
—¿Me dejas pensarlo?
Sesshomaru asintió y se acercó a su rostro. Moría por besarla, pero había decidido dejar que fuera ella quien decidiera dar el siguiente paso. Con pesar, vio como Kagome se despedía con un beso en la mejilla y se iba a dormir. El sueño había acariciado sus hombros de repente y pensó que era momento de aprovecharlo.
Con la puerta cerrada detrás de ella, Kagome intentó calmar el ritmo acelerado de su corazón. Pasaron unos largos minutos donde intentaba descifrar todas las palabras de Sesshomaru.
"—Pero ya ni siquiera puedo dormir si no estás en el mismo cuarto."
Con el valor a cuestas, tomó su almohada y cruzó el pasillo hasta la habitación de él. Golpeó la puerta y la abrió sin esperar una respuesta. Él no había tenido tiempo siquiera de levantarse de la cama. Lo observó en la oscuridad, apenas iluminado por la luz del pasillo. Tenía el antebrazo apoyado sobre la frente y los ojos fijos en ella, somnolientos.
—¿Pasa algo? —preguntó él.
—¿Puedo dormir contigo? —preguntó Kagome.
Viendo la almohada, señaló el otro extremo de la cama, haciéndole lugar. Ella entendió y se acomodó a su lado, dejando caer la cabeza en el hombro de Sesshomaru.
—Kagome…
—¿Sí?
—¿Cómo sabes que eran chinos y no coreanos? —preguntó él.
—Porque la niña se estaba comiendo una galleta con forma de perrito —contestó ella.
¿Para qué preguntó?
.
Día 63: 27 de mayo de 2012
¿A quién, en su sano juicio, se le ocurriría llevar a Rin a un aeropuerto?
Por supuesto que a Toga. Estaban empeñados en que la pequeña fuera quien recibiera a sus padres, a quienes tanto había extrañado. Pero verla correr por los pasillos, encantando a todos aquellos quienes se detuvieran a observar a la inocente niña que corría en círculos con Jaken siguiéndola, era todo un espectáculo.
—Te dije que no era buena idea, cariño —regañó Isayoi, cubriendo una risa.
—Al menos aquí no tiene nada que romper.
El silencio embargó a todos en el grupo y se giraron a mirar al que había hablado. Sesshomaru continuó parado con las manos en los bolsillos y la mirada fija en la pista de aterrizaje. Kagome carraspeó y, con un ademán de las manos, se disculpó.
—Aún estamos trabajando en su sentido del humor —dijo ella, sonriendo exageradamente.
—Hn.
Aunque sabía que a su primogénito definitivamente no le gustaría que se burlara de él, Toga no pudo callar la carcajada que brotó del centro de su pecho.
Tras más de media hora de espera, el avión que traía a Inuyasha, Kikyo y Sonomi por fin aterrizó y pronto Rin se reunió con sus padres en un abrazo que hizo llorar a casi todos. Isayoi vagamente podía contener el alivio que corría por sus mejillas al ver de nuevo al hijo que pensó perdido.
¡Este capítulo está dedicado a Okita Kagura! Quien hace dos años me dio la idea para que la atolondrada de Kagome se perdiera :)
¡Muchas, MUUCHAS gracias por no hacer caso del año de publicación y leerlo de todas maneras! Prometí solemnemente y mantengo en vilo mi promesa de terminar este y todos los fics que publiqué (aunque la inspiración me dejó durante un buen tiempo). Este es un Fic que empecé con ganas de escribir algo ligero y al final terminó siendo una de mis historias preferidas. Este capítulo era más largo, pero he preferido partirlo en dos ya que la llegada de Kikyo e Inuyasha marca un nuevo episodio totalmente diferente. Así que estaré subiéndolo el fin de semana para no abandonarlos tanto. Espero que les guste el capitulo y me dejen saberlo (si no les gustó también)
INVITACION ESPECIAL: Aunque ya es un poco tarde, quiero invitar a todos aquellos quienes quieran y deseen escuchar el programa de dominadaemoni! Una personita super especial que me contactó ya el año pasado y recién ahora pudimos ponernos de acuerdo. Con su proyecto Kernelpanikk busca expandir a nuevos horizontes la cultura otaku y la friki también... Por eso, hoy jueves (27 de abril) a las 18:00 de España, que serían como a las 12:00 hs de Paraguay, 13:00 hs de Argentina (como para que tengan una referencia) estaré dandole una entrevista *se esconde bajo una roquita*. Dejaré en mi perfil los links para que escuchen este y todos sus otros episodios anteriores (y los nuevos porque sé que los atrapará tanto como a mí) que están buenísimos, incluso podrán escuchar entrevistas de otros fanfickers de aquí. Oh, y también dejaré el link del FB del programa, por si tienen alguna pregunta que quieran que responda.
P.D.: ¡Sí! Quiero entrar al grupo de WhatsApp... No sé donde vi el hermoso review donde me invitaban, pero sí.. Al privado y te paso el numero XD Veremos que presencias malignas se forman de ese menjunje.
¡Abrazos a todos!
