Disclairmer: Tanto la historia como los personajes me pertenecen, cualquiera que quiera publicarla en otro sitio necesita de mi autorización. Este fics también está publicado en Potterfics.

Summary: Priscilla Witman, una chica con un poder excepcional que odia, siente que su vida es un asco, pero no podía estar más equivocada. Luego de conocer a Benjamin Rusin su mundo se quiebra para dar lugar a una pesadilla de la cual no sabe si podrá escapar. La única certeza que tiene es que su don la ha conducido a aquel destino desalentador. T por escenas de violencia.


Capítulo 13: Insatisfacción humana

Cuando entré a casa no sabía que pensar, había quedado sorprendida y atónita por lo rápido que pasó todo, hace mucho que no me sentía de esta manera, las únicas personas que les había permitido entrar en mi vida, eran muy predecibles, bueno excepto, tal vez, Carla por su orientación sexual, pero Serena y ella nunca me habían exaltado con anuncios o acciones extrañas.

Benjamín, vampiro entrometido, había hecho muchas cosas desde que nos conocimos y ya estaba dentro del escaso grupo, sólo que era diferente. Él era diferente.

Subí a mí habitación, necesitaba pensar ¿Por qué me había besado? ¿O sólo era mi imaginación? Y de ser así ¿Por qué me había imaginado que él me besaba? La última pregunta sonaba como un alarido en mi cabeza, tenía ganas de gritar.

Por un momento pensé en que si pudiera controlar mi don podía retroceder todos los sucesos desde que Carla me había enviado el mensaje por celular, podría no haber aceptado ir a almorzar, luego Benjamín me encontraría en casa, al final le diría que se largase y que no quería habar con él, pero no, no podía hacerlo.

También pensé que ni él ni yo habíamos contestado ni hecho preguntas sobre lo que queríamos, oh… lo había olvidado, yo estaba muy cabreada para hacerlo y fue cuando salté del auto y casi corro a casa. Irremediablemente quería volver a estar en ese maldito coche para hacerle todo tipo de preguntas, que ahora se reproducían como roedores por mi cerebro.

No sabía cómo pasarían los dos siguientes días, pero apenas viera a Benjamín lo encerraría en un casillero y lo agobiaría con mis urgentes preguntas.

Después de dos días de increíble desesperación, que intenté despejar practicando para las pruebas de porristas, era lunes, nunca creí que adoraría tanto la llegada de este día.

Hoy no me importó llegar demasiado temprano, como siempre había despertado a causa de las pesadillas-realidad unas tres horas antes que los alumnos normales, quería estar cuando él llegara, me había hecho la idea de poder acosar a una criatura mitológica, parecía divertido, aunque también extraño.

Por empezar en el aparcamiento no había nadie, sólo los coches del director y sus súbditos o profesores como les llamaban la mayoría de los alumnos, no me llevaba bien con nadie, eso estaba más que claro desde el principio.

Me apoyé en la pared a la izquierda de la puerta de entrada, no podría escapar de mis ojos si estaba ahí.

-Hola- dijo de repente la voz de Carla a mi lado. Me sobresaltó.

-¿Por qué apareces de repente?- la acusé.

-¿Qué? ¿No vas a saludarme?- preguntó con fingida indignación.

-No, todavía no te perdono lo que hiciste el viernes con tu novia…- iba a seguir recriminando lo que ocurrió durante el almuerzo del otro día, pero vi el Audi azul entrar en el estacionamiento y todo lo demás dejó de ser importante- Tu y yo tenemos que hablar- le ordené a Carla con un dedo índice acusador y comencé a caminar hacia el coche de Benjamin.

-Veo que no tuvieron una buena cita el sábado- dijo ella creyendo que no la iba a escuchar. Quise dar media vuelta y contarle lo que había pasado, pero estaba muy cabreada para controlarme así que prefería no hacer, yo no era de esas chicas que montaban una escenita fuera del instituto.

La única persona, o más bien, vampiro que salió del coche fue exclusivamente él.

-¿Dónde está tu hermana?- pregunté sin miramientos cuando se me había acercado, por lo menos no intentaría huir.

-¿No vas a saludarme primero?- preguntó divertido, lo mire con el ceño fruncido.

Recordé cuando me dijo que él era un vampiro, que sus sentidos eran mucho más fuertes que los míos, su sentido de la audición era muy bueno, debía haber escuchado lo que hablé con Carla unos momentos atrás.

-Creía que los humanos eran corteses- apuntó y empezó a caminar.

-La gran mayoría, pero yo soy la escasez- siseé, la plática con mi amiga no me había dejado con los mejores ánimos- ¿Dónde está tu hermana? ¿Alimentándose?- dije esto último con sarcasmo.

-Tienes una gran intuición, es por eso que eres humana, como todos- me cabreó más.

-¿Realmente está alimentándose?-.

-No puedes estar toda una vida sin alimento, ni siquiera ustedes, moriríamos- explicó seriamente. Sentí un escalofrío al recordar cuando habíamos hablado sobre sus métodos alimenticios.

-¿Por qué estás tan cabreada?- preguntó antes que pudiera decir algo.

-Eso no te incumbe, además eres capaz que escuchar a través de la carrocería de tu Audi- rió ante mi comentario.

-No lo llevas tan mal como pensé- dijo hablando más para sí que para mí.

-¿A qué te refieres- no quería que me volviera a confundir con sus preguntas y respuestas.

-A que no parece desagradarte la idea de que mi hermana y yo seamos vampiros, o por lo menos… eso parece- explicó como si hablara del clima.

-Oye, baja la voz, alguien podría escucharte- y mientras decía aquello lanzaba miradas a diestras y siniestra para estar segura de que nadie lo había oído.

-¿Te preocupas por mí?- detuvo su andar y me miró expectante.

No supe que responder ¿Lo hacia? No, no podía hacer eso, él había intentado matarme dos veces y de no ser por ese don tan extraño que yo poseía lo hubiese logrado en el primer intento.

-Es su naturaleza- me gritó alguien en mi cabeza.

Ya estaba harta de escuchar voces que no me dejaban pensar y hacían que los recuerdos llegaran a mí para no culparlo de sus actos.

Sí, él me había atacado por instinto, por que mi sangre lo llamaba, porque me deseaba más que a otros humanos, y yo no podía cambiar eso.

Tal vez esa era la verdadera razón por la que lo protegía, demás de que Benjamín me hacía sentir más normal, más humana. Pero nunca dejaría que lo supiera, era muy terca para hacerlo.

-Claro que no, me pretejo a mí, imagina que alguien en el instituto ande diciendo por ahí que me junto con alguien que ya debería haber muerto- respondí y continuamos la caminata.

-Que amable de tu parte, mientes razonablemente bien, pero no puedes hacerlo conmigo- habló como si yo fuese su pupila y él mi profesor.

-¿Qué, ahora los vampiros viene con detector de mentiras?- tuve ganas de golpearlo.

-No exactamente, pero puedo escuchar el latido de tu corazón, y cuando los humanos mienten, el ritmo cardiaco es diferente- volvió a explicar con el mismo tono de voz que antes- Tu corazón se apacigua cuando lo haces, es como si te tranquilizara saber que los otros te creen- lo miré con las cejas en alto, su rostro parecía descolocado, como en una nube a la que sólo él podía acceder.

Ya habíamos entrado en el instituto, ambos teníamos la primera clase en el primer piso así que subimos las escaleras a la par mientras muchas miradas se detenían en nosotros. Al parecer este semestre seríamos el objeto de conversación, nada de esa tranquilidad que Carla y yo creíamos que obtendríamos con la llegada de este extraño y su hermana.

-Cada vez me resultas más raro- objeté.

-Oh, porque lo dice la chica más normal del colegio- dijo sarcásticamente.

-No seré la más normal, pero más que tu si lo soy- dije y me paré en la puerta de mi clase.

-En eso estoy completamente de acuerdo contigo y creo que esta es la primera vez que los dos pensamos igual desde que nos conocimos- se acercó un poco más a mí.

Por un segundo temí que me volviera a besar, así que di un paso hacia atrás.

-No tenemos muchas cosas en común…

-Eso no lo sabes, no me conoces lo suficiente para saberlo- me interrumpió.

-Creo que es suficiente saber que no eres humano como yo- se rió de mi comentario.

-Para tu información, en el pasado si lo fui, y sigo teniendo los mismos gustos que antes- en ese momento se escuchó la campana para que los alumnos ingresaran en los salones- Por cierto, votaré por ti hoy- y dicho esto se alejó rápidamente por el corredor.

Me chocaba mucho que me dejara con las dudas de que pretendía decir, de lo que hacia, o de por que siempre se alejaba de mi tan de prisa.

En las dos primeras horas de clase no me pude sacar de la cabeza las últimas palabras de Benjamín ¿Qué habría querido decir con votare por ti hoy? Sea lo que sea me estaba carcomiendo las neuronas por algo que seguramente no debía ser nada. Me golpeé mentalmente.

El almuerzo fue normal, me senté con Carla en nuestra mesa de siempre. Observé como todo el grupo de animadoras parecía reírse de mí ¿Me estaba volviendo paranoica con tanta fama o era cierto que se reían de mí?

-¿Me vas a decir algo o vas a seguir con la mirada perdida en tu mundo?- preguntó Carla devolviéndome a la realidad.

-Y ¿Qué debería decirte?- dije extrañada.

-¿Tuviste una laguna cerebral?- volvió a preguntar.

Se me abrieron los ojos, una laguna cerebral ¿Qué le pasaba?

-¿Por qué tantas preguntas sobre mi cerebro?

-Por si mal no recuerdo, hoy en el aparcamiento me dijiste…- y mientras lo decía imitaba mi posición de aquel momento- Tú y yo tenemos que hablar- terminó haciendo una pésima imitación de mi voz.

Lo había olvidado por completo, al parecer las apariciones de Benjamín me dejaban fuera del mundo normal, eso era culpa suya por ser tan anormal.

-Sí, tenemos que hablar, lo que pasó con él el sábado no fue una cita…

-Ah, entonces ¿Por qué dijo que habían arreglado en encontrarse?- me interrumpió ansiosa.

-Porque es un gran mentiroso- apunté.

-Y ¿Cómo sabía en donde encontrarte? ¿Tu le dijiste en donde estábamos?- preguntó acusadoramente.

-¡No! No tengo idea de cómo me encontró- mentí, bueno una parte era cierto, yo no lo había invitado.

-Sí, claro- afirmó lo que yo no quería.

-No sé cómo pasó, pero me encontró- terminé- Y no quiero que tu y tu novia decidan por mí- le ordené.

-¿Me vas a decir que no querías hablar con él?- alzó una ceja que se le veía por arriba del marco de los anteojos.

Me quedé muda, no sabía que responderle, sí, yo quería hablar con Benjamín, pero no precisamente en ese momento.

-No sabe no contesta- rió ante su propia respuesta- ¿Te gusta?- preguntó de repente.

-¿Quién?-.

Suspiró y puso los ojos en blanco.

-¿Quién más va a ser? Benjamín- explicó.

Se me cayó la boca y el líquido que tenía dentro haciendo que saltara de la silla. Cuando la mesa estuvo seca, gracias a las servilletas que siempre tomábamos de la barra de comidas, me volví a sentar y miré con ojos fieros a mi amiga.

-No- contesté rotundamente.

-Por favor, hasta yo, que soy lesbiana, pienso que es el tipo más lindo de todo el instituto- respondió- Además tu eres la única con la que se relaciona además de su hermana.

Rogué que él no estuviese escuchando esta conversación, pero supe que las posibilidades eran mínimas cuando recorrí la cafetería y Benjamín estaba sentado en su mesa sin la compañía de su hermana. Me sonrió cuando notó que mis ojos lo escrutaban, pero eso no fue lo peor, si no que Carla lo notó y se echó a reír.

-Esto será muy divertido, quisiera ver a las animadoras si se llegan a enterar de que se gustan entre sí- dijo riendo.

-No se lo dirás… además ni yo gusto de él, ni él gusta de mí- aclaré- Y hablando de animadoras, hoy serán las pruebas ¿Vendrás a verme?

-No quieras evadir el tema con esa estupidez- me acusó- Y sí, iré, pero sólo si tú afirmas que te gusta, te queda una hora y media para hacerlo- miró su reloj de muñeca.