Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero aquí estoy yo, jugando de nuevo con ellos.
Gracias a Wanda por ser mi pre lectora.
Solo tú, sin Normas ni Moral.
Capítulo 12
Vuelo Chárter.
Canción para este capítulo: Si yo fuera tú - Servando y Florentino.
Había soñado en infinidad de ocasiones estar de esa manera con él, que me poseyera algunas veces de manera lenta y otras fuerte y descontrolada. Anhelé probar sus labios, sentir sus manos recorrer mi cuerpo, con tenerlo moviéndose en mi interior, que ahora que había pasado no podía creerlo.
Mientras me desperezaba aun con los ojos cerrados y con una enorme sonrisa en los labios gracias a los maravillosos recuerdos que venían de las horas pasadas, en lo único que pensaba era en ser oprimida de nuevo bajo su cuerpo, cabalgarlo, que me sostuviera entre sus brazos, probarlo y meterlo completo en mi boca, consumirme hasta que solo quedaran mis cenizas. Porque esa noche había conocido el nirvana.
Lo que más deseaba era repetir y repetir y repetir, nunca me cansaría de él, de tenerlo dentro, de que fuese parte de mí. De sentirnos un solo ser y perder la noción de donde comenzaba uno y terminaba el otro.
Estaba completamente convencida que con la única persona que me sentiría de esa manera sería con Edward, no habría nadie más. Por muchos años pensé que lo había idealizado, que no era objetiva cuando se trataba de él, pero después de estar juntos no me cabía la menor duda. Edward era imperfectamente perfecto para mí. Con todas sus locuras, testarudez y mal carácter, lo amaba tal cual y como era, hasta su estúpida bipolaridad.
Desperté varias veces esa noche y me acurrucaba a su cuerpo desnudo, sintiendo su calor arropándome pero ahora sentía frio por su ausencia. Abrí mis ojos agudizando mi oído para escuchar si estaba en el baño, nada. Miré a mi alrededor y no había rastros de Edward, solo una nota que descansaba sobre su almohada ahuecada junto a una tarjeta de acceso de la habitación.
Regreso pronto, si tienes hambre pide algo y firmas la factura. No me esperes para desayunar, Ed.
Bueno esta nota era escueta y no decía mucho, ni un: "espérame desnuda", o "espero hayas dormido bien" "un te amo" ni "la pasé genial".
Me levanté y fui directo al baño, me senté en el wáter aun con a nota en la mano. Volví a releerla un par de veces, la alegría que había sentido al despertarme se opacó un poco por la bendita nota, sumado a un leve dolor de cabeza por la resaca, me daría un baño y pediría algo para comer.
—Pero ¿qué esperas, Bella? Uno no va por allí diciéndole "te amos" a la gente la primera noche que follas con ella o ¿sí? —me pregunté en voz alta como esperando que mi chichi me contestara.
No le daría muchas vueltas al asunto, seguramente le habían llamado de D&G o tendría que hacer algún recado, en fin, solo esperaría a que regresara.
«Tampoco es que me voy a poner en modo novia posesiva ¿No?»
—Eyyy, espera un momento, Bella, creo que vas muy deprisa. ¿Novios? En serio estás pensando en que seremos novios. Bueno tendremos que hablar y aclarar las cosas, anoche no es que fuésemos muy elocuentes. Los gemidos y gruñidos estaban a la orden del día pero palabras, como que se dice palabras…, pocas—concluí para meterme el cepillo de dientes de Edward en la boca.
«¡Mierda! Me encontraba hablando sola otra vez. Si continuaba en el plan de hablar con mi reflejo pararía en un manicomio». Pensaba mientras cepillaba mis dientes.
Después de darme una ducha me puse mis vaqueros y la misma blusa de ayer ya que aquí no tenía ropa, aunque había descartado las bragas guardándola en el fondo de mi mochila. Ya me haría con unas al regresar donde Alice. Bueno o quizás ni me hiciera falta ya que desconocía los planes de Edward. La verdad es que tenía esperanzas que en ellos no incluyera ni bragas, ni ropa, solo su cuerpo y el mío desnudos. En la cama, en el sofá o en el suelo, pero desnudos.
Cuando estuve lista en vez de llamar al servicio de habitaciones bajé al restaurante que había en el hotel y me ubiqué en una de las mesas para ordenar, ya eran las diez de la mañana así que pediría algo ligero y regresaría a la habitación a esperar a Edward. Un par de huevos revueltos, tostadas y café serían suficientes.
Regresé a la habitación y revisé mi móvil, nada. Dos horas más tarde me encontraba un poco ansiosa, no sabía si enviarle un Whatsapp o llamarle, ¡Joder! Para colmo de males el aparato se había quedado sin pila y el cargador lo había dejado olvidado en lo de Alice. Igual su nota decía que regresaría pronto, pero al ver que pasaba el tiempo mi desazón fue en aumento.
Me sentaba en la cama, caminaba hasta la ventana a ver la gente y los autos pasar, regresaba al sofá y hacia zapping con el mando del televisor, luego volvía a la cama y enterraba la cabeza en la almohada para disfrutar de su olor que aun permanecía en ella.
¡Mierda, la espera me estaba desesperando!
—Bueno, Bella tranquilízate, seguramente se ha retrasado por algo, ya llegará— Pensaba en voz alta dándome ánimos cuando escuché el sonido electrónico de la puerta al abrirse.
Mi corazón comenzó a palpitar como loco, una sonrisa se asentó automáticamente en mi rostro y miré en su dirección.
Entró y se había recostado en la pared frente a la cama observándome mientras metía sus manos en los bolsillos de su vaquero. Su rostro totalmente inexpresivo.
—Hola— saludó escuetamente.
—Hola— contesté de igual forma, mi sonrisa había desaparecido.
—Fui a ver un apartamento con Jasper y no quise molestarte. Estabas profundamente dormida.
¿Molestarme, por qué sería una molestia para mí acompañarle? Fruncí mi ceño pensativa.
Luego se acercó y se sentó a mi lado en la cama sin mirarme, pasó las manos por su rostro, en síntoma de cansancio. Yo me había sentado con la almohada apretada en mi regazo. Le estaba dando su tiempo, iba a decirme algo pero no encontraba la manera de hacerlo, pensé.
¡Dios, había sido un error! ¿Eso era? Edward estaba arrepentido de todo lo que habíamos hecho. Mi mente iba a mil revoluciones por minuto mientras me imaginaba cada palabra que saldría de su boca.
Sentí una punzada de dolor que se expandió por todo mi pecho, mis peores temores salían a flote.
«Lo sabías, Bella, sabías que Edward no te amaba».
Él no dejaba de ver la alfombra como si deseara encontrar la conexión de cada tejido.
«Mírame por favor, ¿por qué no me miras?» En ese momento giró su rostro adivinando mis pensamientos. Necesitaba descifrar la expresión de su cara. Estaba ¿apenado, mortificado, dolido?
«Nooo, espera un momento, su cara no era de pena… sino de… ¿arrepentimiento? Sabía que esto pasaría, aunque era remota la posibilidad y mis esperanzas de que hubiese sentido esa conexión, en el fondo sabía que nunca me había deseado como yo a él».
Simplemente yo era una más de las chicas de una noche. Edward solo quería divertirse sin normas ni moral, ¿cómo yo iba a pretender una relación con él? ¡Que ilusa! Pero que Dios me matara en ese momento si todo lo que hicimos no había sido jodidamente perfecto.
«¡PER. FEC. TO!»
¿Qué pasa? Deseaba preguntarle cuando abrió su boca y habló:
—Bella, con respecto a lo de anoche… —Le interrumpí, le iba a evitar el penoso momento de decirme que había sido un error y que no me amaba. No soportaría escucharle decir esas dolorosas palabras.
—Lo sé, fue un error.
«Si, Edward tu cara lo dice todo».
Se quedó sorprendido negando con su cabeza y sin decir una palabra, asimilando lo que le había dicho. Se levantó de la cama y comenzó a dar vueltas por la habitación como un león enjaulado ¿Ahora estaba molesto?
—No dañaremos nuestra amistad ¿cierto? Dime que todo continuará igual. Eres mi mejor amiga y deseo que siga de esa manera, más ahora que te quedarás conmigo. No quiero perderte si esto no llegara… a funcionar.
—¿Sabes qué?, no empieces con tu bipolaridad, Edward. Pasa la página y déjalo estar. No me vas a perder— ¡Dios esto nada más me pasaba a mí!
—¿Qué coño estás diciendo?
—Vamos, hombre, sabemos que solo fue sexo y no es como si fuéramos hermanos y hubiésemos cometido incesto.
—Tu actitud me confunde, Bella, si esto… es una puta pesadilla…ya quiero despertar.
—La vida se trata de elecciones que tienes que hacer y tuvimos la oportunidad y simplemente lo hicimos—dije con aplomo.
—¡Maldita sea, Isabella! ¿Por una jodida vez en tu vida me puedes dejar hablar y no tratar de adivinar lo que deseo decirte? —Estaba alterado y no habría manera que yo superara lo de anoche en unos minutos.
—¡Noooo!—le grité de vuelta—. No deseo escuchar lo que tienes que decirme. —dije levantándome, lanzando la almohada a la cama y agarrando mi mochila ¡Joder! si decía algo más me moriría. No quería estúpidas excusas de si resultaba o no.
—Tienes que escuchar, simplemente...
—¡Y una mierda! Vale, no voy a perder a mi mejor amigo por una buena follada.
—¡Excelente follada!— ahora fue él que gritó—.Varias, en realidad.
¡Mierda! estaba furioso.
—Exacto déjalo estar ¿vale? —claudiqué haciéndome la fuerte pero con un jodido nudo en la garganta.
—No estábamos borrachos ni inconscientes, Isabella, yo por mi parte lo recuerdo todo—decía mientras continuaba caminando en círculos sin mirarme.
—Bueno lo que sea…, pasemos la página y punto, eres muy valioso para mí y somos excelentes amigos. No te preocupes que por mi parte nada vaya a cambiar, te lo prometo.
—Bella, pero es que yo…—No le dejé hablar.
—¡Oh! Santo Cristo. No haremos un drama de esto. Lo deseamos, lo hicimos y ya, más bien era raro que no lo hiciéramos con anterioridad. Tanto tiempo juntos uno puede confundir las cosas ¿no es así? —concluí. No deseaba escuchar nada más.
Sin embargo Edward se quedó estático viéndome, con rabia contenida en su rostro.
¿Dios, acaso me odiaba?
—¿Confundir las cosas dices?…, bien perfecto. He de suponer que como siempre tienes razón, Isabella—dijo abriendo sus brazos de par en par.
—¿Entonces qué haremos? no es como que vamos a perder nuestra amistad de años ¿no?
—Claro que no—dijo jalando su cabello y tirándose de espaldas en la cama donde habíamos hecho el amor... No, donde habíamos follado—. ¡Joder! Ahora es cuando más te necesito a mi lado.
—Siempre estaré a tu lado, Edward, no dudes de mi amistad incondicional… Nunca.
Al ver que no respondió abrí la puerta y salí, necesitaba aire porque me sentía asfixiada.
En qué punto nos dejaba eso, simplemente pasaríamos la página y continuaríamos con nuestra complicidad confiando el uno en el otro de manera irrevocable. Gracias al cielo y no le había confesado que le amaba, no le dije ese estúpido y penoso discurso que preparé detalladamente, por lo menos evité caer en la humillación de ser rechazada y mi orgullo seguía intacto.
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Llegué donde Alice, me quité la ropa y me metí en la ducha, no sé por cuantas horas lloré encerrada sin ni siquiera abrir el agua.
Lloré por el miedo de no sentirme lo suficiente para que él me amara. Lloré por ese temor intangible que nunca me había dejado enfrentarlo y decirle lo que sentía. Lloré por la cruda realidad que tenía ante mis ojos de que nunca seria mío. Lloré porque fui capaz de tenerlo entre mis brazos por una noche sin normas ni moral, de disfrutar y sentirme correspondida y que al despertar todo se evaporara, pero sobre todo lloré por la certeza de saber que eso jamás se repetiría.
Cuando pude calmarme abrí el grifo y dejé que el agua caliente relajara mi cuerpo, empapara mi cabello y si era posible se llevara todos esos sentimientos que albergaba dentro. Deseaba tener un bálsamo que pudiera aligerar el dolor que tenía en mi alma.
¡Dios, que tristeza tan grande sentía en mi pecho!
¿Cómo podría hacer para que mi mente de ahora en adelante no recordara, no pensara y no extrañara cada momento de la noche pasada? ¿Cómo podría hacer para dejar de amarlo?
Lamentablemente cuando amas a alguien no puedes dejar de hacerlo de un día para otro, no es como un simple papel sucio que utilizaste y tiraste a la basura, ya que supondría dejar de amar una parte de ti mismo. Quizás muchos pueden entrar o salir de nuestra vida pero nunca de nuestra mente, incluso aunque mueran siempre su recuerdo nos provocará sensaciones. Pero Edward estaba allí y lo tendría que ver todos los días y no podría tocarlo, no podía reclamarlo como mío.
Tendría que aparentar, como si nada entre los dos hubiera pasado.
Así que esa tarde, sentada sobre las frías baldosas de un baño, decidí que si no podía ser su mujer me conformaría con ser su amiga. Sería la mejor de todas, total, los finales felices eran una vulgar falacia, solo existen en los cuentos y las historias románticas, la vida real era totalmente diferente.
¡Joder! mejor hubiese sido echarle la culpa a que estaba pedo y que no se acordaba de nada, esa incluso sería una salida más fácil y menos dolorosa, no necesitaba que me ratificará que solo me quería como su mejor amiga y no deseaba perderme, si será cabrón.
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Pasaron los meses y nunca volvimos a tocar el tema de esa noche pero tampoco a quedarnos solos dentro de cuatro paredes. Yo lo evitaba a toda costa, me alejé dándole su espacio, siempre quedándome a un lado, convirtiéndome en su mano derecha y su fiel aliada, viendo como tenia éxitos en su profesión mientras combinaba ágilmente sus estudios de Economía con su trabajo en Les Brasée sin faltar a sus compromisos con D&G. Aunque eso le hiciera acumular un montón de millas de viajero debido a los constantes viajes. Ahora solo podía tomar tres o máximo cuatro materias por semestre, aunque tuviese que invertir más tiempo para graduarse, pero lo importante es que tenía a todos satisfechos y él se veía feliz.
Por una corta temporada nos habíamos mudado a New York, Edward alquiló un apartamento tipo estudio en Manhattan y yo me hospedé en el hermoso anexo que tenía Alice en su casa, con entrada independiente y todas las comodidades.
Aunque él le propuso a su padre invertir en un Les Brasée en New York, este no había aceptado refutando que ya tenía suficiente con los cinco que tenía en Chicago y que eso supondría el que Edward tendría que mudarse de manera definitiva a la Gran Manzana, de tal forma que cuando no tenía compromisos con D&G nuestra residencia permanente estaba en Chicago. Y gracias a su bien remunerado trabajo ya había logrado comprarse un cómodo apartamento de soltero.
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Así pasaron los primeros tres años, al igual que yo, Edward culminó sus estudios universitarios mientras ayudaba a Carlisle con la administración de los restaurantes, de paso había logrado la renovación del contrato con la famosa casa de modas coincidiendo con su cumpleaños número veintitrés, llegando a ser el rostro de un perfume y modelo reconocido en Estados Unidos y Europa.
En unos minutos tomaríamos un avión rumbo a Francia, D&G había alquilado un vuelo chárter para poder movilizar su tropa que incluía modelos, maquilladores, estilistas, fotógrafos y todo el personal necesario para el lanzamiento de la nueva colección Primavera-Verano. Era la semana de la moda en Paris.
Subiendo el último escalón antes de entrar a la avión uno de mis tacones quedó atascado haciendo que me fuera de bruces, me salvé de un gran golpe gracias a uno de los chicos de la tripulación que se encontraba parado en la puerta y me sujetó, de lo contrario mi cara hubiese parado directo al suelo del aparato.
—Guaooo, te tengo—dijo sujetándome entre sus brazos—. ¿Todo bien?
—Sí, muchas gracias. De no ser por ti me voy de boca contra el piso del avión—contesté agradecida.
Después de estabilizarme y preguntarme de nuevo si me encontraba bien se presentó como Emmett el cual resultó ser el piloto que comandaría el vuelo.
El famoso desfile se realizó en Grand Palais des Beaux-Arts (Palacio de la Bellas Artes de París), todo marchó según lo esperado, las excelentes colecciones presentadas por las más prestigiosas casas de moda de América y Europa con todo lo nuevo que traían para este caluroso verano.
Quince días más tarde regresamos a New York, Edward con una nueva conquista, la hermosa modelo Francesa Camille Deveraux, la reciente adquisición de D&G y para colmo mi actual pesadilla, lo cual ratificaba que mi amor por Edward seguía intacto. Sin embargo por mi parte continuaría en mi papel de mejor amiga, fingiendo que no sufría por verle con otra y cruzando los dedos para que su nuevo capricho se desvaneciera en unas semanas.
¡Si, así de patética!
Hacia conjeturas observándoles y calculando el tiempo que duraría su aventura con ella, ya que en estos años las pocas relaciones que él había tenido no pasaban de un mes.
A pesar de toda mi incomodidad trataba de concentrarme en otras cosas y, aunque en un principio había catalogado ese viaje como trágico, —por la presencia de Camille— el regreso no fue para nada desagradable.
Emmett me mantuvo entretenida dejando por un par de horas el vuelo a cargo a su segundo al mando, pude conocerle y disfrutar de sus locos comentarios. Así que mientras Edward tenía su aventura con ella yo comenzaba la mía con el apuesto capitán del avión.
—Tenía que asegurarme que tu dentadura se mantenía completa y no habías dejado parte de ella regada en la entrada del avión—comentaba con una enorme sonrisa.
—Muy gracioso, Capitán McCarthy.
—Viniendo de ti, esas palabras suenan muy sexys—susurró.
Por una fracción de segundo me imaginé quitándole el uniforme y muchas ideas rondaron mi cabeza en ese instante.
—Capitán McCarthy —repetí con un ronroneo a lo Marilyn Monroe.
Solo sonrió y negó con su cabeza.
—Hay muchas modelos aquí, ¿sabes? no tienes que ser tan atento conmigo, puedo presentarte a cualquiera de ellas.
—Si quisiera conocer a cualquiera de ellas, lo haría, no tendría que usarte como excusa. Además tengo que confesarte algo.
—¿Qué será?
—No me gustan las chicas tan delgadas—comentó sonriente para luego guiñarme un ojo—¿qué tal y me das tu número? Quizás algún día necesite un fotógrafo.
Rebusqué dentro de mi bolso y saqué una de mis tarjetas entregándosela.
—Dame el tuyo, quizás algún día necesite un piloto.
Así terminó nuestra conversación antes de que él regresara a tomar el mando de la nave.
Espero les haya gustado el capítulo, en el siguiente volvemos al día actual.
Las fotos referenciales y canciones de los capítulos pueden encontrarlas en el álbum dedicado a esta historia en mi perfil de Facebook.
Gracias por los rr, Roxy, isis, megankvdw, Susanna, ztrella znxez y Allegra. A las que me tienen entre sus favoritos y las que aunque no comentan siguen la historia.
Besos de a dos.
Cleo Romano Pattinson.
