El baile continuaba desarrollándose con total libertad, sin prestar mucha atención a los pequeños detalles que iban sucediendo a cada minuto.
Scorpius se paseaba por el salón principal con una máscara gris sobre su rostro, ocultando sus ojos fríos. Su porte elegante atraía a muchas jovencitas que hechizadas resistían las ganas de acercarse y personalmente pedirle un baile. Él, ajeno a todo esto, no cesaba de buscar a cierta pelirroja.
Rose se encontraba escondida entre varios amigos de Albus, fingiendo encontrarse en normalidad. Su amigo la miraba nervioso mientras echada varias miradas a alrededor en pose defensiva.
- Tranquila – le susurró en el oído intentando calmarla. Rose asintió con la cabeza.
Pero el miedo la tenía aterrada al completo. Si su madre se topaba con el rubio todo se iría a la ruina, y dejarían el país a la mañana siguiente a más tardar.
Rápidamente su cerebro empezó a procesar todo lo que estaba sucediendo. Y tomó la determinación de lo que iba a hacer si Scorpius reparaba en su presencia e insistía en volver a hablar con ella. Supo que tenía que decir y hacer para terminar para siempre con aquello.
Louis entró al gran salón de baile seguido de la rubia, con el mentón arriba buscando a Rose. Jane estaba igual de nerviosa ya que no sabía cuál sería la reacción de la pelirroja cuando la viera.
Hasta que en el escalón más alto de las escaleras una pareja llamó la atención chocando delicadamente una cuchara de plata a un vaso de cristal. Todos los invitados inmediatamente alzaron la mirada y la música cesó automáticamente.
- Bienvenidos y muchas gracias por venir – habló la pelirroja que se encontraba a la derecha del hombre guapo de ojos verdes. Ambos hacían una pareja envidiable y hermosa -, en nombre de los Potter queremos agradecer a cada uno de los que ha venido. Como saben, nunca dejamos de visitar Paris cada año para dar un baile a toda esa gente que nos ayudó en nuestra estadía aquí. Hace muchos años. Así que me complace hacer un brindis por los lazos familiares que pueden existir sin la necesidad de tener la misma sangre – la pelirroja, que Rose reconoció como la madre de Albus, alzó su copa y todos la siguieron.
- Salud – completó su esposo con voz espesa y todos repitieron aquella palabra al unísono.
Rose no era consciente de lo que estaba sucediendo, el miedo la consumía y sentía que en cualquier momento se iba a derrumbar.
- Ahora el baile tradicional – anunció la madre de Albus con especial entusiasmo y todos empezaron a buscar una pareja.
Albus sin pensarlo tomó la mano de su amiga y le dedicó una tierna sonrisa. Con delicadeza la acercó a su cuerpo para susurrarle al oído.
- Tu madre no debe notar la turbación que tienes, sospechará. Solo relájate – Rose lo miró completamente agradecida y quiso creérselo.
La música empezó a sonar y ambos tomaron la distancia que el baile requería. No muy lejos de ellos Scorpius bailaba con una morena despampanante que no había perdido la oportunidad de pedirle un baile.
Todos bailaban sincronizada mente sin cometer error alguno, acercándose a su pareja en el momento exacto y bailando con ella cuando el momento lo requería. Rose se olvidó por un momento de su tragedia y sonrió ampliamente con Albus que le transmitía cierta confianza que nunca había logrado tener.
Looking out from underneath,
Fractured moonlight on the sea
Reflections still look the same to me,
As before I went under.
De pronto las parejas hicieron un cambio y Rose tuvo que alejarse de su amigo para terminar en brazos de otro hombre. Cuando sintió aquel tacto frío, vio esos ojos grises y olió el aroma a colonia varonil que él emanaba la piel se le erizo.
Scorpius tuvo que contener la satisfacción que sintió al tener la suave piel de Rose bajo sus dedos y se limitó a sonreír a medias.
La primera reacción de la pelirroja fue intentar alejarlo, pero no podía hacerlo con todo el mundo mirando. Por lo que se puso tensa y apoyó una mano en el hombro de él mientras con la otra enredaba sus dedos con los de él. El contando la hizo estremecerse y recordar todo lo que sentía. Su corazón se aceleró y sintió como todo su cuerpo empezaba a reaccionar con él.
And it's peaceful in the deep,
Cathedral where you cannot breathe,
No need to pray, no need to speak
Now I am under.
- No esperaba encontrarte aquí…
- No mientas – lo cortó la pelirroja con voz fría y él sonrió completamente por la fiereza que ella demostraba.
- ¿Crees que me iba a perder la oportunidad de bailar contigo? – la sola idea de que él hubiera planeado todo lleno de ira a la pelirroja que aplicó un poco más de presión en su mano sobre el hombro de él.
- Debiste hacerlo, sabes que no me interesa en lo absoluto estar a tu lado – contestó completamente fría y apartó la vista hacia los demás bailarines.
- Olvida el papel de chica dura Rose, no te queda – aquellas palabras hicieron que Rose alzará la mirada furiosa y que sus miradas se encontraran.
And it's breaking over me,
A thousand miles onto the sea bed,
Found the place to rest my head.
Y fue tan mágico que ninguno pudo reaccionar. Aquella atracción magnética que tenían y la conexión fueron más fuertes que cualquier odio y rencor que la pelirroja pudiera albergar contra él.
Su corazón latió con fuerza y quiso acercarse a él y darle un beso como aquel que se habían dado la última vez que era inocente y confió en él. Pero no. El dolor la hizo volver a la realidad y agachó la mirada contiendo las lágrimas.
- ¿Quién habrá sido el culpable de esta terrible y lamentable transformación? – soltó lentamente, disfrutando como él iba perdiendo la convicción que él tenía en un inicio.
- No me voy a cansar Rose, no me voy a cansar hasta que vuelvas a ser mía. ¿Lo entiendes? – respondió el rubio acercando a la pelirroja más a su cuerpo y haciendo que esta alce el rostro. La cercanía entre ambos era casi nula y un beso se aproximaba a cada segundo.
Never let me go, never let me go.
Never let me go, never let me go.
Y Rose no permitió nada más.
Furiosa y con algunas lágrimas descansando en sus mejillas lo alejó con fuerza, creando una distancia entre ambos.
- Ya me hiciste daño, Scorpius Malfoy. Ya hiciste mucho daño. No solo fue tu error, también fue el mío. Y muy aparte de todo, tú y yo no estamos hechos el uno para el otro. Nuestro único futuro sería hacernos daño una y otra vez. Como si aquello fuera lo más normal del mundo. ¡Y yo no quiero vivir un amor tormentoso! Me hiciste daño, y lo superé. Y te perdono, ¿sabes? Pero no quiero que me sigas buscando. Ya fue suficiente daño para ambos – liberó todo en palabras suaves, sin dejar de mirar el suelo y temblar constantemente.
And it's over,
And I'm going under,
But I'm not giving up!
I'm just giving in.
Scorpius quiso rodear con sus brazos el cuerpo tambaleante de la pelirroja pero se contuvo por la dureza que ella reflejaba. Las palabras de ella habían sido dagas en su corazón y le dolían en lo más profundo.
- Fue suficiente – volvió a decir y se alejó mientras la canción tocaba sus últimas notas.
Él la vio desaparecer entre el montón de gente con el corazón hecho pedazos, el orgullo por los suelos, y las esperanzas perdidas.
Ya no quedaba nada por lo que seguir luchando.
Never let me go, never let me go. Deliver me. Never let me go, never let me go.
Never let me go, never let me go.
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Jane y Louis observaron desde los lejos como Scorpius y Rose alejaban cada vez más. Louis inconscientemente enredó su mano con la de Jane tiernamente.
- No podemos hacer nada por ellos, él ya la lastimo lo suficiente… - sentenció Louis y Jane dejó de mirarlos para mirar al castaño.
- Mi hermano cometió tantos errores como yo, y tú supiste perdonarme. Estoy segura de que ella sabrá hacerlo – la pequeña rubia se negaba a aceptar el hecho de que su hermano fuera infeliz de por vida.
Louis se quedó en silencio, sumergido en sus recuerdos y el daño que le había hecho Jane. Era cierto. ¿Cómo la había perdonado?
La amaba. Y aquello era más fuerte que cualquier cosa.
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Hermione se paseaba junto a Ginny por el salón de baile, buscando desesperadamente a Rose. Ambas habían tomado la determinación de hacerlo en ese momento. No se podían seguir dando el lujo de aplazar el momento.
- ¡Madre! – gritó Albus saliendo de entre la multitud y acercándose a ambas mujeres. Ginny lo miró con ternura.
- Albus, ella es Hermione. La madre de Rose. Hermione, él es mi hijo Albus – los presentó rápidamente la pelirroja. Hermione miró con una gran sonrisa al muchacho.
- Un gusto – dijo estirando la mano. El chico le sonrió de igual manera y estrecho su mano.
- ¿Has visto a Rose? – le preguntó Ginny a su hijo, él cual negó con la cabeza.
- Estuve bailando con ella hace un rato, pero desapareció después de que cambiáramos de parejas… - explicó el chico encogiéndose de hombros. Hermione se mordió el labio nerviosa. ¿Dónde podría estar su hija?
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Rose entró agitada a la primera habitación que encontró y cerró la puerta a su espalda. Las lágrimas querían arrasar con ella como un torbellino pero no lo iba a permitir. No quería verse sumida en toda esa desesperación de la que ya se había librado.
Asustada miro sus manos temblando. Había tomado la determinación de hacer aquello para terminar para siempre con todo contacto con él. Con su perdón Scorpius dejaría de sentirse tan culpable y a lo mejor buscaba una mejor manera de vivir, lejos de ella.
La sola idea la destrozó un poco más. Al igual que el rubio, no soportaba la idea de imaginarlo con otra persona que no fuera ella. Nunca había conocido una faceta tan egoísta de ella misma.
La puerta se abrió, dejando entrar luz a la penumbra de la habitación. Una sombra ingresó y Rose no se movió del sitio en el que se encontraba. Cuando volteó se encontró con el rubio, que la había seguido, y negó con la cabeza.
- ¿Qué no entendiste..? – soltó con dureza fingida.
- Tú ya fuiste sincera, ahora me dejarás serlo a mí – la interrumpió el rubio acercándose hasta ella -. Mi padre está muriendo, cada día un poco más. Y me he comprometido con una mujer a la que aprecio pero no amo para dejarlo tranquilo. Él quiere que me case, que tenga un hijo. Sino no morirá tranquilo. Y eso me lleva a la medida desesperada de casarme con alguien a quien no amo y tener un hijo lo más rápido posible.
Y no quiero hacerlo. Quiero casarme con la mujer que amo. Porque así es Rose, aunque no lo creas y digas y pienses mil cosas. Te. Amo. Y te quiero a mi lado para siempre, no me importa con quien deba luchar. Cometí errores, lastime a mi propio corazón al hacerte lo que te hice. Pero quiero remediarlo. Y quiero que me aceptes
Ante eso la pelirroja vio con sorpresa como el rubio se arrodillaba lentamente frente a ella. Y no lo permitió. Sin dudar un segundo lo levantó del suelo negando con la cabeza.
- Realmente has perdido la cabeza – murmuró alejándose de él y dando vueltas en la habitación.
- ¿Por qué perdería la cabeza…?
- ¡Es imposible! – gritó exasperada sin saber cómo hacérselo entender -. Debes de casarte con quien has sido destinado, y darle la tranquilidad a tu padre con la que debe de morir. Tú y yo, no funcionó una vez, no lo hará nunca. No quiero salir más lastimada…
Exasperado, al igual que ella, Scorpius cruzó la distancia que los separaba y estampó un beso en los labios de ella. Fue apasionado, largo y necesario. Rose solo ahí se dio cuenta de cuanta falta le hacía el rubio. Y el comprendió que no la podía perder.
- Recapacita, Rose. No me dejes ir – le casi suplico mirándola a los ojos mientras acariciaba con cariño su mejilla.
Unos pasos se escucharon y el rubio se escondió automáticamente en la parte más oscura de la habitación. Por la puerta entraron Hermione, Ginny y Albus preocupados.
- ¡Ahí estás! – exclamó su madre acercándose rápidamente a su hija. Rose frunció el ceño confundida.
- ¿Qué pasó? – preguntó sin entender nada.
- Te hemos estado buscando desde hace rato, hay algo que tienes que saber – le explicó su amigo sonriendo nerviosamente. Ginny y su madre asintieron con la cabeza.
Rose vio la turbación nerviosa que su madre tenía en la mirada y se preocupó. A lo mejor ya sabían que Scorpius estaba en la fiesta…
- ¿Qué cosa debo saber? – la pelirroja los miró pero todos negaron con la cabeza.
- No debe de ser aquí, vamos al despacho de mi esposo – comunicó Ginny con su habitual dulzura y Hermione la secundó.
Rose siguió a Albus y a su madre con intriga y un nudo en el estomagó.
¿Qué estaba pasando?
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Cuando salieron de la habitación Scorpius salió de su escondite con el corazón bombeando con fuerza. ¡La había besado! Y ella lo había dejado, eso era lo mejor de todo.
No entendía la testarudez de ella al negarse rotundamente a todo. Había dicho que estaba perdonado pero aun así insistía con mantenerlo alejado de su vida. ¿Por qué?
Aunque ella decía que solo se hacían daño ella se negaba a creerlo. No podía ser cierto que su relación era solo tormentosa. Juntos iban a encontrar la manera de convencer a todos de que su amor era bueno y no terrible.
Agobiado y con millones de cosas rondándole por la cabeza salió de aquella habitación y regresó a la fiesta. Su hermana lo detectó con rapidez y se acercó automáticamente.
- ¿Dónde has estado? – soltó cuando estuvo frente a él.
- Arreglando asuntos pendientes – respondió él simplemente y sonrió enigmáticamente.
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Sin saber que tenía que esperar Rose ingresó al despacho del Sr. Potter. Dentro se encontraban Lily y dos personas más. Un hombre apuesto de la edad de su madre, con el cabello azabache y unos intensos ojos verdes debajo de sus lentes redondos. Él se encontraba parado junto a la gran ventana que adornaba la habitación.
A su lado derecho estaba un chico guapo, un poco mayor que ella. Era más que atractivo, a decir verdad. La piel clara, el cabello castaño y alborotado. Y esos ojos castaños que brillaban de diversión. Sus labios se curvaban en una sonrisa burlona, que solo aumentaba su atractivo.
En cuanto Lily la vio dio un brinco y se acercó para enredar su brazo con el de ella.
- Prepárate – le susurró al oído, como si fueran amigas del alma. Rose empezó a temerse lo peor.
Ginny avanzó y se colocó al lado de su esposo, mientras que Albus caminó hasta donde se encontraba su hermano. Hermione cuidadosamente apoyo sus manos en los hombros de su hija, era un gesto que hacía desde que Rose era muy niña y reflejaba que se encontraba tensa y nerviosa.
- Antes que nada quiero presentarte a mi esposo, Harry Potter, y mi primogénito y hermano mayor de Lily y Albus, James – Rose se fijó en ambos detenidamente y sonrió cortésmente.
- Un gusto – le dijo con respeto el hombre y ella correspondió con una sincera sonrisa.
- Mi hermano nos ha hablado muchísimo de ti – fastidio James y Albus le dio un codazo. La pelirroja no pudo evitar sonrojarse un poco.
- Bueno. Rose te hemos traído aquí porque tenemos algo muy importante que decirte – empezó Ginny y miró a Hermione de manera sugerente.
- ¿Alguna vez supiste que el segundo apellido de Albus es Weasley? – la pelirroja asintió con la cabeza.
- Claro que sí, pero siempre pensé que era una feliz coincidencia. Nada importante… - contestó la pelirroja y se quedó en silencio, sumida en sus pensamientos.
- Mi familia pasó muchas épocas económicas muy tristes y fuertes, por lo que cuándo mi madre tuvo a su sexto hijo se lo arrebataron sin piedad alguna. Aquel niño creció muy lejos de nosotros y siempre lo buscamos ya que supimos que a pesar de todo conservaba el apellido. Esa búsqueda me llevó con tu madre, que me dijo que mi hermano perdido era tu padre…
Aquellas palabras perforaron el oído de la pelirroja y sintió como si le tirarán un balde de agua fría. La sola mención de su padre la ponía sensible pero aquello la sobrepasaba.
¿Eso quería decir que tenía familia?
¿Albus era su primo?
- Yo… No lo entiendo – soltó la pelirroja medio sollozando y su madre la sostuvo.
- Sabemos lo que le pasó a tu padre, mi hermano. Y lo sentimos tanto. Siempre esperamos encontrarlo con vida pero… - Ginny se detuvo al ver como sus palabras no ayudaban ni un poco a la reacción de la pelirroja.
- Él está muerto, yo no tengo familia más que mi madre – soltó reacia a entender lo que le estaban diciendo.
- No son tu única familia, Rose. Mis padres, tus abuelos, siguen vivos. Y tienen muchos tíos, y más primos aun. Y eres bienvenida a la familia Weasley, pequeña. Más que bienvenida. Ahora mi padre te dejará a ti todo lo que le correspondía a Ron. Lo que te hace la prima más beneficiada entre todas – lo último lo dijo riendo y la pelirroja sonrió entre sus lágrimas.
Ginny se acercó hasta la pelirroja, que en ese momento se veía tan pequeña y delicada. Y la abrazó con fuerza.
- Eres bienvenida en tú familia – le dijo acariciando su cabello.
- Gra…
- No agradezcas. Tienes todo el derecho a estar con los tuyos – la interrumpió Ginny.
Hermione miró con lágrimas en los ojos la escena.
Su hija ya nunca más estaría sola.
(*) La canción que Scorpius y Rose bailan es Never Let Me Go – Florence + The Machine. Se las recomiendo para escuchar mientras leen esa parte nuevamente. Muy buena.
