Epilogo

Ahora sí, el final de esta historia. Quiero agradecer a quienes se tomaron su tiempo para leer, y sobre todo a quienes me dejaron sus comentarios. ¡Gracias por el apoyo!

Vampire Knight no me pertenece


Nombre: Cross Yuuki

Ocupación: Estudiante, guardiana

Edad: 17

Meta: Conseguirle una novia a Zero

Estado: ¿Fallido…?


No puedo creerlo… es la primera vez que fallo en un proyecto. La próxima vez me esforzaré más. Igualmente, estoy contenta en haber fallado. No puedo imaginarme a Zero con otra chica. Sé que mis propios sentimientos influyeron en este resultado. Si no hubiera sido tan egoísta de querer a Zero para mí… Bueno, viéndolo de esa manera, mi proyecto no habría fallado, aunque no seamos novios, dentro de la definición de la palabra.

Ahora que lo pienso, no sé que somos… ¿Hay algún título que nos defina? No importa, se que nos tenemos el uno al otro.

Me doy cuenta que el lugar que ocupa en mi corazón crece día a día, y no es como si todo hubiese sido de repente, ahora, viendo en retrospectiva, reconozco que Zero siempre tuvo un lugar privilegiado en mi corazón, aunque no me diera cuenta. ¿Quién se hubiera imaginado que podría mirarlo de esta manera? Yori-chan me dijo que lo sabía desde el principio, pero quería que me dé cuenta por mí misma. Igualmente, reconozco que si me hubiera dicho algo, no le hubiera creído. Tiene razón, es mejor que me haya dado cuenta sola.

Recuerdo la cara que puso cuando le conté lo que pasó entre nosotros… bueno, no todo. Lo que pasó esa noche, no creo que pueda decírselo. Es algo que voy a atesorar en mi corazón. No es que me avergüence, o que me arrepienta, eso nunca. Pero no quiero que nadie lo sepa. Quizás sea porque soy bastante reservada, bueno, algunas veces. No para hablarle a Zero de Kaname-senpai… no quiero siquiera pensar su nombre. Siento como si traicionara a Zero por pensar en él. Hay tantas cosas girando en mi cabeza en este momento… pero lo principal es él

¿Dónde está ahora? ¿Qué estará haciendo? ¿Estará pensando en mí?

Una niebla se apoderó de mi mente… no puedo pensar con claridad, no puedo concentrarme en nada, siquiera puedo hilar dos pensamientos seguidos. Siento un torbellino en mi interior. Estoy ansiosa… si, es eso. No soporto estar lejos de Zero.

Desde esa noche no me siento tranquila si no está cerca mío. Cada vez que pienso en lo que hicimos, me sorprende la manera en que actué. Sé que no me comporté como lo hago siempre, pero necesitaba demostrarle de alguna manera que estoy aquí, para él. De alguna manera, siento que lo incomodé, que lo obligué a hacer algo de lo que no estaba seguro. Es que fue un gran paso…

"¿Qué significa esa cara?" escucho que me habla de repente, sonriendo… ¿sonriendo?

Estoy tan perdida en mis pensamientos que no lo escuché acercarse. ¿Qué cara tengo, para que se ría? Reacciono, y le golpeo el brazo. "¿Dónde estabas?" le digo, muy molesta. ¡Aha! ¿Esta cara no te parece graciosa? Parece que si… porque se está riendo nuevamente. Pongo cara de puchero, la que sé que siempre funciona con él, para que ya no me moleste, pero parece que causa el efecto opuesto al que buscaba, porque me toma de la mano, aun riéndose, y me lleva casi arrastrando hacia la fuente en los jardines.

"¿Qué sucede?" le pregunto, confundida. "¿Por qué me traes aquí?" le digo, seguido. "Mira" me dice, mientras acerca algo que acaba de tomar del suelo entre sus manos. "¿Qué es…? oh… Zero…" me quedo sin palabras, cuando me acerca un pequeño gatito, que me mira asustado cuando intento tocarlo. "¿De dónde lo sacaste?" le pregunto, mientras lo tomo de sus manos. Me ruborizo cuando nuestras manos se rozan. Sé que no debería, no desde que nuestra relación se hizo más intima, pero no puedo evitarlo, Zero sigue poniéndome nerviosa.

Desde esa vez, no volvimos a hacerlo. No es que no quiera, o que me sienta incómoda, solo que, de momento, no se dio la oportunidad. "Yuuki" me llama, mientras golpea mi frente con su puño, como llamando a una puerta. "Eres muy cruel" le digo, con cara de puchero nuevamente, cubriendo con una de mis manos el lugar donde me golpeó. "Es tu culpa, por congelarte de esa manera" me dice, encogiendo sus hombros. Intento pegarle, pero se aleja rápidamente, aprovechando que sus piernas son más largas que las mías. No importa, ya me vengaré. De momento, debemos ver qué hacemos con este pequeño animalito.

"Te decía, mientras tomabas tu extraña siesta, con tus ojos abiertos, que deberías nombrarlo" me dice. "¿Un nombre? ¿Y por qué yo? Tu lo encontraste" le digo, pero me mira, como si lo que está por decirme es lo más obvio del mundo. "Pues…" no dice mas, pero me muestra sus manos, llenas de rasguños. Parece que al pequeño animalito no le gustan los vampiros. Aun no entiendo cómo se lleva tan bien con esa yegua del demonio.

"Eso no es una excusa para que no puedas nombrarlo" le digo. "No soy bueno para esas cosas" me dice. "Pues… veamos. ¿Qué te parece Kuro? Ya que es negro" le digo, mirando al gatito a los ojos. "¿Me hablas a mi o al gato?" me pregunta Zero. "¿Qué eres tonto?" le digo, frunciendo mi ceño. "Claro que te hablo a ti" le digo, mientras vamos hacia la oficina del director, para comunicarle que la familia se ha agrandado.


Luego de discutir bastante, y reírnos mucho también, por las ocurrencias de nombres del director, decidimos ir al pueblo a comprar todo lo necesario para que Zeki, como decidimos nombrarlo, tenga todo lo que hace falta. "No debemos olvidar las piedritas" le recuerdo a Zero, mientras me balanceo sobre el paredón bajo. "Están en la lista" me dice, mientras camina, sin mirarme. "¿Sardina? Sólo al director se le ocurriría un nombre así" dice, indignado. "Es cierto. Pues a mi Zeki me parece muy bonito" le digo. "Además, está formado por la unión de nuestros nombres" le digo, sonrojándome. Me mira de una manera indescifrable, mientras se acerca a mí. Al estar parada sobre el paredón, estoy casi a su misma altura. Toma mi cara, y cierro los ojos. Se lo que sigue… sentir su respiración sobre mi piel, la suave caricia en mi cuello, el latir de mi corazón desbordado, el delicado toque de sus labios sobre los míos. No podría estar más feliz. Siento palabras brotar en mi mente, pero no puedo decirlas… no aun. Zero, te amo. Aunque muera por hacerlo, no puedo decírselo, no todavía. Hay demasiado que perder. No quiero precipitar las cosas, no más. Ya llegará el momento correcto, y sé que será hermoso, porque lo que siento por Zero me llena el alma.

Mientras continuamos besándonos, no dejo de preguntarme, ¿Cómo fui tan ciega? ¿Cómo no me di cuenta que el callado, malhumorado, lastimado, solitario, hermoso, hermoso, precioso chico que estaba a mi lado significaba tanto para mí? No sé que nos espera en el futuro, pero quiero atesorar estos momentos. Quiero aprovechar cada momento que pueda vivir junto a Zero, no quiero lamentar nada ni arrepentirme de nada cuando ese día llegue. Lo abrazo con todas mis fuerzas, no quiero dejarlo ir, no quiero que se aparte un centímetro de mí.

Escucho la gente pasar, siento el viento mover mi cabello, el calor del sol primaveral sobre mi piel, risas de niños cercanos, pero sobre todo, siento un inmenso dolor en mi pecho, y mis ojos llenarse de lagrimas. Puedo sentir que ese día se acerca, rápidamente. Sé que él lo sabe también. Y no entiendo por qué soy tan egoísta, de no dejar fluir esas pocas palabras que me inundan en mi interior. Debo hacerlo, debo decírselo. No quiero arrepentirme de nada. "Zero… yo…"

Fin