Ninguno de los personajes me pertenece. Esto quiere decir que no soy J.K.R. , como seguramente supusieron.
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Capítulo 14: Verdades
Frederick D. Jackson.
Había elegido ese nombre con la tonta idea de que nadie lo reconocería, que nadie lo buscaría, que no se preocuparían por ir a ver dónde estaba ni cómo se encontraba; sobre todo si aún estaba siendo burla y vergüenza de la familia Malfoy.
Cuando era un niño siempre había creído que aquello era su culpa… pero luego comprendió que no. ¿Cómo podía haber tenido la culpa de haber nacido sin la capacidad de hacer magia? Claro, aquello resultó una verdadera vergüenza para unos sangre pura como los Malfoy. Ellos no podían concebir la idea de que un squib hubiera nacido en la familia… Y por esa misma razón habían decidido tratarlo como un mero elfo doméstico. A eso había que sumarle las burlas, especialmente de Lucius, que era el favorito de sus padres.
Pero el hecho de volver a aquella Mansión y entrar a ella hacía que su mente se auto-protegiera de los posibles insultos que recibiría. Sin embargo, tras esas últimas palabras dichas tan directamente, no tuvo más opción que seguir al mago en silencio. Todavía no salía de su asombro pero tenía cientos de preguntas rondando por su mente. Pero comprendía que ese era un tema que era mejor hablar en un sitio seguro y no donde cualquiera con malas intenciones pudiera escuchar.
Severus le hizo una seña para que ingresara al vestíbulo. Estaba en peores condiciones de lo que recordaba. Lleno de polvo, con la alfombra rota… Al parecer los años habían hecho mucho más que pasar… sino que también habían dejado profundas marcas en la vida y la economía de la familia Malfoy.
-¿Y mi hermano?- preguntó sin poder contenerse más.
Severus, que había estado dándole la espalda, giró y lo miró fijamente a los ojos.
-Falleció hace unos cuantos meses- respondió directamente- Se quitó la vida en su celda de Azkabán.
Altair miró a Severus con los ojos bien abiertos. Jamás se le abría ocurrido pensar que algo como aquello pudiera suceder. Lucius siempre había sido un hombre fuerte, digno (como decía su padre) del apellido Malfoy y, por ende, incapaz de hacer algo tan débil y estúpido como suicidarse. No podía evitar sentirse un tanto culpable dado que no sentía ningún tipo de dolor ante esta noticia. Él había sido su hermano, sí, pero el cariño entre ellos había sido inexistente. Pero de repente tuvo otro pensamiento… ¿Y Narcisa? ¿Qué había sido de su primer amor? ¿Se habría casado finalmente con su hermano? Estaba seguro que sí. ¿Lo había llegado a amar? Eso no lo sabía. Pero descubrió que, aún a pesar del tiempo pasado, tenía cierto temor de descubrir esa respuesta. No debía ser así.
-¿Qué es eso de que tengo un hijo?- preguntó en voz alta una vez que Snape cerró la puerta detrás de ellos.
Pero el hombre no le respondió nada. Siguió avanzando y él no tuvo más opción que seguirlo. Caminaron hasta tomarse con un pasillo lleno de cuadros, algunos pintados hace cientos de años atrás y que él recordaba perfectamente y otro mucho más nuevos.
Snape se detuvo delante de uno y con la ayuda de su varita hizo que todo el ambiente se iluminara completamente.
-Mira- le dijo señalando.
Altair se acercó y miró con curiosidad. En el cuadro se retrataba un joven de unos quince años, con expresión altanera y mirada desafiante. Sin duda alguna, un "digno" Malfoy. Leyó la etiqueta de oro que se encontraba debajo del cuadro: "Draco Lucius Malfoy". Su corazón se aceleró y su respiración se atascó en su garganta. Sintió un sudor frío recorriéndole la espalda… ¿Lo había llamado Draco, como él?
-Cuando Lucius se enteró del modo en que ella quería llamarlo- dijo Sanpe como si hubiera estado leyéndole la mente- se enojó tanto que ella escapó junto con el pequeño… Fue a mi casa y me contó la verdad. Le dije que debía olvidarte porque eras un cobarde que había huido…
Altair le lanzó una mirada despectiva que no inmutó a Severus.
-¿Y qué pretendías que hiciera?- le preguntó sin esperar una verdadera respuesta.
-¡Que te quedaras!- exclamó- La noche que desapareciste ella preguntó a todos que había sucedido, arriesgándose a que la castigasen por tal impertinencia. Iba a decirte que estaba embarazada… que se iba contigo.
Altair apretó las manos en puños conteniendo la rabia que sentía. Rabia contra aquel hombre y contra sí mismo… pero mayormente la rabia estaba dirigida hacia Narcisa. No porque la odiara ni la culpara por lo sucedido, sino porque simplemente necesitaba enojarse con alguien, porque su alma reclamaba ser aliviada de tantas presiones, de tantos sentimientos dolorosos… y ella no estaba allí para defenderse. Y esa antigua herida que tanto tiempo había estado intentando hacer desaparecer había resurgido nuevamente y era como si le hubieran echado sal encima… haciéndola ardiente.
-¿Por qué me dices esto ahora?- preguntó sin mirarlo.
-Porque necesito tu ayuda para encontrar a Draco- respondió.
-¿Yo? ¿Y qué hay de Narcisa? ¿Acaso ella no puede ayudarlo?
Se hizo un profundo silencio. Altair alzó los ojos rápidamente al rostro de Severus y, en ese momento, lo supo. No necesitó de ser mago ni tener la capacidad de adentrarse en la mente de otras personas para ver sus recuerdos para comprender… ella tampoco estaba allí. El nudo de su garganta se volvió asfixiante. Quiso llorar pero no pudo hacerlo. Aquello sí dolía, tal vez demasiado a pesar de los años que habían pasado. Pero no quería ser tan estúpido como para seguir engañándose a sí mismo. Todavía la amaba. A pesar del tiempo que había pasado su corazón había seguido latiendo con la esperanza de volverla a ver… pero ya no sucedería. Ahora podía permitirse perder las esperanzas.
Y aunque le doliera, aunque lo asfixiara, aunque ese dolor lo estuviera matando, tenía que admitir una cruel realidad: que tal vez esto era lo que debía suceder para que él pudiera cerrar esa etapa.
-Unos Mortífagos la mataron hace poco tiempo… Ella y Draco estaban escapando. Sólo Draco salió con vida. Pero perdió la memoria. Necesito encontrarlo para poder ayudarlo a recordar… y el único que puede hacerlo eres tú. Y si no quieres hacerlo, te advierto que no me importará obligarte.
Altair cerró los ojos unos instantes e intentó respirar con normalidad.
-Lo haré- dijo segundos después- Te ayudaré a encontrar a mi hijo.
