Aqui estoy de vuelta, no ha pasado un año, paso tantito tiempo, pero aquí sigo. Este capitulo es un tanto mas dramático :P a mi se me hizo asi, pero ya saben, yo soy drama xD. Espero lo disfruten y los quiero!
5 de junio
Desperté la tarde del siguiente día en mi antiguo cuarto, un ambiente completamente distinto a la enfermería, más colores y un diferente olor. Chico Bestia me explicó que al desmayarme hubo una discusión entre los miembros del equipo, tratando de decidir qué hacer de mí. Ninguno quería expulsarme de la torre o entregarme a las autoridades, ninguno de ellos tiene el corazón para hacer eso. Decidieron mantenerme prisionera en un cuarto, Chico Bestia logró que fuera en mi cuarto y no en la celda que tenía Robin en el cuarto de interrogación.
Ha pasado un día desde que desperté, no puedo quitarme el cable que sube a mi cabeza, cuando intenté jalarlo sentí un dolor muy agudo, lo cual logró que dejara de jalar y me sentara mareada en la cama. La desesperación me está llenando al no saber qué hacer con ese cable. Sé que fue la causa de mi ataque a Robin, no hay ninguna otra explicación. Si tan solo…
- ¡Star, es tu turno! – murmuró mi compañero verde, ojos fijos en las cartas en su mano.
Asentí y cerré mi diario a mi lado, bajando mis ojos a mis propias cartas. Durante mis últimos años en el viejo departamento, cuando el esposo de la anciana que tanto adoraba seguía vivo, aprendí a jugar diferentes cosas con cartas. Era tan entretenido regresar de mi aburrido trabajo en el restaurante, apresurarme a la casa de los ancianos y jugar cartas por horas. Antes fui alumna, ahora era maestra; Chico Bestia aprendió con facilidad y no había momento que no quisiera jugar.
- Perdón – respondí a su reprocho y bajé una carta al montón en la cama, mi compañero gruñó molesto y bajó una carta. La puerta resonó con un suave golpe y mi curiosidad creció pues los demás titanes no rondaban mi cuarto mucho. En parte tenía esperanza de que mi exlíder entrara y confesara su amor por mí, pero eso sólo pasaba en películas terrestres.
Cyborg entró cuando el chico verde dio un alarido. Sonreí al ver a mi viejo amigo parado en el marco de mi puerta, ya no había enojo en su ojo humano.
- Star, estuve investigando lo que me pediste de…tu sabes – dijo el hombre de metal señalando con un gesto incomodo a la parte trasera de su cuello, refiriéndose al cable invasor en mi cabeza. Cuando desperté, Cyborg se mostró muy interesado en mis excusas de haber atacado, Robin no me escuchó y no se molestó en mirarme, la chica oscura se mantuvo en silencio con su capucha cubriendo su cabeza y proyectando una sombra sobre su rostro. Pero Cyborg me creyó y examinó el cable que subía de mi cuello y después se encerró en su cuarto a investigar.
- ¿Qué encontraste? – pregunté mientras ponía otra carta bajo la presión del chico bestial.
- No mucho, descubrí, gracias a los rayos X, que el cable está conectado a tu azotea. – contestó veloz dejándose caer junto a mí en la cama, causando que la pila de cartas se derrumbara y Chico Bestia gruñó de nuevo. – Cálmate Bestita – murmuró Cyborg empujándolo por el hombro.
- ¿Azotea…? – cuestioné al titan.
- Tu cerebro – aclaró Cyborg y suspiró. – Es así como Slade pudo "controlar" tus acciones o emociones. No estoy seguro aún de cómo lo colocó allí o cómo quitarlo. – declaró con un tono de derrota y ojos cerrados.
- Te lo agradezco amigo. – murmuré, poniendo mi mano libre sobre su brazo. Claro que estaba agradecida con él, por perdonarme, por ayudarme, por hacer algo que Robin no podía hacer, creerme.
Le ofrecí algunas cartas al titán de metal y él las tomó con un brillo competitivo en su rostro. Fue alrededor de una hora el tiempo que pasamos atacando y riendo hasta que mi cuarto se pintó de rojo y en nuestros oídos zumbó la alarma. Por viejo instinto, los tres nos levantamos de inmediato dejando las cartas volar a nuestro alrededor y corrimos a la puerta que se abrió con rapidez. Cyborg salió disparado pero Chico Bestia se detuvo y giró a mí, haciéndome frenar.
- Tú no puedes salir – dijo con cierta inseguridad. Su comentario causó que me encogiera de hombros y ambos corrimos a la sala. Sabíamos que Robin comentaría sobre mi presencia en la sala, pero no estaba en condiciones de quedarme en mi cuarto esperando.
En cuanto Robin posó sus ojos disfrazados sobre mí, negó. – Chico Bestia, ella no puede salir – dijo rápidamente dándose la vuelta.
- ¿Y que se supone que haga? – preguntó el chico verde, un tanto retador, algo que a Robin, no pareció gustarle.
Robin giró hacía él y se acercó en silencio. – Si la dejo en su cuarto, existe la ventana, o la puerta, tú sabes que ella tiene el poder de romperla. – argumentó Chico Bestia un tanto intimidado por su líder. Su comentario pareció tener sentido por lo que el pelinegro me señaló y comenzó a caminar por el pasillo.
- Entonces la pondremos en la celda – dijo una vez que llegamos al cuarto de interrogación con la pequeña celda en el rincón. Cyborg hizo un gesto triste mientras que Chico Bestia trató de repelar, pero Robin abrió la reja de metal y esperó a que entrara.
Caminé a regañadientes hasta que estuve junto a mi exlíder, giré mi cabeza y clavé mis ojos tristes en él. Se mantuvo fijo, su respiración lenta, pero supe de inmediato que mi mirada lo estaba alterando. Bajé mis ojos y entré a la celda. La puerta se cerró pesada tras de mí y mi vieja hermana del alma y mi viejo amor salieron a la sala. Chico Bestia y Cyborg, mis únicos aliados, dudaron que hacer, el hombre metálico salió pero volvió rápido con mi pequeño libro, una bolsa con comida, una botella de agua, una sábana y una pequeña almohada. – Perdóname Star, porque no puedo ayudarte de otra forma. – murmuró triste de verme tras rejas, pasándome todos los objetos con facilidad. Le sonreí, tratando de mantenerme fuerte y alegre, tomé las cosas y me senté en la incómoda cama, causando que los resortes chillaran en su vejez.
Ambos se marcharon, dejándome en una celda que contaba la historia de criminales que fueron detenidos por mi viejo equipo. Ahora, aquí estaba yo.
5 de junio continuación.
Desearía que Robin viera lo que pasa por mi mente, lo que realmente soy, lo que aún soy. Pero sigue cegado por un sentimiento que ya no logró distinguir, furia o tristeza, egoísmo, liderazgo. Extraño cuando su sonrisa se pintaba en su rostro al verme o el tono de su voz cuando se dirigía hacia mí. Duele admitirlo, pero extraño sus labios…
La pluma con la que usualmente escribía se desvió de la hoja al escuchar un fuerte golpe del piso superior. No estaba segura cuanto tiempo había pasado ya desde que los titanes salieron ante la alarma, pero el cuarto de interrogación jamás tuvo otra luz que no fuera artificial.
Otro golpe.
Cerré mi libro y lo deslicé bajo mi almohada, subiendo mis ojos al techo sobre mí. No pudieron haber regresado aún pues Chico Bestia estaría allí sacándola de ese lugar.
- ¡¿Hola?! ¿Hay alguien? – pregunté mientras presionaba mi rostro contra las barras de la puerta. No escuché respuesta alguna, por lo que decidí volver a mi diario, pero…
Otro golpe.
Mis manos se encendieron con mi conocida luz verde y observé como algo caía a mis pies. Con ojos desorientados, me agaché y recogí lo que parecía ser una llave de metal. La analicé por unos minutos hasta que me di cuenta de lo que era. La llave de la celda. Mordí mi labio, nerviosa, y saqué mis manos por las barras, buscando con los dedos el pequeño hueco donde la llave entraba. Por fin, la reja se abrió con un chirrido y salí de mi prisión.
Golpe. Golpe. Golpe.
Encendí mis manos una vez más y salí del cuarto de interrogación, no estaba segura de cómo había llegado la llave a mis pies, pero sabía que no estaba sola. Subí deprisa las escaleras y doble la esquina para subir más, pero me detuve en el primer escalón.
Golpe. Golpe. Golpe. Golpe. GOLPE!
Mis ojos subieron deprisa hasta arriba de las escaleras y allí fue cuando por fin vi la razón de los golpes. Mi cuerpo se congeló en su lugar y un grito de terror floreció en mi garganta, todo estaba perdidamente oscuro, pero podía ver bien lo que se encontraba arriba en el marco de la puerta.
Golpe. Golpe. Grito. Silencio...
