Capítulo 14: un beso
Olivia volvía a estar en el aula de Defensa Contra las Artes Oscuras en la hora de castigo con el profesor Moody. El aula estaba decorada con cuadros de los magos más peligrosos de todos los tiempos excepto uno, no había ninguno del Señor Tenebroso. Olivia le había preguntado en una ocasión la razón y él la había contestado que no quería infundir miedo en los alumnos aunque ella no creía que esa fuera la verdadera razón, no hizo ninguna pregunta más.
-No me sale. No entiendo por qué –dijo Olivia observando a Moody desesperada.
-¿Has estado practicando como te dije? –preguntó su profesor.
Cuando llevaban una semana realizando el patronus y al ver que no la salía, la mandó practicarlo en sus ratos libres y siguieron con otros hechizos.
-Sí, todos los días, antes de irme a la cama, lo intento un par de veces y solo sale la neblina plateada.
Se sentó apesadumbrada en una silla del aula. Alastor Moody se la quedó mirando fijamente lo que provocó en ella inquietud. Llevaba ya un mes de castigo y las clases incluso la estaban gustando pero a veces él se la quedaba mirando fijamente y hacía que ella se sintiera incómoda.
-Solo te pasa con este hechizo, el resto los aprendes rápido –comentó aun observándola pensativo- quizás no sea el hechizo sino el recuerdo.
-He probado con varios y no han dado resultado.
-Igual no son lo suficientemente fuertes…
-Tampoco es que tenga muchos dónde elegir –le contestó Olivia enfadada pues no le gustaba que la criticaran por algo en lo que se estaba esforzando de verdad.
-Tiene unos padres y un hermano que la quieren. Tendrá algún recuerdo feliz con ellos –sugirió su profesor.
-Mi madre me trata como si todo el tiempo tuviera que estar a su altura, mi padre casi nunca está en casa y mi hermano solo piensa en la sangre y en él mismo. No creo que encuentre ningún recuerdo feliz con ellos–concluyó Olivia apesadumbrada.
-Mi padre tampoco me trataba bien pero aprendí que otras cosas también me podían hacer feliz.
-¿Usted tenía padre? –exclamó la chica asombrada.
-Pues claro, soy profesor pero también soy humano –le reprendió Moody enfadado.
Olivia se sonrojó ligeramente por la vergüenza y sintiéndose estúpida. Sabía que su profesor era un mago como otro cualquiera pero nunca veía a sus profesores como personas que pudieran tener familia.
-Lo siento, ¿qué otras cosas le hacían feliz? –preguntó interesada para ver si así le podía ayudar a ella.
-Mi madre, Iss… mis amigos y la causa –concluyó Moody pensativo y mirando hacia otro lado-. Bueno se acabó la conversación y el castigo por hoy, puede retirarse y pensar en ese recuerdo que la ayude con el patronus.
Olivia salió del aula pensando en lo que Moody la había contado. Nunca había realizado el hechizo con un recuerdo de sus amigos así que decidió que lo intentaría esa misma noche. Por otra parte la conversación con el exauror la había hecho volver a recordar la carta de su padre, se preguntaba por qué no la había vuelto a escribir desde esa primera vez y si estaría bien o le habría pasado algo. En la carta le había dicho que era peligroso que ella se enterara de quién era y no podía hacer otra cosa más que preguntarse por qué. Tenía que hablar con Draco para ver si había averiguado algo con sus padres. Estaba tan inmersa en sus pensamientos que al cruzar la esquina no se dio cuenta y se chocó contra alguien cayendo al suelo.
-¿Por qué no miras por dónde vas? –le preguntó un chico malhumorado que se había tambaleado pero no había caído como ella.
-¿Desde cuándo tan descortés conmigo, Theo? –preguntó Olivia que había reconocido la voz del chico.
-Perdona Olive, no te había reconocido ahí tirada en el suelo –dijo el chico con una sonrisa cambiando su tono de voz y estirando la mano para ayudarla a levantarse-. ¿De dónde venías?
-Del castigo con Moody.
-¡Qué palo! Pero mereció la pena por lo que hiciste la semana pasada. No me pude reír más. ¡Menuda cara se les quedó! ¡Fue épico!
Había pasado una semana desde su ruptura con Max. Una vez se había despedido de Rabastan, Olivia se sentó en la mesa de Gryffindor al lado de George con el que seguía enfadada y enfrente de Eleanor y Fred que estaban hablando sobre el baile de Navidad.
-Olivia, yo quería… -George no pudo terminar pues fue interrumpido por Olivia.
-Fred, quería pedirte algo –dijo la chica seria mirando al gemelo pelirrojo.
-¿El qué? –preguntó él con desconfianza.
Hacía semanas que Olivia no les dirigía la palabra y le pareció raro que lo hiciera ahora.
-¿No tendrás aquí alguna de esas bombas fétidas en las que estabais trabajando?
Fred y George había estado las últimas semanas intentando elaborar bombas fétidas en las que permaneciera el olor durante una semana y no pudiera desaparecer con ningún hechizo. Parecía que estaban teniendo buenos resultados, al menos la última vez que Olivia les oyó hablar sobre ello.
-Sí, tengo algunas en la mochila –respondió mientras se inclinaba hacia atrás para cogerla y sacar unas cuantas.
-¿Para qué las quieres? –inquirió George mirándola con desconfianza.
-Solo necesito dos –Olivia ignoró al pelirrojo y estiró la mano hacia Fred para que se las pasara-. Gracias, te debo una Fred –dijo mientras se levantaba del banco- os veo en la sala común.
Los chicos la observaron irse extrañados y se sorprendieron al no verla dirigirse hacia la puerta sino hacia la mesa de Slytherin con paso calmado y colocando las bombas fétidas cada una en una mano.
Olivia respiró un par de veces antes de acercarse a sus objetivos para intentar calmarse y poder llevar a cabo lo que había planeado cuando se acercaba a la mesa de Gryffindor. Estaba deliberando en cómo haría para romper con Max después de lo que había oído en la habitación de las serpientes y al ver a los gemelos pronto se le ocurrió. Solo tuvo que pensar ¿Qué harían ellos?
Divisó hacia la mitad de la mesa a Max y Cygnus que estaban sentados frente a Lesya y Antonin cenando por lo que parecía que se habían arreglado después de la discusión que Olivia había escuchado junto a Rabastan tras la puerta. Se colocó detrás de ellos y con la misma calma con la que había caminado hacia su mesa les estampó a cada uno una bomba fétida en la cabeza.
En un principio ninguno supo cómo reaccionar Lesya y Antonin se quedaron mirando atónitos a Olivia que estaba con una expresión serena mirando hacia su hermano y Max. El espantoso olor a bomba fétida se hizo presente y pronto toda la mesa de Slytherin y algunos alumnos de Ravenclaw se giraron para mirar hacia el origen del olor. Eleanor, George y Fred miraban sorprendidos desde su mesa a la chica y del asombro incluso no pudieron ni reírse por una vez de los Slytherin.
-¿Qué narices estás haciendo? –exclamó su hermano una vez recuperado de la sorpresa agarrándola por el brazo.
El gritó de su hermano hizo que los alumnos que no se había enterado del suceso se estuvieran enterando en ese momento. Max de mientras parecía que no podía hablar y lo único que hacía era pasarse una servilleta por el pelo intentando quitarse el apestoso líquido.
-Con esto espero que sepas que nadie se ríe de mí –dijo ella con voz calmada y se deshizo del agarre de su hermano de un tirón pero al darse la vuelta se encontró con el profesor Moody de frente.
-Señorita Black, le iba a retirar el castigo que tenía impuesto esta semana pero como veo que no ha aprendido la lección seguirá al menos hasta después de Navidad aunque a este paso puede que este castigada todo el año –la reprendió Moody mirando fijamente con sus dos ojos y los labios fruncidos, lo que con las cicatrices parecía más una mueca- hablaremos mañana en su castigo sobre esto.
Olivia le respondió con un gesto afirmativo y subió a paso rápido hacia su Sala Común y al llegar subió a su habitación en vez de quedarse allí ya que no tenía ganas de que la gente la preguntara sobre lo que había pasado. Eleanor llegó cinco minutos después y Olivia le relató lo que había sucedido desde que se había encontrado con Rabastan. Después de que su amiga la consolara y criticara a su hermano y su exnovio se quedó dormida en la cama con Eleanor antes de que llegaran Hermione y sus otras dos compañeras.
-¿Me estás escuchando? –preguntó Theo molesto.
-Lo siento –se disculpó la chica que estaba distraída- ¿Qué decías?
Habían estado paseando cerca del lago y ahora estaban sentados en unas rocas desde donde ambos estaba tirando piedritas al agua para comprobar quien llegaba más lejos aunque ambos sabían que el ganador sin duda iba a ser Theodore.
-Te estaba diciendo que hace mucho que no hablábamos –volvió a repetir el chico cansado.
-Ya, lo siento mucho. Ya sabes que me importas mucho y que te quiero.
Olivia se sintió culpable. Era cierto que desde que habían comenzado el colegio y al estar enfadada con Draco y Blaise, no se había acercado tampoco al chico. Theodore y ella siempre se había llevado muy bien y aunque él siempre estaba bromeando con ella, también era con la única chica con la que él podía hablar de todo.
-No te preocupes. Tampoco he tenido nada que contar, solo era para echártelo en cara –dijo con malicia.
-Eres un idiota –le pegó un manotazo en el brazo con todas sus fuerzas a lo que Theodore contestó riéndose y haciéndola cosquillas.
-Blaise te echa de menos –comentó mirándolo al lago- deberías perdonarlo.
-No lo voy a hacer –dijo ella rotundamente.
-Eres una orgullosa –le reprochó.
-¿Quién fue a hablar? –dijo ella inclinando la cabeza.
Theodore soltó una carcajada y no la contradijo. Ambos sabían que los dos eran muy orgullosos y solo una vez se habían enfadado. Draco y Blaise cansados después de semanas sin hablarse les encerraron una habitación de la mansión de los Malfoy sin varitas y les dijeron que no les dejarían salir hasta que lo arreglaran. Estuvieron tres días en ella sin hablarse hasta que al final cansados los dos a la vez se pidieron perdón. Además, había llegado un punto que ninguno de los dos se acordaba de por qué se habían enfadado.
-Hablando de personas orgullosas ¿qué relación tienes con Rabastan? –inquirió Theodore curioso.
-¿Qué tiene que ver esa pregunta con personas orgullosas? –preguntó confundida.
-Nada –respondió encogiéndose de hombros, aunque era bien conocido por todos los Slytherin que Rabastan era muy orgulloso- pero contéstame.
-Me llevo bien con él –dijo Olivia- siempre ha sido muy simpático conmigo y nada más ¿por qué?
-¿Rabastan? ¿Simpático? –ella le miró aún sin comprender por qué le había preguntado eso y él se dio cuenta y respondió a su pregunta-: porque, justo la noche en que le tiraste las bombas Cygnus y Max, hubo una pelea en la habitación entre ellos. Te juro que nos costó separarles sino llega a ser porque estaban Vincent y Gregory no hubiéramos podido. Al final llegamos a la conclusión de que era Rabastan contra los otros dos, pero ninguno nos dio explicación alguna y cuando los separamos, Rabastan salió de allí sin dirigirnos la palaba.
Olivia no quería darle importancia porque no deseaba que más gente se enterara de por qué había roto con Max y aunque confiaba en Theo, sabía que se lo iba a contar a Draco tarde o temprano y que el rubio reaccionaría mal, por lo que decidió no decirle nada. Le pareció raro que Rabastan la defendiera pero supuso que al chico le había dado pena como le habían tratado ellos dos o simplemente que no le gustaba que trataran así a las chicas.
Como había pasado mucho tiempo con Theodore, cenó algo rápido y subió a su Sala Común a hacer la montaña de deberes que aún le quedaba. Se sentó en su mesa favorita junto a Eleanor que ya estaba sumergida en su redacción de pociones y solo le saludó con un movimiento de cabeza. A las once Eleanor se despidió de ella habiendo acabado ya. Poco a poco la sala se fue quedando vacía hasta que solo quedaron ella y un pelirrojo que la observaba desde un sillón junto a la chimenea.
Olivia sonrió al ver que por fin había terminado su redacción para la profesora McGonagall, a pesar de que era su asignatura preferida, reconocía que le había costado su tiempo hacerla por lo cansada que estaba ese día. Se levantó estirando los brazos desperezándose y se dispuso a recoger sus cosas para irse a la cama.
-Te ayudo –pensaba que estaba sola por lo que pegó un respingón al oír la voz a sus espaldas.
-Por Merlin, George. Me has asustado.
-Lo siento. Estaba esperando a que terminaras porque… -hizo una pequeña pausa- quería pedirte perdón por lo que te dije en la sala de música, no pensé que te iba a molestar.
-No te preocupes. En realidad fui yo la que me lo tome mal, sabía que era una broma y no sé por qué reacciones así –se explicó Olivia intentando disculparse también con él. Era algo a lo que le había estado dando vueltas esos días y no entendía por qué le había molestado.
-Entonces, ¿por qué no me has hablado en toda la semana? –preguntó interesado.
-No sé, supongo que es ya la costumbre –dijo encogiéndose de hombros.
George soltó una carcajada haciéndola reír también a ella con su respuesta. En realidad, Olivia tenía razón había estado tanto tiempo enfadada con el pelirrojo que ni ella estaba segura ya de cuando tenía que hablarle y cuando no.
-Siento que hayáis roto Crawford y tú–dijo después de que acabara de reírse, ella le miró con incredulidad y se corrigió- bueno en realidad siento que lo estés pasando mal por él.
-En realidad, creo que no me ha importado tanto como esperaba –le contestó Olivia sinceramente.
Después de esa semana sin Max en su vida se había dado cuenta de no le había echado de menos. No sentía nada por él salvo una atracción física. Había estado más triste por el asunto de la carta de su padre que por su ruptura pero no quiso contárselo a George.
-Fue él, el que te dijo que te apartaras de nosotros ¿verdad? –preguntó el pelirrojo suspicaz.
George y Fred lo habían estado comentando con Eleanor y los tres habían llegado a esa conclusión, pero no le habían comentado nada a la chica esperando que ella misma se diera cuenta de cómo la hacía su novio comportarse.
-Sí, fui una idiota haciéndole caso –comentó culpable.
-No pasa nada, al menos te has dado cuenta –ella le pegó un manotazo y ambos se sonrieron.
George la ayudó a recoger sus cosas y estuvieron hablando un rato hasta que decidieron irse a acostar pues ya era muy tarde.
-Nos vemos mañana –se despidió ella sonriente.
-Que duermas bien, Olivia –contestó él y de forma inesperada la dio un beso en la comisura de los labios dándose la vuelta sin esperar su reacción y diciéndola mientras subía las escaleras-: ¡Sueña conmigo!
Ella no pudo evitar sonreír mientras se tocaba el sitio donde él le había besado. Y tal y como le pidió esa noche soñó por primera vez con George Weasley aunque ella a la mañana siguiente no se acordara.
Hola! Aquí os dejo otro capitulo. Espero que os guste!
Muchas gracias a los que comentais, me leéis, me seguis y le dais a favorito :)
Se agradecen criticas constructivas también! Sé que no soy lamejor escritora
Un salud a todos! :)
