Historia escrita en conjunto con Ligie.


CAPÍTULO CATORCE:

Lolita es natural.


"—Lo siento— lo abrazó con fuerza —Lo siento— Se disculpaba por molestarlo, por incordiarlo con su presencia, por su patética vida que seguro ya había visto en sueños, por no poder hacer nada por ayudarlo cuando tanto sufrió."

Fragmento de Empatia de fangirlx.x


Sasuke contuvo las ganas de besarla.

Hinata lo llamó por teléfono el viernes después de que su hermano abandonara su oficina con la noticia de que llegaría el sábado al mediodía. Fue un alivio para Sasuke que pensaba seriamente en ir a buscarla donde sea que estuviera para confesarle sus sentimientos. No era costumbre de él ocultarlos pero a causa de eso estaba convirtiendo su vida en un drama. Nada ganaba con ocultarlos y dudaba que la situación mejoré si ella continuaba con la intención de convertirse en su amiga.

Por lo cual decidió que lo más sensato era confesarse de una vez y dejar claramente sus intenciones. Si era rechazado no importaba tanto siempre y cuando fuera honesto consigo mismo. Si Hinata lo rechazaba, que era la probabilidad por el panorama, podría seguir con su camino sin culpa alguna, aunque dudaba que pudiera olvidarla o rendirse fácilmente; pero si era aceptado...

Sasuke no imaginaba cómo reaccionaría si era aceptado.

Hacia un mes había empezado la facultad de economía, se encontraba a cuadras de la facultad de medicina por consiguiente de su departamento en donde estudiaban juntos la mayoría de las veces. Al principio, solo iba una vez cada tres días y se hundían en acelerar el proceso de recordar músculos, articulaciones y huesos. Le agradaba estar a su lado, no lo negaba, era más tranquilo que estudiar solo. Una de las diversiones que descubrió a su lado era el tic por morderse el labio cada vez, que a propósito, preguntaba algo fuera de su sabiduría.

Por puro acaparamiento a su atención, le pedía juntarse un día de por medio; hubiera preferido todos los días, aunque levantaría sospechas incluso en alguien tan despistada como Hinata. Y aún en contra de su voluntad buscaba un hueco para poder ayudar a su mejor amigo. Quien podría pedirle perfectamente ayuda al genio de su novia. No lo culpaba, la Hyuga poseía el talento de la paciencia y amabilidad al explicar algo que sabía. Era reconfortante y apaciguaba a su mal humor generado por el cansancio de estudiar carreras tan distintas y complicadas.

En el tiempo que estudiaban juntos aprendió pequeñas cosas de ellas. Como su favoritismo por los rollos de canela, tartamudear al verse sin respuesta, sonrojarse por las miradas sobre ella, cocinaba como una diosa, cuando insultaba a Naruto, y quería defender lo indefendible, solía ser gracioso el enfado, la extremada inocencia en segundas intenciones e incapaz de lidiar con los sistemas reproductivos llegó a desmayarse. Nunca intentó llamar su atención, ya que la gozaba sin siquiera proponerlo.

Si Hinata lo conociera más hubiera notado las excepciones que hacía con ella: siempre se aseguraba de que llegué sana y salva a su departamento, las mujeres que conocía las comparaba con Hinata resaltando aún más el marcador a favor de la ojiperla, le molestaba que Karin la dijera princesa, que Naruto la llamara a último momento, por los medios necesarios intentaba alargar la hora de estudio, detestaba que hablara de su novio con una sonrisa y sentirse ansioso por un toque accidental con ella.

Hasta pensó seriamente en presentársela a su madre, mantenerla alejada de Suisui y ocultar la presencia a su padre, sabiendo que lo ayudaba a ir en contra de sus deseos. Al involucrarla en el ámbito familiar, Sasuke descubrió que Hinata era la chica adecuada para su vida.

—¿Sasuke-kun? —abrió los ojos por dejarse llevar por sus pensamientos. No ayudaba en nada que Hinata tenía el flequillo levantado mostrando su tentador rostro ¡Maldición! —¿Te sientes bien?

Comportándose como un idiota parado frente la puerta de su departamento, impidiéndole entrar. Por primera vez se quedó sin palabras. Se planteó seriamente tener un fetiche por las actitudes de niña que le agradaban. Su mente retorcida confundida por ella, dejó que entrará a su departamento.

Claramente le pidió juntarse apenas tocará el país y ella acepto gustosa, pero le dijo que pasaría por su departamento a bañarse y cambiarse. Le propuso juntarse en su departamento para que le brindará lo que se perdió de las clases (aunque Naruto se lo había facilitado, ya que él era el que compartía más clases con Hinata). Había cocinado por primera vez con mucho desempeño y esperaba que saliera comestible. Sasuke la hizo pasar y le dijo que se acomode mientras terminaba lo que hacía.

Ella acostumbrada se sentó en el living donde las cosas del Uchiha invadían la mesa, esperaba que fuera medicina lo que estuviera leyendo. Dejó sus libros en la mesa buscando marcadores y emocionada de conseguir unos resúmenes complementarios sencillos de entender para prestárselos a Sasuke. Él aceptó gustoso los nuevos apuntes y echándole una ojeada.

Cuando terminó de cocinar, Hinata se sentó un poco avergonzada de sentirse especial por la comida que él le preparó. Después de probarlo vio como esa chica bonita sonreía con asombro por el rico sabor de su comida. No iba a confesarle que era la primera vez que cocinaba. Cuando terminaron de comer, Sasuke le pidió un favor.

—Dame tu celular —ella obedeció y se lo extendió. Sasuke lo tomó y lo apagó e hizo lo mismo con el suyo. Después de regalarle una sonrisa, le devolvió el celular apagado y le dijo —Esta vez nadie nos molestará.

Lavaron las cosas y Hinata le hizo preguntas de cómo había estado la reunión con la familia de Naruto, como iba con la facultad de economía y esperaba que él le contará como pasó los días sin ella. A diferencia de Hinata, Sasuke no le preguntó nada porque lo peor que podía hacer era darle una razón para que volviera a pensar en Kakashi. Una vez que terminaron, Hinata se sentó pensando que estudiarían pero Sasuke tenía otros planes.

—Salgamos juntos—interrumpió abrupto y ella lo miró confundida.

Sin esperar una respuesta, Sasuke se levantó, se fue a cambiar y Hinata aprovecho para ruborizarse libremente. La única y última vez que salieron a dar un paseo se vio interrumpida por una llamada y al ver sus celulares apagados entendió que no serían interrumpidos esa vez. Esa idea logró que su corazón se alterara porque tendría a Sasuke para ella sola y ese pensamiento egoísta la hizo sonreír. Dio un respiro profundo y trato que esos pensamientos no influyan en su comportamiento y se dispuso a valorar el momento.

Sasuke salió con unos jeans azules, unas zapatillas tipo botas y la remera sin estampas blanca mostrando su cuerpo de modelo. Se acordó que era llamativo entre las chicas y que seguramente apenas salieran abarcaría todas las miradas y eso le molesto levemente. Suspiró dándose ánimos y lo siguió hasta la puerta. El chico tomó las llaves de su auto, se giró y le preguntó:

—¿Dónde tienes ganas de ir?


Desde pequeña le gustaban los cines sin saber si era por las palomitas de maíz o por la nueva tecnología 3D que compartías las sensaciones de los personajes. Sasuke le dio la oportunidad de elegir y no lo dudó demasiado. El chico se las arregló para conseguir dos boletos en cualquier función que quisiera, aunque fuera un sábado lleno de gente. En cartelera había dos películas de acción, una de comedia romántica, dos infantiles y tres de terror. La última opción la descartó, ya que sumergida en la trama caía en todas las escenas de miedo. Sus opciones se redujeron a la de acción o comedia romántica eligiendo por fin la primera porque no iba sola a observar la función.

El Uchiha aceptaba cada sugerencia y complacía sus pedidos sin contradecirla. El azabache le comentó que desde los nueve años no asistía a ver una película en pantalla gigante porque Naruto solía emocionarse demasiado con los efectos especiales. Al llegar a comprar comida sólo pidió algo para tomar y ella, sin decepcionar a sus principios, pidió palomitas de maíz en un tazón mediano. Y feliz, como niño que va a la juguetería, entró a la sala con los anteojos puestos.

Sus butacas eran en la mitad de la sala los asientos pegados a la pared de entrada, Sasuke se sentó al lado de la pared por las peleas de un grupo de secundaria por sentarse justo a su lado. Esperaron diez minutos silenciosos, después de que el azabache mostrará el ceño fruncido a las jovencitas que se referían mal de Hinata por estar en el medio. Se apagaron las luces de la sala y en la penumbra aparecieron anuncios de los nuevos estrenos. Ella ya había empezado a comer los pochoclos temiendo que no le duraran las dos horas para terminarlos.

La película se trataba de un caballo que había participado en la primera guerra mundial. Se encontraba contenta con la película que eligió porque no había romance o se tornaba aburrida, inclusive dejaba una buena impresión de la amistad fiel y leal de un animal con el hombre en tiempos de guerra. Trató de no dejarse llevar por los sentimientos de empatía o se sensibilizaría con la película y terminaría llorando.

De forma amable le extendió a su compañero las palomitas para que comiera pero este la miró y luego le respondió con el mismo murmuró en su oreja que aceptaba y abrió la boca. Ella asimiló que esperaba su compañero que se los de en la boca misma y se enrojeció de pies a cabeza. Sasuke no parecía ceder y ella no tomaría la iniciativa hasta que se le escuchó decir de nuevo:

—¿Me invitarás? —cerrando los ojos jugando con su timidez, ella podría desmayarse en cualquier momento. Con valor y temiendo de que pueda morder sus dedos, eso si la desequilibraría, tiro dos pochoclos que casi ahogan al chico quien tomó su bebida buscando respirar —¿Quieres matarme?

Ella se disculpó repetidamente y logró que el público la silenciara como en la biblioteca. Las chicas a su lado comenzaron a reírse en voz baja y burlarse de ella lo que ocasionó que Hinata se avergonzara y se entristeciera. Sólo que Sasuke movió su cabello como si fuera una niña y le susurró al oído que no se preocupará por los demás. Hinata lo vio sonreír y esa sonrisa logró tranquilizarla.

A la hora de la interminable película, Sasuke estiró su mano en el respaldar del asiento que compartían, sus pequeños repiquetes se movían al compás impaciente. Ella algo dubitativa paró ese molesto sonido que aumentaba, él aprovecho y entrelazo sus dedos con los que intentaban calmarlo. Quiso separarlos, pero este parecía demasiado empecinado por quitarle sonrojos. Nerviosa y colorada le pidió casi sin voz que la soltara, él advirtió que volvería a hacer ruido si se soltaba.

Hinata recordó la noche cuando durmieron juntos y entrelazaron sus dedos. Su calidez la invadió y anheló poder sentirlo siempre de esa manera. Al prenderse las luces, esté la soltó por lo airada que se veía la chica. Recuperando el semblante tranquilo, ella sin mirarlo le preguntó con la cara enrojecida que le pareció la película.

— Es buena— soltó colocando las manos en los bolsillos. Levantándose de la butaca, ya que eran los últimos que quedaban, se giró como si nada hubiera pasado— ¿Algo más que quieras hacer?

Ella negó con la cabeza y agregó toda roja enfrentando la mirada— Creo que sería justo que tu elijas ahora —el chico la miró confundido por lo que acababa de decir.

—Hinata — despeinó su pelo buscando palabras adecuadas para encararla. Ella volvió al color natural en sus mejillas, pensando que le contaría por qué se encontraba tan pensativo —quiero que entiendas que pase lo pase, hagamos lo que hagamos— un suspiro agotado salió de sus labios, intentando transmitirle indirectamente sus sentimientos en palabras—, me gusta estar contigo.

La chica notó que Sasuke corrió su mirada y a Hinata esas palabras le alegraron el día. Juraría que el chico al frente suyo estaba sonrojado por sus palabras. Así que tomó su mano entre las suyas y le dijo con toda la inocencia del mundo.

— Sasuke tú me haces feliz— el chico se mostró levemente contento, pero tuvo que agregar sin pensar y arruinar completamente el ambiente—. Eres un buen amigo.

Esas palabras innecesarias para Sasuke le sonaron agridulces. Chasqueo la lengua molesto y salió de ahí dejando a Hinata confundida porque creyó que ambos sentían lo mismo. Cuando creía que empezaba a entender a Sasuke hacía algo, inconscientemente, que lelo enojaba o frustraba. Salieron del lugar y Sasuke se mantuvo callado y meditabundo en el auto y Hinata sólo junto sus manos en el regazo esperando que le contará que le incómodo de sus palabras.

Sasuke suspiro y encendió el vehículo. Hinata supuso que se acababa el paseo pero no fue así. No conocía exactamente el trayecto del cine a su departamento, pero estaba segura que no era el camino que debieron seguir. Acelerando a una velocidad moderada, Sasuke veía al frente sin hablar, llevándola a un nuevo lugar algo impaciente, aunque no lo suficiente para avisarle.

Cuando el auto se detuvo se encontró al frente de unas grandes rejas negras, es cuando le previno: —Mi casa, ¿Quieres pasar? —cuestionó al girar su cabeza a la joven que sólo asintió con la cabeza. Pidió por el portero electrónico que le abran. Obviamente que lo reconocían y las puertas se abrieron de par en par —Mis padres se fueron de viaje de negocios y mi hermano vive en el centro. El ama de llaves creo que ya se fue y sólo quedan algunos empleados de seguridad.

Cuando el auto entró al lugar Hinata pudo notar un hermoso jardín en la entrada con una fuente con formas de ángeles que largaban agua como si fuera cascada. La mansión era de color blanco y con grandes ventanales. No era un hogar común, se notaba que estaba en constantes reformas porque estaba decorado con lo último en decoración. A los costados estaba rodeado de un gran espacio verde.

Cuando entraron Hinata notó un gran salón con sillones lujosos y un piano en un rincón, grandes ventanales que daban a un hermoso jardín en medio del atardecer. Él dueño de la casa observó la reacción de ella, que tímida camino lento por el lugar mirando con delicadeza a su alrededor. Había una fotografía en el living donde estaba la familia de Sasuke y entendía un poco de dónde sacó tanta belleza, aunque en la foto sólo la mujer salió sonriendo. Después todo era tétrico a pesar de ser un lugar construido con los mejores materiales, como la mansión que dejó luego de la muerte de su padre.

Se acercó al piano y con el consentimiento de Sasuke toco todas las teclas. El chico le dijo que sabía tocar pero era escaso su repertorio. Hinata tocó una canción que le gustaba y que la escucho en un programa que le gustaba mucho: auditory hallucinations. Al terminarla le preguntó con curiosidad.

—¿Para qué me traes aquí, Sasuke-kun?

—Quiero mostrarte algo. —contestó este con voz ronca. Ella se giró con una gélida mirada que intentaba traspasar su mente, pero se conmocionó al verlo estirar la mano hacia ella. Hinata sintió un cosquilleó en su estómago de vuelta y sin dudar estiró su mano para tomar la suya.

La guio hacia el segundo piso apretando la mano. Un pasillo gigante con pocas luces en los costados, se detuvieron en la tercera puerta de roble. Curiosa entró detrás de él y prendió la luz. Un cuarto bastante amplio con una cama, un balcón, un plasma, una computadora y unos asientos en el medio. Era como los cuartos lujosos en un hotel de cinco estrellas. Sasuke volvió a soltarle la mano buscando algo entre el placard que se encontraba con algunas prendas, mayormente trajes.

En su mesa de escritorio encontró tres porta retratos: una foto con su familia pero reciente, otra con un hombre con un gran parecido a él pero notó a Sasuke de pequeño (que le resulto tierno) y por último una grupal con sus amigos. ¿Por qué esas fotos no las tenía en su departamento? Nunca las notó, aunque tampoco conocía todo el lugar.

—¡Aquí está! —encontró una caja mediana vieja de madera. Ella se acercó de vuelta a él que parecía emocionado por lo que contenía dentro. Desempolvo un poco el objeto y la miro divertido— Antes de que te muestre algo secreto, prométeme que no se lo dirás a nadie.

Ella algo ruborizada por la sonrisa y ansiosa contestó —Lo prometo.

—Deberías sentirte afortunada, Hinata. Sabrás la razón por la cual estudió medicina. —habló concentrado en abrir la caja que dentro tenía varios documentos. Muchos de ellos ajados, rotos y amarillentos; las fechas eran de quince años atrás. — Cuando tenía cuatro años, un año antes de conocer al dobe, solía acompañar a Itachi a dar vueltas por las instalaciones de la fábrica principal de la familia. Fue en ese tiempo cuando conocí a Jiraiya, el abuelo de Naruto.

—¿Es este? —señalo a una foto con una hermosa mujer de cabello rubio con un cuerpo bastante proporcionado de jóvenes, tal vez en la época de los setenta.

—Ese mismo —sonrió y continúo —. Con mi padre siempre tuvieron diferencias. Itachi solía decir que mi padre lo obligaba a tratar a personas en los hospitales y que esté le gustaba mucho ser un médico sin fronteras o algo así. Por ello, guardaba en un papeleo casos de personas que fallecieron y que no pudo salvar. Casos únicos y que siendo un genio jamás pudo descifrar. Es por eso, que lo superaré algún día y encontraré las respuestas que nunca obtuvo.

—Sasuke, ¿Estudias medicina para superar a Jiraiya-san? — miró alguno de los papeles que eran remarcados por grandes círculos. Este negó con la cabeza.

—No exactamente. Al cumplir los doce años y viviendo prácticamente en la casa de Naruto y viceversa, Jiraiya nos tomó como discípulos y viajamos los tres meses de vacaciones acompañándolo a distintos hospitales en dónde nos demostró lo fundamental de la profesión. —Hinata abrió los ojos esperando que continuara. Y él sintiendo su atención continúo— La capacidad de frenar la muerte. La posibilidad curar heridas físicas de la gente que uno ama.

Ella analizó lo dicho y se replanteó el por qué ella lo estudiaba. Tal vez porque su padre murió en un accidente de tránsito y cuando le dijeron que podía salvarse a último momento. Sólo quería poder ayudar a las personas que sufrieron lo mismo que ellos, darle una segunda oportunidad. No es una ciencia, ni tampoco un gran secreto las finalidades de cada carrera; el trauma de su infancia la llevaba a buscar la salvación de personas con similares casos.

Entonces salió una pregunta en su mente desde el principio —¿Y por qué estudias economía Sasuke-kun?

—Un pedido de mi padre —soltó guardando poco a poco las hojas en la caja y colocándola en la esquina invisible del mueble. Él agregó volviendo al rostro de siempre —Admito que es divertido en el ámbito competitivo pero no tiene nada que ver con la meta que tengo desde niño.

—Debe ser un gran hombre Jiraiya-san —Al Uchiha le cayó una gota de complicidad, evito decirle a la ojiperla otra de las tantas cosas que le enseño, como el manual de un mujeriego y que al abandonar medicina tomó la manía de escribir libros pervertidos. Decidió dejar que ignore las anti heroicas hazañas de un genio médico— ¿Por qué me cuentas esto?

—Es muy simple. —cortó por lo sano cerrando la puerta del armario —Últimamente me planteé si debía seguirla, ya que será más complicado continuar con las dos profesiones a la vez. Por eso es que cuando veas que dude o me canse de estudiar me recuerdes porque estudio desde el principio.

Hinata sonrió feliz, era confidente de un secreto íntimo. Lo que quiso desde el principio y la que Sasuke era reacio a darle, al fin daba sus frutos. Tan importante que se sintió necesitada por lo cual la inundaba la felicidad y agradecía internamente que Sasuke se haya cruzado en su camino. Él siempre le inauguraba algo nuevo a su vida y la dicha era tan inmensa que un gracias era escaso a lo que él llegó a confiarle.

En poco tiempo Sasuke se convirtió para ella, lo que Itachi era para él. Su amigo y cómplice que creía en ella. No la victimizaba ni la protegía, la trataba como una igual. Además, él no la idealizaba y la aceptaba completa, con sus defectos. Hinata alzó la vista y encontró a Sasuke mirándola fijamente.

Hinata le preguntó que le pasaba con los ojos más hermosos del mundo. Sasuke corrió la cara y le dijo si querían hacer algo más. Ella le pidió si la podía llevar a su casa porque quería mostrarle algo. El asintió y Hinata pensó que tomaría su mano de vuelta pero no lo hizo.

Sin variar, como todos los viajes, iban en silencio. Su mochila siempre en la parte de atrás del automóvil, el viaje duró unos cuarenta minutos y no recordaba que durará tanto. Llegaron al complejo de departamentos y las luces de la noche le dieron un toque mágico a su alrededor.


El departamento era casi tan grande como su habitación de la mansión, bastante humilde con pocas cosas a la vista. Ordenada como lo predijo, su alrededor de un verde claro y una pequeña mesa, un escritorio con algunos recordatorios por la pantalla de la computadora y una pequeña cocina-comedor. Era la segunda vez que entraba, tal vez era el tercer ser humano, detrás de Kakashi y Naruto, que pisaba ese lugar. Sólo una ventana que mostraba muy bien la cuidad llena de luces de neón.

Hinata puso el agua en la pava mientras tomaba unas tazas para tomar algo. La chica le contaba cómo consiguió el departamento de casualidad y que se enamoró de la vista. Sasuke la escuchaba y aprovecho para leer algunos de los papelitos de colores que rondaban la pantalla: notas de páginas de medicina en vez de guardarlas en marcadores del buscador de Internet, algunas recetas de comida con nombre extraños y unas anotaciones de economía...

Sacando una de las manos de los bolsillos, tomó el papel verde entre sus manos y la encaró de frente con una duda —¿Estos no son los fundamentos básicos del contador? —sonrió divertido a la chica que se sonrojo —¿Qué, también estudias economía?

Ella sólo corrió la mirada seria, y él se preguntó que hacía ese aburrido código de contabilidad marcado por las principales ideas a menos que ella estuviera estudiando economía para darle una mano a él. Sólo sonrió para sí mismo no existía una persona tan idiota que se tomaría la molestia de algo así;pero Hinata siempre era la excepción en esos casos, por lo cual rápido volvió a buscar entre los papeles pegados del mismo color varios de los contenidos de primer año que él estudiaba.

Tomándolas a todas en una mano se dio cuenta de la verdad, ella realmente era capaz de aprender sobre economía y solo por ser útil para él. ¿Por qué lograba conmoverlo de esa manera? ¿Por qué las simples y sencillas cosas le fueron desconocidas hasta que ella apareció en su vida? Admitía que en la infancia tuvo varios momentos importantes, pero a medida que crecía se fueron perdiendo con su inocencia. Con ella se sentía a gusto y entendiendo la magnitud del terreno que ocupo en su vida era abismal a las chicas con quienes trato, no le importaría seguir a su lado si hacia cosas como esas.

Se acomodó detrás de ella, tomándola desprevenida y con un nudo en la garganta. A ella se le erizó la piel al sentirlo detrás, la respiración profunda de él chocaba con su cuello perturbándola. No sabía qué hacer, un paso hacia adelante con ella en modo seductor siempre le generaba un golpe, pero ahora abordado por sus instintos lo que menos le importó eran las consecuencias.

—Dime Hinata, ¿Estas estudiando economía por mí? —sus labios se movieron a centímetros de su oreja y ella se quedó estática.

—Yo... n-no…— volvió a tartamudear y sentía que su cuerpo no soportaba tanta presión— b-bueno...

Invadiendo su espacio personal, Sasuke observó un asentimiento y volvió a cerrar los ojos oliendo la fragancia que desprendía de su cuerpo. Sólo necesitaba esa respuesta para decidir, lenta pero firme, avanzar hacia Hinata Hyuga. Esos pequeños gestos se merecían un beso, sin mencionar que era una de las fantasías de Sasuke.

Sólo que ella se desmayó cuando él sabía que era una gran posibilidad si la alteraba.

Sasuke la tomó en brazos y la acostó en su cama. Fue por un paño y lo colocó en su frente colorada por la impresión, debía ser más sutil y suave para poder llegar a ella o se desmayaría todo el tiempo. Mientras esperaba a que despierte preparó un té y colocó el suyo en la mesita de luz. Pudo notar las fotos que ella tenía y entre ellas una en la que estaba con Kakashi, quizás con quince años de edad. Estaban sonriendo los dos en un ambiente divertido. Se preguntó si Hinata notaria la ausencia de esa molesta fotografía.

Hinata abrió los ojos y Sasuke se encontraba a una distancia considerable mirando como anochecía en la ciudad. La chica comenzó a tomar el té que Sasuke terminó preparando y le pidió disculpas por desmayarse. Sasuke le sonrió y le dijo que no era una razón para que se disculpe. Él sabía que sólo merecía besarla si era claro con sus sentimientos, porque sorprender a alguien tan asustada como ella era inaceptable por sus vivencias.

— Hinata, hay algo que quiero decirte— en realidad no quería hacerlo, pero fue tan directo con ese movimiento que hasta Hinata entendería lo que intento y, para él, la sinceridad era fundamental. Quería darle tiempo para pensar, se le pasó la mano y trató de que las palabras que usará para su confesión fueran las correctas.

— ¿Te tienes que ir? — le preguntó en un susurro que Sasuke no comprendió su voz desilusionada. Hinata agarró con fuerza el borde de su ropa— Sakura mencionó que se casa un amigo de ustedes y que Naruto se encargaría de… la despedida de s-soltero.

Mientras esperaba en el aeropuerto para volver a casa tuvo la oportunidad de hablar con Sakura. Su amiga habló por más de cuarenta minutos sobre lo enojada que estaba porqué existieran las despedidas de solteros para los hombres.

Al parecer unos amigos en común del grupo se casaban y su novio era el encargado de organizar la fiesta para Shikamaru. Ella no quería ser una persona que límite a su pareja, así que no se mostró enojada con Naruto porque él se lo comentó y le preguntó si podía hacerlo. Sakura le dio el permiso alegando que confiaba en él pero se encargó de brindarle tanto amor y pasión por dos semanas para que él llegara exhausto y sólo pensando en ella. Sakura creía que lo tenía todo bajo control pero ella no confiaba mucho en la bailarinas de poca ropa que se exhibían sin tapujos. Respetaba su trabajo pero que sedujeran a su novio no le causaba gracia.

Mientras hablaba Hinata pensó en que Sasuke estaría con Naruto en esa fiesta de solteros donde muchas chicas intentarían seducirlo. Eso la entristeció de regreso pero al estar a su lado lo olvidó. Ahora seguramente Sasuke se iría con sus amigos y terminaría durmiendo en los brazos de otra mujer.

— No es eso, Hinata— le dijo con una sonrisa forzada ya que sin previo aviso empezó a sentir nervios por confesarse. Se encontraba en ese momento de su vida en que sus palabras cambiaban radicalmente las cosas y por primera vez, tal vez por el miedo, pensaba en que ser rechazada pisotearía su amor propio pero lo que temía era que Hinata se alejara de él creyendo que sólo quería estar con ella por su apariencia.

Además no sabía por qué salió a colación la despedida de soltero de Shikamaru. Seguramente Naruto ya debería estar llenando su casilla de mensajes porque no aparecía, pero ahora tenía a Hinata a su lado después de tanto tiempo, que marcharse de ahí no era opción. Sin mencionar que después del casamiento se marcharía por un tiempo lejos de Hinata cuando recién ella llegaba.

Era su última oportunidad o debería quedarse como un idiota esperando a volver a verla. Y cómo decía el idiota de Suisui, mejor arrepentirse de hacerlo que de no hacerlo.

Sasuke se acercó hasta su cama y se quedó mirándola fijamente. La chica frente suyo bajo la mirada apenada. Sasuke necesitaba verla a los ojos así que movió sus temblorosos dedos en su frente como hacía su hermano, que hasta ese momento descubrió lo amoroso de ese gesto.

— Sasuke-kun aún no te mostré para lo que te traje aquí—Sasuke la miro confundido porque se adelantó y habló antes de que él tuviera la oportunidad. Sus nervios se esfumaron y lo reemplazó la curiosidad. Ella evitó tomarlo de la mano y casi saltó de la cama para alejarse. Tenía la sensación de que Sasuke podría marcharse si se aburría de ella— Vamos.

Hinata tomó las llaves de su lugar especial y Sasuke la acompaño en silencio. La chica sumisa en sus pensamientos esperaba que le gustara lo que preparó para él y se quisiera quedar un poco más. No era justo que acaparará la atención de él, o interrumpiera sus planes, pero si lo entretenía y lograba que fuera más divertido estar a su lado que con mujeres sin mucha ropa, como el plan de su amiga, tal vez, él no se iría de su lado.

Cuando llegaron a la puerta Hinata se giró a mirarlo a los ojos y le dijo que necesitaba cambiarse. Sasuke asintió y espero del otro lado mientras ella se preparaba. Se cambió a una ropa más cómoda: una remera y un short pegados al cuerpo y sobre ellos una tela roja que llegaba hasta sus rodillas. Gracias a eso no se mostraba mucho sus curvas. Se acercó a las telas acomodándolas y dejo las colchonetas abajo por las dudas, hizo estiramientos de rutina. Después apago las luces de los costados y se enfocó en la principal.

Cuando Sasuke entró se encontraba en silencio, meditabundo y con un aire de derrota. Hinata no lo notó.

Tu puedes hacerlo, pensó Hinata porque era la primera vez que intentaba hacerlo frente a alguien más. Tenía nervios de que no funcionara. Eran pocos ejercicios, pero cada uno le costó un montón aprenderlos.

Ella respiró profundo y se subió en la primera tela con rapidez y logró enredar su pierna derecha para ponerse boca abajo colgando. Luego abrió bien la otra pierna para darse impulso y volver a tomar la tela para bajarse.

El próximo truco necesitaba más fuerza pero logró poner en cada pierna tela para colgarse de las telas abriendo las piernas a ciento ochenta grados. Ese ejercicio le permitió girar un poco en el aire por el equilibrio de sus piernas.

Y por último se subió a los más alto que le permitía las telas y enredo estas en su cintura y luego bajo como si fuera un yoyó, girando rápido, hasta detenerse justo antes de tocar las colchonetas.

Cuando lo consiguió que los tres trucos le salieran bien no pudo ocultar la gran sonrisa que se formó en sus labios. ¡Lo había logrado!

Buscó la mirada de Sasuke y fue la misma que le mostro cuando estaban en la cama de ella, una mirada profunda, penetrante y que la estremecía. Hinata le corrió la mirada y se vio las piernas pero vio que se había desacomodado la ropa mostrando más su cuerpo y se apresuró a bajar la tela y ocultar las piernas; para después encargarse de la mangas que se cayeron a los costados.

Con miedo y vergüenza oculto su cuerpo detrás de la tela arrepentida por eso y cambiando por completo su felicidad. Asustada y completamente sonrojada se ocultó entre las telas para esconderse de esa mirada que no entendía del todo de Sasuke. ¿Enojado? ¿Decepcionado? Quería decirle algo pero ella no entendía que era.

Después de unos minutos escuchó la voz de Sasuke entre las telas que la envolvían por completo.

— Eso estuvo bien, Hinata — le dijo, pero esta se encontraba casi tan roja como las telas. Sasuke se confundió porque no sacaba la cabeza de ahí. Él volvió a llamarla —¿Hinata? ¿Te lastimaste?

— Sólo espérame un momento— le contestó del otro lado de la tela. Necesitaba relajarse y respirar. Sasuke frunció el ceño y le dijo: No seas infantil. ¿Para qué hiciste todo esto entonces? — Es un secreto— contestó del otro lado con mucha pena y en un susurro.

Con mucha paciencia Sasuke suspiró e intento llegar a un acuerdo con ella, porque después de veinte minutos no salía de allí.

—Hinata— la llamó sin enojo, pero con firmeza. El estar confundido, incómodo y frustrado era raro para él—, si no hablas conmigo no puedo entenderte— pero Hinata no se movió y él le pidió como si le hablara a un niño— ¿Puedes dejarme entrar? —suplicó, después de cinco minutos más. A tu vida, a tus sentimientos.

Hinata se mantuvo callada por un momento y después abrió las telas que los separaba. Sasuke pensó que saldría, pero ella le hizo señas para que entre con ella a ese espacio rodeado de rojo iluminado por la luz. Y después, fascinado por los rumbos que ella manejaba cerro la tela detrás de él, dejándose envolver en su intimidad.

Por supuesto era un espacio muy reducido. Hinata respiro profundo y alzo el rostro. Su flequillo cayó por las acrobacias pero gracias a eso pudo notar que al subir la mirada la luz se enmarcaba sus pupilas. Ahora entendía porque los hombres podían perderse en ella, dejarse llevar por su placer.

— Tu dijiste que te gustaban las acrobacias y que no podías verla porque a Naruto-kun le daba miedo— Sasuke no entendía lo que quería decir con eso. Era un poco más baja que él por lo que podía notar el mismo estremecimiento en las manos que él. Hinata no pestañeó y dejo en claro sus intenciones— Yo sólo quería hacer algo que te haga feliz.

Sasuke se estremeció ante sus palabras.

Hinata era igual de honesto que él con sus sentimientos y porque se ocultó detrás de esas telas no pudo mirar dentro de sus ojos y comprobar que con cada acción que hacía era para poder ayudarlo y llegar a él. Que desde el principio eso de forjar una amistad para con él no fue un simple capricho o deseo del momento; fue la manera de que pudieran estar juntos. Él entendió que aceptó porque ella era una chica que él nunca podría ignorar; que era como decían en las novelas, una que dejaría cicatrices en su vida.

Ellos se entendían muy bien y comprendió que tenían cosas en común de las que decía Kakashi o su inconsciente: compartían las mismas bases de pensamientos y ambos eran honestos, aunque ella era más dulce en la forma de expresarse. Que Hinata era fácil de entender que, aunque no comprendiera su propio corazón dejaba señales en quienes conocía. No era mala con el mundo, sino que se aisló porque el mundo que se le presentaba era su problema. Ella no se odiaba a sí misma como creía, sino que odiaba tener miedo de su alrededor. Pero cuando esas barreras flaqueaban, se encontró con un alma que él mundo no moldeó para mentir, juzgar o traicionar; se encontró con el alma de una niña que aún le pedía con los ojos lleno de inocencia que sean amigos para jugar.

Sus pensamientos se fueron a la primera vez que se conocieron cuando le salvo la vida, después la ayudo a que no la violaran y por último que no sintiera deseos de aprovecharse de ella le permitieron que ella habrá las puertas de su vida y lo dejará entrar.

— Sasuke-kun —llamó Hinata preocupada porque no le estaba escuchando. Luego de eso Hinata se acercó un poco a tocar su frente para ver si estaba bien. Sasuke corrió la cara porque se ruborizo por su toque y Hinata le preguntó preocupada— ¿Qué sucede?

Sasuke se sinceró por fin.

— ¿Quieres hacerme feliz? — le preguntó mirándola a los ojos sabiendo que aún estaba avergonzado por sus sentimientos. Ella asintió. Sasuke le confesó con mucho amor y con una súplica— Siente lo mismo que yo, por favor.

Aunque sentía inferioridad al merecer su corazón se confesó. En el mundo habría pocos hombres que se merecían a Hinata (tal vez en la lista estaba su hermano o su primo) que fueran capaces de brindarle lo que era justo para alguien como ella: felicidad. Pero él lo intentaría, realmente sus sentimientos no le permitirían nunca darse por vencido en ser el hombre que se merecía Hinata.

Hinata no dejó de mirarlo a los ojos y con duda le preguntó con toda la inocencia del mundo— ¿Qué es lo que sientes?

— Estoy enamorado de ti.

Luego se apartó como si no hubiera causado una conmoción en su corazón y toco con dos dedos su frente con cariño. La chica abrió la boca y casi se cae para atrás después de sentir su contacto. Sasuke le regaló una sonrisa de esas que embobaba a las chicas y le dijo que se marcharía por unos días y que piense la respuesta a su confesión. Después se despidió y se marchó de ahí antes que Hinata volviera a decir algo.

Y tal vez Hinata podría decir algo sino fuera porque su corazón amenazaba con salírsele del pecho.


Notas antes de terminar: Sin mi compañera Ligie no habría historia.

Estoy arriba de un techo subiendo este capítulo. Es inverosímil pero mi novio perdió a su tío (alguien a quien quería mucho), dejé todo y lo acompañé para que pudiera despedirse. Sólo que hay pésima señal en esta ciudad y hoy era lunes de actualización así que espero que llegué este capítulo (voy a rezar). Hoy a la noche ya salgo de vuelta y mañana lindas contestaré a los comentarios del capítulo anterior.

Ténganme un poco de paciencia y gracias por leer (y prometo que no hare notas al final para contar mi vida). ¡Espero que les guste!

Saludos y gracias.