Viñetas para 30Vicios.
Personaje: Petunia Dursley.
Tema: 19. Porno
Palabras: 1223.
Resumen: ¿Pornografía o arte?
Porno
Ignoraba en qué momento se había dejado convencer para hacer esa locura. Quizá, había sido cuando Martin se lo preguntó por vigésima vez, con los ojos llorosos y esa encantadora mueca de fingida súplica que siempre la hacía sonreír como una tonta. O, tal vez, cuando el joven le había mostrado sus dibujos y ella había pensado que eran realmente buenos. No es que ella fuera una experta en arte, pero los retratos que Martin era capaz de hacer en un simple trozo de papel estaban cargados de vida, y Petunia no podía imaginar lo que podría llegar a pintar en un lienzo de verdad.
Con un poco de suerte, en unos pocos días lo sabría. Martin estaba sentado frente a la ventana de su dormitorio, con la ropa interior como única vestimenta y con el décimo cigarro hábilmente colocado en la boca. El cabello cubría sus ojos y tenía el ceño fruncido. Petunia conocía ese gesto; significaba que estaba muy concentrado, y ella ni siquiera se atrevía a respirar, dispuesta a ser la modelo inmóvil que había prometido ser.
Y no era tarea fácil. No sólo porque llevaba casi dos horas sin mover un músculo. Martin empezó a sudar un rato antes, y Petunia sospechaba que no se debía al calor. Y eso la llevaba al segundo motivo que le hacía sentirse incómoda. Su desnudez. Ella casi no se lo podía creer, pero ahí estaba, recostada en la cama del chico menos adecuado de toda la ciudad, con un brazo cubriendo sus senos, la cabeza apoyada en la mano derecha y su intimidad apenas cubierta por una sábana. No es que Martin no la hubiera visto antes así, pero jamás la había pintado, y Petunia tenía la sensación de que no estaba haciendo lo correcto.
Martin alzó la mirada, deteniendo un segundo su hábil mano frente al lienzo. Dio una larga calada a su cigarro y Petunia se sintió celosamente observada, como si él quisiera comérsela con los ojos.
-¿Estás bien? –Preguntó finalmente, jugueteando con el pincel.
-Un poco cansada –Petunia suspiró, rotando la cabeza para relajar un poco los músculos.
-Eso es porque estás muy tensa. Déjame a mí, y verás.
Martin se puso en pie. En apenas dos largas zancadas, ya estaba parado junto a la cama. Petunia se estremeció visiblemente, más aún cuando él se sentó tras ella y reposó unas frías y huesudas manos en sus hombros. Petunia no había conocido a nadie que siempre tuviera las manos tan heladas como Martin. Y, sin embargo, solían ser muy cálidas, como en ese momento, cuando presionaron con firmeza los agarrotados músculos de su cuello.
-¿Te duele aquí?
Martin habló en susurros, los labios pegados a la oreja de la chica. Petunia cerró los ojos. Aún no conseguía acostumbrarse a esa clase de intimidad. Tener a un chico a su lado, acariciándola de esa forma y haciéndola estremecer sin que pudiera evitarlo, era extraño y excitante al mismo tiempo. Petunia sólo pudo sisear a modo de respuesta, y Martin apretó un poco más fuerte, causando cierto dolor pero calmando la zona casi al instante.
-¡Oh, qué bueno eres! –Musitó Petunia, sin ser muy consciente de lo que decía. Si lo hubiera sido, jamás hubiera dado pie a que el rostro de Martin dibujara una encantadora sonrisa, mientras se inclinaba y rozaba con los labios su nuca.
-Eso suelen decir de mí, Tuney.
Petunia no pudo evitar enrojecer. No por las palabras de Martin en sí, sino por la forma tremendamente sensual que tuvo de pronunciar su nombre. Tuney. Sólo dos personas la habían llamado así a lo largo de su vida, pero en labios de Martin, esa palabra sonaba infinitamente mejor. Una vez más, no pensó demasiado en sus acciones y se puso en pie de un salto, arrepintiéndose al instante, cuando se descubrió a sí misma desnuda frente a aquel chico que, en ese momento, parecía un hambriento depredador a punto de atacar a su próxima víctima. Casi con violencia, Petunia agarró la colcha de la cama y se cubrió lo mejor que pudo, arrancando una carcajada alegre de Martin.
-Será mejor que acabemos –Dijo, levantándose y acercándose de nuevo al lienzo. Petunia no quiso mirarlo demasiado, aunque lo conocía lo suficiente para saber que lo que menos le apetecía a Martin era seguir pintando. Y, a decir verdad, a ella tampoco le quedaban ganas para seguir haciendo de modelo.
-¿Estás seguro de que esto no es porno o algo así? –Inquirió con cierta inseguridad, señalando el cuadro. Martin entornó los ojos, tomando asiento y sudando más que antes.
-Esto es arte, muñeca.
-¿Y es completamente necesario que esté desnuda?
Martin se rascó la barbilla, como si realmente estuviera buscando una respuesta. Petunia sabía que no era así. Ese maldito bastardo estaba disfrutando muchísimo esa tarde. Después de todo, tenía a Tuney frente a él, como su madre la trajo al mundo, ruborizada, insegura y enfadada a partes iguales, pero dejándose hacer sin apenas protestar. Y no era fácil aguantarse las ganas de mandar a la mierda el cuadro y reunirse con ella, pero era necesario. Le había prometido que sólo pintaría, y eso pensaba hacer.
-La idea de pintar a alguien desnudo es que no tenga nada de ropa encima –Expuso con mucha calma, recuperando el cigarrillo y el pincel –Y, ahora, a la cama, Tuney.
Eso podía tener una segunda lectura. Así quiso hacérselo saber al maldito bastardo, pero Petunia apretó los labios y se acomodó de nuevo en su lugar, un poco más nerviosa que antes, pero igual de convencida. Ella siempre llegaba hasta el final con lo que se proponía, aunque estuviera deseando que Martin terminara de una vez con todo aquello.
-Apuesto a que tu cerdo con bigote nunca te ha dicho eso –Martin sonó burlón y Petunia frunció el ceño. El joven había aguantado dos horas sin burlarse de Vernon, y eso era mucho tiempo –Aunque, claro. Dursley no es un depravado, como yo.
Otra vez la sonrisa de hiena. Petunia lo observó fijamente, intentando enfadarse con él, pero sin éxito. Después de todo, Vernon era su novio, (o algo así) lo normal era que se sintiera indignada cuando alguien se burlaba de él a sus espaldas. Pero, cuando se trababa de Martin, simplemente no podía.
-Vernon es un caballero –Petunia torció el gesto. Martin parpadeó un momento, captando la insinuación de la joven, y negó quedamente con la cabeza –Me respeta.
-Es de suponer, por supuesto. Para perderte el respeto me tienes a mí. ¿Verdad?
-¿Te apetece discutir, Lawrence? –Petunia se sintió molesta. Lo que decía Martin era prácticamente verdad, pero no le agradaba tener que oírlo –Porque yo quiero que termines el cuadro de una vez.
Martin se debatió entre seguir con la pelea o no hacerlo. La verdad era que esa tarde estaba siendo demasiado buena para estropearla con el tema de siempre, así que negó con la cabeza.
-Ya casi está –Trazó unas cuantas líneas más, terminando el contorno femenino del cuerpo de Petunia -¿Te apetece que vaya a por unas cervezas después? Podríamos ver una película hasta que vengan mis tíos.
Petunia afirmó con la cabeza. Ese plan sonaba bastante mejor que discutir con Martin y volver a casa para, posiblemente, discutir con sus padres también.
En cuanto al cuadro, se moría de ganas de ver el resultado.
Pues sí. Martin se salió con la suya y Petunia posó para él. Avergonzada, pero lo hizo. En el futuro, habrá una viñeta que será la continuación de esta. Pensaba escribirlo todo ahora, pero creo que quedará mejor luego, casi al final de la historia. Tendréis que esperar un poco para ver de qué se trata, juas, juas.
Nada más. Muchas gracias por leer y comentar. Nos vemos pronto.
Cris Snape
