¡Notas finales más adelante!
Más allá de los sueños
Dream #12: Nuestros caminos.
Después de aquellas palabras, "me gustas", Serena solo lograba escuchar un ruido en blanco, como el de un televisor sin señal. Por un momento, incluso, pensó que estaría mirando una película de Diantha y que esta habría terminado hacia unos momentos, por eso no había más sonidos alrededor.
Pero, ¿cómo habría terminado? No lograba recordar.
—Creo que no debí decírtelo...
Clemont la observaba avergonzado y con un ápice de tristeza en su mirada.
—Está bien... —ella reaccionó al momento. Estaba pasando en realidad, no era una película—, me siento feliz de saberlo.
El rubio no pudo ocultar su sorpresa, por lo que ella continuó.
—Es decir, me siento halagada...
Un silencio abrumador se hizo presente entre ambos, aunque estaban sentados uno al lado del otro, se sentía como si estuvieran a varios metros de distancia.
—¿Cuándo comenzaste a sentirte así? —Serena murmuró, apenas audible.
—No me hagas hablar de eso, por favor —él respondió, incómodo.
—Quiero saber.
La castaña volteó a verlo, con un puchero en el rostro, sorprendiéndolo.
—Bueno, eh... ¿cuándo? —balbuceó, completamente sonrojado. Unos segundos después, por fin respondió—. Creo que fue después de tu primera Exhibición, cuando cortaste tu cabello. Quiero decir, desde un principio me pareciste una chica linda, el cambio de apariencia no es lo relevante, simplemente, creo que, en ese momento, al perder, te volviste más madura.
Serena sintió su rostro arder por completo y su corazón latir apresurado, inclusive, más de lo que latía cuando pensaba en Ash.
—Gracias... —le sonrió—. Lo siento, estoy muy nerviosa.
—Imagina cómo me siento.
Ambos comenzaron a reír y al poco rato, se sintieron un poco más aliviados. Durante breves segundos, se miraron fijamente, sin decir ni una palabra.
—¿Y qué más? —Serena rompió el silencio, sonriendo como una niña que está escuchando una historia fabulosa.
Clemont pegó un brinquito en su lugar.
—Eh... eres una gran artista y tienes muchos otros talentos —dijo nervioso—, además, agradezco que siempre estuvieras cuidando de Bonnie. Eso me hizo tenerte más confianza.
—¿Por qué nunca me di cuenta?
—Intenté no hacerlo evidente —respondió serio—, aunque fallé con algunas personas, papá y Bonnie se dieron cuenta de inmediato. Y también... porque a ti te gusta Ash.
De pronto, la castaña sentía una opresión en el pecho y la necesidad de aclarar la situación.
—En mi memoria... Ash siempre va a ser el niño que me gustó en el campamento del Profesor Oak y por quien inicié mi viaje en Kalos, pero, comprendo que para él solo fui su compañera de aventuras y que nuestros caminos no coinciden más —puso una de sus manos sobre su pecho, para tranquilizarse.
Clemont permaneció en silencio, invitándola a continuar.
—No he vuelto a saber de él —ella le sonrió, con pesar—. ¿Y tú?
—Tampoco.
La artista llevó la mirada al cielo, buscando la luna, provocando que Clemont la imitara. El cielo estaba completamente despejado.
—Debe estar en otra aventura —sonrió—. Si algún día nos volvemos a ver, sé que él, nosotros y Bonnie, hablaremos como si no hubiera pasado el tiempo. Pero, mientras tanto, no puedo seguir guardando estos sentimientos no correspondidos.
—¿Serena?
—Ash no me puede gustar por siempre —ella lo observó—, alguien más me gustará.
Clemont sintió un vuelco en el pecho, aunque, no supo definir si era alivio o tristeza.
—Serena... ¿intentas decirme algo? —preguntó indeciso.
El rostro de la aludida se volvió de un rojo idéntico al del listón que hacía juego con su pijama.
—Es difícil. Por favor, dame un poco de tiempo para decirlo claramente.
En ese momento, Clemont comprendió la expresión ilógica de sentir mariposas en el estómago. Después, se levantó de la banca, para quedar de frente a Serena, ella lo imitó y entonces, se percató de que él se había vuelto un par de centímetros más alto.
—Es tarde para estar despiertos, mañana nos iremos temprano. Deberíamos volver adentro —él le sonrió, dándole unas palmaditas en la cabeza.
—Sí.
Serena no pudo evitar sentirse feliz y emocionada por el tierno gesto. Incluso, cuando regresó a su habitación, el sentimiento continuó.
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Ciudad Anistar era reconocida, también, por sus tiendas de ropa y accesorios; cualquier chica, conocedora de moda, sabía que debía pasar por su distrito comercial, al menos una vez.
Serena decidió que era una buena idea despejar un poco su mente saliendo de compras. Temprano, se alistó para ir, anunciando a su madre que regresaría antes de la hora acordada para partir.
El día anterior, mientras esperaban el inicio de la Clase Maestra, había visto un lindo conjunto que quería probarse, para darse un nuevo aire. Tal vez un nuevo corte de cabello estaría bien. Luego, se sonrojó, ¿le gustaría a Clemont?
Mientras estaba distraída, chocó con otra chica, quien salía de la tienda, provocando que sus bolsas cayeran al suelo.
—¡Lo siento! ¿Te encuentras bien? —reaccionó de inmediato, agachándose para recoger las bolsas. Después, se percató del largo cabello borgoña y el rostro de la chica—. ¿Aria... na?
—¡Serena! —la aludida sonrió emocionada—, pensé que ya te habrías marchado.
—No, me iré en unas horas, pero antes quise venir a comprar.
—Eso suena bien —la pelirroja asintió—. Es una pena que ayer no pasaras a la final.
—Pero fue grandioso ver tu espectáculo desde las gradas —murmuró, para que las demás personas en la tienda no la escucharan.
Aria rió por lo bajo.
—Creo que tengo algo de tiempo extra, déjame acompañarte —le pidió.
—¡Claro!
Ambas chicas recorrieron la tienda y tras terminar, acudieron a una pequeña cafetería. Serena contaba entusiasmada, anécdotas de su aventura y sus planes para viajar a una nueva región para entrenar; Aria, en tanto, escuchaba con fascinación.
—Eso suena estupendo. Desearía poder viajar también, pero debo permanecer en Kalos.
Serena entendió que se refería a su posición como Reina de Kalos, luego la observó fijamente. Aria era, claramente, mayor que ella por un par de años, era hermosa, amable y optimista, además, talentosa y muy popular en toda la región. Obviamente, más de algún chico debía estar enamorado de ella.
—Aria, ¿alguna vez te has enamorado?
La pelirroja se ahogó por un instante, mientras sorbía de su café.
—¿Por qué la pregunta tan repentina?
—En realidad, tengo unas inquietudes y me gustaría hablarlas con alguien.
—Bueno... se podría decir que sí —la mayor miró hacia otro lado, reflexiva.
—¿Cómo es esa persona? —preguntó con auténtica curiosidad.
—Es un entrenador, siempre está de aquí para allá, al igual que yo, pero siempre estamos en contacto, con cartas y videollamadas, y cuando tenemos tiempo, podemos vernos. Es un poco difícil la situación, aun así, es una persona importante para mí.
—¿La distancia no es abrumadora?
—Cuando dos personas se quieren realmente, la distancia no es un impedimento.
La castaña no pudo evitar pensar que, ese chico, era una persona muy afortunada.
—¿Qué inquietudes tienes tú, Serena?
—Estaba enamorada de un chico, pero hace un tiempo se fue de Kalos, además... él siempre está pensando en su siguiente aventura, no creo que considere el amor en este momento. Lo que ocurrió fue que, desde entonces, uno de mis amigos se ha vuelto más cercano a mí y recientemente... me confesó que tiene sentimientos por mí. Eso me confunde un poco.
—¿Tú sientes algo por él?
—Cariño, claro. Pero, no distingo si algo más.
Aria se llevó un dedo a los labios, pensando en la situación.
—¿Te gusta su apariencia?
—Su estilo es un poco... —Serena no supo qué expresión utilizar, así que, solo soltó una risita—, aunque, tampoco lo imagino con otras ropas. Pero, tiene un lindo color de cabello y ojos.
—Entonces te agrada.
—Bueno, sí...
—¿Y qué hay de su personalidad? ¿Te gusta?
—¡Por supuesto! —respondió, inconscientemente, fascinada—. Nunca había conocido a alguien igual, es amable, educado y muy inteligente, aprendí muchas cosas de él.
—Ahí tienes la respuesta que buscas —Aria le sonrió—, deberías darte una oportunidad.
—Pero...
—¡Regálale una brillante sonrisa, Serena! Eres querida por alguien y eso es fantástico.
Las mejillas de Serena comenzaron a teñirse de un rojo suave, era verdad, era algo fantástico. Sin embargo, había un problema más: ella se iría.
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Para cuando regresó al Centro Pokémon, los demás se encontraban listos para partir. En cuanto la vio, Bonnie infló los mofletes, cruzándose de brazos y volteando hacia otro lado; la mayor la miró confundida.
—Serena es mala —dijo la rubia—, no me llevó de compras con ella.
—Bonnie, tú estabas dormida —Clemont intervino.
La castaña sintió un brinco en el pecho y entonces, clavó su mirada en él, de pronto, lo envidiaba un poco. Él lucía tranquilo, ella, en cambio, con tan solo verlo, sintió los vellos de la nuca erizársele.
Grace echó una mirada curiosa a su hija, notándola extraña. Luego, sonrió.
—¿Por qué tardaste tanto? —la corredora preguntó.
—Me encontré a Ari... a una amiga —sonrió—. Perdón por la tardanza.
—No te preocupes —Meyer se levantó de su asiento—. Si estamos listos, deberíamos irnos pronto.
El trayecto de regreso a Lumiose suponía un viaje de varias horas sin descanso. Debían atravesar el sendero de Mamoswine, por la Ruta 17, hacer una pequeña parada en Pueblo Dendemille y después, continuar por la Ruta 16.
El sendero de Mamoswine era largo y, debido a la nieve acumulada, los grandes Pokémon caminaban con lentitud. Grace, como experta, guiaba al grupo montada en uno; tras de ella, Meyer y Bonnie en otro y Serena y Clemont en el último. Se movían en formación lineal.
—Serena, ¿estás bien? —Clemont preguntó, desde la silla de atrás—, te noto tensa desde hace un rato.
—Estoy bien —le respondió sin voltear—, tú sabes, aun me pone algo nerviosa montar un Pokémon con mamá cerca.
—¿En serio? —contestó dudoso—, pero siempre lo haces bastante bien. No tienes de qué preocuparte.
—Gracias.
Por un segundo, Serena se volvió para sonreírle con verdadera gratitud.
Su compañero le sonrió de vuelta; después, decidió mantenerse en silencio. Aunque ella dijera que se sentía nerviosa por esa razón, en el fondo, sabía que también se debía a causa de él y lo que menos deseaba era que se sintiera presionada.
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Cuando llegaron a la ciudad luz, el sol estaba a punto de ponerse, el cielo tenía tonos azules, violetas y naranjas, y las lámparas comenzaban a encenderse una por una.
—Si gustan, pueden pasar la noche en nuestra casa —Meyer comentó a Grace—, por nosotros no hay problema. Serena es casi parte de la familia.
La aludida inmediatamente enrojeció, balbuceando para agradecer el cumplido.
—Es muy amable de su parte —la mujer mayor sonrió—, pero no queremos causar molestias. Pasaremos la noche en un hotel, ¿no, Serena?
—Sí.
—Entonces, asegúrense de venir mañana a desayunar —el hombre asintió—, Clembot prepara unos desayunos fantásticos.
—Guardé varias recetas nuevas en su memoria —añadió Clemont con orgullo.
—Por supuesto —la corredora aceptó entusiasmada.
Después, ambas se marcharon. La mayoría de hoteles eran edificios altos, con adornos dorados y flores en sus balcones; las camas de la habitación eran amplias, con sábanas color coral y almohadas de plumas de Swanna. Serena no pudo evitar quedar maravillada con tanta comodidad.
—Hace un tiempo que no viajaba así —comentó Grace, estirando los brazos.
—¿A pesar de que viajas a menudo para dar cursos?
—Es algo diferente, en esos casos puedo tomar el tren —se rió—, me refiero a viajar por grutas o bosques.
Serena volteó a ver a su madre con una chispa de curiosidad.
—Mamá, cuando eras más joven, ¿viajaste por otras regiones?
—Por unas cuentas, como Kanto y Alola —rememoró, frente al espejo mientras se quitaba el maquillaje—, pero eso fue cuando me volví corredora. En Kanto hacen competencias con Rapidash y en Alola, con Tauros.
—¿Alola es...?
—Es una región tropical bastante lejana, es perfecta para ir a vacacionar, sus playas son maravillosas —respondió—. ¿Por qué preguntas?
La castaña agachó la mirada, observando sus dedos entrelazados. No sabía cómo decirlo, ¿qué tal si no la apoyaba?, o peor aun, ¿qué tal si se molestaba con ella? Grace volteó a verla, expectante; conocía perfectamente a su hija y sabía lo que quería decir.
—La verdad... quiero viajar.
—¿A dónde?
—A Hoenn...
—¿Qué sucedió con ser la Reina de Kalos? ¿Renunciaste?
—No, para nada. Todavía es mi meta —aclaró, con mirada firme—, pero necesito algo más. Más experiencia, conocer otros sitios y otros espectáculos, por eso... quiero ir. La señora Palermo me sugirió aprender de los Concursos Pokémon.
Grace se levantó del banquillo frente al tocador, para irse a sentar a un lado de Serena. La menor la siguió con la mirada, en el interior, nerviosa por cualquiera que fuera a ser la reacción de su madre.
—¿Cuándo fue que creciste tanto? —la mayor le sonrió—. Me parece que fue hace poco cuando todavía tenía que enviar a Fletchling para que te despertara a picotazos, ¿qué pasó con la Serena que lloraba para no montar un Rhyhorn y que ni siquiera sabía acampar?
—Mamá —la castaña hizo un tierno mohín—, aprendí mucho de mi viaje.
—Parece que les debo mucho a Ash y Clemont —asintió y ambas comenzaron a reír—. Por cierto, ¿qué vas a hacer con lo de Clemont?
—¿Cómo?
—No creas que no me di cuenta —le guiñó un ojo—. Le gustas a Clemont y él te gusta, aunque sea un poco.
Serena pegó un brinco en su lugar, con el rostro hirviéndole.
—Solo somos buenos amigos —respondió apresurada.
—¿Estás segura? —Grace inquirió, pero Serena se mantuvo en silencio—, si en verdad planeas irte de Kalos, sería bueno que aclararas tus sentimientos.
Una de las cosas más simples y, a la vez, más complicadas para todos, es atender los sentimientos. Lo que creemos sentir, en ocasiones, no es lo que verdaderamente sentimos. A veces, nos da miedo aceptarnos.
Y Serena tenía miedo. Le asustaba aceptar que le gustaba Clemont y que tenía la perfecta oportunidad de estar con él, cuando ella se iría en pocos días. ¿Y si no se fuera? Pero, quedarse estancada. Eso tampoco la haría feliz. Deseaba mejorar, deseaba irse y crecer, como el Spewpa que se volvía Vivillon.
—Pero... si me voy, no podré verlo en mucho tiempo... y no quiero lastimarlo.
—Es un chico maduro, estoy segura de que sabrá entenderlo y que te dará una buena respuesta ante esa situación.
—¿Tú crees?
—¿Recuerdas lo que te dije cuando Ash se iba de Kalos? "Si él corresponde tus sentimientos, entonces, la distancia no será un impedimento hasta que los dos alcancen sus propios objetivos".
—Sí, lo recuerdo.
—Aun si los dos no se ven por un tiempo, si se quieren, llegará un momento en el que puedan estar juntos. No te debes preocupar por la distancia, Serena. Enfrenta esta situación con valentía.
—Está bien —asintió, aun si sentía un atisbo de duda—, eso haré.
A la mañana siguiente, ambas mujeres fueron a casa de los hermanos, como habían acordado. Meyer contempló con algo de nostalgia la mesa llena de júbilo; Bonnie pedía a Grace que le enseñara a montar un Rhyhorn, mientras ella le daba la explicación de cómo hacerlo. Serena y Clemont solo reían con la impaciencia de la más pequeña. En ese momento, recordó a su esposa y pensó en lo feliz que estaría de ver a sus hijos creciendo.
—Clemont —Serena lo llamó en voz baja—, ¿puedo hablar contigo?
—Seguro.
—No... aquí no —murmuró apenada—, ¿podemos ir a otro lugar?
—Bien... —aceptó consternado—, podemos ir al gimnasio.
—¿Van a salir? —Bonnie se apresuró a levantarse de su asiento—. ¡Yo quiero ir!
—Yo no lo creo —Grace la detuvo, sosteniendola del cuello de la playera—, tú y yo vamos a practicar montando a Gogoat. Rhyhorn todavía es algo difícil para ti.
—¿En serio? —los ojos de la menor se iluminaron—, ¡un Gogoat!
Meyer, mientras tanto, le guiñó un ojo a su hijo, quien solo se sonrojó.
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El gimnasio de Lumiose había cerrado sus puertas unos días atrás. La Liga Pokémon estaba a punto de comenzar y los entrenadores debían haber recolectado todas las medallas para poder ingresar. Las luces de la arena estaban apagadas, mientras que, los pasillos eran iluminados por una corriente eléctrica que viajaba a través de tubos para contenerla.
Magnamite y Magneton eran los encargados de cuidar el edificio mientras tanto.
—¿Aquí está bien? —el rubio encendió solo las luces de las gradas de la arena.
—Sí, aquí está bien.
Serena sentía su corazón latiendo a toda prisa, tanto que, en algún momento se saldría de su pecho; y sus piernas, tan pesadas, que seguramente se desplomaría al piso. Inmediatamente, apresuró el paso a las gradas.
Clemont la observó con preocupación, pero al meditar la situación, comenzó a sentirse nervioso también. ¿De qué querría hablar Serena? ¿Una respuesta? Una negativa, solo eso se le ocurría. Un suspiro salió de sus labios.
—¿De qué quieres hablar? —preguntó él, tímido, sentándose a su lado.
Ella comenzó a balbucear.
—Honestamente, no sé qué decir o por dónde empezar —dijo, sonriéndole con pena.
—Tranquila, toma tu tiempo.
Aunque Clemont intentaba ser comprensivo, no podía negar que los nervios le estaban revolviendo el estómago y que lo único que quería, era que esa situación terminara de una vez. Por un instante, se lamentó, quizá lo mejor hubiera sido no decir nada y seguir en su papel como amigo, ayudándola a cumplir sus objetivos. Serena lo observó de reojo, él siempre le brindaba una cálida sonrisa, sin embargo, en esos momentos, su mirada lo delataba por completo.
Lucía derrotado.
—No debes compararte con Ash —murmuró.
—No es que quiera hacerlo... pero, las diferencias son enormes.
La pregunta ni siquiera lo extrañó, tal vez, era algo que esperaba.
—Y eso está bien —ella continuó, con voz suave—. Piensa esto: si fueras una copia de Ash, puede que hace mucho tiempo me gustaras. Pero, al final, estaría fijándome en una sombra. No me habría dado la oportunidad de conocer a alguien diferente.
—Entiendo qué intentas decir, es solo que... lógicamente, cualquiera preferiría a alguien como él.
Serena agachó la mirada por un segundo, bastaba con conocer a Clemont, era un chico muy inteligente, no obstante, inseguro también. Y, aunque sus palabras buscaban hacerlo sentir mejor, él no parecía convencido con eso.
—Yo no sé mucho de ciencia, de ninguna forma podría construir una máquina, ni siquiera podría con los cálculos —comentó riendo—, me parece un halago que alguien tan inteligente se haya fijado en mí —añadió, sonrojándose.
—Eso es porque eres muy buena en otras cosas —respondió él, igual.
—¡Esa es la respuesta! —le sonrió y de pronto, las palabras de Aria llegaron a su mente. Regalar una brillante sonrisa—. Eres muy bueno en otras cosas, en las que Ash, para nada.
—No es justo que uses mis palabras en mi contra —el rubio soltó una risita.
—Reíste y eso es bueno —le sonrió y después, se tornó más seria—. En realidad, quiero hablar contigo sobre la otra noche.
—Dime.
Un incesante "dum dum" se alcanzó a escuchar.
—Para ser honesta, nunca imaginé que tendrías sentimientos por mí y que un día terminaríamos hablando de esta manera. Cuando inicié mi viaje, mi única motivación era estar al lado de Ash y hacer que se fijara en mí; ahora, admito que pensaba como una niña enamorada.
Clemont se mantuvo en silencio, escuchando con atención todo lo que decía. Serena le brindó una pequeña y cálida sonrisa, haciéndole notar, que tenía los nervios de punta también.
—Si pienso en mí ahora, quiero ser una artista Pokémon de la talla de Aria. Quiero aprender más y más formas para lucir a mis Pokémon y que las personas disfruten de un espectáculo que les haga saltar el corazón de la emoción. Y cuando imagino eso, veo a mamá, Bonnie y a ti a mi lado.
Él le sonrió conmovido.
—Lamento dar tantas vueltas —balbuceó, mientras apretaba sus manos y su cuerpo comenzaba a temblar—. Hace un tiempo que... dejé de verte solo como mi amigo... y, me siento cómoda estando así contigo... ¿me entiendes?
El rubio ensanchó la mirada, observándola con verdadera sorpresa, mientras ella, intentaba cubrirse el rostro con mechones de su cabello. Durante un par de segundos, que Serena sintió como una eternidad, ninguno pronunció palabra; hasta que la tímida risa de Clemont se hizo presente.
—No te rías, fue difícil para mí —Serena se quejó, con pequeñas lágrimas asomándose por sus ojos.
—Discúlpame —él la miró, con los ojos titilando—, es solo que, me siento muy feliz —y le sonrió.
Serena sintió, por una parte, su rostro ardiendo y por otra, algo de tranquilidad en su interior. Sin embargo, de inmediato, cambió su semblante, por uno decaído. Estaba asustada, preocupada, pero...
—Pero... necesito ser honesta.
—¿Sucede algo?
—Viajaré a Hoenn... —volteó a verlo, triste—, quiero aprender más y más cosas, para que un día pueda regresar y convertirme en la verdadera Reina de Kalos. Me di cuenta... Shauna y Miette progresaron mucho en el tiempo que no nos vimos, capturaron nuevos Pokémon y mejoraron sus presentaciones. No quiero quedarme atrás, por eso... iré.
—Hoenn... —Clemont repitió pensativo
La castaña volteó a verlo de reojo, él estaba con rostro sereno, mirando hacia las vigas del techo.
—Ve —dijo de pronto, haciendo que ella lo observara con sorpresa. Clemont le sonreía con una calidez impresionante, que a Serena le provocaron verdaderas ganas de llorar—. No me gustaría que por mí, ni por nadie, abandones tu sueño.
—Pero...
—El saber que sientes algo por mí, me hace muy feliz y con eso me siento conforme. Puedo esperar un poco más de tiempo.
—Clemont —murmuró conmovida.
—Cuando regreses te veré convertirte en la Reina de Kalos.
—Sí —asintió, con las primeras lágrimas cayendo.
Lentamente, el rubio la envolvió. Seguramente era la primera vez que abrazaba a una chica, pero en ese instante, no podía buscar en sus recuerdos para esclarecer la duda. Serena, en tanto, no pudo evitar sorprenderse y a la vez, sentir tanta vergüenza que su rostro explotaría en cualquier instante. Y finalmente, un brinco en el pecho, también estaba feliz.
—No es una despedida —él le dijo.
—No, no lo es.
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Bonnie no paró de gritar de la emoción cuando vio a su hermano y a Serena regresar tomados tímidamente de la mano, lo que provocó que ambos se soltaran y comenzaran a actuar bobamente por los nervios.
—¿Están saliendo? —la menor los miró maravillada.
—¡Bonnie! —Clemont refunfuñó.
—Aun no —Serena inhaló hondo, intentando controlarse—, y por un tiempo, no será así.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Serena va a viajar un poco más —el mayor respondió—, en otra región.
—¿Serena se va a ir de Kalos?
La expresión, anteriormente feliz de Bonnie, se volvió en un gesto de sorpresa mezclado con tristeza y decepción. En su inocente imaginación, cuando vislumbró a su hermano y Serena en una relación, se los imaginó en Kalos viviendo felices para siempre, nunca contempló la posibilidad de que alguno se fuera.
—¿Te vas a ir como Ash? —Bonnie observó fijamente a Serena.
La pregunta les cayó como balde de agua fría a los otros dos. No era que guardaran sentimientos negativos por el entrenador de Kanto, pero su nombre despertaba tensión de pronto.
—Solo será por un tiempo, Bonnie —Serena se agachó para quedar a su altura.
Y la menor comenzó a llorar, mientras era consolada.
A unos metros de ellos, tanto Meyer como Grace sonrieron y a la vez, suspiraron.
—Me parece que fue hace poco cuando Clemont era un niño.
—Lo mismo digo —la corredora asintió—. No sé en qué momento Serena creció tanto.
ɞ
Pocos días pasaron.
Cuando Serena comenzó a subir las escaleras a su habitación, con una maleta en la mano, recordó aquel día, cuando impulsivamente quiso tomar todas sus cosas y salir detrás de Ash rumbo a Kanto. Una sonrisa se formó en sus labios, avergonzada de sí misma. Todas las cosas que habría perdido, de no haber sido por su madre que la hizo entrar en razón.
—Serena, ¿estás lista? —escuchó de su madre, en la planta baja.
—¡Sí, en un momento!
Antes de salir de la habitación observó una fotografía de su mural, con Ash y Korrina también. Aunque conservaba buenos recuerdos del entrenador, sentía paz interna, pues su corazón no se agitaba más al verlo.
Al bajar, su madre la esperaba cerca de la puerta.
—Esto es para el vuelo —le dijo, dándole una pequeña bolsa con galletas—, no eres la única que sabe cocinar en esta casa.
—Gracias.
—Nosotras nos despedimos aquí, Clemont y Bonnie te estarán esperando en Lumiose, ¿verdad?
—Sí, bueno... —respondió sonrojada—. Gracias, mamá. Por todo.
—En verdad estoy orgullosa de ti —le sonrió—, ve a darlo todo.
—¡Claro!
El trayecto de Vaniville a Lumiose, que tantas veces había recorrido, le volvió a parecer nostálgico. Pero, en esa ocasión, sería ella quien se iría. Aunque, por una parte, le entristecía despedirse de su familia y amigos, y le asustaba la incertidumbre de viajar por su cuenta en una región desconocida; también, le emocionaba todo, los concursos y los nuevos Pokémon que conocería.
De acuerdo al Profesor Sycamore, su Pokédex le serviría en Hoenn y podría llenar algunos espacios que en Kalos no había registrado, aun así, le recomendó presentarse con el Profesor Birch en Pueblo Raíz Chica.
Una vez llegó al gimnasio de Lumiose, los dos hermanos la esperaban afuera.
—¿Estás lista? —Clemont fue el primero en saludarla, con una sonrisa de emoción.
—¡Sí!
Bonnie, en tanto, se escondió detrás de su hermano.
—Bonnie —él carraspeó.
—Es que no quiero, voy a extrañar a Serena —murmuró enfurruñada.
—Yo también te voy a extrañar, Bonnie —la castaña se hincó—, solo serán unos meses y estaré viniendo de vez en cuando.
—¿Es una promesa?
—Sí —le sonrió, extendiéndole el meñique.
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El aeropuerto de Lumiose, como la primera vez, empequeñecía a la multitud de personas que entraban y salían. Serena observó por los ventanales, los aviones eran enormes, que le emocionaba subir a uno. La última vez que había viajado había sido en la infancia, con su madre. Clemont se detuvo a su lado, sin decir palabra.
—Ya casi es tiempo —Serena le sonrió, aunque su nariz comenzaba a ponerse roja.
—Sí —él le devolvió la sonrisa.
Bonnie, cerca de ellos, sonrió contenta. Después, se acercó corriendo.
—¡Serena! —la llamó—, cuando regreses, ¿te casarás con mi hermano?
—¡Bo-Bonnie! —ambos exclamaron avergonzados.
La más pequeña comenzó a reír y después la abrazó con fuerza.
—¿Lo puedes pensar? —preguntó y Serena sonrió divertida.
—¡Bonnie! —esta vez, solo Clemont gritó.
Cuando la menor se separó de Serena, se alejó de ellos para darles privacidad. Era lo que quería desde un principio, que Serena se enamorara de su hermano y que Clemont aceptara sus sentimientos. El solo verlos más cercanos, la hacía sentir emocionada.
—Lo siento, Bonnie es muy imprudente —el rubio suspiró.
—Está bien, sabemos que ella es así —la castaña rió. Después lo observó con duda—. ¿Crees que está bien? Este final.
—No es un final, Serena, dijimos que no es una despedida —él sonreía mientras la corregía—; y es lo correcto, primero debes perseguir tus metas y no quedarte atada.
—Es verdad.
Por los altavoces comenzaron a anunciar la pronta salida con destino a Hoenn, por lo que solicitaron a los pasajeros que comenzaran a abordar. Los ojos de Serena se cristalizaron un poco, al igual que los de Clemont y ni qué decir de Bonnie, que comenzaba a llorar junto a Dedenne.
—Ahora sí, es hora.
—Sí... —ella miró al suelo y después volvió a verlo.
Clemont de inmediato abrió los brazos, con un rostro apenado. Sin pensarlo, ella aceptó la invitación para abrazarlo.
—Solo es por un tiempo —volvió a corroborar él—. Te estaremos esperando.
—Sí, volveré pronto —ella asintió.
Como un Chispazo, Serena reflexionó sobre los cuentos de princesas, que no terminan como dicen. No siempre la princesa se queda con el príncipe valiente y, no todos los finales terminan con un "vivieron felices para siempre". A veces, deben terminar con una amarga despedida (como con Ash) o con un prometedor "volveré pronto" (como con Clemont). Que uno debe esforzarse por sí mismo y no vivir atado a una sombra, cumplir sus metas aunque asuste y que la personas que se preocupan y te quieren, te apoyan y te esperan.
Que efectivamente, Clemont la quería y ella lo quería de a poco más cada día.
En un movimiento rápido, se puso de puntillas, dándole un corto beso en la mejilla.
—Me gustas —le sonrió.
—Tú también —respondió con una sonrisa y completamente sonrojado.
Lentamente comenzó a bajar por la escalera eléctrica, mientras le regalaba una sonrisa. Él agitó su mano, sonriéndole también, mientras Bonnie, que había corrido para despedirse de nuevo, le gritaba lo mucho que la extrañaría.
Era el principio de un nuevo camino.
