Capítulo 14: "Aguardaré, pequeña flor de cerezo, que no te marchites con mi hiriente ponzoña."

La sangre dejó de fluir por mis venas cuando cruzó sus orbes con los míos momentáneamente una vez que encontró lo que andaba buscando. Ahora su mirada estaba impregnada de la tonalidad sanguinaria del sharingan, aquel contacto visual ocasionó que mi corazón comenzara a repiquetear con fuerza contra mi pecho; pues no era el sharingan de siempre.

Era aquel que yo llevaba años sin ver, aquel que tiznaba sus ojos cuando casi acaba con la vida de Naruto y viceversa. Aquel que tornaba su pupila en una estrella roja de seis puntas otorgándole al iris una tonalidad más oscura que la de la mismísima noche, superior a su color natural.

Aquellos iracundos orbes eran la representación del mal en su más elevado auge ¡¿Qué narices estaba pasando?!

Comencé a temblar, la respiración se me desbocaba por momentos y mi corazón ansiaba salir de la cavidad torácica antes de provocarme un paro cardíaco.

Me impresionó, me pilló completamente desprevenida... No supe en qué momento había clavado aquellos estremecedores orbes sobre los míos, sin embargo, por alguna razón o por otra, estaba siendo capaz de sostenerle la mirada con mis atemorizados ojos observando cómo se anudaba con destreza un lazo rojo, similar al que llevaba cuando estaba bajo el liderazgo del Sannin, alrededor de su cintura.

¿A qué venía aquel cambio tan radical?

―Han venido a buscarte―notificó dejándome a mi blanca como consecuencia de sus palabras, esto no podía estar pasando.

No supe ni qué decir, ni qué hacer, ni nada... La confusión reinaba en mí, pues yo no era dueña de mi cuerpo en aquellos instantes.

Sus ojos, aquella mirada penetrante impregnada en sangre parecía surgida del propio infierno siendo él la representación de la muerte en persona; hecho que se agravó cuando sacó un arma blanca de Kami sabe dónde... era una espada, una peligrosa y afilada katana cuidadosamente enfundada en su peculiar vaina oscura. No había duda alguna, era la katana que le entregó Orochimaru durante los años que entrenó con él:chokutō; utensilio que se colocó con maestría en aquel característico lazo que ejercía de cinturón.

Mi cuerpo comenzó a temblar asediado por el resquemor que producía en mí ver a Sasuke de tal forma, pues la cruel mirada que emanaba de sus feroces orbes no era normal; era la de un asesino.

Bien sabía que no podía dejar de lado la idea de que él era un renegado, pero se había transformado; ya no era el hombre que se había apoderado de mi corazón, el que me había besado incontables veces, el que me había dicho que me amaba... No, ahora era él de verdad, ahora mostraba su verdadera apariencia, aquella que para mí era prácticamente desconocida, pero cercana a la vez: ahora se quitaba la piel de cordero para mostrar al lobo del que en verdad se trataba.

Daba miedo, infundía pavor en mi persona, se trataba de un criminal y estaba allí plantado, ante mis turbados ojos... ¿Qué pretendía hacer?

Yo quería creer que en el fondo de su ser seguía siendo el mismo, pero su apariencia rápidamente arrancaba de mi tal idea. No tenía claro qué se supone que debía hacer, confiaba en él hasta la saciedad y lo amaba, no obstante, la incertidumbre atentaba constantemente contra mis pensamientos pretendiendo conseguir que dejara de creer en él... Sasuke...kun...

Me odié a mí misma por retroceder atemorizada como acto reflejo un par de pasos cuando él se acercó a mí, un par de pasos en los que me distancié de mis propios principios hasta toparme con los pies de la cama.

Ante tal reacción, Sasuke se detuvo y desactivó aquel desagradable sharingan volviéndole a otorgar a sus ojos la hermosa tonalidad azabache que me hipnotizaba, consiguiendo que volvieran a brotar en mí vestigios de la tranquilidad que instantes antes me había abandonado.

Suspiré profundamente procurando pausar los desbocados latidos de mi corazón antes de que éste consiguiera salir del interior de mi pecho.

―¿Sasuke-kun?―conseguí vocalizar un tanto indecisa mirándolo a sus profundos pozos negros.

Al parecer, él analizó mi trémula voz sin retirar su penetrante mirada de encima de la mía antes de proceder a hablar.

―Sakura...―murmuró en algo que se asemejó a un cansino suspiro―No deberías pasar por alto que he cambiado―añadió a modo de advertencia observándome fijamente―¿Dime, qué vas a hacer?

―¿Que qué voy a hacer de qué?―indagué a los pocos segundos sin saber a qué se refería intentando despojarme del temblor que había adquirido mi voz.

Sasuke me observó con paciencia aguardando alguna respuesta por mi parte. Yo opté por sentarme en la cama depositando mis manos a ambos lados de la cabeza, estaba desorientada, hecha un completo lío.

―La decisión es tuya.―Me alentó con un suave tono de voz tomando asiento a mi lado.

Yo lo miré buscando la respuesta en sus ojos, fue en ese momento cuando todo encajó: si Konoha estaba aquí su vida corría peligro y todo por mi maldita culpa.

Lo amaba, lo quería con todas mis fuerzas y me sentía impotente, la simple idea de que pudieran encontrarlo me horrorizaba; no por mis compañeros, sino por la presión a la que se verían sometidas tanto Konoha como Suna por parte del resto de naciones shinobi que no vacilarían en absoluto en tomar la vida del Uchiha y posiblemente acabarían cediendo pese a la oposición de Naruto...

No...no podía permitir que la vida de Sasuke estuviera nuevamente en juego después de lo que había luchado por preservarla fingiendo su propia defunción. Si esto seguía así, él volvería a estar cara a cara frente a las fauces de la muerte, maldita era mi existencia y jodido el momento en el que decidí seguirle en lugar de quedarme en la villa...

Tenía que haber una puta salida en todo esto en la que él pudiera salir indemne. Si yo me entregaba dándole a él el suficiente tiempo como para largarse...no... los de rastreo estaban aquí y por muchas excusas que me inventara averiguarían que no había estado sola todo este tiempo; además, pese a cualquier argumento acerca de mi paradero acabarían sabiendo que detrás de todo esto la única razón era él. ¡Mierda! A saber si ya tenían constancia de que verdaderamente no estaba muerto... joder...

La decisión era mía, acababa de dejar su vida en mis manos, ¿por qué? Desde un principio dijo que el día que nos encontraran yo debería alejarme de su lado e irme con los nuestros, claro estaba que eso ya carecía de total sentido, podrían leerme la mente y ya todo el plan de Sasuke por proteger su vida se iría al traste... No teníamos plan B.

Karin en su momento tuvo razón, soy una entrometida y por mi culpa Sasuke acabaría pagando por ambos, tenía que hacer algo, tenía que haber alguna manera de arreglar esto.

―Sakura.―Me llamó sacándome de mis pensamientos―Eres libre de irte con ellos, si es eso lo que deseas yo no te retendré―aclaró con voz taciturna manteniendo la cabeza gacha dejando que sus mechones se deslizaran por la extensión de su rostro.

―No, no pienso dejar que nos encuentren; no voy a tolerar que tengas que pasar otra vez por lo mismo―refuté mostrando cierta seguridad en mi voz―Voy a seguir a tu lado, no he llegado tan lejos para dejarte ahora solo e irme―agregué mirándolo con confianza a los ojos después de que él hubiera alzado nuevamente la cabeza tras oír mis palabras.

―¿Estás segura de querer ayudar a un renegado?―interrogó él con sutil desconcierto.

―Para los demás puede que seas un renegado, un homicida o un asesino; y a pesar de que antes me has dado pánico, para mí eres Sasuke y seguirás siendo tú; nada más―Dejé claro apoyándome sobre su hombro, él me miró de reojo trazando una leve sonrisa, ciertamente apesadumbrada, en sus labios antes de rodearme con ambos brazos; abrazo que yo culminé depositando mis labios sobre los suyos.

"Aguardaré, pequeña flor de cerezo, que no te marchites con mi hiriente ponzoña."

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Entre tanto, en el claro del bosque donde se encontraba uno de los equipos de rastreo, dos de las integrantes se negaban a caer rendidas a los pies del sueño amparadas por la plateada Luna que colmaba de reflejos la verde hierba sobre la que yacían hablando en susurros, consiguiendo así hacerle frente a la somnolencia propiciada por la estrellada bóveda nocturna y por el cansancio.

―Hinata-chan, ¿estás segura?―Se interesó alegre su rubia amiga procurando controlar la intensidad de su voz debido a la gran noticia.

―No lo sé Ino-chan, pero por favor, no te precipites; tengo mis dudas...―murmuró la ojiperla desviando su mirada al cielo para poder apreciar la espléndida Luna llena.

De vez en cuando, finas ráfagas del frío aire otoñal recorrían la pequeña zona boscosa provocando que las ramas de los árboles se agitaran a su compás liberando algunas de sus hojas, pues la gran mayoría no las mudaban debido a su condición de ser plantas de hoja perenne; pero siempre hay alguna que se escapa queriendo danzar al compás de la agradable melodía natural.

Las dos jóvenes se acurrucaron para resguardarse un poco de aquella penetrante brisa propia de la época a sabiendas de que el frío no perdonaba a nadie.

―Hina-chan―La llamó la Yamanaka en voz baja ocasionando que la aludida desviara su mirada del astro que gobernaba la noche para poder enfocarla a ella a la espera de sus palabras.―Deberíamos decírselo al resto―opinó la misma observando con cierta disconformidad la alicaída expresión de la joven Hyûga.

―Ya... pero es que...¿ y si es una falsa alarma?―dudó la chica de largos cabellos azulados no muy convencida―No quiero decepcionar a nadie causándoles falsas expectativas―argumentó seguidamente mostrando su habitual indecisión.

―Vamos, eres tú la única shinobi de rastreo que hay en nuestro escuadrón, y una de las mejores. Estoy segura de que tu Byakugan está en lo cierto.―La animó la joven de celestes orbes insistentemente.

―Aún así no quiero asegurar nada, hay algo que me impide reconocer con nitidez las dos fuentes de chakra que presiento; sin embargo, sé que son cercanos a nosotros―continuó la peliazul no muy segura ya que había algo que no le cuadraba en absoluto mientras observaba con detenimiento y cierta desconfianza la pequeña cueva que estaba todavía por explorar.

―Razón de más si el chakra te suena, yo creo que deberíamos actuar cuanto antes; puede que estemos perdiendo un tiempo muy valioso―comentó la rubia animada incorporándose con agilidad del césped dispuesta a ponerse en acción.

―No sabéis dónde os estáis metiendo―intervino Karin advirtiéndolas con sorna en su voz desde el tronco del árbol en el que estaba atada.

―¿Y tú qué coño haces escuchando conversaciones ajenas?―Le echó en cara una molesta Ino mirándola amenazante con el ceño fruncido en la distancia.

―Sois vosotras las escandalosas, es imposible no escucharos.―Se excusó la pelirroja con su habitual altanería.―En especial tú, voz de pito― aclaró haciendo un ademán con la cabeza para poder señalar a la kunoichi de la coleta.

―Mira, deja de tocarme las narices y cállate―imperó con autoridad la ojiceleste lanzándole sin rodeos una de sus flores venenosas para adormecerla harta de sus impertinencias.

Dicho ataque, le dio de pleno a su víctima, la cual desfalleció cayendo en una profunda inconsciencia segundos después.

―Ino-chan...―clamó la novia del Hokage.

―Lo siento Hinata, a esta gente hay que darles de su propia medicina―Se disculpó la chica de rubia cabellera ― Tsk, así aprenderá a no vacilarme―agregó lanzándole una última mirada recelosa a la antigua integrante de Taka.

―No, no es eso...―Le restó importancia la Hyûga ganándose una mueca de extrañeza por parte de su compañera, la cual no acababa de tener claro lo que pasaba.―Mira―añadió alzando su perlada mirada al cielo, acto que fue copiado por la otra joven.

Ambas visualizaron como un pequeño pájaro cargado con un pergamino daba vueltas por la zona descendiendo paulatinamente hacia donde ellas se encontraban.

―¡Es de Sai!―Se alegró la Yamanaka tras haber observado con mayor detenimiento al animal de tinta.

Éste aterrizó sobre el hombro de la alumna del difunto Asuma y le entregó el rollo, objeto que de inmediato ella extendió en el suelo para que el ave se fundiera con el papel dando lugar a un cifrado mensaje.

"Conocemos el paradero del cadáver de Uchiha Sasuke; sin embargo, hay motivos para pensar que el cuerpo no es el original. Nos hemos dividido y pronto llegaremos a vuestra ubicación"

Después de descodificar el mensaje en voz baja ambas se quedaron pensativas.

―¿De dónde habrán sacado esta información?―Se interesó la Hyûga contemplando el pergamino.

―A saber, ten en cuenta que la totalidad de integrantes del otro grupo son plenamente de rastreo; recuerda que en él están tu primo Neji-san, Kiba y Shino, además de Sai; y todos ellos bajo el liderazgo de Kakashi-sensei―explicó Ino observando el mensaje desde diferentes perspectivas con la esperanza de hallar información oculta o algo por el estilo.―Aún así, me gustaría saber por qué no se centran de una vez en el verdadero objetivo de la misión; a Sasuke ya lo hemos perdido, no querrán también que suframos la pérdida de Sakura...―Se lamentó intentando evitar que la preocupación volviera a apropiarse de todo su ser.

―Quizá se les haya presentado una buena oportunidad para informarse acerca de la defunción del antiguo integrante del equipo siete―interpretó Hinata analizando con su Byakugan el contenido del rollo asegurándose así de que no se trataba de ninguna trampa.

―Tal vez tengas razón―sopesó la rubia cruzándose de brazos.

Flashback del otro grupo de rastreo durante aquella misma mañana

Mis insectos no han localizado rastro alguno de Haruno Sakura―informó Shino haciendo volver a todos sus pequeños ayudantes después de haberlos enviado a rastrear la zona en la que se encontraban y sus alrededores.

Akamaru y yo estamos frustrados...―protestó Kiba observando deprimido como los pequeños bichitos se introducían en las mangas de la chaqueta de su compañero.―No percibimos ningún olor que se pueda relacionar con Sakura―añadió cabizbajo sentado sobre el lomo de su fiel cánido explicando el porqué de su bajada drástica de moral.

Ni mi Sharingan ni el Byakugan de Neji logran captar indicios de fuentes de chakra por esta zona―corroboró Kakashi saltando ágilmente desde uno de los árboles hasta el suelo fangoso del bosque, lugar donde se encontraban el resto de integrantes del grupo, seguido por el Hyûga. ―Pakkun tampoco ha tenido suerte...―agregó momentos después tomando asiento sobre una de las rocas.

Nada de nada...―comentó Sai en un pesaroso suspiro bajo la mirada esperanzadora de sus compañeros una vez que hubo tomado tierra después de haber rastreado los diversos sectores del territorio por los aires.

¿Y los ratones?―formuló el propietario de Akamaru acariciando con aburrimiento el suave pelo de éste mientras contemplaba como los pequeños roedores se aproximaban hasta el ANBU, quien negó con la cabeza antes de anular el jutsu.

Pffff... pues estamos apañados―sentenció el Inuzuka de un bufido desplomándose sobre su perro harto de la situación.

Sea quién sea el que se la ha llevado, no es un novato―comentó el Hyûga recostándose sobre la corteza de uno de los árboles.

Ordinario precisamente no es, eso te lo aseguro; nadie burla a nuestro olfato tan fácilmente― reafirmó Kiba mirando al primo de su querida compañera de equipo antes de hundir nuevamente su cabeza entre el espeso pelo del animal queriéndose olvidar del mundo.

Bueno, bueno―comenzó a decir el Hatake asumiendo su papel como líder un tanto presionado por el aura de desánimo que había en el ambiente.―Apuesto que si...―sus palabras se detuvieron instantáneamente al notar una presencia ajena por los alrededores.

Sin pensárselo dos veces, activó el sharingan haciendo que sus subordinados se pusieran en guardia.

El peliplateado se encaramó fugazmente en uno de los árboles pudiendo así visualizar al intruso, al cual le lanzó un kunai como señuelo obligándolo de esa forma a cambiar su posición para esquivarlo; movimiento que el ninja copia aprovechó apareciendo tras él con un amenazador Raikiri apuntándole directamente al cuello.

Quieto―imperó Kakashi manteniendo su mortífero jutsu a pocos centímetros de la garganta de su prisionero consiguiendo que éste se viera obligado a obedecer.

El resto de los allí presentes rodearon a ambos hombres tras presenciar la efectividad del Jonnin.

Suéltalo―ordenó Sai mostrando confianza en su rostro mientras avanzaba un par de pasos hasta situarse ante el poseedor del sharingan y su prisionero.

Todos miraron al joven perplejos sin entender a qué venía aquel extraño comportamiento.

El Hatake lo observó demandando una explicación atenuando un poco su técnica sin acabar de anularla, ante la cual cosa el joven ANBU asintió calmado acabando así de convencerlo; pues el líder del equipo finalmente liberó a su improvisada presa.

Identifícate―masculló de inmediato el hombre de plateada cabellera sin bajar la guardia.

Eres un ANBU de Kirigakure ¿no es así?―atajó Sai analizando al sujeto que tenía ante él ocasionando que éste asintiera deshaciendo segundos después su transformación.

Ao...―suspiró un más calmado Kakashi reconociendo a uno de los fieles acompañantes de la Mizukage.

Lamento el altercado, no esperaba encontraros por aquí.―Se excusó el hombre que cubría uno de sus ojos bajo un parche.

No, somos nosotros los que debemos disculparnos...¿puede saberse la razón que te trae por terrenos tan alejados de la villa de la Niebla?―Se interesó seguidamente el ninja copia.

Lo cierto es que me dirigía hacia Konoha, pero el haberos encontrado reducirá los riesgos que acarrea esta misión para ambas aldeas, al parecer la fortuna aún nos sonríe―informó el shinobi bajo la atenta mirada de todos los presentes.

¿A qué te refieres?―indagó el Hatake con el ceño levemente fruncido.

No tenemos demasiado tiempo, Mei-sama está poniendo en juego su propia existencia con tal de que ésta información sea entregada de inmediato a vuestro Hokage sin que ninguna otra aldea sepa nada al respecto; de ser así la Alianza entera se nos echaría encima.

Está bien―comprendió el hombre que se encargaba del liderazgo del grupo a sabiendas del rumbo que tomaría la conversación―Este no es un buen lugar para hablar de ello―agregó antes de proceder a realizar una rápida secuencia de sellos para hacer un socavón en el suelo que les serviría de escondite por unos minutos.

Una vez que todos estuvieron en el interior de éste, la conversación fue reanudada.

Dos de nuestros ANBUs se presentaron, hace poco más de dos días, en Kirigakure alegando que traían el cadáver de vuestro renegado de mayor categoría. Mizukage-sama se encargó de que la noticia no se extendiera entre los nuestros, de hecho, no permitió que los pocos que lo sabíamos tuviéramos acceso al cuerpo, ni tan sólo para realizar las pruebas médicas básicas establecidas por prevención. Únicamente dio potestad para informar, mediante el pergamino que se os fue enviado, de la defunción del sujeto sin indicar remitente; como ya sabéis las legislaciones se han endurecido y ya no se permite revelar la identidad ni la procedencia de los verdugos―explicó el ANBU en voz baja pero solemne―No obstante, puedo asegurar, que uno de ellos no era originario de nuestra tierra―aclaró el hombre de azulones cabellos ocasionando que más de uno de los allí presentes cruzaran miradas, pues la tensión comenzaba a palparse en el ambiente.―No levantaron sospecha alguna, simplemente se limitaron a hacer lo que tenían que hacer evitando ser descubiertos; francamente debo admitir que realizaron un pulcro trabajo; no obstante, aquel chakra es imposible de olvidar...―declaró despertando la curiosidad de los jóvenes shinobis de la Hoja―Suigetsu Hozuki...―sentenció con su grave timbre de voz tras una breve pausa.

Está bien, los tenemos―comenzó a decir Kakashi siendo consciente de que no podían arriesgarse a perder más tiempo.― Taka ha fingido la muerte de su fundador infiltrando a dos de sus miembros entre la élite de Kirigakure para entregar un falso cadáver y así propagar la noticia de que éste ha fallecido― anunció instantes después comenzando a movilizar a su equipo.

Hatake Kakashi―Le llamó la atención el enviado de la Niebla.―No se precipite, todo esto que les acabo de comunicar únicamente lo sabemos yo y un par de individuos más; intenté acceder al cuerpo para verificar que éste era falso, pero no me fue permitido. Tenga presente que ahora solo los de Konoha tenéis el privilegio de contar con esta información; pues todos piensan que el asesinato de dicho renegado se debe a las órdenes de los cinco Kages, exceptuando a Naruto y Gaara-san, y por ello todas las villas sospechan de todas; pues cada una de ellas se ajusta al perfil a su manera... Le ruego discreción. No olvide que esto son órdenes directas de Mei-sama, quien sopesó la idea de que lo mejor era avisaros a vosotros desde el momento en que las cosas empezaron a cuadrar.

Entiendo, en nombre de Konoha te doy mi más sincera gratitud, aguardo que se la transmitas a Mizukage-sama por su distinguida ayuda―agradeció el peliplateado tendiéndole la mano al ANBU, el cuál correspondió al apretón una vez que se hubo levantado del suelo.

Nosotros aguardaremos a que vengáis a buscar el cadáver para empezar a arrojar luz sobre todo esto―Se despidió el shinobi liberando la mano de Kakashi.

Dalo por hecho, el tiempo no corre a favor de nadie y por ello considero que lo mejor será que nos dividamos y, con tu permiso, que tres de mis hombres te acompañen para traerlo de vuelta y así comenzar con las investigaciones.―Propuso el Hatake pillando por sorpresa a medio escuadrón.

Me parece lo más razonable, pero por favor, pido discreción.―Cedió el ninja.

Hyûga, Aburame e Inuzuka, ya sabéis lo que os toca: traed ese cuerpo lo antes posible y encargádselo a Tsunade, ella sabrá qué hacer; no olvidéis decirle que el cambio de planes ha sido cosa mía y, a ser posible, procurad mantener a Naruto al margen―ordenó el shinobi mirando con confianza a sus tres subordinados, quienes no habían abierto la boca durante un largo período de tiempo acabando de asimilar las recientes noticias.― Sai y yo nos reuniremos con el resto del escuadrón, os mantendremos informados.

Finalizadas las palabras del Hatake, el grupo se separó sin más dejando aquel claro del bosque como si nadie hubiera estado allí segundos atrás, pues únicamente se atinaba a escuchar el suave rumor del viento colándose entre las ramas.

Fin del flashback.

―¿Qué vamos a hacer?―preguntó dubitativa Hinata observando como la Yamanaka daba vueltas por el perímetro de la tranquila zona en la que se encontraban bajo la luz de la Luna intentando sofocar su nerviosismo.

―Despertarlos―acabó respondiendo la rubia con firmeza en la voz antes de atestarle una leve patada a Shikamaru en la pierna tras haberse ubicado a su lado, ocasionando así que éste se sobresaltara incorporándose rápidamente sin tener claro a dónde mirar mientras se sobaba la cabeza en un vago intento de recordar lo qué pasaba y qué hacía allí.

Finalmente, acabó divisando a Ino junto a él mirándolo de forma inflexible y, después de bostezar cual oso, le dirigió una mirada cargada de somnolencia que hacía el intento de reclamar una explicación.

―¡Levanta!―instó la ojiceleste.

―Pero... ¿Qué pasa?―quiso saber él optando por ponerse en pie abandonando así el césped que le había servido de cama presionado por la coacción que ejercía en su persona la imperante mirada que emanaba de los cristalinos orbes de su rubia amiga, quien desvió su rostro señalando a la peliazul como respuesta.

―Percibo dos fuentes de chakra bajo tierra― notificó una seria Hyûga en la distancia.

Dichas palabras ocasionaron que el de la coleta enarcara un ceja extrañado quedándose momentáneamente pensativo, con su mirada fija, pero a la vez ausente, en su rubia compañera que se alejaba de él directa hacia la ubicación de Ibiki.

―Comprendo―murmuró el chico a los pocos segundos antes de que un largo y sonoro bostezo eclipsara sus propios vocablos.

―Además, tenemos un reporte del otro grupo con información un tanto inquietante―agregó la misma agravando levemente su timbre de voz haciendo que la atmosfera que los envolvía adoptara un aire un tanto inhóspito.

El Nara se encaminó con lentitud hacia el lugar donde el pergamino se encontraba dispuesto a leerlo manteniendo sus manos enfundadas en los bolsillos de sus pantalones.

Lo leyó y lo releyó desde diferentes ángulos con un semblante que oscilaba entre el escepticismo y sus habituales aires de intelectualidad pudiendo apreciar en cuestión de segundos una información más que adicional entre los garabatos de Sai.

―Ino.―La llamó sin retirar su aparentemente concentrada mirada del rollo―Tu "artista" te ha dejado una notita a pie de página―observó haciendo intento de que su voz no sonara demasiado burlona.

―Sabes Shikamaru, estaría bien que Temari te diera un buen abanicazo de vez en cuando para despejarte un poco y mandarte a tomar viento, imbécil―sentenció la Yamanaka de forma hostil, pues no había cosa que le molestara más que alguien que se mofara de la reciente relación que había entablado con el joven ANBU.―No sé cómo te aguanta...―bufó seguidamente sin dejar de zarandear al examinador teórico de los exámenes Chunnin en un absurdo intento de despertarlo; individuo que momentos atrás roncaba como un lirón.

―Pues porque me quiere―refutó Shikamaru encarando a su amiga.

―En un pedestal deberías tenerla con la cruz que le ha caído, y no precisamente del cielo...―Le echó ella en cara la kunoichi comenzando a alzar la voz.

―¿Y quién te ha dicho a ti que yo no la tengo en un pedestal? Es a ti a la que no te tengo ni en la foto de graduación, ¡tonta!

―Pffff... ¿a caso te crees que yo sí? Eres un idiota que va de listo por la vida sin serlo, eso es lo que eres ¡BAKA!―bramó la chica atestándole fuertes sacudidas a Ibiki descargando así la furia que comenzaba a invadirla, sujeto que ya no sabía de qué forma dar a entender que le había bastado una para salir a trompicones del sueño en el que había estado inmerso.

―!Saaai!―bromeó el Nara disfrutando de la expresión que ahora decoraba el rostro de la rubia―Oye, debe de ser penoso cuando va a la floristería a comprarte flores y tú le atiendes, qué frustrante...―comentó tiznando su voz de un notable tono de cachondeo para después explotar a carcajadas bajo la irascible mirada de la joven.

La Hyûga observaba la escena manteniéndose al margen no acabando de dar crédito a lo que veían sus ojos, pues la Mitarashi acababa de saltar sigilosamente y con asombrosa agilidad desde el árbol en el que se encontraba durmiendo plácidamente momentos previos a la actuación de Shikamaru; maniobra que provocó que el corazón de la ojiperla casi escapara del interior de su caja torácica debido a la peligrosidad de dicha acción teniendo en cuenta el estado de la mujer, la cual le sonrió mostrando complicidad antes de ubicarse tras el antiguo alumno de Asuma, individuo que estaba sufriendo los enfurecidos alaridos de la ojiceleste.

―Nara―interrumpió la dama de las serpientes con solemne voz ocasionando que el joven se volteara tras notar un fuerte derechazo a mano abierta en su espalda, pudiéndose topar con la sádica expresión que habituaba a decorar el semblante de aquella mujer de morada cabellera, la cual aún mantenía la extremidad que había atentado contra él sobre su hombro.

―Gracias a tu... ¿cómo decirlo? ¿broma? Has logrado despertarme, estarás satisfecho ¿no es así?―sermoneó con voz tranquila la ojicaramelo apretando paulatinamente el hombro del chico hasta que su cara mostró una leve mueca de dolor―Vamos, ¿estás satisfecho?―indagó sin deshacer su agarre aguardando la respuesta del muchacho.

― ¡Shikamaru, te estoy hablando!―vociferó la airada Yamanaka, quién se encontraba tras él despotricando sin tregua.

Ante mencionadas palabras, el de la coleta hizo amago de voltearse para pedirle que por Kami se callara, ademán que no pasó desapercibido por parte de Anko.

―¡Qué desconsiderado!―pronunció sarcásticamente la misma ocasionando que el Nara dudara de sus propios actos puesto que no era conveniente darle la espalda ni a la una ni a la otra; era peor el remedio que la enfermedad.

―¿Qué significa esto?― demandó autoritariamente Ibiki interfiriendo en la pequeña disputa una vez que hubo leído el reporte tras haberse liberado de la Yamanaka.

―¡Significa lo que pone ahí!―respondió una alterada Ino sin pensar, pues su mosqueo le nublaba en demasía la mente en aquellos instantes.

El pobre Ibiki dibujó una severa mueca de desaprobación en su rostro ocasionando que la joven recapacitara un poco sus palabras.

―Compresión lectora, Ibiki...―bromeó Anko con una divertida sonrisa de medio lado trazada en sus labios.

―Competencia lingüística en todo caso―corrigió Shikamaru ganándose una fulminante mirada por parte de la Mitarashi.

―¿Siempre tienes que dar la nota? Vamos a ver, "inteligente", de toda la vida cuando uno lee un texto y lo entiende, como pueda ser ese rollo; que por cierto dile a Sai que deje lo secundario para casa―aclaró desviando su mirada hacia Ino para volverla a centrar poco después en el aludido en cuestión―se denomina compresión lectora.―Finalizó ella con su discurso.―En tal caso, eso ahora da igual... ¡Ibiki, ¿qué problemas tienes con el papiro?!―cambió la pelimorada radicalmente de tema centrándose en lo verdaderamente importante con su alegría y vitalidad habituales encaminándose hacia el pergamino.―Ya veo... así que hay probabilidades de que Uchiha esté vivo―dedujo la misma tras haber descodificado con más tranquilidad las peculiares grafías sobándose con sutileza el mentón.

―A eso, añadirle que no estamos solos―recordó el Nara ocasionando que las miradas de los dos responsables del escuadrón se fijaran en él demandantes.

―Hinata ha interceptado dos chakras bajo tierra, pero no logra averiguar quiénes son―explicó la joven de celestes ojos esclareciendo un poco las cosas.

―Es decir, que tenemos dos amantes fugitivos―resumió Anko agilizando un poco las cosas mientras se colgaba su mochila a la espalda dispuesta a emprender camino directa hacia la cueva inexplorada.

―Etto... no es seguro que sean ellos―matizó algo dubitativa la Hyûga terminando de recoger sus cosas.

―¡Venga ya! A estas alturas eso ya es más que obvio, está claro que son Haruno y el otro, ¿quiénes sino, eh? Además, el reporte del otro grupo no es más que una confirmación a nuestras sospechas así que venga; ¡arreando que es gerundio!―exclamó la ojicaramelo dándole patadas a la tierra echando así una poca de ésta sobre el fuego para acabar de apagarlo.―Para vuestra información, yo también he estado enamorada hasta el retruécano de los huesos, así que entiendo de estas cosas; no como vosotros. Si es que los jóvenes de hoy en día no tenéis claro lo que es el amor―Habló ella continuando con su labor de apagar la pequeña hoguera, pero para cuando quiso acordar alzando la mirada del suelo, se topó con que su grupo la había dejado atrás, pues ni se había percatado de que ellos ya habían partido; incluso se habían llevado a Karin.

―¡Eso es, dejad a una pobre preñadita aquí sola, en medio de un peligroso bosque!―Les reprendió la dama de las serpientes a regañadientes dirigiéndose con decisión a la entrada de la cueva de menor envergadura en la que ellos ya se habían adentrado.― ¡No tenéis ni vergüenza ni educación!―vociferó molesta la pelimorada haciendo filigranas para acabar de entrar en la misma pudiendo de esa forma ser oída por todos debido al eco de la rocosa y luctuosa estancia sombría.

―Anko, que ya eres mayorcita.―Le recriminó Ibiki con cansancio caminando sobre sus propios pasos para ir a buscarla temeroso de que se pegara un mal golpe debido a las resbaladizas rocas que cubrían el suelo con osadía denotando así su posesión del lugar.

Una vez que se ubicó en la pequeña entrada, le tendió su amplia mano para ayudarla, no obstante ella la rechazó con brusquedad.

―¿Podrías dejar tus tonterías de lado por una vez?―indagó su compañero empezándose a hartar del comportamiento de la del moño, la cual arrugó el ceño zaherida.

―¿Tonterías?―repitió ella intentando sonsacar algo de paciencia de lo más profundo de su ser. ―¿Os parece una sandez haber cogido a Karin y haberme dejado a mí allí?―Se defendió la discípula del Sannin―Me ha dolido... ―agregó agachando la cabeza al tiempo que su voz se iba apagando paulatinamente.

―Joder, no basta con tener que soportarte, sino que también tenemos que lidiar con tus cambios de humor... ¡Qué problemático!―escupió de mala manera el Nara, quien desde la profundidad de la única estancia que conformaba aquella gruta, intentaba averiguar el significado de algunos de los arcaicos y polvorientos grabados del suelo procurando que Karin no se cayera de su espalda.

―¡Silénciate!―Se impuso la ojicaramelo de mala manera con su impulsivo carácter y altanera voz comenzando a caminar exenta de vacilaciones hacia el susodicho individuo, el cual se incorporó y retrocedió un par de pasos por seguridad propia a sabiendas de que tendría que tragarse sus propias palabras.

― Anko-sensei, no te precipites, esto no es bueno para el feto; son contraproducentes esos cambios de humor que te asolan continuamente―intervino Ino observando la escena perpleja dirigiéndole una mirada tajante a Shikamaru dándole a entender que la culpa era suya.

―Ibiki-san...―murmuró Hinata en un intento de que él hiciera algo por detener a su compañera de trabajo, el cual al parecer no estaba por la labor dado que no la hizo entrar en razón cuando tuvo la oportunidad segundos atrás.

―Anko-san, Ino tiene razón, relájate un poco―pidió el chico cuyo pelo se encontraba recogido en una coleta comenzándose a sentir intimidado por aquella mujer.

―Ahora me dices que me relaje, créeme que en el infierno no podrás pedir clemencia...―sentenció ella con contundencia antes de hacer crujir sus nudillos bruscamente aseverando la expresión de su tez , la cual de repente tornó pálida como la nieve ocasionando que el joven tragara saliva arduamente antes de atinar a pronunciar su nombre con una notable preocupación.

―¡Sal de ahí!―ordenó la Mitarashi alterada clavando sus orbes en el suelo antes de volver a fijarlos sobre los del muchacho, los cuales mostraban una evidente desorientación debido al repentino estado de nerviosismo de la dama de las serpientes.―¡Nara coño, que salgas de ahí!―vociferó seguidamente atestándole un fuerte empujón al joven que logró tirarlos a él y a la inconsciente pelirroja al suelo, quedando así la mujer de morada cabellera en el lugar de éstos antes de que el suelo se derrumbara bajo sus pies después de que la oculta trampilla cediera ante la atónita mirada de todos los presentes dejando a la mujer caer al vacío sin que nadie tuviera tiempo de hacer nada al respecto.

Fin del cap!