For the Rose and the Lion 14

Nota: Letra cursiva para pensamientos y mensajes de Greg, letra cursiva y en negritas para pensamientos y mensajes de Mycroft.


14: Hello, nice to meet you

29 de mayo 2015

14:30 hrs

Greg estaba tirando en el pasto sin poder aun creer lo que acababa de suceder. Alguien, de alguna manera, le habían conseguido un par de tenis adecuados para la cancha y había estado corrigiendo la técnica de Sherlock como si fuera lo más natural del mundo. En sí, era lo más natural del mundo, el chico tenía talento pero no estaba nada pulido, era muy silvestre por decirlo de alguna manera y necesita de mucho entrenamiento. Y sin embargo, una vez que les dijeron que tenían que desocupar la cancha y la mayoría de los jugadores comenzó a irse, todo el peso de sus acciones comenzó a caer sobre de él. Había jugado, se había puesto los tenis y había jugado al lado de Sherlock para hacerlo cambiar y mejorar ciertos movimientos, y por el momento, eso había sido demasiado.

-¿Estás bien? –escuchó la voz de Joe preocupada a su lado, y aunque sabía que estaba ahí, a unos cuantos centímetros, se sentía separado de la realidad, a miles de kilómetros, mucho tiempo atrás. No estaba en Brasil, se tenía que repetir una y otra vez, no le iba a pasar nada, el día de mañana podría levantarse y ver a sus hermanos y todo estaría bien.

-Creo que está teniendo un ataque de pánico –dijo una voz desconocida.

-¿Deberíamos llamar a una ambulancia? –preguntó otra voz desconocida y fue lo que necesitaba para abrir los ojos y levantase como si su columna estuviera hecha de resorte.

-¡No! –gritó sin poderlo evitar.- Nada de ambulancias.

Y es que lo último que quería era subirse nuevamente a una.

Tal vez fue extraño que pasara de un estado catatónico a la acción en cuestión de instantes, asustó un poco a varios de los presentes, excepto tal vez a Joe, que lo miraba con un poco de preocupación y al mismo tiempo, veía la misma emoción en él. Estaban en una cancha, estaban dentro de un estadio y estaban bien. El portero lo ayudó a levantarse y se encontró rodeado de varios chicos que lo miraban como si de una aparición se tratara y es que no podía decir que todos los habían reconocido, ni él ni Joe lucían como se suponía que debían de verse, por lo que fueron muy pocos los que se quedaron a ver qué más sucedía.

-¿Tal vez podamos seguir entrenando mañana? –dijo el defensa que mejor hacía su trabajo, un chico más o menos de la estatura de Joe y que no se veía tan joven como Sherlock, debía ya tener más de veinte años y parecía que había jugado previamente aunque tal vez no a nivel profesional.

-Sí, podríamos repetirlo mañana –respondió Greg caminando sostenido aun de Joe, sintiendo que no era capaz de mantenerse en pie si se soltaba, a su amigo no parecía molestarse por lo que se dirigieron a la salida, por el mismo pasillo por el que habían entrado. Sherlock se mantuvo detrás de él, callado, había hecho varios comentarios y observaciones durante el tiempo que estuvieron jugando, pero después se guardó todo lo que hubiera querido decir. Y Greg pensaba que así era mejor, porque no sabía qué podría decirle al chico después de todo lo que había sucedido.

Parecía que su vida volvía a estar de cabeza, aunque para ser sincero la sensación de liberación después de haber jugado por más de una hora era maravillosa. Estaba vivo de nuevo, porque su vida siempre había sido el fútbol, porque sin eso no tenía mucho más a lo que recurrir. Y lo había dejado por decisión propia, porque las imágenes de aquel día lo acosaban y porque no tenía el valor para enfrentarlas. Porque él había salido y ellos no y hasta ahora, hasta ese día, no había apreciado el regalo que le habían hecho.

Y Joe tenía razón, le había tocado vivirlo en carne propia, su propio conflicto por sólo haber conseguido ayudar a Greg ese día y además, el haberle fallado en el momento más importante a su novia. No podía seguir encerrado en sí mismo, dejando que los demás se preocuparan y alteraran todo en sus vidas por él. No era muy tarde, estaba seguro de que si hablaban con servicios escolares podrían recibir a sus hermanos en las universidades que habían elegido como primera opción en vez de Universidad de Sussex y aunque sería difícil convencerlos de irse, podría lograrlo. No volvería a hacer nada estúpido, no les podía pagar de esa manera.

¿Y Mycroft?

Sin darse cuenta estaba caminando solo por el pasillo y cuando la luz del exterior lo encegueció, cerró los ojos por un instante y recordó lo que había visto de él. NO había sido sencillo para él tampoco. En aquella oficina la imagen que le presentó no se parecía mucho a lo que recordaba de esa vez en el hospital, o afuera del estadio o en el aeropuerto. El cabello rojo estaba ahí, tan hermosamente llamativo como siempre pero le faltaban muchos kilos, su rostro era anguloso y se veía tan pálido y esas ojeras eran algo nuevo, tan pronunciadas, evidenciaban noche continuas sin lograr un descanso.

Si, la vida le quitó muchas cosas, a su padre, a su mejor amigo y a todos sus compañeros, la alegría de ser campeón del mundo y el futuro profesional que eso prometía, pero a cambió le había dado algo, el amor que siempre había querido con la persona que había pensado y anhelado por años. Y él, simplemente lo despreció. Como si no fuera nada, como si no importara, como si no hubiera querido por años estar lo suficientemente cerca como para tocarlo. Y no, le dijo las cosas más horribles y lo dejó, sin siquiera permitirle hablar, sin querer saber lo que sentía, lo que había estado sufriendo.

Porque Greg tenía que aceptar que había irrumpido en su vida para romperle el corazón.

¿Qué le costaba contestar una de las tantas llamadas que le hizo? ¿Qué le costaba mandarle un mensaje? Tal vez se hubieran ayudado a salir de la oscuridad, tal vez hubiera podido tomar su mano y sostenerla hasta volver a encontrarse, aunque fuera a través de la distancia, aunque no lo dejara acercarse, hubiera podido aunque sea aceptar que se preocupaba por él y dejarle saber que seguía pensando en ellos como algo real.

Pero no lo hizo y lo echó a perder y ahora no sabía qué hacer porque la sensación de mareo volvía a apoderarse de él y en cuestión de segundos estuvo a punto de caer pero se vio rodeado por los demás chicos que caminaban con él y no lo dejaron llegar al suelo. Podría haber sido simbólico, pero saber que estaban a su lado significó mucho, no estaba solo y eso debía recordarlo una y otra vez.


30 de mayo 2015

Estadio Falmer

07:00 hrs

-¿Jamás se te termina la energía? –preguntó John después de correr una hora. Era impresionante, al principio pensó "este tipo es ocho años más grande que yo y no ha entrenado en un año, no me va a aguantar el paso"; pero después de una hora de correr y de que lo superara por cuatro vueltas al campo, estaba exhausto y era el principio. Greg, cuando se trataba de fútbol, jamás se cansaba, corría al minuto 89 de la misma manera que corría al minuto 1.

-No –respondió al mismo tiempo le tendía la mano a John para que se levantara, aunque era caso perdido, los demás fueron llegando detrás de ellos y cayendo al pasto de la misma manera. Eran pocos los que habían tomado en serio lo que les propuso, continuar el entrenamiento, pero por fortuna, aunque pocos, eran los mejores de los que había visto el día anterior y además, si los acomodaba como debía, eran suficientes para un equipo, sin cambios claro, pero suficientes.

Primero que nada Sherlock y John, estaba convencido de que si quería lograr algo, tenía que tener a ambos chicos en su equipo. Luego estaba el mediocampista, Terry si mal no recordaba, el chico alto de cabello negro bien peinado y que parecía una tumba por lo poco que hablaba, era muy bueno, aunque decía que jamás había jugado de manera profesional y ni siquiera estaba en un equipo regular. Lo quería como ofensivo porque era bastante activo y tenía creatividad. Estaban además dos defensas, uno muy alto, que fue el que sugirió continuar con los entrenamientos y el otro ligeramente más bajo aunque tenía mucha actitud, además de que el chico parecía de piedra, no se le podía mover con nada. Eran Ethan y Dane, según recordaba, pero no recordaba cuál era cuál.

Sherlock jugaba bien como defensa, parecía tener mucha claridad en las jugadas, pero lo prefería como delantero, porque lo acompañaba de manera excelente y parecía que tampoco se cansaba. Así que completando su defensa estaban dos chicos muy diferentes entre sí, uno que parecía guerrero vikingo porque tenía el cabello muy largo y usaba una barba de tres días, además de expresión de pocos amigos. Parecía más grande que los demás, tal vez hasta más grande que Greg, lo cual no era malo, pero contrastaba con la juventud de los otros. Y el otro defensa, era delgado pero corría muy rápido, además de que no le daba miedo meter el cuerpo, y lo primero que notó Greg de él fueron sus impresionantes ojos azules. Sacudió la cabeza, además el chico era de la edad de Sherlock y eso no estaba bien.

Sus mediocampistas eran muy diferentes entre sí. Estaba el chico malo que llegó vestido con una chamarra de cuero encima de la playera y que justo antes de entrar a la cancha apagó su cigarro, estaba el tipo alto que creía saberlo todo aunque fuera la primera vez que intentara entrar a un equipo y para terminar estaba el típico niño bueno, con el cabello recortado a la perfección, ojos brillantes y que parecía dispuesto a seguirlo a dónde fuera.

Ahora, era cosa de hacerlos trabajar como equipo.

Lo cual era más fácil decirlo que hacerlo.

19:00 hrs

-¡Más de doce horas Greg y nada más no te cansas nunca! –dijo a gritos un muy borracho John Watson, se encontraba desparramado sobre el sillón y sobre Sherlock, que para el caso era lo mismo. Después del día entero de entrenar, repasar jugadas, hacer que se plantaran en el campo, estaban más que muertos de cansancio, bueno, todos menos él. Aunque tenía que aceptar que no era lo mismo que antes, tenía unas ganas desesperadas de cerrar los ojos pero con la perspectiva de levantarse al día siguiente a hacer lo mismo, ya tenían una cita en la cancha de nuevo a las 6 am y no quería ver que ninguno llegara tarde.

-John, tal vez es tiempo de que dejes esa cerveza –dijo Sherlock quitándole la botella de las manos a su amigo, quien casi se abraza a la misma con tal de evitarlo. Eran muy chistosos, Greg no podía evitar sonreír de verlo, de recordar cuando aquel chico de pelo negro ensortijado era un niño que no hablaba con nadie y que había sido un milagro que hablara con él. No es que ahora fuera muy bueno para sus actividades sociales, la verdad es que poco o nada había hablado con los demás, pero con John era diferente. ¿Cuánto tiempo llevaban Sherlock y John juntos? ¿Cómo se habrían conocido? ¿Qué pensaba Mycroft de eso?

Greg sacudió la cabeza, no tenía caso darle vueltas, el punto es que ambos eran excelentes y listo, lo demás no era de su incumbencia. Luego estaban los otros chicos, resultó que algunos se conocían, como el defensa inamovible y el que había dejado como lateral izquierdo, eran los mejores amigos y estaban estudiando economía, de hecho parecían pegados por la cadera, iban y venían siempre juntos. El chico de piedra se llamaba Dane y adoraba su coche, de hecho durante algún tiempo pensó estudiar ingeniería mecánica pero sus padres estuvieron en desacuerdo. El otro chico, el de los ojos azules impresionantes, le gustaba escribir y leía mucha poesía, parecía siempre estar en un estado de ensoñación.

Ethan, el defensa más alto, había trabajado en la tienda de deportes local pero de hecho tenía una licenciatura en medicina del deporte, era más grande que todos, tenía treinta y dos años y aquel era su sueño, se lo estaba tomando muy en serio. El otro defensa, el lateral derecho, Roman, tenía una hermana gemela y de niños eran tan parecidos que los confundían, era músico y tocaba en un local cerca del puerto todos los fines de semana, razón que explicaba el cabello largo y la actitud.

Mitch y Erick, el mediocampista lateral derecho y el central defensivo, se sentía vampiros, en cuanto pudieron se quitaron del sol, se pusieron gafas oscuras y cambiaron su actitud, casi se volvieron huraños e inaccesibles, comenzaron a hablar entre ellos y a duras penas aceptaron colapsar en la casa de Greg, aunque después de relajarse se incorporaron sin problemas. Mitch había estado en equipos juveniles y estudiaba sociología. Erick se había graduado como arquitecto pero no había encontrado trabajo aún.

Terry era médico, recién graduado, de hecho era raro que quisiera jugar pero según él, tenía un consultorio en el centro de Brighton con su padre y atendían a una clientela a base de jubilados mayores de 60 años. Decía que se aburría horrores y quiso probar algo más. Y George, el chico bueno de grandes ojos, peinado perfecto y actitud positiva. Greg suspiró, era excesivamente joven, era el más chico de todos, tenía diecisiete años y tuvo que presentar un permiso de sus padres para poder inscribirse a la prueba. Pero parecía haberle agarrado mucho cariño a Greg porque se negaba a dejarlo a sol o a sombra.

Aquello era raro y Greg se sentía ligeramente incómodo y pensaba que Sherlock le dedicaba ciertas miradas enojadas, pero tal vez lo estaba imaginando porque cuando trataba de hacer contacto visual con el chico, se volteaba y regresaba su atención a John.

-¡Gregory Lestrade! ¿Qué significa esto?

Fue el grito que lo sacó de balance y casi hizo que cayera al suelo desde el sillón. Ahí estaba Gail con las manos en la cintura y una cara de sorpresa. Gavin por el contrario, lo miraba entre sorprendido y complacido, a su hermanito no se le había pasado la euforia del día anterior cuando Mycroft le dio la oportunidad de compensar sus faltas.

-Estamos cansados –respondió y se levantó, aunque llevaba varias cervezas no se sentía mareado, el único con ese problema era John, por fortuna parecía que se había quedado dormido en los brazos de Sherlock. Eso también era sorprendente, que a ninguno de los demás pareció importarle aquello, por lo menos ninguno de los de su nuevo equipo era un idiota.

-Pero… -trató de decir Gail pero fue transportada por Greg hacía la cocina, que era como un territorio de guerra. Ella suspiró y trató de relajar su expresión.- ¿Estás bien?

-Sí, sé que es repentino –dijo Greg dejando escapar un nuevo suspiro y tallando su nuca con la mano derecha- pero no me siento como me sentía ayer, algo cambió.

-¿Qué cambió? –preguntó Gail intrigada, en parte deseosa de creer que todo podría estar mejor y en parte, dudosa porque no sabía si podía confiar en que Greg se mantuviera con ese estado de ánimo.

-No lo sé –respondió pero lo sabía. En parte Joe, parte Mycroft. Y tal vez la mayor parte era que había puesto sus pies de nuevo en la cancha y sabía que lo extrañaba como loco y que nunca estaría completo si no volvía a jugar.

-Me parece bien Greg, pero ustedes limpian –dijo su hermana y le dio un beso en la mejilla antes de salir del lugar armada con una caja de pizza que no se habían comido. OK, necesitaría de todo su liderazgo para que esos chicos los ayudaran a limpiar.

De repente sintió que lo miraban y al voltear se encontró con Sherlock. Se debían una conversación y podía darle las vueltas que fuera, pero era cierto que había cosas que no se podían obviar.

-Yo...

-No trates de disculparte, no es lo que busco -dijo el chico interrumpiendo a Greg, quien de inmediato cerró la boca y dejó de buscar las palabras para explicarle lo que había sucedido. Se recargó en la barra del desayunador y esperó a que continuara.- Sólo quiero saber si has terminado.

-¿Terminado? -preguntó Greg confundido.

-Si, quiero saber si has terminado de comportarte como un imbécil porque si al primero problema que tengamos correrás a refugiarte bajo los cobertores, la verdad no quiero que seas parte de esto.

Greg se quedó sorprendido, si es que sorprendido era la palabra adecuada, porque era mucho más. Había sido directo y nada considerado de parte de Sherlock. Aunque no podía negar que la pregunta era adecuada.

-He terminado -respondió y tenía que empezar a creer que era cierto, que no huiría la próxima vez que tuviera que entrar a un estadio o pensar en la posibilidad de un juego en todo el sentido de la palabra.

-Perfecto -dijo y simplemente dio media vuelta y salió de la cocina, dejando a Greg con mil cosas en la cabeza por lo que tuvo que ponerse a limpiar la cocina para despejarse un poco.


13 de junio del 2015

09:00 hrs

Estadio Falmer

Durante las dos semanas antes de la prueba para entrar al equipo de Brighton, aunque era cosa de trámite porque se había hecho el equipo él solo, era cosa de que los directivos vieran que había elegido sabiamente; se había estado mensajeando con Anthea. Gavin vivía pegado a su celular mientras estudiaba el temario que le había dado el profesor Holmes, y sólo se distraía para responder los mensajes, que entraban casi cada cinco minutos. Por lo mismo, sabía perfectamente que estarían ahí, por lo mismo, no se sorprendió cuando los encontró en las gradas, viendo con ojos como platos como su hermano estaba calentando para jugar.

-¡Gavin! –gritó ella en cuanto lo vio y eso lo hizo sonrojar, era imposible, se repetía una y otra vez y de verdad lo creía, que ella era amigable y eso era todo. Junto con su hermana se acercó a donde estaba ella y la saludó con dos besos.- Mira, te presento a Molly, Mike y la señora Watson.

-Mucho gusto –dijo él y los demás le correspondieron estrechando su mano.

-Él es Gavin y ella Gail –dijo Anthea completando la presentación.- Son los hermanos de Greg.

Fue lo que necesitaban para que sus recuerdos evocaran a Gail como la chica que dio la conferencia de prensa en Brasil donde confirmaba que Greg ni Joe habían muerto, se quedaron sin saber que decir y por un instante el ambiente se tensó. Aunque todos se distrajeron cuando una mujer vestido de negro apareció en la cancha, estaba lo suficientemente cerca para ver que era un ser hermoso de labios rojos y presencia imponente, todos los presentes la estaban mirando y ella parecía disfrutarlo. A su lado, estaba un hombre, enfundado en un pants y chamarra negra, que parecía sólo tener ojos para alguien entre todos los jugadores.

-No puede ser –dijo Gail reconociéndolo al instante, tendría que estar ciega para no reconocerlo, con esa pinta de chico malo que siempre se cargó, la altura y esa mandíbula fuerte y tentadora. A Gail siempre le había gustado y había odiado que tuviera que retirarse después del accidente de Sevilla. Aunque claro, también recordaba que un día Greg le dijo que lo había besado y todo se fue al traste.

-¿Quién es? –preguntó de inmediato Mycroft a quien no se le escapaba el hecho de que era muy claro que ese hombre de negro miraba con interés a Greg, como si esperara que se diera cuenta de su presencia.

-¡Sebastian!

El grito de su hermano impidió que Gail respondiera, su voz se escuchó con una claridad en todo el lugar. Corrió desde donde estaba junto a la portería hasta donde su ex compañero de equipo lo esperaba y lo recibió con el abrazo más cálido que le hubiera dado a alguien desde que pasó todo. Aquel era su hermano, completo de nuevo, ahora no tenía duda, repartiendo su cariño como siempre, abriéndose y siendo genuino como sólo él sabía hacerlo. Claro que tampoco pasó por alto el hecho de la enorme sonrisa de Sebastian ante aquel despliegue de afecto y como pareció fundirse entre los brazos de Greg.

La prueba se convirtió en una especie de batalla. El equipo que había armado Greg era fuerte y a pesar de conocerse sólo de dos semanas, trabajan juntos de una manera impresionante. No era que fueran perfectos, aun les faltaban mucho tiempo para llegar a ese estado. Aunque Sebastian hizo varios cambios en el otro equipo, de ninguna manera se metió con la alineación contraria por lo que la estrategia que entre los doce habían pensado (claro, había que incluir a Joe), se mantuvo intacta. Greg y Sherlock se movían juntos de manera muy coordinada, casi se leían el pensamiento y sabían en qué momento acompañarse, cuándo esperar y cuándo dependería de una jugada individual. John no tuvo más que unas cuantas sorpresas y todos los tiros a gol que no acabaron volados sobre la portería, terminaron en sus manos. Joe tenía razón, el chico saltaba como rana. Aquello valió Anthea y Molly gritaran y saltaran como locas porque John se merecía todo el apoyo del mundo.

La defensa era sólida, los tres chicos más altos parecían una muralla, Gail los miraba con atención y sabía que tenían la capacidad para aguantar cualquier intento de ofensiva. Los conocía bien, casi habían estado viviendo en su casa las últimas dos semanas. Y Mika, el más delgado de todos, aunque era defensa, en varias ocasiones acabó metido hasta la portería intentando tirar a gol. Y lo hubiera logrado, le faltaba practica era todo. Los mediocampistas estaban loquitos, Erick y Mitch le gustaba defender y atacar y eran muy rápidos; Terry le armaba todo a Greg y casi le servía el balón para que definiera, tenía de verdad mucha imaginación para las jugadas. Y George era tal vez el más tímido pero cuando tenía el balón en los pies era como si lo desapareciera, podía quitarse a todos de encima de ser necesario y dar un pase certero.

Eran buenos, se notaba. Tal vez un poco silvestres, pero buenos.

11:00 hrs

Pasto de la cancha del Estadio Falmer

Después de hacer infinidad de cambios y de 120 minutos de juego, para que todos pudieran probarse, el equipo de Greg terminó metiendo catorce goles y no fueron más, porque Joe estaba en la portería y tampoco iba a dejar que todo entrara. Cuando dieron por terminado el encuentro los once se derrumbaron sin poderlo evitar, hasta Greg se sentía cansado de cierta manera, con el peso de haber vuelto a jugar un partido ligeramente más largo de lo usual.

Una sombra le cortó el sol que estaba ya cayendo de lleno sobre el estadio, abrió los ojos con curiosidad.

-Mi prima, Irene Adler, la representante legal del equipo, tiene una propuesta que hacerles –dijo Sebastian y le ofreció la mano para ayudarlo a levantarse, trató de no cargarle su peso, por el hecho de la rodilla, que lo hacía caminar con inseguridad y lentitud.

-Vamos, la propuesta es para todos –dijo volteando a ver a los demás que parecían decididos a no moverse hasta haber dormido unas buenas 48 horas, el estrés y la tensión se estaban disipando y ellos, al no estar acostumbrados a eso, lo sufrían de cierta manera. Se levantaron con trabajos y se enfilaron hacía el túnel que llevaba a los vestidores. Se quedó al final, en parte para caminar a la altura de Sebastian y también, para dirigir una mirada al estadio, a la porra que habían tenido en Gavin, Gail y los demás, y sobre todo, porque sabía que ahí esta estaba él y que todo el tiempo había tenido sus ojos sobre de él.

Fue extraño, algo que no había compartido con nadie más, y sin embargo fue muy claro. Sus miradas se cruzaron, sus ojos azules podrían considerarse fríos pero cuando se posaban en él, eran expresivos y le estaban transmitiendo demasiadas cosas.

Gracias por venir, quiso decirle pero no podía hacer otra cosa que mirarlo.

No ha sido nada, realmente fue un placer verte jugar de nuevo, estaba seguro de que había respondido.

Lo siento, de verdad, todo lo que dije… no estuvo bien haberlo dicho, quiso expresar y sintió la tristeza y la vergüenza destilar por su mirada, porque hubiera querido gritarlo, que se arrepentía de ese día, que estaba enojado consigo mismo y que se había desquitado de la manera más estúpida. Y que quisiera olvidarlo, volver a empezar, tener una segunda oportunidad de tener ese momento por el que había soñado durante tantos años.

Pero claro, no era tan sencillo como decir "borrón y cuenta nueva".

No te disculpes, no te preocupes… tal vez… podamos empezar de nuevo, y los ojos azules de Mycroft se volvieron tan cálidos que Greg pensó en una comparación muy ridícula, como los rayos del sol que ahora tocaban su rostro. Y seguramente fueron los rayos de sol los que hacía que sintiera un calor inmenso en sus mejillas y que tuviera unas ganas insanas de salir corriendo hacia las gradas y tomar entre sus brazos a esa única persona que podría esperar por él por siempre.

¿De verdad?

¿Por siempre?

Greg sintió que se daba demasiada importancia, hasta ahora no sabía nada de Mycroft, tal vez había tenido un puñado de relaciones en estos diez años y él, simplemente, había compartido un beso con Sebastian. ¡Ay por dios era patético! Ahora entendía el porqué de las burlas de Wayne, había soñado tanto tiempo con algo ideal, perfecto y tal vez, esa persona, no había siquiera pensando en él. Y sin embargo, se había visto afectada por él, después de todo, había llamado, aquella vez en el hospital en Brasil y luego al hotel en Rio.

Estaba desvariando, no entendía la razón de que sus pensamientos divagaran y se volviera todo tan confuso. De repente se sintió tan iluso que le dio pena mirarlo y bajó los ojos, rompiendo la comunicación que habían tenido.

Cuando levantó la mirada espera que él ya no estuviera, que lo ignorara, pero … ahí estaba, esperando una respuesta silenciosa.

Si tú quieres empezar de nuevo… yo también, trató de transmitir con mucha fuerza su deseo de algo más, de no cortar toda esperanza, de…

-Greg –dijo la voz de Sebastian a su lado y entones recordó que el motivo de su presencia en la cancha de fútbol era conseguir que esos chicos entraran a un equipo de segunda liga para jugar de manera profesional. Claro, eso era lo que importaba en ese momento.

-Lo siento –respondió y caminó al lado de su ex compañero, despacio, sin cruzar otra palabra hasta lograr llegar al túnel. Y no volvió a voltear, porque de otra manera habría hecho algo sin pensar y no estaba seguro de cómo terminarían las cosas si hacía algo así.

12:30 hrs

Afuera del Estadio Falmer

Habían esperado bastante tiempo. Se notaba la tensión entre todos y no eran los únicos esperando, había un señor mayor sentado cómodamente en una de las bancas y una pareja que trataba de mantenerse tranquila pero parecían hasta asustados. Un chico de unos trece años conversaba con una chica que se veía como de la edad de Sherlock. Para Mycroft era claro todo, eran familiares de los otros jugadores del equipo de Greg.

El chico de trece era hermano de uno de los defensas, del rubio de ojos verdes, tenían problemas en casa, sobretodo porque sus padres habían obligado al hermano mayor a estudiar algo que no le gustaba. La chica era la mejor amiga y eterna enamorada del mayor y trataba de ganar puntos "cuidando" al hermano. El señor de pelo cano era padre del mediocampista, del que mejor se había acoplado al juego de Greg, era médico y de cierta manera no entendía los deseos de su hijo por jugar fútbol pero ahí estaba, apoyándolo. Los más graciosos eran el señor y la señora de mediana edad, ella tenía cuarenta y él cuarenta y tres, eran muy aprensivos y se asustaban hasta de su sombra, tenían miedo de que a su hijo le pasara algo horrible y por eso irían a cada juego, había sido milagroso no tenerlos encima en los entrenamientos y también, el entrar a un equipo, le significaba a su hijo un poco de libertad.

De repente, aparecieron, los primeros salieron y nadie estaba ahí esperándolos, pero en cuanto vio a Sherlock y John se olvidó de lo demás.

-¿Qué pasó? –gritó Anthea con emoción.

-Nada –respondió John encogiéndose de hombros- nos hablaron de las condiciones para entrar al equipo, del sueldo casi simbólico, de que probablemente sólo dure una temporada y nos dieron muchos papeles para leer.

-Tenemos una cita para firmar contrato el miércoles a las 11 de la mañana –dijo Sherlock completando la información de John.

-Los 12 aceptamos, es casi un hecho, claro, están los demás, los que escogió Moran, pero son extra –dijo John tratando de ocultar una risa sin lograrlo del todo, era chistoso, los demás habían jugado terrible pero siempre se necesitaba tener cambios, no podían jugar todo el tiempo. Tal vez Greg si, los demás no.

Casi estaba seguro de que John y Sherlock habían seguido hablando, pero todos sus sentidos se vieron atrapados por la figura de Greg caminando hacia él. Junto venía Joe, pero hasta eso lo obvio, no podía más que concentrarse en su manera de andar, en cómo se movían sus piernas, su cuerpo, todo, estaba consciente de todo y estaba más que perdido en su observación.

Se encontró entonces atrapado por el color chocolate de sus ojos, por la fuerza que en ellos se reflejaba y por la seguridad de que era cierto lo que había sentido al estar mirándolo desde las gradas. Había sido real esa conversación, no era una interpretación alocada de su parte.

-Hola –dijo y se dio cuenta de que lo tenía enfrente y que tal vez había pasado varios momentos en silencio de nuevo mirando atentamente al otro- me llamo Gregory Lestrade y creo que no hemos tenido la oportunidad de presentarnos.

Greg estiró la mano frente a él y esperó.

-No, no hemos tenido una presentación adecuada –respondió y se sorprendió de haber podido encontrar las palabras para decir algo y que fuera algo coherente.- Soy Mycroft Holmes y es un placer conocerte.

Tomó la mano de Greg y la estrechó con más sentimiento del que era capaz de contener, era la primera vez que lo tocaba, que estaba así de cerca, que podía mirar sus ojos de verdad, no cargados de enojo y desesperación, sino de algo más.

-Greg –dijo la voz de Joe a sus espaldas y entonces soltó su mano y su mirada se desvió, sonrió ligeramente y dijo:

-Nos vemos.

Y se fue, seguido por sus hermanos, quienes se despidieron de todos de manera muy educada. No pudo despegar sus ojos de él, ni siquiera cuando subieron al coche que los estaba esperando, vehículo muy lujoso por cierto y al que también subió aquel que ahora identificaba como Sebastian. Le dedicó una última mirada y sería mentir si no dijera que su corazón dio un vuelco, pero también lo miraba él, el ex futbolista con la lesión en la rodilla que caminaba despacio y con inseguridad. Y lo que interpretó, y estaba seguro de eso, fue un "aléjate".

¿Alejarse?

Mycroft se empezó a reír aunque los demás no comprendían qué le pasaba y lo miraban extrañados. Jamás se alejaría, no cuando apenas había dado un pequeño paso hacía Greg y primero muerto que dar un paso atrás.


14 de junio 2015

06:00 hrs

Londres

El celular sonó con el tono de mensaje y aunque hubiera querido ignorarlo, la posibilidad de que fuera algo relacionado con su hermano lo llevó a estirar la mano en busca del aparato. Estaba cansado, el día anterior habían pasado medio día en el estadio y el resto del tiempo congregados en un restaurant de Brighton y caminado por el muelle, se retacaron de pizza, refresco y helado y cuando Anthea se perdió de vista y regresó por sus propios medios a Londres, él no dijo nada. Había llegado al departamento cerca de las diez de la noche y se había quedado dormido casi al instante.

Desbloqueó su celular y sin fijarse en la persona que lo había mandado, abrió el mensaje.

Buenos días

No era de parte de Sherlock o John, tampoco Anthea, y fuera de ellos nadie más le mandaba mensajes. Entonces notó que la persona que le mandó el mensaje y se volteó sobre sí mismo de manera tan repentina que acabó cayéndose de la cama.

Era de Gregory.

El mensaje era de Gregory y aparecía como "en línea", tal vez esperando por una respuesta.

Buenos días Gregory.

Pudo ser más amable o preguntado otra cosa, ahora temía que no respondiera y los minutos que pasó viendo su celular fueron los más largos de su vida.

Hoy vamos a entrenar todo el día, creo que me van a odiar cuando los presione

Mycroft sonrió sin levantarse del suelo, podría pasar el día entero ahí si es que fuera necesario, aunque pensaba que en un momento más se iría al estadio a verse con su nuevo equipo y con…

Le costó un poco de trabajo pensar en que vería a Sebastian.

Entonces recordó que no había escrito su respuesta y no quería que él pensara que no lo iba a hacer.

Por supuesto que no te van a odiar, nadie podría odiarte y además, los vas a convertir en excelentes jugadores. Casi podríamos decir que serás tú el director técnico y no … el que de hecho es el director técnico.

Definitivamente no quería hablar con él de Sebastian.

Jajajaja ok, vamos a aceptar que soy el director técnica y Sebastian me va a quitar la gloria

Mycroft volvió a sonreír y estuvo a punto de escribir algo pero el mensaje indicaba que Gregory estaba escribiendo algo, así que esperó.

¿Tú no me odias?

-¡Claro que no! –gritó en la soledad de su recamara. Jamás podría odiarlo, jamás querría odiarlo.

Por supuesto que no Gregory, jamás pienses eso.

La siguiente respuesta tardó unos minutos, bastantes minutos por lo que Mycroft se levantó, fue al baño, se dirigió a la cocina y puso la tetera para poder prepararse un té. Se había resignado a que no hubiera respuesta, a que hubiera seguido haciendo lo que tenía que hacer, era de por sí bastante sorprendente el hecho de que lo contactara. No quería presionarlo, le daría su tiempo, el que fuera necesario.

Así que cuando su celular sonó de nuevo con el tono de mensaje, casi salta a agarrarlo.

Gracias amor.

Hubiera podido morirse ese día de la alegría.


Gracias por seguir leyendo y gracias por su paciencia.

Y si, todo parecer irse componiendo... desconfíen de mi pero disfruten mientras puedan jajajaja ... unas gotas de adorable Mystrade aunque sea a base de mensajes jejeje.

Personajes nuevos, todos originales, wiiiii. A ver si alguno reconoce algo en ellos, porque están haciendo una especie de aparición especial pero están basados en el personaje o el actor que los interpreta. Jejeje. (Sí los reconocen con la poca información que les di, les recompenso con algo jajaja... Terry tu no cuentas).

Y ufff, sufrí horrores con el último mensaje de Greg... no me decidía y pues... lo dejé así, espero haya sido correcto.

Ahora, agradecimientos como es debido:

Primero que nada Terry, mil gracias por tu explicación detallada y por ayudarme a posicionar a los jugadores, de verdad, no tengo idea de cómo lo habría hecho sin ti. Eres fenomenal amigo!

Isa no Tenshi: No, claro que no... Moriarty sigue por ahí y aparecerá en algún momento. Y si, están juntos y se aman aunque al parecer sólo han dados dos pasos en ese dirección. Gracias por el comentario.

titxutemari: Si, invítame al país Vasco por favor! Jejejeje yo encantada, nada más deja cruzo el océano. Si van a ser felices, espero, pero las cosas serán menos trepidante que al principio, ahora van paso a paso. Gracias por el comentario!

mashimaro: Oh si, cachondeo y celos muajajaja. Me encanta que se queden con ganas de más porque me falta mucho por escribir. Gracias por el apoyo, de verdad.

pervertida yaoista: Oh si, será un Morstrade, jajaja bueno, que estoy juntado algo raro ... a ver cómo mueve sus piezas Sebastian. Gracias por el comentario.

JessyRiddleFriki: Si, que me encantan los triángulos y cuadrángulos amorosos, son encantadores. Gracias por el comentario.

Yiyukimo-ak: Y es tu opinión la que más me preocupa. No sé si vas a pensar que todo el cambio repentino fue muy repentino, espero que veas mi justificación. Muchas gracias por todo lo que comentas y me agradó que vieras el fútbol como eso que jamás podrán dejar.

NatLB: Jejeje perdón por tardar, espero no te hayas sacado los ojos y si, las cosas no podrán ser del todo tranquilas con Sebastian e Irene jejeje. Gracias por comentar.

ladyblue: Muchas gracias amiga por comentar y también te extraño muchísimo. Los celos aun no empiezan, voy a necesitar incluir otro factor para que funcionen las cosas.

Runa: amiga gracias por comentar y si Irene pasa, pero la otra no jajaja.

Anahi: Gracias por comentar y para el siguiente capítulo verás las consecuencias de lo que me dijiste jejeje. Ahora les di un respiro, porque ambos siguen queriendo estar con el otro, pero no será todo como ellos piensan.

Lizie CoBlack: Gracias por comentar y tienes razón, las cosas no pueden girar en torno a ellos nada más, pero veremos, me falta incluir algo más.

BeneBells: Si, tienes razón, vienen más complicaciones y mucho trabajo duro. Esto fue un pequeño respiro.

Mycroft: Y pues para que tu atención no se disperse, tantito fluff... Muchas gracias por venir, leer y comentar, de verdad, muchas gracias por todo lo que dices. Me haces muy feliz.

Y bueno, recuerden que muchas veces sus comentarios me ayudan a ver las cosas desde otra perspectiva además de que alimentan a la autora, y la autora siempre tiene hambre jejeje.

Recuerden darle Like a Fuck Yeah Sherlock en Facebook.

Gracias de igual manera a todos los que leen, siguen y han marcado como favorito el fanfic.

Saludos.