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-Buenas tardes. -Dijo con aplomo, capturando al instante la atención de la recepcionista- Quisiera ver al señor Kai Hiwatari.
La mujer reviso la computadora, una vez que el de cabellos azulados le dio su nombre.
-Lo siento, el señor no recibe visitas que no estén programadas.
El visitante elevo una ceja y la barbilla de forma elegante.
-Le aseguro que usted no desea que me vaya, seguramente conoce su carácter, no será conveniente si se enfada. Avise por favor.
Se prometía a sí mismo como alguien importante, aunque la recepcionista no lo había visto, desde que inauguraron el hotel. Eran pocos los subalternos de bajo rango a los que hablaba directamente, aún así sabía que si cometía algún error, le acarrearía problemas con su jefe inmediato o hasta podrían despedirla.
-Lo siento mucho, no es posible. Le pido por favor que regrese al tener una cita, cuando eso suceda seguramente tendré su nombre registrado.
-Señorita, con todo el respeto que se merece, espero que encuentre otro trabajo tan bueno como este después.
Tras una inclinación al estilo de su país, como petición muda de disculpa, volvió a erguirse regalándole una intensa mirada, con sus ojos carmín encendidos de un especial brillo. Recargó un codo en la barra, poniendo dos dedos en sus propios labios en actitud pensativa. El rostro del joven hombre quedaba muy cerca del suyo, no era tan apuesto como muchos de los trabajadores del hotel, sobre todo del casino bar oculto al fondo, no sabía identificar exactamente qué era pero sentía algo seductor en él.
-Usted y yo tenemos algo en común. -Dijo captando la atención de la recepcionista- No queremos que sea despedida, por otro aspiramos hacer bien nuestro trabajo.
-¿Trabaja para el señor Hiwatari?
-Si no desea avisarle a él, al menos infórmele a su asistente personal.
El aliento a menta de olor fresco de él, golpeando cálidamente en su rostro, le erizó la piel. La mujer dio un paso atrás para retirarse del contacto.
-Lo lamento. -Dijo firmemente, cuando la voz le logró salir- Es necesaria una cita.
-Vaya, me parece entonces que usted tendrá que darme más charla, porque no pienso irme de aquí, hasta que me deje pasar o al menos anuncie a Kai que estoy aquí.
-Llamaré a seguridad, retírese por favor.
-Sería muy interesante –dijo temerario, sonriendo con arrogancia - ¿Por qué no llama al Subjefe? Me parece que su nombre es Hitoshi Kinomiya.
Era una más de los numerosos empleados que detestaban a Hitoshi. Había estado deseando olvidarlo, luego de que una vez tuvo un roce negativo con aquel arisco y mandón hombre, solo conservo su empleo porque el jefe inmediato de Hitoshi, había intervenido a favor de la recepcionista. Tenía miedo, pero tenía que cumplir con su trabajo.
Le dio la espalda a Takao, tomando el teléfono, intercambió breves palabras.
-¿Pasa algo? –preguntaron hoscamente después de unos minutos
-El joven tiene que retirarse. -Respondió a esa tercera voz la mujer, mirando tras Takao.
-Es aconsejable que me quites la mano de encima -gruñó Takao cuando le tomaron rudamente el brazo –a menos que no la aprecies suficiente.
-Cállate. –El hombre apretó más el agarre, girando a Takao-. No hagas melodrama, salgamos –dijo dándole una dura mirada a los ojos.
Takao se mordió por dentro la mejilla, para no carcajearse por lo irónica que era la vida. Alto, piel blanca en extremo pálida, cabello gris con destellos lavandas donde golpea la luz.
-Ojos verdes que miran como halcón al acecho…ruso hosco y agresivo. Boris Kusnetzov, ¿no es verdad?
Boris apretó más el agarre, crujiendo las mandíbulas.
-Identifícate.
-Aquí no, suéltame por favor ¿quieres? –Agitó su brazo inútilmente para zafarse-. Esto me da una idea.
Se dejó llevar por Boris, hacia el exterior del edificio. Poco antes de cruzar la puerta se paró en seco, poniendo su peso en ello para lograr que parasen los dos. El portero era un hombre maduro de cabellos morados, frunció el seño sin saber qué hacer pero se mantuvo impasible. Con una mano en la espalda, la otra en la puerta, para mantenerla entreabierta por si pasaban.
-¡Suéltame estás lastimándome!, armare un alboroto tan grande, que hasta tú te sentirás avergonzado.
-¡Me sentiré tan ultrajado! –Ironizó- Avanza
-¿Necesita ayuda señor? –Preguntó el portero, Boris lo ignoró- sé que puedo serle de utilidad
Takao manoteó la segunda mano que estuvo por sostenerle el otro brazo.
-Cumple tu trabajo con la puerta y deja hacer a los otros el suyo ¿Qué no ves que está ocupado sacándome? –se burló el joven, dejándose nuevamente llevar con la mayor tranquilidad posible.
Dejo de flexionar el brazo, al contrario lo extendió para hacer más distancia entre sus cuerpos.
-En el mejor de los casos, –continuó, como si el episodio con el otro trabajador no hubiese sucedido- si no me sueltas te aseguro que saldrás muy lastimado.
-Difícilmente niño, no me hagas herirte.
-¿Más? - Takao se carcajeó con una risa fresca, irritó aún más a Boris.
El de cabello oscuro caminaba a su paso. Aunque Boris imprimía su fuerza descomunal al agarre, enterrando los dedos en el brazo del muchacho, él sonreía amable, para disimular saludaba con una sonrisa a todo aquel que pasara a su lado.
Creaba una escena ridícula de un hombre guiando casi de la mano a un muchacho sonriente, como si tuvieran algún tipo de lazo, en vez de ser un desconocido cualquiera que es sacado por un agente de seguridad.
El ruso no solía ser amable, incluso cuando no era necesario, en ocasiones usaba la fuerza para cumplir con sus funciones del trabajo, siempre se las ingeniaba para inventar nuevas formas de lastimar que fueran sutiles a la vista.
-Habla. -Ordenó azotándole la espalda en la pared. Lo había llevado al pequeño callejón que separaba al hotel de la floristería.
-¿En qué idioma? Conozco algo de ruso si te apetece.
-No te hagas el gracioso. -Apretó más el agarre bajando la cabeza para que sus ojos lo taladraran, cuando interrogaba a alguien terminaban hablando solo por el temor generado por la presencia de Boris.
Para aumento de enfado del mayor, Takao no eliminaba su sonrisa.
-Está bien, te diré todo, pero suéltame. - Dándole espacio solo le tomó nuevamente un brazo- la verdad…
El muchacho bajó la mirada. El largo silencio fastidió a Boris.
-¡Habla de una maldita vez! -golpeó con la mano abierta el muro justo al lado del rostro de Takao, que cerró los ojos duramente como si se hubiera asustado.
-¡No hay porque ponerse violento! –rezongó- mi hermano mayor trabaja aquí y me ha hablado de ti. Soy Takao Kinomiya –regaló una bonita sonrisa, que parecía sincera.
Se inclinó tontamente a pesar de la cercanía, para saludar al estilo japonés. Por inercia Boris dio un par de pasos atrás, para que la cabeza del muchacho no le impactara en el pecho. El rostro del mayor reflejo la sorpresa de la noticia.
Al ruso no le cabía en la cabeza que el muchacho de sonrisa fácil, movimientos torpes y altanería temeraria, fuera el hermano menor del agrio y mandón jefe, mucho menos podía hacerse a la idea de que en casa hablara de su trabajo. Los rusos no solían regalar sonrisas a extraños o propios fácilmente, eran secos y serios, por lo que considerar a Hitoshi más frío que ellos mismos, era una hazaña.
Si algo había aprendido en su trabajo, era a fiarse poco, las apariencias podían ser engañosas.
-¿Qué hace aquí el hermanito del jefe Kino, a esta hora, y con el traje caro que te cargas?
Takao elevó las cejas con gesto serio que le hizo parecer mayor. Boris arrugó la frente, era como tener un clon de Hitoshi, con tres cabezas menos de estatura. Eso le impresionó menos que la facilidad en como los rasgos del muchacho, pasaban a ser de nuevo los de un adolescente en cuestión de segundos con la sola sonrisa.
- Tenía curiosidad de ver como trabaja mi hermano, es un hotel caro y renombrado, era menos probable que me dejaran pasar sin la ropa correcta –. Suspiró con cansancio- ¿Puedo irme ya por favor? No te sirve de nada decirle a mi hermano que me viste. Al final sabemos que no le interesa saber de mi presencia aquí –dijo con el tono serio. Boris sabía que era verdad, a Hitoshi parecía no importarle otro asunto que no fuera él mismo y su trabajo.
-Sea, pero no regreses- indicó no deseando meterse en asuntos familiares que no le correspondían.
-¡Gracias Bo, eres lo máximo! –lo abrazó efusivamente de la cintura, Boris no tardó en empujarlo con el seño fruncido, importándole poco que se hubiera estrellado tan estrepitosamente en el muro.
-Largo de aquí, idiota.
Takao se cruzó de brazos con gesto de enfado.
-Al fin que ya me iba. –A pasos rápidos salió del callejón, con espacio suficiente en la acera corrió.
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Las semanas anteriores habían sido sumamente pesadas. Yuriy se había negado a que le acompañara a recibir su pedido, estaba más distante de lo común y se negaba a verlo, ni siquiera le abría la puerta del apartamento. Terminó esos días yendo al club de admiradores del equipo de fútbol al que pertenecía. Con esos conocidos podía desfogar su ira en los partidos de soccer, cuando se permitía que la pasión y rebeldía diera lugar a las peleas.
Al entrar al baño había mirado el reloj, cinco minutos más y tendría que hablar a Hitoshi, quien estaba encargándose de asignar los roles. Le diría quien sería su suplente, para que el de cabello grisáceo regresara al casino. Se quedó mirando en el espejo los moretones en su cuello. Garland era un extraordinario placebo que aliviaba su necesidad de Yuriy. Un amigo de juergas, que lo indujo al lado oscuro del fútbol, que se había descubierto homosexual en manos del ruso.
Se llevo la mano a la cintura al margen del pantalón, deseando darse él mismo el consuelo que necesitaba. Tras tres largos suspiros recorrió con la yema de los dedos el borde de la prenda, terminando donde colgaba el celular para desenfundarlo y llamar a Hitoshi, distraerse con trabajo sería útil.
-Odio a los malditos japoneses. –protestó entre dientes al notar la ausencia del celular – ¡Para eso me abrazó el bastardo!
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Kai gruñó por quinta vez reconociendo el tono insistente. Se había dado el tiempo de dar tonalidades distintas a los números que llamaban a su celular personal, contrario al de negocios que siempre sonaba igual.
Cuando la marcha fúnebre sonó por sexta vez, miró la pantalla de su celular, cuyas letras formaban el nombre de Boris en el identificador.
-¿Qué quieres?
-Para empezar, saludarte.
Kai dejó de firmar sus numerosos documentos, tensando los dedos alrededor de su costoso bolígrafo de oro.
-¿Takao?
- Que gusto da que aun recuerden a los amigos ¿Cómo estas, viejo? –Saludó jovial, remarcando la palabra que hacía alusión a la diferencia de edades y sabía que molestaba a Kai-. Creo que me equivoque de tono, era… ¡Cómo estás viejo!
-No te atrevas a hablarme tan tranquilo, cuando te he buscado por mar y tierra.
Takao parpadeó varias veces sin entender del todo las palabras.
-No estoy seguro todavía si debo halagarme por ello, o decirte que te vayas al diablo por grosero. Como sea, estoy aquí en el hotel donde vives ¿Ves como soy buen investigador e informante? Solo que no me dejan pasar.
-Por supuesto, no recibo a quien…
-… no esté en la agenda, se encargaron de decírmelo.
-¿Cómo es que tienes el celular de Boris?
-Kai, sabes que cuando deseo algo soy constante hasta conseguirlo. Buscarte me tomó tiempo, idear como burlarme de uno de tus mejores agentes de seguridad, neh, no tanto, fue solo que la fortuna me sonrió.
-Mhn… tendrás suerte si no te encuentre.
-Me da igual, no estoy manco. Envía por mí. Estoy fuera del estacionamiento que da para tu casino ilegal. –Soltó una risilla al escuchar el gruñido del otro lado, estaba seguro de que su tono mandón irritaría a Kai, aunque fuese en broma, pero no se enfadaría lo suficiente como para no verle.
-Es divertido el ver que sigues tolerando poco, que rebasen tu estatus de dios todo poderoso.
-Nadie lo rebasa. –Hizo lo posible por ignorar la insolente risa de Takao. La frase que hubiera hecho rodar los ojos a otras personas, le causaba gracia al muchacho. Colgó sin despedirse, tomó el teléfono de la habitación –Jones. Hay un adolescente en el estacionamiento trasero. Tráelo hasta a mi. Discreción total incluyendo empleados.
El jefe de seguridad no alcanzó a afirmar la orden, como de costumbre Kai decretaba y esperaba a que fuera cumplido.
-¿Y quien será la importante persona, al grado de que me mande a mi por el y no deba ser visto ni por el personal?
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-Con que ahí estabas pedazo de cabrón. Deberé agradecer a algún dios el que seas tan imbécil de no huir, para darme oportunidad de darte la paliza que mereces.
Apagó la cámara que grababa a Takao, se quitó el comunicador del oído, chocó con Jones al salir de la oficina. El jefe ordenó por el comunicador a los vigilantes del aparcamiento que se retirasen. Apagó el resto de las cámaras que podrían grabar su paso para escoltar al visitante hasta el pent house, dejando una nota con el número de clave para informar la situación y no las encendieran.
Mandó un par de mensajes por celular a sus subalternos de mayor confianza, aquellos que sabía ni por curiosidad se acercarían a ver de quien se trataba, mantendrían a su vez a los trabajadores ocupados lo suficiente para no verlo. Un evento raramente sucedido aunque no único.
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Hitoshi recibió el mensaje, elevó las cejas sutilmente, disimulando su sorpresa al leer. Sin dilación comenzó a movilizar al personal, incluso al que no estaba a su cargo. Estaban acostumbrados a obedecer a aquel hombre de hosco carácter.
Todo parecía casi común, excepto que sin saberlo, los trabajadores eran presionados para hacer las cosas al doble de rapidez, para no darles tiempo ni de pensar en que algo distinto sucedía.
La táctica ideada por Kai nunca fallaba.
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Takao se asustó un poco al ver el mensaje de Jones, si se lo habían enviado además de a Boris, a su hermano mayor, podría descubrirlo.
-¿Por qué se tardan tanto?
Kai bufó deseando no haber contestado el teléfono.
-Porque no querrás que tu hermano te vea, han pasado menos de diez minutos.
-Mentiroso, es por ti, no por mí. Acéptalo viejo, prefieres las miradas de odio a las de desprecio, si Yura o Hitoshi me ven se te cae el teatro.
Sonido de que cuelgan. Tono de marcha fúnebre en el celular de Kai. Dos largos suspiros, repitiéndose mentalmente que era un adolescente con quien hablaba, no podía pedir madurez de su parte.
-¡Esta bien! Lo siento, ¿de acuerdo? Baja tú por mí. Te invitaré café…o goma de mascar, mi tacaño hermano no me da para más. Aunque he visto sus trajes, automóvil y muebles, le pagas bastante bien.
A la fecha no tenía preciso qué era lo que tenían las pláticas de Takao, que le obligaban de alguna manera a poner atención, aunque aparentemente se portara indiferente. Desde las más profundas sobre sentimientos o pensamientos, hasta las más superficiales como la hazaña de ir a comprar las agujetas de sus zapatos deportivos, que era lo que estaba contándole en el momento.
-Estás muerto, enano bastardo.
Kai se tensó por la fuerte voz enfadada de Boris, sumada al gemido por falta de aire de Takao. Si lo tomó desprevenido y Takao estaba en el piso, Boris no lo dejaría ni pestañear si estaba en el suelo, no le importaría que sea un adolescente, le golpearía sin piedad. No le daría margen para defenderse.
-¡No, Boris! Contéstame… ¡Takao!
Se había levantado como si tuviese resortes por piernas, estaba ya saliendo de su apartamento, aún así era demasiada la distancia.
-De todos los teléfonos que pudo tomar, tenía que ser ese… él esta mas cerca, será capaz de detenerles –. Colgó para marcar otro número.
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-No me hables. -Ordenó Brooklyn elevando la barbilla, en un infantil gesto desdeñoso. Yuriy continuó ignorándolo, como respuesta de que no pensaba hacerlo. Había pasado alrededor de una semana desde el episodio de la tienda.
El silencio daba la impresión de ausencia. Ambos sintieron la urgente necesidad de hablar con alguien, aunque eso estuviera lejos de las costumbres de Yuriy, que no comentaba sus problemas con los demás. Para contrariedad de Brookly, antes de Takao, Yuriy era a la única persona que tenía para hacerlo y había ciertas cosas que no se atrevía a comentarle al menor.
El pelirrojo se cambió tan rápido como siempre. Brooklyn se miraba, como si con sus verdes ojos pudiese ver algo a través de el. Sonrió a su propia imagen, de esa forma tan dulce que solo él podía. Se miraron por medio del espejo, Brooklyn apretó la boca mientras se decidía, Yuriy entreabrió los labios para hablar.
-Cinco minutos -interrumpió la mata de cabello rubia, para desaparecer casi al instante.
-¡Gracias Mystel! -Gritó Brooklyn.
Como eterna burla sarcástica, el celular de Yuriy sonó con la canción del himno a la alegría.
-¿Qué quieres, Kai?
Desde que regresó de Japón, no habían hablado como viejos amigos, el orgullo de Yuriy no permitió que ni siquiera la culpa le obligara a dar el primer paso.
-¿Por que está tan agitado?- iba a preguntar, pero la voz al otro lado no le dio tiempo.
-¡Ve al estacionamiento trasero! -Kai colgó tras ordenarlo.
Pocas veces Yuriy perdía la compostura de esa manera, tropezó al menos tres veces al salir. Brooklyn se sobresaltó, removiéndose en su asiento.
-Ni que estuvieran matando a alguien. -Se mordió la piel alrededor de la uña - O que a Kai le estuviera pasando algo, ¿Verdad?-preguntó a su imagen en el espejo.
Menos de medio minuto después, estaba corriendo tras Yuriy.
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Continúa…ehm o.o... ya está escrito hasta el 21, y hay un fanfic anexo sobre Kai y Yuriy, que subiré en su debido tiempo, que es como otro capitulo de esta historia XD. A pesar de la cantidad siento que le faltan bastantes, así que si van a abandonarlo... haganlo ahora o.oU será largo. Más XD...
