Mr Roman.
Erika dormía profundamente, inmersa en un sueño que le había transmitido paz y felicidad desde el primer instante. No estaba segura de por qué, pero se sentía como en casa aún sin tener idea de en dónde quedaba su hogar en este momento de su vida. Era muy extraño. La mitad de su mente tenía la certeza de estar durmiendo, pero la otra mitad parecía darle la incorrecta información de estar en un mundo real.
Esperaba a alguien. ¿A quién? No sabía. Pero si sabía que lo esperaba con ansias. ¿Era un hombre? Si. Bajó su vista a los papeles en la mesa de la cafetería. Había llegado muy temprano, como si no fuese capaz de esperar en ningún otro sitio mientras la hora de la cita se aproximaba. Sus ojos leyeron algunas palabras al azar. Era su tesis sobre Lilith. La que tuvo que reescribir por haber sido desaprobada por la universidad. Sintió rabia al recordar aquel incidente.
–Me alegra ver que te entusiasma mi proyecto. –dijo la amable y suave voz que ansiaba escuchar.
Ella levantó la vista buscando contacto visual con él pero para su decepción solo encontró el techo de la habitación. Había despertado, aunque no estaba sola. Levantó instintivamente su cuchillo y lo bajó ni bien supo quién estaba junto a su cama.
–Maldición Crowley. No puedes entrar así... –advirtió con su voz somnolienta mientras recostaba nuevamente su cabeza en la almohada.
–No quería interrumpirte... es adorable cuando sonríes al dormir.
– ¿Estaba sonriendo? –preguntó incorporándose a medias –Y a ti te pareció... ¿adorable? Creo que aún no termino de despertar... –concluyó para sí misma –¿Es por eso que estabas en mi sueño? –dijo casi por reflejo –¿Por qué estabas en mi sueño? –indagó pensando que había advertido con excesiva naturalidad que el hombre que esperaba era Crowley.
– ¿Yo estaba en tu sueño? –preguntó él con mucho interés.
–¡SI! ¿Por qué estabas en mi sueño? –volvió a insistir con firmeza.
–¿Cómo voy a saberlo? ¡Era tu sueño! –reprochó él, enérgicamente, aunque a juzgar por el tono que usaba era evidente que el planteo le resultaba entretenido.
–¿Qué estás haciendo aquí?
–Tenemos que hablar –le dijo con seriedad.
– "Tenemos que hablar"…Odio esa expresión. ¿Qué ocurre?
–Necesito un favor. Es algo muy importante.
– ¿Qué es? –preguntó con interés mientras se sentaba en la cama.
Erika había olvidado por un momento que ya no le pertenecía a Crowley. Tanto así se había habituado a él.
–Los Winchester me convocaron a una reunión de urgencia. Al parecer saben como detener a Dick. Lo que podría causarme un problema.
– ¡Eso es fantástico! –exclamó –¿Por qué iba a ser un problema para ti?
–Porque una de las cosas que necesitan es esto… -dijo extrayendo un pequeño frasco con sangre, parecido a una probeta.
– ¿Qué es eso?
–Es sangre… idiota…
–Ya se que es sangre, quiero decir ¿de quién? Porque si tú la tienes en tu poder, ha de ser muy especial.
–Oh. Si. Lo es. Es mía.
– ¿Tuya? –preguntó asombrada.
–Si. Pero no se las daré aún…. Imagino que sabes tan bien como yo el por qué.
Ella asintió.
–Mi temor es que Dick, se haga con la traducción y se nos adelante, e intente matarme antes de que se las dé. Y conociendo a esos dos, no me sorprendería que ya la tuviese. Así que quiero que tú guardes esto. Que nadie le ponga las manos encima. –ordenó entregándosela.
–Cuenta con ello. –respondió guardando el tubo en su escote.
– ¿Me haces el favor de mantener eso en algún lugar con menos acceso a la comunidad en general que tus glándulas mamarias? –sugirió sarcásticamente.
–Me encanta tu estilo, amor. No te preocupes. Lo llevaré a un lugar seguro. Es solamente un refugio temporal.
–Eso espero, por el bien de todos nosotros. Si desaparezco se las das al dúo dinámico para que terminen con ese sucio y repugnante bicharraco.
–Cuenta con eso…
–Me alegra que te hayas quedado aquí. Me preocupaba que volvieras tan pronto a tu casa...Y después de lo que me costó hacer desaparecer la orden de captura sobre tu coche.
–Tengo que admitir que a mí también me inquietaba un poco. Te agradezco por eso y que me prestaras este departamento.
–Hablaremos de eso luego. Ahora tengo un par de asuntos importantes que resolver. Ten cuidado. –le advirtió antes de marcharse.
Colocó el vial de sangre dentro de una caja con sellos a prueba de todo aquello contra lo que sabía defenderse. Lamentablemente la lista no incluía leviathanes, pero se aseguró de que nadie le siguiera hasta esa cueva en medio del bosque. De cualquier modo colocó varias trampas, aunque dedujo que no detendrían a un masticador por demasiado tiempo, era lo mejor que podía hacer.
Regresaba a casa cuando fue interceptada por varios vehículos en medio del falso camino que había hecho adrede para despistar a cualquiera que intentase seguirla. Eran demasiados para esquivarlos. Lo intentó inútilmente y solo consiguió chocar su coche. Un hombre salió de una de las camionetas. Era Edgar. Se acercó rápidamente intentó abrir la puerta del Mustang pero Erika le había echado el cerrojo. El leviatán rompió el vidrio, ella tomó su pistola y le disparó inútilmente. No tenía a mano el bórax, el cual estaba en el asiento trasero, pero cuando intentó hacerse con él, Edgar la tomó del cabello golpeándole el rostro contra el volante. Quedó atontada. Su cabeza sangraba Él abrió la puerta desde el interior, la sacó del coche jalándola del cabello y la arrojó sobre el asfalto. Dos leviatanes más la sujetaron, la esposaron, arrastrándola después hasta una de las camionetas. Allí le inyectaron algo y se desmayó.
Cuando recuperó la conciencia estaba encadenada a una silla.
– Amateurs. –murmuró observando sus ataduras –¿Creen que me detendrán con esto? –preguntó sabiendo que estaba siendo vigilada. – ¡Da la cara Dick! ¡Maldito cobarde!
Pasaron horas hasta que finalmente la puerta se abrió. Richard Roman ingresó con su siempre aire pomposo.
–Lamento que perdieras tanto tiempo intentando vanamente quitarte esas cadenas... pero no se permite nada de magia aquí dentro, brujita.
–Eres un fanfarrón, ¿te lo han dicho antes, Dick?
–No… no hay mucha gente con el coraje y la lengua de Erika Orson… lamentablemente. –afirmó acariciando sus cabellos.
Ella retiró bruscamente la cabeza. Él sonrió con sarcasmo.
– Vaya… vaya… esto no me sorprende…
– ¿Qué cosa?
–En verdad eres especial… lo que es fascinante, pero a la vez un problema….no puedes ser replicada… aunque como te dije, no es una sorpresa, lo intuí siempre…. Te recuerdo… de cuando estaba dentro del ángel. Pero lo que no creí… es que fueras tan especial. Mucho más de lo que aparentas a simple vista. Ahora comprendo por qué todo el mundo va tras de ti.
– ¿De qué estás hablando? –preguntó con desconfianza.
–No lo sabes. No tienes ni idea ¿verdad? –dijo sonriendo con placer.
Ella lo miró intensamente, desafiante.
– ¿Sabes por qué te traje aquí?
Ella no respondió.
–Sabes que los Winchester necesitan la sangre de tu amado esposo para matarme….
– ¿Y qué piensas que ganarás teniéndome aquí? Él no va a arriesgarse a venir. Además, ya no es mi esposo. ¿No lo sabes? Deberías leer la sección de sociales…
– ¿Estás tan segura de eso? Estoy convencido de que él te ha dado una muestra de su sangre a ti… y me vas a decir dónde está.
–No sé de que hablas…
–Pensaba replicarte y averiguarlo, pero no puedo…de modo que tendré que obligarte a decírmelo. –le dijo acercándose a ella, tanto que casi tocó su rostro con el de él.
– ¿Cómo lo tomas? –preguntó Dick sirviendo el whisky en sendos vasos mientras Crowley se dejaba caer pesadamente en el sofá.
–Alcohólico-respondió – ¿Deberíamos empezar con esto, entonces? –declaró Crowley con impaciencia y resignación mientras su hábil mente hurgaba una manera de salir de ese embrollo.
–Solo extiendo la manos de la hospitalidad –expresó Dick anticipándose a los reclamos del rey de los caídos
– ¿A una mutación como yo? ¿Te has cansado de nadar en basura caliente?
Díck rió sarcásticamente.
– ¿Eso fue un poco pintoresco, no? –comentó el leviatán. –Bueno…no pretendía ofender.
–Por supuesto que sí –alardeó el demonio, sabiendo perfectamente que su oponente lo necesitaba desesperadamente. –Así que si llamas de repente…supongo que estás al día con los Winchester, lo que significa que has interceptado al profeta. Y el profeta te ha dicho…que mi sangre es la clave de todo.
Dick guardó silencio.
– ¿Sabes lo que me gusta de ti? –continuó el demonio.
– ¿La falta de pretensión? –interrumpió su enemigo.
–Eres más listo de lo que pareces –alardeó Crowley dejando su vaso vació en la mesa frente a él.
–OH, vaya. Ahora estás coqueteando –interrumpió Roman algo molesto.
–No es fácil matarme…pero se puede hacer –continuó Crowley –especialmente ustedes. Matan ángeles. Ciertamente pueden borrar a los demonios del mapa. Y sin embargo, aquí estamos…negociando como verdaderos psicópatas.
–Bien, -le volvió a interrumpir –supongo que tienes un vial de tu sangre almacenado en alguna parte y si mueres…irá directamente a Sam y Dean. –dijo regresando a llenar el vaso de su invitado
– ¿Ves? –dedujo Crowley –Suposiciones inteligentes.
–No se puede vivir solo del aspecto –acusó el anfitrión –Aquí está mi oferta.
–Soy todo oídos.
–Plena inmunidad para ti y tu electorado. Estoy hablando de pasto ilimitado para todos los demonios. Estoy dispuesto a acordonar por ejemplo, Canadá. Tú y tu gente podrán seguir con sus pactos, salirse con la suya con los lugareños.
– ¿Canadá entera? –preguntó el demonio con un gesto tal que si Dick hubiese sido un poco menos soberbio habría notado que era de total sarcasmo.
–Hecho
–Justo –Crowley continuaba sarcástico. – ¿Y aquí abajo?
–América es nuestra –afirmó con superioridad el leviatán –Tu equipo de ventas queda fuera. Punto. No es negociable. Necesitamos América –enfatizó –son tan gordos…
Crowley coincidió con un gesto de su cabeza.
– ¿Y a cambio? –agregó.
Dick extrajo un pequeño tubo lleno de sangre del bolsillo interno de su saco.
–La sangre de un demonio tristemente insignificante de Nueva Jersey. Todo lo que pido es que se la des a Frick y Frack, les digas que es tuya, te apartes, y dejes que vengan por mí. –dijo entregándole el frasco.
–No puedo negar que ansío ver digeridos a esos dos… –comentó Crowley recibiendo la sangre –de una vez por todas –luego permaneció pensativo unos segundos. Miró a Dick fijamente, calculando cada una de sus opciones –Tienes un trato –dijo finalmente guardándose la sangre en el bolsillo exterior derecho de su fino traje negro. – ¿Supongo que lo quieres por escrito?
–No beso en la boca –aclaró Dick apresuradamente.
–Tú te lo pierdes –alardeó nuevamente Crowley. –Creo que tengo un contrato estándar justo aquí. –dijo extrayendo y desplegando un largo rollo de papel de al menos dos metros y medio de largo –Me encanta esta parte –afirmó con placer mientras sostenía una lupa en su mano. – ¿A ti no?
–En cuyo caso, -leía Crowley –la parte contratante de la segunda parte…Cede todos lo derechos de Canadá –continuó colocándose el capuchón del bolígrafo en la boca –ad infinitum. Creo que hemos acabado.
– ¡Susan! –llamó Dick a su secretaria.
–Si, señor –dijo la mujer de rasgos asiáticos mientras cruzaba la puerta.
–Tome eso del señor Crowley, haga triplicados…consiga bolígrafos y un notario. Estamos listos para firmar este cachorrito.
–Tengo algo más, por si acaso… no lograba convencerte….uno nunca sabe… –dijo Roman ni bien su secretaria abandonó el lujoso despacho.
Dick encendió un ordenador portátil. La imagen de Erika encerrada se dejó ver. Crowley intentó ocultar el descontento sentía.
–Así que aquí estaba… si le has hecho daño, se cancela el trato….
–Supuse que dirías eso… ¿sabes? –comentó activando el audio –sé que ella tiene la muestra de sangre, pero no pudimos sacárselo…
–Así es ella…. No se quiebra…
–Es envidiable…. En verdad que me hubiese gustado contar con alguien así… es muy especial… aunque en verdad que es exasperante… –guardó silencio para que el demonio oyera el video.
–Diiiick…. ¿no volverás a visitarme? Jejej anda… trae tu cara de tonto hasta aquí… vamos a divertirnos…
Dick avanzó el video.
–Diiiick…Dick, Dick, Dick, Dick, Dick, Dick, Dick, Dick -rió sarcásticamente -¿quién te puso ese apodo? ¿eh? Es literal ¿verdad? No es un apodo, es tu descripción…. ¿cierto? Ahora lo entiendo
Volvió a avanzar.
–Vas a morir…. Diiiiick…vas a morir….
Roman hizo un gesto de fastidio. Detuvo la grabación.
–Es insoportable…. –comentó
–No tienes idea de cuanto…–afirmó Crowley.
–Lo intentamos todo. TODO. Nada funcionó.
El rey del infierno sonrió henchido de orgullo.
–Si… esa es mi chica…me sorprende que no te la comieras…
–No… temía que me cayera mal… además, era inútil. No puedo replicarla, Crowley. Tiene una chispa, pero no cualquier chispa. Una muy especial. Pero supongo que ya lo sabes. Por eso te casaste con ella. Por eso la proteges. Ella es tu posesión más preciada. Y apuesto a que no puede ser poseída ¿me equivoco?
El demonio no respondió.
–La heredera de la gracia celestial…–dijo Richard –Si… estoy ligeramente familiarizado con la profecía…tan antigua que ni los ángeles la conocen. Eva solía contar esa aburrida historia. –explicó ante la sorpresa de Crowley. –Lo que me pregunto es cómo lo supiste tú. Y qué beneficio sacarás de todo esto…
–Imagino que no habrás sido tan insensato de hacerle daño… -comentó Crowley con tono amenazante.
–Oh… claro que no…aunque tal vez debería quedármela… tú sabes, como garantía de que cumplirás.
–Cumpliré. Libérala ahora mismo o no hay trato. Y la sangre va directo a los Winchester antes de este mediodía. –amenazó el demonio.
Dick pulsó el botón y llamó a su secretaria.
–Que traigan a nuestra invitada. –ordenó.
Dos hombres entraron a Erika a la rastra. Estaba cubierta de sangre, con claros signos de maltrato. La arrojaron a los pies de Crowley. Ella se levantó con dificultad. Él le ayudó.
–Estás bien –le susurró
Ella asintió con la cabeza
– ¿Y tú?
–Si. No te preocupes. Vámonos de aquí.
–Tu coche está en el aparcamiento –comentó Richard.
– ¡Qué considerado! –manifestó Erika con sarcasmo –No debiste molestarte.
Caminaban por el estacionamiento. Erika buscó su coche.
– ¡Oh….! ¡Mira nada más cómo ha quedado mi Mustang…! –protestó tomándose la cabeza al ver la gran abolladura producto del choque. –creo que me va a dar algo…
–Tengo que irme. –afirmó Crowley. – ¿Qué has hecho con mi sangre?
–Está en un sitio seguro… aprueba de todo ser maléfico y/o humano que intente tomarla.
– ¿Significa que no puedo ir por ella? –indagó él con algo de exasperación.
–Por supuesto que no. –respondió ella con firmeza –No podía dejar que otros demonios se hicieran con el vial...
–Eres una buena chica –comentó con resignación. Entonces llévame hasta ahí y sácalo por mí.
–No puedo...mi mano derecha está rota. Me es imposible pasar las marchas. No puedo conducir, tienes que llevarme a buscarla y después a casa.
–No puedo, tengo que responder a la invocación. Debí hacerlo ni bien salí de la trampa. Lo estoy evitando con un conjuro.
– ¿Qué? ¿Esas palabras que recitaste en el pasillo?
–Si, pero no durará demasiado. Son las reglas, si te invocan debes ir.
–Pero no puedo volver a casa así… -dijo levantando su mano lastimada.
-Y yo no puedo trasladarte. Ni curarte. Por la naturaleza del conjuro. Está bien… te llevaré.
Subieron al coche. Crowley miró las llaves.
– ¿Qué? ¿No sabes conducir? –preguntó ella desafiante.
–Solo mírame –respondió él, provocativamente.
Arrancó y salió marcha atrás, chirriando los neumáticos. Clavó los frenos a milésimas de centímetros de otro de los coches aparcados. Miró a Erika, sonriendo con vanidad.
–Oye… arruinas las cubiertas… -protestó ella.
Amagó a arrancar, haciendo rugir el motor, finalmente salió a toda velocidad girando hábilmente hacia la entrada. Salió por ella con tanta agilidad que el auto ni siquiera se sacudió al hacerlo.
–Bien… ya estás en casa. En cuanto vuelva te ayudaré a curar esa mano.
–No tienes que hacerlo…
–Ni tú tenías que arriesgarte por mí… y lo has hecho. Hablaremos más tarde.
