Advertencias: Animatronics humanizados. Lenguaje obsceno. Quizás hay algunas faltas, siempre me dejo algunas sin querer.

Los personajes y la historia de Five Nights at Freddy's pertenecen a Scott Cawthon. Nala y la trama de esta historia son de mi autoría. Grabiela, Luz, Carina, Nozomi y Marceline son propiedad de Sofilexa.

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Era ya por la tarde, el Sol estaba desapareciendo en el horizonte, dejando un manto anaranjado en el cielo, con unos toques azules oscuros en las zonas más alejadas, indicando que pronto sería de noche. Algunos niños seguían disfrutando de las últimas actuaciones de los animatrónicos, comían sus pizzas antes de que se enfriaran o las dos cosas a la vez, y mientras tanto Marceline se dedicaba a echar una mano en recoger las mesas y colocar bien las sillas que ya no se usaban. El día había sido un éxito rotundo, aunque más de una persona había pedido hablar con ella, lo cual no era extraño teniendo en cuenta los padres estúpidos y sobreprotectores que existían. Lo que no se esperaba era que le preguntaran por las temáticas y el precio para la reserva total del local. Se sorprendió enormemente que le volvieran a preguntar por ello, en el pasado ya alguna vez diversos padres pidieron implementarlo, pero la falta de dinero de esa época junto con los sucesos posterior hicieron cancelar la idea de las posibilidades para mantener el negocio vivo.

Y era que, ahora, tenían suficiente dinero y éxito para probar cosas nuevas. ¿Pero hacía falta realmente aquello? El negocio iba bien, recibían ganancias prácticamente a diario y probar algo así podría poner en peligro el éxito que estaban cosechando. ¿Cerrar un día entero para una sola fiesta? ¿Cómo se lo tomarían aquellas familias que simplemente iban al azar cuando les apetecía? Muchos clientes fieles que tenían que iban al local podrían sentirse molestos si su lugar habitual de pizza cerrara entero para x número de personas. También se tendría que ser realmente imbécil para molestarse porque un día cierto local cierra, pero por desgracia había muchos imbéciles en el mundo y también que iban a gastar su dinero en Freddy Fazbear Pizza. Cuando terminó con la mesa que estaba limpiando se dirigió a su despacho, cerró la puerta y se sentó, recostando los codos en la mesa y poniéndose las manos en la cara, tratando de tomar la decisión de si hablarle de las propuestas de esos clientes al señor Fazbear.

Era complicado, por una parte era bastante buena idea, podría generar una cantidad de dinero aceptable, pero por otro lado ese cambio podría afectar a los clientes ya fieles y podrían perderlos si se ponían tontos como la sociedad últimamente se ponía. Además, había otro tema que le preocupaba: los animatrónicos. ¿Les gustaría la idea de tener más ropa de diferentes temáticas?

No.

No hacía falta preguntarles. Sabía que ninguno le haría la más mínima gracia ir vestido de pirata como Foxy y Mangle o de cocinero como Chica o Toy Chica. Le dio un escalofrío la simple idea de imaginarse cómo reaccionarían y, como de costumbre, le pedirían que lo evitara, pudiera hacerlo o no. Dejó escapar un suspiro cansado y estresado y se reclinó en su silla, mirando al techo con rostro pensativo. Quizás debería hablarlo con alguien, ¿pero quién? Si se lo contaba a Mangle, ésta empezaría a contarlo a diestro y siniestro, quejándose. ¿A Puppet? Él, si es que no le afectaba, animaba gustoso esa clase de ideas, nada más para molestar a los demás. ¿A Nozomi? Ella no tenía mucha idea sobre negocios y pediría que no se hiciera para no molestar a Freddy y los otros, con buena fe, pero no creía que ella realmente estuviera de acuerdo con la propuesta y fuera objetiva a la hora de ver los pros y contras para el negocio y no sólo los animatrónicos. Luz, Carina y Gabriela estaban más que descartadas, ellas sí que no tenían ni puta idea de esas cosas. ¿Su hermana? Nah, no era muy de meterse en su trabajo, no servía para esas cosas. Su madre tampoco era muy mañosa en cosas de la pizzería y la mayoría de amigos que tenía sin relación a la pizzería tampoco podrían aconsejarla, precisamente, por no tener relación con el local. Sabía de una persona que sí y tenía cierta experiencia en negocios, pero ya sabía que estaría a favor de la propuesta y no estaba segura de si no lo contaría a las demás. Chasqueó la lengua y al final marcó su número de teléfono.

Nada más coger la llamada le pidió que se aseguraba nadie pudiera escucharla y, una vez eso estaba hecho, le contó la propuesta de los clientes, esperando una reacción un tanto infantil, pidiéndole que lo implementaran. Para su sorpresa la respuesta fue concisa, clara y madura.

-Háblalo con tu padrastro. El negocio lo lleváis los dos y es una propuesta muy buena. Debéis decidir ambos si lo emplementáis o no, sería un cambio significativo para la pizzería. Piensa solamente en el local, los animatrónicos que se jodan, no se van a morir por llevar cuatro trapos nuevos.-

En ese momento se sintió mal por haberse imaginado una respuesta menos madura de parte de la española. Se mordió el labio y miró al suelo, pensativa.

-Creo que tienes razón, lo hablaré con él cuanto antes.-

-¿Lo saben las demás? ... Qué preguntas hago, de saberlo ya estarían despotricando en tu despacho dando su opinión, yo incluida.-

Ambas soltaron una ligera risa que consiguió relajar un poco a Marceline. Luego de darle las gracias por el consejo colgó y regresó a mirar los papeles encima de su mesa, que eran sobretodo de contabilidad. Suspiró de nuevo y regresó a coger el teléfono para llamar a su padrastro.

Pasaron un par de horas, las cuales no despegó el teléfono de su oreja, hablando con el señor Fazbear sobre el tema. Estuvieron discutiendo los pros y contras, tanto para los clientes como para los trabajadores, los precios que tendrían que implementar para no perder un día entero de dinero, el coste del pedido de los trajes, cuales temas se podrían implementar, las decoraciones, el género del almacén y las neveras, los menú que podrían crear para las temáticas, etc. Eran muchísimas cosas que se debían ver para decidir si implementarlo o no, llevar un negocio tan grande no era cosa de decidir las cosas en un solo día, así que, después de dos horas agotadoras, decidieron dejar el tema para cuando llegara a casa dónde ahí podrían ver algunos detalles que no podían analizarse por teléfono. Debido al agobio de todo, se estuvo paseando por toda la oficina sin parar casi todo el rato y acabó realmente cansada. Con un suspiro se puso la chaqueta, el bolso y agarró un portapapeles, abriendo la puerta justo después para irse. Casi tiró los papeles al suelo del susto al ver a la castaña delante de la puerta, quién justamente iba a llamar a la puerta.

-¡Ay, santo cielo Nala, casi me matas del susto!- Sujetando firmemente el portapapeles para no olvidárselo, frunció el ceño un tanto estresada y molesta, a lo que la chica agachó un poco la cabeza, con cara de pena.

-Lo siento.-

De repente, detrás de Nala aparecieron las demás chicas, quienes rodearon a Marceline, impidiendo que se fuera.

-¡¿Cómo que van a hacer temáticas en la pizzería y no nos pides opinión?!- Vociferó, como no, Gabriela, en un ataque de dramatización. Marceline, quién sólo pudo reaccionar a primeras parpadeando varias veces sorprendidas, acabó lanzándole una mirada mortal a la española, quién solo se encogió más en su sitio, como un perro regañado.

-Dije que lo siento, me escuchó Carina y se lo contó a las demás.-

Y después de esa frase, la pobre gerente no tuvo más opción que aguantar las diversas opiniones de sus amigas, demasiado cansada para mandarlas a la mierda.