Yo no soy rubia, ni una genio, ni multimillonaria, de manera que no… no soy JK Rowling, por lo que solo los personajes que no conocen y la delirante trama me pertenecen.
¡Hola! Esta vez no las he hecho esperar tanto, así que no se pueden quejar, Jajajaja… ¡En fin! No me ando con mas rodeos, y aquí les dejo el decimocuarto capitulo de "La Desiluminadora"
-¿Para quién dices que es este pastel?- preguntó Scorpius mientras decoraba con esmero los bordes de aquella tarta. Así era él, trataba de dar lo mejor de si en cada actividad que emprendía. El problema solía radicar en que, en ocasiones, lo mejor de si no era suficiente para opacar su apellido.
-Para la señorita Weasley- respondió Ummy, la elfina domestica que trabajaba junto a él.
-¿Para Weasley?- inquirió sorprendido Scorpius. Quizá aun mas sorprendido que cuando un elfo domestico se le apareció en medio de su cuarto invitándolo a bajar a las cocinas el día veinticuatro de diciembre por la noche, luego de la cena. En si, aquello no había resultado muy sorpresivo para Scorpius, debido a que desde que el castigo comenzó, él no tardo en forjar una excelente relación con los pequeños trabajadores de las cocinas. Tal vez debido a que estaba acostumbrado a estar rodeado de elfos.
-Así es señor Malfoy, Ummy cree que seria una muy buena idea que usted le regalara algo a su compañera por Navidad.
-Pues te has olvidado de agregar veneno de basilisco a la receta, Ummy- respondió cortante Scorpius. Sencillamente no veía como aquella idea se podría haber cruzado por la cabeza de la elfina. Probablemente era producto de su ancianidad.
-Ummy cree que una bandera blanca seria mejor idea- repuso la elfina con humor. Haciendo alusión a aquel símbolo universal de paz.
-Scorpius no lo cree- dijo él, parodiándola. Aunque la idea en si le resultaba bastante tentadora. Seria capaz de poner un banderín blanco solo para ver la cara de Weasley cuando recibiera aquel pastel… ¿Sonreiría? Hasta ahora Scorpius nunca había tenido oportunidad de verla sonreír, pero algo le decía que ella debía de poseer una bella sonrisa. Puesto que por algo se cuidaba tanto de guardarla. Scorpius pensó que aquel a quien ella le regalara su sonrisa debía considerarse muy afortunado. A él, por el momento solo le otorgaba muecas de odio.
Y eso estaba bien, porque era lo correcto… ¿Verdad?
-Aunque pensándolo bien, tu idea no es tan mala. Después de todo aun nos quedan unas semanas más de castigo por delante. Y no quisiera volver tomar un baño de harina a la fuerza.
-Ummy ya le ha dicho a la señorita Weasley lo que piensa de la relación que ustedes dos deberían tener. Fue por eso que la señorita Weasley rompió aquel recipiente hace unos días. A Ummy le pareció que no se lo tomaba muy bien- comentó como si nada su pequeña compañera de labor.
-¿Y que es lo que piensas Ummy?- aquel comentario había logrado despertar la curiosidad de Scorpius. Después de todo, la opinión de unos seres tan puros y sinceros como los elfos, debía resultarle importante.
-Ummy piensa que deberían estar juntos. Eso seria lo mejor para ambos- Extrañamente Scorpius no pudo reprimir una sonrisa. Aquello era algo que sin saber, estaba esperando escuchar.
Ummy no estaba tan errada en su afirmación. Juntos, él y Weasley serian imparables. Con sus lenguas afiladas como navajas, llegar a la cima seria solo un juego de niños.
¡Que va! Compartir tanto tiempo con ella lo estaba ablandando eso es todo. Rose Weasley seguía siendo una adolescente malcriada y caprichosa, desesperada por llamar la atención.
No obstante, resultaba tan tierna e inofensiva cuando dormía. ¡No es como si Scorpius se hubiera quedado despierto viéndola dormir, ni mucho menos! Pero algunas noches tenia dificultades para conciliar el sueño, y verla acurrucada en su cama, con los rizos desparramados por la almohada, le ayudaba a tranquilizarse.
Por otro lado, se convertía fácilmente en una furia cuando algo quedaba fuera de lugar en el cuarto. Y es que ella era una maniática de la limpieza y el orden. De hecho, Scorpius se había vuelto mas desordenado solo para verla chillar y maldecir como un trol mientras juntaba diversos objetos desperdigados por doquier.
Pero él no iba a reconocer ninguna de esas cosas. Jamás. Scorpius odiaba a Weasley. Y así seguiría siendo. Además… Will, Ian y Frank lo matarían si llegaban a enterarse de que estaba fraternizando con el enemigo.
El pastel, por su parte, no parecía propenso a inducir ningún mal entendido. Era una inofensiva ofrenda de paz, eso es todo.
-Mira, Ummy, aceptare tu idea del regalo de Navidad, pero no dejaré de decirte que tu fantasía de una pareja Malfoy-Weasley nunca va a suceder.
Bonito. Esa era la palabra con la que Scorpius definiría el resultado de sus horas de trabajo en la cocina.
Era blanco, muy blanco por fuera. Y de chocolate por dentro. Una bandera blanca estaba incrustada en el. Y llegaba la inscripción "Feliz Navidad, Weasley" con letras negras.
Scorpius no pudo dejar de sentirse orgulloso de sus dotes culinarios mientras lo depositaba en una bonita caja verde con moño plateado. –Muy original tu elección de colores- se dijo. Sin embargo tenía un motivo para escoger los colores de su casa para el envoltorio. Y es que al no conocer los colores favoritos de su compañera, se dejo guiar por la obsesión que ella parecía tener con la combinación esmeralda y plata de la casa de las serpientes.
El silencio fue su compañero durante el breve recorrido que separaba las cocinas de su sala común. Pues nadie había abandonado su lecho aun. Debían ser las siete de la mañana, pero Scorpius no solo estaba acostumbrado a madrugar, debido a su incapacidad de dormir hasta muy entrado el mediodía. Sino que quería adelantarse para sorprender a Rose con aquel particular regalo.
Abrió la puerta del cuarto que compartía momentáneamente con ella, con sumo cuidado de no despertarla. Y se detuvo a observarla en las penumbras. Con su rostro apenas iluminado por los vagos rayos de luz de producía la estufa. Rose estaba tranquila, lo indicaba su respiración regular. Y parecía una niña entre tantos paquetes que se aglomeraban entorno a ella.
Scorpius también tenía muchos regalos, pero no sentía curiosidad por abrirlos. Aquel día toda su concentración estaba focalizada en el regalo que llevaba entre sus manos –cada vez más sudorosas- mientras se acercaba a Weasley.
Se aclaró sonoramente la garganta, esperando que aquello fuera suficiente para despertarla. Sin contar con el sueño pesado de la castaña.
-Rose- dijo mientras sacudía ligeramente su brazo. Sintiendo como tanto el nombre como el contacto le quemaban con una intensidad asombrosa. Aquel calor pareció propagarse por su cuerpo hasta verse representado en forma de rubor en sus pálidas mejillas-Rose- repitió, mientras la sacudía mas intensamente.
-¿Qué diablos quieres?- respondió finalmente ella con voz ronca.
-Feliz Navidad- le comunicó el con una sonrisa que inconscientemente se dibujo en su rostro.
Ella salto como un resorte de su cama, con los rizos esponjados alrededor de su cara, dándole la imagen de un pequeño león castaño. Scorpius aprovecho la situación, y antes de que ella pudiera escoger alguno de los múltiples paquetes, le coloco el que contenía el pastel entre las manos.
Rose le dirigió una mirada suspicaz, y se dispuso a abrirlo.
-Ni creas que me lo comeré sin antes hacérselo probar a alguien- fue todo lo que ella dijo como agradecimiento.
Scorpius no esperaba nada más, pero sin quererlo en su corazón había albergado esperanzas de que la Navidad ablandara a aquella muchacha de hielo. De manera que cuando comprobó que ella no le dedicaría ningún tipo de bonitas palabras de agradecimiento. Se dirigió a su cama, dispuesto a abrir sus propios regalos.
Al fin y al cabo, eran los que deberían haber ocupado su mente en lugar de estúpidos pasteles de paz.
Recogió el primero que encontró, y comenzó a abrirlo sin ganas. Pero antes se permitió dirigirle una última mirada a aquella chica con la que compartía habitación. Esperando que ella recapacitara y le agradeciera el buen acto.
En el mismo momento en que la gris mirada de Scorpius se clavo en ella, una sonrisa se dibujo en los labios de Rose Weasley. Claramente creyendo que su rubio compañero lo le prestaba atención.
Scorpius entonces, volvió a su labor de desenvolver paquetes. Disimulando como todo un experto su movimiento anterior.
En ese instante en el que contemplo la sonrisa de Rose, lo supo. Supo que sin importar que, ella nunca reconocería los buenos actos de él. Y supo también que lucharía hasta el fin de los tiempos por recibir una de esas sonrisas, una dedicada solamente a él. Porque también supo que estaba perdido y ya no tenia vuelta atrás. Efectivamente compartir tanto tiempo con ella lo había ablandando. Demasiado.
¡Y otra vez Ummy haciendo de las suyas! Estoy analizando seriamente si no se tratará de una rencarnación de Cupido… Tal vez, ¿Quién sabe?
Espero que les haya gustado, y ¡No olviden dejar sus reviews!
Desde ya muchas gracias a todos los que se pasan siempre, y a aquellos que se toman el tiempo de dejar sus opiniones… ¡Hasta pronto!
