Just Looking For Mommy
Notas de la Autora: Pues ya veis... al final he tardado un pelín más en volver v.v La cosa es que suelo andar bastante perdida en el tiempo... nunca sé del todo qué día es ni cuando hay puentes XD Así que al final me vi quedándome un par de días más de lo esperado en la casita de campo donde suelo pasar sólo los fines de semana... Y la verdad es que me ha ido bastante bien... porque esto está ya casi casi acabado ^^ Ya iréis viendo ya... Muhjuhjuhjuh...
Rinoa Haatirii: Por el msn paro bastante pero hace tiempo me agregó un montón de gente con direcciones y nicks sacados de FF con los que no hablaba nunca... y hace tiempo hice un poco de limpieza y seguramente os borré a más de uno que sí conocía XD Así que refréscame la memoria sobre tu dirección y te vuelvo a agregar poniéndote a buen recaudo en el grupo de gente SÍ conocida XD Y bueno, espero que no llores mucho... no creo que tengas motivos aún ;)
Hikki: No he cambiado nada de este final... seguramente si hay algo que no habías visto en el borrador es porque se me olvidó pasártelo v.v Y el Squinoa aún sigue sin tener forma del todo... barajo unas cuantas ideas para empezar a elaborar más o menos el argumento... pero vamos XD
rinny-chan: La escena en bañador era un pequeño regalito que os tenía preparado =P y siento mucho que el domingo os quedarais esperando la siguiente actualización ^^u Pero bueno aquí la tenéis! Así que ya sabes! A leer =D
Vinagre & Azucar: Nada más leer tu review me dejaste un poco ._. con todo esto de la energía y la materia y el tiempo y las cosas XD La verdad es que mientras escribía toda la historia iba yo misma preguntándome muchas cosas que pasarían por esto de viajar en el tiempo... pero tenía una idea bastante fija de lo que quería explicar en este fic y muchas de esas conclusiones e hipótesis físicas sobre los viajes en el tiempo me lo estropeaban un poco... así que directamente preferí no complicarme demasiado e ignorar esas teorías v.v XD Podría haberlo repensado todo y hacerlo de manera que fuera todo explicable de forma más o menos lógica y coherente... pero tenía demasiada prisa en terminar todo el fic =P
CAPÍTULO XIV: SI SEIFER ALMASY NO FUERA SEIFER ALMASY
La joven instructora de aquel Jardín no fue consciente de que se acercaba a ella hasta que su mano se mantuvo en el aire, justo frente a su cara.
Quistis levantó la mirada de su copa de champán y siguió el recorrido de aquel brazo hasta encontrarse con aquel Seifer que no conocía de nada justo frente a ella, tendiéndole aquella mano invitadora.
- ¿Me permite? - le preguntó con una exultante sonrisa en la cara.
¿Le estaba proponiendo aquel hombre bailar juntos? Quistis se giró hacia Cid y Edea, esperando encontrar cualquier excusa para poder negarse.
- Em... no creo... - balbuceó algo nerviosa.
- Sólo un baile... una leve conversación y nada más... - le prometió él con una mirada de súplica – Soy un hombre casado, tampoco voy a proponerte nada deshonesto...
Aquel comentario sobre su estado civil no le hizo la más mínima gracia, precisamente porque ambos sabían que el dato más importante de aquella frase era con quién estaba casado.
Quistis finalmente cogió su mano y se dejó llevar con la mirada fija en el suelo y la mano suspendida en el aire, sujeta por la de aquel hombre. Sus pasos lo siguieron sin rechistar y para cuando se dio cuenta de que habían pasado de la pista de baile ya estaban saliendo a aquel oscuro balcón.
La joven instructora se paró justo bajo el marco, antes de llegar a salir del todo a aquella noche húmeda y fresca, y Seifer la miró extrañado, aún con su mano sujeta en el aire.
- ¿No prefieres una excusa para desaparecer un momento de esa fiesta? - le preguntó sabiendo perfectamente que la respuesta era un sí – Piensa que no soy el Seifer al que no puedes ni ver...
- Técnicamente... sois la misma persona... - lo corrigó ella.
Él dejó escapar una risa entretenida y asintió, dándole la razón, y salió al balcón, dejándose caer sobre el pequeño borde de piedra que sobresalía de la pared, haciendo la forma de un banco.
Quistis por su parte caminó unos pasos hacia él y se quedó de pie, esperando a que comenzara con aquella leve conversación que le había pedido.
- Relájate un minuto mujer... - le dijo dando un par de palmaditas en el asiento de piedra, invitándola a sentarse a su lado.
- Estoy relajada... - le contestó ella cruzándose de brazos frente a él.
- Esa posición denota una actitud defensiva, manteniéndote reacia a cualquier tipo de apertura emocional hacia quien esté hablando contigo... - le dijo él imitando la postura estirada y de brazos cruzados que ella tenía en ese momento – Me lo enseñaste tú misma... - le remarcó sonriendo, y volvió a dar unas palmaditas en el banco.
- Tampoco tengo por qué abrirme emocionalmente a ti... - contestó ella sin moverse lo más mínimo.
- ¡Dios santo, Quisty! - exclamó el muchacho mirando hacia arriba – ¡Casi se me había olvidado lo insufrible que eras!
La joven instructora levantó una ceja ante aquel comentario. ¿Lo insufrible que era? ¿Acaso había dejado de serlo con el tiempo?
Dejó escapar un suspiro resignado, decidiendo que no merecía la pena oponer resistencia ante aquel hombre. Era cierto que al fin y al cabo no se trataba del Seifer que ella conocía.
Se sentó a su lado y lo miró con impaciencia, esperando que comenzara pronto con aquella charla que ella aguantaría estoicamente y seguramente ignoraría por completo. Pero él permanecía a su lado, mirándola con ambas cejas levantadas, como si esperase que fuera ella quien comenzase con aquella conversación. Y podía hacerlo, porque sabía exactamente de qué quería hablar aquel hombre.
- Vamos, empieza... - lo animó Quistis haciéndole un gesto cortés con la mano - ¿No me has traído aquí para convencerme de lo genial que será mi futuro contigo? Te escucho...
Aunque realmente no lo hacía. Pensaba oírlo, pero no escucharlo, iba a procurar no prestar la menor atención a las palabras que tuviera que decirle, porque no se dejaría convencer nunca de nada por aquel hombre. Aunque no fuese del todo aquel Seifer que tanto aborrecía.
- No creo que eso sea necesario... - contestó él con una sonrisa amable – Recuerdo como ocurrieron las cosas en mi pasado... hace unos ocho años... Más o menos por ahora en tu tiempo supongo.
¿A eso había venido? ¿A contarle cómo había ocurrido todo en su pasado?
- Recuerdo cómo pasabas el día ignorándome hasta que empezaron todos a tratarme como a uno más... Recuerdo cómo chocamos en ese momento, lo enfadada que estabas... - hablaba mirando hacia el suelo, con la vista perdida en sus recuerdos – Y un día todo empezó a tener sentido. Un día tú... simplemente te darás cuenta del motivo por el que no soportas tenerme cerca, por qué no eres capaz de perdonarme... Y no digo que en ese momento todo salga a pedir de boca, será un poco más difícil que eso. No ser capaz de tratar con tanto odio a alguien y al mismo tiempo no saber como comportarte con él si no es odiándolo...
Quistis no podía evitar en ese momento prestar atención a sus palabras. Se había propuesto no hacerle caso alguno pero lo cierto es que la manera en que aquel hombre sereno y sincero hablaba con media sonrisa, explicándole como iba a ser su vida de ahí en adelante, la mantenían atenta a su voz como una niña a un cuento de marionetas.
- Sé por qué no puedo perdonarte... - dijo ella con voz firme, intentando borrar aquel "me abandonaste" de su memoria, intentando olvidar aquel estúpido instante sin sentido de aquella misma mañana – sé por qué no soporto que estés cerca mía.
Seifer la miró levantando una ceja. ¿De verdad lo sabía y era capaz de seguir manteniendo aquella máscara con tanta frialdad? Recordaba a la Quistis que comenzaba a entender todo lo que le estaba ocurriendo y sabía que no era así, sabía que aquella joven Quistis no tenía la más mínima idea de lo que en realidad le estaba pasando.
- ¿Por qué? - le preguntó él, poniéndola a prueba.
- Porque eres un bastardo, un traidor, y un maldito experto en sacar lo peor de todo el mundo... - le dijo apretando las mandíbulas – y especialmente de mí.
- Y aún así... - contestó él sonriéndole – aún sacando lo peor de ti... Ese chico no retrocede lo más mínimo cuando ve como eres realmente. Piénsalo Quistis... el día que veas lo que es capaz de hacer... en el momento que más imperfecta seas... Seguramente te sorprenderá.
El momento en que más imperfecta fuera, el momento en que su fachada se tambaleara hasta el punto de caer por completo, el momento en que se mostrase ante él con todo el egoísmo, la rabia y el autorrechazo que había en su interior. En ese momento... ¿qué sería capaz de hacer Seifer?
Ese momento (o por lo menos uno bastante parecido a lo que ella imaginaba ahora) había sido hacía unas horas, en un rincón secreto en el que había dejado de callarse y le había gritado a todo pulmón hasta qué punto estaba llena de sentimientos de rechazo hacia él y hacia ella misma. ¿Y qué había hecho él?... Besarla.
- Míralo de esta manera... - dijo aquel hombre levantándose del banco – Si ese chico que tanto odias dejase de ser como es... Si fuera un chico amable, simpático, con un humor correcto y moderado... ¿Seguiría siendo Seifer Almasy?
Quistis bajó la mirada pensando en aquella posibilidad. Claro que no seguiría siendo Seifer Almasy, pero eso no significaba que lo fuera a lamentar ¿verdad? Si Seifer cambiase todas aquellas cosas que lo convertían en el ser que tanto odiaba seguramente le molestaría menos ¿verdad?
- No tienes ni idea de por qué lo odias – dijo aquel viajero con una sonrisa de oreja a oreja – Y el día en que lo descubras... Será el día en que más humana seas.
Quistis lo observó callada mientras él volvía a entrar en la sala, y por un momento el silencio que la rodeaba ayudó a que las últimas palabras de aquel hombre resonaran en su cabeza. El día en que más humana fuera...
Temperance llevaba un rato sentada sobre las rodillas de su madre, oyendo cómo le hablaba de aquella fiesta en la que estaban en ese momento según la recordaba ella.
- ¿Te has fijado en cuántas copas lleva el director? - le dijo señalando a Cid, que bebía de una copa que ya tenía a medias mientras hablaba con su esposa, sonriendo con cara de bobo – al día siguiente no tuvo manera de salir de su cama.
La pequeña rió por lo bajo, imaginando el mal rato que pasaría el director cuando el despertador le informase en unas horas que ya había llegado el momento de volver a su puesto de trabajo.
- Y Zell pasó un par de días sin probar nada que llevase carne – dijo señalando al joven karateka esta vez, que no paraba de pasear de la mesa en la que se sentaba con la chica de la biblioteca a la mesa del bufete, siempre con algún trozo de comida en la mano – y de aquellos dos mejor no te cuento nada porque no tienes edad para saberlo – dijo señalando a Selphie e Irvine, que hacía rato que habían dejado de bailar y permanecían ahora casi ocultos en un rincón, Irvine sobre una silla y Selphie sobre las rodillas del vaquero, mientras éste le susurraba al oído y la chica sonreía intentando esconder el rubor de sus mejillas con la vista perdida en las baldosas que había a sus pies.
- ¿Y tú? - le preguntó la pequeña con curiosidad - ¿Dónde estabas?
Quistis la miró sonriéndole con ternura, recordaba perfectamente que aquella no fue una fiesta demasiado animada para ella.
- Yo estaba demasiado enfadada porque tendría que ir al viaje a Esthar junto con tu padre... - le dijo aún sonriendo.
La niña miró hacia sus manos y por un momento parecía indecisa.
- Nunca me hubiera imaginado... que os llevabais tan mal – dijo, poniendo especial énfasis en el "tan".
Su madre dejó escapar una risa entretenida y comenzó a peinar el pelo de la pequeña con su manos.
- Debo de haberte asustado... - le dijo por lo bajo, sabiendo que su antiguo yo no era muy amante de los cambios drásticos, y menos si tenían que ver con Seifer.
- No demasiado... Me ha ignorado la mayor parte del tiempo... - dijo con algo de tristeza en la voz.
- Y ya puedes considerarte afortunada... - dijo una voz divertida tras las dos chicas – Ignorarte no es lo peor que podría haberte hecho...
Quistis y Temperance se giraron y encontraron a aquella joven versión del padre de la pequeña tras ellas, sonriendo amablemente.
- Te irás dentro de poco, así que sabes lo que toca ¿no? - le dijo a la niña tendiéndole una mano que la pequeña se quedó mirando sin terminar de entenderlo – Mínimo un baile.
Temperance sonrió ampliamente hacia la invitación de aquel muchacho y agarró su mano, dejándose llevar felizmente hacia la pista de baile.
Su madre la observó aún sonriendo mientras aquel joven Seifer la levantaba en el aire y se movía en círculos con ella en brazos, haciendo que la pequeña casi volase cada vez que el joven hacía algún movimiento brusco, sin embargo otra cara algo más madura que la que observaba ahora apareció al otro lado de la habitación, entrando de uno de los balcones.
Seifer se acercó a ella y se dejó caer en una silla, con un sonoro bufido cansado. Quistis lo miró levantando una ceja y al cabo de un minuto vio aparecer a su joven doble por la salida hacia el mismo balcón.
- Vaya... - dijo aquella mujer hacia su marido – Pensaba que no las preferías más jóvenes que tú... - bromeó con una fingida mirada de sospecha.
- Es que ese carácter tuyo de antes... Me ponía a cien... - contestó él con una sonrisa exultante.
La joven instructora de aquel Jardín entró de nuevo al salón mirando hacia todas partes, sentía que necesitaba irse lo antes posible de aquel lugar y recluirse una noche más en la reconfortante soledad de su habitación, pero antes había algo que debía hacer.
Encontró la pequeña cara que buscaba en mitad de la pista de baile, riendo mientras daba vueltas y casi saltaba en el aire en manos de un chico que conocía más que bien. Todos habrían ido buscando el momento para despedirse de la pequeña, y aquel momento seguramente era de Seifer.
La joven se acercó a una mesa, tomó una copa que llenó con un poco de champán bien frío, y se sentó a un lado, a esperar su turno.
No quería estar mirando a aquel par de bailarines fijamente, así que permitió que su vista paseara distraídamente sobre el resto de asistentes de aquella celebración. Y de nuevo otra pareja captó su atención.
Aquel Seifer y aquella Quistis del futuro estaban sentados el uno al lado del otro, hablando animadamente mientras no paraban de sonreír. Seifer le decía cosas con cara de estar mintiendo deliberadamente, y Quistis le dio un golpe en el hombro, casi como regañándole, pero sin perder aquella sonrisa sincera y radiante.
La joven los observaba con una mezcla de desilusión y envidia. Desilusión porque ver que aquella realidad era verdadera era mucho peor que imaginar que pudiera serlo, y envidia por la manera en que aquellas personas se tocaban y hablaban como si sólo aquello los hiciera felices.
Era ella misma, era su futuro, pero no podía evitar pensar que ella nunca podría conseguir nada parecido. Aquella Quistis no tenía nada que ver ella, era una persona completamente distinta. Era imposible que fueran la misma persona.
Aquella pareja que se miraba sin que nadie se diera cuenta y reían juntos eran dos personas completamente ajenas a ella misma, la historia que ambos seguían no tenía nada que ver con ella. Ella nunca tendría nada parecido a lo que observaba en ese momento.
Se vio a sí misma sonriendo a aquel hombre y aquel hombre movió la mano hasta la barbilla de su esposa e hizo que lo mirase mientras la besaba lentamente, con toda la paciencia y tranquilidad del mundo.
Por eso los envidiaba, porque algo en su interior no paraba de recordarle que ella nunca tendría algo así. Aquella parte de sí misma que le permitía que viera cada día lo imperfecta que era. Nunca tendría nada parecido porque nunca lo merecería.
Un agujero incapaz de sentir nada que no fuera odio. Esa era Quistis Trepe. Y aquella persona que posaba ambas manos sobre la cara de Seifer mientras continuaba besándolo era una mujer completamente distinta.
- ¿Te la dejo aquí? - preguntó una voz a su lado, y Quistis dio un pequeño saltito, apartando la mirada de aquella extraña pareja.
A su lado Seifer cargaba con Temperance sobre un hombro, como si fuera un ligero saquito que la miraba cabezabajo, con una sonrisa tímida en la cara.
- Ya sabes... - continuó explicándose el muchacho – por si quieres decirle algo... Por responsabilidad más que nada.
Sonrió de manera arrogante, como tan bien sabía hacer. Se burlaba de ella por haberse mostrado compasiva con la niña, por haber actuado de manera contraria a como decía pensar.
Pensó en las palabras que aquel otro hombre le había dicho hacía unos minutos y por un instante imaginó aquella misma escena si Seifer Almasy no fuera Seifer Almasy.
Se habría acercado a ella con una sonrisa amable y cálida y le hubiera preguntado si quería hablar con Temperance antes de dejarla con ella y marcharse. No, aquello sería una versión un poco más amable de Seifer, pero también era entrometido y eso era algo que también aborrecía de él. Si Seifer Almasy no fuera Seifer Almasy ni siquiera se hubiese acercado para llevarle a Temperance. Ni siquiera le habría dicho a la niña que se acercase a hablar con ella. Si aquel no fuera Seifer Almasy ni siquiera habría bailado con Temperance mientras reían juntos.
Temperance pataleó un poco en el aire y Seifer la agarró de una manera un poco más cómoda, quedando sujeta por los costados en el aire, frente a él. La niña le agarró la cara con ambas manos y lo besó en la mejilla.
- Gracias, y adiós – le dijo con una sonrisa de oreja a oreja antes de que el muchacho la soltara y le diera un par de palmaditas sobre su rubia cabeza.
- De nada... - le dijo devolviéndole la sonrisa - Y no te diré "adiós"... si no "nos vemos"... - añadió susurrando en su oído, evitando que nadie más que ella lo oyera, antes de girarse y alejarse hacia la forma de un aburrido Squall que se apoyaba sobre una columna a solas.
Temperance se giró hacia Quistis y ésta le dedicó una sonrisa algo nerviosa.
- Cuando llegué fingías mejor... - le dijo la niña tomando asiento en una silla justo junto a la de ella.
Quistis bajó la mirada, sabiendo que tenía razón. En aquella semana que había pasado había ido perdiendo facultades, incapaz casi de ocultar sus emociones con la perfección que acostumbraba.
- ¿Cuándo os vais? - le preguntó Quistis con verdadera curiosidad.
- Supongo que... dentro de poco... - dijo la pequeña mirando hacia el suelo – Podrás relajarte un poco.
Quistis giró la cabeza hacia ella y vio aquel deje de decepción en su rostro que volvió a revivir el sentimiento de culpabilidad que había olvidado.
- No es eso... - le dijo con una triste sonrisa – En realidad soy bastante más inestable de lo que me gustaría que la gente creyese...
La niña la miró levantando una ceja y Quistis no pudo evitar sentirse idiota por contarle aquello. No era más que una niña de seis años y ella una mujer de 20 que evitaba bajo cualquier circunstancia reconocer aquellos defectos suyos.
- Me... me pongo nerviosa con facilidad – explicaba entrecortadamente – Me enfado... me siento triste o decepcionada...
Debía sonar como una desequilibrada con aquella lista de cosas que solía sentir e intentaba a toda costa negar y ocultar.
- Todo son cosas malas... - la cortó la pequeña - ¿Nunca sientes nada bueno?
Quistis la miró muy seria, haciéndose la misma pregunta. Había días con sentimientos malos y días sin sentimientos malos... pero días con sentimientos buenos...
- Cuando era pequeña... en el orfanato... - confesó con media sonrisa – y cuando empecé a estudiar aquí en el Jardín...
Miró hacia el suelo sintiendo tristeza y nostalgia al recordar aquellos días. Habían sido días felices igual que había habido días tristes, pero no recordaba días tan buenos desde hacía unos años. Desde el momento en que comenzó a dar clases como instructora y Seifer comenzó a arruinar su vida. Todo se resumía siempre en Seifer.
- Mira... - le dijo Temperance señalando hacia el frente, hacia el par de sillas en las que continuaban sentados sus padres, ahora simplemente hablando, mirando hacia todos los invitados a aquella fiesta, observándolos y riendo disimuladamente. Como dos espectadores que conocen mil secretos y mil maneras de burlarse del mundo que los rodeaba – O miente mil veces mejor que tú... o ella sí que es capaz de sentir cosas buenas...
Quistis volvió a mirar a aquella niña que le sonreía como intentando animarla, y le devolvió la sonrisa pensando en lo inocente que era. Al fin y al cabo aquella niña no la conocía realmente, no sabía hasta qué punto ella era distinta a su madre. Hasta qué punto no sería capaz de conseguir aquella felicidad.
Permanecieron unos minutos calladas, mirando a los padres de Temperance, observando cómo permanecían sentados, sin tocarse, sin mirarse, y cómo hablaban y reían entre ellos aún así.
- ¿Sabes cuándo me di cuenta de que realmente eras tú? - le pregunto Temperance de repente, cogiéndola por sorpresa.
- ¿Cuándo...? - le preguntó Quistis cuando la niña se quedó callada, esperando que mostrara algún interés en sus palabras.
- La otra noche... - le dijo – Cuando dormiste conmigo...
La joven instructora bajó la mirada pensando en aquella noche, en cómo la había intrigado y atraído el calor de la pequeña, la facilidad con que su ligero cuerpo cabía entre sus brazos, la naturalidad con que su cuerpo había comenzado a respirar al mismo tiempo que ella, casi como si fueran un mismo ser.
- Fue... agradable... - confesó Quistis en voz baja – Pude dormir la noche entera, y eso no es algo muy normal, créeme...
- Contigo se duerme de otra manera... siempre... - le dijo la pequeña levantándose de la silla – Por muy distinta que parezcas de mi madre, en ese momento supe que sois la misma persona.
Quistis la miró en silencio mientras se colocaba justo frente a ella. Temperance rodeó su cuello con ambos brazos, y se mantuvo un minutos apretada a ella, mientras Quistis colocaba su mano derecha tras la espalda de la pequeña, sujetándola cerca de su cuerpo, devolviéndole el abrazo con los ojos cerrados y aspirando profundamente.
La niña la soltó y la besó en la frente antes de dedicarle una última sonrisa y dirigirse a sus padres.
Y finalmente se había ido.
Temperance despertó algo mareada sobre el suelo del laboratorio de Odine y a su alrededor encontró al resto de su familia, que la recibieron con una sonrisa aliviada y feliz.
Angus se le tiró literalmente encima, llorando, balbuceando que no volviera a tocar ninguna estúpida máquina de aquel sitio nunca jamás.
Y ella sólo podía recordar la manera en que aquella joven Quistis y aquel joven Seifer del pasado le habían sonreído cuando finalmente se reunieron todos en el Hall de aquel Jardín, justo frente al ascensor, preparados para pulsar el botón de aquellos pequeños aparatitos que los devolverían a su tiempo real.
Squall, Rinoa, Zell, Irvine, Selphie, Quistis y Seifer los acompañaron a los tres, abandonando aquella animada fiesta por un momento para decirles un último adiós. Y finalmente se habían ido.
Angus no hacía más que agarrarse al brazo de su prima durante todo el camino de vuelta a la residencia presidencial, preguntándole por lo que había visto y lo que había ocurrido en aquel montón de días que no habían estado juntos, y Temperance le contaba cada detalle alucinante que recordaba de todo lo que había pasado mientras sus padres los seguían andando a sus espaldas.
Una gran aventura para una pequeña aventurera que nadie podría olvidar. Ni en este tiempo, ni en el pasado.
¿Parece que termina? ¿Parece que termina?... ¡PUES NO! Así que seguid atentos que seguirán apareciendo unos cuantos capítulos hasta que aquí abajo ponga "FIN"
