Lo se... No tengo perdon de los dioses. Mas de un año sin actualizar. Me ire al ultimo nivel del Mitnal por eso.
Mil disculpas a los que esperaron por meses y no actualice. Simplemente la inspiracion no llegaba pero ya llego y aqui esta el primer capitulo de la segunda parte.
Hambre… sentía mucha hambre. Después de los hechos de aquella fatídica noche, terminó siendo transportada a una mansión por la loca greñuda. Después de lo que parecieron horas de deliberación entre los presentes vestidos de negro, se decidió que sería tratada como prisionera hasta que el Señor Oscuro solicitara su presencia, ya que su aspecto de lagarto humanoide inspiraba miedo y asco a la gran mayoría de los asistentes esa noche. Tuvo suerte; el profesor Severus Snape y Bellatrix Lestrange abogaron en contra de matarle en ese mismo instante, con el argumento de que su Señor había solicitado su presencia.
Y así fue como acabó tirada boca abajo, en medio de una celda fría y oscura. No le importaba la oscuridad y, al menos por el momento, no le molestaba el frío. En sus venas aún corría la magia del brebaje que tenía que consumir cada tres meses para que su cuerpo pudiera regular su temperatura. Le molestaba la debilidad que estaba experimentando, y ésta empeoraba cada día.
Había un olor a muerte en la celda, señal de que la herida detrás de su rodilla estaba rebosando con infección; no volvía a su forma humana por temor a propagarla. Así como se encontraba, se hallaba encapsulada en el punto donde Harry había alcanzado a fisurar sus escamas, semejantes a placas de metal color amarillo marrón.
Un sonido de aparición le sacó de su letargo, entre conciencia y sueños; el mismo elfo que le visitaba una vez al día, había traído su alimento diario: pan seco y agua. La criatura sirviente colocó la bandeja frente a su cara y se retiró sin decir palabra alguna.
Observó el plato con desgana. Tenía demasiada hambre. Pero comer el pan la mataría. El agua no era suficiente para beberla junto al pan, por lo que hizo a un lado el alimento ofensivo para dedicarse a beber el agua, sin cambiar la posición en la que se hallaba en el suelo.
Para que su cuerpo pudiera curarse necesitaba comer algo más que pan. Estaba en una terrible urgencia de carne; la que fuera. Rata, perro, insectos, cualquier cosa.
¿Por qué pensaban que un lagarto podría sobrevivir a base de cereales?
Si la querían muerta por deshidratación e intoxicación por dieta errónea solo tendrían que esperar un par de días más. Aunque según ella, duraría una semana si se dedicaba solo a beber el agua que le ofrecía el elfo.
Otro sonido. Esta vez constante, con ritmo. Se escuchaba en algún rincón del oscuro lugar y eso despertó su instinto. Se trataba de un insecto, un grillo cantando; se puso en cuatro patas y comenzó a recorrer la celda con la esperanza de encontrar al susodicho bicho.
Sus ropas se arrastraban en el suelo con cada avance lento que daba para no alertar, a lo que ella esperaba sería un bocado salvador, de su presencia. Llegó a un rincón cercano a la puerta del lugar. Podía sentir el suelo terroso contra sus manos. Su ansiedad crecía más y más. La fuerza del canto del insecto aumentaba con cada cuidadoso paso dado. En esos momentos no era Izel, sino un depredador hambriento en busca de su presa.
Finalmente lo encontró entre las grietas que la piedra de la pared mostraban. El insecto subió voluntariamente por las escamas de su mano. Acercó su mano a la cara y lo observó fijamente.
Negro, largas antenas y tres pares de patas. El negro bicho continuó su canción ignorando el hecho de que tal vez sería silenciado para siempre.
Sentada de nuevo en el suelo, la melodía del grillo volvió a escucharse. Retumbó en las paredes de la oscura celda en la que se encontraba. Las patas del insecto se movían provocando el sonido rítmico que causaba vibraciones en la mano de la nahual.
Abrió la boca. Las dos largas filas de dientes reflejaban la poca luz que había en su prisión. Sus ojos perdieron la humanidad para caracterizar al nahual. Los instintos de supervivencia habían ganado desde la primera vez que el insecto cantó.
Sin embargo, la puerta de su celda se abrió violentamente; una varita iluminó la oscuridad y su portador, un hombre bajo y de complexión redonda, entró nervioso al lugar. Tenía dientes similares a los de un roedor.
La corriente de aire creada hizo que el insecto saltara al suelo y se refugiara en una grieta. Jamás dejó de entonar su canción.
"El Señor Oscuro solicita tu presencia…" Empezó nerviosamente el pequeño hombre, encorvando su cuerpo en una posición instintiva que protegía sus órganos vitales.
La mirada del nahual no había recuperado su humanidad, pero sí un poco de raciocinio. "Sígueme." Terminó, amenazando con su varita y apuntándola al rostro del lagarto.
El nahual, al ver perdido su bocado, se levantó y se acercó al hombre para seguirlo. La herida en su pierna le impedía caminar bien, por lo que avanzó cojeando sobre los pasillos cubiertos de mármol blanco y negro. Elegantes pilares del mismo material y colores se alzaban cada cierta distancia; los grandes ventanales de cristal transparente dejaban ver una noche nublada y sin luna.
Recorrían el camino sin pronunciar palabra. Uno de ellos por que no era su persona; el otro por el nerviosismo de estar guiando a una criatura como el primero.
Llegaron a unas puertas de madera negras; finamente talladas y las manijas platinadas en oro. Se abrieron y dieron paso a una habitación grande en la que se encontraban cinco personas sentadas frente a una larga mesa negra. Se hallaban observando a una gran serpiente terminar su comida.
Voldemort vigilaba al reptil con una sonrisa. Bellatrix Lestrange reía como niña pequeña. Lucius y Narcisa Malfoy trataban de enmascarar su horror mientras que Severus Snape no dejaba que su rostro lo traicionara. La sexta estaba siendo devorada.
"¡Ah, Colagusano! Veo que trajiste a nuestra invitada." Comentó el Señor Oscuro desde la cabeza de la mesa al ver que las puertas se abrieron.
"S-sí, mi señor. Tal y como usted me ordenó." Respondió temeroso el hombre con los dientes de roedor y mano izquierda plateada. Haciendo una reverencia y retirándose antes de que su amo le lanzara una maldición cruciatus.
El lagarto se tensó al sentir la puerta cerrarse.
"¿Qué es esa peste?" Preguntó Bellatrix en voz alta mientras arrugaba la nariz. Voldemort observó al nahual con un semblante indescifrable.
"Cuando salíamos de Hogwarts, Potter nos atacó con la maldición Sectumsempra. Y alcanzó a López en la parte trasera de la pierna. Supongo que al ser magia oscura la herida no sanó y está infectada, mi Señor." Respondió Snape de forma aburrida.
"Su pierna debió haber quedado en el suelo en ese caso, Severus." Comentó Bellatrix.
"Tú has luchado con dos de las cuatro bestias, Bellatrix. Deberías saber de primera mano que tan… resistentes son." La bruja realizó un sonido de fastidio.
"Según tu información, Severus… ésta nahual es la más fuerte de las cuatro." Agregó Voldemort con su usual voz siseante, sacando una varita cuya agarradera estaba decorada con una figurilla de ónice, de su túnica. "Su varita es una excelente herramienta para la magia oscura. ¿Es ella lo suficientemente poderosa para resistirla?" La dirigió a donde Izel se encontraba. "Crucio."
Snape miró a la forma nahual de Izel abrir los ojos en grande al momento que la maldición dio de lleno en ella, pero su voz no generó grito alguno. El señor oscuro mantuvo la maldición por unos segundos y luego le imprimió más poder.
Eso hizo caer de rodillas a Izel, quien alzó la cabeza y arrojó rugidos siseantes, provocando una sonrisa malévola en Lord Voldemort, quien se había puesto de pie y avanzaba al lagarto sin bajar la varita ajena.
La extranjera transfigurada se llevó su brazo funcional al rostro sin dejar de rugir de dolor y sacudió su cuerpo de un lado a otro, tratando de quitar las fuerzas invisibles que le atacaban en toda su anatomía. Las púas de su espalda, brazos y piernas se habían levantado, atravesando las telas de su ropa y haciendo mímica de cabellos erizados. Terminó con un aspecto aún más atemorizante. Lucius Malfoy cerró los ojos e intentó no escuchar a la chica. Narcisa trataba de no devolver el contenido de su estómago. Y Bellatrix observaba la escena con fascinación. La energía mágica que su amo puso en la maldición era impresionante.
Entre rugidos de dolor, Lord Voldemort alcanzo a distinguir un 'Alto, por favor' muy débil. Detuvo la maldición y acercándose a su seguidora predilecta le entregó la varita de la extranjera.
"Bellatrix, encargate de sanar la pierna de la señorita López en el ala médica." La mujer de los cabellos salvajes asintió con una reverencia y una mirada muy complacida.
"Sí, mi señor, enseguida." Respondió y se acercó al desastre de jadeos y temblores que Izel era en esos momentos.
"Narcissa, Lucius. La chica será residente permanente a partir de ahora, hagan el acomodo necesario para que obtenga una habitación." La pareja asintió rápidamente y poniéndose de pie se retiraron de la mesa.
"Izel." Llamó el Señor Oscuro causando que la estudiante levantara la cabeza desde el hechizo levitante que Bellatrix había usado para controlar su cuerpo. "No me importa qué aspecto tengas en mi presencia, solo asegurate que el animal no vuelva a poseerte. La próxima vez que tenga que despertarte, no seré tan misericordioso." Comentó secamente el mago.
"Sí, señor. Lo lamento." Respondió con voz rasposa y débil. Voldemort observó de nuevo los ojos de la extranjera y encontró el brillo humano en ellos. Le dedicó una pequeño movimiento de su cabeza en reconocimiento.
Los Malfoy y Bellatrix se habían marchado con la muchacha por la puerta que había llegado junto a Colagusano.
"Severus, ese viejo senil me trajo un gran arma del otro continente. No hay manera de que perdamos la guerra."
Y este es el final del primer capitulo. Si te gusto, deja review y si no... ps no hagas nada xDDDD
Preguntas, dudas, criticas constructivas y amenazas de muerte son bienvenidas.
Agradecimientos especiales a mis betas Addie Redfield, AdrianaSnapeHouse y SKANDROSITA.
