Notas de la traductora: Un capítulo como regalo adelantado de Navidad... ¡Disfrútenlo!

Disclaimer: The Mortal Instruments y sus personajes pertenecen a la gran Cassandra Clare y esta historia en particular pertenece a la maravillosa Brittanysway.

Advertencias: Futuro contenido sexual. Agresión, abuso y violación. / Diferencia de edad entre Alec y Magnus.


XIV. Celos es mi nombre

Magnus POV

Mi corazón latía tan rápido que pensé que iba a morir. El padre de Alec estaba mirando directamente al armario y simplemente se quedó ahí quieto. ¿No había notado a Alec? ¿O simplemente estaba esperando para golpearme cuando menos me lo espere? Parpadeé y di un paso adelante.

—Escuche… señor —no pude decir nada más y llamarlo 'señor' parecía una buena forma de empezar. Se dio media vuelta lentamente y retrocedí. Se parecía mucho a Alec, con su pelo negro rizado y sus ojos azules, excepto que tenía los ojos fríos como el cielo invernal. Me miró directamente a los ojos con una tijera rota en la mano, con la cual me señalaba. Tragué saliva y di otro paso hacia atrás. No había estado tan asustado desde que el sacerdote pervertido intentó violarme cuando tenía trece años.

—Esta es mi tijera —dijo dando un paso adelante—. Dile al señor Thomson que me debe una nueva.

Caminó hacia mí sin romper el contacto visual. Fue solo cuando estuvo afuera que se dio la vuelta y se alejó. Suspiré de alivio y pasé mi mano por mi cabello. Lentamente me dirigí al armario y miré dentro. Estaba oscuro, con algunos abrigos colgando y con diferentes instrumentos de jardín.

—¿Alexander? —murmuré y me incliné más. Extendí la mano hacia los abrigos y estuve a punto de empujarlos a un lado cuando de repente una mano salió de la oscuridad y agarró mi muñeca. Grité y salté hacia atrás—. ¡Oh, dios mío! —grité de nuevo y agarré mi muñeca, sintiendo como si un millón de arañas se arrastraban por ahí.

—No grites así —dijo una pequeña voz desde el armario. Me di la vuelta viendo a Alec tropezar y con algo de polvo en el cabello. Parpadeó ante el cabello en sus ojos y lo quitó con su dedo. Caminé frente a él, lo miré cuidadosamente y luego desvié la mirada hacia el oscuro armario. Pude sentir los ojos de Alec sobre mí y también miró detrás de él—. Oh, sí. Creo que hay un espacio escondido ahí.

Se inclinó y miró dentro. Parpadeé y volví a poner la mirada en él. Levanté una ceja, observando directamente a su trasero otra vez. ¿Por qué siempre me encontraba en esta situación? No es que me importe. Sonreí y caminé lentamente hacia él.

—Puedo sentir una pared —dijo golpeándola—. Hay algo detrás de esto.

Estaba a centímetros de su trasero. Traté de no reírme y entonces dejé caer mis manos en sus caderas, apenas tocando. Esto se sintió tan mal, pero no pude evitar hacerlo. Estuve a punto de dar un paso hacia atrás, con miedo de que mi miembro se endureciera, lo cual estaba haciendo lentamente, cuando de pronto retrocedió. Su trasero golpeó justo en mi entrepierna. Agarré sus caderas por reflejo y gemí ante la sensación.

—¡Magnus! —chilló Alec y se incorporó rápidamente, casi golpeándome en la cara. Parpadeé y apreté mi agarre en el dobladillo de sus pantalones. Mi respiración era fuerte y me incliné sobre él, olfateando su cabello. Cerré mis ojos. Olía tan bien, como una agradable brisa de verano. Su cabello era suave, cosquilleante y me tocaba ligeramente el rostro. Dejé que mis manos descendieran ligeramente por el borde, sintiendo la suavidad de su piel. Lo sentí estremecerse—. Magnus… —dijo y yo sabía que estaba sonrojado—. ¿Qué estás haciendo?

Deslicé mis manos todo el camino hacia su frente y descendí mis dedos, sintiendo el dobladillo de su ropa interior contra ellos. Incliné la cabeza a un lado y besé su cuello. Podía sentir su pulso contra mis labios, despertando cada nervio de mi cuerpo. Dejé que mis labios rozaran su cuello de nuevo y succioné lentamente. Lo escuché gemir y su cuerpo se inclinó sobre el mío. Chupé con más fuerzas y sentí como agarró mi mano derecha.

—Auch, Magnus —dijo—. Espera…

Su voz se volvió un susurro y no pude evitar dejar que mi lengua lamiera la piel entre mis labios. Succioné aún más fuerte, sintiendo su cuerpo temblar mucho más, sabiendo que ese parte de su piel se estaba volviendo sensible. Podía lentamente saborear la sangre, pero no podía parar. Quería más. Necesitaba más. Deslicé mi mano izquierda bajo su camisa. Su estómago era duro y pude sentir los músculos contra mis dedos. Era tan hermoso. Cerré los ojos, solo percibiéndolo y escuchándolo. Su voz era baja y gemía bellamente. Sentí que mi mano subía, captando la forma de su cuerpo. Era delgado alrededor de su torso, pero fuerte. Toqué cada trozo de su piel, contando seis músculos diferentes. Gemí contra su cuello, tratando de imaginarlo desnudo frente a mí. El chico tenía el abdomen jodidamente marcado. ¿Cómo demonios lo obtuvo? Estaba justo debajo de su pecho cuando sentí su cabeza caer en mi hombro. Su respiración era agitada y apretó su agarre en mi mano.

—Por favor… espera —susurró y abrí los ojos—. Detente…

Parpadeé y dejé de succionar, extrañando la sensación de su piel. Miré hacia abajo, viendo marcas de dientes en su cuello. Estaba rojo y se veían pequeñas pintas de sangre en diferentes lugares. Puede que me haya sobrepasado. Deslicé mi mano fuera de su camisa y agarré la suya.

—Alec, lo siento —me disculpé y di un paso atrás, sintiendo su cabeza dejar mi hombro. Se dio vuelta y me miró con un sonrojo en las mejillas. Era tan adorable y no pude evitar sonreír. Deslizó su mano hasta su cuello y palpó lo que luego se convertiría en un gran chupetón.

—No te disculpes —dijo mirándome. Sus ojos azules brillaban y por un momento vi un destello de lujuria en esa mirada avergonzada.

—Sí, realmente debería… —suspiré—. Debería haberme detenido la primera vez que me dijiste.

Simplemente no pude.

Alec frunció el ceño y dio un paso adelante, deteniéndose cuando vio que retrocedí.

—¿Por qué no lo hiciste? —preguntó. Sus ojos parecían acuosos y lucían como el océano en mi sueño. Como el agua de la playa que mi madre solía llevarme. No pude evitar tragar al verlo. Parecía herido e inocente. Quería acercarme y tocarlo, pero tenía miedo de no ser capaz de alejar mi mano. Cerré los ojos y respiré profundamente—. ¿Magnus? —lo escuché decir sentí cómo se acercaba. Mantuve los ojos cerrados y sentí su mano en mi hombro—. Magnus, ¿estás bien?

Tropecé hacia atrás y sentí que me ardían las mejillas. ¿Estaba sonrojado? Dios mío, llevé mis manos hasta mis mejillas. Realmente estoy sonrojado.

—¿Por qué me estás evitando? —dijo con voz firme y finalmente lo miré.

—No estoy evitándote —repuse y dejé caer mis manos—. No eres tú, soy yo.

Sentí que mis pantalones se volvían anormalmente más apretados.

—¿Qué quieres decir? —parecía totalmente despistado. Llevé mis manos a mi entrepierna y las entrelacé lentamente.

—Bueno, si quieres saberlo —dije—, estoy algo excitado.

Alec arrugó su frente y me miró cómo si lo que estuviera diciendo fuera en chino.

—¿Qué quieres decir con eso?

Me quedé boquiabierto y parpadeé sorprendido.

—¿En serio? —no pude evitar reírme un poco—. Nadie es tan inocente.

Lentamente, Alec dejó que sus ojos se iluminaran y lo vi sonrojarse cuando vio mis manos sobre mi entrepierna.

—Oh… —dijo y me miró—. Excitado. ¿Por qué?

Su voz sonaba nerviosa y miró hacia debajo de nuevo.

—Por tu culpa, cariño —me reí—. Besarte y tocarte, quiero decir, no pude evitar ponerme un poco duro y debo decir que gimes maravillosamente.

Alec se sonrojó aún más y alzó la mirada.

—Yo… gracias, supongo —sonrió vacilante.

Negué con la cabeza y sonreí.

—¿Por qué suenas tan sorprendido?

Alec se encogió de hombros y tocó el dobladillo de su camisa.

—Es solo que nunca antes me había pasado algo así —miró hacia abajo otra vez—. Nunca antes había tenido a nadie mirándome, deseándome y especialmente excitándose por mí. Esto es muy extraño.

Soltó una risita como un pequeño colegial. Di un paso hacia adelante y le toqué las muñecas, deteniendo su inquietud.

—Verás, no entiendo eso —toqué sus nudillos lentamente—, quiero decir, solo mírate. Eres increíblemente hermoso e incluso… —me incliné y dejé que mis labios se rozaran contra su oído—… sexy —los ojos de Alec se abrieron como platos, pero no me apartó—. Eres la persona más sexy que he conocido. Eres tan dulce e inocente, eso es tan malditamente ardiente —susurré, escuchándolo tragar saliva—. No tienes idea de lo guapo que eres y lo que me haces. Nunca he deseado tanto a una persona, es realmente doloroso. Te deseo, Alexander. ¿También me deseas?

Sentí que me excitaba con cada palabra que decía. Bajé la mirada viendo que el bulto se hacía más grande y más duro. Mordí mi labio inferior, porque el dolor era soportable. Sentí la mejilla de Alec contra la mía. Casi podía sentir su lástima y realmente no necesitaba compasión en este momento.

—Yo… —su voz salió en un susurro tembloroso—. Yo...

Sentí sus dedos tocar los míos, enviando escalofríos por mi espalda. Este chico será mi perdición. Tomé una respiración profunda y exhalé.

—¡Alec! —una voz gritó desde atrás—¡Alec! —no quería apartarme. Alec era tan cálido y suave. Sus dedos nunca dejaron los míos y su mejilla permaneció junto a la mía. Realmente era cálido y sentí que mi cuerpo se calentaba más. No era exactamente lo que necesitaba—. ¡Alec! —la voz se acercó y antes de que me diera cuenta, me apartó. Se sonrojó aún más y miró hacia atrás. Lentamente volteé la cabeza y vi a un chico rubio subiendo las escaleras de la entrada—. Oye, papá te está buscando —se detuvo cuando me vio—. ¿Quién eres tú?

Levanté una ceja y lo miré más de cerca. Su cabello rubio estaba desordenado y sus ojos eran dorados y estrechos. Llevaba una camiseta verde oscuro con un chaleco negro encima. Sus pantalones eran negros y apretados, además usaba botas. Realmente se vería bien si no fuera por su postura arrogante. Y también, él no era realmente mi tipo, parecía un problema.

—Jace —dijo Alec y caminó hacia él, abrazándolo. Fruncí el ceño, viendo como sus brazos se apretaban entre sí. Debería que él pudiera abrazarme así, sin asustarse. Se desprendieron del abrazo del otro y Alec se giró para mirarme—. Magnus, este es mi hermano Jace —dijo con una gran sonrisa.

Fruncí el ceño y los miré a los dos, de Alec a Jace y viceversa. Alec era más alto y más esbelto que Jace. Jace era un poco más bajo y musculoso. Alec tenía cabello negro y ojos azules, mientras que el otro chico era todo dorado. No se parecían en nada.

—Sé lo que estás pensando —dijo Jace, atrayendo mi atención—. No nos parecemos y todo eso. Eso es porque soy el niño maravilla, nací bajo circunstancias especiales.

—Sí —sacudí mi cabeza—. No veo nada especial.

Jace me miró, como si fuera la primera vez que realmente me veía.

—¿Quién diablos eres tú de todos modos?

—Jace —dijo Alec y lo agarró por el hombro.

—Soy Magnus —sonreí—. Magnus Bane —Jace frunció el ceño y se rió un poco. ¿Qué es tan gracioso, chico maravilla?

—Tu nombre, eso es todo.

—Oh, sí —dije dando un paso adelante— y Jace es mucho mejor.

—Es la abreviatura de Jonathan —repuso—. Imbécil.

Levanté una ceja y comencé a reír.

—Te das cuenta de que acabas de llamarme un producto de higiene femenina (1) —sacudí la cabeza.

—¿Qué? —preguntó, luciendo confundido.

—Qué idiota —crucé los brazos. Vi a Alec mirarme, como si me suplicara que parara.

—¿A quién llamas idiota? —exclamó—. ¡Culeado! (2)

—¿En serio? —di un paso hacia él—. Dado que es cierto, en realidad no cuenta como un insulto.

Jace parpadeó, pero no lucía sorprendido.

—¿Quién es este tipo, Alec? —preguntó volviéndose hacia él. Miré a Alec, pero él no me miró, su mirada esta fija en el suelo.

—No es nadie, Jace —agarró su muñeca—. Solo vámonos.

Miré la mano de Alec tocando la de Jace y de alguna manera me sentí furioso y traicionado.

—Sí, así es —me enderecé—. No soy nadie.

Alec me miró sorprendido y parpadeó. Parecía herido, pero no dijo nada, así que supongo que no importó.

—Entonces, ¿quién eres? —preguntó Jace ignorando el intento de Alec de alejarse—. ¿Qué estás haciendo en la casa del señor Thomson?

—El señor Thomson es mi amigo especial —caminé hacia ambos y ellos retrocedieron—. Solo estoy cuidando de su casa mientras él no está. Debo decir que lo extraño mucho. Extraño su gran polla dentro de mí, empujando tan fuerte, llevándola hasta el fondo. Extraño su boca y su lengua alrededor de mi polla dura, chupando tan fuerte hasta que me vengo. Pero en este momento solo puedo usar al señor Grande, que es mi consolador rosa. Necesito algo dentro de mí y no me importa si es un juguete, siempre y cuando sea alguna cosa.

Sonreí y los vi a los dos mirándome como si estuviera loco.

—¿En serio? —bufó Jace—. Eso es asqueroso, el señor Thomson tiene como cuarenta años.

Sonreí con ironía y dejé que mi mirada se posara en Alec. Él me miró, con los ojos muy abiertos y parecía sin palabras.

—Me gustan los viejos y maduros —le dije—. Y al menos soy alguien para él —mantuve mis ojos en Alec, quien abrió la boca y parpadeó como si estuviera tratando de controlarse. Estaba a punto de decir algo, cuando cerré la puerta de un golpe en sus caras. Suspiré y miré hacia la puerta. Había actuado como un adolescente celoso e inmaduro—. ¡Mierda! —grité y pisé fuerte en el suelo con mi pie derecho. Llevé mis manos a mi cabeza y la sacudí. En serio, lo arruiné todo. Miré hacia abajo y vi que mi erección había desaparecido—. Justo lo que necesitaba. ¡Por lo menos pudiste haber estado de mi lado! —grité de nuevo mientras miraba a mi entrepierna—. ¿Qué diablos se supone que debo hacer ahora?

Lancé un suspiro y volví a mirar hacia la puerta. Fue como si acabara de romper con Alec, sin haber estado saliendo con él en primer lugar. Esas cosas que dije deben haber sido realmente dolorosas, diciendo que me gustaban los hombres viejos y maduros, lo cual no es cierto. Suspiré y apoyé mi espalda contra la puerta. Esto iba a necesitar alcohol, mucho alcohol. Y quizás más tarde pueda ir y decir que lo siento. Quizás.


(1) Jace le dice douche a Magnus, que, si bien puede significar 'imbécil', también se refiere a 'duchas vaginales'.

(2) No encontré una definición exacta para assfucker, pero la palabra 'culeado' parecía la más apropiada sin salirse del contexto, que significa vulgarmente que 'le dan por el culo'.


Notas finales: Ay Magnus :( ¿por qué haces sufrir a mi Alec?

¡No olviden de dejar comentarios! Y que pasen una hermosa Navidad junto con sus familias :)