El abuso a los niños les deja una sombra para toda la vida.

(Herbert Ward)

REMUS:

Estuvo agradecido de encontrar un lugar vacío casi tan pronto como entró al tren en la plataforma nueve y tres cuartos. Se había estado sintiendo caluroso y raro y mareado por los últimos días, y la hinchazón de la quemadura no había bajado, a pesar de la poción que Frank le había enviado. Le preocupaba tener que ir a la enfermería. Faltaban dos semanas para la luna llena, sería difícil convencer a Madame Pomfrey de que las quemaduras en forma de óvalo que le cubrían el cuerpo y los moretones venían de la transformación.

Se puso una mano en la quemadura por encima de la túnica. Le dolía cuando la tocaba, su cabeza se sentía pesada y la recostó contra el frío vidrio de la ventana. No había sido tan malo en su habitación, cuando estaba quieto. Moverse parecía haberlo empeorado.

Cuando el tren empezó a moverse, un par de alumnos de primero miraron por la puerta y les gruñó hasta que chillaron y se fueron. Controló al lobo y se recostó en su asiento. Era un largo viaje a Hogsmade. A pesar de que sus miradas asesinas de lobo le permitían quedarse solo, el movimiento del tren lo hacía sentir más enfermo, caluroso y mareado que nunca. Ni siquiera sacar su nuevo diario lo ayudó a distraerse, porque veía demasiado borroso como para enfocarse.

Parecieron días de tortura en vez de horas, hasta que el tren por fin llegó a la estación de Hogsmade. Salió, agradeciendo que los elfos domésticos se llevaran su baúl para no tener que arrastrarlo. Se sentó en el lugar más cercano, ignorando a la horrible criatura muerciélago-caballo que lo tiraba.

Levantó la vista para ver quién más estaba ahí y se quejó cuando se encontró con las incrédulas miradas de sus compañeros de habitación.

-¿Quién dijo que te podías sentar con nosotros, Loco? -Exigió saber Pettigrew.

Remus vio borrosamente como Potter codeaba al chico en las costillas e intercambiaba una mirada con Black que, recién ahora se daba cuenta, estaba sentado al lado suyo. Incapaz de enfrentar una discusión, suspiró y se levantó para buscar otro lugar. Dio un salto cuando sintió una mano en el brazo, deteniéndolo.

Siguió la borrosa línea del brazo hasta la cara de Black, y vio que sus ojos se agrandaban cuando lo miró.-

-Maldición, amigo, -le dijo, mirando a Remus en la poca luz del carruaje.- Pareces medio muerto.

Black le dio un tirón a su brazo y sus piernas no lo pudieron sostener. Cayó rápidamente en el asiento y le dio un escalofrío cuando una mano tocó su frente. Ahora sí que estaba mareado, y las caras de los demás se enfocaban y desenfocaban, como una foto mágica mal sacada. Le pareció que Black o Potter decía algo, pero no podía estar seguro porque sentía un zumbido en las orejas. Apenas notó el movimiento del carruaje, que hizo que se le revolviera el estómago, y la urgente conversación alrededor. Alguien trató de desajustar su túnica y Remus creyó haber tratado de morderle los dedos, pero no estaba seguro.

Entonces el movimiento paró y la puerta se abrió. Alguien le puso la mano bajo el brazo para tratar de ayudarlo a salir, pero tocaron una de sus quemaduras de plata y el dolor fue demasiado. Todo quedó negro.


Lentamente volvió a estar consciente. No tenía que abrir los ojos para saber que estaba en la enfermería. Su agudo sentido del olfato inmediatamente identificó el estéril olor de las sábanas limpias, el piso lavado y las pociones sanadoras.

Alguien, supuso que Madame Pomfrey, le había sacado la túnica y la camisa, y ahora le estaba pasando algo muy frío por la quemadura que tenía en la panza. El frío y el dolor lo tensaron, pero no hizo ruido ni abrió los ojos. La escuchó murmurar un hechizo y lentamente el caliente dolor que lo había estado atormentando por las últimas semanas empezó a calmarse. Incapaz de evitarlo, el alivio le dio un escalofrío.

-¿Señor Lupin? ¿Remus?

De mala gana, Remus abrió los ojos y miró a la borrosa imágen. Se dio cuenta de que no estaba en la habitación escondida en la que normalmente se quedaba después de sus transformaciones, sino en una de las camas en el área principal de la enfermería.-

-¿Quién te hizo esto? Sé que son quemaduras de plata.

Hasta con la mente medio dormida, sabía que no podía decirle la verdad. No lo entendería. No se daría cuenta de que su padre solamente lo lastimaba para evitar que se volviera el animal en el que el lobo amenazaba conn convertirlo. Su mente trabajaba rápidamente, tratando de pensar en una buena explicación.

-¿Remus? Dime, por favor. ¿Quién te hizo esto?

-Personas. De donde vivo. -Su voz sonaba muy rara. Ápera y seca, como la voz de un viejo, pero no exactamente, porque todavía no se había agravado.-

-¿Remus, quién?

-Personas que saben que soy un ho-hombre lobo. -Era raro cuanto le costaba decir eso en voz alta.-

-¿Gente grande? -Su voz era suave, pero Remus podía escuchar la rabia vengativa debajo. Por alguna razón, lo hizo sentir bien. Era la primera vez, desde la muerte de su madre, que podía recordar a alguien enojado en su defensa. Su padre generalmente se enojaba con él.-

-Sí. -No había necesidad de hacerla pensar que era débil.-

-¿Quién?

Remus cerró los ojos y no contestó.-

-¿Y tu padre? ¿Por qué no te ayudó?

-Lo escondí.

-¿Por qué?

-No quería que, que se preocupara. Pensé que iba a pre-preocuparse.

-¡Eso es ridículo! ¿Tienes idea de cuanto veneno salía de la infección? Si esos chicos no te hubieran traído, el daño podría haber sido permanente. ¿Cómo pudo tu padre no haberlo notado?

-Él n-no estaba. -Ahora sí estaba desesperado.-

-Ay, Remus. -Se acercó y suavemente le puso una mano en la frente, evitando que tratara de levantar su cabeza.- No estoy enojada contigo, cariño, pero esto es inhumano. Es abuso.

Hizo una mueca cuando escuchó la palabra.-

-Dime quién fue.

-¡No sé! ¡N-no sé! No les vi las caras.

Se quedó callada. Agarró un pote de crema y empezó a pasarla por las quemaduras más pequeñas.-

-¿Desde cuándo, Remus?

-¿Qué?

-¿Desde cuando te lastiman? No creas que no noto que algunas de esas quemaduras son viejas. Tendría que haberlo notado antes. No sé cómo no me di cuenta.

No le contestó. No podía pensar en una buena historia y se sentía mareado de nuevo.-

-¿Remus?

El blanco del techo estaba empezando a fusionarse con el gris de las paredes y Remus parpadeó mientras todo se oscurecía. Madame Pomfrey suspiró y él miró a su cuerpo mientras ella empezaba nuevamente a tocar la quemadura infectada. Se veía asquerosa. Obviamente la había abierto para vaciarla, y ahora parecía un cráter sangriento. Una de sus pinchaduras causó que una ola de dolor lo recorriera, subió por su pecho y bajó por sus muslos. Incapaz de evitarlo, dejó salir un ruidoso chillido de dolor, como el de un lobo. Tan pronto lo escuchó se quedó quieto, esperando el castigo.

-Lo siento, cariño, -susurró, obviamente pensando que se había quedado quieto por el dolor y no por el miedo.- Sé que te duele, pero tengo que revisar que esté limpia. Creo que vas a tener que quedarte unos días.

-Pero la ceremonia...

-Hace rato que se terminó. Estuviste inconsciente por un tiempo, señor Lupin. Black y Potter tuvieron que arrastrarte hasta aquí, con Pettigrew abriendo las puertas.

No sabía que pensar. Recordaba que Pettigrew le había dicho Loco, y la mano de Black en su brazo.-

-Bebe esto.

Obedientemente abrió la boca y Madame Pomfrey le dio lo que reconoció como poción para el dolor. Eventualmente las paredes se volvieron a poner borrosas y se quedó dormido.


Se volvió a despertar con alguien mirándolo. Un año de haber compartido habitación inmediatamente lo dejó identificar quién era por el olor, una mezcla de tela de buena calidad, cítricos de un caro champú y el olor azul grisáseo de una tormenta acercándose que era, seguramente, del propio Black.

Remus se quejó, se movió y abrió los ojos, dirigiendo su cara en dirección del olor. Black estaba parado con las manos en los bolsillos y una expresión inusualmente violenta en la atractiva y aristocrática cara. La falta de la común sonrisa traviesa lo hacía ver más adulto, por alguna razón.

Remus alejó su mirada de los ojos grises y la dirigió a su pecho, chequeando que Madame Pomfrey lo hubiera vestido para que sus heridas y cicatrices estuvieran cubiertas.-

-Está bien, no las veo, -Le dijo Black monótonamente.-

-¿Qué? -Mantuvo su voz tan vacía y no amable como fuera posible. Casi no era una pregunta.-

-Tus cicatrices, -le contestó, aparentemente no lo afectaba.- No las veo. Pero sé que están ahí. Casi me arrancaste los dedos cuando traté de aflojarte la túnica para que pudieras respirar mejor.

No tenía idea de cómo reaccionar en esa situación. Era incómoda pero al mismo tiempo extrañamente atractiva. Estaba teniendo una conversación civilizada con una persona de su edad y todavía no se había usado la palabra "loco" ni una sola vez.- No sé a qué te refieres con ci-cicatrices.

-Claro que lo sabes.

Antes de poder reaccionar, dopado con las pociones para el dolor y dormir, Black estiró la mano y le levantó la manga, revelando su brazo. La tela presionó una de sus quemaduras y lo hizo quejarse del dolor. Alejó su brazo del agarre de Black y se bajó la manga, manteniendo su brazo defensivamente contra su pecho.-

-Perdón. -Por primera vez, le pareció que Black podía estar siendo sincero con su disculpa.- No te quise hacer doler. Pero sé de las cicatrices. ¿Qué dice Madame Pomfrey? ¿Sabe quién te las hace?

-No sé a qué te refieres, -le dijo, encogiéndose más en una pelotita. Todos sus sentimientos buenos habían desaparecido y sólo quería que Black se fuera.-

-¿Sabe que es tu papá el que te lastima?

Si hubiera usado la palabra "abuso", podría haberlo negado completamente, pero incluso sabiendo que era por su propio bien, su padre sí lo estaba lastimando.- Ni sabes nada de mi padre, -le dijo enojado.- Solamente quiere lo mejor para mí. ¡Ahora vete y déjame solo!

-Sé que lo vi apretar algo contra tu brazo en la estación. Y sé que te dolió lo suficiente como para que te mordieras el labio y te lastimaras.

Se sintió como si le hubieran pegado en el estómago.- ¡Estás equivocado! -Le gritó, con la voz áspera.- ¡Estás equivocado! -El miedo le había dado la fuerza para sentarse, sus dedos se curvaron como garras y sus labios se alejaron de sus dientes. Black retrocedió un paso, luciendo asustado.-

-¡VETE!

Black salió rápidamente, en el momento en que Madame Pomfrey salió de la oficina. Remus se volvió a acostar, cansado.


2 de Septiembre

Querida Minerva,

Necesito hablarte sobre Remus Lupin. Me temo que alguien en su casa abusa de él. Algunas cosas que hizo en el pasado me hicieron sospechar de su padre, pero lo niega y dice que son "adultos que saben que es un hombre lobo". Estoy muy preocupada por su salud, mental y física. Por favor, pasa por la enfermería lo más pronto que puedas para que discutamos como tratar el asunto.

Poppy

Hola! Bueno, como siempre, muchas gracias por los reviews, favoritos y alertas.

Y para asdfghjkl: ya no falta mucho xD Gracias por el review.

Nos vemos! :)