—Capítulo 14—
Come Back Home

Al día siguiente estábamos delante de la Tardis. A la despedida acudió Harry Potter y Ginny Weasley; los Baudelaire y los Quagmire; Albus Dumbledore y Hagrid; las autoridades como la Reina, la Primera Ministra, el Home Office y el Jefe de Scotland Yard —que el pobre estaba como una momia tras el accidente, pero afortunadamente sobrevivió—. Me llevaba como trofeo mi Escoba Voladora. La despedida fue muy emotiva, nos abrazamos mucho y lloramos. No había puesto un pie en la Tardis y ya los añoraba a todos. Me va a costar rayos marcharme. Al final el Doctor me pasó su brazo por la espalda y me dijo que ya debíamos de marchar. Se me cayeron las lágrimas y no pude evitar de escaparme unos segundos para abrazarlos a todos. Salí con las lágrimas en las mejillas y les saludé con la mano. Entonces entré y se cerró la puerta.

El viaje fue muy movidito, pero muy emocionante. Mi pecho estaba a punto de estallar. Pronto iba a volver a mis padres y a mis amigos. Parecía que había estado una eternidad fuera, cuando en realidad solo fueron unos días. Pero creo que nunca había vivido tan intensamente como durante esos días. Podría decir que esos días había vivido más vidas que en todo el tiempo que tengo uso de conciencia. Es increíble como nos aferramos a los recuerdos de aquellas cosas que nos han llenado tanto. La Tardis apareció justo dentro de mi cuarto, justo unos minutos después de que hubiésemos marchado. La despedida del Doctor fue igual de dura, pero al menos conseguí una promesa de él que me iría visitando de tanto en tanto.

Ha pasado unos días, y me encuentro en el porche de mi casa esperando que el Doctor vuelva a aparecer de la nada. Recórcholis, no paro de recordar el día que lo encontré merodeando fuera de mi casa con el destornillador sónico. Entonces empecé a perseguirlo por las calles. Me recorre un aroma familiar y me viene una corazonada que pronto regresará… Y entonces empezó a escucharse una sirena que ya conocía…