ALASTOROJOLOCO MOODY:

Hara conoció a Moody pocas semanas después de iniciar el primer curso de sus estudios superiores. Estos se impartían en el mismo Ministerio de Magia, en una zona del edificio apartada de los espacios para oficinas, y los profesores eran antiguos aurores ya retirados, pero con amplios conocimientos y experiencia en el tema. Muy pocos eran los estudiantes que conseguían acceder a esta especialización y cuando se graduaban, ingresaban directamente en el Departamento de Aurores del Ministerio de Magia.

Ojoloco fue a buscarla a la salida de una de sus clases y la llevó a su despacho. Hara conocía su fama como auror, pero nunca lo había visto en persona. Le sorprendió su evidente deterioro físico, aunque aún no había alcanzado el que tuvo en su vejez. Para ella, aquel interés por su parte era algo totalmente inesperado, puesto que no la conocía de nada, y estaba impaciente por saber lo que quería de ella.

Una vez en su despacho, Moody le indicó a Hara que se sentara y sin mediar palabra, le extendió un pergamino. Se trataba de una carta de recomendación en la que el remitente rogaba encarecidamente a Moody que tomara bajo su tutoría a Hara Eslitere y acelerara su preparación como auror, sobre todo en los temas de las Transformaciones, los duelos, la Legeremancia y la Oclumancia. Y lo firmaba Albus Dumbledore, director de Hogwarts. Ella se quedó petrificada y miró a Moody buscando una explicación.

- He decidido aceptar, porque me lo pide Albus –le dijo-. Te advierto que no soy un profesor complaciente, y que te exigiré el cien por cien de tus posibilidades. En realidad, ni siquiera soy profesor, así que espero que no nos defraudes ni a tu mentor, ni a mí. Te esperaré en mi despacho dos días por semana al finalizar tus clases, y te iré informando de los días que tenga disponibles, en función de mis obligaciones. Eso es todo Eslitere. Puedes irte.

Hara apenas pudo balbucear algo parecido a un "Gracias" y salió de aquel despacho tropezando con la silla en la que había estado sentada.

Las clases con Moody resultaron ser extraordinarias. El auror le enseñó todo lo que sabía sobre los duelos contra enemigos oscuros, los hechizos y maldiciones más potentes y eficaces, y cómo analizar los indicios.

A Hara le gustaban especialmente las clases de duelo, y empezó a desarrollar su propio estilo de combate. Lo basaba en el movimiento continuo, de manera que el enemigo tuviera pocas probabilidades de dar en el blanco. Este sistema requería un exhaustivo entrenamiento físico y mental.

Moody le enseñó la importancia de tener controlados todos los ángulos de cualquier tipo de espacio durante el tiempo que durase el enfrentamiento. En los enfrentamientos al aire libre se utilizaban otras técnicas, porque el campo de acción era prácticamente incontrolable. En estos casos existían dos posibles soluciones: o bien obligar al oponente a entrar en un espacio cerrado, o bien hacer lo posible por finalizar el duelo cuanto antes.

Mantener la cabeza fría y controlar el miedo y la rabia, constituían las dos reglas de oro para cualquier duelista. Sólo así era posible realizar el correcto análisis de la situación, y la elección de la estrategia más adecuada en cada caso.

La Legeremancia y la Oclumancia ocupaban también una parte importante de su preparación.

Al principio, las clases de Oclumancia fueron muy duras para Hara, e incluso, un tanto comprometidas. Moody conseguía entrar siempre en su mente y, en alguna ocasión, llegó a acceder a recuerdos pertenecientes a su vida privada con Severus. Pero el auror no se alteraba nunca por esas cosas. Se limitaba a disculparse, y lo utilizaba como incentivo. Si Hara no quería que él accediera a sus recuerdos, tenía que aprender a cerrar su mente lo antes posible. El truco dio resultado, y Hara avanzó en la Ciencia de la Oclumancia con una rapidez pasmosa.

Dominar la Legeremancia fue algo bastante más complejo. Moody era un experto en Oclumancia, y a Hara le costó bastante tiempo acceder a la mente de su profesor. Y aún cuando lo conseguía, Moody podía llegar a ocultarle los recuerdos a los que no quería que ella accediese.

Finalmente, Moody decidió que había llegado el momento de entrenarla como animaga. Las clases que McGonagall le había impartido a Hara durante años, fueron extremadamente útiles para aquella parte de su formación.

Aunque las clases con Moody tenían un carácter algo distinto. La técnica consistía en vaciar la mente y concentrar todas las energías en los instintos más básicos y menos racionales, dejando que se adueñaran de ella. Lo demás, le decía Moody, venía por si solo cuando se lograba alcanzar el nivel idóneo de magia.

Para Hara aquello no era del todo desconocido. Se había convertido en ave-veela varias veces, con McGonagall, y aquellas experiencias le ayudaron a asimilar con rapidez la técnica mágica para convertirse en animaga. Moody le advirtió que no podía preverse en qué animal se convertiría ahora, así que los primeros intentos serían los más difíciles de todos. Después, el animago podía concentrarse en su animal y el proceso se simplificaba un poco.

Lo intentaron durante ocho meses, hasta que una tarde Hara sintió que no solo su mente se transformaba, sino que su cuerpo la obedecía. El cambio físico que se empezó a producir resultó ser bastante doloroso, lo que nunca le había ocurrido con sus transformaciones en veela ni en ave.

Sintió como sus huesos menguaban, como sus músculos se estiraban, al igual que su piel, y como sensaciones completamente desconocidas para ella, empezaban a invadir su cerebro. No tenía conciencia alguna de quién era, pero ya no era Hara Eslitere.

Sintió hambre y tuvo la certeza de que debía alimentarse para sobrevivir. Entonces se dio cuenta de la presencia de Moody. Se incorporó sobre la parte trasera de su cuerpo y se dispuso a atacar. En ese momento, unos sonidos que no supo reconocer surgieron de la garganta de Ojoloco y, desde su varita, un rayo azul la atravesó de parte a parte. Sintió de nuevo aquel dolor intenso y, cuando menguó, comprobó que sus manos volvían a ser humanas.

Se sentía agotada, y estaba tirada en el suelo. Apenas podía recordar vagas imágenes inconexas de lo que había ocurrido.

Miró a Moody.

- ¿Y bien? –preguntó expectante.

Ojoloco abrió muchos los ojos cuando la oyó pronunciar aquellas palabras. Su semblante era extremadamente grave, y apretó los labios con fuerza.

- ¿También hablas en parsel? –preguntó el auror fríamente.

Hara lo miró atónita.

- ¿De qué estás hablando? –preguntó completamente perdida.

- Supongo que es lógico –murmuró Ojoloco sin hacer caso a su pregunta.

- ¿Qué es eso tan lógico¿En qué me he convertido, Moody? –volvió a preguntar ella impaciente.

- ¿Aún no lo has adivinado Eslitere? Vamos, piensa un poco.

- Oye, no me encuentro en condiciones de jugar a las adivinanzas –dijo ella incorporándose-, me duele todo el cuerpo y estoy agotada por el esfuerzo. ¿Me lo vas a decir o no?

Ojoloco fijó su mirada en ella.

- Te has convertido en serpiente, Hara. Y has hablado en parsel.

Para Hara, aquellas palabras surgieron el mismo efecto que si Moody la hubiese golpeado con un mazo en la cabeza. Solo conocía a un mago que se transformara en serpiente y que hablara en parsel: Lord Voldemort. Aquella coincidencia la desconcertó completamente, y un dolor sordo se instaló en su estómago.

OjolocoMoody no apartaba su mirada de ella. Hara sintió que estaba perdiendo su confianza por momentos. Lo podía leer en sus ojos. Finalmente, él se movió y cogió una copa con un líquido amarillento.

- Necesitas los instintos animales para conseguir la transformación –le dijo con frialdad-, pero no debes permitir que dominen tu mente. Nunca abandones tu raciocinio.

Dicho esto, extendió el brazo y le alcanzó la copa.

- Bébetelo, te ayudará a recuperar tus energías –dijo, y se dispuso a salir, pero en el último momento rectificó y se volvió- Y no olvides registrarte en el Ministerio.

Alastor Moody cerró la puerta tras de sí cuando salió de la estancia. Ni siquiera la miró.