Disclaimers: Los personajes de Harry Potter pertenece a J.K. Rowling y a los que han comprado parte de los derechos de autor, lo cual NO es mi caso, y sólo los utilizo sin intención de lucro alguno, la trama me pertenece, salvo los personajes, como ya se ha mencionado anteriormente.
Viñeta 14: Desconsolada.
Esperé lo suficiente en el aeropuerto pero nunca apareció, observé mi celular pero sólo tenía llamadas de Edward, así que las borré, mientras menos evidencia de mi insubordinación, mejor.
Pasé la tarde dando un paseo, él no había hablado a mi celular, me detuve en seco y corrí tan rápido como pude, si hablaba lo haría en casa de mis padres, o iría por mí.
Me recargué agitada esperando a que alguien abriera la puerta, tenía la esperanza de que no hubiese marcado.
—Hola –saludé a James que abrió la puerta.
—Llegaste –me guiñó un ojo y golpeó la espalda de Ted.
—Despertó ¿quieres hablar con ella? –Aguardó un momento y rodó los ojos –claro –me extendió el teléfono –idiota –masculló.
—Cariño –mi voz sonó emocionada y feliz.
—Llegaré en tres días, estos hijos de puta ni siquiera me avisaron –gruñó enfurecido al otro lado de la línea.
—Te extraño mucho –observé a Ted, que me veía atentamente –te necesito conmigo todo el tiempo, amor.
—Me gusta escuchar eso –admitió él –pasaremos mucho tiempo en la cama solo llegue, te lo prometo ¿están tus padres en casa?
—No lo sé, desperté hace poco y no sé quién esté o no.
—Ya veo –su voz sonó extraña, Teddy negó y sonrió –te veré en casa.
— ¿Quieres algo en especial cuando llegues?
—Te quiero a ti en casa –colgó.
—También te amo –le hablé a la nada –jamás he amado a alguien como te amo a ti, no lo olvides, y jamás lo haré, adiós.
James avanzó hasta Ted y ambos me miraron, James sonrió divertido.
—Ted le dijo que estabas durmiendo en la cama con mamá, aprovechando que papá estaba en su oficina.
— ¿Y? –fingí indiferencia, todo en mí se congeló, pero mostré la misma sonrisa linda y cálida.
—Espero que no lo enfade –soltó Ted.
—Si se enfada, le diré que me salí del cuarto de mis padres, porque le extraño tanto, que tuve que tocarme a mí misma –bajé el tono cerca de Teddy, James puso cara de asco –le encanta verme mientras me tocó a mí misma –no mentía –pensar en él mientras yo misma me provoco el clímax –me mordí el labio –superará el enojo ante la imagen en su cabeza –le guiñé un ojo y me alejé.
No sabía que tanto había jodido mis posibilidades, sin duda estaría furioso y por mucho que le calentara la idea de yo misma manoseándome esa mentira no la perdonaría, porque la había dicho Teddy.
El cabello de Teddy me hacía cosquillas en el cuello, gemí alcanzando el cielo del clímax, había planeado todo para dejar de extrañar tenerlo dentro de mí.
—Golpéame –pedí gimiendo, él se detuvo abruptamente.
Los ojos tranquilos de Edward me miraban incrédulos, como si le hubiese pedido algo impensable, se alejó por completo, pero es que tenía que tener un antecedente de eso.
—Golpéame –tomé su mano y la coloque en mis piernas –sujeta mis muslos violentamente –pedí.
—Estás loca –soltó poniéndose de pie.
—Me gusta que lo haga –informe –me excita más que lo haga.
—Bien, que lo haga él, porque yo no lo haré.
Me dejó sobre la cama desnuda, mientras él arrojaba el condón sin usar al retrete y se vestía, no podía creer que para él fuera impensable el golpearme, era divertido, si lo pensaba bien.
Bajé un poco desalineada, Albus fue el que lo percató, no hacía mucho que Ted había bajado enfadado y salido de casa, no dijo nada, volvió su vista a sus asuntos, eran cerca de las ocho de la noche, pronto estaría la cena.
—Muero de hambre –me quejé y me senté abrazando mis piernas y observando a la puerta, esperando porque Ted volviera.
—No tardará en estar –contestó James sin mirarme, mientras hacía cuentas y más cuentas.
Suspiré al ver a mis hermanos, se habían superado, habían terminado la carrera, ahora tenían una fuente de ingresos estables y tiempo para vivir sus vidas, relaciones esporádicas por el momento, pero su vida era bastante buena, en cambio yo, a los quince dejé la escuela y a los quince y medio me fui a vivir con él, mi vida ha sido una tortura desde que puse un pie en esa casa.
—Perdón la tardanza –se disculpó Ted, ni siquiera me miró.
—No te preocupes, todo está bien, cariño –sonrió mi madre y le sirvió la cena.
La charla entre todos los miembros de mi familia fue tranquila, divertida, pero yo sólo podía pensar en lo que había hecho, esa simple petición había arruinado lo mejor que me había pasado desde hacía diez años.
—Lily –me llamó mi madre –cariño.
Todos se observaron entre sí para dedicarme una mirada completamente extrañada, fui hasta la habitación y arrojé todas mis cosas dentro de la pequeña maleta.
—Lily cariño –me giré y le sonreí a mi padre.
—Lo siento, es que tengo sueño y si no aprovecho ahora no podré dormir –lo abracé.
—Tienes razón, pero no has comido nada –me reprendió.
—A veces el sueño es mayor que el hambre –bostecé fingiendo mejor.
—Descansa, dejaremos algo por si te da hambre en la madrugada.
—Gracias papá.
El ambiente se volvió tranquilo cerca de las dos de la mañana, salí de la casa de mis padres peor que una ladrona, pero no quería dar explicaciones, tenía que dejar que la relación inexistente entre Ted y yo se muriera antes de comenzar; y no es que él me preocupara, por el contrario, tenía en claro que la única que se enamoraría aún más de lo que ya lo estaba sería yo, y mejor ahora que después, cuando ya fuera demasiado tarde para volver.
Me recosté en esa cama que sólo me traía malos recuerdos, pero en la que permanecería hasta que llegara a vieja, o hasta que él no pudiese controlarse lo suficiente y me matara a golpes, ojalá lo hiciera pronto, ojalá me matara el día que regresara, ya no quería seguir con eso, no más, suspiré y lloré desconsolada.
