Los machos alfa: Malfoy v/s Malfoy

Hermione observó a sus hijos totalmente desconcertada. ¿Cómo lo sabían? Estaba segura que nadie les había revelado la existencia de Draco sin su consentimiento. ¿Acaso era cierto que lo estaban buscando desde hace tiempo? ¿Pero cómo supieron su nombre? Este día se estaba transformando en un verdadero infierno de acusaciones y explicaciones que no sabía si estaba en condiciones de afrontar. Su mirada se fijó en Draco y éste se la devolvió tan desconcertado como ella. Era obvio que era algo que tampoco se esperaba. Lo vio acercarse lentamente y situarse frente a los niños, sentarse a medias en el brazo del sillón para quedar más menos a su altura y que no tuvieran que forzar el cuello para mirarlo.

Para Draco no pasó por el alto el reto en la mirada gris de Scorpius, su posición rígida era la misma que presenció la mañana de hoy en su desastroso encuentro. Dejó de recostarse en la pierna de su madre y cuadró los hombros en lo que calculó su casi metro veinte de estatura. A pesar de sus escasos seis años era bastante alto para su edad; su cabello platino era exactamente del mismo color que el suyo y se veía lacio y sedoso, pasando levemente las cejas por el frente y tapando parte del cuello por atrás; su piel suave y blanca no tenía imperfecciones, salvo por el maldito cardenal azul verdoso que abarcaba su ojo y pómulo izquierdo. Estaba sorprendido de lo similares que eran físicamente a la misma edad y algo le decía que sus similitudes no se quedaban ahí. Su mirada cambió a Antares y su dulce rostro lo llenó de calidez y emoción. ¡Era tan hermosa, tan delicada! Toda una princesa, SU princesa. En ella los rasgos Malfoy eran tan marcados como en Scorpius pero con imperceptibles diferencias: su cabello platino tenía algunos mechones un poco más oscuros similares a vetas doradas cayendo en suaves y bien definidos rizos hasta más de la mitad de su espalda, sus ojos grises eran iguales a los de su hermano aunque sus labios eran levemente más llenos, como los de su madre; su piel parecía porcelana y era al menos 7 centímetros más baja que Scorpius. Se detuvo en sus movimientos nerviosos y en cómo se mordía sus rosados labios tornándolos rojos, dejando marcas de sus pequeños y perfectos dientes blancos en su labio inferior. Miró ahora a Granger instándola a decir algo y ella pareció salir de sus tormentosos pensamientos y aclararse la garganta.

-Sí Scorpius- confirmó dándole firmeza a su voz- él es su padre, Draco Malfoy.

-¿De verdad eres un príncipe?- susurró Antares mirándolo directamente con el asomo de una sonrisa, sus manos aferradas a la cadera de su madre.

Draco le sonrió abiertamente y bajó del sillón para acuclillarse frente a ella. Su mano picaba por acariciarla pero sintió que era demasiado pronto.

-En Hogwarts me llamaban así- respondió simplemente. La vio arrugar el ceño como procesando la información en un modo muy similar al de Granger.

-¿Entonces eras el príncipe sólo de tu casa?- él afirmó- en nuestra familia nadie ha ido a Slytherin- dijo pensativa.

-En nuestra familia hay muchos Slytherins- aclaró mientras su mano los incluía a ellos tres y ahora sí sus largos dedos viajaron hasta tocar sus suaves rizos. Eran tan sedosos como se veían. Dio gracias a Merlín que Antares no se retirara y su sonrisa se amplió cuando sus mejillas adquirieron un delicioso color rosa. Acomodó con ternura un largo bucle tras su pequeña oreja y luego volvió su mirada a Scorpius quien se mantenía inexpresivo en su lugar ¡demonios!

Hermione observaba la posición rígida de Scorpius y se preocupó por lo distante que se veía, no sólo con Draco sino también con ella. Acarició su hombro y el giró a mirarla, pero su expresión tampoco cambió. Decidió que era momento de continuar con la conversación y tomó a los niños de la mano para guiarlos al sillón en forma de L que se situaba junto al ventanal. Draco también se paró y tras esperar que todos estuvieran sentados se acomodó un sitial estilo Luis XV frente a ellos, no quería estar fuera de su marco de visión mientras la conversación se desarrollaba.

Hermione iba a comenzar a decir algo pero la voz de Scorpius la volvió a interrumpir.

-¿Por qué vienes ahora? En el aeropuerto fingiste no conocernos- bueno, esa sí era un ataque directo. ¿Todos los niños eran así de tajantes al momento de hablar o él tenía la suerte, o desgracia dependiendo el punto de vista, que sólo era rasgos de sus hijos? En este momento deseaba que al menos alguno de sus cercanos fuera padre o madre para tener una idea de cómo actuaban a esa edad.

-No sabía que eran mis hijos hasta que te vi aparecer hoy en la mañana- respondió sinceramente. Algo le decía que tratar de adornar las cosas con ellos no iba a funcionar y definitivamente no iba a insultar su inteligencia. Mal que mal y con todo en contra habían dado con él.

Scorpius giró la cabeza hacia su madre, interrogándola con la mirada para confirmar o rechazar lo que decía su padre.

-Es cierto- reconoció la castaña pasando una mano por los lacios y platinos cabellos de su hijo- él no sabía nada sobre ustedes.

-¿Por qué?- ahora fue la voz de Antares quién interrogó.

¡Merlín, ayúdame! Imploró Hermione. Sabía que los niños no lo hacían con maldad pero era difícil explicarle la situación sin que nadie saliera mal parado.

-Papá y yo éramos compañeros de colegio- comenzó a explicar- fue allí donde nos conocimos. Yo no supe que estaba embarazada hasta varios meses después que dejamos de vernos y decidí que lo mejor era criarlos sola- observó tres pares de ojos grises clavados en ella, pero sólo se concentró en los de sus pequeños.

-¿No se querían?- otra pregunta de Antares directamente al hueso, pensó Draco, sólo que esta vez su melodiosa voz tenía un atisbo de pena. Esto era más complicado de lo que había pensado y bajo ninguna circunstancia quería que sus hijos pensaran que sólo fueron producto de un buen sexo de una noche, aunque haya sido así. Antes revivía a la loca de Bellatrix a que ellos se sintieran no deseados.

-No fue eso- respondió con voz clara y firme, llamando la atención de la castaña- sólo que las cosas se confundieron y no pudimos reencontrarnos- su mirada se encontró con la agradecida de Granger, pero decidió ignorarla. No lo hacía por ella.

-El mundo mágico no es tan grande- reprochó Scorpius- nosotros te encontramos.

Ambos adultos se miraron preocupados e incomprensiblemente sus mentes parecieron comunicarse y decidir que lo importante era proteger los sentimientos de los niños.

-No nos movíamos en el mismo ambiente- explicó Hermione.

-Y yo pasaba parte de mi tiempo tratando de expandir mis empresas, por lo que no siempre me encontraba en el país o en el mundo mágico- bueno, eso no era una mentira, pensó tranquilo.

-¿Si nos quieres?- la pregunta de la niña impulsó al rubio mayor a ponerse de pie e inclinarse frente a ella. Al parecer, más que explicaciones era lo único que ella necesitaba saber. Y Draco no dudó en dar su respuesta.

-Cambiaría todo lo que tengo por haber estado con ustedes desde antes que nacieran- la sonrisa de la niña se amplió y los ojos de Hermione se cristalizaron- por supuesto que los quiero.

-¿Cómo puedes querernos si sólo sabes hoy que somos tus hijos? No nos conoces- masculló Scorpius y Draco se volteó a mirarlo; ¡por Morgana y Circe! Su pequeño no retrocedía un paso, al parecer había decidido no aceptarlo.

-Tú tampoco me conoces pero ya tienes una opinión sobre mí- contraatacó con firmeza, él tampoco iba a retroceder en su empeño por ganar su confianza- ¿me puedes decir por qué?

-Permitiste que la mujer que estaba contigo lastimara a Tari- le reprochó y Hermione recordó con rabia ese evento.

-Scor…- susurró su gemela tratando de llamar su atención, pero la ignoró y se giró hacia ella.

-Ella dejó marcas en tu brazo- dijo apuntando la extremidad derecha de su hermana- yo nunca permito que nadie te lastime.

Había tal coraje en su voz que Draco sintió culpa de no haber actuado más rápido esa mañana y volvió a maldecir a la bruja de Astoria. Fijó su vista en el brazo al que apuntaba Scorpius, cubierto por un coqueto chaleco de lana blanco invierno con diseños de flores. Con cautela sus dedos se dirigieron a la pequeña mano que desapareció entre las grandes y aristocráticas suyas para, con torpeza, subir la manga y allí vio las marcas rojas dibujadas en la blanca piel de su hija. Apretó tan fuerte las mandíbulas que pensó que las había luxado. Sacó su varita y a medida que la pasaba por la piel las marcas fueron desapareciendo. La permanencia e instrucción de su loca tía durante la guerra lo obligó a aprender a curarse solo; su madre no siempre estaba cerca para hacerlo y debió ser más autosuficiente. Cuando ya no hubo rastro de las huellas de Astoria sus dedos acariciaron su suave piel.

-¿Duele?- preguntó sabiendo que ya no era así y ella lo confirmó moviendo su cabeza enérgicamente en forma negativa, provocando que algunos de los rizos más cortos se estrellaran contra su mejilla por lo cerca que estaban. Aspiró el aroma de sus cabellos y una infantil esencia a fresas se filtró por sus fosas nasales. Se volteó hacia Scorpius e hizo ademán de acercarse para curar su ojo, pero él retrocedió chocando su cuerpo con el de Hermione para impedirlo.

-Scorpius no ha querido que le sane el ojo con magia- dijo la castaña.

-Sería raro estar normal tan pronto- dijo levantando los hombros restándole importancia- además, yo no quedé peor que mis compañeros- a pesar que su voz contenía reto Draco notó que se sentía orgulloso de su ojo morado y sonrió.

-Imagino que fue así a pesar que la pelea fue en desventaja- luego se acordó del tema "Astoria" y decidió enfrentarlo nuevamente- sobre la mujer de esta mañana la realidad es que tropecé con ella por casualidad y estaba tratando de evitarla cuando nos encontramos- explicó para dar por cortada cualquier idea que tuvieran de una posible relación con la bruja, eso era primordial para él y su instinto le gritaba que para ellos también- Scorpius, te juro que jamás, ¡jamás!- recalcó con énfasis- permitiría que alguien los lastime de alguna forma, su reacción me tomó por sorpresa igual que a ti- el niño lo observó y pareció meditar sus palabras.

Scorpius con molestia tuvo que darle la razón. Él también había llegado tarde a Tari cuando la mujer le apretó el brazo y su padre se había lanzando contra ella con rabia. Aún recordaba la furia en su voz cuando le gritó que la soltara y un escalofrío lo recorrió, era intimidante cuando estaba molesto.

-¿Es tu novia?- preguntó buscando alguna relación entre ellos que le permitiera mantener su ira. Él siempre cuidaba de su hermana y había sido zarandeada frente a sus ojos, más recordó con placer lo bien que se sintió al patear con toda su fuerza la espinilla de la rubia; tenía la certeza que ella también tenía las marcas de su zapatilla en sus piernas. Por otro lado estaba confundido ante la revelación que el rubio que tenía al frente no sabía que ellos eran sus hijos, volteó a mirar a su madre y su rabia también se volcó hacia ella, se sentía traicionado porque ahora sólo tenía más dudas, al menos antes era más fácil pensar que no los quería. Mas volvió su cabeza nuevamente a su padre cuando escuchó su voz grave.

-No Scorpius, no es mi novia.

-Pero te besó en los labios y te abrazó- apuntó Antares- sólo los esposos y los novios se besan en la boca.

Aunque en otra ocasión se habría reído de lo maduro y sabelotodo que sonó su comentario en su cantarina voz, nuevamente igual a su madre meditó, en ese momento era un problema. ¿Cómo hacerle entender a una niña de seis años que no había forma que la bruja comprendiera que aparte de haber compartido unos buenos polvos él no quería nada más con ella? Obviamente lo de los polvos era algo sobre lo que su pequeña no estaría en condiciones de oír hasta que tuviera 30 años si él podía evitarlo.

-Astoria- escuchó la voz de Granger romper el silencio- no es novia de su padre, sólo quiere serlo- lo miró a los ojos y él no desvió los suyos esperando sus próximas palabras- a algunos adultos les cuesta entender los razonamientos de otros cuando están demasiado imbuidos en sus propios sentimientos.

Draco captó el mensaje oculto tras las palabras pero lo ignoró. Este no era el momento de analizar su situación, sino de dejar claro a los niños su presencia y cómo la afectará en el futuro. Sin embargo, primero a resolver preguntas.

-¿Es como Francine Heise que siempre trata de besar a Scorpius y dice que es su novia en el colegio?- preguntó inocentemente Antares a su madre, provocando un fuerte rubor en las mejillas de su hermano y que Draco mantuviera un fuerte control para reprimir la sonrisa en sus labios; si la dejaba salir el niño se sentiría más avergonzado y aumentaría su molestia hacia él. Así que su pequeño ya era un galán en su escuela, pensó con orgullo.

-Ella no es mi novia Tari, te lo he dicho…

-Ella dice que es tu novia- lo interrumpió- y una vez te besó en la boca.

-No es cierto- rebatió el pequeño- yo me giré y me dio el beso en la mejilla… y además es fea, jamás la besaría- dijo poniendo cara de asco.

-Francine jaló el cabello a Grace Hartmann porque también dijo que era tu novia- volvió al ataque la pequeña que ya no se veía tan tímida discutiendo con su hermano. Draco los observaba fascinado, era la primera discordia que presenciaba entre ellos y lo encontró de lo más divertido; vio a Granger arrodillarse frente a ellos y rodar los ojos, al parecer este tipo de interacción se daba seguido.

-Niños- dijo Hermione tratando de poner fin a la discusión.

-Pues ella tampoco es mi novia- replicó Scorpius alzando la voz, se negaba a perder la discusión frente a su padre.

-¡Niños cálmense!- habló con firmeza la castaña, pero la batalla de miradas grises persistía, el primero que la desviara perdería.

-Pero ellas dicen que te han besado las dos…

-Pero no lo han hecho, ni loco dejaría que me besaran. Son feas y Grace Hartmann no se lava bien los dientes- argumentó el pequeño rubio.

-¡Niños, basta! No es la primera vez que discuten por lo mismo- bufó frustrada. ¡Eran tan tercos cuando iniciaban este tipo de discusiones!

-Retráctate- exigió Scorpius.

-Yo nunca dije que eran tus novias sino que ellas lo dicen- contraatacó Antares- discúlpate por gritarme.

-No te grité.

-Sí lo hiciste.

Draco se dio cuenta que esto se prolongaría más tiempo de continuar así y ninguno, al parecer, estaba dispuesto a ceder ¡Merlín, que genio se cargaban! Carraspeó para hacerse notar y dos pares de ojos grises y otros miel se fijaron en él.

-Antares, Scorpius está molesto porque se siente acosado por esas niñas- aclaró mirándola seriamente a los ojos- y se siente más molesto aún porque piensa que no entiendes que para él son un fastidio. Créeme que no es agradable que alguien que no te gusta trate de tocarte o besarte… más aún que lo logre- agregó. Volteó hacia Scorpius que se mostraba sorprendido que al fin alguien lo comprendiera ¡y como no hacerlo si estaba viviendo lo que él en el pasado y en la actualidad!- Scorpius, lo que ellas te hacen es algo relativamente similar a lo que me sucede con Astoria. Por eso te repito, no es mi novia.

-Lo siento Scor- se oyó la arrepentida voz de Antares ante la suave reprimenda de su padre y Hermione lo observó sorprendida por la forma de darle término a la discusión. Ella se lo había explicado una y otra vez con anterioridad, pero al parecer los simples argumentos de Draco fueron más efectivos.

-Lamento haberte gritado- susurró Scorpius a su vez.

Un prolongado silencio se hizo entre los cuatro, cada cual metido en sus propios pensamientos. Hermione pensando en si era prudente seguir revelando información el día de hoy o hacerlo a medida que los niños vayan preguntando. Notaba que Tari estaba contenta con la noticia y que Scorpius estaba reticente. Por su parte, Draco la había apoyado durante la conversación, cosa que no se esperaba.

En cuanto a Draco, quería que sus hijos de alguna manera aceptaran su presencia y los gestos de Tari le confirmaban que ella lo había estado esperando, lo había llamado príncipe y nunca, desde que lo habían nombrado así en el colegio, se sintió tan especial con el título. Por otro lado Scorpius era harina de otro costal, sentía que había ganado un punto con su apoyo en la discusión pero su relación era volátil, como estar caminando sobre el lago negro mientras el calamar gigante nadaba en la profundidad.

-¿Vas a casarte con mamá?- la pregunta de Antares interrumpió el curso de sus pensamientos y las miradas de los adultos se encontraron. Volvían a arenas movedizas y ambos sabían que su respuesta era muy importante para la niña.

-No lo hemos conversado- respondió honestamente Draco- no hace mucho que nos encontramos y han pasado muchas cosas…

-¿Tienes novia?- interrogó Scorpius.

-No.

-¿No quieres a mamá?- había tristeza en la voz de la pequeña y el corazón de Hermione se sentía apretado esperando la respuesta. Era consciente que para él todo estaba acabado y su recién descubierto amor sangraba por ello.

-Tu madre siempre será una mujer especial para mí porque los trajo a ustedes al mundo- respondió y esas palabras fueron la tierra que sepultaron las esperanzas de Hermione, si es que había sobrevivido alguna.

-Pero no la quieres- afirmó Scorpius.

Draco se sintió acorralado. En estos momentos sus sentimientos eran tan confusos que ni siquiera él sabía cómo se sentía respecto a la castaña, salvo la ira claro está. Antes no hubiera dudado en casarse con ella y que sus hijos estuvieran fuera de un matrimonio, pero ya hace siete años había sido rechazado sin siquiera tener la oportunidad de formular la pregunta, estaba seguro que la respuesta ahora sería otro portazo en la cara. Todo lo acontecido esta mañana estaba demasiado fresco y dudaba que pudiera perdonar que le negara seis años de preciosos momentos con ellos.

-Niños- habló la castaña- lo importante es que su padre quiere estar con ustedes y formar parte de su vida. De ahora en adelante las cosas cambiarán para todos y es mejor que entiendan que entre nosotros- precisó señalando al rubio mayor y a sí misma- salvo el infinito amor que sentimos por ustedes, no hay nada más que nos una- concluyó dándole firmeza a su voz. Entendía a Draco, pero se negaba a darles falsas esperanzas a sus hijos cuando tenía claro que todo lo que inició el viernes era algo terminado. Él había sido muy claro sobre ello.

Las palabras de la castaña le dolieron, no podía negarlo; fue como darle el golpe de gracia que inició al descubrir su engaño. Vio el rostro de Antares inclinarse para ocultar su tristeza y observó que el de Scorpius se mantuvo aparentemente indiferente, salvo por los puños fuertemente apretados. Era mejor salir de ese tema.

-Con su madre haremos las gestiones en el mundo mágico y en el muggle para que lo antes posible lleven mi apellido- habló con calma para que procesen sus palabras. Antares levantó el rostro enfocando sus ojos en él y Scorpius los entrecerró- no quiero que nadie ponga en duda que tienen un padre que los quiere y estará con ustedes de ahora en adelante.

-Yo puedo defenderlas- replicó reacio Scorpius y Draco se dio cuenta que estaba defendiendo su territorio, a sus mujeres. ¿Podría un padre sentirse más orgulloso de su valiente niño?

-Yo quiero ayudarte en ello, no es necesario que lo hagas solo- sugirió.

-¿Me llamaré Antares Malfoy?

Hermione percibió la emoción en su voz y nuevamente se percató en la necesidad que habían tenido de su padre. Ella siempre pensó que lo estaban llevando bien y que por el momento su ausencia no era tan relevante para ellos. ¡Qué ciega había estado! La tomó en sus brazos y la acomodó en su cadera.

-Sí Tari- respondió antes que el rubio- tu apellido ahora será Malfoy. Ahora serás Antares Malfoy Granger- no pudo evitar sonreír ante la felicidad de la pequeña.

-¿Escuchaste Scor?- le dijo emocionada a su gemelo- ahora te llamarás Scorpius Malfoy Granger ¿no te gusta?

-Scorpius Granger suena bien- dijo tercamente.

Draco suspiró y trató de no mostrar su molestia ante la actitud de Scorpius. Sabía que iba a ser difícil, que él era el intruso entre ellos pero eso no quitaba que la intransigencia del pequeño le doliera.

-Para mí es muy importante que lleven mi apellido- aclaró- es su derecho de nacimiento y además, sería extraño que Antares llevara el apellido Malfoy y tu no ¿no te parece?- aunque fuera un niño era lo suficientemente inteligente para digerir esa información.

-No te llamaré padre- lo retó y Hermione quedó asombrada por su actitud reactiva. Miró a Draco y notó que disimuló muy bien el golpe que le provocó esa declaración.

-No espero que lo hagas por el momento- respondió seguro- sólo tengo la esperanza que me des la oportunidad de ganarme ese derecho ¿puedes hacerlo? Por mientras puedes llamarme Draco, eso será suficiente por ahora para mí.

Scorpius le devolvió la mirada sin titubear. Él podía esperar el tiempo que quisiera, pero lo estaría vigilando de cerca y le cobraría cualquier daño a su hermana y madre. Ni afirmó ni negó la solicitud de su padre y Draco lo consideró como algo positivo, al menos no había rechazado verbalmente la petición.

-¿Yo si puedo llamarte papá?- preguntó Antares sacándolo de las tribulaciones que le produjo el comportamiento de Scorpius.

Carraspeó emocionado y se inclinó para cogerla por fin en sus brazos y envolverla en ellos como tanto había deseado. Hundió la cabeza en el hueco de su pequeño cuello e inhaló el exquisito aroma a fresas de su cabello; su cuerpecito se sentía diminuto y frágil mientras la sostenía, pero cuando sintió que le rodeaba el cuello y enredó sus manitas en su cabello fue él quien se sintió frágil ante tamaña muestra de amor y confianza. Por un momento sintió que se quebraba y no quiso abandonar el refugio que le daban los rizos platinos. No supo cuanto tiempo permaneció así hasta que se sintió en control de sus emociones. La separó un poco de sí y sus ojos se posaron en ese mar plata que eran tan similares a los suyos.

-Para mí es un honor ser tu padre Antares y nada me hace más feliz que me llames papá- depositó un beso en su frente y se sorprendió cuando ella le devolvió el gesto con un piquito directo en los labios. Sin duda ese era el beso más puro que había recibido jamás y atesoró el momento como el mejor regalo que había recibido en toda su vida. Cuando sus miradas volvieron a encontrarse ambos sonreían y Draco se juró que se encargaría que esa sonrisa se mantuviera para siempre en su pequeña.

Hermione miró hacia otro lado porque de pronto se sintió como una intrusa observando un momento tan íntimo. Jamás imaginó a Draco siendo un padre tierno sino más bien estricto, incluso autoritario… y este pensamiento no se basaba en un prejuicio directo hacia él, sino porque sabía que la crianza de los sangre pura de clase alta era del tipo distante, prácticamente criados por sus elfos domésticos, siempre bajo las normas y la diferenciación de estatus con el resto de la comunidad mágica. Sirius les había contado lo fácil que fue para él caer bajo el encanto de convivencia de los Potter justamente por la cercanía entre todos sus miembros; la calidez de familia no era algo que él ni Regulus disfrutaron en su tierna edad y menos aún a medida que fueron creciendo.

Antares se revolvió entre los brazos de Draco pidiendo que la bajara y tres pares de ojos la vieron desaparecer por el pasillo. Scorpius bufó intuyendo lo que fue a buscar su gemela y aprovechó de observar la alta figura de su padre, preguntándose si a medida que fuera creciendo seguiría tan parecido a él. Volvió a reparar en lo gigante que era. Por otro lado, cuando tomó a Tari en brazos fue cuidadoso y tierno, como si su hermana fuera algo delicado y aunque le molestara, debía reconocer que ella rió feliz. Le pareció extraño la sorpresa en su rostro cuando ella lo besó ¿acaso a él sus padres no lo besaban?, pero también le vino el recuerdo del centro comercial cuando le gritó a la mujer que lo acompañaba y al igual que anteriormente, un nuevo escalofrío lo recorrió. Sólo había visto esa furia una vez antes, de esa rabia que parece que va a matar a la gente sólo con la mirada y había sido en su madre, no recordaba por qué fue pero tenía que ver con ellos y una discusión con un padre de un compañero de colegio. Entendía el enojo de su madre porque sabía que ella los amaba, siempre se los decía como 100 veces al día ¿pero él? ¿Realmente podía amarlos como había dicho si recién los conocía? Como si alguien le hubiera dicho que lo observaba, su padre giró la cabeza y lo miró directamente a los ojos y sintió como si lo traspasara. Al parecer no estaba enojado con él y no supo cómo reaccionar a la sonrisa que se dibujó en su boca, sus manos comenzaron a sudar y movió sus pies nervioso aunque no apartó sus ojos. Suspiró con alivio cuando sintió nuevamente los pasos de su hermana llegando a la sala.

Draco sintió que estaba siendo sometido a una intensa medición por parte de alguien e intuitivamente supo que era Scorpius, por eso no dudó en girarse para que sus ojos se encontraran. También quería abrazarlo como hizo con Antares, anhelaba su aceptación y que lo llamara padre o papá, pero su postura seguía siendo soberbia y nuevamente debió aceptar que llevaría tiempo acercarse a él. No sabía si en lo terco se parecía más a Granger o a él, era algo que sólo el tiempo le diría aunque por primera vez deseó que la nobleza Gryffindor de justicia primara en su pequeño. Las suaves pisadas de Antares lo alertaron que venía de regreso y volteó a ver que se dirigía a él con un papel en su manita derecha. Respiraba rápido y sus mejillas estaban sonrojadas y por la ansiedad con la que sus ojos lo buscaron al parecer había temido que se hubiera marchado mientras no estaba en la sala. Le sonrió para tranquilizarla y se acuclilló esperando que llegara.

-Es para ti- habló recuperando el aliento mientras se acomodaba entre sus piernas y brazos- ¿te gusta?

Draco observó el dibujo infantil donde claramente aparecían ellos cuatro, él llevándola de la mano y Scorpius de la mano de Granger. Lo que llamó su atención es que en el dibujo no vestía ropa muggle, sino una capa gris como las que usaba en el mundo mágico. Se percató que su hija esperaba una respuesta a su regalo y se aclaró la garganta.

-Es muy hermoso Antares, lo pondré en mi escritorio mañana- la escuchó reír feliz y mirarlo a los ojos- será mi cuadro de honor- agregó, provocando nuevamente que envolviera los brazos en su cuello.

-Es un dibujo muy hermoso Tari- intervino Hermione- ¿cuándo lo hiciste tesoro?- preguntó tratando de establecer desde cuándo su hija había comenzado a incluir a Draco en sus bosquejos.

-Fue hace semanas- respondió por ella apresuradamente Scorpius y miró a su gemela advirtiéndole que no siguiera hablando, ella pareció entenderlo porque movió la cabeza afirmativamente. Scorpius era consciente que si ellos se enteraban que lo habían seguido en el Callejón Diagon, Teddy tendría problemas con su abuela y también tío George.

Draco vio el cruce de instrucciones silencioso que se produjo entre sus hijos y al mirar a Granger se percató que ella también lo había notado, pero que no se veía sorprendida. Para él era como estar descubriendo un nuevo mundo donde las reglas que regían no obedecían a ninguna que hubiera aprendido en el colegio o le hubieran enseñado sus padres. Alguna vez había oído que los gemelos tenían una conexión particular y estaba comenzando a descubrir la certeza de ese dicho. Aún manteniendo a Antares en sus brazos se puso de pie y acomodó el precioso regalo sobre la mesa de centro para evitar que se estropeara y luego tomó asiento en el mismo sitial que había tomado con anterioridad indicándole a Granger con un gesto que lo imitara. Antares se acomodó en sus piernas y apoyó la espalda en su regazo.

-Con su madre aún nos quedan algunas cosas por acordar, pero hay alguien que realmente está ansiosa por conocerlos y me gustaría que ustedes también lo hagan- hizo una pausa para estudiar los rostros de los niños que se mostraban interesados- mi madre… su abuela Narcisa.

-¿Así se llama?- preguntó Antares- ella es taaannn hermosa.

-¿La conoces?- la voz de Hermione sonó chillona incluso para ella, pero no pudo evitarlo.

-Mamá, Tari piensa que todo el mundo es hermoso- dijo Scorpius volviendo a mirar a su hermana para que guardara silencio, sólo que esta vez no tuvo la acogida anterior.

-No es cierto, ella es hermosa- insistió tercamente- hasta tú lo reconociste, admítelo.

-Tari, eres una bocona.

Draco vio venir una nueva pelea y a pesar que su instinto le decía que sus hijos sabían más de lo que estaban admitiendo, trató de buscar una solución rápida al nuevo enfrentamiento, preguntándose dónde podrían haber visto a su madre. Como una bendición de Merlín su encuentro en el aeropuerto vino a su mente.

-Cuando nos conocimos en el aeropuerto mi madre estaba conmigo, Blaise y Theo- le dijo a la castaña, provocando que sus gestos nerviosos se detuvieran. Por el rabillo del ojo vio a Scorpius suspirar y supo que se había anotado un nuevo tanto.

-¡Oh!- fue todo lo que pudo decir Hermione.

-¿Y cuándo la conoceremos?- preguntó Scorpius mirando con enojo nuevamente a su gemela porque ahora le debía dos salvadas a su padre. ¿Lo había hecho a sabiendas que estaban mintiendo? Lo observó con otros ojos, reconociéndole ahora que era inteligente.

Draco esta vez le habló directamente a Granger.

-Me gustaría que fuera lo antes posible, idealmente mañana.

La castaña lo observó y pensó en negarse, pero su sentido de justicia la hizo pensar en su propia madre y tuvo que reconocer que el que Narcisa no estuviera ahora sentada al lado de Draco implicaba que era por lo delicado de la situación. Si el escenario hubiera sido al revés, nada hubiera evitado que Jane Granger estuviera aguardando en el automóvil su momento para entrar.

-Conversemos después la hora- aceptó. Él hizo un movimiento afirmativo.

Un nuevo silencio se hizo nuevamente en el pequeño grupo, donde todos, salvo Tari que se negaba a salir de los brazos de su padre, estaban evaluando la nueva situación.

-¿Tendremos que vivir también contigo como lo hacen los hijos de padres divorciados?- preguntó Scorpius, pensando en lo que le contaban sus amigos cuyos padres se habían separado.

-Espero que pasen tiempo conmigo y mi madre- afirmó Draco.

-¿Vives con ella?- preguntó curiosa Antares

-La mayor parte del tiempo- le respondió recostando su pera en su coronilla.

-¿Tus padres son separados también?- interrogó el menor de los Malfoy.

-Mi padre está muerto.

Un nuevo silencio reinó entre todos y Draco agradeció que no hubiera preguntas sobre su padre. Estaba seguro que la existencia de sus gemelos no sería un motivo de orgullo para Lucius y que su rechazo habría sido causa de dolor para los niños y un mar de peleas entre ellos.

Los segundos fueron pasando y parecía que las preguntas no continuarían por el momento. Tanto los niños como Draco se veían abstraídos y para Hermione el silencio se volvió una incómoda compañía. Miró de reojo la hora en el reloj de pared y esta marcaba las 18:00 PM, ya estaban más que pasados para la merienda. El problema era como dar la orden sin que Draco pensara que lo estaba echando o que le diera otra malinterpretación.

-Niños- llamó su atención- es hora que vayan a lavarse para cenar- definitivamente esta vez debería cocinar aplicando la magia.

-¿Papá comerá con nosotros?- Antares los miraba a uno y otro ilusionada, provocando que el dolor de cabeza que la amenazaba desde la mañana se hiciera patente, pero multiplicado por 10. Miró al rubio y este negó con la cabeza, provocando que un suspiro de alivio escapara de sus labios.

Draco alzó una ceja ante el gesto de alivio de Granger y si bien le gustaría permanecer más tiempo con los niños sabía que ya había presionado suficiente a Scorpius e imponer por más tiempo su presencia no sería positivo. Lo sentía por su pequeña princesa, pero hoy no sería el día que se quedaría a cenar.

-Lo siento preciosa- le dijo acariciando su mejilla- pero hoy no puedo cenar con ustedes aunque me encantaría- la niña pareció animarse con la última frase y le sonrió de vuelta.

-¿Mañana te veremos?- la ilusión en su voz era tan obvia que ni siendo ciego ni sordo habría pasado desapercibida.

-Nos veremos todos los días de ahora en adelante y cada vez que quieras- le aseguró y luego miró a Granger retándola a negarse; ella le sostuvo la mirada pero no lo contradijo, ese no era el momento.

-¡Debes conocer nuestra casa antes que te vayas!

Antares saltó desde las piernas de Draco con una destreza increíble para su pequeño cuerpo y comenzó a tirar de su mano. Cuando el rubio sonrió y se puso de pie envolviendo la pequeña extremidad entre la suya, Hermione se sintió incómoda ante la invasión de su intimidad; los vio desaparecer con dirección a la cocina y se obligó a quedarse en su sitio al verlos recorrer, siempre de la mano, la sala de juegos, el baño de invitados, para luego sentir sus voces subiendo la escalera. Al parecer Tari quería mostrarle cada rincón de la casa y cuando vio a Scorpius abandonar su lado para seguirlos reacio, dedujo que su curiosidad pudo más que la renuencia demostrada hacia su padre. Ya podía imaginar las conclusiones de Draco al comparar la sencilla vida que ella ofrecía a sus hijos en contraste a todo lo que él podía darles. Cuando sintió un par de pisadas firmes amortiguadas por la alfombra y dos pares casi inaudibles, se puso de pie para iniciar la despedida.

Draco la observó parada en el pasillo y una sensación de pérdida lo invadió al pensar que tenía que dejar a sus hijos, que no podía llevarlos con él y disfrutarlos como deseaba. ¡Había tanto tiempo por recuperar! La mano de Antares seguía firmemente enlazada a la de él y podía percibir su miedo a que no regresara al día siguiente como había prometido y en su necesidad de tranquilizarla se acuclilló, como tantas veces lo había hecho esta tarde, para quedar a su altura.

-Mamá y yo nos pondremos de acuerdo para que mañana vayan a conocer a mi madre- le dijo mientras acariciaba su tersa mejilla.

-Pero si te vas ahora ¿cómo se pondrán de acuerdo? ¿La vas a llamar?- preguntó con duda.

-Mañana vamos a ir al mundo mágico por el cambio de sus apellidos ¿recuerdas?- ella puso sus labios en una perfecta "o" que encontró adorable- además, siempre podemos conversar en el trabajo apenas lleguemos.

El comentario de su padre hizo a Scorpius levantar la cabeza y mirarlo interrogante.

-¿Por qué en el trabajo? Ella y nuestro padrino trabajan para una gran empresa en el centro de Londres ¿dónde trabajas tú?- su ceño se frunció y sus ojos se estrecharon con sospecha- ¿Ella irá a verte?

-Ella y Graham trabajan conmigo- respondió de vuelta- esa empresa es mía.

Hermione por primera vez vio en los ojos de su hijo acusación y rechazo dirigido a ella y se sintió desolada. Miró a Draco con dolor y pudo notar que recién cayó en la cuenta del doble sentido que había tenido su pregunta y se mostró tan preocupado como ella. Se puso de pie alerta los próximos movimientos de su hijo.

-¿Hace cuánto que trabajan juntos?- volvió a preguntar y sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas. A este punto Hermione no sabía si era de dolor o de rabia.

-Fines de marzo- respondió honestamente la castaña y apenas había terminado de hablar cuando el pequeño ya estaba corriendo hacia el segundo piso.

-¡Scor!

-¡Scorpius!

Hermione y Draco lo llamaron a la vez, pero las pisadas continuaron hasta concluir en un fuerte portazo. El primer instinto de Draco fue ir tras él pero una mano en su brazo lo detuvo y vio a Granger pedirle con la mirada que no fuera.

-No me pidas que me quede aquí mientras él está pensando quizás qué cosas arriba- le advirtió y cuando ella apretó el agarre la miró molesto.

-Es conmigo con quien está enojado ahora- sus palabras salían difícilmente por sus cuerdas vocales.

Antares miraba a sus padres y no sabía si quedarse con ellos o correr hasta su hermano como le gritaba su instinto. Scor estaba enojado y ella sabía que la necesitaba, que quería estar con ella, por eso ya no prolongó más la espera.

-Iré con Scor- informó a los adultos quienes bajaron su vista hacia ella- ¿nos veremos mañana?- preguntó a su padre.

-Sí princesa- contestó alzándola en brazos- pero creo que prefiero esperar para saber cómo sigue Scorpius.

-Cuando Scorpius está molesto sólo habla con Tari- murmuró Hermione con voz cansada mientras pasaba su mano por su desordenado rodete, miró a Draco y no le importó si le hacía caso o no mientras caminaba hasta el sillón y se dejaba caer en él.

-Iré con Scor- insistió Antares- ¿me bajas papi?

Draco la miró y su corazón rebozaba con la palabra "papi". Apretó más el abrazo y aspiró nuevamente su aroma infantil cuando ella cruzó sus brazos tras su cuello para acercarlo. Pasados unos segundos sus ojos se encontraron, ambos rostros muy cerca y ella volvió a darle un sonoro beso en los labios antes de soltarlo y revolverse para que la bajara.

-¡Adiós!-dijo cuando la dejó en el suelo y luego corrió hacia las escaleras- ¡nos vemos mañana!- se escuchó a lo lejos mientras subía apresurada los peldaños.

Draco se volvió hacia Granger y no pudo evitar preguntar con curiosidad.

-¿Ella siempre es así?

-¿Así cómo?- inquirió sin saber a lo que se refería.

-¿Siempre besa a todos en los labios?- de alguna forma esa familiaridad le resultaba extraña e inquietante porque su educación no fue así. Lo cierto era que jamás había estado cerca de un niño antes, mucho menos besado por uno, pero su reloj paterno había dado la alarma y ahora que se había activado se descubrió siendo tremendamente celoso y posesivo con sus afectos.

-No, sólo lo hace conmigo y rara vez con mis padres.

-¿Y qué me dices de Potter, Weasley y Graham?

-¿A qué viene tanta pregunta?

-Sólo responde- insistió molesto por la dilatación ante algo tan simple de responder.

-Cuando eran más pequeños ambos daban piquitos al saludar, como hacen todos los niños- explicó- pero desde el año pasado Scorpius dejó de hacerlo y al poco tiempo Antares también- sopesó como si recién hubiera caído en la cuenta en el extraño cambio- también me sorprendió la soltura con la que ella te ha besado esta tarde… es como si…

-Me hubiera estado esperando- terminó por ella.

Hermione lo observó parado frente a ella y movió la cabeza afirmativamente. Recordó como Antares prácticamente se arrojó a los brazos del rubio cuando él le aseguró quererla y le abrió su corazón y afectos sin reparos, como si lo conociera de toda la vida y no pudo evitar sentir miedo y, por qué no admitirlo, cierto grado de celos por ello. Sus hijos hasta ahora siempre habían sido suyos y ahora tenía que compartirlos con él.

-¿Te das cuenta que ella te ha entregado su amor y su confianza con ese gesto?- le preguntó más que nada para establecer que le quedaba claro- no puedes…

-Ni te atrevas a poner en duda mis sentimientos por ellos Granger- susurró molesto.

-No lo hago.

-¿No?- alzó una ceja dando a entender que no le creía- estabas a punto de advertirme que no vaya a traicionar su cariño y que no la lastime ¿o me equivoco?

-No dudo de tu amor por ellos Draco, pero sé que no estás acostumbrado a tratar con niños- dijo con obviedad- ellos procesan las cosas de otra manera, no existen tonos grises como para nosotros, sólo blanco y negro, por eso estoy tan preocupada de la reacción de Scorpius- volvió a pasar sus manos por el rostro para aclarar sus pensamientos.

Draco no pudo evitar darle la razón y el rostro molesto de Scorpius volvió a su memoria, regresando con ella la preocupación y el dolor por su rechazo. Si de algo estaba seguro era que ni él ni Granger la tendrían fácil con su hijo en lo inmediato.

-No te digo esto por conveniencia Granger- dijo con voz fría y calmada mientras tomaba asiento frente a ella- este día sin duda ha sido uno de los peores y a la vez uno de los más felices de mi vida… nada de lo dicho desde que pisé esta casa ha sido por tu beneficio, sino por el de mis hijos- respiró profundamente tratando de buscar las palabras correctas para aclarar sus acciones- todo esto es demasiado para procesarlo ahora… me siento furioso, traicionado y robado por ti- levantó la mano para evitar que lo interrumpa- lo hago, no lo dudes. Me robaste ver crecer a mis hijos y no creo que algún día pueda perdonarte por ello- esperó que sus ojos se cruzaran y que ella le sostuviera la mirada para continuar- pero eres la madre de mis hijos y como tal tendrás mi respeto y trato adecuado, sobre todo delante de ellos y el resto de quienes nos conocen- se puso de pie para marcharse- llámame cuando hables con Scorpius, no me importa la hora- recalcó- mañana nos veremos a primera hora para arreglar el cambio de apellidos- no esperó respuesta y tras una última mirada hacia las escaleras, caminó hacia la salida para marcharse a su casa.

Cuando Hermione sintió la puerta cerrarse tras Draco todo el control mantenido durante la tarde se vino abajo y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Llevó una mano para ahogar sus sollozos y evitar que los niños la escucharan, pero se dio cuenta que no sería posible. Se dirigió al baño y tras aplicar un hechizo silenciador sus sollozos comenzaron a elevarse hasta convertirse en gritos.

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Tras estacionar su deportivo, Draco se dio unos minutos para ordenar sus ideas. En los 45 minutos que demoró el trayecto desde la casa de Granger hasta su villa había repasado una y otra vez los eventos del día, deteniéndose principalmente en sus momentos con los niños. Se sentía partido en dos: por un lado una felicidad extrema lo embargaba al pensar en su dulce Antares, en su aceptación y la naturalidad con la que se relacionó con él, en lo frágil que se sentía su pequeño cuerpo cada vez que lo tomó en sus brazos, en la fuerza de su amor que era tan palpable que lo hacía sentir poderoso y débil a la vez, sentirse realmente como el príncipe que ella visualizaba en él y por otra parte estaba Scorpius, su rechazo le causaba un tipo de dolor que no había sentido con anterioridad, no era uno que le provocara ira, amargura o impotencia, este dolor iba unido a un vacío, a una profunda tristeza, a la necesidad de llenarlo con la única persona que lo producía; sentía que si no lograba integrarlo a su vida ya nada sería igual, no estaría completo. Pasó las manos por la cara con fuerza y echó la cabeza hacia atrás, dejándola reposar en el cabecero de cuero de su asiento. "¡Merlín, haz que me quiera!" Suplicó en silencio "permite que Scorpius me acepte".

Ahora entendía mejor las acciones de su madre al traicionar a Voldemort con tal de salvarlo a él y las de Molly Weasley cuando sin dudarlo se enfrentó a Bellatrix defendiendo a la pequeña comadreja, él mismo sentía que podría arrasar con el mundo por sus hijos y eso que recién habían entrado hace horas en su vida. ¿Cómo sería si hubiera estado desde que estaban creciendo en el vientre de Granger? ¿Cómo se hubiera sentido cuando llegaron al mundo y los hubiera acurrucado en sus brazos? Estaba seguro, después de todos los sentimientos experimentados en el transcurso del día que sería extremadamente celoso y sobre protector y que tal vez, sólo por ellos, sería incluso capaz de matar; lo que no pudo hacer por miedo y algo más que se negaba a aceptar cuando le ordenaron asesinar a Dumbledore estaba seguro que lo haría sin dudar si tuviera que elegir entre ellos y alguien más, incluso él mismo. ¿Cómo pudo siquiera pensar Granger que los hubiera rechazado, que no los querría, que se avergonzaría porque eran mestizos? Eran su sangre y eso los convertía en seres puros para él, a la mierda las opiniones del resto y a la mierda los prejuicios de Granger. Volvió a revolverse el cabello a medida que la ira lo inundaba de nuevo, se sentía atado de pies y manos con respecto a la castaña. Fue sincero cuando le dijo que la respetaría por ser la madre de sus hijos, que le daría su lugar y evitaría confrontaciones delante de ellos, pero al mismo tiempo sentía que otro vacío estaba ligado a ella; sólo esta mañana se sentía feliz y de alguna forma no le importaba mandar a la mierda sus propias reglas con tal de seguir lo que quiera que estaba presente entre ellos, eso que quedó sin concretarse desde su noche juntos en Hogwarts y ahora… ahora también había un dolor instalado junto a su nombre. Dio un golpe furioso en el volante porque sentía una ira terrible hacia ella que sabía no podría perdonar y a la vez… que Merlín le ayude a aclararse… porque también no podía evitar sentirla como alguien especial y se estaba comenzando a odiar por aquel sentimiento. Granger le dio el regalo más grande que jamás pudo haber tenido: un varón y la primera niña Malfoy en generaciones de Malfoy, si es que no era la primera; pero también fue quien se los quitó por seis años. Pasaron al menos 10 minutos más antes que se sintiera con mediano control de sus emociones antes de abandonar el automóvil e ir hasta, donde estaba seguro, su madre y amigos lo aguardaban.

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Los gritos ya habían cesado y la calma post llanto comenzaba a invadirla. ¡Por Merlín cómo dolía! Todas las lágrimas derramadas tenían nombres: Scorpius, Antares y Draco. Se sentía como si una familia de trol le hubiese pasado por encima, aplastándola de tal forma que era humanamente imposible volver a levantarse. Sabía que Scorpius se sentía traicionado por ella por no haberle contado antes de su padre y se dio cuenta que su mayor enojo era porque estaba en contacto con él. ¿Pero cómo iba a imaginar que ellos lo estaban buscando? ¿En qué momento se descuidó tanto que sus hijos comenzaron a actuar por cuenta propia en la búsqueda de Draco? Definitivamente no sólo había estado ciega sobre su supuesta conformidad a no saber quién era su padre sino que había pecado de soberbia al creer que podía controlar la vida de los tres, que todo estaba tan bien previsto que nunca se encontrarían… se rió de sí misma al recordar que Draco tenía guardadas fotos de sus hijos aún sin saber su nexo con ellos, al parecer su instinto paternal en esa fecha ya estaba fuertemente desarrollado.

Levantó el rostro y el reflejo que le devolvió el espejo era de completa derrota. Sus ojos estaban hinchados y su piel pálida, apoyó las manos en el lavabo y dejó caer la cabeza en completa rendición. Inspiró y exhaló varias veces tratando de buscar la calma que requería para salir del baño y subir a conversar con Scorpius, sabía que ya debía haber hablado con Antares y posiblemente estaba más calmado. Como un flash back las voces de Graham, Ron y Harry desfilaron por su mente "deberías contarle a Malfoy", "tiene derecho a saberlo", "en algún momento los niños te pueden reclamar tu silencio", "sabes cuál es la solución", "en tus manos está solucionarlo antes que sea tarde". Ahora todas esas oraciones parecían una sentencia pero era tarde, todo su círculo le recomendó hablar con Draco y contarle acerca de los niños pero no hizo caso, mejor dicho su miedo y su soberbia pudieron más que ella. Su amor por Draco le apuñalaba el corazón al recordar su ira y su dolor, pero lo que más la calaba era tener el conocimiento que había estado dañando a sus hijos sin saberlo.

Fue así como salió como un zombi del baño y uno a uno fue subiendo los peldaños de la escalera hasta llegar al descanso en el segundo piso. El dormitorio de los niños se encontraba al final y nunca el pasillo se le hizo tan largo y tan corto a la vez, su corazón bombeaba más rápido y amenazaba con salir de su pecho, haciéndole necesario apoyarse en el marco de la puerta antes de tocar para entrar. Fue entonces cuando los escuchó.

-¡Explícame porqué mamá no le dijo de nosotros!- decía Scorpius con voz descontrolada- todos sabían quién era y no nos decían nada… -silencio.

-Eso ya no importa, ahora él está con nosotros y nos quiere- escuchó decir a Tari.

-Eso es lo que él dice -la voz de Scorpius seguía siendo molesta- y ¿por qué mamá sí lo podía tener cerca y nosotros no? Responde a eso… es mala y mentirosa… nos molestaban en el colegio porque no conocíamos a nuestro padre y a ella ni siquiera le importaba.

Hermione se dejó caer al piso ante ese último comentario. Recordó cuando Graham le dijo después de su retorno de Sudamérica que Scorpius se mostraba ansioso cuando veía familias y niños con sus padres pero decidió ignorarlo pensando que era una exageración de su parte, después de todo ella siempre lo veía bien. Su niño siempre era amoroso y protector con ella y Antares, era su pequeño hombrecito sólo que ahora recién se daba cuenta el costo asumido por ser eso: su pequeño hombrecito. Se dijo que esta vez no podía dar el espacio a Scorpius para que se siga torturando con ese tipo de pensamiento y aunque su rechazo era algo que jamás había contemplado debía enfrentarlo por el bien de todos, pero principalmente el de él; haciendo uso de todo su valor se puso de pie y sin dudarlo abrió la puerta para enfrentarse a su hijo.

Cuando su madre ingresó a su habitación Scorpius la miró con rabia, aunque no pudo evitar flaquear cuando vio sus ojos rojos, clara señal que había estado llorando. Él la amaba profundamente, además de Antares no había nadie más importante en el mundo para él y siempre trataba de evitar que ellas lloraran, pero ahora se sentía traicionado por ella, por todas aquellas ocasiones en que preguntaron por su padre y no recibieron respuesta… hasta que dejaron de hacerlo y comenzaron a buscarlo ellos mismos. No habían fotos de él, no sabían cómo era su rostro, no tenían cómo encontrarlo, no sabían si era mago o muggle, lo único que tenían claro es que si no se parecían a su madre debían parecerse a él. Cuando lo encontraron en el aeropuerto fue pura casualidad y lo que más llamó su atención fue cuando al chocar con Antares invocó a Merlín, eso sólo lo hacían los magos. Por eso decidieron espiar las conversaciones de los adultos ayudados por Teddy, sabían que en cualquier momento alguien diría algo, pero jamás pensó que el hombre que pensó los había abandonado no sólo no sabía que existían sino que su madre llevaba meses trabajando con él y nos les había dicho nada. Si no se hubieran encontrado con él hoy ¿su madre les hubiera continuado escondiendo la verdad? Lo probable es que sí y era precisamente eso lo que más dolor le causaba. Ella caminó lentamente hasta llegar a él y se arrodilló sobre la alfombra para quedar a su altura, estirando el brazo para tratar de acariciar su rostro, pero no pudo evitar dar un paso atrás para evitar su caricia.

-Scorpius –su voz estaba cargada de pena- por favor habla conmigo.

-No quiero.

-Siempre hablamos cuando algo nos ha molestado -insistió su madre- ¿no crees que es mejor sacar todo eso que te está molestando para que ya no duela tanto?

-Eso era antes que nos mintieras –respondió enojado.

-De verdad lamento haberles ocultado sobre su padre –dijo mirando a ambos a los ojos- sé que fue egoísta de mi parte pero pensé que hacía lo mejor para todos, se los juro.

-Te dije que no quiero escucharte- insistió dándole la espalda.

-La desventaja de ser joven es que uno comete errores pensando que hace lo mejor -comenzó a explicar haciendo caso omiso a la negativa de su hijo- cuando me embaracé habían muchos cambios en el mundo mágico, en la forma de pensar de muchas personas, todos cambiamos de alguna manera para bien o para mal… hay cosas que ustedes todavía no comprenderán sino hasta unos años más y que con su padre le explicaremos a su debido momento… pero deben creerme cuando les digo que nunca quise lastimarlos.

Se sorprendió cuando Antares se acercó para abrazarla y luego pasar una de sus suaves manitas por sus mejillas para secar las lágrimas que no se había dado cuenta estaba derramando. Aquel gesto de ternura sólo hizo que nuevas lágrimas brotaran y la estrechó fuertemente entre sus brazos.

-Está bien mami, papi ahora está con nosotros –su voz era tranquila, como si ella fuera la adulta consolando a su hija y no al revés- ya no llores.

La última frase provocó que Scorpius girara medio cuerpo para mirarla dudoso, pero luego volvió a la misma posición.

-No te pido que me perdones ahora Scor –dijo suavemente- tienes derecho a estar enojado conmigo, sólo quiero decirte que te amo y esperaré todo el tiempo que necesites hasta que estés dispuesto a escucharme ¿te parece?- pasaron al menos un par de minutos antes que viera su cabeza moverse afirmativamente y poder dejar salir el aire que estaba conteniendo.

Permanecieron en silencio por mucho tiempo, ella abrazando a Tari entre sus brazos y Scorpius dándole la espalda. La tensión cambió de una agresiva a otra más sosegada, pero no por ello menos incómoda para Hermione. Fue cuando pensaba en cómo volver a retomar una conversación con su hija cuando el estómago de su hija rugió sonoramente y su cantarina risa llenó el lugar.

-Tengo hambre – se soltó de sus brazos y se pasó las manos por su estómago- ¿podemos comer?

-Por supuesto cielo –le respondió sonriéndole y poniéndose de pie- iré a preparar la cena y los espero en unos minutos en la cocina –su vista recayó en Scorpius y suspiró- se lavan las manos antes de bajar –y viendo que no obtendría ningún avance al menos el día de hoy abandonó la habitación.

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Tal como lo había intuido, apenas cruzó la puerta fue recibido por los brazos de su madre, quien depositó un beso en cada una de sus mejillas y luego enlazó su brazo con el de él.

-Te demoraste en entrar –comentó haciéndole notar su preocupación mientras se dirigían hacia la sala de estar, donde al igual que en la tarde, sus amigos esperaban por él.

Observó las miradas inquisitivas de cada uno de los presentes y se dirigió a tomar lugar en uno de los sillones individuales, dejándose caer elegantemente en él. Esta vez fue Blaise quien le alcanzó un vaso de whisky de fuego y luego tomó asiento junto a Pansy y Narcisa en el sofá de tres cuerpos mientras Theo se ubicaba frente a él.

-¿Cómo lo tomaron los niños? –aunque la voz de su madre era tranquila la ansiedad en ella no le pasó por alto.

-Antares muy bien –no pudo evitar la sonrisa que se apoderó de sus labios al recordarla- es una criatura tan dulce madre, no puedo creer que un ser tan maravilloso sea parte mía… -sus ojos se cruzaron con los de su progenitora quien tenía una sonrisa que iluminaba su rostro- me aceptó sin dudarlo y nada se compara a cuando la estreché entre mis brazos…

-¿Pero? –preguntó Theo provocando que el rostro de su amigo se volviera serio y le dirigiera una mirada triste.

-Scorpius me rechazó totalmente- apoyó los codos sobre sus rodillas y dejó reposar su cuerpo en ellos- no aceptó siquiera que me acerque y se niega a llamarme padre.

Ante sus palabras Narcisa abandonó su posición para llegar a él y cuando estuvo a su altura se sentó en la mesa de centro y luego le levantó el rostro para poder mirarlo directo a los ojos. Le sonrió con ternura dándole ánimos, de esa manera que sólo saben hacerlo las madres y cerró los ojos cuando sintió sus suaves dedos acariciando su mejilla.

-Dale tiempo cariño -le aconsejó- para él también debe ser muy difícil aceptar toda esta situación y todos los cambios que significan en su vida.

Draco bufó con impotencia ante el recuerdo de Scorpius.

-Lo sé… es sólo que me desespera –se tomó un momento para ordenar sus ideas antes de continuar- sobre cualquier cosa que digo siempre tiene una respuesta… no acepta explicaciones y está totalmente decidido a no cambiar de opinión… es… es como si hubiera tomado una decisión sobre mí y no acepta ver nada que no sea lo que ha percibido… y es tremendamente celoso y posesivo en cuanto a su madre y hermana… parece verme como una amenaza y no como su padre… es… -volvió a pasarse la mano por su cabello.

-Es un Malfoy –escuchó decir con burla a Blaise.

-Esto es serio Blaise, no estoy para tus bromas –lo miró con molestia.

-Blaise tiene razón Draco –Pansy también sonreía- parece que estuvieras hablando de ti y no de tu hijo –la sonrisa de la morena se amplió- celoso, posesivo, intransigente, cree tener siempre la razón… ¿es cosa mía o alguno de ustedes conoce a alguien con esas características en esta habitación?

La risa de sus amigos se elevó varios decibeles y Draco volvió a exhalar, aunque ya más calmado.

-Por como lo describes no puede ser más Malfoy que si hubiera crecido contigo –dijo Theo- esto debe ser cosa de genes –se carcajeó sonoramente y cuando el resto lo miró interrogante se explicó- ¡Merlín me ampare con los rasgos Granger que debe poseer! Sabelotodo y valiente –fingió limpiarse falsas lágrimas de los ojos.

-Si eso es una muestra de apoyo gracias por nada –respondió el rubio.

-No estás viendo lo favorable de esta situación –lo contradijo Theo- ¿quién mejor para comprenderlo y cambiar la situación que alguien que tiene las mismas mañas?

-Terminará cediendo una vez que te conozca –apoyó su madre.

Un silencio se hizo por varios minutos hasta que Draco comenzó a relatar todo lo sucedido mientras se encontró con los niños. Las muecas de sorpresa no se hicieron esperar, especialmente cuando comentó el reclamo que le hizo Scorpius sobre Astoria.

-Maldita bruja –dijo Pansy molesta- ¿crees que recibió claramente tu mensaje la mañana de hoy?

-Estamos hablando de Astoria "me casaré con Draco" y de Antón "la fortuna Malfoy será mía" Greengrass –señaló Theo- buscarán la forma de dar vuelta la situación a su favor y volver acercarse, yo no me confiaría.

-Cualquier contacto con Astoria sería desastroso para cualquier acercamiento con Scorpius –apoyó Blaise a Theo- incluso con Antares te podría acarrear problemas, se sentiría traicionada.

-Me encargaré de mantenerla alejada de nuestras oficinas en el mundo mágico y cortaré relación con ella –aseguró Pansy; Draco asintió ante la sugerencia.

-¿Y cuáles son los siguientes pasos? –preguntó el castaño.

-Mañana iré con Granger al mundo mágico a registrarlos con el apellido Malfoy e instruiré a Graham para que haga las mismas diligencias en el mundo muggle.

-Esto será como arrojar un bombarda máxima en el mundo mágico –rió Blaise.

-Deberemos proteger a los niños de los reporteros y especialmente de Rita Skeeter –ahora entendía la preocupación de Granger en cuanto a regresar al mundo mágico y sobre esa bruja en particular. Esa mujer no dudaría en tratar de entrevistar a los niños con tal de sacar un titular.

-¿Cuándo los conoceré? –preguntó su madre, nuevamente con ansiedad en su voz.

-Mañana en la tarde los traeré a casa madre.

Narcisa asintió feliz, preparándose desde ya para el encuentro.

-Espero que me acepten –susurró para sí pero fue escuchada por todos.

-No me preguntes cómo pero ya te conocen y te encuentran hermosa –la tranquilizó tomando sus manos entre las suyas y depositando un beso en cada una de ellas- te aseguro que tienes más chance que yo con Scorpius.

La sonrisa de Narcisa pareció brindarles calma a todos y las siguientes horas se dedicaron a seguir platicando de los niños y hacer especulaciones sobre posibles escenarios. Eran más de las once cuando subió a su cuarto y tras darse una ducha se enfundó sólo con el pantalón de seda de su pijama negro más que dispuesto a irse a dormir. Durante esas pocas horas había meditado que los niños eran libres de ir a su casa en el momento que quisieran y la forma más rápida y segura para ello era conectar su chimenea con la de Granger y pudieran hace el recorrido por red flu. Además, al día siguiente su madre comenzaría los arreglos para cuando se quedaran a dormir con ellos lo cual deseaba que fuera lo antes posible, después de todo, recordaba que en más de una ocasión la castaña le había comentado que se habían quedado con sus padres, Puckle o en la casa de las comadrejas.

Mientras pensaba en todo esto cada cierto tiempo miraba su celular que cambiaba impaciente de mano en mano esperando novedades de Granger sobre Scorpius, sino recibía señales de ella en los próximos 15 minutos la llamaría para que le dé novedades. La vibración del aparato llamó su atención y al observarlo vio desplegarse el cuadro de mensajes de WhatsApp el cual abrió con rapidez. El contenido era conciso: "Scorpius sigue molesto con ambos y se ha negado a hablar conmigo, sólo hay que darle tiempo esperando que se calme. Mañana los llevaré al colegio antes de ir a la oficina. HG".

¿Llevaría a los niños al colegio con Scorpius manteniendo el ojo morado o finalmente habría aceptado que lo cure con magia? No le gustó la idea que su hijo se paseara con el rostro golpeado y que eso vaya a generar una nueva pelea entre él y esos malditos niños muggles, por lo que sin dudarlo respondió: "Curaste el ojo de Scorpius". Pasaron unos segundos antes de tener respuesta: "No quiso que lo hiciera cuando lo ofrecí, la siente como herida de guerra y se niega a seguir en casa perdiendo clases". Pequeño orgulloso, pensó con una sonrisa en los labios mientras trataba de establecer si era tan terco como él o como su madre, Merlín y Circe los libre si era una combinación de ambos. Escribió un último mensaje para la castaña y se acomodó para dormir. A partir de mañana comenzaría una nueva etapa en su vida y en la de sus hijos y estaba decidido no sólo a recuperar el tiempo perdido, sino también a ganarse la confianza de Scorpius. Sí, definitivamente al día siguiente los cambios los afectarían a todos, sólo que no dimensionaba a qué grado su vida se vería trastocada con la presencia de los niños y de su madre.

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Hola, aquí estoy después de tanto tiempo. Les pido disculpas por la demora en publicar pero he tenido problemas personales que me lo han impedido. Para mí este capítulo es de transición, está marcando una nueva etapa no sólo entre toda la tensión que venían acumulando Draco y Hermione, sino también se asienta en qué posición se encuentra Draco frente a sus hijos. Scorpius indudablemente es el más afectado, todo lo que siempre pensó de su padre no es lo que pensaba y por otra parte, descubrir que su madre, a quien ama profundamente, le ha estado mintiendo lo hace sentir traicionado. Como adultos normalmente asumimos las cosas desde nuestra perspectiva y realmente menospreciamos la inteligencia y madurez de los niños, lo que son capaces de percibir y de sentir; creo que en su inocencia y su amor sincero, incluso pueden ver mejor que nosotros mismos nuestras debilidades. Espero que les haya gustado este capítulo y no se preocupen que por ningún motivo abandonaré la historia; palabra de bruja. Un abrazo y nos leemos pronto.

Sabina G.