Disclaimer: La trama es mía, Stephenie Meyer igual lo es ya que la compré por Ebay, por ende, Crepúsculo me pertenece (?).


Cada príncipe con su color.

Summary: "Con el paso del tiempo el príncipe azul original ha sufrido algunos pequeños cambios; mi nombre es Isabella Swan, y les presentaré la nueva gama de príncipes que viene en el catálogo otoño-invierno de este año. Y siempre recuerden esto: ¿Azul? Eso ya pasó de moda." Todos Humanos. Bella&Edward.


Gracias a Diana Méndez (TheDC1809) Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) porque es la que revisa y corrige las cosas que a esta floja y despistada se le pasan :)


Capítulo 13: La exclusividad del ogro.


La hermanastra malvada: Personaje del cuento que no es bienvenido, pero que siempre está ahí, metiendo su nariz donde no debe. El antagonista de la protagonista, por supuesto, para joder más la autoestima de la plana princesa, llega la rubia tetona con pinta de guarra que deja babeando a media población masculina por donde quiera que pase, ¿por qué? Porqué los hombres solo piensan con la cabeza colgante. La hermanastra, la que es una dulce paloma frente al mundo y una total perra con la pobre Cenicienta.

.

.

.

Érase una vez, en un pueblo muy, muy lejano, donde vivía una princesa adolescente con el cuerpo de una niña de cinco años que ni su hada madrina pudo arreglar. El rey, Big C como solían llamarlo, padre de la princesa, tenía un serio problema tratando de contener sus espermatozoides dentro de su cañón, así que andaba esparciéndolos por las faldas de las plebeyas, lamentablemente, en uno de esos asaltos, el Rey olvidó usar el escudo protector, y ¡zaz! De un día a otro, la pobre princesa Isabella tuvo que convivir con su hermanastra y la bruja de su madrastra.

Tanya y Carmen Swan.

Porque, créanlo o no, el rey era un hombre con honor.

Tanya era la chica que todo el mundo amaba, la mayoría de esos ilusos anhelaba ser como ella, desfallecían ante sus sonrisas dulces, quedaban encandilados cuando meneaba su perfecto cabello rubio bajo los rayos del sol. Y luego estaba yo, la sombra, el patito feo, o dientes de lata, como mi querida hermana me había bautizado hacía un tiempo atrás en secreto.

Gracias a mi súper mega buena relación con esas dos personas en cuestión que eran parte de mi familia, había dejado de visitar la que una vez fue mi casa, una que otra llamaba a Big C, pero ¿pasarme por Forks a hacerles una visita teniendo a las brujas allí? Ni de coña.

Edward tuvo el agrado de conocerla cuando Tanya y su madre pusieron sus garras en nuestro tranquilito pueblo, aunque debido a su cerebro de hombre nunca se dio cuenta de los problemas que sucedían entre ambas.

Pero esa no era una puta excusa.

¿Qué hacía el puto de Edward con ella?

¿Por qué coño la había traído a nuestro hogar?

¡Era nuestro!

— E… —carraspeé y me apoyé contra la puerta, ya cerrada con anterioridad, de mi habitación— Uh, E-Edward está con Tanya —murmuré incrédula, aún sin creer del todo que la hermanastra malvada había vuelto para joderme la vida.

La habitación se sumó en un incómodo silencio. Rose tenía sus rubias cejas fruncidas, tanto así que estas formaban una sola a lo muy Helga. Alec había cubierto su boca con una de sus manos, la cual tenía las uñas pintadas con un brillo de Rosalie, luego de soltar un tan masculino gritito ahogado. Y Alice no sabía quién mierda era Tanya, así que tenía una gran interrogante en su rostro.

— ¿Qué hace esa zorra aquí?, ¿por qué la trajo a tu casa?

— Bueno, Rosie, no tengo ni la más puta idea —suspiré, aun un tanto anonadada por la sorpresa— Tanya es mi hermanastra, Alice. Digamos que… Digamos que ella no fue muy amable conmigo en el pasado.

— ¿Estás jodiendo? —Rosalie bufó y se cruzó de brazos—, esa hija de puta le hizo la vida imposible. Claro, cuando nadie la estaba viendo, con Bella era una arpía total pero si había una persona más en la misma habitación que ellas, Bella siempre quedaba como la mala del cuento.

— Ya, tampoco yo me quedaba atrás Rose, hay que ser honestas.

— Se lo merecía, ella era la que empezaba siempre. La odio, la muy puta… —Rose se estremeció ligeramente— Nunca me arrepentiré de haberle dado su merecido, incluso y cuando el cabrón de Big C me tuvo una noche entera en el calabozo.

Sonreí recordando ese momento.

— Yo… No me importa, en realidad, pasó hace bastante tiempo y las dos nos jodíamos mutuamente, no es de mi agrado volver a verla pero… —fruncí el ceño y observé fijamente la puerta de mi habitación— ¿Qué está haciendo aquí?, ¿y por qué está con Ed?

Me estiré en la cama y volví a suspirar, cerré mis ojos y mi mente comenzó a volar.

— Tienes una hermana.

Escupí la leche que me estaba tomando y lo observé con el ceño fruncido.

— ¿Eh?

Papá me estaba jodiendo, de seguro. Tenía dieciséis años y nunca había tenido hermanos, ¿cómo venía con esa blasfemia ahora? Aunque, puede que estuviera hablando seriamente, porque nunca jugueteaba con su bigote excepto cuando estaba nervioso y un tanto contrariado. Joder, le habían plantado un bebé a Charlie, eso le pasa por tirar con cualquier cosa que tuviera falda.

— Su nombre es Tanya y vendrá a vivir con nosotros.

— ¿Me estás jodiendo?

— Tu vocabulario, Isabella —rodé mis ojos— Me acaban de avisar que tengo otra hija, tiene un año más que tú, ni siquiera sé quién coño es su madre —volvió a mover su bigote de manera graciosa— ¿Carla?, algo así dijo que se llamaba. Joder, ¡tengo otra hija!

— El vocabulario, Big C —sonreí y tomé un poco de jugo—. Eso te pasa por no poder dejarlo simplemente en tus pantalones, tienes que andar con tu arma fuera. Se puede pasarla bien sin su utilización, ¿sabes? –alcé mis cejas al aire sugestivamente—. Ya sabes, preliminares, tienes diez dedos para ese momento.

— Silencio muchacha, estás hablando de cosas que no deberías saber.

— Charlie, contigo aquí y el puterio allá —apunté la casita que estaba en el patio trasero de la casa—, ¿enserio esperas que aún sea inocente? Ponte una mordaza entonces, la próxima vez que traigas a una de tus amiguitas.

Papá me observó detenidamente, sus ojos entrecerrados, creando arruguitas alrededor de estos. La fina línea de sus labios se transformó lentamente en una sonrisa de orgullo, cruzándose de brazos volvió a hablar.

— Eres igual a tu padre —negó con su cabeza y no me quedó más remedio que reír.

— ¿Cuándo conoceré a mi hermana?

— Uh, ¿ahora?

Y la magia de Disney se hizo presente.

Se escuchó un auto estacionándose en el frente de nuestro hogar. Papá suspiró y caminó rápidamente hacia la puerta de entrada, cuando la abrió logré divisar dos sombras de pie en el umbral. Me puse de pie, aun estando en la cocina y con la vista perfecta hacia la puerta de entrada, cuando las dos personas finalmente decidieron entrar a nuestra humilde morada. Me congelé. La mujer mayor se veía sofisticada, estaba pulcramente vestida y su cara no tenía expresión alguna, vaya, Charlie había subido de categoría en algún momento de su vida. Luego le eché un vistazo a la chica que estaba junto a ella, Tanya, rubia, hermosa y con pinta de "yo no quiebro ningún huevo".

Creo que con la inocentona sonrisa que le dedicó a Big C y el suave "padre" que pronunció, lo tuvo comiendo de la palma de su mano. Pero fue cuando se giró hacia mí y clavó sus putos ojos azules sobre los míos, que supe que esa hija de puta me haría la vida imposible.

Dicho y hecho.

Abrí mis ojos cuando todo estaba oscuro.

Eché un vistazo al reloj que reposaba sobre mi buró, decía que eran las cuatro y media de la mañana, ¿cuándo me había dormido? Bueno, no era la única, los chicos estaban todos enrollados sobre mi cama, solo se veían brazos y piernas por doquier. Me removí para escapar de la celda que habían construido e ir a por un vaso de agua, mi garganta estaba completamente seca.

Ahora, pensándolo bien, creo que lo mejor hubiera sido quedarme en mi habitación.

Que importa si mi garganta se sentía como el Sahara.

Bah.

— ¿Ahora no saludas, hermanita? —rodé mis ojos y moví mis labios, mofándome de ella, mientras me servía el vaso de agua con tranquilidad— Vaya, papá no estará contento de saber cómo recibiste a tu hermana en la ciudad.

— Me vale verga, Tanya —me giré y la observé fijamente. Una punzada de rabia se apoderó de mi interior y sujeté el vaso un poco más de lo necesario— Papá superará que su nena sea una descortés, es más, ya lo tiene asumido. Ahora, ¿qué haces aquí?

La infeliz estaba usando una de las camisas de Edward.

Una-de-sus-camisas.

— ¿Te gusta mi ropa? —sonrió cínicamente cuando me pilló mirando con odio mal disimulado su improvisada vestimenta, luego de eso giró sobre sí misma, luciendo la prenda— Edward dijo que lucía bien en mí.

— Edward le dice eso a todas sus chicas —rodé mis ojos, restándole importancia e ignorando el pequeño ataque de celos que quería salir a flote—, no te creas especial, corazón.

— ¿Te lo dijo a ti?

Hmpf, ¿a mí? —reí fingidamente—, él y yo no tenemos ese tipo de relación —no era necesario que ella supiera que habíamos follado la noche anterior y que el muy cabrón no había esperado ni veinticuatro horas para buscarse a otra—, somos amigos, como siempre lo fuimos. A diferencia de ti, yo sí puedo mantener mis piernas cerradas.

— ¿Ah sí? —Tanya rió y se acercó a mi lentamente—, eso no fue lo que él dijo.

— Sí, bueno, Ed habla un montón de mierda junta —me tomé el último sorbo del vaso y lo dejé sobre la mesa de la cocina— Que pases una buena estadía en la ciudad, Tanya, Edward será un excelente guía. Siempre puedes venir aquí cuando quieres, que va, Ed ama pasar por encima de mi cuando se trata de sus ligues.

— ¡Muchas gracias, bonita!

Caminé rápidamente hacia mi habitación y cerré la puerta tras de mí, tratando de tranquilizarme.

Iba a matar a Edward, lo mataría.

— ¿Estás esperando a alguien?

¿Yo?

¿Esperando a alguien?

No, que va, tan solo me había parado fuera de la puerta del apartamento de Jasper, comido mis uñas con histeria por una puta hora, para matar el tiempo. Lo hacía cada vez que estaba aburrida, era cosa de cada día.

Bah.

Me giré hacia Jasper y rodé mis ojos en su dirección ¡obvio que había estado esperando a alguien!, ¡a él! , no había podido dejar de pensar en Tanya y Edward en todo lo que iba del día. Es que… No creo que sea tan cerdo asqueroso, pero puede que sí, él lo hacía todo el tiempo en la secundaria, acostarse con una y con otra. "Follar o no follar, he ahí el dilema de Edward". Si de verdad él había estado con Tanya la noche anterior, lo mandaría a freír espárragos, enserio, podía irse olvidando de nuestro… Todo, maldito.

Ugh.

— ¿Bella?

— Si te acuestas con un chico, y este chico al otro día de la fantabulosa noche llega pasada una hora decente, con la que lamentablemente es tu terrorífica hermanastra, hablando entre cuchicheos y risitas coquetas para no ser oídos… ¿Te está cagando con todas sus letras?

Jasper me observaba como si algo me fallara dentro de la cabeza.

Pero necesitaba preguntárselo a alguien.

Necesitaba tener una opinión sincera, y ¿quién mejor que Jasper?

— ¿Quieres entrar a mi apartamento, primero?, no creo que te gusta hablar de este tema en este lugar, si sabes a que me refiero —hizo una mueca con sus labios y apuntó disimuladamente a la puerta que estaba junto a la suya.

La parejita feliz, la había olvidado por completo.

Sería lo único que me faltaría en todo caso, que Michael y Jessica decidan salir justo en este momento para refregar su amor frente a mi nariz, y conseguir que me dé un coma diabético con toda la azúcar que destilaban.

— Entremos, aunque me vale lo que oiga la bruja y el sapo, enserio.

Jasper abrió la puerta de su departamento y la dejó abierta para mí, entré y caminé rápidamente hacia su salita de estar, sin esperarlo siquiera. Estaba un tanto histérica y paranoica con todo esto, pero vamos, es un golpe fuerte a tu ego que el chico con el que follaste, que resulta ser tu puto mejor amigo, al otro día se aparezca con una rubia de grandes gomas. Las rubias siempre nos joden la vida, ¿se han dado cuenta de eso?, los hombres siempre las prefieren rubias, incluso cuando hay algunas taxis camufladas por ahí.

No sabes si son realmente rubias hasta que le bajas las bragas, de seguro, si ves una araña negra por ahí es porque, amigo, ¡tenemos una impostora!

— Ahora, cuéntame lo que pasó, y por favor se más clara esta vez.

— Me acosté con Edward.

Corto y simple, él quería que fuera clara, ese era el principio de la cuestión.

— Vale, en esa parte no necesito detalles —Jasper rió dulcemente y se acomodó sobre el sofá, con ese aire de psicólogo follable que no me estaba ayudando mucho— ¿Qué es lo que te molesta, princesa?

— Bueno, ayer tuvimos una noche de chicas, Rose, Alec y Alice —le eché una pequeña miradita cuando nombre a Allie, él estaba imperturbable. Bueno, tenía que intentarlo—, todo estaba de maravillas, hasta que llamé a Edward para avisarle sobre mis planes.

— ¿Por qué lo llamaste para avisarle sobre tus planes?

— Eh, ¿por qué es su casa también? —Jasper asintió comprendiendo—, entonces, él estaba bastante extraño en esa llamada, me cortó el teléfono luego de unas cuantas palabras —fruncí el ceño y murmuré misteriosamente—, sin despedirse.

— ¿Te pareció extraño que no se despidiera?

— Claro, Ed siempre se despide. Siempre —rasqué mi nuca y continué—. No le presté mayor importancia, luego de unas horas él llegó a casa. Y no estaba solo, estaba con Tanya —cuadré la mandíbula y continué—, Tanya Swan —Jasper alzó sus cejas con sorpresa—, es mi media hermana.

— Y asumo que ustedes no tienen una buena relación —rodé mis ojos ante sus absurda suposición—. ¿Has hablado con Edward? —negué con mi cabeza—, y… ¿No crees que deberías darle el favor de la duda?

— Es Edward —hice una mueca con mis labios—, Tanya es el prototipo de Edward, por todo lo santo. En la secundaria nunca le prestó atención por más que Tanya tratara de engatusarlo, tal vez finalmente lo consiguió. ¡Incluso a ti te gustaría Tanya!, ¡a todos les gusta Tanya!

— Estás sonando como una mujer celosa, Bella.

— ¿Celosa?, ¿de ella? —resoplé y luego reí bastante divertida— ¡Nunca!.. Bueno… Un poco… Un poco mucho tal vez, es injusto que tenga tanta delantera, ¿por qué no me puede convidar un poquito? Dios es cruel, él debería ser equitativo a la hora de repartir —me crucé de brazos enfurruñada— ¡Pero estábamos hablando de Edward, no de mi envidia sana!

— Volviendo a Edward y dejando a tu envidia sana para otra sesión —Jasper sonrió con diversión—. Todo lo que piensas sobre esos dos sucedió o simplemente estas siendo paranoica y hay una explicación bastante razonable para todo esto.

— Sí, y esa razón es que Ed solo estaba buscando un buen polvo en otro lado —mordí mi labio inferior— Mike una vez me dijo que era un tanto frígida en la cama, en una de nuestras peleas, pero luego lo desmintió y le creí… ¿Y si es verdad?

Oh mierda.

¿Y si en verdad era terrible en la cama?

— Y ahora estás siendo paranoica con respecto a tu propia persona, princesa. Habla con Edward, estoy seguro de que te llevaras una sorpresa, no creo que el haya hecho eso, tal vez existe una explicación para todo.

— Seguirás insistiendo en que hable con Ed, ¿no? —Jasper asintió—, ¿desde cuando eres Freud?

— Desde que te conocí.

— Te lo agradezco, por ser mi psicólogo y príncipe blanco personal —sonreí y dejé un beso sobre su mejilla—, eres un muy buen amigo Jasper, de eso no cabe duda.

— No es nada, princesa —Jasper le dio un suave toque a la punta de mi nariz con su dedo índice—, me alegras el día con tus locuras —rió suavemente cuando golpeé su hombro con mi puño.

— No quiero hablar con él —murmuré luego de un rato. Sentí como mis mejillas se sonrojaron ante aquella revelación—, no quiero escuchar de sus sucios labios que se acostó con esa idiota.

— ¿Estás celosa, Bella? Y sabes a que tipo de celos me refiero, así que no me salgas con uno de tus inteligentes comentarios, muñeca.

¿Lo estaba?

— Bells, Bella.

Giré sobre mi cama y me cubrí el rostro con una de mis almohadas. Con un quejido volví a dar una vuelta y me acomodé mejor. Había dormido asquerosamente mal, teniendo pesadillas con miss simpatía, joder, cuando era adolescente y Tanya llegó a arruinar mi vida, solía dormir con pestillo en la puerta, tenía la leve sensación de que cualquier día amanecería descuartizada sobre mi mullida cama.

Creo que tomar una siesta para pensar en las cosas no había sido la mejor opción.

Había soñado con Edward y Tanya, burlándose de mí en la cima de unas escaleras forradas de terciopelo rojos, vestidos formalmente, mientras yo trapeaba el piso con un vestido que me quedaba grande, que tenía pedazos de distintas telas, todo sucio y desgarbado, muy a lo Cenicienta. Tenía que dejar de ver películas de Disney, por todo lo santo, ¿no podía soñar con Jane? Tenía un leve enamoramiento con Tarzán, y Jane era mi chica Disney favorita, ella no buscó al príncipe, nope, ella busco al adorable simio troglodita.

— Pequeña, despierta, no podrás dormir en la noche si sigues así.

Oh, él no me pondría las manos encima.

— No me toques, sucio, cerdo, asqueroso —murmuré, corriendo mi hombro cuando su mano trató de moverme nuevamente. Saqué el almohadón que cubría mi rostro y lo observé fijamente. Maldito infeliz que tenía el descaro de venir a despertarme luciendo su apariencia de post-sexo.

— ¿Qué hice ahora? —me preguntó confundido, su ceño se fruncía con lentitud al ver mi actitud de reticencia hacia él. ¿Qué hizo? Nada, el nunca hacia nada, el pobre de Edward.

— Nada.

Me puse de pie y pasé de él, saliendo de mi habitación y caminando hacia la sala de estar.

Mala idea.

Muy, muy mala idea.

— ¡Bella!

— ¿Qué carajos haces aquí?

Tanya hizo una mueca con sus labios pintados de furcia… fucsia, de un color fucsia, lo siento. Luego, sobresalió su labio inferior formando un estúpido puchero, como si me fuera a dar pena la muy… La muy… ¡Ugh!

— ¿Qué está pasando aquí?

La voz de Edward se escuchó a mis espaldas, los ojos de Tanya se iluminaron de un segundo a otro, si estuviéramos en alguna caricatura sus ojos estarían con forma de corazón de seguro.

Bah, ¿todavía estaba enamorada de Ed?

— ¿Por qué está ella aquí?

— Es tu hermana, pequeña.

Media hermana, Edward —fruncí el ceño mientras ponía más énfasis al decir "media" hermana, luego me giré hacia Tanya, ignorando a Ed por completo— Te hice una pregunta, Tanya. ¿Qué estás haciendo aquí?

— Edward ha sido de bastante ayuda para mí —murmuró en un suave tono de voz. Aquí comenzaba su actuación, por Dios—, el día de ayer sufrí un asalto justo cuando ponía un pie sobre la ciudad. De suerte me encontré con Edward en un bar de mala muerte por el que pasé…

— Y te trajo a casa anoche —carraspeé— sin consultarme, por supuesto. ¿Qué más?, ahora me saldrán con que no tienes donde quedarte y como Edward de un momento a otro se convirtió en un buen samaritano, ¿te quedarás aquí?

Tanya sonrió "tímidamente".

Oh no.

Joder, no.

— Bella, ¿qué mierda te pasa? —Edward me tomó por los hombros y me giró para quedar frente a él. Estaba tan molesta por su descaro, ¿se la llevaba a tener lupi-lupi por la noche y después la traía nuevamente como si nada? Bastardo.

— Te odio, haz la mierda que quieras, préstale tu puta cama, ¡joder, duerman juntos que me vale verga!

Corrí hacia mi habitación dejándolos en la sala.

Tanya debe estar regodeándose.

Edward es un imbécil.

Y yo soy la más idiota, claro.

— ¡¿Qué hice ahora?! —Edward llegó justo tras de mí y cerró la puerta bruscamente, las ventanas resonaron debido al golpe de la madera— ¡Siempre es la misma mierda! Te enojas sin razón alguna y ¿quién paga?, ¡yo!

— Aw, ¡pobre bebito! —tallé mis ojos con mis puños simulando a un bebé llorón— ¿Me acusarás a mami Lizzie?

Edward lucía realmente molesto.

¡Qué bien, porque yo estaba aún más molesta!

— Isabella…

— ¡Y no me llames con ese tono, joder! —rodé sobre la cama y me puse de pie por el lado contrario donde se encontraba Edward— Vete con santa Tanya y déjame en paz, ya follaste con ambas hermanas Swan, ¡yay por ti campeón! Ahora vete a la mierda.

— ¿De qué me estás hablando, Swan? —cada vez lucía más y más confundido. No me iba a ganar con su actuación de chico bueno, ese papel le quedaba solo a Jasper.

— ¡Sabes de que te hablo!, ugh, ¡no sabes cuánto te odio!

— Detesto que me digas eso —estaba hablando con bastante seriedad cabe decir, sus ojos estaban de un verde oscuro y juro por Dios que vi un músculo de su mandíbula saltar—, odio cuando lo dices con tanta convicción.

— ¡Porque es cierto!, ¡por algo lo digo, duh! —alcé mis brazos al aire exasperada.

— ¡Deja de mentir! —gritó embravecido.

— Debería haberlo sabido, ¿sabes? Soy tan idiota, no sé por qué te dije que fuera follamigos, algo debe haber fallado en mí en ese momento. Debería haber tomado la propuesta de Rose de prestarme a Emmett, hubiera sido todo más fácil —Edward alzó sus cejas, para nada divertido—. Pero no, yo pensé que no serías tan cabrón… Digo, ya, tal vez soy frígida, pero… ¿Con Tanya?, ¿enserio?

— ¿Terminaste de hablar? —asentí cruzada de brazos— Bien, me encontré con Tanya en el bar mientras tomaba unas cervezas con Emmett, la pobre chica estaba tratando de conseguir un teléfono para llamar porque unos cabrones la habían asaltado llevándose todo, acababa de llegar a la ciudad…

— ¡Oh, y tú el caballero de la brillante armadura, el príncipe encantador, el príncipe en su corcel blanco, saliste a su rescate! —sí claro, y yo soy Scarlett Johansson.

— ¡Se me hizo familiar y luego recordé que era tu puta hermanastra, me pareció correcto ayudarla! —se jaló el cabello y resopló— Emmett la invitó a tomarse unos tragos con nosotros, se achispó, no tenía donde quedarse así que la invité aquí…

— ¿Desde cuando eres tan caballero, Cullen? —sonreí cínicamente— ¿Es este acaso un nuevo método para engatusarlas?, ¿estás perdiendo tu skill o algo parecido? Me extraña de ti.

— Estás siendo odiosa, Swan, completamente odiosa, tengo unas ganas enormes de hacerte callar, lo juro —frunció el ceño e hizo el ademán de rodear la cama para acercase a mí.

— ¡Ni se te ocurra! —le chillé, apuntándolo con mi dedo índice— no te muevas, quédate ahí, ¡no te quiero cerca!

Este creía que yo era idiota.

— En la mañana acompañé a Tanya a dejar una constancia sobre su asalto a la estación, tenía que bloquear sus tarjetas y esas mierdas, por eso no nos vimos —abrí mi boca pero Ed alzó su mano para evitar que hablara—, y sí, durmió en mi cuarto, en mi cama, ¿querías que la hiciera dormir en el suelo? Tampoco soy tan cabrón, joder.

— Las víboras están acostumbradas a arrastrarse por el suelo —murmuré enajenada.

¡Quería romper algo, la cara de Tanya por ejemplo!

— ¿Por qué siempre la has odiado tanto? —cruzó sus brazos por sobre su pecho, fue ahí recién cuando reparé en que estaba utilizando una musculosa gris. Hola, bíceps, no caeré ante ustedes hoy, nope… ¡no me hagan caritas! Malditos músculos— Desde que tengo memoria siempre ha sido así.

— Tú no sabes nada porque eres un idiota y solo la ves desde el cuello hacia abajo.

— Tiene buenas tetas, que quieres que haga —se encogió de hombros y me enfurecí aún más.

Tiene buenas tetas.

Era tan… ¡Era tan hombre para sus cosas!

— Te odio.

Nos quedamos observando por un momento, verde versus café, estaba tratando de transmitirle toda mi molestia, los "te odio" que aún quedaban en mí para decirle, todas esas cosas que, de tantas que eran, me era imposible decirlas en una oración. Una pelea de miradas que, lamentablemente, él ganó, siempre perdía en esos juegos, comenzaba a llorar como una nena.

— Te besaré.

— ¿Q-Qué? —pregunté confundida, quitando la humedad de mis ojos. Su mirada se trabó en la mía y comenzó a caminar hacia mí con lentitud, tanteando el terreno, un jodido león al acecho— ¡Te dije que te quedarás ahí, Cullen!, si me tocas juro que chillaré.

— Esa es la idea, que chilles cuando te toco —sonrió de manera pedante y siguió caminando hacia mí—. Pero ahora, te besaré, y terminarás con toda esta mierda.

— No.

— Lo haré, pequeña, porque quiero y puedo hacerlo.

— Te patearé las bolas —murmuré, estando frente a frente con él— Lo haré Ed, es mejor que me creas.

— ¿Puedo preguntarte algo antes? —su nariz rozaba la mía de tan cerca que se encontraba, tragué saliva nerviosa y negué con mi cabeza— Lo haré de todos modos, ¿estás celosa? —me preguntó, su aliento golpeando suavemente contra mi rostro.

— Lávate los putos dientes —hice una mueca con mi boca, aunque estaba exagerando, el olía a Colgate. Edward rió y sujetó mi rostro entre sus manos, acarició nuestras narices por una fracción de segundos— Ella estaba usando tu jodida camisa.

— ¿Qué?

— En la madrugada, la vi, ella estaba usando tu camisa.

— ¿Todo esto va porque ella estaba usando mi camisa? —me sonrojé y entorné mis ojos, negando nuevamente. Siempre digna, había que negar todo hasta la muerte— No pensaste siquiera en que pude habérsela prestado para que no arruinara su traje… Versace o una mierda así lo llamó.

— Bueno, dijiste que lucía bien en tu camisa.

— En realidad, le dije que la única chica que se había puesto alguna mierda mía eras tú… Y Rosalie una vez que me robó un bóxer, y esto fue todo, ¿enserio crees que yo le digo a las chicas que se ven lindas?, ¿enserio? —sus ojos viajaron hacia mi pecho donde reposaba el número de la camiseta que yo aún estaba utilizando, esa que me había dado hace bastante tiempo—. Ni siquiera te lo digo a ti, no sirvo para eso —rodó sus ojos—. Te dije que no estaría con más chicas mientras tuviéramos esto.

Nope, en realidad no lo dijiste, Edward.

Era verdad, él nunca lo había dicho, yo simplemente lo había dado por hecho.

— Bueno, joder, lo siento, lo digo ahora entonces —soltó un resoplido—. Eres la única chica que tiene derecho de usar mi espada láser, pequeña —sonrió—, ¿no podrías tener un poco más de fe en mí?, nunca te has dignado a decirme porque mierda existe esa rivalidad entre ustedes. Tú hermana…

— Media hermana, por favor.

— Tu media hermana —comentó con diversión— nunca se ha comportado como una perra conmigo, incluso creo que hasta me da un poco de pena. ¿Recuerdas cuando estábamos en la secundaria? Siempre que estaba cerca algo malo le pasaba, si tú eres patosa ella es… Me da un poco de miedo estar cerca de ella, capaz y se llegue a caer el techo de la nada misma.

"Siempre que estaba cerca algo malo le pasaba"

No sé si Edward es estúpido, o es un gen que pasa de hombre en hombre.

¡Claro que siempre que él estuviera cerca algo le iba a pasar a la oh-pobre-damisela-en-apuros de Tanya!, estaba colada por Edward desde que lo vio por primera vez, y se ponía como una fiera cada vez que Ed estaba conmigo, la muy descarada, ¡él era mi mejor amigo, que se buscara uno propio! Tanya siempre pensó que iba a conquistarlo con sus dotes de mosquita muerta, pero lo que no pensó fue que, uh, Edward puede que tenga un pequeño retraso, nada de qué preocuparse, pero hombre más lento que él no existe.

Aún recuerdo ese día…

— ¿Quién es él?

Tanya apuntó hacia la entrada de nuestra casa, donde apareció Edward luciendo tan endemoniadamente apetecible como siempre. Rodé mis ojos y crucé mis brazos por sobre mi pecho. Tanya lo observaba fijamente, su boca estaba un poco abierta, era como si hubiera visto a Johnny Depp, yo estaría así si tuviera a Johnny Depp en frente… Envuelto solo en una cinta de regalo, sip.

Solo con la cinta, obviamente.

— Él es Edward —murmuré, caminando hacia mi amigo.

— Hora de irnos, pequeña —aplicó su sonrisa torcida y me jaló a sus brazos, para dejar un casto beso sobre mi frente—, llegarás tarde si no nos apuramos.

— ¿Estás usando la moto? —fruncí el ceño, dándole un vistazo a su locomoción.

— Ajá, el viejo se llevó el cacharro y me dejó esta mierda, la odio, se caerá a pedazos en cualquier momento —Edward pateó el costado de la roñosa moto y esta hizo un extraño sonido.

— ¿Y tú quieres que me monte en eso? —entrecerré mis ojos, dándole una sospechosa mirada al vehículo.

— Nada te pasará conmigo, antes muerto —entornó sus ojos— Y ahora, dime quien mierda es esa voyeur que tenemos allí —me dio vuelta y apoyó su cabeza en mi hombro izquierdo, con su dedo índice apuntó a Tanya que estaba apoyada en el umbral de la puerta, mirándonos atentamente.

— Es mi media hermana. Charlie se ganó el premio gordo —me encogí de hombros—, creo que no la paso.

— ¿Te molesta? —su ceño se frunció.

Bueno, ella no me molestaba, molestaba.

Ella me llamaba adorablemente "dientes de lata" y como que la odiaba por eso.

Y porque tenía tetas.

— Nope, tampoco te lo diría, sé cuidarme sola —Edward dejó un beso sobre mi mejilla y sonrió abiertamente—. Le hace la competencia a Rosalie, ¿es que no lo notaste? Me extraña de ti, Cullen.

— Lo noté, pero no quería hacerte sentir mal.

— Eres un amor —le sonreí cínicamente y me giré hacia la rubia— ¡Hey, Tanya, ven aquí!

Y comenzó el show.

No sé cómo lo hacía, pero ella podía sonrojarse con el simple hecho de quererlo, no era natural, como una, que lo hacía porque en realidad estaba tan avergonzada que lo único que quería era esconder la cabeza en la tierra como un avestruz. Nope, ella lo hacía, o porque quería hacerlo, o porque a final de cuentas su temperatura corporal era bastante alta. Bajó la escalera dando pequeño trompicones y pequeños miraditas "avergonzadas" hacia nosotros. Estaba bastante divertida con todo esto, si es posible.

Estaba haciendo el papel de la damisela en apuros.

— ¿Es enferma?

— ¿Eh? —me giré hacia Edward, divertida.

— ¿Por qué camina así?, ¿tiene algún problema? —solté una enorme carcajada y negué con mi cabeza ante la confusa mirada de mi queridito amigo— Vamos, Bella, dime si le falla algo, no quiero cagarla antes de tiempo.

— Eres un idiota.

Tanya llegó a nosotros, luciendo toda tímida y desvalida que casi le creí todo el papel que se había inventado, si tan solo no fuera por ese casi le hubiera creído. Hombre, ella podría ganarse el Oscar fácilmente al premio de mejor actriz.

— Ed, esta es Tanya, mi hermanita —le sonreí a la rubia con fingido entusiasmo— Tanya, él es Edward.

— Uh, u-un gusto, E-Edward —Edward frunció el ceño e hizo una adorable mueca de frustración con sus labios, antes de estirar su mano cordialmente hacia Tanya, quien la estrechó torpemente.

— Uh, el gusto es mío, supongo —sonrió—. Ahora que hay otra persona en casa de Bells, espero que puedas cuidar de ella, es un poco torpe y en cualquier momento se parte la cabeza —y posó su grande manota sobre mi cabeza, desordenando mi cabello.

Desde ese momento Tanya me hizo la guerra.

No sé por qué.

Pero cuando le sonrió a Edward con actuada alegría y sus ojos se clavaron como dagas en mí, supe que, de algún retorcido modo, Ed tenía la culpa de que Tanya me odiara y tuviera esa mirada que me decía "cuídate, te estaré observando mientras duermes" que hacia erizar los vellos de mi piel.

Edward siempre era el culpable de mis desgracias.

— Entonces… no estuviste con ella.

— No lo hice, ¿por qué iba a hacerlo ahora cuando tuve miles de oportunidades antes? Es caliente, Tanya —fruncí el ceño— pero… Nunca me ha llamado la atención —sonrió sorprendido—, joder, ¿me estoy volviendo marica?

— Edward… ¿Estás seguro?

— Completamente, siempre sé dónde uso mi herramienta.

— ¿Ni siquiera la puntita?

Edward soltó una carcajada y me atrajo hacia él, tomando mi cintura firmemente entre sus manos.

— Solo tú tienes ese derecho ahora —acercó sus labios a los míos—, y déjame decirte que de frígida no tienes nada —nuestros labios se rozaban tenuemente— Y, joder, luces bastante linda en mi polera —estaba a punto de besarme cuando la puerta de mi habitación se abrió con un estrepitoso golpe.

— ¿Qué les parece si hago lasaña? —chilló demasiado alegre Tanya, vistiendo uno de esos delantales de cocinar que usaban las mamás en los ochentas o en esos falsos comerciales que pasaban por televisión de la familia perfecta.

Edward rascó su nuca con incomodidad y se encogió de hombros.

— Ella no quemará la cocina, ¿cierto? —susurró bajito con preocupación, solo para que yo oyera. Rodé mis ojos entretenida ante sus inseguridades— Eh, vale, Tanya, haz lo que quieras.

— ¿Te gusta la lasaña? —le preguntó con ojos de enamorada.

— Uh, ¿sí? —tosí tratando de ocultar mi risa, nunca había visto a Edward así de incómodo por una chica.

— Lasaña será, entonces —y antes de irse sus ojos se posaron sobre mí.

Un escalofrío recorrió mi columna vertebral.

Joder, nuevamente tendría que dormir con el pestillo en la puerta de mi habitación.


¡Buenas tardes!

Aquí les traigo el capitulo (lo tenia desde la mañana pero, uh, estoy enferma y eso me ha hecho estar un poco más lenta de lo normal y había olvidado subirlo), ya ven, Edward no es tan cabrón y a parte, le tiene miedo a Tanya, es su única excepción a la regla en cuanto a mujeres XDDD Y ustedes ya me lo querían linchar a mi pobre Ogro, les dije que le tuvieran fe (?) Bien, no se entusiasmen mucho con estos dos aún, tengo unas pequeñas sorpresitas bajo la manga. Por cierto, tengo que dejar algo claro, Edward, uh, como lo digo... Sí, le gusta Bella, pero el nunca a pensado en Bedward, ¿entienden? o sea, nunca se ha proyectado como algo más qué con ella ni con nadie a pesar de lo que siente, no sirve para eso, lo sabe, y aunque le gusta, no se arriesga. Ahí hay algunas cosillas de él que habrá que ir descubriendo mediante la historia, y Bella... bueno, chica confusa, enamoradiza y cambiante, tan solo tengan paciencia, interacción entre ellos habrá, pero eso no quiere decir que de un capitulo a otro van a ser felices por siempre, nah, Bella merece disfrutar de algunas príncipes más.

Bueno, espero haberme explicado bien, la mayoría de las veces ni yo me entiendo XD si alguien no entiende tan solo déjenmelo saber, no tengo problemas en responderles por pm o lo que sea que se le ocurra a FF ahora para los reply, jajajaja.

¡Espero les guste el capítulo! y muchas gracias por todo, hermosas :3

Lamb.