XIV

Cassiopeia se sorprendió de encontrar a Millicent Bagnold esperando en el despacho de su padre. Al fin y al cabo, era su superior. Si debía estar presente en una reunión, Cassiopeia hubiera esperado que ésta tuviera lugar en las dependencias de la Subsecretaria. Millicent se levantó.

"Buenas tardes" – dijo Cassiopeia -.

"Buenas tardes, señorita Black. Cygnus, si te parece…"

Cygnus Black sacó su varita. "Fermaportus" – apuntó a la puerta. Un fino haz de luz blanca impactó en la madera haciendo una especie de "gluc" - "Impertubate" – un segundo haz, más grueso y de color más tenue, tocó la puerta y se expandió por la pared antes de desaparecer.

"No queremos interrupciones" – aclaró Millicent.

Cassiopeia no dijo nada, pero pensó que en realidad su padre estaba blindando su despacho. El asunto, fuera lo que fuera, debía ser muy importante. Se revolvió un poco en la silla. Por un instante, se le pasó por la cabeza que hubieran descubierto que ella era La Rosa, y sintió cierto desasosiego. Se concentró para mantener una expresión imperturbable.

"Señorita Black" – Millicent Bagnold comenzó a hablar en un tono muy administrativo – "Lo que va a ver está sujeto a la más completa confidencialidad. La más leve filtración, aunque sea accidental, podría tener consecuencias terribles. Su padre responde por usted, pero si no está dispuesta a asumir un compromiso de riguroso silencio y discreción, junto con los riesgos que, no debo ocultarle, pueden llevar aparejados, es el momento de que lo diga."

Los ojos oscuros de Cygnus Black la miraron fijamente, una expresión inescrutable en su rostro.

"Puede confiar en mi"- contestó sencillamente. Milicent Bagnold era su tía por matrimonio. Sin embargo, aunque solamente Cygnus estaba presente, estaba tratando a ambos de manera completamente profesional.

"Bien. Cygnus, por favor..."

Cygnus Black dirigió su varita al cajón de su mesa, exactamente igual que había hecho unos días antes, cuando Dumbledore y ella misma, disfrazada como su misteriosa agente secreta, habían estado en ese mismo despacho. Murmuró aquel hechizo que parecía interminable y que empezaba a resultarle familiar, y extrajo los discos y un grueso expediente.

"Necesitamos que hagas una copia exacta de estos objetos" – dijo Cygnus Black –

Cassiopeia cogió uno de los discos.

"¿Qué es esto? Parece de oro"

"No necesita saber qué es." – dijo Millicent Bagnold – "En cuanto al material, son metálicos con un baño de oro. Prescinda del dorado."

"Además, deben carecer completamente de propiedades mágicas, excepción hecha, claro está, de su propia naturaleza, puesto que serán objetos transfigurados." – añadió su padre en un tono más amable.

Cassiopeia volvió a colocar el disco sobre la mesa, junto con los otros tres, y desvió la mirada hacia el expediente. Era una carpeta grande y gruesa, de piel de dragón de color marrón oscuro, con cintas en cada lado para cerrarla.

"Deberá hacer una copia del contenido, pero tendrá que tener la apariencia de un expediente muggle. En primer lugar, los documentos que contiene deberán ajustarse a la talla de este archivador". – Millicent Bagnold puso sobre la mesa lo que parecía una carpetilla marrón de un material blando. "Esto son las tapas de un expediente muggle corriente. El material en el que hay que transfigurar los documentos debe ser papel, como éste" – abrió la carpetilla y sacó un rectángulo blanco de un material mucho más frágil que el pergamino. Cassiopeia lo cogió y lo miró. Era ligero. Se preguntaba cómo podría aguantar la tinta que utilizaban para escribir.

"Cualquier referencia a la magia también debe quedar camuflada para los no mágicos Por ejemplo, las fotografías deben estar encantadas de tal manera que, a los ojos de un muggle no llamen la atención. Quiero decir, no deben moverse cuando las mire un muggle..."

"¿Cuánto quiere que duren las transformaciones?. Estos hechizos no son eternos."

"Cincuenta años. Pero implante también un encantamiento de autodestrucción. Nos dejará las palabras mágicas que lo activen."

"Me llevará tiempo. Por lo que dice, no se trata simplemente de transfigurar, también hay que hechizar y encantar."

"Soy muy consciente de ello. Por eso le hemos preparado un lugar para que trabaje de la manera más confortable posible. Cygnus, por favor..."

Cygnus Black apuntó con su varita hacia la pared blanca en la que en otra ocasión había mostrado a Dumbledore un mapa de Europa.

"Muéstrate"

Apareció una puerta. Cygnus Black la abrió y le mostró una habitación luminosa, con una mesa amplia. Todas las paredes tenían armarios que llegaban hasta el techo, y un rincón estaba debidamente habilitado para colocar un caldero y trabajar con él con seguridad.

"Espero que tengas todo lo que necesites"- dijo su padre, depositando los discos y la carpeta sobre la mesa – "De todas formas, si necesitas algo, no tienes más que dar tres golpecitos con la varita en la puerta. Yo estaré al otro lado."

"Bien" – contestó Cassiopeia.

"Entonces, señorita, la dejamos trabajar. Para salir, como ya le ha dicho su padre, tres golpecitos con la varita. Buenas tardes".

Cassiopeia Black se quedó sola en el mini laboratorio que su padre tenía escondido en sus dependencias ministeriales. Echó un vistazo al interior de los armarios. Había libros, artilugios e ingredientes para pociones. Después se dirigió a la mesa. Agitó su varita y un sencillo soporte de madera apareció. Una base sostenía en cada extremo una pieza vertical, terminada en U. Las dos piezas sostenían un eje horizontal. Cassiopeia cogió el eje e insertó los discos. Puso el eje sobre el soporte y contempló el conjunto.

Los bordes de los discos eran dentados y un poco curvos. Se le ocurrió ponerlos juntos, y observó que los dientes encajaban, de manera que si hacía girar el primero, los cuatro giraban. También observó un detalle que se le había pasado la primera vez que los copió. Unas pequeñas marcas, como estrellas, una, dos, tres, cuatro, en cada uno de los discos, disimuladas en uno de los dientes. Los sacó del eje y los colocó en orden, según las marcas. Puso todos los dientes con marcas hacia arriba, en la parte más alta, y los juntó.

El expediente le llevó mucho más tiempo. Había que transfigurar documento por documento, y después aplicar los hechizos correspondientes. Había rollos de pergamino, fotografías, un catálogo del Museo de Grindelwald, una Guía de Viaje por Centro Europa Mágica, recortes de periódicos…incluso un pequeño montón de papeles muggles. Al cabo de cuatro horas, tenía sobre la mesa dos juegos prácticamente idénticos de discos, salvo por el color, la carpeta de piel de dragón, y dos expedientes de apariencia muggle. Estaba muy cansada. Levantó la varita.

El último hechizo que empleó, fue un simple "reducto".

Nota del autor

ECO me indica, con acierto, que existe cierta descoordinación entre los parentescos de la historia y la información que figura en el Arbol subastado. Se trata de un error. Cuando termine la historia, tengo intención de revisar todos los capítulos y efectuar las pertinentes correcciones, que son muchas y variadas.