Hola chicos! Espero que les guste este capitulo, les advierto que tiene mucho lemmon, ya saben, léanlo bajo su propio riesgo, recomendado +18 En fin, el capitulo habla por si solo, disfrútenlo.

Los personajes NO son míos, la historia si. Es mía y me pertenece. Yo juego con los personajes y no soy propietaria de ninguno. Disfrútenlo.


Emmett POV.

-¿Puedes darte prisa, Alice? –Le dije mientras caminábamos por el amplio y lujoso pasillo del aeropuerto.

-Retrasamos este viaje cuatro meses por tu culpa, Emmett –Dijo ella estresada-. ¿No puedes esperarme cinco minutos más?

Giro mi rostro para verla teniendo dificultades con su equipaje y le enseño mi lengua, ella sonríe y hace lo mismo.

-¿No quieres ayudarme? –me pregunta con suplica.

-¿Por qué diablos traes tanto equipaje? Solo son tres semanas…

-Nunca, escúchame bien, nunca cuestiones el equipaje de una mujer, nunca Emmett.

-Vamos, cállate –sonreí y me acerque a ella-. Tu arrastra mi equipaje –le dije entregando mis dos maletas, que tenían rueditas practicas para facilitar su transporte-. Déjame a mí –le dije tomando sus cuatro maletas, dos en cada mano, y no era todo; Edward llevaba sus tres maletas y además otra de Alice.

-¿Te trajiste la lavadora y la estufa también? –Le pregunte sacudiendo sus maletas.

-Si, también metí a Jasper dentro –sonrió-. Va en la rosa, para que tengas cuidado.

Solté una leve risita.

-Si que lo hare –me reí de nuevo.

-Aquí están –susurro Edward poniéndose a nuestro lado-. ¿Todo bien?

-Perfecto –contestamos los dos.

Edward había ido a comprar nuestros boletos de avión y ahora los tres caminábamos juntos hacia la sala de espera.

-En cinco minutos empezamos a abordar –nos dijo Edward.

Había tenido que comprar otros boletos, dado que los que el doctor me había regalado expiraron hace algunos meses.

-No puedo creer que por fin vallamos a ir –dijo Alice.

-No puedo creer que este cargando toda tu habitación –le conteste. Las maletas sí que pesaban.

Llegamos a la gran sala de espera. Lujosa hasta el más mínimo rastro. Coloque todas las maletas de Alice en uno de los asientos. Ya habían sido registradas y verificadas en seguridad.

Edward estaba sentado en una de las sillas. Me acerqué a él y coloque mis piernas entre las suyas, nuestras rodillas chocaron graciosamente. Me incline hacia abajo y lo bese dulcemente en los labios, saboreándolos y estremeciéndome ante el contacto cálido y suave.

-Te ves tan sexy en esa ropa –le dije. Llevaba unos pantalones color perla y una camisa muy ligera color arena que se transparentaba dejando entre ver sus músculos, la cual llevaba desabrochada por debajo del pecho dejando ver un poco de atrayente y seductor vello obscuro.

-Pienso exactamente lo mismo de ti –susurro el tan cerca de mis labios que el movimiento de su boca me hizo desear un beso mas-. Me contengo enormemente para no arrancarte la ropa –susurro y reí por lo bajo.

A diferencia de él, yo llevaba un short varios centímetros debajo de las rodillas del mismo color que la camisa de Edward y llevaba una camisa de cuadros color azul con blanco, me quedaba muy ajustada al pecho y a los bíceps. Calzaba unos zapatos color beige que Alice había elegido especialmente para ese atuendo.

-No me gusta que vean tu desnudez –me dijo Edward mientras hacía que me sentara a su lado.

-No vengo desnudo –le conteste sonriendo.

-Bueno, tus piernas están desnudas –coloco su mano sobre mi rodilla mientras acariciaba un poco de piel desnuda y metía los dedos entre la tela-. Perfectas y desnudas.

-Bueno, tu rostro parece esculpido por un ángel y tus ojos son tan misteriosos como atrayentes –le dije-. Tus labios son de un tono rosado que muy pocos hombres consiguen y tus mejillas tienen ese encanto de rubor, tus pestañas son largas y espesas y… -resople con dulzura-. ¿Qué puedo decir de tu cabello? Parece el cabello de un Dios griego –sonreí. El entrecerró los ojos para hacerme callar. Era tan hermoso. Un ser perfecto.

-Eso no es cierto –Me contesto-. Y si el juego va así también tengo unas pequeñas cosas que decir –abrí la boca para protestar pero él me silencio con un beso, se aparto de mis labios y comenzó a susurrar-. Tu rostro es tan hermoso, un rastro de inocencia lo hace jodidamente perfecto, un rostro de facciones marcadas y masculinas con el ligero toque de inocencia como el tuyo debería ser un delito, además ¿Qué puedo decir de tu perfecto cuerpo? Pareces el mismo hijo de Afrodita.

-Ustedes son tan cursis y cultos. –susurro Alice a mi lado, me había olvidado de ella por completo.

-¿Dime que no tengo razón? –le pregunto Edward sonriendo y colocando su mano en mi muslo.

-Vale, Edward, eres tan hermoso como un príncipe sacado del cuento de Hadas o como un ángel perfecto. Emmett, eres tan atrayente como un Dios griego, con un cuerpo tan perfecto como el de un actor porno y yo, claro, una completa y repulsiva ogra. –Hizo un puchero y Edward rio junto conmigo.

-No digas eso –le dije riendo aun-. Los ogras no tienen esa cara de duendecillo –me reí después de que ella me soltara un golpe en la cabeza.

-Sabes que eres hermosa, Alice –le dijo Edward sonriendo.

-Si lo sé –dijo ella.

-La modestia es una cualidad atrayente ¿lo sabías? –le dije.

-Si, pero no necesito ser modesta para ser atrayente –contesto ella-. Con esto es más que suficiente –dijo dando una vuelta lentamente, luciendo completamente su atuendo ajustado y cómodo. Parecía orgullosa completamente de su cuerpo y sabia lo que estaba luciendo, eso solo la hacía más hermosa. Con sus curvas perfectamente marcadas y su rostro hermoso parecía sacada de una revista de modas.

-¿Nos vamos a quedar aquí admirando nuestra belleza o prefieren admirar nuestra belleza en un avión con destino a Miami? –pregunto ella señalando la puerta de salida. Justo se había formado una fila para abordar el avión.

-Bueno, es hora –susurro Edward poniéndose de pie y golpeando cariñosamente mi muslo.

-¿Nervioso? –me pregunto Edward, se había sentado entre Alice y yo. Los asientos del avión eran para tres personas pero podían caber incluso cinco. Eran tan amplios y cómodos.

-Si, un poco –conteste.

-Si no ves por la ventana te da menos vértigo –me aconsejo el-. Puedo cambiarte el lugar si quieres.

-Estoy bien –le dije. Yo me había sentado hasta el último asiento, justo alado de la ventanilla. Podía ver las pequeñas figaras que estaban frente a nosotros, arrastrando equipajes y otros objetos que no identifique. Mi estomago se torció ligeramente y respire un poco alterado.

-Nunca me había subido a un Avión –dijo Alice picando uno de los botones frente a ella, con el cual una pequeña televisión con audífonos Salió de entre el asiento de enfrente.

-¿No podríamos quedarnos aquí todas las vacaciones? –pregunto ella divertida.

-Te prometo que habrá mejores cosas que esta –le dijo Edward.

Paso el tiempo, que parecía eterno, y una voz anuncio en varios idiomas que estábamos por despegar, minutos después sentí el avión agitarse ligeramente y por la ventana vi como se empezaba a mover.

-Tranquilo –me susurro Edward al oído.

Gire mi rostro para encontrarme con sus labios y le bese durante un largo momento. Después, recargue mi cabeza en el asiento y cerré los ojos mientras me aferraba a la mano suave de Edward.

El vuelo transcurría rápido, la mayor parte de él mantuve mis ojos cerrados. Me sentía extrañamente mareado.

Abrí mis ojos y gire ligeramente mi rostro para ver a Edward, el se percato de mi mirada y se giro también para verme.

-¿En donde esta Alice? –le pregunte.

-Ya sabes cómo es, estuvo conversando con el chico de los asientos traseros y ambos fueron al bar desde hace un buen rato. Alice dijo que nos veía cuando aterrizáramos.

-¿Al bar? –pregunte.

-Si, no te preocupes, es agradable y familiar. Hay televisiones y algunos videojuegos que pueden utilizar los niños. También proyectan películas y esa clase de cosas, entretenimiento para los pasajeros, más bien –me explico paciente.

-Suena bien ¿Quieres ir?

-Tengo algo en mente, pero no es eso. Sígueme –me ordeno.

Me puse de pie con un poco de esfuerzo. Daba la impresión de que el avión estuviera detenido, no había ningún tipo de movimiento que indicara que estuviéramos volando. Caminamos por el largo y amplio pasillo de primera clase hasta el fondo. Los últimos asientos estaban completamente vacios, no había mucha gente en primera clase y la mayoría estaba hasta en frente.

-¿A dónde vamos? –pregunte divertido. El me tomo de la mano y mirando alrededor de nosotros abrió una puerta grande y blanca y me arrastro con el adentro.

-¿Qué es esto Edward? –pregunte con una amplia sonrisa en mis labios.

-Te presento al baño del avión, Emmett. –contesto él.

-Si, ya me di cuenta. –me reí por lo bajo.

Era un amplio y lujoso baño, como todo el avión, frente a mi había un espejo y un lavabo largo y espacioso. Al fondo se veía una cortina de cristal que dejaba ver detrás de ella la silueta de una taza de baño.

-¿Puedo saber que hacemos aquí?

-¿No se te ocurre nada?

-Bueno, se me están ocurriendo varias cosas –le dije acercándome lentamente a él y colocando mis manos en su cintura.

-Parecen ser divertidas –susurro el antes de que le besara con pasión en los labios.

Sus manos se postraron en mi pecho y comenzaron a desabrochar mi camisa hasta despojarme de ella completamente, sonreí por la situación que estaba sucediendo, pero no me detuve. También le despoje ágilmente de su camisa y la arroje al suelo, daba la impresión de estar más limpio que mi ropa, así que no preocupe por que se pudiera manchar.

-Estas loco –susurre.

Y él no respondió, a cambio de incrustó mas en mi cuerpo y comenzó a acariciarme lo recargue fuertemente contra la pared y el soltó un quejido excitante.

Su mano comenzó a acariciar mi muslo y levanto mi short para acariciar mi piel desnuda.

Sus dedos desabrocharon mi short y lo bajaron hasta mis tobillos, con unos ligeros movimientos me despoje de él.

Con mi mano sujete su muslo y lo atraje hacia mí y con mi otra mano sujete su cintura mientras apretaba su cuerpo al mío.

Edward dio unos pasos hacia adelante y con un ágil movimiento me tiro al suelo, estaba helado y duro.

Me recargue sobre mis codos y le mire.

-Sabes que esto no es nada romántico ¿Verdad?

-Lo sé –sonrió el mientras bajaba su pantalón ligero y lo arrojaba a un lado.

Camino semidesnudo hacia mí y su erección se notaba detrás de la delgada tela de su ropa interior.

Tiro su cuerpo sobre el mío, rozando nuestra piel desnuda, acariciando mi pecho y mis muslos, acariciando mi miembro con dulzura mientras movía sus caderas. Sentía su miembro presionarse contra el mío una y otra vez y mi respiración se entre agitaba cada vez mas.

Entonces él se puso de pie y me acomode de una manera que pudiera verlo con claridad.

El piso debajo de mi cuerpo se notaba extrañamente cálido bajo mi piel.

Edward se dio media vuelta quedando de espaldas a mí, dejándome ver su musculosa espalda y sus piernas perfectamente definidas.

-Esto –dijo el sensualmente. Sus manos tomaron el elástico de su ropa interior y comenzaron a bajarla, hasta que se deshizo de ella. Quedo completamente desnudo frente a mí. Su espalda perfecta lucia sus músculos trazados a la perfección. Sus glúteos se sentían frágiles y suaves a la vista y verlo de esa manera me provoco un estremecimiento de placer de la cabeza a los pies-. Es lo único que veras por hoy –concluyo la frase, casia había olvidado que el había comenzado a hablar segundos antes.

Entonces estiro su mano hacia adelante y el baño quedo sumergido en una obscuridad un poco aterradora.

-¿Edward? –pregunté sentándome lentamente.

-Estoy aquí –susurro él, la luz volvió al baño y Edward estaba frente a mí, con su ropa interior puesta nuevamente. Me sentí desesperado y me puse de pie.

Lo tome entre mis manos y lo bese con fuerza.

-Me vas hacer explotar –le dije-. Algún día no podre soportarlo mas –sonreí.

-Y ahí estaré para ti –susurro el besándome nuevamente.

En esto se había convertido nuestra relación. Momentos como este le daban vida día a día. Situaciones divertidas y extrañas cargadas de pasión, pero nunca hasta llegar más allá de las caricias y los besos… y casi la desnudes. Como ahora. Juegos eróticos que me hacían desear más y más. Que no me aburrían jamás y aunque deseaba con todas mis fuerzas hacerlo mío, me hacían sentirme vivo y deseado.

-Edward, si esto es el hotel, dudo mucho querer salir de aquí en todas las vacaciones –dijo Alice maravillada por la grandiosidad del hotel.

Edward acababa de salir de la recepción con las llaves de nuestras habitaciones.

El hotel era enorme, lujoso y elegante, pero sin perder el toque de vida y juventud en el. No había muchas personas y la mayoría eran jóvenes y familias.

-Tiene gimnasio, albercas, discoteca, bar, restaurant, tiendas de ropa…

-Y además, habitaciones –lo interrumpió Alice maravillada-. Dios, nunca querré salir de este lugar.

-En realidad, no los voy a llevar a conocer el hotel, solo la habitación. Hay tantas cosas afuera y no quiero perder tiempo en esto –Edward me tomo de la mano mientras avanzábamos hacia los escalones. Unos amplios y lujosos escalones en forma de caracol que dejaban ver hasta el último piso, diminuto y casi invisible desde esa altura.

-¿En qué piso estamos? –pregunto Alice. Íbamos caminando entre un grupo de personas que se dirigían hacia todos lados.

-En el último –contesto Edward.

-¿El ultimo? –Pregunte.

-El último –afirmo-. Es el piso más lujoso, solo tiene tres habitaciones y dos son nuestras.

-Valla –Alice susurro mientras con su mano rosaba la pared.

Edward nos condujo hasta un ascensor cuyas paredes eran de cristal y dejaban ver muchos ángulos del hotel.

En ningún momento soltó mi mano y fue un poco diferente, muchas personas se giraban a vernos, nos señalaban y se sorprendían. Lo bueno es que, tanto a Edward como a mí, la opinión de las personas nos importa tan poco, mientras seamos felices con lo que queremos, nadie nos va a molestar.

Subimos hasta el último piso. Edward estaba frente a mí, con mis brazos rodeaba su pecho y mi mandíbula descansaba en su hombro.

-Esta es la llave de tu habitación –Edward le entrego una pequeña tarjeta dorada a Alice-. Es la del fondo –señalo hacia la última puerta.

-¿Puedo? –nos pregunto con una sonrisa en la boca y dudando un poco.

-Adelante –conteste y Edward asintió. Ella salió corriendo por todo el pasillo sin prestar atención a nada a su alrededor.

-Es hermoso –le susurre a Edward al oído.

-¿te gusta? –me pregunto él.

-Por supuesto que sí –me quede admirando el pasillo, un pasillo para nada sencillo y normal. Tenía un montón de esculturas y pinturas, pero sin perder la elegancia. Una alfombra color vino se extendía por todo el pasillo y terminaba en la habitación donde Alice acababa de entrar.

-¿Cuál es la nuestra? –pregunte.

-Es aquella –Señalo Edward con su dedo una puerta al otro extremo del pasillo.

Jale de su mano hacia nuestra habitación pero Edward puso resistencia.

-¿Qué sucede? –inquirí.

-No vas a ver la habitación hasta que vengamos a dormir –me contesto.

-¿Y eso?

-Es un secreto –sonrió y se estiro para besarme. Lo estreche hacia mí y no me despegue de su cuerpo.

-Ven –Me tomo de la mano y me condujo hacia una puerta en una de las paredes. Justo alado había una banca elegante con un teléfono a un lado.

Nos sentamos ahí sin soltar nuestras manos.

-¿Esperaremos a Alice? –le pregunte mientras estiraba mi brazo derecho pasándolo por detrás de Edward y colocando mi mano en su cintura, atrayéndolo hacia mí.

-Así es –contesto-. Dejemos que Alice se divierta un poco con su habitación.

Edward recostó su cabeza en mi hombro.

-¿Por qué no podemos entrar a la nuestra?

-Es un secreto, ya te dije.

-¿Sabes que odio los secretos? ¿No?

-Así es, pero este lo vas a amar.

-Vale –conteste.

El tiempo paso, demasiado lento y demasiado rápido. El lugar estaba solo completamente y había tanta calma que podría quedarme dormido.

Edward había recostado su cabeza en mis muslos y su cuerpo estaba sobre la banca, con sus ojos cerrados desde hace mucho tiempo, tal vez diría que está dormido.

Mis dedos acariciaban dulcemente su cabello perfecto y no podía dejar de contemplar su rostro de una hermosura inigualable.

El clima del lugar era perfecto, me recordaba tanto a mi pequeño y soleado pueblo. Aunque la humedad del mar se impregnaba en mis pulmones, era perfecto.

Eche mi cabeza para atrás y contemple los diseños elegantes de las lámparas de techo durante un momento, después cerré los ojos y me fue casi imposible volver a abrirlos.

-¿es enserio? –una voz femenina se escucho a lo lejos-. ¡Hey! –ahora fue un grito el que me trajo a la realidad.

-¡¿Qué pasa?! –Edward pregunto alterado y sentándose con rapidez en la banca.

-¿Se quedaron dormidos? –pregunto Alice con incredulidad.

-Pues tardaste siglos en tu habitación y Edward no me permitió entrar a la mía –conteste.

-Es una sorpresa para la noche –dijo él.

-Bueno, la habitación es jodidamente hermosa. De verdad, la amo, es… es como tener mi propia casa, S.P.A, salón de belleza y todo. La amo, así de simple.

-Eso es bueno –dijo Edward-. Porque será tu hogar en las próximas semanas

-No podía estar más contenta. La cama es enorme, tiene una televisión enorme. Hay un S.P.A. ¡Dentro de la habitación! Y ahí dice cómo usarlo y todo, el baño ¡Dios el baño! Es hermoso ¡Podría pasar horas ahí! Además, hay un mini bar y ¡Una sala de juegos! ¿No podríamos quedarnos por lo menos una semana en el hotel?

-No, no, no. –Edward se rio y me uní a él-. Por lo pronto vámonos de aquí antes de que hagas un berrinche y me convenzas de quedarnos.

Nos pusimos de pie y seguimos a Edward.

-¿A dónde? –pregunto Alice una vez que pasamos el elevador y las escaleras.

-No vamos a bajar, en realidad. Digamos que vamos a subir.

-No entiendo –dijo Alice.

-Ahora lo entenderás –contesto Edward mientras abría una puerta enorme de madera.

Me atrajo hacia el conduciéndome hacia adentro, pero no era hacia adentro, más bien estábamos saliendo. Era el techo del hotel, un techo enorme y con un jardín que se extendía de un extremo a otro. En una esquina había un helicóptero negro y en la otra una piscina enorme.

-¡Dios mío! –Grito Alice dando saltitos de felicidad.

-Chicos, nuestro transporte –Edward señalo el helicóptero.

-¿¡Estas bromeando!? –Grite.

-¿Parece que estoy bromeando? –dijo el sonriendo ampliamente.

-¡Ah! –Grito Alice dando vueltas por todo el lugar.

-¡Te amo! –le dije en voz alta y lo abrasé elevándolo en el aire y girando. Cuando me detuve le di un beso en los labios.

-Vamos, vamos. ¡Tenemos que probar esa cosa! –Dijo el tirando de mi mano y conduciéndome al helicóptero.

-¡Yo pido adelante! –grito Alice y corrió por delante de nosotros.

Cuando llegamos al helicóptero ya había una persona ahí.

-Buenas tardes señor Cullen –saludo él.

-Buenas tardes, solo llámame Edward. Ellos son Emmett y Alice –nos presento.

-Hola –saludo Alice.

Y yo hice un pequeño asentimiento con la cabeza.

-Vamos, vamos. –Edward se subió al helicóptero en la parte trasera, era enorme a pesar de verse tan pequeño desde afuera.

-¿Puedo ir adelante? –pregunto Alice al piloto.

-Por supuesto –contesto él.

Edward y yo reímos.

Ya estando dentro el piloto nos entrego unos objetos enormes en forma de orejeras. Eran para no lastimar nuestros oídos con el ruido.

-¿No vamos a llevar paracaídas? –le pregunto Alice mientras se acomodaba en su asiento.

-No. Bueno, no al menos que pienses lanzarte –contesto el piloto con una sonrisa.

El helicóptero se encendió y un nudo se produjo en mi estomago. Nervios.

-¿Estas bien? –inquirió Edward divertido.

-Si, perfecto –mentí.

-Tienes cara de vomito –dijo Alice girando para verme.

-No quiero vomitar, estoy bien.

-No, no dije que tuvieras cara de que quisieras vomitar, dije que tienes cara de vomito, ya sabes esa cosa viscosa y deforme que…

-Hay cállate Alice –dije y todos se rieron.

Mi estomago empezaba a temblar y mis manos también.

-Es divertido, en serio –susurro Edward y me dio un beso en los labios.

Edward POV.

El viaje en helicóptero había sido un excito. Convencí a Emmett de que abriera los ojos justo a tiempo para admirar lo más hermoso de la ciudad. Alice había atacado al conductor con un montón de preguntas.

Ahora estábamos volando sobre un campo verde, en donde nos esperaba una limosina que nos llevaría a donde quisiéramos ir durante los próximos 15 días.

-Es hora –dijo el piloto Mientras estabilizaba el helicóptero.

-¿Hora?

-Si, ahí abajo nos espera una limosina. –conteste.

-Bien –dijo Emmett.

-Aquí están los paracaídas. –El piloto nos entrego dos mochilas a Edward y a mí y una a Alice-. Después de diez segundos en el aire jalaran este cordón –sujeto un cordón blanco de la mochila que tenia Alice-. Y el paracaídas se abrirá.

-¡¿Está loco?! –Grito Emmett-. ¡¿Lanzarnos?! ¡¿Desde esta altura?!

-Tranquilo Emmett –le dije acariciando su muslo-. ¿No amas las aventuras?

-Si lo hago, pero nunca eh hecho esto…

-Solo tenemos una vida, hay que vivirla al máximo –le conteste, con las mismas palabras que el siempre utilizaba.

-¡Listo! –grito Alice desde el asiento delantero.

-¿Todo está sujeto bien? –le pregunto el piloto.

-Sip –contesto ella.

-Adelante –dijo el después de asegurarse que Alice había puesto bien el paracaídas.

-Chicos, los espero abajo –Alice paso al asiento trasero, el piloto abrió la puerta con un botón y el aire nos impacto en el rostro. El sonido lastimaba un poco.

-¿Estas lista? –le pregunte. Yo ya le había dicho a Alice sobre lanzarnos del helicóptero, el que no sabía era Emmett.

-Lista –dijo ella-. No es tan malo, Emmett –dijo ella antes de lanzarse.

Emmett se aferro a su asiento y se rehusó a mirar.

-Ya está abajo –dijo el piloto.

-Vamos –Me puse de pie y le extendí la mano a Emmett.

-Me vas a matar, tú me vas a matar.

-Pareces un niño pequeño, Emmy –Le di un pequeño beso en los labios-. Vamos juntos.

Le puse el paracaídas a Emmett asegurando todo para que él se sintiera bien, después de poner el mío nos colocamos frente a la puerta.

-¿estás listo? –le pregunte.

-No, hagámoslo de una vez –contesto él.

-Gracias –le dije al piloto y el asintió-. Juntos –Tome a Emmett de la mano-. Una… dos… ¡Tres!

Y nos lanzamos.

Emmett POV.

El aire me impacto en mi cuerpo poniendo resistencia a la caída. El temor que había sentido antes de lanzarme había desaparecido, ahora la adrenalina recorría todo mi cuerpo.

La mano de Edward iba entrelazada con la mía aunque el aire se esforzaba por separarlas.

-Juntos –dijo Edward y fue casi inaudible. Postro su mano sobre el cordón blanco que colgaba a un lado de nuestro pecho y yo hice lo mismo.

Edward conto hasta tres y juntos jalamos del cordón.

Tuvimos que soltar nuestras manos porque su paracaídas se abrió primero que el mío y yo ahora iba unos centímetros arriba de él. La sensación de estar colgado por una mochila mientras caes a un campo era increíble. Mis manos se sujetaban con fuerza a las correas del paracaídas mientras me acercaba lentamente al piso.

Vi como Edward cayó en el, con unos pasos apresurados para no caerse y dejando el paracaídas atrás.

Cuando mis pies tocaron el suelo pensé que iba a caerme y rodar por muchos metros, pero pude controlarlo. Prácticamente corrí un poco para evitar mi caída y me estabilice.

Edward y yo divos un grito de victoria. Me acerque a él. Lo tome entre mis manos, sujete su cintura y lo atraje hacia mí. Le di un beso en los labios con mucha fuerza. Atraje aun mas su cuerpo al mío apretándolo con fuerza.

-Te amo, te amo, te amo, te amo –le dije.

-Lo sé –me dijo él mientras me besaba-. Yo te amo aun más –y me silenció con un beso.

Edward POV.

El día había pasado muy rápido y la caída de la noche solo me ponía más nervioso.

Había preparado la habitación del hotel para tener una noche maravillosa con Emmett y aunque deseaba con todas mis fuerzas que llegara el momento, tenía nervios y miedo. Por ese motivo el tiempo pasaba aun más de prisa.

-Este día ah sido maravilloso, lo sabes ¿Verdad Edward? –me pregunto Alice.

-Bueno, no dirás eso después de mañana, digamos que este día fue de cultura, mañana los llevare a un lugar maravilloso –le conteste. Hoy habíamos entrado a muchos museos, habíamos comido en restaurantes caros y habíamos comprado un poco de ropa en unas tiendas de diseñador.

-A sido perfecto –la apoyo Emmett mientras cerraba con más fuerza su mano a la mía.

-Si, pero es hora de regresar al hotel.

-¿No podemos ir a un antro o algo? –pregunto Alice.

-Bueno, mañana tenemos que levantarnos temprano para llevarlos a un lugar que solo abre por las mañanas… así que es mejor dormir temprano.

-Bueno, de todas formas quiero estrenar el S.P.A.

-¿Nos vamos entonces? –pregunto Emmett.

-Así es. –conteste y nos pusimos de pie, estábamos sentados en un café que nos encontramos en la calle. La ciudad de noche era aun más perfecta que de día y la limosina que nos esperaba resaltaba entre muchos coches.

Entramos en ella y yo solo podía pensar en el momento en que entráramos a nuestra habitación.

El viaje de regreso al hotel fue muy rápido a causa de mis nervios. Quería hacer todo con la mayor lentitud pero no daba resultado. Para cuando menos lo espere ya estábamos frente a nuestra habitación, con Alice alejándose de nosotros y deseándonos buenas noches.

-¿Listo? –le pregunte a Emmett con un temblor.

El me sonrió y asintió con la cabeza, abrí la puerta.

Emmett POV.

Cuando la puerta se abrió quede maravillado.

Eso no era una habitación de hotel, no podría serlo…

La sala principal tenía unos sofás muy hermosos y una televisión enorme frente a ellos.

A mi lado derecho había una pequeña chimenea muy acogedora con un fuego encendido.

Todo iba normal hasta después de la mitad de la habitación, había una puerta de cristal enorme que dividía la habitación en dos. Detrás de la puerta se podía ver un campo de flores hermosas, agua y arena de playa, veladoras inundaban el lugar con una cálida y acogedora luz anaranjada y ver lo que había detrás del cristal se dificultaba a causa del reflejo de la habitación en el.

-Esto es hermoso –susurre.

-Acompáñame –me dijo Edward mientras me tomaba de la mano y me jalaba muy deprisa por entre la habitación, no pude contemplar nada lentamente a causa de la velocidad y estaba a punto de quejarme cuando nos detuvimos, frente a una puerta con dos letras "E" entrelazadas.

-Edward y Emmett –susurre sin aliento. Edward asintió y abrió la puerta.

El interior era la cosa más perfecta que podía existir.

En medio de la gran habitación había una cama enorme. La luz era casi mínima, pero un montón de veladoras iluminaban todo a la perfección. Había pétalos de rosas rojas en toda la habitación, sobre los muebles, en el piso, en la cama. Olía a rosas y a naturaleza.

Parecía como si estuviera viviendo en el paraíso.

-Es para ti –dijo Edward antes de darme un beso.

Con su mano cerró la puerta y me empujo hacia la pared acariciando mi cuerpo.

Sujete su cintura con fuerza mientras sus manos recorrían mi abdomen y mi pecho.

-Te doy cinco minutos para que te prepares. Solo cinco minutos –me dijo y se despego de mí. Quede aturdido parado en ese lugar mientras el abría una puerta y desaparecía en una habitación.

Era maravilloso todo, me quede viendo la habitación por un largo tiempo sin acordarme de las palabras de Edward.

Me quite el cinturón y desabroche mi camisa por completo. Me quite los zapatos y los calcetines para sentir con las plantas de mis pies el rose suave de los pétalos. Mire la cama y me imagine a Edward y a mi acostados sobre ella.

"cinco minutos" recordé, era demasiado tiempo ahora.

Me dirigí a la habitación en donde había entrado Edward, ahora con desesperación y abrí la puerta.

Ahí estaba Edward semidesnudo. Su camisa estaba colgada en el perchero del baño y entre sus manos tenía su pantalón, lo estaba doblando.

-¡Te dije cinco minutos! –dijo el sobresaltándose.

-Es demasiado –conteste y me acerque a él. Lo tome entre mis manos y lo bese sin despegarme.

Comencé a acariciar su espalda desnuda, sus muslos suaves y la delgada tela de su ropa interior.

Sus manos se metieron entre mi camisa y acariciaron mi piel desnuda.

Sin despegar nuestros labios y nuestros cuerpos comenzamos a caminar hacia la habitación.

Los pétalos debajo de mis pies me guiaron directamente a la cama, como si se hubiera formado un camino hasta ella.

Edward me despojo de mi pantalón y lo arrojo hacia algún lugar mientras sus manos regresaban para acariciar mis glúteos con fuerza.

Sentí su miembro rosar el mío y apreté sus caderas.

Mientras nos besábamos comenzó a dar pequeñas embestidas ocasionándome una ola de placer y que mi miembro comenzara a erectarse. Lo junte hacia mí con fuerza y dirigí mi mano hasta su abdomen bajando con lentitud y acariciando su pene entre mis dedos. Una erección se formo entre mi mano mientras la acariciaba.

Nos tiramos sobre la cama y los pétalos cayeron sobre el cuerpo de Edward.

Su rostro estaba rosado y sus ojos brillaban con la excitación.

-Te amo –susurre.

-Te amo –me contesto.

Nuestros labios comenzaron a danzar juntos nuevamente. No sé como logre quitarme la camisa y arrojarla a un lado de la cama mientras Edward besaba mi pecho.

Gire sobre la cama para que el cuerpo de Edward quedara sobre el mío y atraje su rostro para besarlo en los labios.

Sus manos comenzaron a descender lentamente desde mi pecho hasta mi miembro y comenzó a acariciarlo. El placer que sentía no podía ser comparado con nada.

Comenzó a descender lentamente desde mi cuello hasta mi pecho. Mis manos se enredaron entre las sabanas y los pétalos que estaban en la cama mientras el placer me provocaba contracciones.

Sus labios suaves besaron cada parte de mi cuerpo y ahora se dirigían a mi abdomen. Cerré mis ojos con fuerza mientras Edward mordía ligeramente mi piel sensible y sentí como sus dedos se metían entre el elástico de mi bóxer y tiraban de él. Deje que sus manos hicieran lo que querían hasta que me despojaron de mi última prenda.

Sentí unas manos suaves y rudas a la vez acariciar mi erección de arriba abajo y mi espalda se arqueo por el placer.

Entonces sentí la sensación más maravillosa que había sentido hasta ahora. Unos labios calientes y suaves postrarse sobre mi glande. Al instante abrí los ojos y le mire.

-Edward –susurre con sorpresa y el fue metiendo mi pene lentamente en su boca.

El placer era increíble y quería que lo hiciera, quería que lo siguiera haciendo hasta venirme dentro de el. Quería que continuara con fuerza, pero me sentía un poco incomodo.

-Edward –volví a decir-. ¿Estas seguro de eso? –pregunte como pude.

-Estoy seguro de ti –contesto él y puso su mano sobre mi pecho obligándome a acostarme completamente en la cama mientras el seguía masajeando mi erección con sus labios. Sentía como mi pene entraba y salía, la sensación de algo caliente, suave y húmedo alrededor de mi pene era incomparable y de mi boca salían gemidos de placer.

Entonces sentí como sacaba mi pene de su boca con rapidez. Estuve apunto de quejarme hasta que sentí sus dulces labios entre los míos.

Enrede mis dedos entre sus cabellos con fuerza y gire hasta ponerme sobre él.

Seguí besándolo con pasión mientras sus manos acariciaban mi espalda y mis glúteos. Mi pene se apretaba a su entrepierna y mientras mi cadera se movía rítmicamente mi pene se friccionaba sobre su cuerpo excitándome.

Entre besos Edward se quito su ropa interior y sentí su pene rosar el mío y comencé a moverme con más fuerza presionándome a él.

En la misma posición en que estábamos, con Edward debajo de mí, sus manos alrededor de mi cintura y sus labios entre los míos, comencé a mover mi erección con una mano hasta colocarlo en sus glúteos, su pene quedo debajo de mi abdomen y sentí como mi glande rosaba su ano lentamente.

Cuando los labios de Edward se separaron de los míos pensé que iba a reprochar. Pero lo que dijo me tomo por sorpresa.

-hazlo –dijo con firmeza.

-¿Estas seguro?

-Completamente –contesto y volvió a besarme.

Comencé a mover mis caderas lentamente para poder entrar en él. Con mi mano derecha sostuve mi erección para que no se moviera y lentamente fui metiendo mi pene dentro de Edward.

Los labios de Edward dejaron de moverse y me despegue un poco de su rostro para respirar un poco. Fui entrando lentamente en él para que no sufriera tanto. La sensación era increíble. En pocos segundos quede dentro completamente, sentía sus glúteos pegados a mi pubis y una masa caliente y excitante rodeaba mi pene.

El rostro de Edward había pasado de un tono rosado a un rojo brillante por completo, sus ojos se apretaban con fuerza y su cabello húmedo caía sobre su frente.

Comencé a mover mis caderas lentamente y de entre la garganta de Edward salían gemidos de dolor y placer. Sus manos apretaban con fuerza mi piel lastimándome lo suficiente para excitarme aun más. Mientras el tiempo pasaba movía mis caderas con más velocidad dejando que Edward se acostumbrara a la sensación.

Pasaron los minutos y Edward regreso a mis labios y comenzó a besarme con pasión.

Sus piernas pasaban por arriba de mi cuerpo mientras yo lo penetraba con delicadeza y sus manos se apretaban a toda la piel de mi espalda.

Con mi mano izquierda comencé a masturbar el pene de Edward con fuerza mientras aumentaba el ritmo de mis embestidas.

Me retire un poco del rostro de Edward mientras acomodaba nuestros cuerpos en una posición cómoda. Edward hecho su cabeza hacia atrás y las venas de su cuello resaltaban entre el sudor.

Mientras le masturbaba y lo penetraba sus manos acariciaban mis glúteos y mi pecho.

El tiempo pasó y la sensación de placer aumentaba cada vez más. Con mi mano acariciaba el miembro de Edward, sus testículos y su pene, eran perfectos.

Había deseado tanto este momento y lo había imaginado tantas veces, pero jamás me había acercado ni un poco a lo que realmente se sentía.

Mi pene comenzó a ensancharse y eso quería decir que estaba por terminar. Las embestidas que daba cada vez se hacían más fuertes y Edward soltaba gemidos en cada una de ellas, lo que aumentaba mi placer.

Entre mi mano la erección de Edward se endureció y comencé a masturbarlo con más rapidez su glande rosaba mi palma y ya estaba húmeda debido al liquido lubricante que salía de Edward, la masturbación de su pene se hacía más fácil.

-Estoy por terminar –susurre y mi voz salió como un gruñido animal. La mano de Edward se puso en mi cadera para que me quedara en ese lugar y no sacara mi pene antes de venirme dentro de el.

Durante unos segundos mis ojos se conectaron a los de él, unos ojos brillosos y rojos por la excitación atraparon mi vista. Entonces termine.

Con un fuerte gemido sentí como el líquido salía desde mis testículos hacia dentro de Edward y unas contracciones de placer me inmovilizaron durante un momento. Un grito salió de la garganta de Edward mientras yo eyaculaba dentro de el y mi mano comenzó a llenarse de un liquido caliente. Edward también había terminado.

Edward POV.

Una vez que habíamos terminado Emmett se recostó a mi lado y me dio un beso en los labios.

Me recosté sobre su cuerpo sudado y pegajoso y me relaje.

Sentía un pequeño dolor en mi pubis a causa de la penetración pero todo había sido maravilloso.

Había pasado tanto tiempo y el miedo de lo que pudiera pasar en mi primera vez no me había dejado disfrutarlo antes, pero ahora, no recordaba el miedo ni las sombras de mi pasado hasta ahora. Hacer el amor con Emmett me había hecho olvidar todo, solo existíamos él y yo.

Tanto tiempo estuve pensando en lo que me hico Mike y ahora había pasado inadvertido y de algo estaba seguro, nunca más me volvería hacer daño ese trauma pasado, porque ahora unos brazos fuertes y grandes me estrechaban hacia un pecho musculoso y perfecto. Esta era mi vida. Y esto era lo que quería recordar para siempre.

Después de un largo y perfecto momento recostado sobre Emmett, me puse de pie despacio cuidando no despertarlo y me dirigí a la ducha.

Sin pensarlo me metí debajo de la regadera y abrí el agua fría dejando que limpiara el sudor de mi cuerpo.

Después de lavar mi cabello y todo mi cuerpo con jabón me quede debajo del agua recordando lo que había pasado hace unas horas en esa habitación.

Recorrí con mi mano mi pecho y prácticamente sentí a Emmett besando esa parte, mi abdomen, mi cuello. Sus labios carnosos y suaves rodeando mi cuerpo por completo.

Cerré los ojos y deje que los recuerdos se apoderaran de mí.

-¿Estas bien? –su voz me sobresalto.

-Estoy perfecto –conteste abriendo los ojos.

Emmett estaba de pie frente a la puerta de baño, completamente desnudo y con una sonrisa en sus labios.

Camino hacia mí con lentitud y mis ojos lo recorrieron por completo sin dejar pasar su miembro, me excite al verlo. Estaba flácido pero era enorme y grueso aun así y sus testículos se movían mientras el caminaba y cuando llego a mi lado se metió bajo el agua junto conmigo y me beso en los labios.

-Ah, el agua es perfecta –dijo mientras tomaba un poco de shampoo y se frotaba el pelo.

-Te daré un poco de privacidad –le dije sonriendo y a punto de salir de la regadera.

-No, no, no –dijo el-. No quiero privacidad.

Gire y sonreí. Lo vi como se baño, como lavo su cuerpo perfecto y como se quedo unos segundos bajo el agua con los ojos cerrados.

Cuando los abrió había una chispa de excitación en ellos.

-¿Te digo algo? –susurró y yo asentí. Me extendió sus manos y me acerque a él lo suficiente para respirar su aliento-. Te amo –susurro en mi oído-. Y eres excitante –susurro de nuevo pero con una nota nueva en su voz.

Me tomo entre sus manos y me beso en los labios con fuerza. Sujete su cintura y lo atraje a mí.

Nuestros cuerpos desnudos se rosaban y juntos con el agua que caía sobre nosotros hacia la excitación aun mas grande.

La mano de Emmett se dirigió a mi miembro y comenzó a frotarlo. Cuando formo la erección pego su pubis al mío y comenzó a moverlo de un lado a otro mientras su pene y el mío se friccionaban.

-Diablos –susurro Emmett.

-¿Qué? –pregunte divertido.

-Te amo –contesto.

-Te amo mas –le asegure.

Siguió besándome bajo el agua aumentando nuestras sensaciones. Cerré la llave con mi mano y me despegue de él para hablar.

-Sígueme –dije y camine hasta salirme de la regadera con Emmett a mis espaldas.

Abrí una de las puertas de un cristal que producía un reflejo perfecto y detrás de ellas había otra pequeña habitación con una jacuzzi en medio y velas aromáticas alrededor, encendidas aun.

El jacuzzi estaba preparado para usarse y tenía pétalos rojos en el agua, flotando maravillosamente sobre la espuma.

Emmett murmuro algo por lo bajo y se acerco a mi pasando sus manos sobre mi pecho y pegando su musculoso torso a mis espaldas, besando mi cuello lentamente.

Sentí su erección pegada a mis glúteos y deseaba que se acercase más a mi cuerpo.

-Vamos –le dije tomándolo de la mano y caminando hasta meterme a la tina. El agua estaba tibia y la espuma junto a las flores le daba una sensación maravillosa.

Emmett entro detrás de mí y se sentó a mi lado, pasando su brazo por detrás de mis hombros.

Gire mi rostro para besarlo y él comenzó a acariciar mi piel desnuda por debajo del agua.

Pase mi pierna hasta el otro lado del cuerpo de Emmett sin despegar nuestros labios y quede sentado sobre su pubis con mis piernas en los extremos de Emmett.

Sus manos suaves comenzaron a acariciar mi espalda y mi cintura.

Mientras le besaba dirigí mi mano hasta su erección y la coloque de tal forma que pudiera introducirla en mí nuevamente. Deseaba ser suyo otra vez y el fuego que había en mi interior estaba comiéndome completamente.

Con un movimiento lento Emmett comenzó a entrar en mí mientras yo relajaba mi cuerpo y dejaba que su pene siguiera su camino mientras yo me sentaba despacio sobre él.

Los labios de Emmett se tensaron junto con los míos y sentir nuevamente su glande enorme y grueso entrar en mi me provoco una oleada de dolor y placer que saco un gemido de mi garganta.

Una vez que Emmett quedo dentro de mi comenzó a moverse lentamente. Sus labios pegados a los míos y sus manos sujetas a mi cuerpo. Siendo una sola persona. Dos almas conectadas, dos corazones latiendo al unisonó y dos cuerpo que formaban uno solo.

-Te amo –le dije.

-Te amo –me contesto mientras movía sus caderas.

Y así lo hicimos nuevamente. Por segunda vez en la misma noche. Por segunda vez en toda mi vida y el momento fue maravilloso, por segunda vez.


¿Que les pareció? ¿Les gusto? ¿No les gusto? ¿Comentarios, dudas o sugerencias? Reviews!