Capítulo 14
El amanecer de la Victoira
-¡Aja! Si te acuerdas de mí después de todo- celebró la ex-pony.
-Sí te recuerdo. Y que yo recuerde no tenías ni ese aspecto ni ese poder- respondió Spike.
-Acabo de decirlo Spike. Éramos muy diferentes de lo que somos ahora-
Spike no sabía que pensar. La Trixie que conoció puede que fuera una antipática engreída hasta la médula. Pero nunca habría tenido idea de que tuviera madera de soldado, mucho menos de asesina. Ya no hablemos de que nunca se hubiera imaginado, pasara el tiempo que pasara, que se volvería tan poderosa. Sin duda había estado ocupada durante el último siglo.
-Imagino que debes estar lleno de preguntas. ¡Y sinceramente estoy muy deseosa de contarte mi historia! Después de todo, de una forma u otra, voy a morir el día de hoy. Y será mejor que quede al menos alguien capaz de recordarme- dijo Trixie con perturbadora alegría.
-¿A qué te refieres con eso?- preguntó Spike.
-Todo comenzó no mucho después del fiasco del amuleto Alicornio- comenzó Trixie su relato, ignorando al dragón -Mi reputación se puso peor que nunca. En toda Equestria las multitudes me abucheaban y desconocían como a un fenómeno o un criminal de marca mundial. No tuve más remedio que convertirme en una exiliada de la sociedad. Una alimaña sin amigos ni familia ni nadie en quien apoyarse. ¡Y todo gracias a esa miserable de Twilight Sparkle!- vociferó.
-¡Tú fuiste la que se metió con una reliquia antigua y la cual no pudo controlar! Twilight no tuvo que ver en eso- respondió Spike.
-¡Nunca me habría visto tentada a usarlo de no haber sido por la humillación que ella me causó!-
-¿Cuál? ¿Cuándo salvó tu pellejo porque no pudiste ahuyentar a la Osa Menor como habías dicho que podrías?- dijo burlón.
Trixie extendió su mano derecha hacia Spike y le lanzó un rayo con desprecio. Spike esquivó la centella y le devolvió el favor a Trixie con un impulso. Ella no se movió de su posición e invocó otro escudo mágico que la protegió del golpe. Mas no a los vitrales detrás de ella que estallaron en pedazos. Ambos quedaron viéndose a los ojos. Spike con una mirada seria y concentrada. Trixie con una mirada de rabia y venganza.
-Spike tesoro, estaba hablando. Espera a que termine de contar mi historia por favor- dijo Trixie, recuperando la compostura.
-… Mis disculpas- dijo Spike, ganándose una sonrisa por parte de Trixie.
-Sabía que eras un caballero- dijo triunfal –Como decía; quede exiliada, aparta de toda posibilidad de formar parte nuevamente de una sociedad civilizada. Pero algo bueno salió de todo eso. Me dio tiempo para pensar. Y entonces me di cuenta de algo: mientras usaba el amuleto Alicornio me había vuelto muy poderosa. ¡Tan poderosa que ni la mismísima niña prodigio de la Princesa Celestia era capaz de ofrecerme un desafío decente en un duelo de magia! Entonces todo quedó claro. Si quería volveré más fuerte y ser la gran hechicera que siempre quise ser, debía aprender a usar la magia negra- comenzó a sonreír y gritar eufóricamente. Como si hubiera vuleto a aquel día en ese preciso momento de relevación tantos años atrás.
-Usar el amuleto fue imprudente de mi parte. Debí empezar desde abajo y no en mitad de las ligas mayores. ¿Pero cómo podría acceder a tales conocimientos en Equestria con una reputación como la mía? ¡Robando por supuesto! Aunque claro, no pasó mucho antes de que me diera cuenta de que no tenía muchas opciones. Pues todos los libros y manuscritos sobre magia negra se guardan en bóvedas altamente protegidas. Y entonces me dije "¿Por qué no ir a la fuente? ¿Por qué no ir a Dammerung?"-
-¿Es esta la versión larga del cuento?- pregunto Spike con fastidio.
Trixie le dirigió una mirada asesina. Spike se preparó en caso de que la bruja le lanzara otro ataque, pero no advirtió ninguno. Su cuerno no se iluminaba. De pronto salieron cadenas de todas direcciones que se abalanzaron sobre Spike como un grupo de serpientes hambrientas. Rodearon su cuello, brazos, pernas, cola y alas. Y luego lo azotaron contra el piso, extendiendo sus extremidades.
-¿¡Ahora sí tengo toda tu atención!?- peguntó Trixie, burlonamente.
-Mfpmbf!- farfulló Spike, quien no podía responder por la cadena enrollada alrededor de su hocico.
-¡Perfecto!- festejó –Dese luego, sabía que no podría convertirme en maestra de magia negra por mí misma. Debía buscar un maestro. Conocía los riesgos pero no me importó. Me había armado con u montón de literatura robada de hechicería ecuestre, la cual ofrecí intercambiar a cambio de que se me permitiera estudiar en una de las escuelas de brujería de este reino. Ser aceptada fue mi primer golpe de buena suerte. Aunque a mis mentores dijeron haber sido convencidos gracias a mi rencor y sed de poder, no tanto por los libros que les di- se acercó caminando a es Spike, y terminó sentándose en su cuello.
-Mi segundo golpe de suerte fue una sorpresa para mí y para todos. Resulta ser que los ponis somos mucho más afines a la magia de lo que son los vampiros. Así que incluso con mis limitadas habilidades de nacimiento, ¡Fui capaz de adiestrarme en el uso de la artes obscuras con gran facilidad!- dijo poniéndose de pie, poniendo una bota sobre la cabeza de Spike.
-¡Fmbm!-
-¡Ho pero es que esa es la mejor parte! ¡El poder obscuro es muy flexible! ¿No lo ves Spike? La magia de la luz, la magia "Buena" es muy caprichosa e inflexible. No solo requiere arto estudio, dedicación, práctica y mil cosas más. También está eternamente encadenada al don de nacimiento de cada ser vivo. ¡Pero a la magia negra no le importa nada de eso! No le importa tu raza, tu edad, género, ni capacidades individuales. Lo único que la magia negra pide para otorgarte su poder es un tributo, un sacrificio. Y cuanto más sacrifiques más poder tendrás. ¡Los límites no existen!-
Saltó apoyando todo su peso en la cabeza de Spike para quedar nuevamente frente a él, donde hizo una pose triunfal.
-¡Tan solo mírame! Contempla lo mucho que cambió mi cuerpo gracias mi nuevo poder. Mis manos ahora son más versátiles y útiles de lo que mis pesuñas jamás hubieran podido ser. Puedo erguirme sobre mis patas traseras. Y por supuesto para vencer a la molesta mortalidad del tiempo, permití que me convirtieran en vampiro. Pronto me encontré trabajando con los mejores hechiceros y brujos del reino. ¡El mismo rey Mefisto tomo preferencia sobre mí que por su inútil y cobarde hija!- Trixie estaba perdida en su éxtasis. Su mirada yacía perdida en el horizonte mirando su propia gloria.
Pero entonces dejó de mostrar aquella delirante y enfermiza sonrisa, para pasar a un semblante de furia contenida y desprecio.
-Las investigaciones iban viento en popa. Un par de décadas más… ¡Un par de siglos más y hubiéramos podido convertirnos en Dioses! ¡Yo habría podido hacer malabares con las estaciones, y barajar los años como naipes en la palma de mi mano! ¡Pero este estúpido e imprudente cabrón tuvo que echarlo a perder con su impaciencia! "Con este poder será suficiente" dijo. ¡JA! ¡Cómo no! ¡A de ser por eso que los dragones se están cagando en todo el reino y ese imbécil no puede defender ni su puta casa!- comenzó a patear el piso y el aire generando ondas de viento cortante que provocaba fisuras en el suelo y las paredes.
Spike inhaló tanto aire como pudo con sus pulmones oprimidos por las cadenas y liberó una descarga de energía psíquica en todas direcciones que rompió las cadenas y mandó a Trixie a azotar contra los muros del salón una vez más.
Spiek se puso de pie y salto de vuelta al segundo nivel donde había llegado al salón. Trixie se puso de pie tranquilamente una vez más y trajo su yelmo de regreso a ella.
-¿Ya mencioné que siempre soñé con volver a Equestria a visitar a Twilight?-
-¿Para qué? ¿Para confirmar que seguía siendo más poderosa de lo que tú jamás serás?- bufó.
-¡Y una mierda! Mira a tu alrededor Spike. Yo sola mate a cuatro dragones y tu amigo no tarda en unírseles. Soy más poderosa de lo que Sparkle alguna vez fue. ¡Y si tú no hubieras frustrado el secuestro de Celestia, yo me habría hecho tan poderosa que los poderes de la zorra del sol habrían parecido un chiste!-
-Ya me cansé de tu arrogancia. ¡Pelea!- rugió Spike.
Trixie notó entonces como pedazos de escombro de toda la habitación se precipitaban hacia ella. Levantó su mano izquierda al cielo y tras un chistar de dedos todos los proyectiles se convirtieron en bolas de nieve.
-¡Un truco tan sencillo no te ayudará a ganar guapo!- gritó Trixie.
Junto sus manos en frente de su pecho en un único y fuerte aplauso. Al separar las manos y de entre sus palmas se extendió una vara luminiscente color azul. Era básicamente un bastón bo hecho de magia. Trixie lo hizo girar sobre su cabeza y saltó al encuentro de Spike, quien hizo lo mismo. Sus armas se impactaron en el aire.
Luego de haber pasado un largo rato caminando por los obscuros pasillos del tétrico castillo, Ragnarok finalmente llegó a la que creía debía ser la entrada al trono del rey vampiro. La puerta estaba forrada en terciopelo rojo y enmarcada de un armazón de hierro.
-Nota mental: Matar al decorador del castillo- dijo Ragnarok para sí mismo.
El corazón le palpitaba con anticipación. Todos los campos de batalla que había pisado hasta ahora, todos los enfrentamientos que había liderado, todas las vidas que había tomado, y todo eso solo para ese preciso momento. Para el combate que estaba a punto de tener. Suspiró para calmar su ansiedad. Posó su leal alabarda, Lady Victoria, sobre una de las puertas y la empujó para cruzar el umbral después.
La cámara estaba obscura. Las ventanas habían sido bloqueadas por gruesas cortinas. La única iluminación provenía de una serie de antorchas sostenidas a los costados de una serie de pilares en paralelo que iban desde la puerta hasta el otro lado de la cámara. Ragnarok caminó lentamente en medio del pasillo hasta que frente a él se volvió visible el trono del rey vampiro. Ahí estaba esperándolo explayado sobre su trono y con los ojos cerrados. Pero aquella no era la figura de un vampiro.
Era un demonio. De piel naranja y escamosa. Su cráneo se deformaba para dar lugar a dos gigantescos cuernos que se extendían hacia los costados y ligeramente hacia atrás. Tenía protuberancias óseas en forma de grandes púas en sus hombros y codos. Sus extremidades eran largas y delgadas. Se podían ver garras afiladas en sus pies y manos, y una larga cola con una hilera de espinas que desembocaban en una protuberancia ósea en forma de aguijón al final.
Ragnarok se detuvo a unos cuantos metros de distancia del trono en que descansaba la bestia, quien mantenía su vista hacia el piso.
-Aunque no veo la hora de que nos batamos en duelo. Debo decir, que sin importar los irrevocables deseos que tengo de matarte, también soy incapaz de dejar de sentir un gran aprecio y gratitud por ti. Pues verás, si no hubieras iniciado esta guerra, yo nunca habría podido labrar esta campaña. Esta campaña que compone treinta y tres de los días más felices de toda mi vida- dijo Ragnarok, como el anfitrión que recibe a un viejo amigo.
-¿Dices qué te alegra que les declarara la guerra a Equestria e Ikaruga?- preguntó la voz del rey vampiro. Era de voz rasposa y profunda. Con una vibración sonora de ultratumba que presagiaba grandes calamidades.
-Es más que eso. Me regocijo. ¡Doy gracias por ello Mefisto, mi querido amigo! ¡Después de mi esposa y la Santa de mi madre, no ha habido ser en este mundo que me dé tanta felicidad como tú lo has hecho!- celebró Ragnarok, haciendo una pequeña reverencia al rey.
-Pero todo lo bueno tiene que terminar. Y te agradezco una vez más por permitirnos este encuentro. Por permitir que esta gloriosa guerra termine en la muerte de uno de sus líderes, como debe de ser-
Ragnarok posó su arma sobre el suelo con firmeza en señal de desafío. Mefisto finalmente elevó la vista al encuentro del dragón.
-Dime una cosa. ¿Si tanto te deleita la violencia y brutalidad de la guerra, qué te hace diferente de mí? ¿Quién te da la autoridad o el derecho de ponerme fin a mí y a mi raza?- inquirió, despectivo del dragón. El cual sonrió.
-La autoridad me la di yo mismo cuando lo decidí. Y el derecho me lo dio la Voluntad del Universo misma, cuando nos dio a todos y cada uno de nosotros el libre albedrío. ¿No lo ves? A mí no me importa en lo más mínimo si mataste a todos y cada uno de los ponis que vivían en esa ciudad equestre. El propósito que me trajo todo el camino hasta acá, fue el deseo de poder caminar en un verdadero campo de batalla y poner a prueba mi fuerza y habilidades de combate como nunca antes- respondió Ragnarok, claramente burlándose de Mefisto.
-Entonces eres solo un carnicero-
-¡No! ¡Soy un guerrero! Y mi lugar es en el campo de batalla. Y fuiste tú el que lo puso frente a mí y toda mi gente. ¡Y esa es otra gran diferencia en tú y yo! Ambos iniciamos esto por una razón. Pero mientras que tú obligaste a tu pueblo a meterse en esto, yo no he traído hasta acá a nadie que no eligiera venir por su propia voluntad. Los Ancestros, mis padres en los cielos, y mi bendita esposa saben que emprendí este viaje por mí y para mí. Como hicieron todos y cada uno de los soldados en mi ejército. ¡Yo no los guié a sus destinos! Mis manos están empapadas en la sangre de mis enemigos, pero no de mis soldados. Pues fue responsabilidad de cada uno haber forjado su propio destino. Y ahora yo debo forjar el mío. ¡Tomaré tu vida, y así mi nombre será escrito en la historia como el héroe que destruyó al vampiro original!- movió su alabarda para apuntar a su enemigo.
-¡Héroe! ¡No eres más que un sádico asesino y nadie para juzgarme!- gritó el rey poniéndose de pié.
-¿Juzgarte? No seas ridículo. Me importa poco que motivos tuvieses para empezar la guerra, secuestrar a Celestia, o venderle tu alma a quienquiera que lo hayas hecho a cambio de tus poderes. ¡Yo solo quiero la gloria a costa de tu pellejo, y la dicha de poner a prueba mi poder contra el tuyo! ¡Quiero forjar la leyenda del guerrero que tomó la vida del rey vampiro!-
-¿Y qué ocurrirá si en vez de gloria solo encuentras muerte?- dijo Mefisto, al tiempo que dé encima del dorso de sus manos le crecían cuchillas enormes con forma de hoja de guadaña.
Ragnarok sonrió de forma arrogante. Tomó su alabarda con ambas manos y la sostuvo frente a su cuerpo al tiempo que cerraba los ojos.
-La leyenda se forjará igual, gane o pierda este duelo. En cuanto a mi "Muerte"… La muerte no llega a un dragón como al resto de las razas. Desde nuestro padre Izanagi y hasta el último de nosotros, somos los protectores del universo. Al dejar nuestras prisiones de carne se abrirán nuestras almas a fronteras infinitas. Y nos uniremos a nuestros hermanos ascendidos en las líneas de los ejércitos de la voluntad del Universo. En otras palabras, incluso si pierdo este combate, al destruirme solo me liberarás de los grilletes de esta forma física. Y me volveré más poderoso de lo que te puedas imaginar- respondió Ragnarok, tomando su posición de batalla.
-¡Patrañas! ¡Verás que cuando te destruya estarás tan muerto como la integridad artística de la serie en que se basa este cuento!- dijo el demonio, harto de tanta habladuría.
-¡Ven y averígualo!- respondió el dragón, cargando contra su enemigo.
-¡Hahahaha!-
La risa de Trixie era como un ensordecedor canto demencial que retumbaba entre los muros del salón de baile. Spike saltaba de un lado a otro esquivando los proyectiles de energía de Trixie, quien lo perseguía montada en una de las mesas circulares del salón como si fuera una alfombra mágica.
Trixie dirigió sus manos hacia el resto de las mesas y todas estas se elevaron por los aires alrededor de la bruja mientras esta movía los brazos como si estuviera haciendo malabares. Otro chasquido de dedos y las mesas comenzaron a transmutar. La madera se volvió de color gris y se deformó hasta formar un cuerpo plano y ancho. Discos. Grandes discos de acero a los que les crecieron bordes dentados como sierras.
-¡Esquiva estos!- dijo Trixie, haciendo que los discos empezaran a girar en dirección a Spike, como aves hambrientas.
Spike retrocedió dando saltos y rodando por el piso para evadir las sierras voladoras. Trixie lo siguió haciendo que los discos metálicos formaran grandes círculos en el aire, volviendo hacia Spike una y otra vez. Finalmente Spike movió la mano izquierda como si abriera de golpe una puerta, haciendo que el disco más cercano a él se alejara del control de Trixie y se clavara en los muros del castillo. Repitió su defensa con su otra mano, quitándole a la bruja otro de sus discos. Trixie gritó frustrada lanzándole todos los discos restantes al mismo tiempo. Spike recogió sus puños en los costados de su abdomen y los lanzó hacia el frente con fuerza.
Un poderoso impulso se abrió camino entre los mortales discos desviándolos de su trayectoria o arrastrándolos de regreso a su ama. Trixie no tuvo tiempo de lanzar un hechizo. El impulso reventó la mesa sobre la que Trixie estaba parada como si lo hubiera embestido un toro, mandando a la poni a volar no sin antes ser alcanzada por uno de sus propios discos que le hizo un corte en el yelmo.
Cuando Trixie azotó Spike se lanzó hacia ella dispuesto a atravesarla con su espada. Trixie dirigió su mirada al dragón. Se incorporó con ayuda de sus manos para quedar de rodillas en el piso y lanzó un grito desgarrador. Spike sintió como si el aire, o mejor dicho, el espacio del salón hubiera sido succionado por el grito de Trixie. Y antes de saber que había pasado o acercarse lo suficiente para acabar con ella, se formó un remolino azul frente a la bruja que golpeó al dragón. Spike se vio atrapado por las corrientes de viento azulado las cuales lo llevaron volando hasta el otro extremo de la habitación, azotándolo violentamente contra el muro que cedió fácilmente ante el dragón y el empuje del remolino mágico.
Trixie se puso de pie al concluir su ataque y se quitó el yelmo. Rápidamente se talló la frente con su mano izquierda, comprobando que estaba sangrando.
-¡Voy a mandarte a reunir con la ramera de tu esposa!-
La hoja de Lady Victoria chocaba con los sables de hueso que salían del dorso de las manos de Mafisto. No le había tomado a Ranarok más de cinco golpes para darse cuenta de que la fuerza física de su enemigo era marcadamente mayor que la suya.
Ragnarok retrocedió un poco y sopló fuego sobre las hojas de su alabarda, las cuales se encendieron como antorchas. Ragnarok volvió a cortar la distancia entre él y su oponente, girando su arma en círculos, dibujando anillos de fuego en el aire. Las armas siguieron chocando pero con su mayor experiencia y habilidad en combate, Rargnarok comenzó a hacer presión para obligar a su enemigo a retroceder. Finalmente comenzó a causar heridas sobre la piel de su enemigo, dejando relucientes marcas de piel cortada y quemada.
El dragón saltó girando su arma en el aire para dar un fuerte golpe vertical que apartó la defensa del demonio y alcanzó a hacerle una profunda herida en la mejilla derecha. Mefisto giró sobre sí mismo con gran velocidad, golpeando al dragón con su cola. Para ser un miembro tan delgado, el golpe logró enviar a Ragnarok a volar. Ragnarok logró reincorporarse girando sobre su espalda una vez que chocó contra el suelo. Notó entonces que dentro de la boca de Mefisto se encendía una luz morada. Y apenas segundos después le escupió un rayo luminoso del mismo color. Ragnarok se apartó de la trayectoria del rayo, que formó un perfecto agujero circular en los muros del palacio.
-Y yo que no he parado de preocuparme de no destruir el patrimonio de esta nación- dijo Ragnarok.
Mefisto solo le rugió y corrió de regreso a él. Dio un salto de longitud en medio del cual dio un giro. Aterrizó a corta distancia de Ragnarok golpeando con ambas cuchillas la alabarda del rey, apartándolas de sus manos. Acto seguido, usó su cola para jalar uno de los pies del dragón, obligándolo a caer sobre su espalda. Mefisto saltó sobre Ragnarok listo para clavar la cuchilla de su mano derecha en la cabeza del dragón, pero este logró esquivar el golpe gracias a su flexible cuello. Mefisto alzó su mano izquierda dispuesto a un segundo intento. Ragnarok extendió ambas manos sobre el pecho de su rival, y en compañía de un rugido lanzó de sus manos una poderosa descarga de fuego que empujó al demonio lejos de él y hasta que se estrelló contra uno de los pilares del salón.
Ragnarok se puso de pié de un salto embistió frontalmente a su rival, aplastándolo aún más contra el pilar que cedió ante el peso de ambos. Tomó la cola del aturdido demonio y la jaló con fuerza. Aún en su estado de dolor y desorientación, Mefisto notó rápidamente que estaba dando vueltas en círculos. Y no mucho después sintió que volaba por los aires a gran velocidad. Ragnarok había hecho una maniobra de lanzamiento de martillo con su rival. Mefisto finalmente azotó y giró violentamente contra el piso.
De inmediato, Ragnarok corrió hacia su enemigo sin molestarse en ir a recoger su alabarda. Mefisto se puso de pie y volvió a lanzar el rayo desde su boca. El ataque se disparó a una velocidad mucho mayor que la vez anterior, aunque aparentemente a costa de una descarga de poder mucho menor. Aun así, el sorpresivo ataque logró golpear al dragón en su pectoral derecho, desgarrándole la piel aún a pesar de su sólida naturaleza. Para cuando Ragnarok retiró su atención de su herida y la devolvió a su adversario este había desaparecido.
Ragnarok gruñó con disgusto –Espero que esto no sea lo mejor que puedes hacer. O habrá sido un gran desperdicio haber venido hasta aquí. Y eso me va a irritar mucho-
Escaneó con la vista el obscuro lugar sin señales del monstruo. Solo su alabarda tirada en el piso, muy lejos de donde él se encontraba. Sin ánimos de disfrazar sus intenciones de ir a recoger su arma, Ragnarok se dirigió hacia su alabarda caminando tranquilamente.
-¿Sabes? He estado pensando. Ya que se escribirán muchas canciones y poemas de este día, pensé que sería bueno por amor al arte que yo mismo hiciera una. Claro que, las artes no se me dan tan bien como a mi esposa e hijos. Sobre todo si hablamos de música. Pero he estado trabajando en algo. ¿Te apetece escuchar?- dijo Ragnarok en un tono de pura camaradería. Pero no hubo respuesta.
-Tomaré eso como un sí…- se aclaró la voz y comenzó a cantar.
Sigue adelante…
Has tus sueños realidad.
No des por perdida la lucha…
Estarás bien.
Pues no hay nadie como tú en el universo.
Trixie extendió sus manos hacia los alrededores. Spike pudo notar como las paredes y el techo eran rodeadas por un brillo azul. Tal y como sucedía con cualquier objeto presa de la telequinesis de un unicornio. Trixie movió los brazos hacia el dragón y le siguieron las paredes y el techo, los cuales se desmantelaron ladrillo a ladrillo formando una lluvia de bólidos en contra de Spike. Cruzó los brazos sobre su cabeza logrando que todos los ladrillos se estrellaran contra una pared invisible a muy pocos centímetros de él. Atrajo su mano derecha junto a su costado y lanzó un golpe hacia el último lugar donde había estado Trixie. Al golpe le siguieron los ladrillos, tal y como había ocurrido la primera vez.
Antes de poder comprobar si su golpe había acertado o no, Spike fue golpeado por un proyectil mágico desde su costado derecho. El disparo lanzó a Spike a volar algunos metros antes de azotar violentamente contra el suelo. Al reincorporarse notó como Trixie extendía su aura de posesión telequinética sobre el suelo. Spike sintió un pequeño temblor y entonces aquel trozo de suelo cubierto por la magia de Trixie se desprendió del piso formando un gran bloque de escombro que seguramente le haría un gran daño si le llegaba a caer encima.
-¡Muere de una vez!- gritó Trixie, haciendo al bloque precipitarse en contra de Spike.
Spike extendió sus manos hacia la gran roca como si pretendiera detenerla con sus manos desnudas, pero en realidad la hizo detenerse con su propia magia. El enrome trozo de suelo quedó suspendido en el aire, atrapado entre las dos fuerzas psíquicas que intentaban arrojarlo hacia su enemigo. Finalmente la presión que ambos guerreros ejercían sobre el objeto sobrepasó la resistencia del mismo, haciéndolo estallar. Spike y Trixie fueron arrojados sobre sus espaldas al ser empujados por la fuerza que se produjo del choque de sus fuerzas psíquicas.
-¿Por qué… no… MUERES!?- gritó Trixie, quien parecía estar volviéndose loca conforme más se prolongaba la batalla.
Se llevó ambas manos sobre su cabeza y llenándolas de un brillo azul. Agitó las manos contra Spike, lo que resultó en que una serie de cuchillas de luz salieran volando en su contra. No sabiendo qué más hacer, Spike intentó protegerse con otra barrera psíquica. Aunque esta logró desviar solo medianamente las cuchillas, puesto que barias de estas lograron herirle los brazos y las alas. Cuando el ataque terminó Spike toó una gran bocanada de aire. Se puso de pie rápidamente y cargando todo su cuerpo, lanzó un golpe en dirección a Trixie. Antes de que la bruja pudiera hacer algo para protegerse, sintió una fuerza demoledora golpearla en todos los rincones de su cuerpo y salió disparada en dirección opuesta al dragón, perdiéndose de la vista escaleras arriba entre una nube de humo y escombro.
Spike vio a su enemiga ser arrastrada por su ataque sin haber tenido tiempo de gritar siquiera. A no ser que sus gritos fueran opacados entre el ruido de los ladrillos estallando y el crujir de los escalones de madera siendo despedazados. Suspiro de cansancio y se dejó caer sobre sus rodillas respirando agitadamente.
-Si me hubiesen dicho que el oponente más duro que me tocaría enfrentar en esta guerra sería Trixie me hubiera ahogado de risa- se dijo Spike.
Se quedó ahí recuperando el aliento unos momentos. No tenía heridas fatales, pero le dolía todo el cuerpo y ciertamente no había una sola parte de su ser que no tuviese algún daño de algún tipo. Y lo peor de todo era lo agotado que estaba. Entonces Spike escuchó a sus espaldas un ruido muy familiar. El ruido que hace un unicornio al tele transportarse.
Intentó girar sobre sí mismo, listo para defenderse. Pero antes de completar su giro, sintió como algo se clavaba en su brazo derecho. Y casi tan pronto como lo había perforado, el objeto punzante desapareció acompañado de otro ruido de tele puerto. Volvió a escuchar el ruido a su derecha. Trixie salió de la burbuja de transporte y corrió hacia Spike llevando algo reluciente en las manos. Spike intentó golpearla pero Trixie saltó encima de él clavando lo que llevaba en las manos, en el hombro derecho de dragón. El proceso continuó una y otra vez. Spike estaba más que indefenso en aquella situación. Apuñaladas en las piernas, costados, piernas. Pero ningún golpe mortal. Trixie estaba jugando con él.
Esto enfureció al dragón enormemente. Al no poder adivinar en qué dirección atacar para detener a Trixie, se encogió e intentó concentrarse tanto como pudo. Esperó a escuchar a la bruja desaparecer y reaparecer hasta que finalmente lanzó una onda de choque que golpeó quitarla de encima de él. Spike se desplomó sobre el piso y notó como este estaba manchado de su sangre en todas direcciones. No estaba seguro de si era porque se estaba desangrando o por las salpicaduras de todas las apuñaladas que Trixie le había dado.
-Si yo fuera un caso de vampirización cualquiera, el golpe que me diste para enviarme escaleras arriba me habría molido todos los huesos del cuerpo- dijo Trixie, cuya voz parecía acercarse a Spike.
-Te lo agradezco Spike. Hasta hoy no había podido experimentar tan contundentemente los límites de mi poder. Lo único que lamento es que ya no podrán crecer más que esto. Bueno, eso y que nunca tuve la oportunidad de matar a Twilight yo misma-
Trixie juntó las manos y formó un nuevo bastón de luz como el que había creado al inicio de su batalla con Spike. Lo sostuvo frente al rostro del dragón quien solo la miraba listo para encarar su destino.
Celestia, Luna… Perdónenme.
-¿Tus últimas palabras, cariño?- preguntó burlonamente Trixie.
En el instante que dejó de pronunciar esa frase, el suelo sobre Trixie se alzó formando un pilar que la arrojó contra el techo. Del mismo modo, del techo se extendió otro pilar que golpeó a Trixie y la mando en horizontal hacia uno de los muros. Nuevamente un pilar brotó de la pared para golpear a Trixie y lanzarla contra el suelo. El proceso se repitió barias veces. Trixie era azotada y volaba de arriba abajo como si el propio castillo estuviera tratando de matarla. Finalmente su tortura terminó cuando algo o mejor dicho alguien la paró, al capturar su cabeza.
-Yo soy Agnus "El Terror Negro". ¿Quieres saber por qué me llaman así, bruja?- dijo el temible dragón, quien ahora sostenía a Trixie de la cabeza con una sola mano.
La verdad era que no esperaba una respuesta. Incluso si Trixie era de alguna forma aún consciente de lo que ocurría a su alrededor, su rostro había quedado desfigurado y seguramente ya no estaba en condiciones siquiera de procesar lo que ocurría a su alrededor. Aun así, Agnus logró ver a la bruja voltearlo a ver con el ojo bueno que le quedaba. Y no mucho después comenzó a reírse trabajosamente. Sin duda sabía que era el momento de su muerte.
-¿Y quieres saber de qué es lo único que me arrepiento de todo este escenario y las decisiones que me trajeron hasta él? Que voy a morir- dijo felizmente Trixie, vía telepatía.
Agnus ignoró a la bruja y respondió siniestramente -Me llaman "El Terror Negro" porque soy el cabrón más sádico del vecindario-.
Acto seguido, se presentó frente a él una estaca. Levantó a la bruja y la clavó justo en el centro de su estómago. Como le fue posible, Trixie comenzó a gritar como nunca había gritado en la vida. Agnus la tomó por ambos brazos y la jaló con fuerza hasta que el cuerpo de la pobre Trixie se partió en dos. Seguidamente tomó a la bruja por los hombros y capturó su cráneo entre sus fauces. Trixie dio un último grito antes de que los colmillos del dragón trituraran su cabeza como una nuez. Y para no quedarse con las ganas, giró el cuello para desprender la machacada cabeza de Trixie de su cuello y arrojó ambos trozos de carne mutilada en direcciones opuestas.m
Contento de su obra para con la bruja que había matado a varios de sus camaradas, Agnus se dio vuelta y caminó hacia Spike quien se encontraba cauterizando sus heridas.
-Mírate, estás hecho un asco- dijo el Maestro a su discípulo.
Spike dirigió la mirada a su mentor. Tenía marcas de garras en su brazo derecho y pecho. Le faltaba el ojo izquierdo y le habían partido el cuerno derecho. Seguro, no estaba ileso. Pero al menos no estaba tirado en el piso retorciéndose sobre su propia sangre.
-Pero no vas a morir aún ¿O sí?-
-N-no claro que no- respondió Spike –Aún tengo cosas por hacer. Y hablando de eso, debemos ir a ayudar a Murakumo-
-¿¡Por qué no sales y peleas?! ¡Sabes que no se puede escapar de lo inevitable! ¡Si perdiste tu espíritu de lucha sal para que pueda matarte y terminemos con esto!- gritaba Ragnarok en medio de la obscura habitación. Pero al eco de sus demandas solo le siguió silencio.
Realmente no comprendía como una criatura tan grande podía hacer tan buen trabajo para ocultarse de él. Podría haberse puesto a meditar y rastrear su aura, pero eso lo podría dejarlo desprotegido más de la cuenta.
-Como quieras. Hay otras formas de sacudirse las pulgas-
Ragnarok elevó la vista al techo y tras tomar un fuerte sorbo de aire, exhaló una gran llamarada que se estrelló contra el techo. La obscura habitación se iluminó por el resplandeciente candelabro de flamas que pronto comenzó a extenderse gracias a las banderas que decoraban el trono. Ragnarok volteó hacia el trono del rey vampiro y le prendió fuego igual. Dirigió su vista a la salida y exhaló más fuego sobre esta y sus alrededores. Viendo que Mefiso aún no salía de su escondite, Ragnarok tomó aire y disparó un oleaje de fuego en todas direcciones.
Finalmente entre la danza de flamas y sombras, Ragnarok vio emerger la figura del rey vampiro. Ragnarok estaba enfadado de la cobardía y debilidad del rey. Ya no le guardaba ningún respeto por él o s pelea. Lo mataría de una vez y por todas. Empuñó su confiable Victoria en su mano derecha y la lanzó con todas sus fuerzas. Mefisto no logró advertir la alabarda, pero no pudo evitar sentir el dolor de las hojas perforando su abdomen. La fuerza del lanzamiento no solo logró que la alabarda atravesara al demonio de lado a lado, también logró que ambos quedaran clavados contra la pared.
Mefisto tomó la alabarda con su brazo izquierdo y zafó el arma del muro y su cuerpo. Pero apenas la hoja había salido de su cuerpo volvió a ser violentamente enterrada en las entrañas del monstruo, quien volvió a quedar clavado en la pared. Mefisto vió como Ragnarok sostenía el otro extremo de Victoria, mirándolo con una sonrisa que decía "Ya te tengo". El vampiro intentó lanzar un golpe con su brazo izquierdo, el cual Ragnarok esquivó con facilidad al agacharse y luego responder con un gancho. La cabeza del monstruo azotó contra el muro por el golpe, pero se volvió hacia su enemigo rápidamente. Usó su cola para golpear al dragón quien capturó el miembro justo antes de golpearlo en la cara con su mano derecha, sin soltar la alabarda con su mano izquierda. Mefisto pateó entonces al dragón en el estómago, quien por fin soltó la alabarda y retrocedió varios pasos.
Mefisto se liberó del muro, pero antes de poder zafar el arma clavada en su cuerpo Ragnarok le escupió una columna de fuego que lo mandó de regreso contra la pared, aunque esta vez no quedó clavado en ella. Ragnarok volvió a abalanzarse sobre su oponente, pero este se puso de pie al mismo tiempo que zafaba el arma hundida en su vientre. Intentó atacar con ella al dragón con un corte horizontal, pero Ragnarok batió sus alas para saltar esquivando al golpe y darle al demonio una patada en la cara. Mefisto retrocedió, más no soltó a Victoria. Ragnarok tomó el mango del arma con su mano derecha para hacer soporte y pateó nuevamente al rey vampiro para alejarlo del control de la alabarda. Lo consiguió y Mefisto cayó sentado al piso. Ragnarok lanzó una estocada rumbo al cráneo del monstruo, pero Mefisto logró atrapar el filo del arma con su mano izquierda, al tiempo que dirigió su mano derecha al cuello del dragón.
Ragnarok se vio levantado en el aire por la mano del rey que trataba de estrangularlo. Soltó su arma y llevó su mano al rostro del rey vampiro, donde su palma se encendió en llamas. El humo y sonido de la carne chamuscada no se hizo esperar. Mefisto gritó de dolor y soltó al dragón. Pero para asegurarse de que no sería atacado inmediatamente después, Mefisto giró sobre sí mismo golpeado a Ragnarok con su cola. A Mefisto no le costó mucho darse cuenta que había perdido su ojo izquierdo. Giró para ver dónde había quedado su enemigo a quien vio precipitarse en su contra con los puños en alto para un golpe. Intentó lanzar un golpe propio pero el dragón lo bloqueó interponiendo su brazo izquierdo, aprovechando la apertura para conectar un golpe de su puño derecho que liberó un estallido de llamas al conectar contra el cuerpo del monstruo. Mefisto fue arrojado contra el muro nuevamente, el cual se agrietó notablemente tras recibir al rey.
Ragnarok caminó de regreso a su arma y se volvió a su enemigo en el suelo. Uno se esperaría que con todas las perforaciones de las múltiples hojas de Victoria que el demonio había recibido se le hubiesen escapado las tripas del cuerpo hace tiempo. Pero de alguna manera había logrado mantenerlas dentro, sin mencionar que el último ataque de Ragnarok le había chamuscado las heridas haciendo un muy grotesco efecto de cauterización.
-Mi estimado Mefisto, estoy muy decepcionado- dijo Ragnrok, acercándose a la figura del otro rey -Francamente me esperaba algo mejor-
-Eso es algo que tenemos en común-
Ragnarok sonrió.
-Me imagino. Es el riesgo de hacer grandes inversiones. Aunque claro, lo que lamentes o no, no importará cuando estés en Naraka-
Ragnarok separó sus pies levantó su arma sobre su cabeza con ambas manos, preparando un corte vertical con el que seguramente partiría a Mefisto en dos. Pero antes de que pudiera asestar su golpe mortal, el demonio agitó la cola golpeando al dragón en el estómago. ¿Cómo es que aún podía reunir fuerzas para combatir con esas heridas? Ragnarok no lo sabía. Mefisto lanzó otro proyectil obscuro a la sección del techo entre él y el dragón, provocando que este se colapsara antes de que Ragnarok pudiera cortar la distancia entre ambos. Ragnarok escuchó otro estruendo y vio con gran furia como el rey de los vampiros habría un agujero en la pared para escapar.
-¡No huyas, cobarde!-
Ragnarok saltó encima de los escombros listo para atravesar el corazón de Mefisto con su arma. El demonio logró desviar el ataque, aunque esto provocó que el dragón le cayera encima. Ambos reyes cayeron por el hueco en la pared. Azotaron violentamente contra los tejados del palacio sin dejar de tratar de atarse el uno al otro en el proceso, hasta que finalmente cayeron sobre un kiosco en los jardines del palacio. Tras el golpe, Ragnarok se levantó con una sacudida y notó que su preciada arma y enemigo no estaban a la vista. Giró la para ver a Mefisto un par de metros lejos del kiosco sosteniendo la alabarda con su boca brillando peligrosamente cerca de la hoja.
-¡Victoria!- gritó aterrado el dragón, sabiendo lo que estaba a punto de pasar.
El resplandor en la boca de Mefisto emergió como un soplete de flamas moradas que derritieron las hojas de Victoria como si fueran mantequilla al fuego. Pero no se detuvo ahí, sino que continuó derritiendo el cuerpo, hasta que solo quedó un trozo no más largo de una regla de escritorio cualquiera. Cuando terminó con su obra, Megisto arrojó lo que quedaba de Victoria hacia su dueño.
Ragnarok contempló los restos de la formidable arma que lo había acompañado durante más de quinientos años. Apretó los puños con tanta fuerza que se clavó sus propias garras en las palmas de sus manos.
-Esa alabarda… ¡Fue un regalo de la Santa de mi madre!- gritó Ragnarok, con genuina aflicción en su voz.
-No seas dramático soldadito. Yo perdí todo mi reino y no me vez llorando por eso- se burló Megisto.
Ragnarok rechinó los dientes e hizo que entre sus anos aparecieran un par de bolas de fuego.
-La diferencia Mefisto, es que yo viviré el tiempo suficiente para lamentar las cosas que he perdido…- rugió lleno de furia. Lanzó ambos brazos hacia el demonio extendiendo sus manos y de sus palmas se escapó una devastadora tempestad de fuego. Mefisto fue arrastrado por la vorágine de llamas a través de todo el jardín hasta que la columna impactó con el muro que rodeaba al palacio.
Ragnarok juntó las manos frente a su pecho dejando un pequeño espacio entre sus palmas. Espacio en el cual se encendió una nueva bola de fuego. Ranarok fue abriendo el espacio entre sus manos para que la bola de fuego pudiese expandirse, alimentada del poder del dragón. Cuando la esfera de fuego creció lo suficiente, Ragnarok la llevó sobre su cabeza con intenciones de lanzarla.
-¡Adiós Mefisto! ¡Si en Naraka te encuentras un unicornio llamado Shinning Armor dale mis saludos!-
Pero antes de poder lanzar su ataque final, un destello morado se abrió paso entre las llamas obligando al dragón a hacerse a un lado, perdiendo el control de la bola de fuego que reventó en una lluvia de centellas y flamas en todas direcciones. Ragnarok no tardó mucho en recuperarse de la conmoción y para alimentar si ira aún más, vio al rey vampiro alejarse volando en la distancia. Porque al parecer era capaz de manifestar alas desde su espalda.
-¡Vuelve aquí sabandija cobarde!- vociferó Ragnarok, expulsando dos torrentes de fuego desde sus manos para darse fuerza de despegue.
La persecución se alejó del palacio con Ragnarok arrojando bolas de fuego y el demonio esquivándolas. Mefisto se perdió de la vista del dragón al girar detrás de uno de un alto edificio. Ragnarok le siguió pero al pasar el edificio no vio a su presa en ninguna parte. Más un instante después sintió un ardiente dolor en la espalda junto a la fuerza de un golpe que lo envió directo a estrellarse contra otra edificación.
Mefisto sonrió al ver que su ataque sorpresa había tenido éxito y reanudó su huida.
Una llamarada hizo estallar el techo dell lugar donde había caído Ragnarok y el dragón salió volando entre el fuego y humo.
-Muy bien. Subestimé tu capacidad para resistir heridas. Pero tú has subestimado mi poder por última vez- dijo Ragnarok, al tiempo que la gema en su brazalete de Mahakala se encendía.
-Hora de terminar con esto-
Mefisto pronto se percató de que era nuevamente perseguido y se preparó para esquivar más bolas de fuego. Pero no fue una bola de fuego lo que el dragón le lanzó. Ragnarok inhaló aire hasta el tope de sus pulmones y escupió una tormenta de llamas de impactarlo y rodearon al demonio hasta que se perdió de la vista. El abatido rey vampiro cayó de los cielos en forma de un bólido en llamas, y tal cual se estrelló estruendosamente contra el suelo donde se formó un cráter.
Mefisto emergió arrastrándose entre flamas y humo, alejándose del agujero que su cuerpo había formado. Apenas intentó aclarar su vista fue pres de otro ataque del dragón, quien plantó ambos pies sobre su pecho. La fuerza del impulso del vuelo del dragón acompañada del peso del mismo no solo hicieron al rey caer sobre su espalda, también le rompieron las costillas y lo arrastraron varios metros. Ragnarok finalmente se quitó de encima del demonio cuando este dejó de deslizarse sobre el suelo.
-Puedes levantarte y seguir luchando por tu vida o quedarte ahí y dejar que te mate. Por favor escoge la primera opción-
Mefisto se volteó boca abajo trabajosamente mientras estornudaba lo que Ragnarok suponía era su sangre., aunque esta tuviese color negro. Se puso de pie de un salto y giró sobre sí mismo con el puño derecho en alto. Ragnarok sonrió y atrapó el puso con su mano izquierda. Mefisto alzó su mano izquierda para dar un golpe vertical el cual Ragnarok atrapó sujetando la muñeca del monstruo. Ragnarok sonrió ampliamente. Clavó sus garras en la piel de su oponente y después hizo a sus puños encenderse en llamas. El olor a carne asada no se hizo esperar.
Mefisto comenzó a forcejear para tratar de liberarse del dragón, pero el agarre de Ragnarok era demasiado fuerte. El rey vampiro fue incapaz de contener sus quejidos de dolor al sentir la carne quemarse bajo la presión y el calor de los puños de Ragnarok, quien para este punto había comenzado a reírse de forma maquiavélica. Mefisto inhaló aire para intentar escupir una descarga de energía, pero Ragnarok se le adelantó arrojándole su aliento de fuego sobre la cara. Los quejidos de Mefisto se convirtieron en grandes gritos de dolor al sentir como su rostro se derretía igual que una vela frente a un soplete. De las dos figuras que permanecían de pie, el demonio cayó sobre sus pies mientras el dragón seguía bañándolo con su aliento. Finalmente, Ragnarok detuvo su lanzallamas y pateó al monstruo en el pecho. Su cuerpo se fue volando pero sus manos, o lo que quedaba de ellas, quedaron prensadas entre las garras del dragón.
Ragnarok caminó hacia el manco, desfigurado y completamente indefenso rey vampiro que se retorcía de dolor en el suelo. .
-Se terminó. Y honestamente, ¿De qué otra forma habría podido terminar? Hacer un pacto demoniaco no te sirvió para conquistar Goldenwood. ¿Qué te hizo creer que un nuevo pacto te serviría para conquistar Equestria e Ikaruga?- preguntó Ragnarok en tono burlón.
-Intentaste alcanzar tus fine a través de poderes que pediste prestados. Tú y tu ejército estaban condenados a fracasar desde el principio-
-¿Algunas últimas palabras? ¿Quizás un mensaje para tu hija?-
Mefisto hizo un claro esfuerzo por dejar de retorcers y tratar de enfocarse en tratar de hablar.
-Entonces así es como pudieron entrar al castillo… Siempre supe que me traicionaría… Igual que su madre. No tengo nada que decirle a esa zorra. Pero hay algo que deberías saber Ragnarok-
-¿Y eso es?-
-Si me matas… Elyzabeth también morirá. Igual que toda nuestra raza- murmuró el rey.
La confiada expresión de Ragnarok cambió súbitamente.
-¿Eso qué significa?- cuestionó.
-Soy la fuente de la maldición de nuestra raza. Ellos son lo que son gracias a mí. A que vendí mi alma a Samael a cambio de mis poderes vampíricos. Piensa en ello como una empresa. Yo firme el contrato para el préstamo. Y lo que recibí lo compartí con todos mis seguidores al lado de quienes fundé este reino. Si me quitas a mí que soy la fuente, dejarás a todos mis beneficiarios sin sustento. Y morirán-
-¡Lo que dices es pura basura! Solo intentas salvar tu pellejo- respondió Ragnarok, poniendo un pie sobre el pecho de Mefisto.
-Todos mis hechiceros respaldan esta teoría. Todas las maldiciones se desvanecen cuando eliminas a la fuente-
-Si lo sabías ¿Por qué no me lo dijiste desde antes de que iniciáramos nuestro combate?- cuestionó
Mefisto guardó silencio.
-¡Mientes!- acusó Ragnarok tomando al demonio del cuello y sosteniéndolo frente a él.
-¿Pero y qué tal si no? ¿Correrás el riesgo de exterminar a toda una raza solo para matarme a mí?-
El dragón se encontró con un nudo en la garganta. ¿Verdaderamente podía darse el lujo de correr semejante riesgo?
-Excelencia no lo haga- suplicó una dulce voz a espaldas de él.
Ragnarok dejó caer al demonio y giró sobre sí mismo para encontrar la frágil y hermosa figura de la princesa vampira.
-Por favor no lo haga-
Ragnarok dio un par de pasos hacia ella con acusadora expresión -¿Es verdad lo que dice?-
-No quise hablar de ello porque…-
-¿¡Es verdad lo que dice?!- demandó de forma amenazante.
-¡N-no lo sé!- dijo ella, retrocediendo asustada.
-Es decir. No tengo la seguridad de que sea cierto. Pero todos lo saben. ¿Por qué cree que los ejércitos de mi padre no lo abandonaron aún después de comprobar que estaban condenados a perder esta guerra? Es porque temen morir en caso que mi padre lo haga. Por eso siguen peleando. Por su propia supervivencia y la de sus familias. Pero nadie está seguro o no si es verdad que todos moriremos cuando el rey vampiro lo hará- explicó con desesperación.
Elyzabeth había bajado la cabeza de forma sumisa al dar su explicación. Pues no sabía que jamás debía interponerse entre un dragón y su presa. Por lo que le en ese momento le aterraba siquiera ver al dragón a los ojos.
-Pero tú crees que es verdad. ¿Si estabas segura de que tú y tu pueblo corrían ese riesgo, por qué no me lo dijiste?- dijo Ragnarok, ya con tono más calmado.
-Porque… imaginé que desconfiaría de esa historia… y de mí. Tal como lo hace ahora ¿No es así?-
Hubo un silencio. Elyzabeth permaneció con la vista baja sin saber qué pensar.
-Eres una estúpida- musitó Ragnarok -¿No te das cuenta que pude haberte matado?-
La vampiresa tembló al sentir la mano del dragón en su barbilla, que la hizo levantar la vista.
-¿Excelencia?- inquirió confundida de la conducta del dragón.
-¿Qué no lo sabes Elyzabeth? Cuando un dragón ha elegido un tesoro lo protegerá hasta su último aliento- explicó dulcemente mientras le acariciaba la mejilla.
Si la princesa fuese físicamente capaz de hacerlo, sin duda se habría sonrojado en ese momento. Estaba a punto de responder al comentario del dragón pero de pronto este retiró la mano de su mejilla y la tomó con fuerza del brazo. Pasó muy rápido. Ella se vio arrojada lejos de donde había estado parada… Cuando logró recuperar la orientación vio frente a ella a su padre de pie con su cola clavada en el vientre del dragón.
Ragnarok sujeto la cola con su mano izquierda y al tiempo que alzaba su mano derecha envuelta en llamas. Pero antes de que pudiera asestar su golpe y partir la cola del demonio, este saltó y pateó al dragón en la cara. Ragnarok cayó sobre su espalda y sintió el aguijón perforando su estómago abandonar su cuerpo. Mefisto le plantó una patada en el pecho, intentando devolverle el favor de sus costillas rotas. Elevó el aguijón de su cola frente al rostro del dragón e intentó atravesarlo, pero Ragnarok logró burlar el golpe. Mefisto respondió dándole una patada con su otro pie, para luego reintentar el ataque de su cola. Ragnarok volvió a esquivar el ataque, pero esta vez el aguijón logró llevarse parte de su mejilla. Un par de patadas más para desorientarlo y Ragnarok quedó indefenso.
-Debiste matarme cuando tuviste la oportunidad- celebró Mefsto.
-¡No!- gritó Elyzabeth, empujando con todas sus fuerzas a su padre.
-¡Apártate mocosa traidora!- vociferó Mefisto.
-¡No! ¡¿Es que piensas rechazar la única oportunidad para salvar a tu pueblo?!-
-¿Cuál oportunidad? ¿En serio piensas que a él le importas una mierda tú o nuestra raza?-
-¡Le importa mucho más de lo que jamás te preocupó a ti!- renegó la princesa.
Mefisto rugió y sin pensarlo dos veces, atravesó el cuerpo de su propia hija con el aguijón de su cola. Elyzabeth no pudo gritar. Solo se sacudió violentamente y contempló la sangre fluir fuera de su cuerpo. Mefisto elevó la cola levantando a su empalada hija junto a ella.
-Siempre supe que un día me traicionarías igual que tu madre- dijo al acercarla a su cara.
-N-no se… No se puede traicionar a quien te esclaviza- respondió la princesa.
Mefisto rechinó los dientes e inhaló aire con intenciones de lanzar una descarga de energía y terminar con la vida de Elyzabeth. De pronto la tierra tembló como solo puede hacerlo cuando se desplaza sobre ella una criatura de gran tamaño y eso.
Detrás de las alas de la princesa apareció Ragnarok luciendo su tamaño real. Tomó al rey en su mano derecha y lo apretó como a una esponja. Levantó al rey sobre su cabeza con un movimiento que liberó además a la princesa..
-¡Eres un malnacido!- gritó Ragnarok al tiempo que arrojaba al demonio contra el suelo.
-¡No te mereces la protección de tu hija!- lo recogió de donde había caído y lo lanzó nuevamente contra un edificio.
-¡No te mereces la lealtad de tu ejército!- repitió la operación.
-¡No te mereces el respeto de tu pueblo!- otro lanzamiento más.
-¡No mereces nada de nadie!-
Arrojó al vampiro a sus pies y encendió su puño en llamas, listo para acabar con él de una vez y por todas.
-¡ESPERA!- gritó Mefisto lleno de terror.
-¡No lo olvides! ¡Si yo muero, ella también morirá!-
-¡No puedes estar seguro que así será!- respondió Ragnarok.
-¡Ni tú de que no!-
-¡Entonces haré un salto de fe!- respondió.
El puño de Ragnarok descendió. Los gritos del rey vampiro fueron ahogados bajo el poder del golpe. En un instante la distancia entre el sueño y los dedos del dragón era inexistente. Alrededor de su mano y en todas direcciones se escapaba un líquido purulento color negro.
Mefisto estaba muerto…
Ragnarok lo había conseguido. Mefisto había dejado de ser. Ragnarok había conquistado al rey de los vampiros tal y como había soñado. Se puso de pie y miró rumbo al horizonte donde el sol ya comenzaba a arrojar su luz sobre el mundo.
Se le secó la boca, el corazón le palpitaba a mil por hora. Le temblaban las manos y sentía su columna vertebral fría como un témpano de hielo. Estaba ahí estático sin poder reír ni sonreír, pues su felicidad era tanta que su cuerpo no era capaz de procesarla.
-Excelencia…- alcanzó a escuchar la susurrante vos de la princesa.
Ragnarok se dio vuelta y sintió su alegría desvanecerse casi tan rápido como llegó a él al ver a la princesa tirada en el suelo con un orificio ensangrentado en su vientre.
Ragnarok reactivó su brazalete y regresó a su tamaño compacto. Se arrodilló junto a la princesa y la tomó e sus brazos.
-¿Dime qué puedo hacer?- dijo él.
La princesa lo miró sorprendida.
-Necesito… Sangre para curarme- confesó.
Ragnarok no tenía que pensarlo dos veces. Se llevó su mano derecha a la cara y se mordió hasta que se hizo sangrar.
-Bebe- dijo, sosteniendo su mano sobre la boca de la princesa.
Elyzabeth tenía intenciones de protestar, pero al momento de sentir la cálida sangre gotear sobre sus labios, abrió la boca y extendió su lengua para dar bienvenida al vital líquido. Lo que saboreó estaba fuera de su comprensión. Nunca había probado la sangre de otra criatura mágica, solo ganado y animales salvajes.
-¿Q-que es es-esto?- balbuceó mientras bebía.
Aquella sangre rebozaba de vida. De vida y poder. Un poder mágico como algo que parecía sacado de sus sueños. Intentó levantarse y morder la fuente de esa deliciosa sangre y poder extraerla a voluntad, pero el rey la detuvo.
-Con calma Liz. No te aproveches- bromeó Ragnarok.
-L-lo siento- dijo ella avergonzada de su impulsivo comportamiento.
Siguió alimentándose de la ofrenda del rey hasta que el agujero en su vientre se desvaneció por completo. Ragnarok sopló fuego sobre su mano para cerrar sus heridas y miró a la princesa en sus brazos con preocupación.
-¿Qué sucede Excelencia?- preguntó confinidad al ver la mirada del rey.
-Sigues aquí- dijo él.
Elyzabeht comprendió entonces. Sí, en efecto seguí ahí. Su padre había muerto hace unos instantes, pero ella seguía viva. Al menos tan viva como puede estar una vampiresa.
-Sí… Supongo que las teorías de mi padre y la fuente de la maldición eran falsas después de todo- musitó.
-¿Puedes levantarte?-
-Creo que sí-
-Bien. Hay que ir lo antes posible de vuelta a palacio y al campo de batalla. Deben saber que la guerra terminó-
Ambos monarcas se pusieron de pie y extendieron sus alas levantando el vuelo.
-Excelencia, le pido perdón-
-¿Por qué?- inquirió el dragón confundido.
-Por interponerme en su conquista-
Ragnarok negó con la cabeza.
-No Elyzabeth, perdóname tú a mí. Porque por un instante… Me importó más mi venganza que tu bienestar-
Elyzabeth solo asintió con la cabeza -Por cierto, felicidades Excelencia. Por su conquista-.
Ragnarok se rió –No lo habría logrado sin ti-
Yo confieso ante Dios todo poderoso que he pecado de palabra obra y omisión…
¡JODER! ¿Cómo terminé desviándome tanto del género en que comencé esta maldita historia? ¿Por qué hace más de 4 capítulos que no ha habido sexo? ¿Y por qué los jijos de su chingada madre del Izzi aún no me reconectan el internet, obligándome a subir esto desde un cyber?
Como sea. ¡La guerra terminó chicos! ¡Te agradezco Señor! Lo lamento por los que esperaban algo más de la participación de Trixie. Pero al menos el próximo capítulo veremos lo que todos han estado esperando: La reacción de Luna cuando se entere de Celestia y Spike.
Dejen sus reviews y nos leemos en la próxima.
