Capítulo 14

Oficinas del FBI. Nueva York. 8 de abril de 2006

Mirando la hora, Martin hizo un último intento y volvió a marcar el número. Por cuarta vez en los últimos 40 minutos obtuvo el mismo resultado. Se quedó mirando el aparato como si fuera a hablarle con tal cara de preocupación que llamó la atención de sus compañeros.

"¿Qué pasa, Martin? ¿Alguna chica te ha dado calabazas?" preguntó Vivian.

Este negó con la cabeza. "Es Danny. Hace tres días que no sé nada de él. No es normal que tenga el móvil desconectado tanto tiempo."

Vivian frunció el ceño. "¿Has pasado por su casa?"

"No, tampoco es para tanto. Sólo quería saber de él. Yo mismo le dije que se tomara unos días…"

"Puede que se haya ido, ya sabes, con la moto esa que saca de vez en cuando," dijo Sam.

"No… no creo. Lo haría si estuviera bien, pero no lo está," dijo Martin. "Voy a preguntar a Patrick, igual él sabe algo," siguió dirigiéndose a la zona donde los técnicos de informática trabajaban en recuperar una voz distorsionada.

Haciéndole una pequeña seña a Patrick, éste salió un momento. "¿Qué ocurre?"

"¿Sabes algo de Danny?" preguntó.

"No, ¿por qué?" preguntó Patrick.

Martin le miró como si fuera un idiota. "Hace tres días que no le localizo."

"Dijo que se iba a casa, que se tomaría unos días. Estará bien," dijo Patrick. "Oye, tengo que volver."

Martin se quedó mirándole. ¿Serían cosas suyas? Sin embargo, se dirigió al despacho de Jack. Tocando en la puerta, no esperó más y abrió. "¿Me acompañas a casa de Danny?" preguntó directamente.

Jack le miró sorprendido. "¿Cómo? ¿qué ocurre?" sus preguntas, para alivio de Martin, fueron acompañadas por acción. Saliendo de su despacho, abrigo y llaves en mano, ambos agentes se dirigieron al aparcamiento y tomaron uno de los coches del FBI.

"No entiendo como Danny puede seguir viviendo aquí," protestó Martin, al reparar en el ascensor averiado y echando un vistazo a las escaleras.

"Vamos, sólo son cinco plantas," sonrió Jack burlonamente, aunque internamente, maldiciendo aquel ascensor averiado.

"Dejaré una revista inmobiliaria en su mesa, a ver si eso le da una idea," siguió Martin dando la vuelta a un recodo.

"Es su casa, Martin. Siempre lo ha sido," le dijo Jack en un tono que hizo pensar a Martin que algo más había tras aquellas palabras. "No te lo ha contado, ¿eh? Imagina lo que debe ser tener tu propia casa, después de haberte pasado la mayor parte de tu vida viviendo en casas de acogida. Debe ser una experiencia única."

"Sí," Martin suspiró. "Algo había intuido. No creo que se pueda conseguir mucho si le preguntara, ¿verdad?"

"Ni falta que hace," le advirtió Jack. "Ya hemos llegado," dijo, plantándose frente a la puerta. Tocó y esperó. Nadie abrió, nada se oyó. Acercando el oído a la puerta, intentó captar algún sonido. "No parece que haya nadie," siguió, sacando unas llaves e introduciéndolas en la cerradura.

La casa estaba vacía, pero claramente algo había ocurrido allí, porque todo estaba revuelto. "¿qué ha pasado aquí?" exclamó Martin. "Y ¿dónde está Danny?" Ambos hombres se miraron alarmados.

"No toques nada," le ordenó Jack, frenando sus pasos. "¡Danny!" gritó, mientras sacaba su móvil.

En diez minutos, varios agentes recogían huellas y fotografiaban todo lo que podría ser de utilidad para la investigación que acababa de abrirse, en una vivienda que ya había sido registrada a fondo. Jack y Martin buscaron por toda el apartamento cualquier cosa relacionada con lo que durante el año anterior pudiera estar haciendo Danny, pero no consiguieron nada. Si había algo, se lo habían llevado, o estaba entre la lluvia de papeles que había en el salón. Todos los libros de las estanterías estaban desparramados en el suelo, los cajones de los muebles abiertos y tirados en el suelo, incluyendo su contenido. El salón y su dormitorio eran un desastre. Los muebles de la cocina igualmente habían sido abiertos y vaciados e incluso el contenido de algunos alimentos esparcidos por el suelo y por la mesa.

"¿Qué buscaban?" se preguntó Jack, seguro de que iban tras algo.

"¿Quizás el arma de la que hablaban Danny y Patrick el otro día?" preguntó Martin.

"Puede ser. ¿cuándo fue la última vez que hablaste con él?"

"Ese día. Fue cuando le dije que se fuera a casa," le respondió Martin, mientras reparaba en algo bajo la mesita de noche que brillaba por la luz del sol. Era una cadena con una placa identificativa. Leyó el nombre en voz alta: "Rafael Alvarez."

"Vivian," dijo, nada más escucharla al otro lado de la línea. "Sí, bueno, esto es un desastre," respondió a sus preguntas. "Oye, ¿sabes dónde vive el hermano de Danny? He encontrado una placa identificativa en casa de Danny. No creo que esté de más hacerle algunas preguntas."

"Lo buscaré en la base de datos. Rafael Alvarez, ¿verdad?," le dijo Vivian. "¿Alguna pista sobre Danny?"

"No, nada. Sí, Rafael Alvarez es el nombre."

"Patrick dice que le pidió los informes que llevó a Langley y se los llevó, junto con el informe del arma del que habían estado hablando. ¿sabes algo de eso? ¿los has visto?"

"No, los buscaré, pero esto es un desastre, algo buscaban porque lo han destrozado todo. Pero eso me da igual, sólo quiero saber dónde está Danny," dijo con voz entrecortada.

Vivian apretó los labios y cerró los ojos. "Le encontraremos, Martin. No te desesperes, le encontraremos."

"Han pasado tres días Viv y no estaba bien."

"Sam ha llamado a los hospitales y no está ahí." Evitó decir que también había consultado en los depósitos de cadáveres con idéntico resultado. Martin sabía que también lo habían consultado. "Haré una visita a su hermano. Ya os diré."

Jack y Martin continuaron en la vivienda, supervisando el trabajo de los agentes, pero no encontraron nada que les resultara significativo.

"No llegó hasta aquí, Jack. No está su arma, ni sus llaves, ni su cartera… no llegó," concluyó Martin.

"O sí llegó y se lo llevaron Martin," objetó Jack. "Preguntemos a los vecinos, estas paredes son de papel, algo bueno tiene que tener un edificio tan antiguo."

La vecina de la puerta contigua les abrió la puerta con un bebé en brazos y otro pequeño pegado a su falda. "Agentes Malone y Fitzgerald del FBI, ¿podemos hacerle unas preguntas sobre su vecino?"

Ella asintió, dejándoles pasar. "¿Ha hecho algo malo?" les preguntó.

"No, estamos buscándole," le respondió Martin sorprendido. "¿Ha escuchado o visto algo extraño en la vivienda?"

"No, el apartamento llevaba vacío mucho tiempo, pero hace unas semanas vinieron dos chicos, mi padre les abrió la puerta porque le dejaron una nota de Danny que decía que eran sus primos. A Danny le vi… hace una semana. Estaba… bueno, diferente."

"¿Cómo diferente?" preguntó Jack, mientras leía la nota que la mujer aún tenía sobre una estantería. Se trataría de Patrick y Alex Córdoba cuando llegaron a Nueva York, concluyó. Patrick le había dicho que se habían quedado en su casa.

"Estaba más delgado y se le notaba cansado…"

"¿No escuchó o vio algo extraño hoy, hace un rato, hace unos días…?" preguntó Martin, un poco desesperado.

"Sí, hace un par de noches, mi marido se levantó a ver al niño que estaba llorando y cuando volvió a la cama me dijo que al lado estaban discutiendo. Pero no le dimos importancia. Aunque cuando empezaron como a mover muebles, estuvo a punto de tocarle en la puerta y decirle un par de cosas."

"¿Pudo distinguir si hablaban en otro idioma?" preguntó Martin.

"No lo sé, no se entendía bien. Se escuchaba, pero no se llegaba a distinguir nada." Dijo ella. "Lo siento," continuó al notar la expresión frustrada de Martin.

"No pasa nada," dijo él, tendiéndole una tarjeta. "Si recuerda algo, por poco que sea, no deje de llamarme."

Ella asintió mientras les acompañaba a la puerta.

El móvil de Jack empezó a sonar, según salían de la vivienda. "Dime Viv. Sí, ¿cómo? Ahora mismo vamos." Colgó. "Rafie, el hermano de Danny, estuvo aquí. Tiene algunas cosas que decirnos."

El hombre esperaba nervioso en la sala de interrogatorios. Temperamental como era, Rafael Alvarez se sentía como un león enjaulado. Estar detenido con la condicional no era la mejor de las situaciones, y él no había hecho nada. O al menos eso creía, porque por más que se esforzaba no conseguía recordar lo que había sucedido desde la cerveza que se había tomado y los tipos que se sentaron a su lado hasta que apareció con un ojo hinchado y la cara amoratada en la puerta de su casa, dándole un buen susto a su hijo Nicky. Y ahora el FBI se lo llevaba a sus oficinas y no le decían que pasaba en realidad.

"Buenas tardes, Rafael," dijo Jack entrando en la sala de interrogatorios y sentándose frente a él.

"¿Qué hago aquí? ¿De qué se me está acusando?" gritó éste.

"Cálmese, Rafael. ¿Puede explicarme que hacía en casa de su hermano hace tres días?"

"Es… es mi hermano. ¿He estado en su casa?" preguntó, con tal cara de extrañeza que Jack no tuvo duda de que no mentía.

"Hemos encontrado esto," dijo poniendo su placa identificativa metida en un plástico de pruebas sobre la mesa. "y sus huellas en el dormitorio, en la cocina, en el salón…"

"¿Dónde está mi hermano?"

"Eso estamos tratando de averiguar. ¿Qué es lo que recuerda? ¿Cómo pudo llegar esta placa hasta su casa?"

Rafie negaba según Jack hablaba. "No lo sé. No lo sé, pero sé que pasó algo… aparecí en mi casa. Mi mujer dice que tenía un ojo hinchado, el labio partido…" Rafie se lo mostró, además de un corte en la mejilla. Aún quedaban señales en su rostro.

"Cuénteme lo que recuerde," le pidió Jack. Intuía que Rafie poco podría ayudarles, no parecía tener una mente clara.

"Había salido del taller y fuimos a tomar unas cervezas."

"¿Con quién?"

"Con Dorta y Manuel, del taller. Ellos se fueron al poco tiempo y yo me quedé. Entonces, se acercaron esos tipos, pidieron otras cervezas y se pusieron a hablar entre ellos. Luego uno de ellos me preguntó si era de por allí y me preguntó donde podía encontrar una… una… no sé, no recuerdo, a partir de ahí…" Rafie se quedó callado de repente, recordando algo. "Perdone un momento," siguió, levantándose y quitándose la camisa. Jack vio lo que Rafie estaba buscando. Aún quedaba la señal del pinchazo en su brazo.

"Es posible que le hayan drogado," comentó Jack. "Le haremos una prueba. Mire estas fotografías, ¿reconoce a alguno de ellos?" Jack le puso encima de la mesa una fotografía de Andrés Miranda y Carlos Torres." Rafie frunció el ceño. "Rafael, sé que a partir de ahí todo es complicado pero intente hacer memoria y dígame lo que recuerde, aunque sea poca cosa."

"No, estos no eran. No sé, déjeme pensar… recuerdo ir en un coche, no era un taxi. No recuerdo cuánto tiempo ni a dónde. Recuerdo un edificio,… un montacargas… entramos en una casa. Creo que me quedé dormido en un sillón. Cuando desperté, todo me daba vueltas y no veía bien, pero sé que me pusieron en pie y… y… creo que se abrió la puerta… alguien dijo mi nombre… puede que… creo que era Danny. Lo siguiente que recuerdo era la mirada asustada de mi hijo en la puerta de mi casa."

Jack se hizo una composición inmediata de lo que había sucedido. ¿Por qué habrían dejado con vida a Rafie? ¿Por qué arriesgarse? Y, ¿por qué le habían utilizado para llegar hasta Danny? No les hacía falta para nada. A menos que…

"¿Le interrogaron?" le preguntó.

Rafie negó con la cabeza. "Dijeron algo… algo como 'cargar con el mochuelo'… ¿qué querrían decir?"

A Jack se le ocurrió una respuesta de inmediato, especialmente porque inicialmente él también lo había pensado. "¿Eso fue antes o después de quitarle la placa identificativa?"

"¿Qué quiere decir? ¿Le han hecho algo a Danny y quieren que parezca que lo he hecho yo?" casi gritó Rafie.

"Sabemos que no es así, cálmese. Mire, voy a llamar a los dibujantes y quiero que colabore en la descripción de esos tipos. Si no recuerda bien, céntrese en el tiempo que estuvo con ellos en el bar, antes de que le drogaran, ¿de acuerdo? Si recuerda algo peculiar, en el tono de voz, el acento, algún tatuaje… lo que sea, no deje de decirlo, ¿está claro?"

Rafie asintió. "Pero, ¿dónde está Danny? ¿dónde está mi hermano?"

"Eso estamos intentando averiguar."

…..

Jack salió de la sala de interrogatorios con la frustración dibujada en su cara. Se resistía a poner la fotografía de su agente en la pizarra y dibujar una línea roja donde narrar las últimas horas antes de su desaparición, unas horas que ellos conocían bastante bien. No, no hacía falta investigar mucho para saber quien estaba detrás de la desaparición de Danny, y nada tenía que ver con Rafael Alvarez.

"Difundid su fotografía por comisarías, hospitales…" ordenó dirigiéndose a Sam.

"Ahora mismo," dijo ella. "Jack…" Ambos se miraron con preocupación, había pasado mucho tiempo. "Voy a hablar con Robert Conrad, él tiene que saber algo. Llamadme si averiguáis algo."

"¿Dónde vas?" preguntó Martin.

"A Washington," dijo Jack.

"Voy contigo," empezó Martin levantándose, pero Jack le paró. "No, te necesito aquí, os necesito aquí."

"Bien, chicos, organicemos esto," ordenó Vivian, tomando el mando casi de inmediato, mientras Jack dejaba las oficinas del FBI rápidamente, y Nueva York bien pronto en un avión del FBI.

Dos horas más tarde, estaba entrando en el edificio de la CIA en Langley, donde hacía bien poco había estado. Un escalofrío recorrió su cuerpo mientras recordaba la vez anterior que había estado allí. No había avisado, no sabía si encontraría a Robert Conrad. Ponerse en contacto con el Director del FBI sería buena idea si no le encontraba. Pero tuvo suerte y no tuvo que esperar ni cinco minutos cuando dijo quien era.

"Agente Malone," Conrad se aproximó a él y le dio la mano. "Soy Robert Conrad, ha preguntado usted por mi."

"Sí, efectivamente. ¿Dónde podemos hablar?" preguntó Jack.

"En mi despacho, sígame. Eh… si no recuerdo mal, es usted…"

"Trabajo para el FBI, en personas desaparecidas en Nueva York. Soy el supervisor del agente Danny Taylor," le cortó Jack, dudando de que Conrad no supiese eso.

Conrad se había parado y abierto una puerta. Entraron y cerró tras él. "Siéntese. ¿En qué le puedo ayudar?"

"El agente Taylor ha desaparecido," empezó Jack. Conrad, que iba a sentarse permaneció en pie, sorprendido. "Creo que tiene algo que ver con lo que estuvo haciendo para ustedes."

"¿Cómo? ¿Qué ha pasado?" preguntó Conrad frunciendo el ceño.

"Eso esperaba que me dijera usted. Hace tres días, unos tipos se lo llevaron de su casa. Además, por como encontramos la vivienda, está claro que andaban buscando algo. Sospechamos que se trata de un arma que le proporcionaron mientras estuvo en la casa de Washington."

"¿Qué arma?"

"Danny hizo investigar el número de serie y resultó estar implicada en un tiroteo en que resultaron muertos dos agentes de la DEA. ¿le suena? Está registrada a nombre de Carlos Torres. Sé lo suficiente para deducir la importancia que eso tiene para usted."

Conrad había palidecido. "Ese… informe… está protegido. ¿Cómo consiguió la inform…? Oh, Patrick, por supuesto."

"Eligió bien a sus hombres para esa operación," le dijo Jack. "Dígame como puedo encontrar a mi agente, Conrad."

Robert Conrad levantó un dedo, invitándole a callar mientras su mente intentaba poner en orden las ideas.

"Ese informe del que me habla, ¿dónde está?" preguntó.

"Lo llevaba Danny consigo. Le dijo a un compañero que se llevaría toda la documentación que tenía para estudiarla con detenimiento porque había algo que le preocupaba, especialmente a raíz de la información sobre el arma."

"Por supuesto, no sería nada conveniente que cayera en manos de otras personas."

"¿Cómo Andrés Miranda?" preguntó Jack.

"No sabía nada de ese arma. Tuvo que ser Andrés quien la pusiera en la casa. Le interesa quitar de en medio a Taylor como sea. Ese informe refuerza la posición de Carlos Torres en este momento y Miranda cayó en la trampa, pero no era esa la intención cuando se hizo."

"El informe es falso," entendió Jack.

"Sí y no, el arma es de Carlos, pero no fue la que mató a esos agentes. Carlos Torres es uno de los nuestros, pero a ojos de Miranda tenía que ser un agente corrupto, su contacto en Miami."

"¿Por qué no deja de poner en peligro a mi agente, Conrad? Danny Taylor puede ser un excelente agente pero no es de los suyos, ni quiere serlo. Me han dicho que ya ha forzado usted mucho su situación."

"Puede que ya sea tarde, pero intentaré averiguar qué ha pasado, agente Malone. Cuando hablé con su agente y él accedió a participar en esta operación, ya sabía a lo que se exponía…"

"No diga sandeces, Conrad. Yo sé perfectamente cómo lo hacen ustedes. ¿Le explicó que iba a jugarse la vida para sacar a un corrupto de la isla? ¿A qué ese detalle no se lo explicó? No se lo explicó porque lo dedujo hace tan solo unas horas, unas horas antes de que desapareciera. También dedujo que su contacto, en realidad era una tal Clara Torres… la hermana del dueño del arma."

Los músculos faciales de Conrad se tensaron por un momento.

"Es en ella en quien piensa en este momento, ¿verdad?" Jack negó con la cabeza. "Danny tenía razón, le sugerimos que hablara con usted pero no quiso hacerlo. Ahora ya sé por qué." Rodando con ruido la silla, se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de salir añadió. "Si algo le ocurre a Taylor, le haré personalmente responsable de ello Conrad. Recuerde mis palabras porque le juró que lo haré. Así que haga su trabajo."

….

Dos días antes, en algún lugar de Nueva York, a la orilla del Hudson.

Duane Jones miró con suspicacia al tipo que miraba su botella de whiskey a medias que había encontrado en un basurero cercano, su cena de esa noche. Levantó su dedo lleno de mugre en un gesto de advertencia, mientras aún balanceándose se dejó caer en el lugar donde habitualmente pasaba la noche. Adecuó un poco los cartones y se dispuso a disfrutar del último trago. A su alrededor una decena de indigentes, algunos, viejos conocidos, tomaban posiciones para pasar una noche más. No sabía que esa noche estaría de suerte, hasta que un momento después, la luz de la luna le trajo el brillo de algún objeto cerca del agua. En aquella zona, adentrarse en el Hudson era sencillo, aunque ninguno de ellos lo intentaría. Pero la curiosidad, le tentó y pisando con cuidado las zonas blandas de tierra y hierba, Duane se acercó al agua.

No vio al hombre que yacía a la orilla, vio los zapatos, el abrigo, los pantalones, la camisa… pero especialmente los zapatos. Se le antojó que calzaría su mismo número y se agachó para quitárselos… ¿llevaría una cartera encima?. Otros indigentes se habían acercado a él, y ahora se disputaban el derecho a alguna de aquellas prendas. Entre tres, cogieron al hombre y le sacaron del agua. Aún respiraba, pero no por mucho tiempo, decidieron. Le quitaron los zapatos y el abrigo, el reloj y los calcetines que alguien puso a secar junto al fuego que hacían en un contenedor metálico. La camisa estaba tan destrozada que nadie la quiso, así que dejaron al hombre en una esquina y volvieron a lo suyo. Duane miró con orgullo los zapatos y estimó que ya no tendría que preocuparse por su calzado durante unos cuantos años, igual que Maria decidió que no pasaría frío el siguiente invierno. Ahora era ella la que miraba con suspicacia a su alrededor. Allá aquel que se atreviera a robarle su abrigo.

….