Capítulo 14
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Viniendo a este mundo completamente desnuda
Sintiéndome nueva, di que soy tu bebé
Nunca me sentí tan segura
En un lugar desconocido
Solía sentirme vacía, superficial, ausente
Cuando tú estás cerca, estás cerrando todos estos espacios
Todas los pecados que cometimos
Finalmente borrados
Tan malo que debería estar prohibido
Tan bueno, tan profundo, lo siento
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Tu amor es como un poder superior
Nací, nací, nací de nuevo
Porque cada vez me amas más fuerte
Nací, nací, nací de nuevo
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Rosas para los muertos y yo quiero peligro
Me siento tan viva porque te deseo
Pasión, placer, dolor
Todo se siente igual
Más caliente que el sol, no es necesario salarme
Me tienes de rodillas, así que ven y reza conmigo
Inundando como la lluvia
Por unos cuarenta días
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Tan malo que debería estar prohibido
Tan bueno, tan profundo, lo siento
Estoy renaciendo
Tu amor es como un poder superior
Nací, nací, nací de nuevo otra vez
Porque cada vez que me amas fuerte
Nací, nací, nací de nuevo otra vez
Nací, nací, nací, nací, nací de nuevo otra vez, nací de nuevo otra vez
Nací, nací, nací, nací, nací de nuevo otra vez, nací de nuevo otra vez
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Nunca, nunca te vayas
Finalmente creo
Porque te llamo a ti mi bebé
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Tu amor es como un poder superior
Nací, nací, nací de nuevo otra vez
Porque cada vez que me amas fuerte
Nací, nací, nací de nuevo otra vez
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Cada vez, cada vez que vengo me siento despierta
Cuando buceas en las mareas del océano me siento el cielo
Es como la primera vez, la primera vez que me amaste desnuda
Nací, nací, nací de nuevo otra vez
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La rubia estaba completamente obnubilada por la voz, la belleza, la pasión y la tranquilidad que emanaban de Regina en el momento de cantar. Sus manos en esa guitarra la tenían soñando despierta en lo que podrían hacer con su cuerpo. Porque sí. Emma llevaba ya un par de días soñando con la morena. Sueños para nada inocentes. Todos esos días que soñaba en ella, despertaba agitada y con cierta humedad en sus bragas que la hacían sentir avergonzada.
Y ahora aquí con la morena, tocando la guitarra y cantándole una canción dedicada exclusivamente a ella, la hacían sentir tremendamente importante. La más maravillosa persona que ella tuviera el placer de conocer estaba enamorada ella. De la simple Emma Swan.
-¿Qué piensas hermosa?-. Preguntó Regina dejando la guitarra a un lado.
-En que eres maravillosa y no te merezco.
-No digas eso-. Regina se acercó gateando hacia ella y tomó su rostro entre sus manos –Tu vales oro Emma, nunca, escúchame bien, nunca pienses ni dejes que te digan lo contrario. Amarte, respetarte y creer en ti misma es lo principal en cualquier relación, amorosa o social… yo no te merezco, pero soy muy egoísta para dejarte ir ya-. Dijo arrancándole una sonrisa y luego fundió sus labios con los suyos arrancándole un gemido, que no pasó desapercibido para Regina quien sonrió en el beso.
-¿Ya decidiste que nombre ponerle?-. Preguntó Regina al separarse, acariciando el suave pelaje del cachorro en brazos de la rubia.
-Si-. Dijo sonriendo –Es macho ¿verdad?
-Si, así es.
-Me gusta Cooper-. Dijo con una linda sonrisa que encantó a Regina.
-Pues Cooper será-. La volvió a besar –Que tal…-. Decía entre besos –Si dejamos a… Cooper aquí… y nosotras… nos vamos a bañar… ¿Mmm?
-Me encantaría… -. Rompió el beso para mirar al cachorro –Pero es muy pequeñito ¿Y si se cae al rio?
-Hay una solución para eso-. Dijo la morena tomando la canasta y sacando las cosas que ahí había, luego metió un mantel de tal forma que cubrió toda la base del canasto –Ponlo en su cunita-. La rubia hizo lo que le dijo, el pequeño perrito apenas se movió soltando un suspiro –¿Mamá está tranquila ahora?-. Le preguntó bromista.
-Mucho-. Dijo la rubia riendo –Le falta algo-. Lo cubrió con otro mantel –Mucho mejor.
-Vamos a bañarnos-. La morena se deshizo rápidamente de su camiseta y corrió cerca del lago quitándose también su short.
-Espérame-. Susurró la rubia para no despertar al cachorro, y corrió cerca de la orilla quitándose la ropa al igual que Regina.
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-Dios esto es tan emocionante, Emma va a enloquecer-. Dijo Ruby una vez decorada la cafetería. Parecía otro lugar.
-Es verdad, ha quedado hermoso-. Comentó Belle llegando con un regalo –¿Donde dejo el regalo?
-Por aquí, déjame ayudarte-. Le dijo la joven camarera tomando la bolsa de regalos de sus manos y dejándolo en una mesa donde estaban dispuestos otros presentes de los demás invitados.
-¿A que hora se supone deberían de estar llegando?
-Mmm… como unos diez minutos luego que Regina le envíe el mensaje a Zelena de que ya vienen-. Dijo mirando hacia la barra de bebidas –¿Te apetece beber algo?
-Claro
El lugar estaba realmente hermoso, decoraciones de globos por doquier, mucha comida, bebidas y mucha gente que apreciaba a la rubia. La abuela Colter no podía creer tantas personas que se preocupaban y querían a su nieta. Había algunos compañeros de la escuela, algunos de los cuales habían estado esa tarde ayudando a decorar el lugar. David, Killian, Zelena y Jefferson estaban ahí pasando de contrabando un poco de alcohol para ellos, después de que Regina dijera que no quería ser responsable de que ningún adolescente compañero de Emma saliera borracho de la fiesta.
Zelena no podía creer que esa fuera su hermana, realmente Emma la estaba cambiando, estaba más centrada, incluso más madura. En sus tiempos de locura no le habría importado darle alcohol o incluso drogas a un menor. Otra cosa que le gustaba a Zelena de Emma, desde que Regina la conoció ya ni siquiera se drogaba. Emma le hacia mucho bien a Regina.
De pronto salió de sus pensamientos cuando su teléfono vibró, aquella era la señal, más bien la orden, porque el mensaje decía: ya vamos, ocúltense bien, no lo arruinen. Sonrió ante lo mandona que podía ser su hermanita a veces.
-¡Okay, gente!-. Comenzó a llamar la atención de los demás –Me acaba de mensajear Regina diciendo que vienen aquí, escóndanse bien, porque si lo arruinamos Regina nos mata a todos, especialmente a mi-. Dijo sonriendo y todo el mundo hizo lo que debían. La mayoría, por no decir todos, se escondieron detrás de la barra y algunos otros en el pasillo que daba hacia los baños.
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-Ya estamos-. Dijo Regina deteniendo el motor de la motocicleta -¿Qué te apetece comer?-. le dijo a la rubia mientras le ayudaba a quitarse el casco y aprovechaba de robarle un par de besos.
-No lo sé… ¿y tú?
-A ti-. Dijo directamente, provocando un fuerte sonrojo en la rubia –Te ves tan linda sonrojada-. Cogiéndola del rostro, nuevamente la besó, con entrega, con pasión y con mucho amor. La rubia se sentía flotar en una nube cada vez que la besaba así. Le hacia sentir muchas cosas, algunas de esas era cierta presión en el vientre que no sabia como definirla ni calmarla. Pero no le importaba –Vamos-. La cogió de la mano entrelazando sus dedos mientras la conducía a la cafetería.
La rubia estaba tan hipnotizada por el perfume, la calidez de la mano y la sensación que aun estaba presente en su vientre, que ni siquiera notó que las luces del lugar estaban apagadas. Hasta que de la nada alguien gritó sorpresa, las luces se encendieron y confeti brilloso volaba por encima de su cabeza haciéndola pegar un brinco, al girar su rostro para ver a la morena la vio sonriendo hermosamente mordiendo su labio. Fue cuando se dio cuenta que ella había sido la responsable de todo eso.
-Tú…
-Feliz cumpleaños Emma-. Dijo, abrazándola y besando su mejilla aun sin poder borrar la sonrisa. Realmente la habían sorprendido y eso se reflejaba en el rostro de Emma, la cual aun no se lo podía creer.
Todos poco a poco se fueron acercando para felicitarla y ella con una sonrisa gigante les agradecía que estuvieran allí. Mientras Regina se acercó a donde estaban sus padres, ambos con una sonrisa orgullosa de su hija pequeña.
-¿Ha salido como querías cariño?-. Preguntó Henry abrazándola de lado.
-Mucho mejor de lo que imaginé papi, gracias por ayudar-. Dijo besando su mejilla.
-¿Y el cachorro?-. Preguntó Cora.
-Lo dejamos en casa, está muy pequeñito para sacarlo de noche. Quedó en su camita en mi habitación, con comida, agua y a cargo de su niñera Jeff-. Respondió con una sonrisa al recordar que el hombre grandulón se había prestado de voluntario para quedarse a cuidar del cachorro.
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Emma había comido, bebido y había bailado hasta más no poder con todo el mundo, pero principalmente con Regina que no se alejaba mucho de ella. A la morena le encantaba verla sonreír, pero mayormente escucharla reír, era un sonido que le hacia vibrar el pecho y la llenaba de energía. Cada vez que la escuchaba no podía evitar contagiarse. Era hermosa. Quería cuidarla, abrazarla y besarla una eternidad. Lo que sentía por Emma era algo potente y atrapante, algo que nunca antes había sentido tan fuerte, algo que no le daba miedo.
Sonreía desde lejos viéndola bailar con su abuela. Ambas muy felices. Emma era una potente luz rebosante de ternura y amor. Y la amaba. Se sentía tremendamente bendecida de tener a esa chica tan maravillosa amándola.
-Hey… ¿ya te cansaste abuela?-. Le preguntó a la abuela Colter que se acercaba a la silla a su lado.
-Si niña, ya estoy vieja, ve a bailar tú-. Le dijo con una sonrisa empujándola hacía la rubia, quien reía viéndolas.
-Disculpe señorita… ¿ha venido sola?-. Bromeó Regina cuando llegó a ella.
-Oh no, venia con una chica… pero se me ha desaparecido-. Siguió el juego mientras bailaban
-¿Su novia?
-Mmm… no lo sé, ni siquiera me lo ha pedido-. Dijo encogiéndose de hombros provocando una sonrisa en Regina.
-¿Enserio? Pues es una idiota y si me permite decirlo. Es usted una preciosidad-. Le dijo e hizo reír a la rubia.
-¿Usted cree?
-Absolutamente. Soy Regina-. Dijo estirando la mano a modo de presentación.
-Emma-. Respondió siguiéndole el juego y Regina le besó el dorso –Estás loca-. La morena la jaló de la mano y juntó sus labios con los suyos –Es usted muy atrevida Regina-. Le dijo al separarse –¿Va por ahí besando a todas las chicas que acaba de conocer?
-Tal vez… pero alguien me dijo que estoy loca-. Le guió un ojo y volvió a besarla.
-¡Hey! ¡Que es una niña! ¡Búsquense una habitación! ¡Pervertidas!-. Oyeron que gritaron Zelena, Ruby, Killian y David. Los gritos solo las hicieron reír en medio del beso.
De un momento a otro la música cambio y pasaron a los lentos. Regina la tomó de la cintura apegándola a su cuerpo. Emma sintió que su corazón se aceleraba y su vientre se contraía. Se aferró con sus brazos a su cuello, inhalando el perfume de la morena.
-Hay algo que te he querido pedir desde la primera vez que te llevé a la cabaña-. Susurró Regina.
-¿Qué cosa?-. Dijo separándose levemente para mirarla a los ojos.
-¿Quieres ser mi novia?-. No entendía porqué. Pero se sentía totalmente nerviosa.
-Claro que si-. Susurró igualmente la rubia, con una inmensa sonrisa. Provocando que Regina soltara el aire que había contenido y se inclinara a besar sus preciosos labios. La cogió en brazos y dio una pequeña vuelta con ella, haciéndola reír.
-Te amo-. Soltó la morena juntando su frente con la suya, derritiendo el corazón de Emma.
-Y yo a ti. No sabes cuanto-. Esta vez fue Emma quien acortó la distancia de sus labios.
-Tengo otro regalo para ti, pero lo he dejado en la cabaña-. Dijo la morena.
-¿Porque no me lo diste antes?
-Nos pusimos a jugar con agua y lo olvidé-. Dijo encogiéndose de hombros. Realmente era así.
-Tendrás que entregármelo mañana…
-¿Y porqué no ahora?
-Estamos en la fiesta ¿Cómo vamos a dejar a los invitados?
-¿Y eso que? Solo hay que avisarle a alguien para que no nos busquen y nos escapamos-. Dijo moviendo sus cejas haciendo reír a la rubia –Va, yo le digo a la abuela Colter y Zelena mientras tu sales por atrás.
-¿Qué? Pero…
-Solo ve-. Le dijo Regina moviendo sus manos como empujándola invisiblemente.
-¿Y Emma?-. Preguntó la abuela Colter, cuando la morena se sentó a su lado.
-Oye abuela Colter… ¿Tu confías en mi?-. Le dijo seria.
-¡Claro! ¿Por qué la pregunta?
-¿Puede Emma quedarse a dormir en mi cabaña esta noche?-. Preguntó tranquilamente. Vio a la abuela Colter pestañear una… dos… tres veces antes de que reaccionara.
-¿Vas a desvirgar a mi nieta?
-¿QUÉ? ¡NO! Es decir… ¡Esa no es mi intención! Pero no puedo asegurar que no pase-. Dijo luego de la impresión de la pregunta. ¿Realmente sonaba así?
-¿No es tu intención, pero lo harías de todas formas?-. Volvió a preguntar mirándola seria, casi sin pestañear.
-Yo… es decir… yo… amm…
-Que elocuente señorita Mills
-Yo…-. Tomó aire y luego lo soltó despacio abriendo los ojos –Tengo un par de regalos para Emma ahí, olvidé dárselos hoy. Y como ya se está haciendo tarde sería mejor no conducir de madrugada la motocicleta, puede ser muy peligroso…
-Claro… la motocicleta es peligrosa…-. Dijo la abuela escrutándola con la mirada –Mira que no te creo nada… pero no es asunto mío. Es una decisión absolutamente de Emma. Al menos sé que serás gentil y no quedará embarazada.
-Mis dedos son mágicos pero no tanto…
-¿Qué?
-Que seré gentil. Además es Emma la que tiene la última palabra, ¿quien dice y no hacemos nada a parte de solo dormir?.
-Quiero pensar que así será. Pero prefiero no saber nada-. Dijo con una sonrisa, relajando a la morena. Regina la abrazó y luego se puso de pie. Salió por la puerta de atrás y se reunió con Emma. Era una noche fresca. Emma abrazaba el casco para mantener un poco de calor.
-¿Que dijo mi abuela?-. Preguntó Emma, y si no le hubiera pegado la brisa a Regina de lleno en la cara, se hubiera sonrojado.
-Que te cuidara-. Respondió tomando el casco de sus manos y colocándoselo –Le mando un mensaje a Zel y nos vamos-. Dijo colocando su propio casco y subiéndose a la moto, antes de encenderla le envió el mensaje a su hermana.
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"Emma y yo nos vamos, te veo mañana, cuida a Cooper"-. Leyó la pelirroja en su teléfono.
-¿Quién es Cooper?-. Se preguntó en voz alta.
"Cooper es el cachorro"-. Inmediatamente le llegó la respuesta.
-Si mi comandante-. Dijo haciendo un saludo militar con la mano en su frente.
-¿Que haces?-. Le preguntó Jefferson.
-¿Yo? Nada, nada. Tú sigue-. Le dijo empujando su cabeza a su entrepierna donde había estado desde que se escaparon de la fiesta a una de las habitaciones del hostal.
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-Dios está helando-. Dijo Emma en cuanto entró a la cabaña, refugiándose entre las mantas que estaban sobre el sofá.
-Eso pasa cuando viajas en moto sin la ropa adecuada-. Dijo la morena colocando unos leños en la chimenea y prendiéndole fuego para que el lugar estuviera más cálido.
-Habérmelo dicho antes-. Contestó Emma castañeando sus dientes, tapada hasta la cabeza.
-Bueno… eso me lleva a tu regalo-. La morena se perdió tras la puerta de la habitación volviendo con una caja –Ábrelo-. La rubia con manos temblorosas del frio, hizo lo que le dijo, en cuanto lo vio le encantó. Una chaqueta de cuero color roja. Era perfecta.
-Wow…
-Si no te gusta el color podemos cambiarla…
-No… es perfecta. Gracias-. Dijo acercando sus labios a la morena.
-Mi sorpresas no quedan ahí… este es el más especial-. Dijo dándole misterio –Cierra tus ojos y extiende sus manos-. La rubia así lo hizo, hasta que sintió que Regina colocaba algo sobre ella. –Ábrelos ya.
Al abrir sus ojos y ver que tenía en la mano, la hizo sonreír. Un collar de corazón con el relieve de un cisne. –Se parece al collar de la princesa cisne-. Dijo mirando a Regina.
-Es el mismo-. Dijo tomándolo –Bueno, real, es un relicario-. Le dijo abriéndolo, notando una pequeña fotografía de ellas dos y al lado una fotografía de Emma con sus padres su abuela y su hermano Daniel, cuando ella apenas tenía cinco años –Mandé a reducir esta fotografía que me prestó la abuela Colter-. Le reveló de donde la había sacado. Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas. Su familia, de la cual solo le quedaba su abuela –Le mandé a poner un grabado también-. Al voltear el corazón se podía apreciar: I carry your heart with me (Llevo tu corazón conmigo)
-Es… es hermoso-. Susurró y luego levanto su mirada a los ojos marrones que la veían con tanto amor –Gracias Regina, enserio muchas gracias-. La abrazó fuertemente, mientras derramaba algunas lágrimas de alegría –Es el mejor regalo que he recibido en toda mi vida-. Se separó de su cuello y la besó profundamente, no podía dejar de besarla. Era como una droga.
-Me alegra que te guste-. Dijo la morena entre besos, pronto el frio que sentía Emma en un principio, se convirtió en calor, deshaciéndose de las mantas y acercándose más a la morena. Pronto Regina se encontró sentada, con la espalda apoyada en el respaldo del sofá con la rubia sentada sobre ella con las piernas a ambos lados de su cadera. El beso se volvía demandante y no pudo evitar introducir su lengua en la cálida boca de la rubia, ganándose un hermoso gemido al primer roce de sus lenguas. Debía controlarse y recordar que la rubia era virgen.
-Emma…
-Tócame Regina.
-¿Estás segura? Si comienzo no voy a poder parar-. Le dijo aferrándola de las caderas.
-No quiero que te detengas-. Gimió con los ojos cerrados. Regina alzó su cabeza para capturar nuevamente los labios de Emma, dejando vagar sus manos por debajo de su blusa. Emma gimió de gusto al sentir el tacto de sus manos cálidas contra su espalda.
Los labios de la morena bajaron poco a poco dejando un rastro de besos por su barbilla, al llegar a su cuello le dio una leve mordida que hizo jadear a la rubia y mover sus caderas sobre el regazo de Regina. Con una sonrisa ante la reacción que obtuvo, la morena dio una lamida desde su mordida hasta el lóbulo de su oreja dando un gemido ronco –Me vuelves loca Emma-. Sus manos le urgieron a quitar su blusa y la rubia le ayudó levantando los brazos. Emma vibraba con cada beso y cada caricia de la morena. Los ojos de Regina se volvieron más oscuros al notar la carne suave, que se apreciaba escondida detrás de un sujetador celeste. Besó sobre su clavícula y fue bajando sin dejar espacio que sus labios, dientes y lengua no tocara y poseyeran. Emma era un manjar único, digno de degustar con calma. Una preciosa melodía, con las notas y acordes precisos, que al tocarla le elevaban el alma e impulsaban su corazón a seguir.
Llevó sus manos hasta el broche del sujetador dejando caer las copas y deslizándolo por sus brazos. Ante ella dos magnificas cumbres redondeadas y sutiles. Sus manos cual metal hacia el imán fueron irremediablemente atraídas, cubriéndoles y maravillándose de su suavidad y ternura. Pronto un pezón quedó cubierto por su ardiente boca, mas la rubia se deshacía entre sus manos gimiendo y retorciéndose sin control.
Regina sonrió como niña, cuando la escuchó con voz necesitada pidiéndole más. Separó su boca de su seno y tomándola de la cintura se irguió. Pero no era lo suficientemente fuerte como para levantarla en brazos. Emma era un poco más alta que ella, por lo que atrapando su peso, se deslizaron hasta la alfombra frente a la chimenea, quizás no era el lugar más cómodo, pero dudaba mucho que ahora ajustada sobre su cuerpo, tuviera la suficiente lucidez como para señalar que sería mejor en la cama.
La rubia separó sus muslos para atrapar a Regina dentro. Sus manos cobraron vida, quitándole la chaqueta negra y luego colándolas por debajo de la blusa acariciando su piel suave haciéndola gemir. Esa reacción que obtuvo de Regina le encantó, y siguió tocándola suavemente arrancándole más gemidos estrangulados mientras la morena besaba su cuello. De pronto la morena se separó de ella quedando arrodillada entre sus piernas. Cuando le iba a preguntar que ocurría, la vio quitarse la blusa y lanzarla sobre el sofá, cuando notó que tenía la intención de quitarse también el sujetador, se apresuró a sentarse y sostener sus manos.
-Deja que lo haga yo-. Dijo con la voz ronca.
La morena quitó sus manos y Emma le desabrochó el sujetador, deslizándolo muy lentamente, tragó saliva al ver sus pechos libres, sus perfectos y excitados pezones apuntándola. Levantó la vista, encontrándose a una Regina sonriéndole de una manera tan sexy, que le cogió con ambas manos la cabeza para besarla profundamente con arrebato y pasión.
A la morena nunca antes la habían besado de esa forma tan arrebatada, solo con un beso su dulce Emma la dejaba con las bragas más que mojadas. Sonriendo en el beso ante su pensamiento, estiró la mano hacia el sofá sacando los cojines y tirándolos al suelo detrás de Emma, con cuidado empujó su cuerpo con el suyo, dejándola recostada sobre los cojines. Las manos de Emma comenzaron un nuevo recorrido, de la espalda hasta cubrir los pechos de la morena, amasando suavemente la carne, arrancándole suspiros.
Las manos de Regina por otro lado, desabrochaban los jeans de la rubia con maestría, descartándolos rápidamente. Sostuvo las manos de la rubia a ambos lados de su cabeza, impidiendo que la tocara mientras ella se daba un festín con sus pechos. Lo único que se oía en la cabaña era el crujir del fuego y los excitantes suspiros, jadeos y gemidos de su novia.
-Regina-. Dejó salir la rubia en un excitante gemido.
-¿Mmm?-. Preguntó dejando sus pechos y observando su sonrojado rostro. Se veía hermosa bajo el anaranjado color del fuego de la chimenea.
-Te amo.
-Yo también te amo-. Le proclamó de regreso Regina, mientras la volvía a besar y dejaba una estela de besos húmedos desde su mentón, pasando por entremedio de sus pechos y bajando hasta su ombligo, le dio un mordisco en la cadera, mientras la rubia instintivamente elevaba la pelvis. Regina besó su centro aun sobre sus bragas totalmente húmedas provocando un fuerte jadeo de la rubia. Aspirando su excitación Regina enganchó dos dedos en las bragas deslizándolas por sus largas y torneadas piernas. Se guardó las bragas en el bolsillo trasero de su pantalón, mientras separaba los muslos de Emma, antes de hacer nada, miró hacia su rostro, Emma estaba con los ojos fuertemente cerrados, se le notaba nerviosa.
-Emma…-. Le llamó -Amor…
Emma casi se muere cuando abrió los ojos y bajó la mirada para verla ahí, entre sus piernas con los ojos mas oscuros de lo que la había visto antes. Su cuerpo entero se estremeció y le fue imposible no cerrar sus ojos cuando la lengua de la morena recorrió por primera vez su sexo. Regina con sus dedos separó sus labios menores degustando el elixir que emanaba de la rubia cual naufrago sediento. Cuando su lengua llegó a su clítoris, las manos de Emma se posaron en su cabeza, enredando sus dedos en cabello, acercándola imposiblemente más.
Regina aprovechando la entrega total de la rubia, introdujo uno de sus dedos en el interior de la chica, quien si se dio cuenta no reaccionó. Simplemente siguió apretando su cabello gimiendo y retorciéndose sin parar. La morena introdujo otro dedo y la sintió tensarse un poco.
-Shhhh, relájate bonita-. Le susurró y pronto sintió como la rubia relajaba su cuerpo poco a poco.
La boca de Regina se prendió nuevamente de su haz de nervios, mordisqueándolo y succionándolo mientras sus dedos comenzaban a bombear lentamente dentro y fuera. Pronto se encontró gimiendo fuertemente la rubia, moviendo sus caderas instintivamente buscando más de lo que Regina le daba. Un par de bombeos más por parte de Regina y la rubia se venía con su nombre en un fuerte grito y apresando sus dedos en su interior. Siguió estimulándola con su lengua manteniéndola aun en la ola de su primer orgasmo.
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ESPERO LES GUSTARA Y QUE LA ESPERA HAYA VALIDO LA PENA ;D
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CANCION: BORN AGAIN DE TIFFANY YOUNG.
