Hola a todooos! como estais? Aquí os traemos un nuevo capitulo de Code Frontier. Pero antes, agradecimientos a los reviews. Chicos...
Kouji: a nipijilguera: si, lo de Ranamon es un error de ortografia, es Lanamon (hay que echarle la culpa a Kaotik)
Zoe: a jaadee: tranquila, que si las autoras no ponen "esa" pareja, me las cargo como que me llamo Zoe y soy la reencarnacion de
bueno, ahora que ya estan los reviews agradecidos, os dejamos con el capi (menos mal que hoy no hay peleas, que el lunes acabe con una pierna rota XD)
Capítulo 14: el mercado de akibaYa en el Pueblo del comienzo, Koichi lleva rápidamente a Chiaki hasta el cuarto con las camas, en donde Zoe, acompañada por los tres ángeles, Bokomon y Neemon, estaba cuidando de Sissi y Emily, ambas despiertas pero débiles.
-¿Qué ha pasado? –preguntó la rubia al ver entrar al chico.
-La Scyphozoa también ha cogido a Chiaki –respondió mientras la dejaba en una cama.
-¿Es por habernos ayudado? –temió Sissi.
-No, ella logró romper varios tentáculos –se acercó Floramon a su compañera −. La rodearon Phantomons y la Scyphozoa salió de la capa de uno de ellos.
-¿Es eso posible? –se extrañó Emily.
-Supongo que, del mismo modo que nos pueden capturar, también pueden hacer regresar de ese sitio a quien sea –respondió Zoe.
-Eso nos da un motivo extra para estar más alerta –habló Takuya, apareciendo en la estancia con los demás −, ¿Cómo estáis?
-Mejor, gracias –respondieron las tres.
-Parece ser que ahora vais a tener clones vosotras también –señaló Jeremy mientras se sentaba y tecleaba en su ordenador.
-¿Por qué las han cogido a ellas? –se extrañó Teruo −. Si querían crear otro clon, podrían haber usado los datos de KendoGarurumon y KaiserLeomon, los dos únicos que había cambiado la digievolución y eran más poderosos.
-Quizás porque eran más fuertes, XANA no se ha atrevido a mover la Scyphozoa contra ellos –dejó ir Aelita.
-Es posible, sí –apoyó Yumi la idea.
-Bueno, de todos modos, nos tenemos que ir de aquí ya pronto –interrumpió la conversación JP −. Este pueblo es muy importante como para ser dañado. Y si van a aparecer más clones, las cosas se van a poner muy feas.
-Tienes razón. Debemos irnos rápido antes que vuelva a llegar un ejército grande –dijo William.
-No podemos irnos todavía –negó Koichi con la cabeza.
-¿Por qué no? –se extrañaron.
-Chiaki sigue dormida, y Sissi y Emily también están débiles –explicó.
-Es verdad… Bueno, pues descansaremos unas horas más y después marcharemos sin protestar ni nada –sentenció Takuya −. Y ahora, vamos a ayudar a Swanmon.
-Ay, no, a Takuya le está gustando esto de cuidar bebés y nos está arrastrando a todos al mismo destino –se burló Odd.
-Ya que estamos aquí, ¿por qué no le aligeramos la faena a la pobre Swanmon? –sonrió Kouji dándole unas palmadas en la espalda.
-¿Qué? –Odd se quedó sorprendido, observando como la gran mayoría de los allí reunidos empezaba a moverse para cuidar de los bebés.
Cuando Chiaki despertó, después de un par de horas, la faena de Swanmon había acabado. En ese tiempo también había llegado un Trailmon para enviar a los bebés a sus respectivas aldeas, por lo que la digimon cisne no tenía tanta preocupación.
-Gracias por todo lo que habéis hecho aquí, chicos. Me habéis ayudado muchísimo estos días –agradeció Swanmon.
-No ha sido nada. Gracias a ti por dejarnos pasar la noche –dijo Katsuharu.
-Nosotros os acompañaremos –dijo Patamon −. Os ayudaremos por el camino en todo lo que podamos.
-¿Estáis seguros de lo que vais a hacer? –preguntó Kouji.
-Pues claro que sí. Somos los tres grandes ángeles. ¿Qué crees que diría la gente si no luchásemos? –respondió Lopmon, sacudiendo las orejas al mismo tiempo que negaba con la cabeza.
-Pero ahora estáis en formas infantiles –observó Zoe.
-Seguro que estando con vosotros creceremos más rápido –sonrió Salamon.
-Está bien, venid con nosotros. Pero si hay peligro y no podéis hacer nada, os quedáis con Bokomon y Neemon –señaló Takuya.
-¡Tranquilos, no molestaremos! –sonrieron los tres.
Con todo en orden, abandonaron a pie el Pueblo del comienzo, caminando todos en grupo. Takuya iba al frente, hablando tranquilamente con los gemelos y sin observar demasiado alrededor cuando de pronto se detuvo y se giró hacia los demás.
-Bueno, chicos, ¿a dónde vamos? –preguntó con una sonrisa tonta, a la que algunos respondieron cayéndose al suelo.
-Anda que tienes una cara… –soltó Kouji dándole una colleja.
-Eso se pregunta al principio, no después de media hora –Koichi también golpeó flojo la nuca del líder.
-Bueno, es que no había pensado en ello hasta ahora –admitió.
-¡Pero tú eres el que va por delante! ¡A algún sitio nos estás llevando! –le chillaron todos.
-Ugh… vale, ya no diré nada más en lo que queda de día –dijo aún sonriendo tontamente. Tommy susurró un "eso no se lo cree nadie" que provocó las risas de los de su alrededor.
-De acuerdo, pues se admiten sugerencias –dijo JP.
-Pues lo decidiréis vosotros –señaló Ulrich −. Nosotros no conocemos en absoluto este lugar. Así que entre vosotros y los digimons podéis aclarar el destino final de hoy.
-¿Qué os parece si miramos de conseguir información? –propuso Teppei.
-Irá muy bien para poder avanzar sin sobresaltos –añadió Katsuharu.
-Y también podremos localizar torres activadas. Ya hemos visto que una torre desactivada es quitarle energía a XANA, así que podríamos encontrar más torres –dijo Aelita.
-Entonces hay que ir a un lugar donde acudan muchos digimons y haya intercambio de información –resumió Gaomon.
-¿Qué os parece el mercado de Akiba? –propuso Koichi.
-¡Genial! Ahí encontraremos de todo –se alegró Takuya. Tommy susurró un "lo dicho, no se ha quedado callado", volviendo a hacer reír a los de alrededor.
-¿Hay un mercado? Entonces podremos comprarnos cosas, ¿no? –preguntó Sissi.
-Sólo si tienes dinero de este mundo. No aceptan dinero humano, aunque digas que nadie te lo ha cambiado –respondió Zoe.
-¿Por dónde está el mercado de Akiba? –pidió Jeremy abriendo el ordenador.
-Está en la región del hielo –respondió Kouji −, pasados los mares tropicales…
-Este mundo es peor que Lyoko… Allí habían sectores bien diferenciados y aquí tan pronto ves bosque como te encuentras un desierto –comentó Odd.
-Pues espérate a llegar a la región del hielo, que será más divertido –rió Tommy.
-Parece que queda algo alejada. ¿Viajamos con comodidad? –propuso Jeremy mientras se materializaban los vehículos.
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
Xana-Lucemon estaba completamente satisfecho por lo obtenido aquel día. Sonreía satisfecho mientras observaba a la Scyphozoa, conectada a los escáneres, soltando datos. A través del tubo se podía empezar a ver la figura de la guerrera del agua.
-Muy pronto esos niños elegidos no podrán hacer nada contra mí –dijo el ángel.
-Mi señor, ¿cómo es que está surgiendo primero esa digimon? –se extrañó Myotismon.
-No tenemos prisa, por lo que las cosas hay que hacerlas bien, con calma. La Scyphozoa está redirigiendo la información obtenida desde lo más reciente hasta lo último que tenga –explicó.
-Comprendo. ¿Alguna orden?
-Que esos soldados vayan entrenando –respondió señalando a las copias −. Su misión es acabar con esos niños de una vez por todas.
-Así será, señor.
Myotismon abandonó la sala, indicando a los clones que le siguiesen. Éstos obedecieron, dejando los escáneres en donde la versión oscura de Lanamon iba tomando cuerpo poco a poco.
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
Cada uno en su vehículo, los niños elegidos avanzaron por el Digimundo, directos al mercado de Akiba, sin ningún contratiempo. Ningún monstruo de XANA, ningún digimon maligno, ninguna torre activada…
-Todo está muy tranquilo –observó Chiaki, sentada en la nube.
-Puede que XANA también necesite ir de compras por falta de munición –bromeó Odd.
-Muy gracioso. Más te vale rezar para que no esté en el mercado –respondió Jeremy.
-Ya queda poco para alcanzar el último punto cálido antes de entrar a la región del hielo –informó Takuya.
-Id preparándoos para el cambio de temperatura –avisó JP.
Ante ellos, el blanco suelo de la región del hielo apareció junto con el bajón de la temperatura, sin adaptación previa. Desde el dragonfly rojo y negro, Sissi empezó a tiritar.
-¿No podría haber una zona de aclimatación? –protestó temblando.
-Lo sentimos, Sissi. Así es el Digimundo –respondió Tommy, resbalando los esquís por la superfície blanca.
-Eh, Sissi, usa mi sudadera –se acercó Odd con la prenda en las manos.
-Gracias… ¿No pasarás frío? –preguntó la chica.
-¡Qué va! Me imagino que estoy en el sector del hielo y me sentiré como en casa.
-¡Oh, oh, esto es peor que el sector del hielo! –observó Ulrich, viendo su moto tambalearse. Alzó la vista y divisó unos bultitos blancos con manchas lilas y pelo rojizo justo en frente −. ¡Seas lo que seas, si estás vivo, apártate! –chilló.
Los pequeños digimons voltearon sus cabezas y observaron la verdosa moto acercándose a gran velocidad fuera de control. Otras dos motos se cruzaron en la trayectoria, haciendo derrapar de lado la de Ulrich, que acabó frenando el vehículo a escasos centímetros de uno de los digimons.
-Ha ido de bien poco –suspiró aliviado Ulrich, mirando a ambos gemelos −. Gracias, chicos.
-No hay de qué –respondieron ambos.
-¿De dónde han salido estos digimons? –se acercó Aelita.
-Tendríais que usar algo llamativo, Gomamons –dijo Zoe bajando del aerodeslizador y acercándose a ellos −. Os podrían atropellar.
-No circulan Trailmons por aquí, nadie nos atropellaría… Salvo vosotros, por lo que hemos visto hace nada –respondió uno de los digimons mirando todavía la única rueda de la moto de Ulrich.
-Oye, ¿tú no eres la chica del viento? –le preguntó un segundo Gomamon a Zoe −. La que acabó con los remolinos.
-Sí, soy yo –sonrió Zoe.
-¡Qué bien! ¡Habéis regresado! –se alegraron todos.
-¿Les conocéis? –preguntó Yumi.
-Mi espíritu digital animal estaba bajo el agua y provocaba remolinos a la entrada de la isla donde viven estos digimons, la Isla Goma –explicó la rubia.
-¿Sabéis que hay digimons que se vuelven locos y monstruos extraños con ojos dibujados? –preguntó un Gomamon.
-Sí, hemos venido precisamente para acabar con ese problema –respondió Takuya.
-¡Genial! ¡El Digimundo volverá a ser pacífico pronto! –gritaron todos.
-Por cierto, ¿en vuestra isla hay algo raro o pasan cosas raras? –preguntó de repente Jeremy.
-Pues no, estamos todos muy bien y no hay ninguna cosa rara –respondió uno.
-Ya veo… Bueno, gracias de todos modos. Debemos seguir –indicó el del tanque verde.
-¿Vais al mercado también, Gomamons? –preguntó Chiaki acercando su nube al suelo.
-No, estamos pescando –sonrió el más cercano −. En esta zona hay ricos peces.
-Id con cuidado todos –pidieron los Gomamons.
-Y vosotros también vigilad, por si pasase alguien motorizado, no se os vaya a llevar por delante –remarcó Teruo.
A paso lento, todos volvieron a tomar rumbo al mercado. JP y Jeremy se movían tranquilamente con los tanques, Takuya iba de un lado a otro derrapando, William y Ulrich temían por los sustos que les daban los vehículos y ambos gemelos mantenían lo más firmes posible las motos.
-Yo no aguanto más tanto suelo resbaladizo –se rindió Ulrich y, de pronto, su moto empezó a flotar.
-¿Qué haces? –preguntó extrañado Koichi.
-Estoy preocupado por mi vida en estos momentos con tanto suelo resbaladizo –respondió mientras Kitsumon observaba cómo se iban elevando.
-Qué suerte tienes, Ulrich –llamó la atención William.
-Tú también puedes hacerlo, si quieres –se le acercó Jeremy. Enseguida el quad se mantuvo flotando varios centímetros por encima del hielo −. Takuya y los gemelos también pueden hacerlo.
-Yo me quedo en el suelo, esto es más divertido –rió Takuya.
-Lo veo surrealista, eso de que las motos vuelen… Pero Takuya es un peligro demasiado grande para la seguridad de todos. ¿Cómo dices que se hace? –preguntó Kouji.
Jeremy se acercó con el tanque y, tras dejar al volante a Gaomon, les explicó a ambos chicos cómo hacer flotar los vehículos. En menos de dos minutos, por tierra quedaban los dos tanques, Tommy esquiando y el auto loco de Takuya.
Tras varios kilómetros viajando por el hielo, al fin empezaron a divisar la figura de la gran caldera, aunque los guerreros Lyoko no sabían en un principio lo que era.
-Ya estamos llegando –señaló Katsuharu desde el aire.
-Genial, de aquí a nada nos tendremos que quitar ropa –rió Takuya.
-¿En mitad de este frío? ¿Estás como una cabra o qué? –le chilló Emily.
-Mira atentamente y sabrás a lo que se refiere –se le acercó Teppei, señalando la caldera.
-¿Qué es eso? –gritó Sissi.
-Lo que hace del mercado de Akiba un sitio habitable –respondió Tommy −: la gran caldera.
La nieve y el hielo cesaron al instante al mismo tiempo que el ambiente se volvía más cálido. Todos desmontaron de los vehículos y empezaron a caminar por el pueblo.
-Así que por esa enorme caldera se puede pasear tranquilamente por este lugar. ¿Y cómo funciona? –preguntó Jeremy.
-Son datos. Todo aquí son datos, así que el fuego de la caldera se mantiene siempre encendido porque son datos programados para ello –explicó Gaomon.
-Pues deben ser muchos para mantener semejante monstruo encendido –observó Odd.
-Es una caldera, no un monstruo –corrigió Labramon.
En una de las calles, un grupo de digimons se habían reunido y hablaban bastante alto.
-¡Te digo yo que es una epidemia que vuelve a los más amables digimons en ogros peores que Devimon! –gritó un Otamamon.
-No creo que las cosas sean así –le respondió un Agumon −, pero sí te digo que son cosas muy raras las que están pasando.
-¿Entonces a qué crees que se debe que se comporten tan mal? Hasta hace bien poco nos dejaban pasar por su aldea en vez de tener que rodearla –le recriminó un Shakomon.
-Pues no lo sé, yo no vivo por esa dirección –se defendió el dinosaurio anaranjado.
-Será por todas esas cosas raras que han aparecido por todo el Digimundo –le intentó ayudar un Gabumon.
-¿Y quién las puso ahí? ¿Es que los Frigimons les permitieron estropear el paisaje con esa cosa tan fea? –protestó una Palmon con su estridente voz.
-¿Qué os ocurre? –se acercó Bokomon.
-Eh, tú seguro que podrás ayudarnos a convencerles. ¿A que lo que ocurre es por culpa de los que han puesto cosas raras en el Digimundo? –le preguntó Gabumon.
-¿Qué cosas raras? –intentó pensar rápidamente el digimon de la faja rosa.
-Esas cosas altas y con un aura roja por encima –ayudó Agumon.
-¿Os referís a una torre? –preguntó Aelita.
-Si es así como se llaman… –respondieron los digimons a la vez.
-¿Es que habéis visto una? –preguntó Takuya.
-No, nosotros no hemos visto nada –dijo rápidamente el Otamamon −, pero al norte vivien unos Frigimons muy simpáticos y amables.
-¿Ellos lo han visto? –interrumpió Odd.
-No, es que ellos eran buenos y de pronto son muy malos. Nos atacan si nos acercamos a su pueblo –explicó Palmon.
-Será cosa de una torre. ¿Qué os parece si vamos a desactivarla? –preguntó William.
-Sí. Cuanto antes acabemos con ella, mejor para nosotros y peor para XANA –rió JP.
Rápidamente, salieron del mercado por la parte norte y montaron en los vehículos nuevamente materializados. Viajaron varios minutos hasta que lograron divisar la figura de la torre, con su parte superior en rojo.
-Preparaos para la bienvenida, chicos –avisó Jeremy.
-¿Qué son aquellos dos monstruos? –señaló Teruo a lo alto de la torre, en donde dos figuras flotaban alrededor de la edificación.
-¡Mantas voladoras! Empezaba a preocuparme por no verlas –respondió Odd.
-Estupendo, más bichos –suspiró Sissi.
-Habrá que eliminarlas también –dijo Mikemon preparada para saltarles encima.
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
Xana-Lucemon no podía creerse la suerte que estaba teniendo. La velocidad de creación de los clones era increíble. Mientras seguía materializando los datos que todavía tenía la Scyphozoa en su interior, esperaban órdenes una guerrera del agua oscura y una Sissi vestida completamente de negro. En el escáner, una Emily de negro empezaba a abrir los ojos lentamente.
-Ahora ya sólo me queda una –sonrió el ángel caído mientras la chica salía del escáner y se unía al resto, sin saludar ni hablar.
La Scyphozoa, todavía conectada a los escáneres, empezó a soltar nuevamente datos, con todos los clones observando en silencio y Myotismon esperando órdenes.
-Parece ser que con ésta la Scyphozoa no ha podido hacer mucho –habló el ángel.
-Mi señor, ¿significa eso que no van a poder ser útiles? –preguntó temeroso Myotismon.
-No, por supuesto que serán útiles. Aún puedo crear un clon capaz de luchar en igualdad de condiciones que los demás con esto.
En el escáner, los datos empezaron a formar la forma de Kazemon. Xana-Lucemon observaba atentamente cómo todo su plan marchaba a la perfección. Cada vez faltaban menos datos. En poco tiempo, podría enviar nuevamente al ejército, con los nuevos clones.
-Un minuto más –sonrió satisfecho.
Sin previo aviso, el escáner empezó a hacer ruidos raros y la conexión que había entre el aparato y la Scyphozoa empezó a peligrar. Como si de un bajón de tensión se tratase, el escáner se apagó, con el cuerpo de la Kazemon oscura completo, mientras la Scyphozoa se vio empujada por una descarga, soltando la conexión de datos.
-¿Qué diablos ha pasado aquí? –gritó Xana-Lucemon enfadado.
-Señor, parece que ha habido una pérdida de energía… Puede que… –intentó explicar Myotismon.
-¿Qué has dicho? –el ángel caído parecía fuera de sí, acercándose a Myotismon −. Como por culpa de esto se pierda el clon…
-¿Dónde estoy? –preguntó una voz femenina detrás de ambos. Del escáner, empezaba a salir, llena de curiosidad, BlackKazemon −. ¿Qué lugar es este?
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
En lo alto de la torre, el aura rojiza empezó a desvanecerse al mismo tiempo que una huella de gato ocupaba la cara frontal. Los Frigimon se llevaron las manos a la cabeza, con dolor, mientras un aura oscura abandonaba sus cuerpos.
-Misión cumplida –sonrió Emily saliendo de la torre.
-¡Así se hace, Em! –animó la gata atigrada.
-¿Qué ha pasado? –habló un Frigimon −. ¿Cómo es que hay niños humanos aquí?
-Tranquilos, Frigimons. Ya nadie podrá volver a controlaros –se acercó Jeremy.
-¿Dónde están esos monstruos extraños que volaban? –preguntó otro Frigimon.
-Ya los hemos eliminado. No volverán a molestar a nadie –respondió Odd.
-Muchas gracias, niños. Ahora las cosas volverán a estar bien en la aldea Frigi.
-No hay de qué –rió Labramon.
-Bueno, ¿qué tal si regresamos junto a la caldera unas horitas? Este frío llega hasta los huesos –comentó Bokomon.
-Sí, mejor regresemos todos y avisemos que ya no hay peligro en este lugar –respondió Lopmon.
-Cuidaos mucho, Frigimons.
-¡Hasta otra! ¡Buena suerte a todos!
Montaron todos en sus vehículos y tomaron otra vez rumbo al mercado de Akiba. Sin perder tiempo, en cuanto llegaron buscaron al grupo de digimons que les habían explicado el problema para darles la buena noticia. Como era de esperar, los pequeños digimons saltaron alegres, celebrando que las cosas estuvieran en orden nuevamente.
-¡Muchas gracias, niños elegidos! –dijo Otamamon alegre.
-Ya decía yo que no era una enfermedad lo que sufrían los Frigimons. Esos parece que jamás se ponen malos –comentó Agumon.
-Entonces, ya es seguro pasar por la aldea Frigi, ¿no?
-Así es, Gabumon. No tendréis que dar un gran rodeo para esquivarles ni nada de eso. Podréis volver a hacer vuestro camino de siempre –respondió JP.
-¿Cómo os lo podemos agradecer? –preguntó Shakomon.
-No es necesario, de verdad –dijo rápidamente Aelita.
-¿Qué os parece si pasáis la noche en nuestro pueblo? Está muy cerca de aquí –ofreció Otamamon.
-¿Está en esta región? –quiso saber Emily.
-Sí, pero tenemos estufas muy calentitas a lo largo de toda la calle. Se está muy bien.
-Está bien. Tampoco tenemos donde pasar la noche ni dinero. Y en esta región, creo que al raso no podemos estar –rió Takuya.
-Decidido pues. Está a media hora en esa dirección –señaló el digimon −. Yo me adelantaré para prepararos habitaciones. ¡Hasta luego!
El grupo de digimons se despidió y cada cual regresó a sus quehaceres, dejando a los elegidos allí, en un silencio roto por un extraño ruido muy fuerte.
-Oh, oh… Luchar me ha dado hambre –corearon Odd, Takuya y Dracomon. El resto se los quedó mirando, con grandes gotas cayéndoles −. ¡Vamos a comer!
-Menos mal que Otamamon no nos ha invitado a comer… Lo arruinábamos –suspiró Tommy.
-¡Comida, comida! –gritaban los tres mientras buscaban un local.
-A mí no me apetece verles comiendo –suspiró Aelita −. ¿Os importa si me voy a dar una vuelta? Podemos quedar cuando empiece a caer el sol junto a la caldera.
-Hecho. Os recomiendo que nadie vaya con esos tres o le harán pagar –señaló Kouji.
-¿Quieres decir que deje a Dracomon con esos dos? –se sorprendió William.
-A no ser que quieras pagar la comida de los tres… Sí.
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
Xana-Lucemon no podía creerse lo que pasaba. Desde su trono, observaba a los presentes en la sala: Myotismon, sus fieles clones y una BlackKazemon que no paraba de ir de un lado a otro.
-¿Y esta es nuestra base? La verdad, necesita un buen repaso. Este no es el lugar para que una chica tan guapa como yo pueda lucirse –iba diciendo el hada oscura.
-¿Por qué ha tenido que fallar la clonación? –murmuró Xana-Lucemon.
-¿Vosotros qué pensáis, chicos? –preguntó BlackKazemon a los clones, pero estos ni se movieron de sus sitios ni dijeron nada −. ¡Eo! ¿Hay alguien ahí? ¿Hola? –golpeó con suavidad la cabeza del guerrero del fuego oscuro, como si llamase a la puerta −. Vaya, parece que sois muditos… O tontitos… ¡¿Por qué a una mega estrella le pasan estas cosas?
-No la aguanto más… Lleva así desde que abrió los ojos –protestó Xana-Lucemon −. Hay que eliminarla –decidió y empezó a levantarse.
-Este lugar es muy soso, definitivamente… Al igual que todos sus habitantes. Pero tiene cosas graciosas –habló el hada, acercándose a la esfera de vigilancia, sin percatarse de que el ángel caído se le acercaba −. ¡Qué pasada! Se ven cosas por aquí. Ui, ¿y ese chico? –señaló mirando a Xana-Lucemon −. Yo lo quiero…
Xana-Lucemon se acercó sorprendido y observó. Pasó varios segundos en silencio, observando alternativamente a la esfera y a la digimon. Con una sonrisa en el rostro, regresó al trono, sin decirle nada al hada.
-Señor –se acercó Myotismon −, ¿qué quiere que hagamos con ella?
-Déjala. Puede sernos de gran utilidad.
-Yo quiero a ese chico… –seguía mirando BlackKazemon a la esfera −. Decidido, iré a por él.
Xana-Lucemon empezó a reír con fuerza; Myotismon se quedó mirándolo, entre extrañado y temeroso, mientras que los clones seguían firmes, sin mirar a ningún sitio en concreto. Todos salvo la curiosa hada, que seguía ante la esfera, moviendo alegre sus alas.
-Parece que nuestra hadita se ha enamorado –dijo al fin el ángel −. Nos será muy útil para atraer a la más profunda oscuridad al guerrero de la luz.
()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()()
Renamon y Kitsumon paseaban tranquilamente por el pueblo a solas. En aquel lugar, los árboles no eran lo suficientemente grandes como para descansar en ellos, así que decidieron caminar.
-Eh, Renamon, mira allí –señaló Kitsumon de pronto.
-¿Qué pasa?
-¿Aquella no es…? –empezó a preguntar.
-¡Firerenamon! –respondió alegre la digimon amarilla −. Espera aquí, que le voy a dar una sorpresa –sonrió y empezó a acercarse lenta y silenciosamente, sin que su "víctima" se percatase de su presencia. Cuando quedaban dos pasos, saltó y se cogió con fuerza al cuello −. Adivina, adivina, ¿quién soy? –dijo con voz cantarina.
-¿Alguien… asfixiándome quizás? –respondió una voz masculina que alertó a Renamon.
-Esto… Yo… creo que me he confundido –dijo avergonzada la digimon, aún sin soltarse.
-Sí, me parece… que del todo… ¿Te importaría soltarme ya? Me ahogo de verdad –pidió el digimon.
-¡Lo siento! –más avergonzada, Renamon se soltó. Kitsumon, algo serio, se acercó sin decir nada.
-Vaya, chica, tienes mucha fuerza en esos brazos –dijo el digimon frotándose el cuello.
-Lo siento… Creí que eras mi hermana y… Lo siento –volvió a repetir la digimon.
-¿Tu hermana? Supongo que te refieres a Firerenamon, ¿no? Tienes aspecto de ser una de ellas…
-¿Conoces a mi hermana? –se sorprendió Renamon. Kitsumon, ya a su lado, siguió mirando al otro digimon seriamente.
-Claro que sí. Está comprando aquí mismo. Si esperas, le aviso –se ofreció el digimon, entrando rápidamente en una tienda.
-Cielos, qué vergüenza –Renamon escondió el rostro apoyándose en el hombro de Kitsumon −. Pero es que es idéntico a ella…
-Sí, me he dado cuenta… Oye, que salen –dijo rápidamente el otro zorro.
-¡Pero si son los pequeñines! –dijo Firerenamon. La pequeña de los Renas se mantuvo quieta −. Ah, ya sé qué te pasa –dijo acercándose y abrazando a ambos digimons.
-Hola, hermana –saludó Kitsumon −. ¿Qué tal?
-Bien, bien. Estoy de compras, como podéis observar –dijo alzando una bolsa.
-Hermana, ¿quién es él? –indicó con la cabeza Renamon, aún roja por la confusión.
-Es Firekitsumon. ¿Qué te pensabas, que solo existe éste pequeño? –dijo frotando la cabeza de Kitsumon −. Ya me ha dicho que le has confundido conmigo –rió haciendo que la otra aún se sonrojara más.
-Lo siento… Quería darte una sorpresa…
-¡Y me la has dado! Ha entrado a la tienda y me ha dicho "una digimon que te conoce, tan alocada como Icerenamon, quiere verte".
-No soy una alocada –dijo Renamon lanzando una mirada casi asesina al otro digimon.
-Pues nadie lo diría –rió Firekitsumon.
-¿Cómo es que está contigo? –señaló Kitsumon.
-Veréis, nosotras regresamos a la aldea y le contamos a la anciana todo lo que había ocurrido –empezó a explicar Firerenamon −. Poco después, Firekitsumon y sus hermanos llegaron a la aldea pidiendo ayuda. Unos monstruos extraños habían empezado a atacar el lugar donde vivían y tuvieron huido. Y, bueno, ahora viven con nosotras.
-Seguro que se trata de monstruos de XANA –comentó Kitsumon a Renamon.
-Sí, muy posiblemente querían alzar una torre porque estamos desactivándolas demasiado rápido para su gusto –afirmó la digimon amarilla.
-No sé de qué habláis, pero yo estoy con vosotros –dijo Firerenamon, haciéndose notar en aquel lugar.
-Lo sentimos –dijeron ambos.
-Pues sí que son graciosos tus hermanos pequeños –rió Firekitsumon.
-¿A que son una cucada? –sonrió la otra.
-Por favor, que no somos tan pequeños…
-Va, Renamon, tranquila –echó a reír Firerenamon.
-Por cierto, ¿y las demás? –observó Kitsumon.
-Comprando también. Que ya os he dicho que Firekitsumon no vino solito. Y como ha aumentado la aldea, hay que comprar más cosas –respondió la Renamon de fuego.
-Vamos a buscarles. Seguro que se alegrarán de verles –propuso el Kitsumon de fuego.
-Sí. Por cierto, ¿y los demás? –observó la hermana mayor.
-Tres están comiendo como cerdos y los demás paseando o intentando comprar algo –respondió Renamon.
-Pues les buscaremos a ellos también, que me apetece saludarles.
Firekitsumon cogió rápidamente las bolsas de Firerenamon, la cual aprovechó para centrarse en ambos "pequeños" y preguntarles qué tal les iba todo. Y aunque iba respondiendo junto a Renamon, Kitsumon no dejaba de observar al otro zorro rojizo, no del todo convencido de su presencia.
