Disclaimer: Rurouni Kenshin no me pertenece de forma alguna, solo hago esto con fines de diversión.

.

.

.

.

Capítulo 14

.

.

.

¿Una batalla perdida?

.

.

.

Yumi no prestó atención al resto de la aventura extraña propuesta por Gein, y en ningún momento se puso a pensar en ella.

Sus ojos estaban fijos en aquel niñito de ojos azules. Tan abstraída estaba que ni cuenta se daba cuando pasaban los pasillos de aquella mansión que durante tanto tiempo habia considerado su hogar así como una auto reclusión.

Gein tenía al niño en un brazo y a ella por el otro. No pesaban nada así que no era problema.

―Shishio y Soujiro no están. Solo por eso logramos salir―increpó el hombre agitado y cansado al lograr salir, dejando a Yumi sobre el suelo―. Toma al mocoso―añadió pasándole al niño para que la mujer lo cargase

Yumi no tuvo tiempo de replicar.

Tenían apuro de escapar, porque si Shishio o Soujiro llegaban no tendrían posibilidad.

Gein conocía las habilidades del hijo de Shishio, y podía decir que hasta le temía, ya que nunca se podía saber lo que el chico podía estar pensando.

Cuando vió una camioneta aparcada, la solución le vino a la cabeza.

Se lo robarían, y escaparían en el.

.

.

.

.

¿Kenshin habia tenido un hijo?

Era la única pregunta que la martillaba la mente a Yumi y eso que todavía no se acostumbraba a la idea de que pudiera estar vivo.

Después de todo, todo este numerito era porque supuestamente Gein iba a enseñarle la verdad que ella habia desconocido por tantos años.

Ni siquiera se molestaba en pensar del porqué de la amabilidad de Gein.

¿Con quién habia tenido ese hijo?

Solo podía argüir este tipo de preguntas. No podía pensar nada lógico.

¿Habia vivido durante más de quince años dentro de una burbuja y el hombre que tanto habia querido en su adolescencia seguía vivo?

El vehículo que guiaba Gein era una camioneta alta, de esas todo terreno que tanto habían en la casa bunker de Shishio, así que éste en pos del escape, no daba tanto cuidado a la velocidad.

Yumi solo se dedicó a abrazar al niñito que llevaba entre sus brazos.

Aquel pequeño que tanto parecido guardaba con la imagen que habia atesorado durante tantos años en el fondo de su corazón.

.

.

.

.

Tomoe habia recluido a su hermano. Como una especie de castigo simbólico, ya que el niño mismo no estaba de buen estado, habia estado llorando y su hermana comprendió que recién ahora estaba dimensionando la magnitud de sus acciones.

Se habia llenado de celos y rabia contra su propio benefactor, el hombre que los habia recogido a la muerte de su padre Oibore. Y para ella Kenshin siempre sería un gran hombre independientemente de que no hayan surgido sentimientos entre ellos, ya que Himura si quería, podía haber ignorado la última voluntad de Oibore.

Por propia vergüenza, decidió no volver a salir de su cuarto a menos que la llamaran y además seguir vigilando a Enishi.

.

.

.

.

―Esto cada vez se pone peor, Himura. En serio, si no podemos hacer un plan en al menos dos horas más, vamos a comunicarnos con el director, y hacer uso de su infraestructura para atrapar a esta gente―puntualizó una seria Misao, parada detrás del hombre pelirrojo que estaba sentado mirando unos papeles sobre la mesa.

―Shishio me pidió intercambiar a Kaoru por Yumi ¿puedes creerlo?―fue lo que dijo Himura

Misao se percató que Himura no estaba del todo bien. Evidentemente estaba algo perturbado y temía que se estuviera cumpliendo su peor temor: que Himura estuviera perdiendo el horizonte. Demasiadas noticias juntas por digerir. Primero, descubrir que tenía un hijo que no conocía y segundo, saber que durante quince años habia vivido engañado, pensando que una mujer muy querida por él llevaba todo ese tiempo muerta, y que habia causado estragos a su modo de conducirse.

Y detrás de todo eso, vivía una mujer que al final habia sido objeto de las temibles consecuencias que trajo esa vida de rabia y desasosiego: Kaoru Kamiya.

Misao cruzó sus brazos.

― ¿Qué quieres hacer?―terminó preguntando la joven.

―Puedo pensar en algún plan basado en la petición descabellada que me hizo Shishio―puntualizó Kenshin, pero nunca se volteó a mirar a Misao, quien estaba desconfiada detrás suyo. La chica no respondió, y se volteó sin más.

―Espera, Misao…desde ya te digo que no intentes nada. Ya te dije que yo me voy a encargar de esto―anunció Himura

―Mph… ¿pero a que te refieres?―fingió la joven

―Te conozco y sé que alguna cosa estas ideando. Mantente al margen, a menos que yo te lo pida, no intervengas por tu cuenta, y ni sueñes en avisar a tu superior. Además Kaoru odia a Saito, así que no creo que quiera su ayuda ¿lo has entendido?―apuntó Himura.

Misao tuvo ganas de darle un puñetazo, pero al fin y al cabo Kenshin era quien tomaba las decisiones.

―Espero que no tomes la decisión tan tarde. La vida de un niño está en juego―finalizó Misao, para ir saliendo del sitio.

Iría a hacer unas averiguaciones por ahí. Al menos así no se sentiría tan inútil como ahora.

Kenshin se quedó como estaba, sentado y meditando algún plan que fuera lo suficientemente milagroso y efectivo como para salvar esta situación.

La verdad es que no podía hacerlo correctamente. Suficiente era saber que tenía un hijo secuestrado por un hombre que llegó a considerar un hermano, sino que también ahora lidiaba con la mujer que creía muerta hace 15 años.

Se sentía un completo inútil.

Él, que habia llegado a ser uno de los hombres más temidos y respetados del antro de los servicios de inteligencia.

Por otra parte, también pensaba que ya no quería seguir involucrando a Misao, y tampoco a Sanosuke. Menos a Kaoru.

Al pensar en ella, se le estrujaba el corazón de pena. Tanto daño hecho, y aun así, ella le habia perdonado, pero a pesar de todo, le habia dolido admitirlo, pero cuando sostuvo la carta de Shishio exigiéndole que le entregara a Kaoru a cambio de Yumi, por unos malditos segundos la horrenda idea no le pareció mal.

Kenshin suspiró.

Es que durante muchos años, demasiados, lo único que hubiese deseado en la vida era volver a ver a Yumi.

Recordaba cómo se habia entregado a la sangre y al dolor, porque tenía el único deseo de morir para seguirla.

¿Qué patético, no?

Kenshin se sacudió la cabeza.

Ya debía dejar de auto compadecerse, y pensar en algo para salvar al niño, que además era su hijo.

.

.

.

.

―Solicito permiso para realizar tareas por mi cuenta.

La voz de Misao sonaba clara y seria en el pequeño intercomunicador que tenía y que usaba para comunicarse con el director.

― ¿Battosai te pidió que no interfieras?―se oyó la voz de Saito tras el aparato.

Misao abrió mucho sus ojos. Definitivamente el director conocía muy bien todos sus pasos ya que inmediatamente habia sospechado que ella planeaba algo aunque se le hubiese dicho que no.

―No, Makimashi. Tu solo estas para apoyo, a menos que Battosai te lo pida, no intervengas. Ya sé que estamos tras las pistas de Shishio también nosotros, pero a menos que él te pida ayuda, no intentes hacer nada por tu cuenta―volvió a advertir Saito

Misao colgó la llamada. Estaba un poco decepcionada con la respuesta.

Habia ido a esconderse para tener esta llamada y al final no habia obtenido resultados ostensibles. No le gustaba quedarse quieta durante tanto tiempo. Y tenía el presentimiento que Himura estaba cayendo en un antro de indecisión, luego de haber visto a esa mujer de su pasado.

―Vaya…y yo pensaba que estaba más maduro para estas cosas―apretó un puño Misao.

― ¿De quién hablas, Misao?―la repentina voz de Kaoru hizo que espabilara.

La muchacha se volteó a mirarla sorprendida.

―No te sorprendas. Recuerda que antes de ti, yo también fui una agente en servicio, y por eso, sé perfectamente que viniste aquí, porque estas reportándote con tu jefe Saito ¿no es cierto?―puntualizó Kaoru

―A veces se me olvidan esas cosas―contestó la muchacha, guardando su comunicador y caminando hacia Kaoru―. No te preocupes, no le dije nada a Saito de lo que Himura me ha contado aquí, solo quería tener un seguro….ya sabes, por si Himura no tiene nuevas ideas para rescatar al niño. Siempre es bueno tener como respaldo al servicio secreto ¿sabes?

―Él ha dicho que quisiera esperar un mínimo de horas hasta pensar en algo, y a pesar que cada segundo lejos de mi hijo, me duele demasiado, voy a acatarlo. Después de todo, él aquí es el único entre los dos que puede pensar de forma más racional que yo―agregó Kaoru.

― ¿Eso crees?―apuntó Misao, levantando una ceja. Era evidente que se refería a la situación de Himura y la de esa mujer que tanto estrago psicológicos ya le estaba trayendo.

Kaoru ya no respondió.

Habia olvidado que Kenshin estaba con un encrucijada personal detrás de todo esto.

No le gustó pensar en eso.

.

.

.

.

Gein era un hombre de medios. Luego de haber huido con el vehículo, para ir perdiendo la pista a quien pudiera seguirlo, robó otro que encontró, para tomar camino al destino donde tenía pensado llevar a su pasajera y al niño.

― ¿No puedes decirme dónde vamos?―mencionó Yumi. Aun tenía al niño que dormía entre sus brazos. Ya estaba cansada y todavía tenía el corazón acelerado por todo lo que estaba haciendo.

Habia huido de su esposo y a punto de saber algo que se le estuvo vedado por más de quince años, era normal que estuviera así.

―Ya pronto lo sabrás, cuñada. Solo ponte cómoda, por más que vayamos a ese lugar, no sé cómo vayan a tomar tu ida―respondió Gein, sin dejar de conducir, y sin dejar sus ojos del volante.

Yumi suspiró.

―Al menos podrías decirme algo..

―Le quitaría la diversión, cuñada. Además no eres la única en no saber nada―refirió Gein, con mucha tranquilidad.

Eso hizo que Yumi ya no pudiera seguir hablando. Gein se estaba refiriendo a otra persona ¿quizá estaba hablando de Kenshin?, ¿eso podría ser posible?

¡Ay, tenía tantas preguntas y pocas respuestas!

Volvió a abrazar al niño que llevaba entre sus brazos.

Ese que Gein le habia dicho que era hijo de Kenshin.

Sabía que no era el momento ni el lugar, además que todo el descubrimiento era reciente, pero a decir verdad no podía dejar de preguntarse quién podría ser la madre de este pequeño.

―Kenshin….―no dejaba de murmurar en un débil murmullo

.

.

.

.

―Entonces ese idiota ayudó a que ella, y el niño escapen―añadió Shishio luego de que Megumi le avisara de que habia sido Gein quien los habia quitado del sitio.

La fiel amante de Shishio, apenas despertó del efecto del golpe que Yumi le habia dado, dio aviso telefónico al hombre.

Como era de esperarse, Shishio montó en furia, y ordenó el inicio de un rastrillaje que sería liderado por su propio hijo, Soujiro.

Las órdenes eran claras: encontrar a las presas y traerlas, y en el caso de Gein, la orden era matarlo, justamente por eso mandó a Soujiro, que era quien podría hacerle frente a ese maldito traidor.

Nuevamente por haberse confiado, algo le estaba saliendo mal y eso no se lo perdonaba. Pero nunca pensó que Yumi tendría ese afán traicionero también, aunque también intuía que su esposa quizá tenía mucha confusión en su mente.

Tal vez nunca debió mostrarle a Battousai, pero por tonto pensaba que quizá Yumi ya no albergase recuerdos hacia ese idiota. Pero no, todos estos malditos años solo habia dedicado a pensar en él, obviando a su propio esposo, que habia permanecido con ella desde siempre, y a la menor presencia de su maldito hermano, ella no dudaría en correr a sus brazos.

Sin duda, un error de cálculo tremendo.

Shishio se sentó frustrado. Con rabia y furia.

¿Por qué ese idiota de Battousai siempre estaba en medio de todo?

¿Es que la maldición de sentirse segundón frente a ese idiota nunca mutaría?

.

.

.

Soujiro ya habia comenzado la misión encomendada por su padre, cuando recibió un llamado telefónico de su madre, en el teléfono cifrado.

El joven que se caracterizaba por carecer de expresividad en el rostro que denotase sentimientos, es más, siempre tenía el aspecto risueño y calmo, no pudo evitar abrir mucho los ojos ante la petición de su madre.

―Vuelvo a repetírtelo, hijo, esa mujer nunca dejará de ser peligrosa para tu padre, porque es la única que es capaz de llevarlo a limites equivocados y a actuar de forma emocional―decía Megumi al otro lado de la línea―. Quítala del camino de tu padre. Sabes que no hablo en nombre de los celos, hijo.

―Madre, a padre le disgustará mucho enterarse que la perdí―replicó Soujiro

―Eres mi hijo, encontrarás la forma de salvar el asunto―finalizó Megumi.

La orden que le habia dado Megumi a su hijo era simple pero sangrienta: que matara a Yumi. Y no porque fuera la dueña del corazón de Shishio, sino que por culpa de esa mujer, Shishio no podía ser el hombre libre de emociones y el líder capaz de llevar una organización criminal sin estar supeditado a alguna debilidad.

Alguien como él no debía permitirse tener ninguno, y Megumi que lo amaba de forma enfermiza y creía entenderlo mejor que nadie, creía firmemente que para que Shishio despegara como el hombre destinado a liderar la mafia en este país, pues debería liberarse de esta carga que portaba desde hace años tras.

Megumi también conocía los sentimientos encontrados que su amado le tenía a Battousai. Un odio profundo, cimentado en la enfermiza envidia, munido de los restos de un amor fraternal que se negaba a morir, muy en el fondo.

Contra eso ya no podía hacer nada. Pero al menos aprovecharía estos momentos de debilidad e intentaría quitar a Yumi del camino.

Se preguntaba si su hijo sería capaz de hacerlo. Sabía que Soujiro la respetaba, pero por sobre todo, tenía una alta consideración con su padre, con quien siempre tuvo una relación más jerárquica antes que familiar.

.

.

.

Misao y Lizuka estaban apostados cerca de la entrada de la propiedad de Battousai. Sobre una torre, de vigilancia que usaba la policía local.

― ¿No soportas no hacer nada, cierto?―bromeó el hombre de bigotes

Misao que observaba su pulsera, que en realidad era un aparato de alta tecnología donde cotejaba información de los vehículos que pasaban por la zona, tuvo ganas de darle un puñetazo a ese idiota.

―Pues a diferencia de otros, prefiero ser útil―replicó Misao

―Si Himura no me ordena hacer algo, no puedo hacerlo. Además estoy encargado de Tomoe, ese niño traidor y de su casa―puntualizó Lizuka con una ligera sonrisa

Misao quitó una larga vista para observar mejor los vehículos.

―Pues estuviste haciendo un magnífico trabajo. Ese niño estuvo burlándote en tus narices―se burló Misao

Lizuka se rascó la barbilla.

―Si lo dices de esa forma…pero de todas maneras, ¿Quién iba a pensar que ese niño llegaría a esos extremos?

Misao, quien tenía puestos los lentes largavistas, de repente arqueó una ceja.

―Aquí hay algo extraño―para después teclear unas notas en la computadora de su pulsera

― ¿A qué te refieres?―preguntó Lizuka, agachándose a ella

Misao abrió mucho sus ojos, cuando leyó una información en ella.

―Ese vehículo que se acerca en los coordenadas 25884441, tiene reporte de robo en una zona de 106 kilómetros a la redonda.

― ¿Qué tiene de extraño ver un vehículo robado

Pero Misao ya no le hacía caso. El reporte de la denuncia hablaba de cierta hora de robo, y en tanto el vehículo ya estaba en la zona, lo que quería decir que venía en una loca carrera, sorteando cualquier control.

Misao decidió ir mas allá y conectarse a señales satelitales, para intentar ver alguna imagen del ocupante del vehículo.

No podía verse bien, pero se distinguía a tres personas, dos adultos y un menor aparentemente dormido.

― ¿Por qué te llama tanto la atención un vehículo robado cualquiera?―continuó aduciendo Lizuka con sus brazos en jarras.

―Si mínimamente hubieras entrenado tu ojo cuando estabas con el cuerpo de asesinos, al menos hubieses aprendido a tener cuidado con los detalles―le sermoneó Misao, ya enfadada.

―Es que mi trabajo era mera limpieza de escenas―se encogió los hombros el de bigotes.

―El vehículo…está entrando en la propiedad de Himura―alertó Misao, quien se levantó y sin dar aviso, empezó a dar saltos, para llegar hasta el lugar―! Ven, tenemos que ver qué es eso!―gritándole a Lizuka, quien se apresuraba en correr tras la muchacha, a duras penas.

.

.

.

.

Himura, quien estaba preparando su equipo para salir, recibió un aviso de Misao, del vehículo con tres ocupantes que se acercaba a la propiedad, se extrañó.

No esperaba a nadie.

Por otra parte, podía ser nada importante. Mejor veía quienes eran, y ya después tomaba camino a lo que habia decidido hacer por su cuenta.

Habia estado pensando largo rato y habia deducido que lo mejor era ir a solas a ver a Shishio. No llevaría a nadie detrás, y menos a Misao. Si podía arreglar esto de hombre a hombre con su hermano adoptivo, sería lo mejor. Ya no tenia deseos de involucrar al servicio secreto, ya que Misao informaba de todo a Saito, y quizá a Shishio eso lo tenía con precaución por sus mismas actividades ilícitas.

A Himura no le interesaba que él fuera el jefe de la mafia en Japón o donde sea. Él solo quería poder devolver ese niño a su madre….y poder encontrar una respuesta sobre Yumi.

Si hubiese hecho desde el inicio, quizá ya hace rato hubiese cerrado esto.

Pero primero lo primero, así que salió para la puerta él mismo, a esperar afuera al vehículo que se estaba adentrando a su propiedad.

La verdad es que cuando lo hacía, su mente más bien divagaba en lo que iba a hacer cuando encontrase a Shishio, así que cuando abrió la puerta de la casa, divisó a la camioneta que venía, y que paraba en la entrada, y se recostó por la puerta, con los brazos cruzados.

Ni idea tenía que su imagen al parecer despreocupada, ya habia causado una tremenda impresión en una de las ocupantes del vehículo.

―Quédate, yo bajo primero―ordenó Gein, al tiempo que bajaba primero del vehículo.

Al verlo, Himura se incorporó.

Esto no era una visita cualquiera. Ese hombre que tenía aspecto rezagado era nada menos que Gein, el hermano de armas de Shishio, y otrora discípulo de Anji, porque quien Shishio habia abandonado a Hiko Seijuro.

Al ver que Himura lo veía con desconfianza, hizo una seña a la palidecida mujer que seguía dentro del vehículo con el niño en brazos.

Cuando Kenshin vió emerger a la mujer que salía del vehículo, con un niño en los brazos, fue que sus pensamientos se detuvieron.

Como si fueran segundos eternos.

Esos ojos violeta…esa cabellera castaña…ese porte de dama. Pero por sobre todo ese aroma…pero no cualquier aroma.

Camelias en invierno…

Como una fantasma nostálgico de un pasado que habia amado con desesperación y que habia regresado de la muerte para atormentar su alma y regresarlo a algo que pensaba enterrado.

Fue ahí que sus ojos hicieron conexión.

Se sentía como idiota porque estaba como paralizado, aunque pocos segundos despues la sensación volvió a intensificarse cuando observó lo que la aparición traía entre sus brazos.

Un niño. Pero no cualquier niño. Sino uno de aspecto tan familiar, que hasta podría pasar como él mismo cuando era pequeño. Parecía dormido en los brazos blancos de aquella visión de mujer, que por un momento Kenshin seguía creyendo un sueño, pero que sin embargo no lo era.

Yumi no podía decir nada, solo atinaba a caminar unos pasos, aunque tampoco podía avanzar más, más bien atenta a la mirada de aquel hombre que creía vivo solo en sus sueños.

Justo en ese rato, detrás de Kenshin, vinieron apareciendo Kaoru junto a Sanosuke, alarmados por el ruido del coche que habia llegado, sin contar que la misma Misao también la habia alertado a ella.

Cuando vió la onírica escena de esa mujer con el niño en brazos, Kaoru se llevó una mano a la boca, sin poder evitar que lagrimas empezaran a salírsele sin control.

―!Kenji!―el grito que lanzó, como aullido de corona de una desesperación de una madre separada de su hijo bien amado fue lo que finalmente hizo que Kenshin y Yumi despabilaran, y que así mismo el niño despertara ante la voz añorada de su madre.

―Mami…―murmuró el niño, quien apenas sus ojos azules detectaron a su madre del otro lado, no dudó un segundo en soltarse de los brazos de esa desconocida y arrojarse al suelo, a correr junto a su madre que habia caminado unos pasos, pasando por frente a Kenshin y arrodillándose al ver que su hijo, nada menos que su hijo era quien venía corriendo a ella.

Kaoru olvidó todo en esos segundos en que por fin pudo estrechar a su pequeño en brazos, con toda la calidez de la que era capaz.

Ya no existía nadie más en esa escena. Ni Kenshin, ni Yumi, ni Sanosuke, ni Lizuka, ni Misao, ni siquiera Tomoe que observaba la escena en los ventanales, todavía avergonzada de presentarse ante ellos, luego de la traición de su hermano.

―Hijo mío…―besándolo, y apretándolo tan fuerte como podía, como si con ello quisiera fundirse con su hijo y evitar que alguien más quisiera hacerle daño.

Yumi y Kenshin, que aún estaban uno frente a otro, solo observaban la escena en medio de ellos.

Yumi, aun desconcertada, y con tantas preguntas, y Kenshin, observando a ese niño que se mecía con Kaoru, y que se suponía era hijo suyo, y al nunca habia llegado a conocer.

Le hubiese gustado poder acercarse, pero tampoco podía hacerlo porque sí.

Ese niño no lo conocía, y tampoco podía saber que pensaba Kaoru de todo esto. Pero algo se removió dentro suyo al ver a ese pequeño, replica suya en otro color, una sensación desconocida, como nunca antes habia tenido.

En ese rato, el que estaba al mando del volante del vehiculo se movió unos pasos.

―Battousai….tanto tiempo. Creo que tenemos que hablar de unas cosas―la voz potente de Gein le dio a entender que estaba a punto de encontrar respuestas a tantos interrogantes.

El pelirrojo tuvo un mal presentimiento al inicio, pero al ver que habia sido Gein quien habia traído a estas personas, se dio cuenta que el único que tendría respuestas era ese hombre.

.

.

.

.

Yumi solo miraba la puerta por donde Kenshin habia salido Lo habia visto entrar tras esa mujer a quien el niño habia llamado como su madre.

Yumi se quedó con Gein, cercados con miradas de desconfianza, por parte de Lizuka, Misao y Sanosuke. Y Kaoru habia llevado al cuarto a su hijo y Kenshin la habia seguido al cuarto.

No se acercó al niño, pero la observaba, parado en la puerta.

―Sé que para ti todo es doblemente difícil, deberías ir a la sala a ver que te dice este hombre, de todas formas, tengo que agradecerle el hecho que me haya traído a mi hijo, y a ella, por haberlo cuidado en el trayecto―asumió Kaoru, al tiempo que cubría con una manta a su hijo, en el cuarto donde ella habia estado durmiendo,

―Sé que tengo que hacerlo, pero sabes que tampoco quiero huir de mi responsabilidad, Kaoru―esgrimió Kenshin

―Kenji está agotado con todo lo que ha pasado. De todas formas, no es el momento―alzando la mirada en Kenshin―. Deberías ir a oír lo que esa gente tenga que decirte.

―Quiero que tú también vengas―adujo Kenshin, muy serio―. Involucraron a tu hijo. Nuestro hijo.

Kaoru quería ir en serio. Deseaba saber tanto como él, las razones por la cual esta mujer que todos creían muerta estaba viva, así como es que estaba aquí, y habia traído a salvo a su hijo.

La joven lo decidió enseguida. Dejó un beso en la frente del niño y salió tras Kenshin. Todavía estaba pendiente ver como informaban al chico acerca de su padre.

.

.

.

.

Gein no escatimó detalles. Dijo que estaba haciendo esto, porque se sentía furioso con Shishio por haberlo traicionado.

Contó que habia sido él quien lo habia ayudado hace 15 años atrás para crear una muñeca tan real gracias a sus artes oscuras, para hacerla pasar por un cadáver de Yumi, el cual habia sido visto por Himura y también por Oibore en su momento.

Y lograron recrear juntos la mentira más grande, sumada a que en ese entonces Yumi también creía muerto a Himura.

Demás está decir que las personas que oían el relato estaban petrificadas.

Himura y Yumi evitaban mirarse, pero Kaoru no podía evitar mirarlos a los dos.

Habia sido una trágica situación del destino que habia separado a estas dos personas, condicionando para siempre la vida y el modo de conducirse de los dos.

Al menos Kaoru, sabía que Himura habia mutado de ese idealismo juvenil y servicial al hombre vengativo y con sed de sangre que habia entrado al servicio secreto, solo porque tenía ganas de hacer una justicia extremista, con un ropaje legal, para vengar o sentir algo real luego de lo que habia perdido todo con la muerte de Yumi.

―Y esa es toda la verdad, la verdad es que ya no tengo nada más que decir―terminó diciendo Gein―. ¿Podrían prestarme alguna venda o algo?, estuve detenido en la mazmorra de Shishio durante mucho tiempo y el huir no me ayudó en nada.

Con una seña de Himura, Lizuka se llevó a Gein del cuarto, para que Tomoe, que estaba afuera oyendo, porque no se atrevía a entrar, se encargase de curar al hombre.

Misao que miraba a los tres principales actores de la escena, de repente tragó saliva, y tomó a Sanosuke del brazo.

―Vámonos a vigilar afuera. No sabemos si Shishio ha mandado algún espía―sacando casi a rastras a Sanosuke del sitio.

En medio de un silencio incómodo y extraño, se quedaron los tres solos: Kenshin, Yumi y Kaoru. Aunque finalmente fue esta última quien salió a ponerse frente a la esposa de Shishio.

―Olvidé agradecer al señor Gein por haber rescatado a mi hijo. Pero también estoy muy agradecida contigo por haberlo cuidado cuando estaban en camino de aquí―fueron las palabras muy serias, las únicas que logró articular Kaoru. Viendo el aire que se vislumbraba, ella misma se sentía como demás en la escena.

Yumi no se atrevió a hablar y solo contestar a Kaoru con una reverencia, aunque al tiempo, no dejaba de examinar a la muchacha. Que era madre del hijo de Kenshin. Que era algo que si tenía bien claro ya a estas alturas.

―Iré a ver a mi hijo―balbuceó finalmente Kaoru, para salir raudamente del sitio.

Solo cuando ella hubo salido, fue que Himura caminó unos pasos hacia el ventanal.

―Todo este tiempo estuviste viva. Yo te creía muerta todos estos años…―logró decir Himura

Yumi parecía que iba a echar unas lágrimas, pero se contuvo.

―Lo mismo creí yo

―Pero te casaste con Shishio luego de creerme muerto―agregó Himura, a quien era imposible verle los reflejos de los ojos en el ventanal porque estaban enteramente cubiertos por el flequillo.

―Lo hice―mencionó la mujer, bajando la cabeza.

Kenshin se dio vuelta para mirarla. La verdad es que todo esto lo tenía bastante mal, y no tenía idea que decirle a esta mujer, que era un fantasma vivo de un pasado que creía enterrado.

―Durante muchos años viví de una forma que tu no hubieras aprobado―apuntó Kenshin.

Yumi miró el rostro de este hombre, un rostro que conocía y que a su vez no. En sus recuerdos, obvio, era mucho más joven, y tenía un brillo diferente al que ahora tenía frente a sus ojos.

Además que tenía una cicatriz en cruz en el rostro, no solo una, como en sus recuerdos.

―Tienes un hijo―mencionó Yumi

Kenshin parpadeó. Era cierto, él tenía un hijo, aunque de alguna forma se avergonzaba de hablar de eso, ya que eso implicaría hablar sobre la terrible forma en la que habia tratado a Kaoru.

―Uno que todavía no me conoce. Es una larga historia―respondió Kenshin al tiempo que iba por la salida―. Si quieres puedes asearte un poco, el viaje habrá sido pesado.

―Kenshin…―balbuceó Yumi, como queriéndolo detener.

―Hablaremos después, todavía necesito ordenar mi mente―fue tajante Kenshin―. Diré que te den una habitación, donde podrás descansar un momento, y ahí hablaremos―ya saliendo de la habitación, dejando a una Yumi todavía anonadada.

La mujer sentía que quería hablarle, pero no estaba segura ni de cómo empezar.

Empezó a lagrimear con esa horrible sensación de dolor, y alivio de forma contradictoria.

.

.

.

.

Kaoru observaba a su hijo dormir. Ese pobre niño habia sufrido en manos de sus captores. Apenas despierte haría que lo revisen profesionales médicos, pero a simple vista se notaba que estaba sano.

La verdad prefería estar aquí y no en el salón donde se daba esa incomoda escena entre Yumi y Kenshin, porque no quería verlos, no tenía deseos de escucharlos, además que seguro ambos querrían tener espacio para conversar a solas. Además que apenas resuelto algún detalle, ella no tenía nada más que hacer allí y se marcharía con su hijo.

En ese momento, la puerta del cuarto se abrió.

― ¿Tomoe?

―Traje un poco de té y leche caliente, para cuando el niño despierte―adujo la mujer muy seria, bajando una bandeja, para que Kaoru pudiera tomarla.

―Gracias, no tenías porque hacerlo―respondió Kaoru un poco extrañada de la actitud de aquella mujer, que desde que vino, siempre habia sido fría con ella.

No tuvo necesidad de seguir pensando en posibilidades. Tomoe misma se lo dijo.

―Creo que tú y yo llegamos tarde a la fila. Hay alguien más que está por encima de ti y de mi―habló la mujer de cabellera negra

Kaoru parpadeó confusa.

― ¿A qué te refieres?―preguntó Kaoru, aunque en su interior sabía que Tomoe se estaba refiriendo a Yumi, la mujer que habia aparecido.

―Siempre pensé que mi pelea por el hombre que amaba seria contigo, pero ahora me doy cuenta que la verdadera lucha es con esa mujer, y tengo la sensación de que es algo que ni tu ni yo podremos ganar. A ellos los une un lazo que no podemos entender, y es evidente que Kenshin nunca la olvidó. Eso pude ver a través de sus ojos―sentenció Tomoe, sentada frente a Kaoru.

―Disculpa, pero yo no estaba en ninguna competencia contigo―quiso decir Kaoru, levantándose―.En todo caso tu juego va a ser con él y con ella, a mí no me metas en eso.

La verdad es que Tomoe le habia dicho todo esto, no con ánimo de pelea, sino como una especie de resignación, pero de todas formas Kaoru no quería oírlo.

Ya no quería saber más de esa historia entre Yumi y Kenshin.

Lo único que quería era poder volver a casa, con su hijo.

CONTINUARÁ...


Notas

Han pasado 7 meses sin noticias de este fic, y vengo apareciendo como si nada, mis disculpas sinceras a todo aquel que siga leyendo este fic, pero desde ahora intentaré regularizar mis actualizaciones, siendo que este fic no esta planeado para más de 20 episodios.

Aqui ya vimos la primera interaccion entre Yumi y Kenshin.

Gein cumplió su promesa y llevó a Kenji y a Yumi frente a Kenshin, y les develó la verdad, pero aun asi, este sujeto me sigue pareciendo raro.

En el otro capitulo, veremos mas del triangulo Yumi kenshin Kaoru.

Mis agradecimientos eternos a mis comentaristas favoritos de siempre.

PAJARITO AZUL

POLA DE HIMURA

HEAVENLYEVE

PAO59

KAMISUMI

TAISHOU

LICA

ZABITA1975

GUEST, que no dejó su nombre.

Tambien agradezco a toda la gente que añade a favoritos y en follows, asi como la gente que lee, muchas gracias a todos.

De paso tambien los invito a pasarse por el fic El lobo y la Doncella, un spin off de este fic, dedicado a Saito y Misao , mi otra pareja favorita, asi como al oneshot El error, dedicado tambien a esta pareja.

En fin amigos, no los sigo aburriendo, le envio a todos un besitos, y voy a estar esperando sus consejos.

Les quiere

Paola.