Escarmiento.
La mansión Briefs amaneció hundida en el escándalo.
Cuatro mujeres en bata de dormir; dos de ellas con tubos en la cabeza; despojadas pues, de cualquier tipo de vanidad; impedían la entrada de los hombres del camión de mudanza.
-¡sobre mi cadáver!- vociferaba Pita blandiendo un cucharón
-esto debe de ser una equivocación-murmuraba Bunny poniéndose una mano sobre la frente mientras se desprendía de los tubos en su cabeza para lanzarlos, como si fueran piedras, a los hombres, que intentaban cumplir con su trabajo
Mamá Lorenza amenazaba con soltar al trío de perros, que sujetaba, si los hombres no se retiraban a la cuenta de tres.
La Tía Pola sostenía amenazadoramente una escoba- me gustaría ver que entren, ¡rufianes!- desafiaba la jarocha, que ignoraba completamente la razón de la matutinal afrenta. A ella la habían despertado los gritos de Pita quien le había proporcionado la escoba con que defendía la entrada de la mansión. Y de allí en más, nada.
A Pita la había despertado Mamá Lorenza, visiblemente alterada, diciéndole que fuera a buscar refuerzos, mientras la institutriz acudía por el trío de perros que además de bravos y hambrientos se encontraban irritados por levantarse tan temprano y lo peor, para trabajar. Por lo que los canes gruñían y ladraban con todas sus fuerzas, intentando así, librarse pronto de sus responsabilidades laborales y al fin, volver a dormir.
A Mamá Lorenza la había despertado, Bunny, llorando porque unos hombres en la puerta le habían dicho que venían por Bulma y por Vegeta, o algo así.
El Dr. Briefs, llamaba desde su despecho, a toda la barra de abogados que se encargaban de los asuntos legales de la Corporación Cápsula.
Don Cenobio y Cornelio, cargaban, a toda velocidad, los rifles de cacería para salir, cuánto antes, a combatir a los pillos que, osaban llevarse con ellos a Bulmita.
Bulma etiquetaba una a una las cajas, que durante la noche Vegeta y ella habían ido llenando, sumidos en completo silencio; con la mano temblorosa, la peliazul, escribía el contenido de la caja mientras pensaba una y otra vez en lo retorcido que le parecía la situación y en todos los reclamos, insultos y demás amenidades que dedicaría a las cuatro mujeres.
-embusteras- dijo la heredera para sí.
Bulma vio, impaciente, el reloj; en la oficina de mudanzas le habían dicho que se distinguían por ofrecer un servicio "Express" pero por lo visto, hoy en día, cualquiera mentía.
Vegeta, encerrado en su cámara de gravedad, interrumpió la secuencia de abdominales en que se encontraba, al percibir demasiados ki, dentro, fuera y cerca de la mansión. Aparentemente hoy todos, se habían levantado muy temprano. El príncipe alcanzó a pensar en lo que Bulma le había dicho, respecto a hacer la mudanza con la mayor cautela posible; para tomar a las mujeres desprevenidas y sin darles tiempo de inventar excusas absurdas; antes de escuchar el estruendo que producía el ruido de las hélices de un helicóptero.
Vegeta se acercó a la puerta de la cámara para mirar a través de la ventanilla. Sorprendido, el noble saiya, atestiguó como, una veintena de abogados, descendían de la nave y luego vio a su suegro, aún en pijama, con las manos temblorosas.
Presuroso, el príncipe, tomó una sudadera y salió de la cámara para defender a su suegro de esas aves de rapiña con corbata.
El Dr. Briefs sintió alivio cuando vio como Vegeta avanzaba hacia ellos.
-gracias, al cielo- dijo el científico, cuando el noble saiya llegó a su lado- Vegeta, explícales, por favor a los señores cuál es su situación
El príncipe dirigió una mirada penetrante a los abogados- su situación y la tuya también, es muy mala por pretender que yo le dé explicaciones a alguien
-pero, Vegeta, si no nos dices qué es lo que está pasando ¿cómo vamos a ayudarlos?- suplicaba el Dr. Briefs al borde de un ataque de nervios
-¿a qué diablos te refieres?- preguntó el príncipe, confuso
El Dr. Briefs intentaba encontrar las palabras exactas para darse a entender, lleno de nerviosismo; pero antes de pronunciar cualquier palabra comenzó a escucharse el estruendo de unos disparos. Apresurados yerno, suegro y abogados se dirigieron hacia la entrada principal de la mansión.
Bulma salió, como flecha, del laboratorio.
-¡huyan, cobardes! ¡Huyan!- vociferaba Don Cenobio mientras lanzaba tres o cuatro disparos al aire
El camión de mudanza desaparecía en el horizonte y dentro de él; seis buenos hombres trabajadores, se preguntaban qué cosa mala habrían podido hacer para que los recibieran de ese feo modo. A ellos, su patrón les había dicho que irían a una casa muy rica y que debían de tener serio cuidado en no maltratar absolutamente nada, pues justo como la experiencia les dictaba las gentes millonarias solían aferrarse a cosas absurdas: jarrones, tapetes, pianos, esculturas… no obstante nunca habían visto que las gentes ricas fueran tan ridículamente, pero no por ello, ficticiamente agresivas.
Cuando Bulma llegó al epicentro del desastre su madre, la tía Pola, Pita y Mamá Lorenza se encontraban tumbadas pecho a tierra.
-¡¿Qué demonios está pasando?!- preguntó la peliazul con las manos en las caderas
Don Cenobio y Cornelio trataron de ocultar sus rifles tras la espalda cuando escucharon la voz colérica de Bulmita.
-¡denme eso!- exigió la heredera extendiendo la mano hacia los dos jarochos
-nomás queríamos ver si acaso funcionaban- se excusaba inútilmente Cornelio
Don Cenobio negó con la cabeza- ¡ay mijo, por eso se va a casar con el chaparrito en lugar de casarse contigo! Deberías de explicarle a Bulmita cómo fue que la defendimos de esos hombres malvados que querían llevársela
-ah, si, Bulmita, deberías de haber visto cómo acabábamos con esos, sinvergüenzas que querían llevarte a ti y a Don Veggie, desde luego que sólo te estábamos defendiendo a ti- narraba Cornelio mientras se dejaba hipnotizar por las pupilas azules de Bulma, que furibundas, tendían a verse aun más lindas, quizás porque de ellas se desprendía un matiz rojo, como si de fuego se tratara.
-¿a mí no me ibas a defender?- preguntó el príncipe con un tono burlesco mientras sacaba de sus ensoñaciones a Cornelio
-no lo íbamos a defender porque usted es tan fuerte, tan buen mozo, tan noble, tan bueno, tan santo- Cornelio enumeraba cada una de las virtudes teóricas de Vegeta, detrás de su padre- porque los príncipes son así, y usted es un príncipe ¿verdad?- cuestionaba el primogénito de la Tía Pola
-digamos que soy la excepción de la regla- definió Vegeta en un tono mordaz, mientras pensaba en lo mucho que extrañaría ver a ese gusano y a su padre, temblar de miedo.
-Bunny, ¿qué hacen allí escondidas?- interrogó el Dr. Briefs al ver como su esposa y compañía se resguardaban tras un arbusto
-¡pues nos escondemos!- replicó Pita
-¡los hombres malos ya se fueron!- anunció Don Cenobio en un tono heroico
-¡si, ya sabemos, muchas gracias! ¡Y ahora entren a la mansión!- ordenaba Mamá Lorenza sosteniendo con todas sus fuerzas el trío de perros, con que ella planeaba combatir el mal
-¡caramba! ¡Entren ya!- suplicaba la tía Pola al no percibir el menor movimiento, que delatara la retirada hacia dentro de la propiedad, por parte de los presentes
-¿por qué no salen?- preguntó Bulma recordando las muchas explicaciones que las mujeres debían a ella y a Vegeta
-¡porque el joven Vegeta no puede vernos así como estamos!- confesó, por fin, Bunny, esperando que su auditorio entendiera lo humillante que es para cualquier fémina presentarse ante un hombre apuesto; sin el menor de los ornamentos.
Vegeta sonrió divertido por provocar en esas mujeres, vanidad.
-¡salgan inmediatamente, que para todo lo que les tengo que decir me importa muy poco su apariencia!- externo el príncipe pensando en que ya estaba bueno de rodeos, era hora de una explicación
-¡no!- respondieron a coro las mujeres mientras comenzaban a pensar qué podrían haber hecho mal, para merecer un regaño de parte del noble saiya
-nosotras debemos vernos bonitas antes que cualquier cosa, contimás si nos va a regañar- argumentaba la tía Pola
-no van a salir- resolvió Bulma, fastidiada- Veggie, mejor desayuna, así tendrás más fuerzas para ajusticiarlas, tómalo como si fuera su última voluntad- sugería la peliazul ignorando la presencia de Bunny y compañía
Los rostros de las cuatro mujeres, ocultas tras los arbustos; empalidecieron. Pensando en que deberían de ensayar la mejor de las disculpas, aunque ni siquiera supieran cuál había sido su crimen.
El Dr. Briefs hizo un gesto a los abogados para que no se retiraran, aún los necesitaría; por lo menos para que sus mujeres no pensaran que las había dejado perecer en soledad…
Mamá Lorenza, Pita, la Tía Pola y Bunny se encontraban replegadas en su cuartel general- el cuarto de lavado- esbozando estrategias para huir de la muerte que, su hasta ahora "querido joven Vegeta" les había anunciado.
-¡no lo puedo creer!- exclamaba Mamá Lorenza – ¡después de todo lo que hemos hecho por ellos!
-así es la gente de mal agradecida- declaraba la Tía Pola mientras enchinaba sus pestañas, por última vez
-¿qué fue lo que hicimos mal?- cuestionaba Bunny cepillando su rubia cabellera
-ve tú a saber- decía Pita abrochándose el vestido- yo no veo por dónde estará nuestro pecado, ¡si hasta los ayudamos a enamorarse!
Bunny y Mamá Lorenza suspiraron nostálgicas.
-si como cuando Vegeta pedía de comer y todas fingíamos estar demasiado ocupadas para atenderlo y entonces Bulma tenía que cocinarle- recordó Mamá Lorenza –así comenzó su enamoramiento.
-y después, cuando descompusimos la cámara de gravedad, ahí casi nos sale el tiro por la culata, porque Don Veggie, ya se nos andaba muriendo- Pita dejó salir una risita- ese domingo me tuve que ir a confesar pero el Señor cura me dijo que el fin justifica los medios, entonces la culpa que sentía se esfumó.
-si, o como esa vez en que los dejamos encerrados aquí, para que jugaran al escondite inglés- rememoraba Bunny jugando con los botones de su vestido
-o como cuando yo llegué aquí y todas fingimos un gran circo- dijo la Tía Pola contenta por seguir siendo tan buena actriz, pasado el tiempo.
Mamá Lorenza dirigió sus ojos astutos a la jarocha- ¡por tu culpa!- exclamó la institutriz mientras señalaba furiosa a la Tía Pola.
La veracruzana angostó los ojos y frunció la boca, desconcertada- ¡yo no he hecho nada malo!- se defendió la morena
Pita contuvo el aliento mientras llegaba a una conclusión – ¡seguramente Don Veggie nos descubrió! ¡Y ha de haber sido por tu culpa Polancia! – Pita gritaba a su hermana fuera de quicio
Los ojos claros de Bunny se iban abriendo cada vez más mientras veía como su sueño de tener, algún día la mansión llena de nietos lindos; se disolvía justo cuando ella había pensado que todo saldría a la perfección.
-¿no vamos a hacer nada?- preguntó la rubia en un murmullo
-¡¿y qué vamos a poder hacer, Bunny?! Si aquí la presente- Pita dirigió una mirada despectiva a la Tía Pola- ¡lo arruinó todo, todo, todo!
-¡ya estuvo bueno!- sentenció la jarocha- ¡que si yo tengo la culpa o que si no! ¿A poco creían que Vegeta y Bulma no se iban a enterar nunca?- interrogaba la Tía Pola
-No, pero por lo menos, esperábamos que fuera después de la boda, no ahora, que falta poquito más de diez días- contestó Mamá Lorenza mientras daba golpecitos en la espalda de Bunny, para que la rubia calmara su llanto
-esa boda también es mi culpa y por eso nadie se incomoda ¿verdad?- reprochaba irónica la Tía Pola- cuando yo llegué aquí lo único que ustedes querían era que Vegeta y Bulma tuvieran niños y les importaba muy poco que estuvieran o no, casados. Pero yo, yo solita los conduje al altar
-si, y también tú solita, los echaste en reversa- recriminaba Pita- ahora no solamente se quieren ir de la casa lo antes posible, sino que, ¡nos quieren matar!
-eso es lo menos relevante- decretó Mamá Lorenza con respecto a morir en el filo del cumplimiento con su deber –lo importante es asegurarnos de que se casen pase lo que pase
-¡tú si que desvarías, Lorenza!- juzgó Pita- ¿Cómo nos vamos a morir sin ver a Bulma vestida de novia? o ¿sin probar el pastel?
-deberíamos de negociar con Vegeta- sugería Bunny mientras se limpiaba la nariz – que nos dé muerte hasta que haya pasado la boda
Las féminas guardaron silencio mientras analizaban la tentativa.
La Tía Pola iba a respingar argumentando que ella tenía aún dieciocho hijos esperando por su bendición y que de ningún modo estaba dispuesta a morir sólo por hacerle un favor a su comadre Bunny. Sin embargo Bulma llamando a la puerta del cuarto de lavado, la interrumpió.
-¿ya están listas para sus funerales?- preguntó la peliazul mientras abría la puerta del cuarto de lavado
-para lo que estamos listas es para desayunar- corrigió Mamá Lorenza mientras se encaminaba al comedor
Bulma caminó detrás de ellas viendo como las cuatro mujeres hablaban de trivialidades, aparentando así, el más grande de los descaros.
Cuando las féminas arribaron al comedor, escoltadas por Bulma; Vegeta no pudo evitar una sonrisa al imaginarlas como obedientes ovejitas al matadero, encaminadas por su verdugo.
El desayuno se llevó a cabo en una atmósfera densa, donde lo único que rompía el silencio era el ruido de los tenedores y frases hechas como: "pásame la sal" o "¿te sirvo más jugo?".
Cuando el postre llegó y las mujeres condenadas a muerte, ya con el estomago bien lleno, tenían ánimos para comenzar a negociar con Vegeta quien, con el apetito satisfecho también gozaba de un poco de paciencia para escuchar.
La Tía Pola, por ser la responsable de todo el embrollo, abrió la negociación:
-así que anda usted de malcriado oyendo conversaciones ajenas, Don Veggie- la jarocha no había terminado de pronunciar la frase cuando tres pares de manos ya la pellizcaban
Bulma se tensó en su asiento mientras veía los ojos negros de Vegeta, centellear en ira.
-¿de qué color quieres tu ataúd?- cuestionó el príncipe a la morena
-¿qué le parece si esa clase de detalles los discutimos otro día con más calmita?- ofreció Pita tratando de desviar el enojo de su patrón y encarrilar de nuevo, las cosas
-Polancia sólo se quería asegurar de que tú ya estabas enterado de la realidad de las cosas- mencionó Mamá Lorenza
Vegeta angostó los ojos para observar con detenimiento a la institutriz.
-nunca fue mi intención poder en duda la educación que su sacrosanta mamacita le dio- La Tía Pola se disculpaba rápidamente por que recordó que su marido le había dicho que el príncipe no se andaba con contemplaciones
-su mamá va a venir a la boda, ¿verdad, Don Veggie?- Pita volvía sobre la marcha- imagine lo que la Reina pensaría si se da cuenta de que anda usted ajusticiando a la servidumbre
-diría que ya me había tardado mucho; ella acostumbraba deshacerse de la servidumbre periódicamente, para evitar conspiraciones y traiciones- Vegeta ilustraba a las mujeres, recargado en el respaldo de su silla, con los brazos cruzados y el semblante tremendamente relajado
Las mujeres intercambiaron miradas temerosas.
-pero nosotras no te hemos traicionado, cada una de las cosas que hicimos fue única y exclusivamente por el bien tuyo y el de Bulma- se defendía Mamá Lorenza
-¡Mamá Lorenza, de todas tú eres la más descarada!- exclamó Bulma convencida de que ninguna de las féminas: ni su tía postiza, ni su ama de llaves y menos su institutriz tenían idea de lo que significaba la palabra "arrepentimiento"
-no me levantes la voz, Bulma- exigió la institutriz- y menos en mi patíbulo
-tan fácil que sería disculparse- opinó la heredera
-¡yo no me voy a disculpar!- aseguró Pita caprichosamente, cruzada de brazos.
-no hicimos nada malo- resolvió Bunny, con un puchero
Vegeta negó con la cabeza, después de tanto tiempo de vivir en aquella mansión entendía en dónde radicaba el problema de comportamiento de Bulma: en aquellas mujeres a cual más de diabólicas en mente e impertinentes en comportamiento. Por sobre todas las cosas, tenía frente a él otra razón de peso para salir corriendo de aquel lugar, y es que si quería tener hijos que, por lo menos, le obedecieran; debía alejarlos de todas las malas influencias que aquel cuarteto de féminas necias; implicaban.
El Dr. Briefs miraba incrédulo como todas sus sospechas se confirmaban; porque a él, desde el principio, le había parecido que las cosas se desarrollaban con estudiada precisión y misteriosa facilidad.
-señor Briefs-le nombró uno de los abogados por lo bajito- no entiendo qué es lo que vamos a defender
-mejor váyanse- aconsejó el científico- seguramente está de acuerdo conmigo en que esto es un caso sin remedio
El hombre del traje gris asintió calladamente.
-querido- dijo Bunny mientras tomaba por el hombro a su marido -¿Por qué dejaste que se fueran los abogados? ¿Qué vas a hacer sin nosotras?
-no te preocupes querida, me van a quedar de recuerdo unos nietos preciosos- afirmó el Dr. Briefs en tono de consuelo para Bunny…
-¿Bulma no te ha contado nada sobre Vegeta?- preguntaba Goku a su señora
-no- respondió secamente Milk- Bulma no me cuenta nada de Vegeta por que sabe perfectamente que ese hombre no me cae bien- explicaba Milk mientras fregaba los cuantiosos platos que dejaba el desayuno
-deberías de preguntarle cosas sobre su relación con él, Milk- aconsejaba Goku meciéndose en una silla
-y yo ¿cómo para qué quiero saber cosas de su vida íntima?- preguntó la castaña mientras comenzaba a irritarse por la insistencia de su marido
-pues por que eres su amiga y las amigas se cuentan esas cosas, además yo quiero saber cómo fue que Vegeta se convirtió en súper saiyajin- Goku confesaba su secreto deseo informativo con una sonrisa
-¿quieres saber cómo fue que ese asesino se convirtió en súper saiyajin?- cuestionó Milk conteniendo la respiración
Goku asintió infantilmente.
-¿no se te antoja preguntar cómo amanecí hoy?- interrogó con ironía la señora de Son
-Te ves bien, Milk- dijo el súper saiya indiferente al creciente enojo de su mujer- o ¿acaso te ha regresado esa fiebre del exorcista?
El rostro de Milk se iba coloreando- si tanto te interesa la vida de Vegeta, ¿Por qué no hablas con él? Después de todo es tu amigo ¿no?- propuso Milk, con la intención de que su esposo desapareciera de su vista antes de sucumbir a la tentación de estrangularlo
Goku sonrió agradecido por el consejo y poniéndose dos dedos sobre la frente, desapareció.
Cuando Goku llegó a la mansión Briefs pudo atestiguar como un cuarteto de mujeres perseguían insistentes a su ahijado; el saiya se unió a la procesión para averiguar qué cosa podría estar sucediendo.
-¡No!- rugió el príncipe mientras sentía que sus sienes latían descontroladamente
Las cuatro mujeres guardaron silencio durante un segundo a causa del eco que producía la voz del noble saiya en sus cabezas.
-perdonar es una de las más grandes virtudes- mencionó la Tía Pola
-por desgracia para ustedes mi única gran virtud es cumplir con lo que digo- resolvió Vegeta mientras retomaba su camino sin poner la menor de las atenciones en la presencia de Goku
-sólo queremos un poco más de tiempo- se excusaba Bunny
Goku se abrió paso entre las mujeres que hostigaban, con ofertas, convenios y negociaciones; a su ahijado.
-Vegeta, ¿Qué te parece si nos tomamos un té y me hablas de tu vida?- propuso Goku, tomando por el hombro a Vegeta
El noble saiya dio un brinco hacia atrás al sentir las manos de Kakarotto sobre él- ¡¿y tú a qué hora apareciste?!- cuestionó Vegeta mientras se quitaba la mugre imaginaria, que Kakarotto había depositado sobre los nobilísimos hombros del príncipe
-llegue hace unos minutitos- contestó con una sonrisa Goku –pero seguro no me notaste por que tienes muchas admiradoras, ¡mira nada más cómo te persiguen y cómo te gritan! ¡Hasta pareces cantante o galán de novela!
-¡sálvenos; Señor Goku!- suplicaba Pita en un arranque de desesperación y en un acto que bien hubiera podido ser tomado por traición
La tía Pola abrazaba el cuerpo tonificado de Goku mientras secundaba a su hermana en el clamor.
Goku, consternado, trataba de deshacer el amarre en que lo aprisionaba la jarocha- ¿de qué… las voy a rescatar… si aquí tienen a Vegeta?- pronunciaba con dificultad
-¡de él!- gritaron al unísono las mujeres mientras apuntaban en dirección de su patrón y yerno
Goku siguió la dirección indicada por La tía Pola y compañía; pero no le quedó muy claro el mensaje pues lo único que vio fue a Vegeta con una media sonrisa, volteando para todos lados como si él también buscara a la amenaza, de la que el cuarteto de féminas; hablaba.
Goku se encogió de hombros- no sé de qué me hablan, ¿tú sabes algo Vegeta?- cuestionó interesado el súper saiya
-no, son puras imaginaciones suyas; en esta casa el único peligro son ellas mismas- argumentó el príncipe encaminándose hacia el jardín
-deberíamos entonces de llamar al loquero que atiende a Milk- aconsejó Goku; inocente
Vegeta se detuvo en seco y giro los talones para observar a las mujeres; mientras en la cara del príncipe se dibujaba una sádica sonrisa.
Mamá Lorenza, Bunny, Pita y la Tía Pola se miraron entre sí antes de echarse a correr en diferentes direcciones; omitiendo sus edades y las enfermedades reumáticas que las aquejaban. Como un grupo de niñas jugando a las escondidillas…
-¡¿están locos?!- gritó Bulma cuando vio a Vegeta y a Goku, cosa digna de mención, entrar juntos en su laboratorio para pedirle el número telefónico de Sancho Panza – ese hombre sólo las va a dejar peor que cómo están
-vamos mujer, necesitan un escarmiento- dijo Vegeta mientras apuraba con la mano a Bulma para que accediera a su proposición
-¡no!- resolvió la peliazul
-es por su bien, Bulma, están tan enfermas que piensan en peligros que no existen- opinaba Goku
La heredera abrió, incrédula, la boca – que bajo has caído- susurró al oído de su futuro marido- ¿cómo pudiste ser capaz de convencer a Goku de tus fechorías?
-yo no lo convencí de nada; fue su idea- se defendió el príncipe
-¡no seas mentiroso!- exigía Bulma con aspavientos- ¡Goku nunca tiene esa clase de ideas!
-¡hoy la tuvo y a muy buena hora!- replicaba Vegeta-mujer, no eres la única en este mundo con una mente diabólica- afirmó el noble saiya con una sonrisa
-eres una mala influencia- culpaba la peliazul al príncipe
Vegeta asintió lentamente- suelo provocar malos pensamientos, en ti, por ejemplo- mencionó el noble saiya mientras miraba seductoramente a su mujer – pero esta vez no fue mi culpa- objetaba el príncipe cuando vio que mirar coquetamente a la heredera había funcionado para cambiar la evidente molestia en los ojos de Bulma, por la transparencia de siempre
-como haya sido, no les voy a dar el teléfono de ese supuesto médico- sentenció la científica mientras miraba dulcemente a su príncipe; dejando en claro que ella también sabía manipular
Vegeta maldijo mentalmente la presencia de Kakarotto, pues ésta le impedía tomar medidas de convencimiento sublimes y efectivas. Pretendiendo una derrota sin aspavientos; el príncipe se dio la media vuelta y salio del laboratorio, seguido por Goku.
El noble saiya tendría que esperar hasta que la noche cayera para poner en práctica todos sus dones.
-y ¿Qué vas a hacer ahora, Vegeta?- preguntó Goku con la amabilidad innata de que disponía.
Vegeta respiró profundamente antes de responder- entrenaré.
-¿Por qué mejor, no hablamos de cosas importantes que hayan acontecido en tu vida últimamente?- el súper saiya ofrecía sus oídos, con toda la coherencia de que era capaz
El príncipe encaró, extrañado a Goku- mi vida no te incumbe-dijo secamente
-¿Qué no somos amigos?- cuestionó el súper saiya con los ojitos llenos de agua
-¡no!- corrigió Vegeta sin poder entender cómo le había nacido a Kakarotto una idea tan absurda
Goku vio como Vegeta se alejaba hacia la cámara de gravedad llevándose consigo el secreto de su transformación…
Mientras tanto las mujeres temblaban en sus escondites:
La tía Pola, escondida debajo de su cama; rezaba fervientemente mientras levantaba de vez en vez el cubrecama para estar atenta a cualquier movimiento peligroso. Jurándose una y otra vez que no volvería a hacer de casamentera, salvo sus propios hijitos.
Mamá Lorenza se resguardaba en el cuarto de herramientas, rodeada por palas, picos, desarmadores, martillos y demás posibles armas nada despreciables si en algún momento tuviera que luchar por salvar su vida.
Pita se abrazaba decididamente al tronco del mandarino, que desesperada había escalado; pensando no sólo en la salvación que el frondoso árbol le regalaba, sino el la fruta rica y madura con que éste contaba.
Bunny tejía a toda velocidad con la intención de terminar los zapatitos de estambre, que quería dejar como herencia y recuerdo a sus nietecitos.
La cena transcurrió en un desconocido silencio; pues ninguna de las féminas, que esperaban ser enjuiciadas acudió al comedor.
Bulma pensaba en que su vida con Vegeta, transcurriría así, en el más completo de los silencios.
Vegeta disfrutaba cada uno de esos segundos de dorada calma, visualizando su vida futura como un remanso de alegría cotidiana.
Los niños de la tía Pola se regocijaban pensando en qué esa noche sus porciones de postre, por pura matemática simple; serían más grandes.
Después de servir el postre Bulma se levantó de la mesa secundada por el príncipe, como ya era costumbre
Vegeta cerró tras de sí la puerta mientras esbozaba una sonrisa maliciosa.
-la cena fue tan triste- comentó Bulma sin reparar en las intenciones de su príncipe
-no fue triste, mujer, sólo fue silenciosa- corrigió el noble saiya mientras se acercaba a la peliazul.
La heredera se encogió de hombros- las asustaste- dijo
-yo no les hice nada, fue su conciencia quien las espantó no yo- Vegeta se excusaba mientras besaba, suavemente, la frente de Bulma- además tu querías darles una lección
Bulma se alejó rápidamente del príncipe para aclarar los pensamientos de su mente- ¡no, yo sólo quería una explicación! ¡Tú en cambio pretendías seducirme para que yo aceptara tu idea de mandarlas con un psiquiatra!
Vegeta frunció el entrecejo, molesto, por sentirse al descubierto; ¿desde cuando la mujer conocía sus tácticas de guerra?
-¡aunque tú te empeñes en ocultarme el paradero de ese doctor, las voy a mandar con él!- amenazó el noble saiya- ¡es por su bien, no pueden andar por el mundo diciendo mentiras y menos a mí!
-¡pues a menos de que puedas dar con el ki de ese doctor enjuto; no sé cómo lo encontrarás!- desafió Bulma
-hay ciertas normas de urbanidad que he aprendido de ti- afirmó Vegeta mientras abría la sección amarilla…
-irán con este señor- informó el príncipe a las cuatro féminas que cabizbajas se formaban frente a él, después de haber sido extraídas de sus escondrijo.
Sancho Panza les sonrió a todas mientras se ajustaba su chaqueta a cuadros…
Hola señoritas y señoritos bonitos; espero que hayan tenido una magica noche buena. Este capitulito es un regalito de mí pa ustedes ^^. Espero que les guste. Les deseo unas fabulosas vacaciones y un maravilloso, grandioso y esplendoroso 2010. Retemuchas gracias por sus reviews; Hablando de reviews le debo un review a Aego, prometo pagarlo cuando vuelva de mis vacaciones. Los quiero muuuuchop. Portense bien. Que Dios los guarde y los proteja siempre, siempre, siempre. NOMICA
