Una elección

Emma no tuvo el placer de despertarse entre las sábanas de Regina. Después de su noche loca, Regina le había ordenado dejar su habitación, no podía dejarla dormir con ella cuando Henry podría sorprenderlas. Lejos de querer pelear con la bella morena, Emma obedeció, sabiendo que un día acabaría por quedarse al lado de Regina de la noche a la mañana.

Así que se despertó sola, pero feliz y en paz. Esa noche otra vez había sido testigo de la ingeniosidad y tenacidad de su profesora, tanto que aún tenía agujetas.

Fue el dulce aroma a pan tostado cosquilleándole en la nariz lo que finalmente la sacó de la cama. Vestida con un mini short gris y un top blanco, bajó y descubrió a Regina, envuelta en un albornoz blanco de baño, preparando con presteza el desayuno.

«Buenos días, hermosa morena»

Regina ni siquiera giró la cabeza y apenas respondió

«Señorita Swan, buenos días»

«¿Todavía se empeña en llamarme por mi apellido, eh? ¿Siempre ese deseo de superioridad y control?»

«Señorita Swan, ciertamente he mostrado señales de debilidad en su presencia, pero eso no la dispensa de una cierta distancia y respeto hacia mí»

«Si no fuera usted tan excitante, le diría que se fuera a tomar…Gemir o llorar en mis brazos no es signo de debilidad…»

«…»

«Me encantaría que se relajara un poco…Es muy amable con Henry, pero conmigo, continua siendo esa bella cabrona»

«¡Esa boca, señorita Swan!»

«Lo siento. Pero, ¿puede reconocer que es dura conmigo? Por la noche nos acostamos, y a la mañana siguiente, juega a la indiferencia hasta el punto de ser desagradable. Es frustrante para mí»

«Se lo he dicho, nuestros vínculos…»

«Regina, nuestros vínculos, como usted dice, no tienen nada de convencional: usted es mi profesora, me acuesto con usted, esos son los hechos. Deberíamos aprender a asumirlo en lugar de querer evitarnos»

«…»

«Francamente, me gusta mucho ese pequeño juego de profesora y alumna, pero usted y yo sabemos muy bien que podemos pasar de eso»

«No mientras sea alumna en la facultad»

«Entonces, ¿qué? ¿Paramos todo ahora hasta que me saque el título?»

«Señorita Swan…»

«En serio, ¿para qué sirve todo esto? Nos acostamos juntas, nos invita a su casa por Navidad, nos volvemos a acostar, pero aparte de eso, ¿no hay que mezclar nada? Comprendo que esta relación la sobrepase, que no esté acostumbrada…Comprendo que necesita tiempo, todo eso, pero…Si me rechaza sin cesar, ¿cómo cree que vamos a avanzar?»

«Creo que deberíamos dejar de…hacer esto. Por un tiempo al menos»

«Entonces será mejor que me vaya»

«Pero…»

«Regina, sea realista: no podemos tenerlo todo: vacaciones juntas manteniendo la distancia. Mejor es que me vaya mientras aún esté a tiempo, y mantener «sanos vínculos» Henry se decepcionará, seguramente…Pero mejor eso que un ambiente enrarecido. A menos que tenga una solución…Creo que será preferible que me marche, desde hoy»

«…»

Emma dio media vuelta, pero entonces Regina la llamó.

«¡Señorita Swan!»

«Sí» dijo ella dando la vuelta, con una ligera sonrisa en los labios

«Tiene razón»

«¿Ah?»

«Deberían marcharse, es lo mejor»

Una losa de plomo cayó sobre los hombros de Emma. Al final, quizás era mejor así…Ruby la había prevenido, incluso la misma Regina: estaba jugando con fuego y finalmente, incluso antes de poderse quemar, la llama le fue retirada.

«Yo…Voy a decírselo a Henry»

Sin esperar, subió las escaleras y se dirigió a la habitación donde dormía Henry. Se sentó en el borde de la cama y vaciló: ¿tenía aún tiempo y la pretensión de hacer cambiar de opinión a Regina? ¿De cambiar las cosas? Su hijo detestaría a Regina por eso, y tampoco sería más sencillo para Emma olvidar a la joven. Aunque el olvido era una ilusión: Regina era su profesora, estaba obligada a verla todas las semanas hasta el final de curso…

«Henry…Henry, cariño, despierta»

El pequeño gruñó y se apretujo más entre las sábanas. Emma sonrió: si había algo que su hijo había sacado de ella era su vaguería.

«Henry, por favor…»

El pequeño abrió como pudo los ojos

«Hm,,,¿Quéee?»

«Henry, levanta, nos vamos»

Y como si acabara de recibir un balde de agua fría, abrió los ojos y se incorporó

«Pero…¿Marcharnos? ¿Por qué?»

¿Debía mentirle o decirle la verdad? Al final…

«Regina y yo…hemos peleado»

«Oh…¿Por mi culpa?»

«¿Qué? No, por supuesto que no, nunca en la vida. No tiene nada que ver contigo. Es solo que…¿ya sabes? Es complicado entre nosotras»

«¿Por qué es tu profesora?»

«Entre otras cosas, sí. Y además, cada una tenemos un pasado que nos sigue afectando en no poco en el presente, creo que ella tiene miedo»

«¿Miedo? ¿Miedo de qué? ¿De amar?»

«Quizás sí»

«¿Y marcharse es mejor?»

«Creo que es mejor no desestabilizarla y hacer lo que ella pide. Vamos a irnos»

«Pero, ¡mañana es la víspera de Navidad! ¡Es el día de los milagros!»

«Quizás en las películas, cariño, pero en la realidad, es mucho más complicado»

«…»

«Venga, vístete»

«Pero…Yo, yo quería…Tenía regalos. Y me dijiste que podía leer el libro con Regina»

«No es el buen momento»

«Pero…»

«¡Henry!»

El pequeño se sobresaltó, incluso Emma se sorprendió. Muy pocas veces le había gritado a su hijo antes…Y ahora una mezcla de cólera, de cansancio y de resignación se había apoderado de ella.

«Lo siento, yo…lo siento Henry»

Sin una palabra más, él se levantó y se vistió antes de hacer rápidamente su mochila bajo los ojos decepcionados de su madre. Una vez hecho, ella acarició sus cabellos.

«Está bien. Ahora vuelvo»

Emma fue a su habitación y se vistió rápidamente antes de salir de la habitación con el bolso bajo el brazo.

«Venga, vamos»

Sin una palabra, se dirigieron a la entrada, pasando por delante de la cocina donde Regina oficiaba un desayuno que finalmente comería sola.

«Nos vamos» dijo solo Emma. Regina se dignó a alejarse de la encimera y reunirse con ella en la entrada.

«Buen…viaje. Henry, he estado muy con…»

Pero antes de que acabara la frase, él salió de la casa, dando un portazo tras él. Las dos mujeres intercambiaron una mirada y Emma le comunicó con un movimiento de cabeza «¿qué pensaba?» antes de esbozar una educada sonrisa.

«Bueno, adiós. Feliz Navidad, señorita Mills»

Y entonces, sin darle la oportunidad a la bella morena de replicar, Emma ya había desaparecido. Regina cerró brevemente los ojos: sí, era mejor así. Sin complicaciones, sin quebraderos de cabeza…Las cosas volverían a su sitio. Y su corazón se saltó un latido cuando escuchó el motor del coche de Emma rugir. Vio a través de la mirilla de la puerta el pequeño escarabajo alejarse de su sendero.

Entonces suspiró…Si realmente era lo mejor, ¿por qué se sentía tan mal?


En el coche, reinó el silencio. Emma hubiera querido llorar, pero no quería dejar transparentar nada delante de su hijo. Así que, ya está…¿Se había terminado todo de esa manera? ¿Tan rápido? Sin realmente gritos ni choques…solo una conversación unilateral…

«¿Podemos parar a desayunar? Tengo hambre» dijo Henry, sacándola de sus pensamientos

«¿Eh?»

«Granny's» dijo él señalando con la cabeza en dirección a la cafetería que estaba a punto de dejar atrás con su coche.

«Ok. Pero no mucho tiempo»

Estacionó delante, y salió en compañía de su hijo. Apenas hubo puesto un pie en la cafetería, un tornado moreno le saltó encima

«¡Rubiiiiaaaaaaaa!»

Ruby la besó y la estrechó tan fuerte que a Emma se le cortó la respiración.

«¡Hey, Rub! ¿Qué haces aquí?»

«Te había dicho que pasaba las fiestas con mi abuela. Y tú, ¿entonces? ¿Cómo va con la señorita Mills?»

«Euh…» lanzó una ojeada a su hijo «Podríamos hablar más tarde…»

«¿Desayuno?» propuso entonces Ruby presiento que algo no iba bien.

Y cuando estaban los tres sentados a la mesa, Emma bebiendo un chocolate caliente mientras Henry picoteaba los bordes de algunas tortitas, Ruby se lanzó.

«¿Entonces? ¿Os vais?»

«Sí. Al final…es mejor»

«Oh…Hey, di Henry, ¿cómo están las tortitas?»

«Bien…Pero las de Regina son mejores»

Las dos mujeres intercambiaron una mirada antes de que Emma le pidiera que se fuera a limpiar la boca al baño, lo que su hijo hizo sin rechistar. Una vez solas, Ruby avasalló a la bella rubia de preguntas

«Entonces, ¿tan mal ha ido? ¿Os habéis peleado?»

«Sí…Digamos que ella no lo asume»

«¿Regina Mills? ¿No asumir? Extraño…»

«Es que no tiene sentido…estábamos bien los tres: decoramos la casa, nos dio una vuelta por el pueblo, incluso hicimos una pelea en la nieve…Fue verdaderamente genial»

«Entonces, ¿qué ha pasado?»

«Nos acostamos, pero no quiso que me quedara en su cama. A la mañana siguiente, le pedí explicaciones y dijo que no había que mezclar las cosas: que yo seguía siendo su alumna y ella mi profesora»

«Tendría que haberlo pensado antes de acostarse contigo…»

«Sí…De hecho, creo que no asume sus nuevos sentimientos. Pienso que se ha encerrado mucho tiempo en su soledad y sus mentiras»

«¿Y no has intentado convencerla?»

«Oh, sí, pero es como hablarle a un muro. Estoy harta y…ya que no hay que mezclar, encontraba que pasar las vacaciones con mi profesora era demasiado…personal»

«Sí, comprendo. Y ella, ¿qué ha dicho?»

«Parecía de acuerdo. De todas maneras, no le di elección»

«Estoy listo» Henry acababa de volver, limpio como una patena.

«Ok, bueno, Ruby…Nos vemos a la vuelta»

«¿Por qué no te quedas aquí? ¿Conmigo y mi abuela? Hay bastante sitio en el hostal para los dos»

«Yo…Es muy amable, pero…quedarme en este pueblo, con el riesgo de cruzármela sin parar, gracias, pero…no gracias. Venga, nos vamos Henry»

«Adiós Ruby»

«Bye Henry, cuídate Emma»


A medida que el pueblo se alejaba, Emma sentía su corazón encogerse más y más. Y al pasar el panel de «Está dejando Storybrooke», Henry posó su mano en su muslo

«Mamá…»

«¿Qué?»

Cuando vio la mirada de su hijo fija en el horizonte, ella hizo lo mismo y vio a lo lejos un coche oscuro y alguien a su lado. Cuanto más se acercaba, más distinguía el coche y a la persona…Contuvo su respiración cuando su auto se detuvo a dos metros del Mercedes de Regina, ella estaba media reclinada sobre el capó.

«Espérame aquí» ordenó la joven a su hijo antes de salir del coche «¿Regina?»

«…»

Se colocó delante de ella.

«¿Qué hace aquí?»

«Yo…quería hablar»

«¿De qué?»

«De…de nosotras»

«Oh…¿Hace mucho tiempo que espera aquí? Ha tenido suerte, habría podido no encontrarnos y esperar por nada. Estábamos en…»

«…Granny's, sí, lo sé. Salía de hacer unas compras cuando vi su coche parado delante»

«Oh…»

«Yo…quería excusarme por mis palabras de esta mañana»

«…»

«Es bastante complicado para mí hacer malabares entre mi profesión y…lo que siento»

«¿Lo que siente?»

«Por usted. Comprendí que había cometido un error al minuto en que dejasteis el umbral de mi casa»

Emma entonces sonrió y dio un paso hacia delante, acercándose a la bella morena

«¿De verdad?»

«Como justamente usted señaló, hacerla venir aquí y pedirle no mezclar las cosas era algo totalmente utópico»

«Y ahora, ¿qué quiere?»

«Yo…quiero…»

«¿Quiere?»

«A usted. A usted y a Henry. Os quiero a los dos en mi casa para Navidad, para las fiestas»

«¿Y en lo que concierne a…nosotras dos? ¿Qué quiere finalmente?»

«…»

«No es fácil decirlo en palabras sin arriesgarse a desvelarse un poco, ¿eh?»

«No estoy acostumbrada a estas cosas, es verdad. Desde que murió mi marido, no he tenido ninguna relación, ni de cerca ni de lejos, que pueda parecerse a nada serio. Y usted entró en mi facultad, en mi vida. No estaba lista para sentir de nuevo, y mucho menos con una mujer»

«Puedo comprender que eso desestabilice un poco. No tengo la pretensión de querer reemplazar a su marido. Entonces…al final, ¿qué hacemos?»

«Vengan a mi casa. Pasemos una buenas fiestas de fin de año»

«¿Tendré el derecho de dormir con usted?»

«…»

«¿Regina?»

«Sí. Pero con dos condiciones»

«¿Cuáles?»

«Quiero que Henry lo sepa, quiero decir, que lo sepa de verdad. No deseo mentirle ni dejarle alejado»

«Ok, ¿y la segunda?»

«Sacará sus exámenes y conseguirá su título. Si es constante, si se lo toma en serio, entonces…al final de curso, ya no seré más su profesora. Y seremos libres de hacer lo que nos parezca»

«Pero mientras, tendré que tratarla como…mi novia en privado y como mi profesora en la facultad ¿Es eso?»

«Eso es»

«Ok, trato» Regina frunció el ceño mirando la mano que Emma le tendía. Divertida, la estrechó antes de que Emma la atrajera hacia ella y la tomara en sus brazos, y darle un dulce beso.

«¡Sí!» las dos mujeres se separaron, divertidas, lanzando una ojeada al coche de Emma donde Henry no escondía su alegría. Sacó la cabeza por la ventana

«¿Volemos a casa de Regina?»

«Volvemos» confirmó Emma. Después ella se giró hacia la bella morena, acarició su rostro con el pulgar «Te sigo»


Emma estaba en los cielos: esa noche no dormiría sola. Regina estaba aún algo vacilante, pero Emma sabía tranquilizarla, sobre todo cuando la conversación prometida sobre Henry llegó apenas hubieron entrado en la casa.

Sentados todos en el salón, Emma y Regina frente a Henry

«¿Qué ocurre?»

«A ver, cariño…queríamos hablar contigo de lo que ha pasado esta mañana…y de lo que pasa entre Regina y yo»

«Ok»

«¿Te acuerdas de cuando te dije que yo quería mucho a Regina, no?»

«Sí. Y que también os dabais besos»

«Sí, también. Pues…De hecho, Regina y yo…Bueno, ¿te acuerdas de aquella conversación que tuvimos sobre los bebés? Tú te preguntabas cómo se hacían y te dije que hacía falta un papá y una mamá que se amaran muy fuerte y que…durmieran juntos. ¿Te acuerdas?»

«Sí…»

«Bien, Regina y yo…también dormimos juntas…Además de darnos besos»

Un momento de silencio se instaló, las dos mujeres no se atrevían a hablar y Henry las escrutaba hasta que finalmente abrió la boca.

«Vosotras…¿dormís juntas?»

«Hm, hm»

«Pero, no podéis hacer bebés…» dijo él intentando comprender

«Euh, no, no podemos. En todo caso, no bilógicamente»

«Entonces, ¿por qué dormís juntas si no es para hacer bebés?»

«Euh…» Emma lanzó una ojeada a Regina como pidiéndole auxilio, pero la bella morena se retiró rápidamente

«Es su hijo, no el mío»

«¿Mamá?»

«Bueno…La mayor parte del tiempo cuando la gente duerme junta, no es para…solo tener hijos»

«Entonces, ¿por qué?»

«Por…placer. Porque las personas se aman y se lo demuestran con besos y gestos…y durmiendo juntas»

Henry estaba dubitativo, frunciendo el ceño.

«Entonces…¿tú y Regina os amáis tan fuerte que queréis demostráoslo?»

«Eso es»

«Y…¿por qué me lo contáis?»

«Porque…porque eres mi hijo, y como te he dicho, para mí cuentas más que nada. Quería saber lo que tú pensabas, si te daba algún problema o no…»

«Es raro dos mujeres juntas, ¿no?»

«No…es lo corriente, pero tú sabes que a mí me gustan las chicas, ¿no?»

«Sí, sí, lo sé»

«¿Y te suscita algún problema que veamos a menudo a Regina? ¿Qué vayamos a su casa y que ella venga a la nuestra alguna vez?»

«¿Podéis casaros?»

Las dos mujeres, sorprendidas, desorbitaron los ojos, se miraron antes de que Emma tomara otra vez la palabra.

«Bueno…Sí, podríamos. En fin, aún no estamos en eso, eh…De momento, estamos…solo estamos bien juntas, ¿sabes?»

«Sí, ya veo. Y estoy de acuerdo, quiero decir, por vosotras dos»

Emma, aliviada, le tendió sus brazos que él aceptó sin vacilar, y Regina se permitió un tierno gesto: acarició los cabellos del muchacho quien le ofreció una enorme sonrisa.

«Entonces, ¿vamos a pasar la Navidad aquí y juntos?»

«Sí, chico, aquí y juntos»

Cuando Henry ya estuvo acostado, Emma, con toda naturalidad, se encaminó a la habitación de Regina. Habitación en la que había dejado su bolsa, a los pies de la cama.

«¿Puedo?»

«Entre» Regina estaba sentada en el borde de la cama desvistiéndose mientras Emma abría su y lanzaba de tanto en tanto miradas curiosas hacia la bella morena.

«Deje de mirarme de esa manera»

«¿Cómo lo sabe?» dijo divertida

«Siento su mirada sobre mí. Por cierto, mi lado es el izquierdo»

«Ok, ok, ningún problema. Eh…mañana tengo que ir a hacer algunas compras»

«¿Compras?»

«Para Navidad…Aún no le he comprado nada a Henry, y no sé en absoluto lo que a usted le gustaría por Navidad»

«¿Por Navidad?»

«Claro, por Navidad. Henry ya tiene nuestros regalos…Estoy en la mierda»

«¿Nuestros regalos? ¿Henry tiene uno también para mí?»

«¡Evidentemente! Ya lo tenía cuando hace dos días le dije que veníamos»

«Ya veo…Yo también estoy atrasada»

«Sí, pero me gustaría que mi regalo fuera una sorpresa…no podemos ausentarnos las dos, y dejarlo solo. Habrá que alternarnos»

Regina se metió entre las sábanas, seguida de Emma…Una al lado de la otra, las cosas tomaron un rumbo algo extraño: ninguna se atrevía a moverse, hablar o si quiera respirar.

Y cuando Regina se giró dándole la espalda a Emma, esta última finalmente se atrevió a hacer un gesto y se pegó a su espalda.

«Es…es raro, ¿eh…?»

«Un poco, sí» Regina se tensó al sentir la mano de Emma en su cintura, y aún más sintiendo su respiración en su nuca «Hace tanto tiempo que no compartía mi cama y mis noches…»

«No tenemos que hacer el amor todas las noches. A mí con quedarme pegada a usted ya me vale. Y además, me duele la espalda…»

Regina se giró para mirar a Emma a la cara.

«¿Y eso?»

«Digamos que ayer no se anduvo con chiquitas» confirmó Emma

«Lo siento»

Emma se aproximó hasta besarla en la punta de la nariz.

«La próxima vez concédame un poco de suavidad, ok…Tener el control es genial, pero si el precio son mis lumbares…»

«Prometido»

«Buenas noches, Regina»

«Buenas noches, señorita Swan»

«Oh, sí, y esa cosa de señorita Swan, me gustaría que lo dejara. No es que no me excite, pero…Podría hacer un esfuerzo, ¿no? ¿Es tan feo mi nombre para que se niegue a pronunciarlo? Además, ahora que todo está claro entre nosotras y con Henry, ya no tiene ninguna excusa»

«…»

«¿Entonces?»

«¡De acuerdo, de acuerdo!» cedió, molesta, Regina «¡Buenas noches, Emma!»

Después, se dio rápidamente la vuelta, mientras Emma no podía disimular su sonrisa de satisfacción. Cerró los ojos, serena.