Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.
Capítulo 13. I´m Not Dead
There´s all these crack
Crack of sunlight
Crack in the mirror on your lips
It´s the moment of a sunset Friday
When our conversations twist
It´s the fifth day of ice on a new tattoo
But the ice should be on our heads
We only spun the wheel to catch ourselves
I´m Not Dead – Pink!
POV Dimitri
Era viernes, antes del día de la fiesta y aún estábamos en la oficina. Nos iríamos a los Hamptons justo después del trabajo. Lissa estaba extasiada por la fiesta mientras que yo no sabía qué esperar de eso y a Rose no parecía importarle con la llegada del matrimonio. En tres semanas estaríamos oficialmente casados y eso era todo de lo que ella hablaba.
En los últimos días la acompañé siempre que pude a las cuestiones relacionadas con el matrimonio: nos tomamos fotos para la materia, elegimos el destino de la luna de miel, la decoración para la boda, amueblamos el departamento y yo terminé conociéndola cada vez más.
Rose constantemente me ha llevado al borde de la locura en las más diversas situaciones, desde que despertamos juntos caímos en un callejón sin salida. No obstante, al tiempo que nos acercamos, nos alejamos enseguida.
¿Qué está haciendo esta mujer conmigo?
Rose simplemente me fascina, la manera como me hace reír, su peculiar forma de pensar, su belleza exuberante… cada detalle me enganchaba y me hacía desear más. Intentar alejarme de la morena parece una tarea imposible.
Al llegar a la empresa caminé directamente al ascensor, por suerte, esta vez no me encontré a Jesse Zeklos. Todavía me pregunto cómo un bastardo de marca mayor como ese puede ser primo de Iván.
Me apoyé en la pared esperando que el ascensor completara el recorrido hasta el vigésimo quinto piso. Con Iván fuimos compañeros de habitación en la Universidad y formamos una gran amistad. Siempre pasaba los días de fiesta con su familia, ya que no tenía oportunidad de visitar a la mía y él se negaba a dejarme solo.
Iván se graduó en Publicidad y actualmente trabaja en una agencia en Manhattan, lo que terminó dificultando un poco nuestra convivencia. Pero tan pronto supo la noticia, consiguió arreglar un espacio en su atareada agenda y no tardó en aceptar ser mi padrino.
– Buenos días, Señor Belikov – Mía me saludó al momento que las puertas se abrieron.
– Buenos días, Señorita Rinaldi ¿Rose ya llegó?
– Sí, ella ya llegó… – Me lanzó una mirada divertida. Una mirada que conocía bien.
¿Qué le dijo Rose?
Avancé a la oficina repasando en mi mente las últimas veinticuatro horas.
No he hecho nada para irritarla; no he interrumpido su sueño, por más difícil que sea; he estado en todos los compromisos que agendó esta semana…
¿Acaso adivinó que solo fingí leer las listas de bandas, buffets y decoradoras que me entregó y que solo estuve de acuerdo con su opinión?
Entré a la sala de Rose, frunciendo el ceño inmediatamente al encontrar dos grandes maletas al lado de su escritorio. Caminé hasta mi oficina que estaba con la puerta entreabierta, buscando a la morena.
Se encontraba sentada en mi silla, concentrada en un manuscrito, mordiéndose distraídamente el dedo índice. Me sentí inclinado a permanecer allí, observándola, pero la curiosidad me obligó a hacerme notar.
– ¿Huiste de casa? – Pregunté, recibiendo una mirada sorprendida a cambio.
– ¿Cómo? – Ella sonrió extrañada.
– Las maletas en tu sala – Expliqué acercándome – Si huiste de casa de tu padre, probablemente ocultarte en su editorial sea una pésima idea.
– ¿De qué estás hablando? – Inclinó el rostro en mi dirección, exhibiendo una expresión divertida cuando me detuve a su lado para espiar el tal documento – ¿No acordamos ir directo a la casa en los Hamptons? ¿Trajiste tu maleta, no?
– ¿Todo eso es para el fin de semana? – Solté sorprendido.
– Hace tiempo que no voy a la casa de mi padre. No sé lo que voy a necesitar ahí… – Se justificó.
– Lo resolvemos después – Respiré profundamente, decidiendo dejar el asunto de lado – ¿Qué es eso?
– Es un cuento que llegó ayer – Explicó – Lo separé para que lo leyeras, pero decidí darle un vistazo…
– ¿Y qué te parece? – Me incliné un poco para poder leer mejor el texto, apoyándome en el respaldo de la silla.
– El trabajo de un editor es aburrido – Ella me ofreció una sonrisa traviesa.
– ¿Estás haciendo mi trabajo? – Sonreí.
– Sí. Ya lo leí – Dijo.
– ¿Y eso es todo lo que hago, listilla? – Incité.
– No, tú se lo mandas a otro editor – Se regocijó levantándose.
– Entonces voy a editar este – La provoqué tomando el texto de su mano.
– Ok camarada, muéstrame lo que sabes hacer – Me guiñó, apoyándose del escritorio.
– Puedes tomar una silla – Le sugerí, eligiendo un bolígrafo negro.
– Quiero ver lo que haces – Negó.
– Puedes poner la silla a mi lado – Apunté. Comencé a leer el escrito de dos páginas mientras Rose tomaba la silla. Ella me observó atentamente al mismo tiempo que yo fruncía el ceño ante cada línea leída. Era un cuento de pésimo gusto – ¿Te gustó esto? – La miré confundido.
– En realidad, acababa de comenzar a leer – Admitió.
– Entonces hiciste mi trabajo incompleto – Sonreí.
– Está bien, me pillaste – Suspiró – ¿Pero ya has terminado de leer?
– Sí.
– ¿Cómo es eso posible? – Me miró sorprendida.
– Rose, hablamos de un cuento de dos páginas, no de una novela de quinientas.
– ¿Es muy malo? – Mordió su labio.
– Bastante – Admití extendiéndosela – Lee.
Esperé unos minutos hasta que Rose terminó de leer con una expresión confusa – Qué asco – Murmuró – ¿Qué vas a hacer para transformar esto en algo bueno?
– No puedo hacerlo – Expresé – O la persona puede escribir bien, o no. Lo máximo que hago es dejarlo comprensible para el público…
– ¿Cómo así? – Me lanzó una mirada intrigada.
– En algún lugar he leído que cuando escribes, estas contando una historia para ti mismo – Declaré – Cuando reescribes, lo más importante es cortar todo lo que no forma parte de la historia… eso es lo que hacemos los editores, ayudamos a los autores a percibir lo que no forma parte de su historia.
– ¿Y harás eso? – Me entregó el documento.
– Con este no – Lo metí de nuevo a su sobre – Este se puede devolver con una carta estándar de rechazo.
– Ok – Se levantó – Le dije a Mía que podía ir por su maleta en el horario del almuerzo, por lo cual es probable que le llevé un poco de tiempo volver…
– No hay problema.
– ¿Estás bien? – Me observó – Pareces cansado…
– Estoy muy bien – Le aseguré, a pesar de saber que mi apariencia posiblemente era pésima gracias a las últimas noches mal dormidas.
– Resolveré esto – Alzó el sobre – ¿Necesitas algo más?
– No, gracias.
– ¿Hablaste con tu amigo? – Preguntó antes de salir – ¿Le diste la dirección de la casa?
– Sí, él nos encontrará allí por la noche – Le informé.
Lissa inventó que esta sería una confraternización pre-matrimonial para que Rose se animara más con la idea. Luego la morena decidió que deberíamos invitar a Iván a participar.
– Finalmente voy a conocer un amigo tuyo – Sonrió antes de salir – No veo la hora.
Estuve ocupado adelantando trabajo lo máximo que pude para que pudiéramos salir tranquilamente; la próxima edición de la revista saldría el martes y no quería problemas. Terminé saltándome el almuerzo para conseguir dejar todo encaminado y salir un poco más temprano.
– Hey camarada, ¿estás listo? – Rose apareció en mi oficina al final de la jornada – Quiero llegar antes de la puesta de sol…
– Vamos – Sonreí ante el entusiasmo de la chica.
– Tendrás que ayudarme con las maletas – Tarareó.
– Me lo imaginé – Rodé los ojos – No sé cómo conseguiste traer todo esto…
– Encontré una serie de hombres gentiles que no dudaron en ayudarme – Ella sonrió de forma inocente.
– Rose, ¿coqueteaste con alguien para que trajeran tus maletas? – Provoqué.
– Lo haces parecer algo horrible – Se defendió, mientras yo cargaba las dos maletas hacia el ascensor.
– ¿No tienes vergüenza por aprovecharte de tus cualidades de esa forma? – Reí.
– Hey, no me culpes… ellos se alegraron de ayudarme… – Me guiñó.
– Manipuladora – Bromeé.
– Uso lo que tengo… – Aseguró.
– ¿Y no sientes vergüenza al admitirlo? – La miré con diversión.
– De ninguna manera – Sonrió entrado al elevador.
– Eso no te ayudará cuando pierdas tu belleza – Me acerqué.
– Tú no verás cuando eso suceda – Se rio.
– ¿Entonces, sueles usar tu belleza para conseguir lo que quieres? – La observé.
– ¿Funcionaría contigo? – Me dio una mirada inocente, disparando mi corazón.
– ¿Conmigo? No me manipularías tan fácil así… – Reí nerviosamente antes de desviar la mirada.
¿Qué está haciendo?
– ¿No me crees bonita? – Mordió su labio inferior.
– Tú sabes que eres hermosa – Respiré profundamente tratando de calmar mi mente – No necesito decírtelo.
– Si mi belleza no funciona contigo, estaría obligada a usar mi adorable personalidad – Me lanzó una mirada satisfecha.
– ¿Adorable personalidad? – Reí – Rose, ¿saliste a beber con Mía durante el almuerzo?
– ¡Mía! – Exclamó, rompiendo aquel clima que nos envolvía – Se irá con nosotros, ¡me había olvidado de ella!
– Ve a llamarla – Dije cuando las puertas se abrieron – Iré a guardar tus maletas. Volvió a subir buscando en su móvil, mientras yo iba al coche. Guardé el equipaje esperando a que ella regresara. Después de unos minutos vi la puerta del ascensor abrirse y a las dos arrastrando la maleta de Mía, que no era menor a la de Rose, pero al menos es solo una. Fui a su encuentro, encargándome de la maleta a la vez que ambas se acomodaban en el auto.
Espero que este fin de semana no traiga ninguna sorpresa.
Para decepción de Rose no pudimos llegar a la playa antes de la puesta del sol, ya que eran casi las siete cuando llegamos a la casa. Mía la observó con expresión espantada mientras rodeábamos para llegar al garaje. Era una hermosa propiedad. Sin embargo, tratándose de los Mazur, esperaba algo más extravagante.
– Mi madre eligió la casa cuando yo tenía un año – Rose comentó como si hubiera leído mi mente – Ella dice que me gustaba mucho pasar los fines de semana aquí; está lo suficientemente cerca de la playa…
– Es linda – Mía balbuceó al aparcar.
– Me encanta venir aquí – Rose afirmó.
– ¿Antes de que tu padre te lo prohibiera? – Provoqué antes de salir del auto.
– Cállate – Rodó los ojos, saltando hacia afuera – Lissa ya llegó, iré a pedirle a Chris que deje de ser un inútil y venga a ayudarte con las maletas.
– Yo llevo la mía, Señor Belikov – Mía dijo tímidamente al quedarse sola conmigo.
– No necesitas llamarme Señor Belikov aquí – Fruncí el ceño – Puedes llamarme Dimitri y yo llevaré tu maleta…
– Gracias, Dimitri – Sonrió sin saber exactamente qué hacer.
– Puedes subir – Indiqué la escalera por donde Rose había desaparecido.
Christian salió junto con André, ayudándome a cargar las maletas. André pronto se interesó por conocer a Mía, encargándose personalmente de llevar la maleta de la chica hasta un cuarto vacante, dejándome con Christian.
– ¿No planea volver a la ciudad hasta el matrimonio? – Preguntó al ver el equipaje de Rose.
– Creo que se está mudando oficialmente – Murmuré cerrando el maletero.
– Probablemente vivirá con Lissa – Rodó los ojos – Ella hizo lo mismo.
– ¿Dónde está? – Imité su ademán, subiendo las escaleras.
– En la cocina – Indicó la zona. Dejé las maletas en una esquina y caminé hasta ahí.
Rose cerraba uno de los armarios sacando un paquete de galletas de chocolate, mientras Lissa se ocupaba de una olla en la estufa, sonriendo al verme.
– Hola Dimitri.
– Hey, camarada – Rose avanzó hasta donde yo estaba, poniendo una galleta en mi boca – ¿Vamos a la habitación?
– ¿No puedes esperar un poco antes de atacar al pobre hombre? – Christian incitó – Parece estar cansado.
– Tú tienes menos energía que él y aun así conseguiste hacer algo con Liss, así que creo que no va a ser un problema para él – Rose respondió.
– ¡Rose! ¡No tenías que hablar de lo que te conté! – Lissa exclamó.
– ¿Cómo pudiste haberle contado algo a ella? – Christian le reclamó – ¡He salido por cinco minutos!
– Vamos camarada – Rose se burló. Era obvio que ya se había acostumbrado a las insinuaciones que Christian generalmente acaba haciendo de nosotros y ha respondido a la altura, nunca voy a poder entender la guerra que hay entre ellos.
Cargué las maletas hasta una habitación al final del pasillo. No era tan grande como la que tiene en casa de su padre, aunque considerablemente menor, parecía agradable.
Creo que de nuevo vamos a terminar durmiendo en la misma cama, solo espero que sea una situación más tranquila esta vez.
– ¿Has traído tu pijama, camarada? – Cuestionó.
– Sí, Rose… – Suspiré.
– Christian y Lissa están cocinando – Comentó, arrastrando las maletas a un armario – ¿Tu amigo tardará en llegar?
– No – Respondí verificando el último mensaje en el celular – Llegará pronto ¿Te importa si tomo un baño antes de la cena?
– Siéntete como en casa, camarada – Ella se encogió de hombros antes de salir. Entré al baño, tomando una ducha rápida antes de unirme a los demás y tratando de librarme del cansancio del viaje.
Fui en busca de Rose, pero no llegué muy lejos antes de casi chocar con Ivashkov, que iba saliendo de una de las habitaciones.
– Belikov – Me dio una sonrisa sarcástica – Qué sorpresa encontrarte aquí…
– ¿Qué haces aquí? – Respiré profundamente.
Rose no me avisó que vendría.
– ¿En este momento? Pensando en invitar a Rose a la piscina – Provocó.
– Rose no está interesada – Reñí.
Voy a terminar matando aquí a este maldito.
– No creo que sea así – Se encogió de hombros – Para alguien que no está interesada, ella me envía muchos signos contradictorios.
– Puedes imaginar las señales que desees, Ivashkov – Traté de calmarme – No cambia el hecho de que ella se casará conmigo.
– ¿No? ¿Estás seguro? – Guiñó – Voy a estar en todo lugar Belikov, esperando un error tuyo… y si piensas que las señales son fruto de mi imaginación, puedes observar y sacar tus propias conclusiones.
– Deberías tener cuidado con lo que dices, Ivashkov – Amenacé.
– ¿Por qué? ¿No querrás que los Mazur piensen que eres un tipo violento, o sí? – Exhibió una sonrisa victoriosa – Estoy seguro de que Abe no dejaría a su princesita cerca de un tipo así.
El sonido del timbre nos interrumpió antes de que pudiera responderle. Iván debe haber llegado, me dirigí a la sala tratando de recuperar la calma.
– Entonces, ¿me estás diciendo que serás el padrino de mi boda? – Oí la voz de Rose tan pronto como llegué al recibidor, estaba todavía en la puerta, al lado de Mía.
– Si eres Rosemarie Mazur, sí… seré el padrino de tu boda.
– ¿De verdad? – Ella cuestionó sorprendida.
– Iván – Lo saludé atrayendo la atención de las chicas.
– Hey camarada – Rose sonrió – Tú nunca me hablaste de Iván…
– ¿Cómo no? – Fruncí el ceño – Te dije que lo había invitado a ser nuestro padrino ¿Por qué no ha entrado todavía?
– Lo siento – Mía sonrió – Fue un error nuestro… pasa, te mostraré la casa…
– ¿Le mostrarás la casa? – Rose exclamó – ¡No conoces la casa!
– Es mejor estacionar el coche primero – Sugerí.
Mía pronto se ofreció a enseñarle dónde quedaba el garaje mientras yo salía con Rose al balcón, a observar el patio trasero a la luz de la luna. Definitivamente era una casa hermosa.
– No me dijiste que tu padrino era tan guapo – Soltó.
– ¿Cómo?
– ¿Qué, me vas a decir que nunca has notado lo atractivo que es? – Ella se burló.
– Rose, si estuviera interesado en fijarme en eso, no me casaría contigo – Rodé los ojos.
¡Era solo lo que faltaba!
– Somos amigos, ¿no? – Me lanzó una mirada traviesa.
– ¿Qué es lo que quieres? – La miré.
– ¿Qué oportunidad hay de que me pases el teléfono de tu padrino? – Me guiñó.
– ¿Perdiste el juicio? – Exclamé.
– ¿Qué? Esperaré hasta que nos divorciemos – Se defendió.
– Él es el padrino de nuestra boda, Rose – Respiré profundamente.
– Lo haces parecer una pésima idea – Se rio ¿Realmente está hablando en serio? – Si tuviera una amiga agradable, yo te presentaría…
– Tienes que estar jugando – Murmuré enojado.
¡Ya es malo tener a Ivashkov todo el tiempo encima de ella y ahora Iván!
– En realidad, lo estoy – Provocó.
– No deberías hacer eso – Exhalé intentando calmarme. Rose traía un humor excelente, no quería arruinar eso.
– Después de la boda probablemente consiga mantener el contacto con él – Se encogió de hombros – No voy a necesitar depender de ti.
– Rose – Enojado, me volví en su dirección.
– Fue una broma – Se carcajeó – Estamos en la playa ¿Por qué estás tan serio?
– Probablemente porque me voy a casar con una lunática – Me volví, apoyándome en el pasamanos del balcón.
– Eso no fue muy gentil – Se quejó de mí.
– En este momento no me importan mucho las gentilezas – Volví los ojos.
– Deberían – Murmuró – Estamos en un lugar hermoso, entre amigos… no deberías estar malhumorado.
– No lo estoy…
– Me pregunto si ese mal humor tiene algún motivo en especial – Tarareó – ¿Todo esto es porque pienso que tu amigo es atractivo?
– No.
– Tienes celos – Continuó provocándome…
– No son celos – Me volví a ella – Ya te dije que no siento celos de ti.
– ¿Qué es entonces? – Me miró un poco desconcertada – No estabas enojado antes de tomar el baño…
– No has entendido lo que está en juego aquí – Alejé la mirada. No quería acabar con su buen humor, pero no podía con ella si seguía actuando como si no estuviera sucediendo nada.
– ¿Qué es lo que no entendí exactamente, Dimitri? – Cruzó los brazos, observándome.
– Estás jugando con todo… ¡yo puedo ser deportado y tú apresada si descubren lo que estamos haciendo!
– ¿Ese es el problema? – Me dio una mirada herida – ¿Tienes miedo de volver a Rusia?
– Rose…
– ¿Estás seguro de que ese es realmente el problema? – Observó a Adrian que caminaba por la sala.
– No me dijiste que él estaría aquí – Murmuré.
– Nosotros ya tuvimos esa conversación – Rodó los ojos.
– Y no vamos a tenerla otra vez – Decidí cerrar eso de una vez por todas, no llegaríamos a ninguna parte.
– ¿Qué diablos?, ya te dije que no tienes que preocuparte por él… – Exclamó.
Un sonido proveniente de la puerta que da al comedor nos interrumpió, Christian estaba parado ahí, luciendo sin gracia – Lissa me pidió que los llamara a cenar – Dijo – Ella está conociendo a tu amigo.
– Vamos – Rumoreé entrando a la casa.
Intenté mejorar mi humor durante la cena; Iván contó algunas historias sobre nuestra época de Universidad y después todos decidieron ver una película en la televisión.
Me sentía completamente exhausto mientras trataba de ver la película ¡Realmente necesito dormir! Parte de mi mal humor se había dispersado totalmente.
Rose tiene razón, necesito relajarme. No puedo dejar que Ivashkov me afecte tanto…
Percibí la mirada constante de la morena sobre mí durante todo ese período, ¿será que está enojada conmigo?
– Camarada – Ella se estiró – Tengo sueño, ¿nos vamos a la cama?
– Rose, estamos a mitad de la película – Lissa se quejó.
– Y nosotros trabajamos todo el día – Se levantó sosteniendo mi mano – Estamos cansados, ¿no es así, Dimitri?
– Claro – La seguí.
– Les creo mucho que van a dormir – Mía tarareó.
– Sé silenciosa, Rose – Christian la provocó. Rose se limitó a levantarles el dedo medio mientras me llevaba a la habitación.
– No pareces querer dormir – Comencé al cerrar la puerta.
– Y no quiero – Declaró – Pero tú te ves pésimo…
– No era necesario que vinieras – La observé – Si quieres volver…
– Voy a bañarme – Me interrumpió – Necesitas descansar, camarada…
– Rose – Sostuve su mano, impidiéndole que siguiera hacia el baño.
– ¿Qué pasó? – Mordió su labio inferior antes de mirarme a los ojos.
– Lamento mucho lo de antes – Suspiré soltándola – Estabas en lo correcto, estoy de mal humor…
– Está bien – Se encogió – Adrian generalmente tiene ese efecto en las personas… tendrías que haber visto cómo era antes de que Chris le pidiera matrimonio a Lissa, cada semana era una nueva pelea entre los dos. Una vez Christian intentó quemarlo con un soplete…
– ¿Qué?
– Te he dicho que está loco – Me guiñó – Solo tienes que dormir un poco, camarada.
– Gracias por la paciencia – Le agradecí.
– Recuerda esto cuando decidas irritarte – Bromeó rumbo al baño.
Me puse la pijama y arreglé la cama para acostarme, esperando a que Rose saliera del baño. Tardó menos de lo que esperaba, también con su pijama puesta. Fui al baño a cepillarme los dientes y cuando volvía a la habitación, la encontré haciendo un muro de almohadas en medio de la cama.
– ¿Qué es eso? – Pregunté de mi lado.
– Es solo para prevenir, ya sabes… – Habló sin gracia.
– ¿Lo crees necesario? – Me acomodé en la cama.
– La última vez no se nos dio muy bien – Comentó acostándose también – Cualquier cosa para que despiertes vestido…
– Hoy te daría trabajo quitarme la ropa – Provoqué.
– Sigo afirmando que no fui yo… – Se rio – Sabes, creo… – Eso terminó siendo la última cosa que oí antes de que un sueño pesado me envolviera. Un sueño sin sueños que fue interrumpido hasta la mañana siguiente.
Sentí un pequeño peso sobre mi pecho y aún con los ojos cerrados rodeé a Rose en un abrazo, respirando profundamente al sentir su cuerpo anidado al mío.
– ¿Qué pasó con las almohadas? – Escuché su voz somnolienta.
– No sé – Suspiré sin querer moverme.
– ¿Es extraño estar cómoda aquí y no querer levantarse? – Cuestionó en medio de un bostezo; finalmente me hizo abrir los ojos. La observé acostada sobre mi pecho con los ojos cerrados, aquella era una imagen sensacional. Su cabello estaba levemente despeinado y tenía esa expresión serena que ya había observado antes mientras dormía ¡Es hermosa! Rose abrió los ojos inclinando su cara hacia mí, llevé mi mano libre hasta su rosto, quitando algunos rizos delante de sus ojos – Buenos días – Sonrió.
– Buen día.
Se sentó en la cama para estirarse, atrayendo inmediatamente mi mirada. Corrí mis ojos por su cuerpo perfectamente esculpido, cubierto solo por una pequeña pijama de seda.
¿Cómo puede ser tan hermosa?
– Espero que tu mal humor haya pasado – Se levantó al mismo tiempo que yo me sentaba y veía las almohadas repartidas por el suelo.
¿Cómo sucedió esto?
– Definitivamente mejoró – Le ofrecí una sonrisa.
– A partir de ahora recordaré siempre hacerte dormir cuando estés siendo un aburrido – Se burló.
Me cambié, cepillé mis dientes y bajé a la cocina; ya pasaba de las diez de la mañana. Mía inspeccionaba un armario buscando algo para comer y por el ruido, el resto se encontraba en la piscina.
– Buenos días – Ella sonrió – Lissa se preguntaba si ustedes se levantarían hoy.
– Tuvimos un día pesado ayer – Respondí sin gracia.
– Iván estaba buscándote – Comentó – Todos están aprovechando la piscina.
– Alguien dígame que no nos hemos quedado sin comida – Rose dijo al entrar a la cocina. Usaba un short y una camisa de mezclilla que estaba atada, mostrando parte de su abdomen.
– Deberías calzar algo – Comenté al notar sus pies descalzos.
– Después de comer – Tarareó abriendo la nevera – Podrías hacer algo para mí.
– ¿Podría? – Crucé los brazos, mirándola con diversión.
– ¿Por favor? – Se acercó con una sonrisa inocente en la cara.
– Ok – Mía exclamó – Saldré de aquí antes de que comiencen a liarse.
– ¿Quieres huevo y tocino? – Le ofrecí a la vez que Mía salió.
– ¿Terminaste con las recetas rusas, camarada? – Expresó.
– Quizás mañana – Le garanticé – Pero hoy, tienes la opción de huevos y tocino.
– Nunca niego la comida – Sonrió.
Al final, Rose terminó ayudándome, ella freía el tocino mientras yo cuidaba los huevos revueltos. Nos tomamos el café con calma, antes de unirnos a los demás en la piscina.
Rose pronto se quitó la ropa, quedando solo con el bikini blanco que llevaba debajo. Una vez más me atrapó el pensamiento de que ella sería mi esposa. Definitivamente soy un tipo con suerte. Por más que nada suceda entre nosotros, tener una mujer como ella a mi lado es el mayor privilegio que podría tener.
Pasó buena parte de la mañana bronceándose al borde de la piscina junto con Lissa, mientras Christian, Iván y yo conversábamos sobre las ceremonias, Adrian aún dormía y André se encontraba sentado en un banco conversando con Mía. Christian sería mi otro padrino y por la proximidad de su propio matrimonio terminamos cuidando de las cosas juntos, no es que las chicas nos dejen mucho por hacer.
– ¿Qué hacen? – Rose se acercó. Noté a Iván evaluar discretamente a la morena antes de desviar la mirada. Ella nunca pasará desapercibida.
– ¿Cómo se conocieron? – Iván preguntó, tomando un trago de cerveza.
– Soy su asistente – Rose se sentó en el espacio libre de mi tumbona, inmediatamente pasé el brazo a su alrededor, descansando mi mano en su muslo desnudo.
– ¿Asistente? – Él nos observó – Parece ser interesante.
– Mucho, hizo de mi vida un infierno durante meses y yo me enamoré – Rose ironizó.
– Parece haber salido bien – Se rio. El toque de mi celular llamó mi atención, era uno de los editores de la Book Review, eso no debería ser bueno.
Me retiré para atender y al final sucedieron algunos imprevistos con la edición del martes y yo tenía que encontrar una solución. Acabé encerrándome en la habitación mientras todos se divertían en el exterior.
Después de pasar gran parte de la tarde al teléfono y en el portátil tratando de resolver problemas que surgieron en el trabajo, salí de la habitación para volver con el resto. Christian, Lissa e Iván charlaban en el balcón, André había llevado a Mía a conocer la playa durante la tarde y aún no habían regresado y Rose aparentemente se encontraba viendo TV en la sala del piso inferior.
Decidí caminar por el patio para encontrarla, consiguiendo oír su voz tan pronto como llegué al borde de la escalera.
– ¿Qué estás haciendo?
¿Con quién está hablando?
– ¿Qué? Siempre te han gustado mis masajes… ¿me lo vas a negar ahora? – Respondió Ivashkov, haciendo mi sangre hervir.
¿Qué está sucediendo ahí?
– Me voy a casar, Adrian – Rose le recordó. Yo descendía la escalera con cuidado para no hacer ruido.
– ¿Te impide recibir un masaje de un amigo?
– Un amigo no necesitaría besar mi hombro para hacerme un masaje – La voz de Rose se volvió más fuerte.
– Nunca te quejaste antes – Él apuntó.
Llegué al final de la escalera, parando frente a la puerta de cristal que estaba abierta. Rose tenía los ojos cerrados, estaba sentada de espaldas a Adrian y de frente a mí. Él masajeaba sus hombros y susurraba algo a su oído.
Esto es por lo que no tengo de qué preocuparme por él…
– Hey, no deberías decirme algo así, yo voy a… – Rose abrió los ojos, alejándose sutilmente antes de percibirme allí.
– ¿Casarte? – Pregunté enojado.
– Dimitri – Ella se levantó de un salto – No sabía que ya habías terminado.
– Me di cuenta – Murmuré, girando para volver a subir.
– Hey, espera – Rose me siguió.
– Dijiste que no tenías nada con él – Furioso, me volví a media escalera – Te pregunté mil veces.
– Y no lo tengo, Dimitri espera – Llamó cuando volví a subir, atrayendo la atención de los que estaban en el balcón.
– Pero qué… – Lissa comenzó antes de ser silenciada por una mirada de Christian.
– Dimitri… – Rose me tomó del brazo cuando finalmente llegué a la sala – ¿Hablemos de esto?
– ¿Hablar? – Ironicé – Terminé de conversar, Rose…
– ¿Qué quiere decir eso? – Abrió los ojos.
– ¡Quiere decir que estoy fuera! – Exclamé camino a la habitación, dejando a Rose congelada a media sala.
Para mí termina esta locura, ¡prefiero volver a Rusia y mantener mi cordura intacta!
Iniciando el 2018 y comienzan los problemas… ¡cómo te odio, Adrian! ¿Alguien más piensa lo mismo?
Pobre Dimitri, muriéndose de celos y negándoselo hasta a él mismo y Rose, cómo pudo cometer semejante burrada… ¡uff! las cosas no lucen nada bien para nuestra pareja favorita.
Espero que les haya gustado el capítulo, aunque el final no sea muy prometedor.
Gracias por leer, seguir y comentar.
Besos, Isy.
Nota: intentaré publicar lo más seguido posible, pero no será fácil, puesto que es muy probable que me mude de ciudad por cuestiones de trabajo. Se los confirmaré en estos días, en la siguiente actualización.
Gracias por su paciencia de oro.
