COMPLICADO AMOR
Capitulo 14
"En el Árbol Sagrado"
El sol se asomaba perezoso entre las lejanas montañas que se veían en el horizonte cuando nuestros jóvenes viajeros emprendieron el que sería su última jornada juntos; los rayos dorados del disco solar empezaban a ahuyentar el azul oscuro de la noche, que se despedía dejando brillar aún algunas estrellas que parecían guiñarles los ojos al parpadear su blanca luz; y a pesar de lo hermoso del paisaje, a nadie parecía importarle, pues caminaban sin fijarse en nada que no fuera el camino que debían recorrer; parecían seguir una idea mas que un destino, y no reparaban en lo que sucedía a su alrededor… no notaban que el cielo se cubría cada vez más de nubes, ni en las formas que éstas adoptaban; no se daban cuenta de que algunas luciérnagas bailaban en la semioscuridad, entre los arbustos y como si eso no fuera ya bastante, tampoco notaron que alguien los seguía.
Inuyasha nuevamente se había ofrecido a llevar el hiraikotsu de Sango, quien no había podido oponerse después que Inuyasha se los arrebatara; caminaba distante, aunque en realidad todos lo hacían. Inuyasha a la cabeza del grupo, caminaba con paso decidido sin decir ni una palabra, un poco más atrás, Ahome le seguía aunque no le habló en ningún momento, Shipo caminaba desanimado frotándose los parpados, esto en un intento por alejar el sueño, que lo seguía desde que se había levantado de su cama. Curiosamente eran Miroku y Sango quienes caminaban al final del grupo, y a quienes los separaba menor distancia física, aunque emocionalmente fuera lo contrario; si hubieran querido podrían haberse visto de reojo, pero no había nada que les importara menos que el recordar la existencia de quien caminaba a su lado, y aunque eso ya no era extraño en la rutina de la exterminadora, para Miroku, quien apenas un día antes había mantenido la esperanza de reconstruir lo que había deshecho en un instante, resultaba inquietante, y es que lo que Inuyasha le dijera la noche anterior lo había hacho cambiar de perspectiva.
Mientras seguía a los demás por aquel camino que lo guiar al final de su aventura, Miroku comenzó a divagar. Le venía a la memoria claramente aquel momento en que se encontraba sentado frente a la cabaña, aún sin poder reaccionar luego de ver a Sango e Inuyasha llegar juntos. Lo que entonces pasara por su mente no lo recordaba, pero sí tenia muy presente el murmullo de sus voces dentro de la cabaña, hablaban poco y quedo, y por mas que tratara de agudizar su oído, no distinguía lo que decían. De pronto había escuchado sonidos y pasos. El silencio lo volvió a envolver y un suspiro había escapado de sus labios… Y luego aquel momento… El maldito momento en el que Inuyasha saliera de la cabaña y se parara a su lado.
-¿Qué hay, Miroku? –le había preguntado con voz indiferente a la vez que lo observaba con mirada perspicaz.
Pero el no había respondido, jamás fingiría cordialidad con quien se había atrevido a robarle algo tan preciado.
-¿Sabes? –continuó, ésta vez hablando con la voz más seria que Miroku le había escuchado usar jamás-, hace un momento, antes de bajar del templo, besé a Sango.
En cuando vino a su memoria aquella imagen y esas palabras apretó los puños y alzó la mirada para mirar con rabia apenas por un momento la espalda de Inuyasha. Aun seguía lamentándose de su reacción inmediata; se había quedado en blanco, sin siquiera terminar de asimilar las palabras que el mitad bestia había pronunciado. De repente había sentido como un desagradable impulso lo había obligado a levantarse, decidido a enfrentar a Inuyasha de frente.
-Bien, ¿Y se puede saber por qué me lo haces saber? –le había preguntado con una voz tan agria como la bilis que derramaba su hígado.
-Por que quiero que la dejes en paz de una buena vez
-Tú no eres su dueño, y un beso no te da derecho sobre ella
-A ti tampoco. Y menos aún, beso robado.
Aquellas palabras resonaron en su cabeza mas fuerte que cuando fueran pronunciadas, por que era verdad; y volvió sentir el mismo deseo de golpearlo que le había inspirado entonces.
-Creo que ella es quien debería decidir eso –había respondido en un intento de justificar su respuesta, pero la respuesta a su propia afirmación la sabia de sobra, y no era satisfactoria para él, pero Inuyasha no había tardado en hacérselo notar
-Después de todo lo que has hecho no creo que la balanza se incline a tu favor.
-¿Insinúas que pretendes competir contra mi por Sango? –Preguntó fingiendo incredulidad que más bien era certeza- ¿que acaso ya no amas a la señorita Ahome?
-Yo no insinúo nada, ni pretendo competir, simplemente digo que es Sango quien ya no se interesa por ti
-Eso es lo que tu esperas… pero eso esta por verse.
Aquello era lo que había dicho. Y después de hacerlo había entrado a la cabaña, dejando a Inuyasha solo en el umbral de la puerta, de forma que daba por concluida aquella conversación pero la verdad es que en sus palabras no había vertido ni un poco de convicción y solo había tratado de salvar un poco su dignidad, más temía, y casi creía estar seguro que esa batalla esta perdida antes de empezar. Era por eso no quería ver a Sango y también era por eso que ya no veía luz en su futuro…
Para Miroku era difícil volver a la realidad y mirar hacía delante, luego de los sucesos recientes le costaba definir lo que sería de él y el futuro que meticulosamente había planeado, pues ahora no solo no tenía compañera de vida, si no que, por primera vez en su vida, tampoco tenía ganas de buscarse una.
El sol no tardó en descubrirse de entre las montañas, su resplandor les golpeaba una parte del rostro y a cada paso que daban su luz se hacía mas intensa y sus rayos golpeaban sus caras con más fuerza, la fresca brisa contrarrestaba la fuerza de los rayos solares, refrescando los rostros de nuestros viajeros permitiéndoles soportar de buen grado el clima matutino… Aquel era un hermoso día soleado que nadie parecía disfrutar, ni siquiera el pequeño Shiipo, quien estaba molesto por que se le había escapado una lagartija que llevaba varios minutos persiguiendo, y parecía increíble a pesar de todas las cosas que habían pasado juntos, ese ultimo día de jornada juntos, no tuvieran nada que decirse.
Caminaron indiferentes a los pensamientos ajenos, ensimismados y apáticos, sin percatarse que desde la noche anterior una presencia los había estado observando, pues aquella luz que Inuyasha viera al subir al templo y la cual había confundido con luna no era un astro celeste, si no la luz que irradiaban las serpientes cazadoras de la sacerdotisa Kikyo.
Kikyo quien hacía apenas unas noches había encomendado a Sango la entrega de un mensaje, había esperado la llegada de Inuyasha hasta ella, pero el mitad bestia nunca apareció. Espero un día completo con la vaga certeza de su llegada y otro más, y medio día más, pero fue en vano. Fue en aquel punto cuando se dio cuenta de que su mensaje nunca había sido escuchado, pues de lo contrario Inuyasha hubiese acudido a ella en el instante. Esa exterminadora estúpida seguramente creía que no se daría de nada, pero Kikyo pensaba cumplir su palabra, si Sango no llevaba el mensaje a su destino, entonces sería ella quien se lo dijera cara a cara a Inuyasha, lo que implicaría hacer frete a lo que había tratado de evitar pues un enfrentamiento con Ahome podría hacer dudar a Inuyasha al tomar la resolución final. Era justo por eso por lo que había sido cautelosa y no se había mostrado en cuanto los encontró; como cuando se ocultó en el templo de aquella desolada aldea al notar que alguien subía por las escaleras de piedra; sin embargo, cuando se dio cuenta de que quien subía era Inuyasha pensó que ese era el momento ideal de hacerle saber la verdad, de reclamar lo que le pertenecía, pero cometió el estúpido error de contemplarlo antes, y al verlo de lejos se quedo inmóvil y se quedo parada observándolo en silencio, parecía enojado y gesticulaba sin cesar, incluso había sonreído cuando Inuyasha se subió a un árbol, aquel acto tan típico de él cuando enfurecía o quería estar solo. A causa de ese momento de flaqueza fue que no había hablado con él, pues justo cuando se decidió a acercarse, otros pasos sonaron en las escaleras del templo, frustrando nuevamente su cometido. Aún así la sacerdotisa no pensaba dejar las pasar otra oportunidad, y permanecería observando hasta encontrarla, lo que temía era que a cada paso que daban se acercaban a la aldea de Kaede, y si ella percibía su presencia lo arruinaría todo.
Oculta tras los árboles y arbustos que rodeaban el camino, Kikyo seguía de lejos a Inuyasha y Ahome, los seguía con mirada atenta y al hacerlo, descubrió con asombro que caminaban distantes del no del otro, no se hablaban y ni siquiera se dirigían una mirada. Extrañada por estos comportamientos, apresuró el paso hasta alcanzar un punto en el podía observar claramente el rostro de ambos, al ver sus semblantes no pudo más que quedar pasmada por un instante; el rostro de Inuyasha estaba contraído en una mueca de dolorosa reflexión, mientras que el d Ahome evidenciaba una tristeza melancólica que la sacerdotisa recosió al instante, pues ella misma solía tener esa expresión constantemente. Se preguntó a que se debería esa innegable lejanía ente su amado y su reencarnación, ¿que era lo que ocurría? Al principio solo pudo imaginar que se debía al mutuo sentimiento de nostalgia por su pronta separación, pero aquello lo descarto casi inmediatamente, pues si algo sabía Kikyo sobre Ahome era que ella no era de las que se sentaba a llorar por circunstancias así; y que si el final se acercaba ella siempre trataba de aprovecharlo al máximo… Entonces, si no era eso, ¿Qué los mantenía distantes? Continuó con la vista fija en ellos y consideró la posibilidad de que la exterminadora sí había hablado con Inuyasha acerca de su mensaje, pero recostaba creer que Inuyasha la hubiese dejado en segundo plano por acompañar a sus compañeros a la aldea de Kaede, en especial cuando ya no tenían nada que hacer allí, pues la piedra de Shikon ya había sido destruida y no era necesaria la protección de una sacerdotisa. Con la duda injerta en su cabeza Kikyo los continuó siguiendo, sin dejar de observar alternadamente los rostros de Inuyasha y Ahome, tratando de entender; y cada vez que veía los ojos tristes de Ahome reconocía en ellos un dolor y sentimientos propios, como si pudiera rozar levemente la razón de su dolor, sin alcanzar a descubrir que era la mirada de quien sufre por amor.
Era poco después de medio día cuando divisaron por fin la aldea de la anciana Kaede. Todos tenían puestos los ojos en las lejanas cabañas bañadas en el sol de la tarde; las personas, quienes lucían pequeñas desde donde ellos de encontraban, caminaban tranquilas de un lado otro, continuando con aquella vida tranquila llena de trabajo y sencilla alegría que estaban acostumbrados a vivir, mientras tanto, cada uno de nuestros viajeros los observaban de manera distinta, cada uno pendiente de su propio futuro, pues cada uno sabía en su corazón que la llegada a aquella aldea representaba simplemente, el punto de reunión de la despedida, donde cada quien elegiría su camino.
El viaje llegaba a su fin.
Mientras caminaban cuesta abajo Ahome pesaba en el futuro que le aguardaba, en el destino que les esperaba a sus amigos y en la esperanza que ahora le resultaba lejana. Le parecía increíble que después de todo, cada quien había cumplido algún propósito, menos ella; el pequeño Shipo había podido vengar a sus padres, aunque fuera solo figuradamente, pues al final había terminado haciendo amistad con la pequeña de los hermanos Trueno; con la destrucción de Naraku Miroku había conseguido deshacerse de la maldición de su mano, dejando su agujero negro solo como un mal recuerdo; por su parte, Sango, aunque no había podido salvar a Kohaku de la muerte, cuando menos había podido liberarlo de las garras de Naraku y al final había vengado la muerte de su familia y amigos; por otro lado, Inuyasha había decidido que no quería volverse un monstruo por completo y que tampoco deseaba pertenecer a los humanos, prefiriendo ser lo que era en realidad, un mitad bestia. Y al final estaba ella, quien no habían conseguido nada de todas aquellas aventuras, ahora solo le quedaba volver a su época y fingir que nada de aquello había ocurrido. Buscó con la mirada aquel árbol sagrado donde viera por primera vez a Inuyasha, pero estaban ya tan cerca de la aldea que no podía distinguirlo entre todos los árboles que se alzaban tras las cabañas.
Caminaron por aquel sendero rodeado de plantaciones de arroz que les era tan familiar, aquel que habían cruzado tantas veces y que parecía no haber cambiado en nada, los campesinos empezaban a pasar a sus lados con sus carretas de madera y la leña en la espalda. Por fin habían entrado en la aldea. La gente los reconocía la pasar, algunos incluso los saludaban entusiastas, pero nuestros viajeros apenas si respondían desganadamente los saludos, y pasaban indiferentes ante las muestras de gratitud de los aldeanos. Cuando llegaron a la ultima de las cabañas, aquella que se encontraba un tanto apartada de las demás y a la cual solo se podía acceder subiendo una pequeña pendiente, se encontraron a la anciana Kaede en el umbral, ya esperándolos. La amplia sonrisa con la que los recibió la anciana sacerdotisa hacía que los surcos de sus arrugas se pronunciaran aun más y su único ojo útil se empequeñecía con aquel amable gesto que les felicitaba tácitamente y homenajeaba su buenaventura en aquella larga travesía que había durado tanto y que ahora, acababa de forma tan repentina.
La anciana Kaede se encontraba en la cabaña de una mujer enferma cuando había sentido que la presencia de Naraku desaparecía por completo y había adivinado en el instante quienes fueron responsables de esa victoria. Desde aquel momento había estado esperándolos, y ahora por fin estaban frente a ella, mucho menos sonrientes de lo que esperaba encontrárselos, aunque mucho más restablecidos físicamente. Los invitó a pasar a su cabaña y les aseguró que pronto disfrutarían de una suculenta comida, a lo que solo el pequeño zorrito respondió favorablemente, los demás permanecieron solo unos momentos sentados relatando como había sido la batalla final, aunque sin nada de entusiasmo, cosa que no pasó desapercibida por la anciana.
-Bueno –había interrumpido cortésmente la vieja Kaede-, tal vez el relato de sus hazañas pueda esperar ¿Por que no me dicen que piensan hacer ahora que todo ha acabado?
Nadie respondió; cada uno miró en una dirección diferente y evitaron la respuesta, solo Shipo no comprendía a lo que se referían, así que tampoco pudo decir nada. Kaede asintió comprendiendo lo que los jóvenes que tenían delante debían de estar sintiendo, aunque sin imaginar lo profundos que estos pensamientos eran, así que se limitó a sonreír débilmente.
-Esta bien, tienen todo el tiempo del mundo para pensarlo, aunque debo decir que hace una tarde maravillosa y parece que necesitan tomar un poco de aire, ¿Qué les parece si van a tomar algo de aire? Yo los llamaré cuando la comida este lista.
-¡No nos trates como niños, anciana decrepita! –exclamó Inuyasha molesto.
Sango lo observaba todo inexpresivamente desde su asiento, pero cuando Inuyasha sintió su mirada sobre él, la interpretó como mirada de reproche, haciendo que se avergonzara de su comportamiento. Esto no escapó a los ojos de Ahome, quien en un intento desesperado de ser considerada se levantó de donde se encontraba sentada.
-¡No le grites a la anciana Kaede solo por que estás de mal humor! –explotó repentinamente, fuera de lugar
-¡Yo no estoy enojado! –se defendió Inuyasha, quien no ocupaba estar de malas para insultar a quien se le atravesara.
Y repentinamente, Ahome se sintió como una tonta.
-Es cierto… quien esta molesta soy yo…
Aquello hubiese parecido bastante natural si no fuera por que a diferencia de cómo ocurría de ordinario, no se escuchó el característica pronunciación del conjuro del rosario que Inuyasha llevaba en el cuello; fue entonces cuando Kaede percibió que entre ellos ocurría lago más que no le quedaba claro. De cualquier manera Ahome giró sobre sus pies y, luego de fulminar a Inuyasha con la mirada, salió de la cabaña. Éste, sin entender nada, se levantó y fue tras ella.
-¡Oye, Ahome! –la llamó desconcertado- ¿Por qué estas enojada? ¡Ahome!
Pero ella no volteó y tampoco se detuvo cuando él lo hizo, pues de haberlo hecho habría podido ver las lágrimas que salaban sus mejillas. Se alejó de allí cuanto pudo y para cuando se detuvo, se dio cuenta que se hallaba en el bosque, cerca del árbol sagrado y del pozo que conducía a su época. Estaba tan enojada y triste… ¿Cómo era posible que le hubiera preguntado el por que de su enojo? ¿Qué acaso no lo sentía ni un poquito? ¿No era capaz de leer el dolor en sus ojos, ni sentía remordimiento por lo que le hacía? No… El no sentía nada… ni siquiera sabía que ella ya se había percatado de todo… Estaba tan desconsolada que tubo la idea de correr hasta el pozo saltar en él; solo la retuvo la conciencia de saber que si lo hacía, ya no podría volver nunca, y es que sin un fragmento de la perla en su poder aquello no sería posible. Se maldijo por no tener el valor de alejarse de quien no la amaba y, cabizbaja, siguió el casi imperceptible sendero que conducía al árbol sagrado.
Apenas estuvo frente al majestuoso árbol, las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos, pues en aquel sitio había conocido a Inuyasha el día en que la rescatara de aquella mujer con cuerpo de serpiente que pretendía apoderarse de la perla de Shikón. Por aquellos días ella no tenía ni idea de lo llegaría a sentir por aquel chico mitad bestia, quien siempre aparentaba rudeza y falta de tacto, ni se imaginaba todas las cosas que pasarían juntos desde aquel momento; solo ahora, viendo de reojo el pasado, apreciaba tiernamente ese recuerdo, quizás el más valioso que le dejara aquella aventura: la imagen de Inuyasha dormido por el conjuro de la sacerdotisa Kikyo, preso en el árbol sagrado por una flecha que le atravesaba el corazón; aquella flecha, que había retirado con sus propias manos y a ahora hería sus sentimientos. Se acercó con delicadeza el lugar donde Inuyasha había permanecido dormido por 50 años y tocó con amarga dulzura la áspera textura del árbol, hasta que entre los bordes irregulares y desprolijos del tronco una astilla se hundió en uno de sus dedos. Al sentir el desagradable dolor no pudo contener un gemido, para después apartar la mano del árbol inmediatamente. Miró su herida un momento, la astilla era más o menos grande y cuando la sacó, su dedo empezó a sangrar levemente.
-Duele, ¿cierto? –dijo una voz a tus espaldas.
Ahome reconoció esa voz al instante, una voz muy parecida a la suya, más con un timbre de cansina madures.
-Kikyo… -susurró sobrecogida
-¿Tanto te impresiona mi presencia? –Preguntó con arrogancia- Soy yo la impresionada, no entiendo como es que permaneces en una época que no te pertenece, sin razón.
-La razón que tengo para continuar en esta época, la conoces de sobra –respondió mirándola cos aquellos ojos cafés que mientras más tristeza sentían, más se parecían a los de la mujer que tenía enfrente.
-No tienes cómo luchar por él –dijo comprendiendo que hablaba del hombre al que ambas amaban-, ya no puedes, tu tiempo se ha acabado y el amor que sientes por él jamás debió haber existido
-Tal vez lo que dices sea cierto –aceptó-, pero también es cierto que lo que llegué a sentir por Inuyasha a valido bien la pena y es lo que más agradezco de esta aventura…
-¿Aventura, dices? ¿Te atreves a llamarle aventura a los horribles sucesos que has presenciado? ¿Crees que las desgracias y asesinatos que Naraku fraguo son simplemente hechos alrededor de tu aventura? Que indiferente, inconciente y desagradable forma de ver las cosas, solo una chiquilla infantil como tú podría ver las cosas de esa manera
-Cree de mí lo que prefieras. En este momento no tengo ánimos de discutir; aunque créeme, Kikyo, yo sé como debes sentirte…
-Perdóname que me ría –la interrumpió Kikyo con un sarcasmo negro e hiriente-, pero tu nunca podrías tener ni la mas mínima noción de cómo es que me siento, así que ahórratelo
-Te sorprendería saber algunas cuantas cosas… -dijo bajando la mirada-, pero no me has dicho que haces aquí
-He venido a preguntarte ¿Qué haces tú aquí? –Respondió la sacerdotisa a la vez que se aproximaba a Ahome- tu ya no tienes nada que hacer aquí ¿Qué acaso no lo entiendes?; tu misión a concluido, la perla ya no existe y ya nadie te necesita, ¿por que persistes aferrándote a un amor que siempre ha sido imposible?
Aquellas palabras hirieron de tal forma la sensibilidad de Ahome, que en sus ojos llorosos se encendieron llamas de ira.
-¡Sé que es imposible! ¡Lo se! ¡Siempre lo he sabido! –respondió exaltada- ¿Acaso crees que eres la única que ha sufrido por todo esto? ¡Yo también comprendo lo que es desear no apartarse del ser amado y saber que es inevitable tal separación…!
-No, tú no comprendes nada…
-¡Por favor, Kikyo! ¡Mírate! ¡Tu también tratas de aferrarte a algo imposible! Yo no soy de esta época, y ya cumplida mi misión no tengo nada que hacer aquí, pero tú… Tú ni siquiera deberías existir, ¡Estas muerta desde hace 50 años!
Kikyo se aproximó ágilmente hasta ella y la tomo con fuerza de la muñeca derecha, justo la mano que, aunque débilmente, sangraba.
-¡Chiquilla idiota! –Dijo apretándola con fuerza hasta lastimarla- ¿Cómo te atreves a hablarme así? Si no fuera por mí tu ni siquiera existirías, cada hebra de poder espiritual que corre por tu cuerpo es mío, y ni aunque entrenaras diez vidas podrías desarrollarlo como yo lo he hecho. Tu no eres nada comparada conmigo, hasta la sangre que corre por tus venas es mía y aun cuando no soy mas que un recipiente hecho de barro y huesos, soy mucho más poderosa que tu…
-¿Y de que te ha servido? ¿De qué me sirve a mí? –Preguntó Ahome resistiendo el dolor que la mano de Kikyo le infringía-, si de cualquier manera no podemos quedarnos con lo que realmente importa… Si no podemos quedarnos con el amor de Inuyasha.
Kikyo soltó la mano de Ahome, quitando la vista de la de ella.
-Quizás aún tenga una oportunidad… -susurró Kikyo, a la vez que empezaba a alejarse.
-¡No la tienes! –gritó Ahome con amargura desde donde se encontraba, para después murmurar para sí- Ni yo tampoco…
Continuara…
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N/A:
¡Finales! ¡Que bellos son los finales! Y en más de un sentido realmente… El de esta historia ya se acerca y espero que sigan disfrutando de este fic que taaaaanto tiempo han permanecido leyendo. En esta ocasión el capitulo inicia con el principio del desenlace dejando que se asomen un poquito en lo que yo llamaría cómicamente "El meollo de asunto", espero lo hallan disfrutado y si tienen algún comentario no duden en que lo tomaré en cuenta.
Gracias por sus comentar a: FuuxTsujimoto, Kaoru Higurashi, master911, rafiki y kaory cherry… Ya saben que son de lo mejor, y que agradezco sus ánimos muchísimo!!
Besos,
Kuchiki Rukia-chan
P.D.: Si les interesa de algo, ¡PASE TODAS MIS MATERIAS!! Bravo! Que comiencen sus vacaciones con muchas fiestas y desvelos que no tengan que ver con deberes y que las fiestas sigan y sigan hasta el ultimo día de vacaciones. Nos vemos en el próximo capitulo!!
